Profesor Doctor

LEÓN CARLOS ROSENFELD

In memoriam

 

 

escribe Mirta Beatriz Alvarez

Profesora de Derecho Romano

 

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     Se me ha encargado una difícil tarea: la de plasmar en un breve comentario una semblanza del Doctor León Carlos Rosenfeld, Profesor de Derecho Romano, recientemente fallecido debido a una cruel enfermedad, a los 64 años de edad.

           

    No voy a detenerme en los datos meramente biográficos, sino que trataré de recordar a quien fuera mi profesor de Derecho Romano hace muchos años, cuando comenzaba mis estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Belgrano.

      

     El Doctor Rosenfeld se había incorporado a la Cátedra, cuya titular era la Doctora Nelly Dora Louzán de Solimano, pocos años antes, y para nosotros, alumnos recién ingresados en la carrera, la asignatura nos parecía muy extensa y difícil. El Profesor Carlos Rosenfeld nos allanó el camino para su estudio. Nunca faltó a una clase, lo distinguían su puntualidad, cordialidad,  la claridad en sus explicaciones y su corrección.

     

    Desde mi incorporación a la cátedra, siempre estuve cerca del Doctor Carlos Rosenfeld, no solamente en la Universidad de Belgrano, sino también en la Universidad de Buenos Aires, donde ingresé pocos años después. 

      

    En 1991, al reimplantarse la asignatura Derecho Romano en la Universidad de Belgrano, me entusiasmó para que me presentara a la convocatoria. Desde ese momento, se convirtió en mi Titular. Años más tarde, en 1996, al comenzar la carrera de Abogacía en la Universidad de Flores, nuevamente me convoca para acompañarlo como su Adjunta. En ambas Universidades continuamos dando clases hasta que su enfermedad se lo impidió.

      

      Carlos Rosenfeld fue miembro fundador de la Asociación de Derecho Romano de la República Argentina (A.D.R.A.), y su asistencia a los Encuentros Nacionales de Profesores de Derecho Romano fue perfecta. Sólo estuvo ausente en Octubre del año pasado al XVII Encuentro Nacional de Profesores de Derecho Romano, celebrado en la Ciudad de General Roca (Río Negro), pues recién había superado varias intervenciones quirúrgicas que le practicaron al detectar su enfermedad.

 

    Fue constante su participación en los eventos científicos, siempre en compañía de su esposa Eugenia. Cuando exponía sus ponencias y comunicaciones, lo hacía con su voz grave y pausada. En esos momentos, su seriedad y solemnidad eran características, y demostraban que daba a esos momentos, la importancia y relevancia que tenían.

 

    Pero también pudimos conocer su simpatía y cordialidad en los encuentros sociales y en las cenas de camaradería.

 

    Era exigente con los alumnos en las evaluaciones,  pero siempre respetuoso en su trato. Sostenía que la docencia era su cable a tierra, y  por ello, jamás faltaba a una clase.

 

    A pesar de las múltiples ocupaciones que tenía, siempre encontraba tiempo para reunirse con sus amigos y colegas, para visitar a quien estuviera enfermo, o para acompañar a quien tuviera alguna dificultad.

 

    A pesar de que llegó a la cúspide en su actividad académica, profesional y social, se destacó siempre por su sencillez y su humildad.

 

    Que esta semblanza sirva como reconocimiento y agradecimiento por lo que Carlos Rosenfeld brindó a los que tuvimos la oportunidad de conocerlo y tratarlo. Su abrupta partida deja un gran vacío entre los romanistas.

 

    Que descanse en Paz.