BARETTA, Adriana

¿
NIÑO O NIÑA?
Ya puedes e
legir

Método Baretta: selección
natural del sexo del bebé


Sevilla, MAD, 2006,  171p


Leo en un reciente artículo periodístico de Carla Johnson, publicado en La Nación de Buenos Aires, que parejas de todo el mundo,
"si tienen suficiente dinero van a Estados Unidos para elegir el sexo de sus bebes". Al parecer, "los chinos quieren varones y los canadienses quieren niñas". Así que, ellos y otros, cuando poseen "buena posición económica eluden las leyes que prohíben la selección del sexo de sus hijos en sus propios países y se trasladan a suelo estadounidense –donde la elección es legal– en busca de procedimientos médicos que puedan darles el hijo o la hija que desean tener".

¿Porqué será que no me asombro de que esta fiebre haya devenido pingüe negocio? Un tal Robert, "un australiano que pidió el anonimato para proteger la intimidad de su familia", habla de valores exóticos (“entre 50.000 y 70.000 dólares"), pero parece que lo hace a mero nivel comparativo (porque está relacionando a un hijo con "un BMW"; pero tiene clara la diferencia, pues agrega: "en este caso se trata de una vida que estará con nosotros para siempre” -es verdad, los BMW son muy buenos coches, pero no duran tanto-),  

Don Robert y su esposa Joanna "tienen dos varones. Ahora quieren una niña". Johnson recuerda que "Australia sólo autoriza la selección de género de los embriones para evitar una enfermedad hereditaria". Así que se ha creado "
un creciente mercado mundial para un puñado de clínicas de fertilidad", que "publican avisos en las revistas de las líneas aéreas o en sitios web". Es verdad, he tenido en mis manos, para entretenerme durante algún vuelo, una de esas propagandas. En la página anterior, se ofrecía un hotel paradisíaco en el Pacífico, y en la siguiente se destacaba la belleza de unas joyas bañadas en oro. 

Los valores reales son menos esotéricos: rondan los 20.000 dólares. Más el costo del viaje, estadías, traslados, seguros, etcétera. ¿Digamos unos 35.000? ¿Le preguntamos a Jurgen Habermas qué opina de esto a la luz de su teoría sobre la eugenesia liberal? Presumo que algo tendrá para decir... Yo sólo pienso en la cantidad de comida, antibióticos y hasta juguetes que se podría comprar con ese dinero, y en las cosas a que se dedican algunos médicos, mientras otros se sacrifican para salvar vidas humanas... Robert y Joanna, al parecer, se van a gastar "la mitad de sus ingresos anuales, incluidos los pasajes aéreos, para implantar un embrión femenino en el útero de Joanna". Y eso no para evitar una enfermedad genética, sino por el mero placer de estar seguros de tener una nena, porque ya tuvieron dos varones antes. 

 

Así, quien esté con deseos de hacer un breve tour por el maravilloso mundo nuevo que supimos construir, puede ingresar a www.lasvegasfertility.net/, donde se le ofrecen excelentes planes económicos, incluido un "dos por uno" por tiempo limitado, círculos de ahorro, devoluciones en caso de fracaso, además de advertir al consumidor acerca de la escasa moral de otros centros, que no cumplen con sus ofertas económicas, porque en sus contratos hay letra chica, y de incluir (servicio social loable) un banco de mujeres que ofrecen úteros en alquiler, y que son "accesibles", porque sólo cobran U$S 48.000, en vez de los U$S 78.000 que otras más exigentes piden (www.lasvegasfertility.net/prod.html#affordable).

 

Esas son tal vez las razones que más me han atraído del libro de la bioquímica cordobesa (de la Córdoba de Argentina) Adriana Baretta, que con sólidos fundamentos científicos (pues lleva largo tiempo trabajando en el tema de la fertilidad humana, sobre el que ha cursado estudios de posgrado en Valencia, y ha investigado mucho), ofrece un método para escoger el sexo de los bebés, probado ya con altísimos niveles de éxito por cantidad de parejas, y cuyos costos son mínimos.

 

Me encanta que esta simpatiquísima y sencilla científica argentina, fundadora del "Instituto Abif de Investigación y Desarrollo" en su serrana provincia, haya venido a patearles el tablero a los empresarios antes referidos. Su libro, aparecido en España, y cuya impresión en Latinoamérica se espera en forma inminente, es ya un éxito de ventas, como era de esperarse, y su autora ha comenzado a recibir mensajes electrónicos de parejas de todo el mundo, consultándole sobre la aplicación de su metodología.

 

Esa técnica, además, posee otra ventaja: es totalmente natural. No implica ningún procedimiento invasor, ni la medicalización de la reproducción. Aquí no se trata de fecundación asistida, ni hay congeladores de por medio. Los niños se obtienen por medio del viejo, sucio y divertidísimo sistema patentado por Adán y Eva, sin necesidad de firmar contratos, ni consentimiento informado, ni entrar en planes de ahorro. Sólo hay que modificar un poco la alimentación de la señora, y aprender a leer el moco vaginal, para saber cuándo hacer aquella dulce cosa, y cuándo aguantarse.

 

El libro es clarísimo, escrito en un lenguaje coloquial y al alcance de todos, con excelentes ilustraciones, cuadros sinópticos, tablas de alimentos, y hasta esquemas "para recordar" al estilo de los manuales escolares. La impresión es de alta calidad. Y, lo más importante, todas y cada una de las afirmaciones que se vierten traen su respectiva fuente, su sustento científico. Nada es lanzado al azar. No hay en estas páginas ni un ápice de charlatanería, como se halla a menudo en obras de esta temática.

 

Quien desee dar un vistazo al método Baretta, puede leer el artículo que Adriana escribió en los números 46 y 47 de PERSONA. Sustancialmente, ella ha tomado lo más sólido de las técnicas acreditadas hasta ahora, y lo ha conjugado, agregándole sus propias conclusiones, surgidas a partir de la experiencia. El resultado es una alternativa fundamentada, sencilla y natural, que hubiera hecho que Robert y Joanna, de haberla conocido, se ahorrasen la mitad de sus ingresos anuales. Ricardo Rabinovich-Berkman