Dr. rabinovich:
Me gustaría felicitarlo y agradecerle
por la distribución, en general, de la revista, y en
particular, en este caso, por la nota de editorial; a veces, desde mi humilde punto de
vista, cuando se ponen sobre la mesa temas con los cuales uno se siente
identificado, es decir, se siente "tocado", no es fácil abstraerse de los
sentimientos personales a la hora de opinar; esto viene a que en
verdad coincido con lo expresado por ud. en la N.del.E (se lo
dice alguien que no hace mucho ha leído a Herzl, y sobre todo a
Jabotinsky, según mi padre el último profeta hebreo), pero creo que jamás podría haber
escrito, yo, si!!!, el mismo que acaba de escribir que concuerda con lo
expuesto en la nota, algo así, dado que no podría haber dejado el sentimiento de
lado ni esa idea de que soy parte de un pueblo al que "casi todos"
odian (enseñanza, por parte tácita y por parte expresa con la que he sido educado, y
de la cual hasta han logrado convencerme).
Resumiendo, simplemente agradecerle por hacer circular
una visión de las cosas que no le otorga a ninguno de los "bandos"(por así
llamarlos), la verdad absoluta, sino que, al contrario, sin
menospreciarlos, les marca sus errores; creo que es importante este tipo de notas para acercar a la gente, para
despolarizar las posturas
acerca de este asunto; me pasa a menudo que hablo con gente que no es de mi religión, y al escuchar su visión de las cosas me doy cuenta que para ellos soy parte de un pueblo-estado-ejercito asesino, y cualquier argumento que quiera oponer en defensa no sirve ni justifica nada a sus ojos, así como me pasa hablar con gente de mi misma religión y notar, que a su óptica, es plena defensa destruir hospitales, matar civiles, niños (a esta altura es muy conocida la lamentable frase acerca del niño palestino muerto que dice "un futuro terrorista menos"), y la verdad que me pone triste pensar que la razón absoluta esté de algún lado; esto justificaría el proceder de uno u otro "bando", y no creo que haya justificación al terrorismo o a la destrucción de objetivos civiles sea cual fuere la religión, raza, ubicación geográfica, situación social o económica del blanco.
Estas líneas son simplemente la visión de un joven de
religión judía nacido en Argentina, país libre y occidental que consagra en su
ley suprema la igualdad de las personas en todos los ámbitos de la
convivencia, que se resigna a pensar que el día de mañana, cuando tenga hijos,
estos crecerán en un mundo polarizado por las ideas de odio extremo.
Nuevamente le agradezco, y le pido que "siga así".
Hernán Szejman