IMBRIANO, Amelia Haydée

LA ODISEA DEL SIGLO XXI

Efectos de la globalización


Buenos Aires, Letra Viva, 2006,  139p


El tema de la "globalización" (la mera palabra es horrible, es una lástima que no la subraye el corrector automático) ha sido tratado ya desde las ópticas política, económica y jurídica, pero no especialmente mirándolo del flanco psicológico. Pero, ¿existen efectos derivados de ese fenómeno (o ideología) en la psiquis de las personas? ¿Cuáles son? ¿Son buenos o negativos? ¿Son fuente de patologías? ¿Incentivan cuadros mórbidos ya presentes? A responder a estas preguntas, apasionantes y temibles, y a reflexionar alrededor de este intríngulis poco estudiado, se dedica esta breve y profunda obra de la reconocida psicoanalista argentina Amelia Imbriano.

Investigadora y docente fundamentalmente ligada a la Universidad Kennedy, de Buenos Aires, la autora construye este libro a partir de un seminario ("El psicoanálisis frente a la odisea de la civilización contemporánea") que dictara en el contexto de la Maestría en Psicoanálisis, en la Universidad de Antioquía, Colombia. Es importante, dígase de paso, que los contenidos de los seminarios se conserven y se publiquen, cosa que en Latinoamérica hacemos bastante poco, porque suelen constituir instancias científicas muy valiosas, máxime cuando no se las edita en su versión original (la que preparó el docente antes del curso) sino a posteriori, con la incorporación de los debates y las ideas nuevas surgidas del aula.

Imbriano plantea un cuadro de la globalización y sus secuelas en la mente humana que impone la meditación urgente, pues su pesimismo no podría ser más negro, y es muy difícil no coincidir con ella. Sus apreciaciones del consumismo, de la imagen plasmada en los centros comerciales (shoppings), de las formas de baile actuales, como efectos y síntomas de una época de soledad inasequible, de tristeza profunda, de insatisfacción insoluble pero disimulada, mal, por la posibilidad de adquirir cosas materiales, cada vez más nuevas, efímeras y cambiantes. Posibilidad de comprar, que es sólo de algunos, aunque se asume como de todos, y que igualmente, para ninguno, conduce al logro de lo buscado.

No puedo sino concordar calurosamente con Amelia en la relación entre esta civilización de números y ecuaciones, sin ética ni valores, sin referentes respetables, sin absolutos, y el auge de la droga (que no se frena con cárceles), de la violencia (que no se detiene con muros) y del delito (que no se impide con miles de policías). El ser humano, convertido en "variable de ajuste económico" (Harvard dixit), gira aturdido y boquiabierto entre vidrieras repletas de basura inútil, que desde la primera infancia se le condiciona, al estilo de Huxley, para adorar y ansiar. Con harta razón la autora ensalza esas dos obras maestras de la filosofía y del arte que son los tangos Cambalache de Enrique S. Discépolo (1935) y Al mundo le falta un tornillo, de Aguilar y Cadícamo (1928).

La parte del libro que profundiza en las categorías propiamente psicoanalíticas se resiente un poco de la terminología complicada que se emplea, cosa que he notado a menudo en seguidores de Lacan (y en él mismo, por cierto, a diferencia de la claridad meridiana que caracterizaba a Freud). A las palabras en alemán, suma Imbriano otras en inglés, algunas en francés y varios neologismos. Quizás esto no fuera necesario, y empañe la claridad del mensaje. Sin embargo, es algo lateral y superable, porque la valía del trabajo en conjunto se conserva perfectamente.  

La problemática de la adolescencia perpetua, cada vez más obvia y preocupante, la disolución de la familia, la confusión entre luchar por la igualdad de derechos y sostener la igualdad como un hecho (por ejemplo, entre los sexos, lo cual es ridículo: una mujer y un hombre son distintos, gracias a Dios), la construcción de una cosmovisión huera, carente de verdaderos estímulos, de reales teleologías de vida, son características idiosincrásicas de este maravilloso mundo nuevo que supimos conseguir, gracias y de nada al imperio del capital sin rostro, religión, etnia ni patria, y que, según todo indica, no tardará en terminar con la Tierra misma, y con la aventura de nuestra pobre especie.

"Dicen que los males les vienen de nosotros, pero son ellos quienes se atraen, con sus locuras, los dolores", exclama Zeus en la Odisea (1.31-32), y esa frase (con una traducción un poco diferente) es la que toma, inmejorable elección, Imbriano como eje inicial de su estudio (y referencia para el nombre escogido). Así, tal como el astuto héroe homérico padece tragedias sin cese, no en razón de los caprichos divinos, sino de su propia falta de respeto a los inmortales, los humanos de hoy sufrimos un calvario de cuyas cruces hemos sido diligentes carpinteros.   

¿Ha de ser útil, puede serlo, el psicoanálisis en este atolladero? Esa es la pregunta final de Amelia, como era de esperarse. ¿Y la respuesta? No, para saberla, para entenderla, hay que leer el libro...


Ricardo Rabinovich-Berkman