SE REVELA EL MISTERIO:
EL ERROR DE TRADUCCIÓN DE LAS DECLARACIONES DE LA UNESCO
FUE DESCUBIERTO POR LA JUEZA MARÍA SILVIA VILLAVERDE

Como lo anunciáramos en nuestro número anterior, al brindar recientemente en la Universidad del Museo Social Argentino, como invitado del Instituto de Bioética y Bioderecho y la Maestría en Aspectos Bioéticos y Jurídicos, el prestigioso bioeticista Roberto Andorno, una brillante conferencia, cuyo texto publicara PERSONA en su número 55, una de las asistentes, en el intercambio de opiniones posterior, hizo notar un error de traducción del artículo 7.b de la Declaración sobre Bioética y Derechos Humanos (Unesco). Ello llevó al Dr. Andorno a dar inmediato inicio a los pasos conducentes a su rectificación. Sucede que la expresión inglesa "minimal risk and minimal burden" ha sido traducida como "un riesgo y una coerción mínimos". Empero, la palabra castellana "coerción" posee un significado muy diferente del término inglés "burden". "Por supuesto, ningún tipo de coerción, ni siquiera una mínima, puede ser usada en los sujetos de la investigación", dice Andorno, y agrega: "Esto es especialmente serio, porque el art. 7 trata de las personas inhábiles para consentir..." En consecuencia propuso traducir "inconveniente mínimo" o "molestia mínima", tomando como ejemplo la versión castellana de la Convención Europea sobre Derechos Humanos  y Biomedicina, donde "minimal burden" se vierte como "inconveniente mínimo" (Article 17.2.ii). El mismo error se ha deslizado al traducir la Declaración Universal sobre Genoma Humano y Derechos Humanos (art. 5).

En el número anterior, concluíamos diciendo: "Quizás esta señora sea lectora de PERSONA, y podamos de ese modo conocer su identidad". Resultó que lo era. Y se trata ni más ni menos que de la prestigiosísima Dra. María Silvia Villaverde, jueza de Cámara de Apelaciones, especialista en minoridad y en familia, brillante jurista, profundamente preocupada por la dignidad humana. María Silvia es no sólo conspicua lectora de nuestra revista, sino además su invariable difusora. A ella se deberá, pues, y a la proverbial diligencia de Roberto Andorno, esa necesaria modificación en el texto castellano de tan importantes documentos, que esperamos no tarde en concretarse. Ricardo Rabinovich-Berkman