¿QUÉ SIGNIFICA DIGNIDAD DE LA PERSONA?

Daniel Barone

 

Introducción

La Conferencia brindada el martes 8 de agosto del 2006, por el Dr. Roberto Andorno en cuanto a su visión como Co-redactor de la Declaración de Bioética y Derechos Humanos (UNESCO, 2005), ha generado profundos debates en esta marcha trascendental del Bioderecho. Una vez más, el Instituto de Bioética y Bioderecho de la UMSA ha cumplido con su objetivo académico.

 

Lejos de ensayar un juicio crítico y valorativo de este “soft-law”, me limitaré al análisis de uno de los interrogantes generados al concluir la brillante exposición académica a la cual asistimos: “¿Qué se entiende por dignidad de la persona?”.

 

Creyendo en las bondades de la metodología sugerida por nuestro dignísimo profesor Dr. Ricardo Rabinovich-Berkman, en cuanto a generar y elaborar mecanismos que realcen la capacidad de reflexión autónoma y sintética (objetivo este último por demás difícil para nosotros, los abogados), presentaré –mi- visión referente a la dignidad pero “sin cortar ni pegar en el Word la info ajena”, no va ser cosa que de tanto razonar como los otros, terminemos siendo los otros, no?…

 

 

Proceso

DIGNIDAD DE LA PERSONA.

Si bien coincido con otros autores en la idea de -erradicar vocablos desnaturalizados-[1], sea desde su concepción etimológica o cuando generan multivocidad, no me confortaría el hecho de tener que pulverizar a la palabra “dignidad”.

Estimo que ingresamos a tercer milenos con una necesidad de descubrir nuevos valores[2] y de rejuvenecer los que aun sobreviven, como dignidad.

 

“La dignidad y los derechos que la amparan vuelven a erguirse, para despuntar sobre los avances impuestos por las cosmovisiones biotecnológicas”.

 

La dignidad es una cualidad intrínseca del ser, que honra al hombre e insta a su respeto. Concebida desde la visión humanitaria, la dignidad genera la igualdad natural como valor inherente al ser, desde una perspectiva individual[3].

 

La dignidad indaga y reconoce el señorío del hombre sobre su existencia, de modo proporcional al mérito y a su condición de tal, instaurando un fraternal lazo ético entre todos los hombres para evitar: “cometer o tolerar actos que degraden –sus- íntimas convicciones”.

 

En otras palabras: La dignidad intrínseca del ser, genera un sistema de seguridad de carácter integral a la que todos los órganos del poder público, sin excepción alguna, estarían obligados a respetar y proteger, en tanto no se involucren bienes o derechos de terceros[4], es decir, que la dignidad como atributo inherente de la personalidad es la que facilita nuestro libre y natural desarrollo, en tanto no vulnere los derechos e intereses equivalentes de nuestros semejantes.

No es necesario que los Estados la instituyan en sus normas, porque la dignidad del hombre precede natural y ontologicamente a la idea misma de Estado[5], por tanto, existiría una obligación implícita de reconocimiento y protección. Este postulado no sólo implicaría el reconocimiento de derechos y deberes naturales, sean de orden primarios como secundarios, sino que además, generaría un sistema de seguridad de carácter integral, con el fin preciso de “preservar la dignidad de la persona humana”. Los Estados entonces, tienen la responsabilidad implícita de velar por el derecho de toda persona sobre su propia génesis, en la cual está comprometida la dignidad personal aunque sus normas no la contengan.

Cuando un Estado la describe y contiene entre sus normas, entonces la dignidad pasa a ser el fundamento de todos los derechos y deberes[6].

Para concluir, la dignidad como valor, integraría el plan vital de ideales, de apetencias, expectativas, sentimientos, afectos e ilusiones, cuya persecución y realización, y también su tutela efectiva tienen en sí un valor intrínseco y propio.

En este siglo la dignidad se instauraría como centro sobre el cual giraría la organización de los derechos fundamentales de los hombres, y que constituiría el fundamento del orden político y la paz social.

 

 


[1] Le Fer es uno de los que ha propiciado la pulverización de la palabra “soberanía” porque consideraba que había nacido con el advenimiento de los gobiernos absolutistas, es decir, desligados del Derecho. 

[2] Alzo la mirada al cielo, rogando que la comunidad internacional pueda encarnar valores, pero que estos valores propios de la colectividad, sean valores, en tanto constituyan instrumentos o condiciones para la realización de los valores del ser humano en sí mismo. 

[3] Las diferencias de moralidad, como también las físicas, y las de inteligencia, y en general, todas las que indudablemente hay entre los hombres, son desigualdades entre seres que no obstante, coinciden en poseer la dignidad de la persona humana y que tienen, por tanto una profunda igualdad natural. - (Encíclica "Laborem Excersens").

[4] De modo que el Estado se halla al servicio de la persona humana y no la persona al servicio del Estado, por cuanto se considera que el hombre es un ser que tiene fines propios que cumplir, por tanto, la persona es un fin en sí mismo y no un medio para arribar al bien común.  

[5] Las constituciones nacionales no crean esos derechos, porque la dignidad del ser humano existe con constitución o sin ella, y aun contra ella. 

[6] Hallamos consecuente la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 que consagra en su artículo 22: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho...a obtener la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad", entonces se trataría de derechos y libertades asegurados por normas de rango constitucional que atañen a la calidad de vida que se pretende, y a la autodeterminación que concierne a cada persona de ser libre para la realización de cualquier conducta que no perjudique a terceros.