SILVA TAMAYO, Gustavo

DESVIACIÓN DE PODER
Y ABUSO DE DERECHO


Buenos Aires, LexisNexis, 2006,  212p


El altísimo nivel intelectual y académico de Gustavo Silva me constan personalmente y mucho, porque he tenido el honor y el placer de ser su profesor (esas maravillas de los posgrados...) en el Doctorado de la Universidad del Salvador, de Buenos Aires. Su calidad humana, que a mi modesto entender no es un dato irrelevante en un jurista verdadero, la conozco porque desde aquel curso nació y prosperó, regada por el común interés en los vericuetos filosóficos del estudio de la dignidad humana, y por el compartido rechazo de los autoritarismos, las dictaduras y la borrachera de prepotencia, una muy linda amistad. Así que considero un feliz azar del destino el hallarme ahora comentando la obra que constituyera su tesina, con la que recibiera el título de Especialista en Derecho Administrativo y Administración Pública (Universidad de Buenos Aires).

Me atrajo de entrada la referencia al abuso de derecho en el título del trabajo de un publicista. No es que me extrañe. Llevo lustros señalando que no creo en esas divisiones que, sólo por razones pedagógicas o de orden, solemos levantar entre las instituciones jurídicas. Mucho de su sustancia obedece sólo a motivos históricos. El hecho de que en Inglaterra, y los países que en su experiencia abrevan (Australia, Nueva Zelanda, en menor medida Canadá, etc.) realmente no exista la separación entre derecho público y privado (sólo se ha abierto camino en los últimos tiempos, merced al influjo de otros Estados), es una buena prueba de esto.

Pero los iuspublicistas suelen ser poco permeables a las categorías del derecho privado, y a su vez los civilistas y comercialistas se resisten a menudo a asumir que varios de sus términos sean harto más compartidos con las otras áreas jurídicas de lo que creen (y enseñan). Por eso, convoca tanto este libro, ya desde el título, y ciertamente no defrauda luego. Porque el autor posee la única formación que en realidad hace a un jurista: un sólido cimiento humanista, basado en la Filosofía y en la Historia. No es Silva, gracias a Dios, uno de esos zapallos memoriosos recopiladores de datos vacíos, que se cultivan en el huerto abúlico de tantas Facultades de Derecho, al cuidado de profesores de opereta y librillo bien sabido, humos altos y gesto adusto, dignos jardineros de un almácigo de opacidades sosas. No, Gustavo es un ser reflexivo, incisivo, inquieto, que gusta de pensar lo que dice y odia hablar sin basamento. Por eso este libro es imperdible.

La tesina tuvo un director de lujo, Juan Carlos Cassagne, uno de los máximos administrativistas argentinos. Para este jurista, "el logro principal de la tesis del libro radica [...] en que demuestra, con un elevado grado de solvencia y precisión, las relaciones de conexidad que existen entre dos instituciones aparentemente disímiles: una proveniente del derecho público y otra del derecho privado". Con sagacidad, Silva Tamayo eleva ésta última, el abuso de derecho, al nivel de un principio general, para así poder luego desgranarla sobre la desviación de poder. Es un discurso interesante, osado y, por sobre todo, muy válido.

"Estamos frente a una obra de envergadura científica que seguramente despertará adhesiones y críticas", concluye Cassagne. Y agrega: "Pero, aun en el escenario móvil y cambiante de la realidad administrativa creemos que este valioso aporte de Silva Tamayo está destinado a perdurar, porque constituye un edificio jurídico asentado en los principios generales del derecho que son algo así como la faz perenne de la justicia".

Yo, sin desmedro del respeto que Cassagne me merece, y amén de concordar con sus palabras, haría hincapié en otro factor de este trabajo. Su coraje, y su compromiso axiológico. Para Silva el derecho no es una ciencia aséptica, ni el que la cultiva ha de abstenerse del barro de la vida. Así, por ejemplo, dice: "Estimamos, que en nuestro país, al igual que en España, los jueces, en general, no han asumido un cabal compromiso de realizar el valor Justicia cuando el obrar administrativo -y a veces el de los restantes órganos- ha sido puesto en crisis por los particulares, resolviendo tales planteos con criterios estrictos de legalidad formal, como válvula de escape. Para explicar el fenómeno tal vez puedan arriesgarse variadas razones pero, sin duda, la que habrá de emerger como la más significativa será la llamada politización del Poder Judicial, resultante de los largos períodos autocráticos padecidos por ambos países a lo que, en el caso argentino, se suma un escaso afianzamiento de las instituciones republicanas".

Graves, ciertas y valientes expresiones, dignas de un científico social auténtico, como lo es el libro todo, llamado a devenir un clásico. Ricardo Rabinovich-Berkman