Tango, Existencia y Derecho
o cartas de un abogado porteño a su maestro
A mi abuelo,
A mi mujer y mis hijos que son parte
inescindible de todos mis frutos.
A mi amigo Jorge L. que revisó
exhaustivamente y con sumo afecto, este trabajo.
A mi maestro y amigo Ricardo
Rabinovich-Berkman, quien me impulsó y acompañó en esta tarea.
“He
descubierto una cosa después de la muerte de mis padres, y es que lo que
llamamos sobrevivir, es en realidad subvivir y aquellos a quienes no hemos
dejado de amar con lo mejor de nosotros mismos, son como una bóveda palpitante,
invisible, pero presentida y hasta palpable, bajo la cual avanzamos siempre más
inclinados, más desarraigados de nosotros mismos, hasta el momento en que todo
se sumerge en el amor.” Gabriel Marcel, El emisario,
último acto.
CARTA 1
Buenos Aires, 5 de Noviembre de 2004
Mi querido amigo:
Seguramente
te sorprenderán estas cartas pero espero que la sorpresa sea grata.
Creo también
conveniente explicarte un poco el porqué de esta metodología.
Aún recuerdo como
si fuera ayer cuando comentaste en el Curso de Historia, que habías tenido un
alumno que encaró un excelente trabajo sobre “Folklore y Derecho” y que aún
quedaba pendiente hacer un trabajo sobre la relación entre el Tango y el
Derecho.
Ya en ese momento,
dentro de mí, empezó a gestarse la idea de trabajar el tema. Prefería hacerlo
como un trabajo opcional o accesorio al trabajo “técnico” exigido, pero la
aceptación que tuvo de tu parte cuando lo insinué me obligó a adoptarlo como
trabajo principal.
La opción no fue
fácil, porque de inmediato me di cuenta que el tema me involucraba
personalmente. Tanto el Tango como el Derecho se encuentran indisolublemente
unidos a mi persona. Soy porteño de cuarta o quinta generación, con todo lo que
ello significa[1].
Principalmente soy fruto de esta ciudad, soy uno más de su gente y comparto su
idiosincrasia. Como muchos porteños, encuentro en el Tango y especialmente en
su poesía, una cosmovisión de la que comparto muchos de sus valores. Porque el
tango, antes que nada, es una filosofía expresada en forma de poesía. Como nos enseñaba Unamuno: “Cúmplenos
decir, ante todo, que la filosofía se acuesta más a la poseía que no a la
ciencia...Nuestra filosofía, esto es, nuestro modo de comprender o no
comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida
misma....no digo filósofos metidos a poetas, porque poetas y filósofos son
hermanos gemelos...”[2]
Y como hombre concreto, nacido,
criado y educado en medio de una sociedad que constantemente sigue convalidando
la filosofía de sus principales poetas, adopté el camino del derecho como mi
herramienta para intentar transformar el mundo, creyendo firmemente en el ideal
de “Justicia”. También en mí se da la eterna confrontación entre los sueños y
la realidad.
Este marco, como te explicaba, me
impide ser imparcial y extremadamente científico en esta tarea. Esta es una
causa en la que soy parte. No puedo dejar de ser lo que soy, ni olvidarme de
aquello a lo que le he dedicado la mayor parte de mi vida. Por el contrario,
entiendo que nada se realiza si no persiste en su propio ser. Por eso las
mejores explicaciones sobre el Tango, han venido del mismo Tango. En igual
sentido nadie puede comprender el derecho como quien lo abraza para vivir la
justicia.
Estas
son las limitaciones subjetivas del trabajo emprendido y que a su vez son
causas de la forma elegida.
Hablar de Tango y de Derecho, me
llevan necesariamente a exponer parte de mi mismo ser. Y no puedo hacerlo con
toda amplitud desde la pretendida formalidad de un ensayo objetivo.
Necesariamente debo vincularme al otro, a quien recibirá mis ideas, creencias y
conclusiones. En esto se asemejan el Tango y el Derecho. Ambos exigen como “conditio sine qua non” la alteridad. No hay Derecho sin “el otro”
y mucho menos Tango. ¿Que norma jurídica se justifica si sólo existiese un
hombre?. ¿Que poesía merece ser escrita en la más absoluta individualidad? Y no
estamos hablando de quien estando sólo compone poesías para entenderse con el
Creador, pues aquí también hay alteridad, que como decía Machado: “quien
habla solo espera, hablar con Dios un día...”
Por
eso elegí redactar estas cartas, con la esperanza de que las mismas me
relacionen directamente con mi interlocutor, o sea, con vos. No se trata tan
sólo de exponer, sino de entablar un diálogo, de persona concreta a persona
concreta, para hablar de muchas cosas que explican el propio ser, mi propio ser
y, tal vez, el tuyo también. Acordate sino de Discepolín y sus charlas de
radio. Nunca fueron un monólogo sino un diálogo con aquel personaje imaginario
llamado “Mordisquito”.
Así también vas a notar, que he
optado por escribir “en porteño” y no en castellano. Es una licencia que me he
permitido por las mismas razones expuestas hasta aquí.
Espero que aceptes el camino que he
elegido.
Un gran abrazo:
Ramón
Buenos Aires, 6 de
Noviembre de 2004.
Mi querido amigo:
Vuelvo a escribirte a fin de
continuar con la tarea encomendada. ¡Qué tarea! Al optimismo de la elección del
tema, le siguió una honda preocupación por encontrar los puntos de encuentro
entre el Tango y el Derecho. Y esta cuestión fue la que ocupó mis primeras
reflexiones. ¿Qué tienen que ver el Tango y el Derecho?.
La primera respuesta la tuve
repasando tu libro “Un viaje por la historia del Derecho”[3].
Fue aquel ejemplo de la “Epopeya de Gilgamesh” el que me brindó la primera
pista. Ya
Son los poetas quienes nos dejaron
este texto que nos demuestra cual era la creencia del pueblo respecto de la
justicia. Porque todos los textos artísticos son validados por el pueblo. Y ese
texto poético nos enseña que aquel pueblo reconocía una justicia mayor a la del
gobernante: la justicia de los dioses. El poeta es aquí, teólogo, filósofo y
jurista, en ese orden.
También nos advierte sobre la
confrontación entre el “ser” y el “deber ser”. Un anuncio ya de otra “tragedia” humana, como la que nos
advirtieron otros filósofos más modernos, ya se trate de la confrontación entre
la realidad de la muerte y el deseo de la vida eterna en Unamuno ó entre los
sueños (ideales) y la realidad en Discépolo.
Este fue mi punto de partida. El
Tango, o mejor dicho sus poetas, también son filósofos y como tales se
pronuncian no sólo sobre la vida sino también sobre aquello que afecta la vida
concreta, como sucede con la Justicia y el Derecho.
Ya en mi carta anterior te señalaba
la relación entre la poesía y la filosofía. Y como la filosofía de un grupo
humano, influye en el Derecho y a la vez, se ocupa del Derecho y la Justicia.
El
poeta se ha vuelto filósofo y adopta una filosofía tremendamente humana y
concreta. No crea con sus ideas castillos en el aire sino que se fija en el
hombre “de carne y hueso” y no en la idea abstracta de hombre o de humanidad.
Como decía el Filósofo:
“ El nuestro (el hombre) es el otro, el de
carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pisamos
sobre la tierra.
Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto
y el supremo objeto de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes
filósofos.
En las más de las historias de la filosofía que conozco
se nos presenta a los sistemas como originándose los unos de los otros, y sus
autores, los filósofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La íntima
biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar
secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía, la que más cosas nos
explica”.[4]
Aquel
otro poeta, esteta, filósofo y especialmente teólogo nos decía refiriéndose a
Hegel:
“Sucede con la mayor parte de los filósofos,
con respecto a su sistema, como si uno construyese un enorme castillo y luego
se retirase a vivir en un granero. No viven personalmente en sus enormes
edificios sistemáticos. Pero ésta es y sigue siendo, desde el punto de vista
del espíritu, una acusación decisiva”[5]
En el tango no sucede lo mismo. Sus
poetas construyen su filosofía a partir del hombre de carne y hueso, de su
propia experiencia, de la experiencia de sus amigos a los que llama hermanos, o
de aquellos otros a los que aún sin conocer se hermana en un destino común, imponiendo
así la alteridad y la realidad concreta como la esencia propia de su mensaje.
Y esa filosofía poética, concreta y
real es aceptada por sus destinatarios de modo incondicional. Y lo es, porque
el poeta no hace más que extraerla de su propio pueblo, creándose así un
diálogo recíproco que se traduce en poemas que cantados y recitados son
convalidados por la inmensa mayoría que encuentra en ellos la expresión más
cabal de sus sentimientos y sueños.
Y te digo “sentimientos y sueños”
antes que “ideas y doctrinas” porque el tango, como otras filosofías
prácticamente contemporáneas al mismo, apunta al hombre concreto e integral.
Volviendo a aquel filósofo español, podemos decir con él:
“ Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de
comprender y no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento
respecto a la vida misma. Y ésta, como todo lo afectivo, tiene raíces
subconscientes, inconscientes tal vez....Y acaso lo que de los demás animales
le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Y así, lo que en un
filósofo nos debe importar más es el hombre...
Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que
con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar;
mientras que otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre,
con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre,
con la vida. Y las gentes que no piensan
más que con el cerebro dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento.
¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la
diferenciación del trabajo?...”[6]
La filosofía que se desprende del
tango, es absolutamente vital y existencial. Es la expresión de la vida del
hombre concreto, sin distinción de clases, ni de credos. Es el hombre que vive
en esta sociedad concreta y porteña, ya se trate de Buenos Aires o de
Montevideo.
Se trata de una filosofía trágica y optimista. Se conjugan en ella
dos elementos que a simple vista podrían parecer contradictorios, pero que
resultan ser complementarios. Ahora sólo es momento de enunciarlos, más
adelante me detendré especialmente en este tema.
Así, al finalizar esta segunda
carta, he avanzado en ir ordenando mis ideas y te puedo decir que la primera
relación entre tango y derecho o también entre tango y justicia, consiste en
que el tango resulta ser la expresión filosófica más genuina de este, nuestro determinado grupo humano,
considerado no en abstracto sino del modo más concreto. Como tal, esa filosofía
se pronuncia de distintos modos sobre la Justicia y el Derecho. El cómo será motivo de mis próximas cartas, ya que
ahora debo suspender por algunos momentos.
Aprovecho para enviarte un gran
abrazo, con el afecto de siempre:
Ramón
Mi querido amigo:
Vuelvo a tomar la pluma (que imagen
poética, la verdad es que sigo frente a la PC)
para continuar con mis reflexiones.
Necesariamente debo partir de una
aclaración metodológica. Habrás notado que en mis cartas anteriores me refiero
constantemente a la relación del Tango con el Derecho y la Justicia. ¿Porqué
esa diferenciación entre Derecho y Justicia?
La verdad es que
parto de una idea preconcebida por la cual por “Derecho” se hace referencia a
la expresión positiva de las normas, tal como nos mal enseñó el “positivismo”.
La “norma vigente” o el “Derecho
positivo”.
En cambio por Justicia se hace
referencia al ideal buscado por todos los hombres y al que el Derecho debe
subordinarse como una herramienta para su consecución.
Como ves, al iniciar esta original
correspondencia, he adoptado los
conceptos más “comunes”. Sin embargo
tales conceptos deben precisarse para no caer en equívocos. Pocas cosas he
leído más interesantes y clarificadoras que tu distinción entre “Ius” y
Derecho.[7] Me
apasiona la posibilidad de encontrar la raíz de la palabra Derecho, en la
palabra hebrea “derec” que según tu análisis “es un camino (derec) establecido por Dios (y, por lo tanto, fijo) que
el rey y el pueblo, deben seguir rigurosamente”[8]
Pero justamente es el “camino” y no la
meta o el fin. El fin es el Bien Supremo, o Dios, o la Justicia, que es el
adecuar nuestro obrar humano concreto al
Bien Supremo.
Coincido que el término Derecho no
puede ser restringido a las normas positivas, sino que como vos mismo decís, es
“...la apasionante problemática de la convivencia humana, generada por un
lado, por la permanente conciencia y exigencia de individualidad de nuestra
especie, cuyos miembros se sienten y se saben (hoy, con el respaldo de las
ciencias biológicas y de la psicología), únicos e irrepetibles, y por el otro
lado, por nuestra necesidad de vivir en grupo”.
Es evidente que el
tango, como te señalaba en mis anteriores cartas, es la respuesta más
sentimental, poética y filosófica a esa exigencia del hombre de realizarse en
su grupo. Nadie como el tango expresa y afirma con mayor claridad la tragedia
individual, que se hace evidente en la alteridad, al mismo tiempo que describe
con precisión la pertenencia determinante del individuo a una ciudad. Así se
encuentran tres planos: el individual, el gregario propio de la naturaleza y la
pertenencia a la ciudad, propia del porteño, el hombre concreto del que el
tango se ocupa.
Así que de ahora en adelante, a fin
de distinguir los conceptos, me referiré exclusivamente a “derecho positivo” para identificar la realidad normativa y a “justicia” a los fines de representar el
ideal del Derecho.
Y ya es hora de que me adelante a
los modos que entiendo que el tango se ocupa del “derecho positivo” y de la
“justicia”.
No ha sido fácil encausar el tema.
Partimos de la poesía-filosofía, para tener la convicción que la constatación
de una determinada filosofía o cosmovisión, necesariamente tiene que adoptar
una posición respecto del “derecho positivo y la justicia”. La tarea difícil es
encontrar esa posición, que a veces se expresa de modo manifiesto y otras,
mediante un oportuno silencio. Fijate vos, que esa enorme Poeta (así con
mayúscula) que es Eladia Blazquez, coincide con esta dificultad, y nos dice
que:
“No se si el tango se
ha ocupado de una manera específica de la justicia, tampoco ha incursionado
mucho en lo social, sin embargo, a través de su filosofía profunda
(considerando que es una expresión popular) desde ese sentimiento trágico de la
vida a veces... o el simple sentimiento humano, que es la inteligencia del
alma, pueda haberlo hecho en muchas páginas, que sin duda serán las
imborrables, o por lo menos, en algún momento nos emocionan, porque nos
refieren.”[9]
Mi humilde análisis de muchos
poemas, me ha llevado a considerar que en el Tango podemos encontrar los
siguientes criterios:
1. El Derecho
Positivo: en el tango el derecho de los hombres, la norma positiva, aparece
en reiteradas oportunidades como un “fenómeno”
o un “hecho” al que el hombre está sometido, como lo está a muchas
otras cosas que suceden en el mundo, afectando su persona (una desgracia, la
muerte de un amigo, un viaje, la suerte, etc). No se pronuncia sobre este
“Derecho” y no lo relaciona con la “Justicia”. Solo ocurre. Un hombre puede
estar preso o haber salido de prisión, puede pedir ser condenado, etc. pero
nada de esto afecta su esencia de hombre. El hombre es hombre, sea libre o
condenado, lo demás son sólo circunstancias. En ese sentido, el hombre como tal
nunca es definido como un “delincuente” sino como aquel que cometió un delito.
No existe el “delincuente” como término despectivo, sino en contados casos.
2. Las normas de
conducta en el Tango: en
innumerables letras encontramos una descripción de aquellas conductas que hacen
al hombre, hombre y a la mujer, mujer, o que por el contrario, los descalifican
como tales.
Son las normas que
el tango impone para quien quiera ser acabadamente un hombre o una mujer.
3. Sobre la “Justicia Social” también cabe hacer una referencia, aunque compartiendo lo que dice
la señora Eladia Blazquez, el tango no se caracteriza por abordar la “Justicia Social” sino que se refiere a
ella, en tanto y en cuanto afecta a ese hombre en lucha por su ideal. Es un
fenómeno que afecta (como el Derecho positivo) pero no determina.
4. Destino,
Determinismo y Libertad: Se constatan en el Tango también una serie de
normas que determinan la existencia del hombre. Que le imponen su destino de
lucha. Que evitan que pueda considerarse complacido, hecho y feliz en este
mundo.
Estas normas, no
las dicta el hombre. Le son impuestas por su propia naturaleza humana.
Pero a la vez,
conviven con un reconocimiento expreso de la Libertad.
5. La “Justicia Divina”: Cabe preguntarse
si el Tango se refiere a la Justicia Divina. Si hay alguna relación entre las
normas que impone o le fija el destino y Dios. Es tal vez uno de los aspectos
más apasionantes.
Voy a intentar explicar en detalle
cada una de estas diferentes manifestaciones de la justicia, del derecho y del derecho positivo, en el tango, pero
para ello me veo obligado a precisar previamente dos temas: a) Aquellas ideas y
valores que fundan lo que he presumido en denominar la “filosofía del tango” que a su vez funda las distintas ideas de
justicia y b) El marco histórico.
Como esa filosofía propia y su modo de abordar la justicia desde distintos puntos de vista se fundan en un fenómeno,
un hecho histórico, como lo es el Tango, será objeto de mi próxima carta, un
breve análisis del desarrollo histórico tratando de responder principalmente a
una cuestión: Si la filosofía que impone el tango y sus consecuencias, han
variado en el tiempo y deben considerarse históricamente en distintos períodos
o podemos hablar de una filosofía general alimentada por distintos poetas, cada
uno envuelto en las circunstancias de su propia época, pero trascendiendo la
misma.
Dejo planteado el tema y dejo
también de escribirte. Llega la noche y quiero hacer un paréntesis e irme a
dormir con todas las ideas que bullen en mi cabeza, para que en el descanso
nocturno, esos raros duendes que trabajan cuando uno duerme, las vayan ordenando y mañana las pueda
exponer con mayor claridad.
Aprovecho nuevamente para enviarte
un gran abrazo, tu discípulo y amigo:
Ramón
CARTA 4
Buenos Aires, 12 de Noviembre de 2004.
Mi querido amigo:
La mañana nos vuelve optimistas por
naturaleza, más aún cuando en un día luminoso como hoy, la luz invade mi
escritorio acariciando uno de mis más preciados tesoros: los libros de mi biblioteca.
Rodeado por ellos y con las fuerzas
renovadas, comencé a escribir entusiasmado esta cuarta carta. El optimismo me
duró poco. Luego de avanzar durante un tiempo considerable, terminé rompiéndola
en pedazos. Estaba haciendo todo lo contrario a lo planeado.
Como te prometía en mi carta
anterior tenía toda la intención de abordar ahora, de un modo muy especial,
algunas cuestiones relacionadas con la historia del Tango[10]. Historia no en el sentido de un antecedente
meramente académico u ornamental, sino como la cadena de causas y consecuencias
que explican muchas de las conclusiones a las que espero arribar.
Pese a ello, me
encontré de pronto que estaba escribiendo una nueva historia del tango, tema
que no es el objeto de nuestras conversaciones, y que por otra parte, ha sido
tratado con más amplitud por personas mucho más expertas en el tema. [11]
Ello me llevó a romper la primera versión de esta carta.
Avanzar
sobre el tema propuesto me exige salir
de los esquemas clásicos de la historia del tango. ¿Por qué? Porque los
mismos responden generalmente al aspecto musical. Es decir, a la evolución de
la música, más que al contenido de sus letras, tema éste que es abordado –por
lo general- secundariamente.
Es justificable que sea así,
principalmente porque los cambios musicales son notables y cada uno responde a
una época diferente. Al revés de lo que sucede –como trataré de demostrar- con
el contenido de sus poemas.
He encontrado también otros análisis
históricos, como aquellos que parten de sus poetas, haciendo hincapié en la
forma o técnica poética o en la personalidad o pensamiento de cada uno de
ellos. Estos estudios me serán de gran utilidad, pero tampoco se confunden con
el objeto de mi investigación.
En
otros estudios, al ocuparse de su
evolución, se tiene como punto partida
los cambios del marco social que de un modo u otro repercuten en el
tango. Tema éste también de altísimo interés y que influye en este trabajo. La sociología es un dato fundamental
en tanto y en cuanto tiene –entre otras cosas- el objeto de explicar las
razones que provocaron la aceptación del tango. Esa aceptación, como se verá,
no implica únicamente la adopción de una danza, sino principalmente el
compartir los sentimientos e ideas que transmiten los poetas del tango. El
tango nacido como una danza alegre en los lupanares, va mutando y se convierte
luego, en aquella música que se baila, pero también se escucha con silenciosa y
atenta quietud en salones y teatros. Son sus letras las que poco a poco, van
expresando cada vez más acabadamente, las ideas propias del porteño. Y su aceptación
masiva, no hace más que confirmar, que los poetas del tango lograron
interpretar con mucha más perfección que los poetas llamados “cultos”, los
ideales, valores y frustraciones de los habitantes de Buenos Aires. Sin
embargo, el estudio desde el punto de vista sociológico tampoco responde
completamente a mi objetivo.
Mi análisis parte de la
“cosmovisión” a la que humildemente llamo “filosofía” que sustenta el tango. Esa “cosmovisión”
origina una idea de “justicia” y una posición frente al derecho positivo. Esa
filosofía surge principalmente –a mi
criterio- de las letras de tango o sea de sus poetas y también de aquellas
poesías que de un modo u otro complementan la cultura del tango, aún cuando no
hayan logrado ser adoptadas por una melodía. Los poetas (como decía Unamuno)
son aquí los filósofos.
No pretendo
entonces, rescribir una exhaustiva historia del tango, sino tan solo señalar
aquellos hechos históricos que influyen para bien o para mal, en esa filosofía
propia que crearon los poetas del Tango.
Desde este punto de partida, voy a
remarcar las siguientes etapas, que no guardan una estricta relación con
aquellas creadas por quienes han hecho hincapié, principalmente en los aspectos
musicales:
1. El origen del Tango, desde los primeros antecedentes
hasta finales del Siglo XIX.
2. La aparición del Tango propiamente dicho, desde el
suburbio (la orilla) a fines del Siglo XIX, hasta su primera aceptación social
(1916).
3. La época de oro del Tango, desde 1916 hasta 1955.
4.
La etapa de latencia (
5.
El renacimiento (1969) y la década más triste (1973-1982)
6. Continuidad del renacimiento y los últimos poetas (desde 1982 en adelante).
Quiero adelantarte que parto de una
idea preconcebida. Estos períodos históricos nos ayudarán a comprender algunas
cuestiones particulares, sin embargo, a mi humilde criterio y a diferencia de
lo que sucede con su evolución musical, la filosofía contenida en las letras de
sus poesías, crea una cosmovisión en la que resulta indistinto marcar
diferentes épocas. Me explico: si en esta filosofía el ideal es el “amor” o es
la “compasión” una condición sin la cual el hombre no es realmente hombre, no
es esencialmente diferente si así lo expresó Baldomero Fernández Moreno,
Evaristo Carriego, Discépolo, Manzi o Eladia Blazquez. Será interesante ver
–tal vez- que estos valores se han mantenido en el tiempo y en todo tiempo han
merecido la aceptación popular, pero, la “finalidad” o “el valor” se imponen en
esta filosofía, indistintamente de la época en que hayan sido expresados. Tal
vez con distintos matices, pero siempre los mismos valores.
1.
El origen del Tango, desde los primeros antecedentes hasta finales del Siglo
XIX.
¿Por qué me interesan
particularmente los orígenes? Porque nos enseña respecto de un nacimiento -que
como todo nacimiento- marcará de modo indeleble al tango, en toda su historia.
Marcará pero no determinará.
El primer dato a resaltar son las
imprecisiones mismas acerca de su origen. Varias obras de importancia discuten
sobre los distintos antecedentes musicales: la música afro americana, el tango
andaluz, las milongas camperas, las habaneras, etc. etc. La cuestión es que -como sucede con Gardel
mismo- se desconoce su origen cierto. El tango mismo tiene un origen bastardo.
No hay certeza, aunque sí muchas teorías, sobre su filiación y lugar de
nacimiento.
No es raro que su origen también
atraiga la aceptación de una población porteña que pese a las riquezas que
acumulará y la forma en que copiará a Europa, no tiene abolengo alguno y son
pocos los que conocen los nombres de sus padres o abuelos. No sucede lo mismo
en las ciudades provinciales más antiguas, en las que largos árboles
genealógicos permiten crear una presunta “nobleza” o “sociedad” provinciana.
Buenos Aires, es tierra de desplazados e inmigrantes, muchos de los cuales
triunfarán, sin necesidad de probar sus orígenes ni sustentarse en sus
inexistentes blasones.
El
historiador del Tango, Blas Matamoro señala los hechos que a su entender
crearon las condiciones para el nacimiento del Tango:
·
La construcción del nuevo puerto de Buenos Aires (1870)
·
La finalización de la guerra con el Paraguay (1871).
·
La Federalización de Buenos Aires (1880).
Habría que agregar
un hecho más, que marcó a Buenos Aires de modo especial, como lo fue la
epidemia de Fiebre Amarilla en 1871.[12]
La finalización de la guerra con el
Paraguay, produjo un incremento demográfico en la ciudad de Buenos Aires,
originada en la desmilitarización o baja
de todos aquellos combatientes y de aquellas mujeres que los acompañaron en la
campaña militar como prostitutas (criollas). Estos hombres y mujeres se
establecen en los lugares más pobres de la ciudad (la orilla).
A la inmigración interna
se agrega la inmigración externa, al recalar en Buenos Aires las primeras
oleadas masivas de Europeos. El nuevo puerto les abre las puertas de Buenos
Aires, al mismo tiempo que genera un cambio estructural en la ciudad: los
ciudadanos más acaudalados se trasladan del sur a los nuevos barrios del norte
(Retiro y Recoleta).
Los nuevos inmigrantes de Buenos
Aires (del interior y del exterior) se ubican en los barrios más pobres y así
se va perfilando una ciudad rica que crece rodeada de sectores más indigentes
en lo que se denomina su “orilla”.
Con ellos nace un submundo. El de
las casas de tolerancia o prostíbulos, en las que confluyen aquellas mujeres
criollas y europeas, que tienden a satisfacer las necesidades de una excesiva
población masculina.
En estos lugares nacen los primeros
tangos y responden a la necesidad de entretener. Se perfila un nuevo género,
que tiene por primer objetivo recrear la estancia de los asistentes a aquellos
lugares prohibidos. De ahí la connotación sexual de aquellas primeras
composiciones.
El Tango nace al margen de la ley,
sin ser él ilegal. Nace como un árbol
plantado en tierra prohibida y deberá crecer y esperar para que su majestuosidad se imponga al
recuerdo de su origen sórdido; para mutar su carácter “entretenedor” y
convertirse en filosofía.
Sus primeros creadores e intérpretes
eran parte de aquellos prostíbulos, ya sea como músicos contratados, asistentes
o –incluso como el mismo Arolas_-
explotadores de alguna mujer (aquellos que el lenguaje del tango llama
“cafisho”); o personajes del hampa y a la vez músicos, como es el caso de Ernesto Poncio, “matón y
guardaespaldas, quince años recluido por homicidio (a su salida, Mendizábal le dedicó el tango
Culpas Ajenas)”._
Su melodía era alegre y vivaz,
invitando al baile, respetando siempre un compás del 2/4. Así lo describe con poética precisión Luis Adolfo Sierra:
“ Para explicar este fenómeno aparentemente
contradictorio entre las intenciones progresistas de la composición y ese
acentuado quietismo en las posibilidades
interpretativas, debe apelarse a la muy valedera justificación –tantas
veces repetida- del carácter estrictamente intuitivo de aquellos pioneros
ejecutantes, músicos orejeros, casi sin excepción que carecían de la más elemental formación académica o
conocían apenas –como también con tanta reiteración se ha dicho- algunas
simples tonalidades, que utilizaban como punto de partida para las
improvisaciones, que fue la manera inicial de la composición. Cuando las
improvisaciones resultaban felices, solía repetírselas una y otra vez, hasta
convertirse en temas definitivos, que los distintos intérpretes recogían de
oído. Todo ello, claro está,, dentro de la más precaria concepción técnica, y
sin el menor asomo de escritura musical. Es razonable admitir, entonces, que la
marcada simpleza de los tangos primitivos respondía en buena medida a la falta de
medios técnicos de los instrumentistas. O sea, que la inspiración creativa
estaba restringida inexcusablemente por las limitación de expresión de los
ejecutantes.
Más
aún: la incorporación del germánico bandoneón en la ejecución del tango
determinó un cambio total en la fisonomía temperamental de nuestra música de la
ciudad. Hasta el advenimiento del bandoneón, el tango primitivo era de agudos
sonidos y ritmo ágil cuando la flauta imponía la picaresca algarabía de sus
traviesas florituras. El tango se tocaba en tiempo de dos por cuatro, de
movilidad alegre, retozona y vivaz, dando marco a la coreografía originaria de
complejidad casi acrobática….”_
Esta melodía alegre y rápida, genera
una controversia entre los que han ido a buscar los orígenes del tango en su
estructura musical. En su excelente obra “De Garay a Gardel. La sociedad, el
hombre común y el TANGO 1580-
Así ubican temporalmente las
primeras milongas aproximadamente en 1870. Señalan con precisión y acierto una
referencia a la “milonga” en los versos del Martín Fierro:
“Supe una vez por desgracia,
que había un baile por allí,
y medio desesperado
a ver la milonga fui.”
El
antecedente “criollo” de la milonga, en sus dos versiones, aquella más
melodiosa que se cantaban poemas y su
otra versión más movida y rápida para el baile, unen al criollo que recala en
la ciudad y se junta con innumerables inmigrantes de distintos lugares. Su
pasado criollo vuelve imprecisos o de determinación inexacta sus orígenes, pero
lo cierto es que durante el último cuarto del Siglo XIX se instala en la
ciudad.
Con la música, el baile y sus primeros trazos
poético-descriptivos, nace también un nuevo lenguaje: el lunfardo. Es el
lenguaje de la orilla. El idioma que algunos atribuyen a los presos, pero que a mi criterio con más acierto,
Gobelo imputa a los cafishos. Este nuevo lenguaje no es un idioma, sino tan
solo un modo de modificar el lenguaje común agregándole palabras propias, con
definición propia, que muchas veces expresan su contenido con más precisión que
los instrumentos que brinda el castellano clásico. Así se incluyen también
palabras en que los inmigrantes aportan de sus propios idiomas. No se busca
oscurecer el lenguaje, sino darle un mayor valor expositivo. Y esos modismos
recorren rápidamente las calles, son adoptados por el pueblo y consecuentemente
por sus poetas más representativos.
Nace y crece un tango sin ley, ni en los lugares que se
ejecuta ni por sujeción a las reglas del idioma; y como las mismas prostitutas, se va colando
de los lupanares más sórdidos de la orilla, a los más lujosos del centro de la
ciudad.
2.
La aparición del Tango: desde el suburbio (la orilla) hasta su primera
aceptación social ( 1916).
Poco a poco se irá
escapando de las ataduras que le impone su misión de recrear “contertulios”
innombrables, para expresar otros sentimientos y salir a la luz. Primero
tímidamente por los barrios, a través de ignotos organilleros, como también
con la práctica de la danza nacida al
compás de sus sones en lugares públicos y a la luz del día.
Poco a poco abandona la noche secreta
y se instala en los salones de baile.
Sus primeras composiciones nos dejan
una descripción poética, descarnada y real de los distintos personajes que lo
acunaron en la oscuridad, siguieron sus primeros pasos y se beneficiaron en la
alegría que les brindó su infancia. El “Rufián”, el” Fioca o cantinflero” , el “Compadre” y el
“Compadrito”, las “Chinas” y las “Loras”. Son los arquetipos de aquel mundo
sombrío -y fijate- que son también descripciones “del otro” y “del yo”.
Lo cierto es que aquella música
prohibida, cuando nace el Siglo XX, ya ha salido a la luz, sus poemas van
abandonando poco a poco su carácter meramente descriptivo y comienzan a
expresar los sentimientos e ideas que no abandonarán jamás. La aceptación del
público es cada vez mayor pero aún con la desaprobación pública de las clases
más acomodadas y del intelectualismo más refinadamente afrancesado o
europeizado.
También debemos
recordar aquí a aquellos poetas sin música, pero que representaron el espíritu
del tango desde su inicio. El primero y principal, tal vez sea Evaristo
Carriego (1883-1912) quien describió al hombre de Buenos Aires y su tragedia,
haciendo de los distintos y humildes personajes que lo rodeaban, un canto al
modelo universal de la filosofía de la existencia. Carriego es fundamental en
uno de los aspectos esenciales del tango: la comprensión de la vida a través
del otro.
El tango sigue siendo orillero y
sólo es adoptado por las clases más acomodadas en infracción a lo que estaba
bien visto. Sin embargo, ya en los primeros años de este siglo pega dos grandes saltos.
La segunda década del Siglo XX comenzó con la conquista de París por el tango, que nos unió a esa ciudad de un modo especial, de modo tal que en la mitología porteña sólo se podía estar en Buenos Aires o en París. La ciudad luz, centro de diversión de la aristocracia ganadera, era ocupada ahora por el tango y sus ejecutantes. Los hombres de la orilla, igualaban a los aristócratas. Porque en eso, el Tango nunca promovió la lucha de clases. Todo lo contrario. El sueño del orillero era llegar al centro y vestirse como un señor, no sojuzgar al señor para que se vistiera como un orillero. Los que lo lograban, eran modelo, y para sus seguidores era un lujo verlos vestidos de gala y galera, sonriendo y enmarcando sus rostros en núbeos echarpes de seda.