Tango, Existencia y Derecho

o cartas de un abogado porteño a su maestro


                                                                                 Ramón Pablo Massot

 

 

A mi abuelo, Julián Pablo Massot, mi primer acreedor en el amor después de Dios.

A mi mujer y mis hijos que son parte inescindible de todos mis frutos.

A mi amigo Jorge L. que revisó exhaustivamente  y con sumo afecto,  este trabajo.

A mi maestro y amigo Ricardo Rabinovich-Berkman, quien me impulsó y acompañó en esta tarea.


 

“He descubierto una cosa después de la muerte de mis padres, y es que lo que llamamos sobrevivir, es en realidad subvivir y aquellos a quienes no hemos dejado de amar con lo mejor de nosotros mismos, son como una bóveda palpitante, invisible, pero presentida y hasta palpable, bajo la cual avanzamos siempre más inclinados, más desarraigados de nosotros mismos, hasta el momento en que todo se sumerge en el amor.” Gabriel Marcel, El emisario, último acto.

 

CARTA 1

Buenos Aires, 5 de Noviembre de 2004

 

Mi querido amigo:

 

Seguramente te sorprenderán estas cartas pero espero que la sorpresa sea grata.

Creo también conveniente explicarte un poco el porqué de esta metodología.

Aún recuerdo como si fuera ayer cuando comentaste en el Curso de Historia, que habías tenido un alumno que encaró un excelente trabajo sobre “Folklore y Derecho” y que aún quedaba pendiente hacer un trabajo sobre la relación entre el Tango y el Derecho.

Ya en ese momento, dentro de mí, empezó a gestarse la idea de trabajar el tema. Prefería hacerlo como un trabajo opcional o accesorio al trabajo “técnico” exigido, pero la aceptación que tuvo de tu parte cuando lo insinué me obligó a adoptarlo como trabajo principal.

La opción no fue fácil, porque de inmediato me di cuenta que el tema me involucraba personalmente. Tanto el Tango como el Derecho se encuentran indisolublemente unidos a mi persona. Soy porteño de cuarta o quinta generación, con todo lo que ello significa[1]. Principalmente soy fruto de esta ciudad, soy uno más de su gente y comparto su idiosincrasia. Como muchos porteños, encuentro en el Tango y especialmente en su poesía, una cosmovisión de la que comparto muchos de sus valores. Porque el tango, antes que nada, es una filosofía expresada en forma de poesía.  Como nos enseñaba Unamuno: “Cúmplenos decir, ante todo, que la filosofía se acuesta más a la poseía que no a la ciencia...Nuestra filosofía, esto es, nuestro modo de comprender o no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma....no digo filósofos metidos a poetas, porque poetas y filósofos son hermanos gemelos...”[2]

            Y como hombre concreto, nacido, criado y educado en medio de una sociedad que constantemente sigue convalidando la filosofía de sus principales poetas, adopté el camino del derecho como mi herramienta para intentar transformar el mundo, creyendo firmemente en el ideal de “Justicia”. También en mí se da la eterna confrontación entre los sueños y la realidad.

            Este marco, como te explicaba, me impide ser imparcial y extremadamente científico en esta tarea. Esta es una causa en la que soy parte. No puedo dejar de ser lo que soy, ni olvidarme de aquello a lo que le he dedicado la mayor parte de mi vida. Por el contrario, entiendo que nada se realiza si no persiste en su propio ser. Por eso las mejores explicaciones sobre el Tango, han venido del mismo Tango. En igual sentido nadie puede comprender el derecho como quien lo abraza para vivir la justicia.

Estas son las limitaciones subjetivas del trabajo emprendido y que a su vez son causas de la forma elegida.

            Hablar de Tango y de Derecho, me llevan necesariamente a exponer parte de mi mismo ser. Y no puedo hacerlo con toda amplitud desde la pretendida formalidad de un ensayo objetivo. Necesariamente debo vincularme al otro, a quien recibirá mis ideas, creencias y conclusiones. En esto se asemejan el Tango y el Derecho. Ambos exigen como “conditio sine qua non” la alteridad. No hay Derecho sin “el otro” y mucho menos Tango. ¿Que norma jurídica se justifica si sólo existiese un hombre?. ¿Que poesía merece ser escrita en la más absoluta individualidad? Y no estamos hablando de quien estando sólo compone poesías para entenderse con el Creador, pues aquí también hay alteridad, que como decía Machado: “quien habla solo espera, hablar con Dios un día...”

            Por eso elegí redactar estas cartas, con la esperanza de que las mismas me relacionen directamente con mi interlocutor, o sea, con vos. No se trata tan sólo de exponer, sino de entablar un diálogo, de persona concreta a persona concreta, para hablar de muchas cosas que explican el propio ser, mi propio ser y, tal vez, el tuyo también. Acordate sino de Discepolín y sus charlas de radio. Nunca fueron un monólogo sino un diálogo con aquel personaje imaginario llamado “Mordisquito”.

            Así también vas a notar, que he optado por escribir “en porteño” y no en castellano. Es una licencia que me he permitido por las mismas razones expuestas hasta aquí.

            Espero que aceptes el camino que he elegido.

            Un gran abrazo:                   

                                                                                              Ramón



CARTA 2

Buenos Aires, 6 de Noviembre de 2004.

Mi querido amigo:

 

            Vuelvo a escribirte a fin de continuar con la tarea encomendada. ¡Qué tarea! Al optimismo de la elección del tema, le siguió una honda preocupación por encontrar los puntos de encuentro entre el Tango y el Derecho. Y esta cuestión fue la que ocupó mis primeras reflexiones. ¿Qué tienen que ver el Tango y el Derecho?.

            La primera respuesta la tuve repasando tu libro “Un viaje por la historia del Derecho”[3]. Fue aquel ejemplo de la “Epopeya de Gilgamesh” el que me brindó la primera pista. Ya 2500 a.d.C. se nos advierte que más allá de los deseos del gobernante (aún traducido en normas positivas) existe un límite impuesto por los “dioses”, a favor de los individuos que sufren las consecuencias de un poder mal ejercido. El Derecho no es la norma positiva, sino aquella norma que es justa, que armoniza con los límites impuestos por los dioses.

            Son los poetas quienes nos dejaron este texto que nos demuestra cual era la creencia del pueblo respecto de la justicia. Porque todos los textos artísticos son validados por el pueblo. Y ese texto poético nos enseña que aquel pueblo reconocía una justicia mayor a la del gobernante: la justicia de los dioses. El poeta es aquí, teólogo, filósofo y jurista, en ese orden.

            También nos advierte sobre la confrontación entre el “ser” y el “deber ser”. Un anuncio ya de otra “tragedia” humana, como la que nos advirtieron otros filósofos más modernos, ya se trate de la confrontación entre la realidad de la muerte y el deseo de la vida eterna en Unamuno ó entre los sueños (ideales) y la realidad en Discépolo.

            Este fue mi punto de partida. El Tango, o mejor dicho sus poetas, también son filósofos y como tales se pronuncian no sólo sobre la vida sino también sobre aquello que afecta la vida concreta, como sucede con la Justicia y el Derecho.

            Ya en mi carta anterior te señalaba la relación entre la poesía y la filosofía. Y como la filosofía de un grupo humano, influye en el Derecho y a la vez, se ocupa del Derecho y la Justicia.

            El poeta se ha vuelto filósofo y adopta una filosofía tremendamente humana y concreta. No crea con sus ideas castillos en el aire sino que se fija en el hombre “de carne y hueso” y no en la idea abstracta de hombre o de humanidad. Como decía el Filósofo:

El nuestro (el hombre) es el otro, el de carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pisamos sobre la tierra.

Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto y el supremo objeto de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes filósofos.

En las más de las historias de la filosofía que conozco se nos presenta a los sistemas como originándose los unos de los otros, y sus autores, los filósofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La íntima biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía, la que más cosas nos explica”.[4]

Aquel otro poeta, esteta, filósofo y especialmente teólogo nos decía refiriéndose a Hegel:

Sucede con la mayor parte de los filósofos, con respecto a su sistema, como si uno construyese un enorme castillo y luego se retirase a vivir en un granero. No viven personalmente en sus enormes edificios sistemáticos. Pero ésta es y sigue siendo, desde el punto de vista del espíritu, una acusación decisiva”[5]

            En el tango no sucede lo mismo. Sus poetas construyen su filosofía a partir del hombre de carne y hueso, de su propia experiencia, de la experiencia de sus amigos a los que llama hermanos, o de aquellos otros a los que aún sin conocer se hermana en un destino común, imponiendo así la alteridad y la realidad concreta como la esencia propia de su mensaje.

            Y esa filosofía poética, concreta y real es aceptada por sus destinatarios de modo incondicional. Y lo es, porque el poeta no hace más que extraerla de su propio pueblo, creándose así un diálogo recíproco que se traduce en poemas que cantados y recitados son convalidados por la inmensa mayoría que encuentra en ellos la expresión más cabal de sus sentimientos y sueños.

            Y te digo “sentimientos y sueños” antes que “ideas y doctrinas” porque el tango, como otras filosofías prácticamente contemporáneas al mismo, apunta al hombre concreto e integral. Volviendo a aquel filósofo español, podemos decir con él:

Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de comprender y no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida misma. Y ésta, como todo lo afectivo, tiene raíces subconscientes, inconscientes tal vez....Y acaso lo que de los demás animales le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Y así, lo que en un filósofo nos debe importar más es el hombre...

Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar; mientras que otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre, con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre, con la vida.  Y las gentes que no piensan más que con el cerebro dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento. ¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la diferenciación del trabajo?...”[6]

            La filosofía que se desprende del tango, es absolutamente vital y existencial. Es la expresión de la vida del hombre concreto, sin distinción de clases, ni de credos. Es el hombre que vive en esta sociedad concreta y porteña, ya se trate de Buenos Aires o de Montevideo.

            Se trata de una filosofía trágica y optimista. Se conjugan en ella dos elementos que a simple vista podrían parecer contradictorios, pero que resultan ser complementarios. Ahora sólo es momento de enunciarlos, más adelante me detendré especialmente en este tema.

            Así, al finalizar esta segunda carta, he avanzado en ir ordenando mis ideas y te puedo decir que la primera relación entre tango y derecho o también entre tango y justicia, consiste en que el tango resulta ser la expresión filosófica más genuina de este, nuestro determinado grupo humano, considerado no en abstracto sino del modo más concreto. Como tal, esa filosofía se pronuncia de distintos modos sobre la Justicia y el Derecho. El cómo  será motivo de mis próximas cartas, ya que ahora debo suspender por algunos momentos.

            Aprovecho para enviarte un gran abrazo, con el afecto de siempre:

                                                                                                                                                                                                                                           Ramón


CARTA 3

Buenos Aires, 12 de Noviembre de 2004

 

Mi querido amigo:

            Vuelvo a tomar la pluma (que imagen poética, la verdad es que sigo frente a la PC)  para continuar con mis reflexiones.

            Necesariamente debo partir de una aclaración metodológica. Habrás notado que en mis cartas anteriores me refiero constantemente a la relación del Tango con el Derecho y la Justicia. ¿Porqué esa diferenciación entre Derecho y Justicia?

La verdad es que parto de una idea preconcebida por la cual por “Derecho” se hace referencia a la expresión positiva de las normas, tal como nos mal enseñó el “positivismo”. La “norma vigente” o  el “Derecho positivo”.

            En cambio por Justicia se hace referencia al ideal buscado por todos los hombres y al que el Derecho debe subordinarse como una herramienta para su consecución.

            Como ves, al iniciar esta original correspondencia,  he adoptado los conceptos más “comunes”. Sin embargo tales conceptos deben precisarse para no caer en equívocos. Pocas cosas he leído más interesantes y clarificadoras que tu distinción entre “Ius” y Derecho.[7] Me apasiona la posibilidad de encontrar la raíz de la palabra Derecho, en la palabra hebrea “derec”  que según tu análisis “es un camino (derec) establecido por Dios (y, por lo tanto, fijo) que el rey y el pueblo, deben seguir rigurosamente[8] Pero justamente es el  “camino” y no la meta o el fin. El fin es el Bien Supremo, o Dios, o la Justicia, que es el adecuar nuestro obrar humano concreto al  Bien Supremo.

            Coincido que el término Derecho no puede ser restringido a las normas positivas, sino que como vos mismo decís, es “...la apasionante problemática  de la convivencia humana, generada por un lado, por la permanente conciencia y exigencia de individualidad de nuestra especie, cuyos miembros se sienten y se saben (hoy, con el respaldo de las ciencias biológicas y de la psicología), únicos e irrepetibles, y por el otro lado, por nuestra necesidad de vivir en grupo”.

            Es evidente que el tango, como te señalaba en mis anteriores cartas, es la respuesta más sentimental, poética y filosófica a esa exigencia del hombre de realizarse en su grupo. Nadie como el tango expresa y afirma con mayor claridad la tragedia individual, que se hace evidente en la alteridad, al mismo tiempo que describe con precisión la pertenencia determinante del individuo a una ciudad. Así se encuentran tres planos: el individual, el gregario propio de la naturaleza y la pertenencia a la ciudad, propia del porteño, el hombre concreto del que el tango se ocupa.

            Así que de ahora en adelante, a fin de distinguir los conceptos, me referiré exclusivamente a “derecho positivo” para identificar la realidad normativa y a “justicia” a los fines de representar el ideal del Derecho.

            Y ya es hora de que me adelante a los modos que entiendo que el tango se ocupa del “derecho positivo” y de la “justicia”.

            No ha sido fácil encausar el tema. Partimos de la poesía-filosofía, para tener la convicción que la constatación de una determinada filosofía o cosmovisión, necesariamente tiene que adoptar una posición respecto del “derecho positivo y la justicia”. La tarea difícil es encontrar esa posición, que a veces se expresa de modo manifiesto y otras, mediante un oportuno silencio. Fijate vos, que esa enorme Poeta (así con mayúscula) que es Eladia Blazquez, coincide con esta dificultad, y nos dice que:

No se si el tango se ha ocupado de una manera específica de la justicia, tampoco ha incursionado mucho en lo social, sin embargo, a través de su filosofía profunda (considerando que es una expresión popular) desde ese sentimiento trágico de la vida a veces... o el simple sentimiento humano, que es la inteligencia del alma, pueda haberlo hecho en muchas páginas, que sin duda serán las imborrables, o por lo menos, en algún momento nos emocionan, porque nos refieren.”[9]

            Mi humilde análisis de muchos poemas, me ha llevado a considerar que en el Tango podemos encontrar los siguientes criterios:

1. El Derecho Positivo: en el tango el derecho de los hombres, la norma positiva, aparece en reiteradas oportunidades como un “fenómeno” o un “hecho” al que el  hombre está sometido, como lo está a muchas otras cosas que suceden en el mundo, afectando su persona (una desgracia, la muerte de un amigo, un viaje, la suerte, etc). No se pronuncia sobre este “Derecho” y no lo relaciona con la “Justicia”. Solo ocurre. Un hombre puede estar preso o haber salido de prisión, puede pedir ser condenado, etc. pero nada de esto afecta su esencia de hombre. El hombre es hombre, sea libre o condenado, lo demás son sólo circunstancias. En ese sentido, el hombre como tal nunca es definido como un “delincuente” sino como aquel que cometió un delito. No existe el “delincuente” como término despectivo, sino en contados casos.

2. Las normas de conducta en  el Tango: en innumerables letras encontramos una descripción de aquellas conductas que hacen al hombre, hombre y a la mujer, mujer, o que por el contrario, los descalifican como tales.

Son las normas que el tango impone para quien quiera ser acabadamente un hombre o una mujer.

3. Sobre la “Justicia Social” también cabe hacer una referencia, aunque compartiendo lo que dice la señora Eladia Blazquez, el tango no se caracteriza por abordar la “Justicia Social” sino que se refiere a ella, en tanto y en cuanto afecta a ese hombre en lucha por su ideal. Es un fenómeno que afecta (como el Derecho positivo) pero no determina.

4. Destino, Determinismo y Libertad: Se constatan en el Tango también una serie de normas que determinan la existencia del hombre. Que le imponen su destino de lucha. Que evitan que pueda considerarse complacido, hecho y feliz en este mundo.

Estas normas, no las dicta el hombre. Le son impuestas por su propia naturaleza humana.

Pero a la vez, conviven con un reconocimiento expreso de la Libertad.

5. La “Justicia Divina”: Cabe preguntarse si el Tango se refiere a la Justicia Divina. Si hay alguna relación entre las normas que impone o le fija el destino y Dios. Es tal vez uno de los aspectos más apasionantes.

            Voy a intentar explicar en detalle cada una de estas diferentes manifestaciones de la justicia, del derecho y del derecho positivo, en el tango, pero para ello me veo obligado a precisar previamente dos temas: a) Aquellas ideas y valores que fundan lo que he presumido en denominar la “filosofía del tango” que a su vez funda las distintas ideas de justicia y b) El marco histórico.

            Como esa filosofía propia y su modo de abordar la justicia desde distintos puntos de vista se fundan en un fenómeno, un hecho histórico, como lo es el Tango, será objeto de mi próxima carta, un breve análisis del desarrollo histórico tratando de responder principalmente a una cuestión: Si la filosofía que impone el tango y sus consecuencias, han variado en el tiempo y deben considerarse históricamente en distintos períodos o podemos hablar de una filosofía general alimentada por distintos poetas, cada uno envuelto en las circunstancias de su propia época, pero trascendiendo la misma.

            Dejo planteado el tema y dejo también de escribirte. Llega la noche y quiero hacer un paréntesis e irme a dormir con todas las ideas que bullen en mi cabeza, para que en el descanso nocturno, esos raros duendes que trabajan cuando uno duerme,  las vayan ordenando y mañana las pueda exponer con mayor claridad.

            Aprovecho nuevamente para enviarte un gran abrazo, tu discípulo y amigo:                                               

Ramón          


CARTA 4 

Buenos Aires, 12 de Noviembre de 2004.


Mi querido amigo:

 

            La mañana nos vuelve optimistas por naturaleza, más aún cuando en un día luminoso como hoy, la luz invade mi escritorio acariciando uno de mis más preciados tesoros:  los libros de mi biblioteca.

            Rodeado por ellos y con las fuerzas renovadas, comencé a escribir entusiasmado esta cuarta carta. El optimismo me duró poco. Luego de avanzar durante un tiempo considerable, terminé rompiéndola en pedazos. Estaba haciendo todo lo contrario a lo planeado.

            Como te prometía en mi carta anterior tenía toda la intención de abordar ahora, de un modo muy especial, algunas cuestiones relacionadas con la historia del Tango[10].  Historia no en el sentido de un antecedente meramente académico u ornamental, sino como la cadena de causas y consecuencias que explican muchas de las conclusiones a las que espero arribar.

Pese a ello, me encontré de pronto que estaba escribiendo una nueva historia del tango, tema que no es el objeto de nuestras conversaciones, y que por otra parte, ha sido tratado con más amplitud por personas mucho más expertas en el tema. [11] Ello me llevó a romper la primera versión de esta carta.

            Avanzar sobre el tema propuesto me exige salir  de los esquemas clásicos de la historia del tango. ¿Por qué? Porque los mismos responden generalmente al aspecto musical. Es decir, a la evolución de la música, más que al contenido de sus letras, tema éste que es abordado –por lo general- secundariamente.

            Es justificable que sea así, principalmente porque los cambios musicales son notables y cada uno responde a una época diferente. Al revés de lo que sucede –como trataré de demostrar- con el contenido de sus poemas.

            He encontrado también otros análisis históricos, como aquellos que parten de sus poetas, haciendo hincapié en la forma o técnica poética o en la personalidad o pensamiento de cada uno de ellos. Estos estudios me serán de gran utilidad, pero tampoco se confunden con el objeto de mi investigación.

            En otros estudios, al ocuparse  de su evolución, se tiene como punto partida  los cambios del marco social que de un modo u otro repercuten en el tango. Tema éste también de altísimo interés y que influye en este  trabajo. La sociología es un dato fundamental en tanto y en cuanto tiene –entre otras cosas- el objeto de explicar las razones que provocaron la aceptación del tango. Esa aceptación, como se verá, no implica únicamente la adopción de una danza, sino principalmente el compartir los sentimientos e ideas que transmiten los poetas del tango. El tango nacido como una danza alegre en los lupanares, va mutando y se convierte luego, en aquella música que se baila, pero también se escucha con silenciosa y atenta quietud en salones y teatros. Son sus letras las que poco a poco, van expresando cada vez más acabadamente, las ideas propias del porteño. Y su aceptación masiva, no hace más que confirmar, que los poetas del tango lograron interpretar con mucha más perfección que los poetas llamados “cultos”, los ideales, valores y frustraciones de los habitantes de Buenos Aires. Sin embargo, el estudio desde el punto de vista sociológico tampoco responde completamente a mi objetivo.

            Mi análisis parte de la “cosmovisión” a la que humildemente llamo “filosofía”  que sustenta el tango. Esa “cosmovisión” origina una idea de “justicia” y una posición frente al derecho positivo. Esa filosofía surge  principalmente –a mi criterio- de las letras de tango o sea de sus poetas y también de aquellas poesías que de un modo u otro complementan la cultura del tango, aún cuando no hayan logrado ser adoptadas por una melodía. Los poetas (como decía Unamuno) son aquí los filósofos.

No pretendo entonces, rescribir una exhaustiva historia del tango, sino tan solo señalar aquellos hechos históricos que influyen para bien o para mal, en esa filosofía propia que crearon los poetas del Tango.

            Desde este punto de partida, voy a remarcar las siguientes etapas, que no guardan una estricta relación con aquellas creadas por quienes han hecho hincapié, principalmente en los aspectos musicales:

1. El origen del Tango, desde los primeros antecedentes hasta finales del Siglo XIX.

2. La aparición del Tango propiamente dicho, desde el suburbio (la orilla) a fines del Siglo XIX, hasta su primera aceptación social (1916).

3. La época de oro del Tango, desde 1916 hasta 1955.

4. La etapa de latencia (1955 a 1969).

5. El renacimiento (1969) y la década más triste (1973-1982)

6. Continuidad del renacimiento y  los últimos poetas (desde 1982 en adelante).

            Quiero adelantarte que parto de una idea preconcebida. Estos períodos históricos nos ayudarán a comprender algunas cuestiones particulares, sin embargo, a mi humilde criterio y a diferencia de lo que sucede con su evolución musical, la filosofía contenida en las letras de sus poesías, crea una cosmovisión en la que resulta indistinto marcar diferentes épocas. Me explico: si en esta filosofía el ideal es el “amor” o es la “compasión” una condición sin la cual el hombre no es realmente hombre, no es esencialmente diferente si así lo expresó Baldomero Fernández Moreno, Evaristo Carriego, Discépolo, Manzi o Eladia Blazquez. Será interesante ver –tal vez- que estos valores se han mantenido en el tiempo y en todo tiempo han merecido la aceptación popular, pero, la “finalidad” o “el valor” se imponen en esta filosofía, indistintamente de la época en que hayan sido expresados. Tal vez con distintos matices, pero siempre los mismos valores.

 

1. El origen del Tango, desde los primeros antecedentes hasta finales del Siglo XIX.

            ¿Por qué me interesan particularmente los orígenes? Porque nos enseña respecto de un nacimiento -que como todo nacimiento- marcará de modo indeleble al tango, en toda su historia. Marcará pero no determinará.

            El primer dato a resaltar son las imprecisiones mismas acerca de su origen. Varias obras de importancia discuten sobre los distintos antecedentes musicales: la música afro americana, el tango andaluz, las milongas camperas, las habaneras, etc. etc.  La cuestión es que -como sucede con Gardel mismo- se desconoce su origen cierto. El tango mismo tiene un origen bastardo. No hay certeza, aunque sí muchas teorías, sobre su filiación y lugar de nacimiento.

            No es raro que su origen también atraiga la aceptación de una población porteña que pese a las riquezas que acumulará y la forma en que copiará a Europa, no tiene abolengo alguno y son pocos los que conocen los nombres de sus padres o abuelos. No sucede lo mismo en las ciudades provinciales más antiguas, en las que largos árboles genealógicos permiten crear una presunta “nobleza” o “sociedad” provinciana. Buenos Aires, es tierra de desplazados e inmigrantes, muchos de los cuales triunfarán, sin necesidad de probar sus orígenes ni sustentarse en sus inexistentes blasones.

                        El historiador del Tango, Blas Matamoro señala los hechos que a su entender crearon las condiciones para el nacimiento del Tango:

·        La construcción del nuevo puerto de Buenos Aires (1870)

·        La finalización de la guerra con el Paraguay (1871).

·        La Federalización de Buenos Aires (1880).

Habría que agregar un hecho más, que marcó a Buenos Aires de modo especial, como lo fue la epidemia de Fiebre Amarilla en 1871.[12]

            La finalización de la guerra con el Paraguay, produjo un incremento demográfico en la ciudad de Buenos Aires, originada en la desmilitarización o  baja de todos aquellos combatientes y de aquellas mujeres que los acompañaron en la campaña militar como prostitutas (criollas). Estos hombres y mujeres se establecen en los lugares más pobres de la ciudad (la orilla).

                        A la inmigración interna se agrega la inmigración externa, al recalar en Buenos Aires las primeras oleadas masivas de Europeos. El nuevo puerto les abre las puertas de Buenos Aires, al mismo tiempo que genera un cambio estructural en la ciudad: los ciudadanos más acaudalados se trasladan del sur a los nuevos barrios del norte (Retiro y Recoleta).

            Los nuevos inmigrantes de Buenos Aires (del interior y del exterior) se ubican en los barrios más pobres y así se va perfilando una ciudad rica que crece rodeada de sectores más indigentes en lo que se denomina su  “orilla”.

            Con ellos nace un submundo. El de las casas de tolerancia o prostíbulos, en las que confluyen aquellas mujeres criollas y europeas, que tienden a satisfacer las necesidades de una excesiva población masculina.

            En estos lugares nacen los primeros tangos y responden a la necesidad de entretener. Se perfila un nuevo género, que tiene por primer objetivo recrear la estancia de los asistentes a aquellos lugares prohibidos. De ahí la connotación sexual de aquellas primeras composiciones.

            El Tango nace al margen de la ley, sin ser  él ilegal. Nace como un árbol plantado en tierra prohibida y deberá crecer y esperar  para que su majestuosidad se imponga al recuerdo de su origen sórdido; para mutar su carácter “entretenedor” y convertirse en filosofía.

            Sus primeros creadores e intérpretes eran parte de aquellos prostíbulos, ya sea como músicos contratados, asistentes o –incluso como el mismo Arolas_- explotadores de alguna mujer (aquellos que el lenguaje del tango llama “cafisho”); o personajes del hampa y a la vez músicos,  como es el caso de Ernesto Poncio, “matón y guardaespaldas, quince años recluido por homicidio   (a su salida, Mendizábal le dedicó el tango Culpas Ajenas)”._

            Su melodía era alegre y vivaz, invitando al baile, respetando siempre un compás del 2/4. Así lo describe  con poética precisión Luis Adolfo Sierra:

Para explicar este fenómeno aparentemente contradictorio entre las intenciones progresistas de la composición y ese acentuado quietismo en las posibilidades  interpretativas, debe apelarse a la muy valedera justificación –tantas veces repetida- del carácter estrictamente intuitivo de aquellos pioneros ejecutantes, músicos orejeros, casi sin excepción que carecían  de la más elemental formación académica o conocían apenas –como también con tanta reiteración se ha dicho- algunas simples tonalidades, que utilizaban como punto de partida para las improvisaciones, que fue la manera inicial de la composición. Cuando las improvisaciones resultaban felices, solía repetírselas una y otra vez, hasta convertirse en temas definitivos, que los distintos intérpretes recogían de oído. Todo ello, claro está,, dentro de la más precaria concepción técnica, y sin el menor asomo de escritura musical. Es razonable admitir, entonces, que la marcada simpleza de los tangos primitivos respondía en buena medida a la falta de medios técnicos de los instrumentistas. O sea, que la inspiración creativa estaba restringida inexcusablemente por las limitación de expresión de los ejecutantes.

Más aún: la incorporación del germánico bandoneón en la ejecución del tango determinó un cambio total en la fisonomía temperamental de nuestra música de la ciudad. Hasta el advenimiento del bandoneón, el tango primitivo era de agudos sonidos y ritmo ágil cuando la flauta imponía la picaresca algarabía de sus traviesas florituras. El tango se tocaba en tiempo de dos por cuatro, de movilidad alegre, retozona y vivaz, dando marco a la coreografía originaria de complejidad casi acrobática….”_

            Esta melodía alegre y rápida, genera una controversia entre los que han ido a buscar los orígenes del tango en su estructura musical. En su excelente obra “De Garay a Gardel. La sociedad, el hombre común y el TANGO 1580-1917”_, Alejandro Molinari, Roberto L. Martínez y Natalio P. Etchegaray, sostienen que “la milonga” es el antecedente directo del tango y no la “habanera” cuyo ritmo y baile es mucho más lento y cadencioso.

            Así ubican temporalmente las primeras milongas aproximadamente en 1870. Señalan con precisión y acierto una referencia a la “milonga” en los versos del Martín Fierro:

                         “Supe una vez por desgracia,

                          que había un baile por allí,

   y medio desesperado

                           a ver la milonga fui.”

                        El antecedente “criollo” de la milonga, en sus dos versiones, aquella más melodiosa que se cantaban poemas  y su otra versión más movida y rápida para el baile, unen al criollo que recala en la ciudad y se junta con innumerables inmigrantes de distintos lugares. Su pasado criollo vuelve imprecisos o de determinación inexacta sus orígenes, pero lo cierto es que durante el último cuarto del Siglo XIX se instala en la ciudad.

Con la música, el baile y sus primeros trazos poético-descriptivos, nace también un nuevo lenguaje: el lunfardo. Es el lenguaje de la orilla. El idioma que algunos atribuyen a los presos,  pero que a mi criterio con más acierto, Gobelo imputa a los cafishos. Este nuevo lenguaje no es un idioma, sino tan solo un modo de modificar el lenguaje común agregándole palabras propias, con definición propia, que muchas veces expresan su contenido con más precisión que los instrumentos que brinda el castellano clásico. Así se incluyen también palabras en que los inmigrantes aportan de sus propios idiomas. No se busca oscurecer el lenguaje, sino darle un mayor valor expositivo. Y esos modismos recorren rápidamente las calles, son adoptados por el pueblo y consecuentemente por sus poetas más representativos.

Nace y crece  un tango sin ley, ni en los lugares que se ejecuta ni por sujeción a las reglas del idioma;  y como las mismas prostitutas, se va colando de los lupanares más sórdidos de la orilla, a los más lujosos del centro de la ciudad.

2. La aparición del Tango: desde el suburbio (la orilla) hasta su primera aceptación social ( 1916).

Poco a poco se irá escapando de las ataduras que le impone su misión de recrear “contertulios” innombrables, para expresar otros sentimientos y salir a la luz. Primero tímidamente por los barrios, a través de ignotos organilleros, como también con  la práctica de la danza nacida al compás de sus sones en lugares públicos y a la luz del día.

            Poco a poco abandona la noche secreta y se instala en los salones de baile.

            Sus primeras composiciones nos dejan una descripción poética, descarnada y real de los distintos personajes que lo acunaron en la oscuridad, siguieron sus primeros pasos y se beneficiaron en la alegría que les brindó su infancia. El “Rufián”,  el” Fioca o cantinflero” , el “Compadre” y el “Compadrito”, las “Chinas” y las “Loras”. Son los arquetipos de aquel mundo sombrío -y fijate- que son también descripciones “del otro” y “del yo”.

            Lo cierto es que aquella música prohibida, cuando nace el Siglo XX, ya ha salido a la luz, sus poemas van abandonando poco a poco su carácter meramente descriptivo y comienzan a expresar los sentimientos e ideas que no abandonarán jamás. La aceptación del público es cada vez mayor pero aún con la desaprobación pública de las clases más acomodadas y del intelectualismo más refinadamente afrancesado o europeizado.

También debemos recordar aquí a aquellos poetas sin música, pero que representaron el espíritu del tango desde su inicio. El primero y principal, tal vez sea Evaristo Carriego (1883-1912) quien describió al hombre de Buenos Aires y su tragedia, haciendo de los distintos y humildes personajes que lo rodeaban, un canto al modelo universal de la filosofía de la existencia. Carriego es fundamental en uno de los aspectos esenciales del tango: la comprensión de la vida a través del otro.

            El tango sigue siendo orillero y sólo es adoptado por las clases más acomodadas en infracción a lo que estaba bien visto. Sin embargo, ya en los primeros años de este siglo  pega dos grandes saltos.

            La  segunda década del Siglo XX comenzó con la conquista de París por el tango, que nos unió a esa ciudad de un modo especial, de modo tal que en la mitología porteña sólo se podía estar en Buenos Aires o en París. La ciudad luz, centro de diversión de la aristocracia ganadera, era ocupada ahora por el tango y sus ejecutantes. Los hombres de la orilla, igualaban a los aristócratas. Porque en eso, el Tango nunca promovió la lucha de clases. Todo lo contrario. El sueño del orillero era llegar al centro y vestirse como un señor, no sojuzgar al señor para que se vistiera como un orillero. Los que lo lograban, eran modelo, y para sus seguidores era un lujo verlos vestidos de gala y galera, sonriendo y enmarcando sus rostros en núbeos echarpes de seda.[13]

            Ya para ese entonces – en lo que también representa su aceptación universal- había sido bailado, primero ante el Papa Pío X (1914) y luego ante el Papa Pío XI (el 1° de Febrero de 1924), en ambos casos en una demostración especial al efecto, sin que mereciera reprobación de los mismos, a pesar de la incorrecta creencia de que el tango como baile había sido prohibido por la Iglesia.[14]

En 1916 se produce un segundo hecho determinante: como consecuencia de la Ley Saenz Peña accede a la Presidencia de la Nación Hipólito Yrigoyen. Como afirma con acierto Blas Matamoro: “Así como concede a los radicales el derecho de elegir y ser elegidos, la oligarquía concede al tango el derecho de ser tocado en público: en el Palais de Glace, el barón Demarchi reúne a una multitud aristocrática, hace bailar el tango con y sin cortes y lo aprueban todos los presentes. Es una incitación a abandonar las antiguas letras y los primitivos temas, pornográficos y prostibularios, y a volverse decente. Así como los antiguos conspiradores radicales van a convertirse en funcionarios del Estado liberal, la orquesta típica va a poder actuar en los salones más aristocráticos, el lunfardo  va a ser cantado en público y en todos los ambientes..._

 

3. La Época de oro del tango (1916-1955).

            Nace así la Época Pública del Tango. Si bien no tiene una inmediata aceptación social[15], va escalando posiciones a partir de 1916 y hasta 1955 podemos hablar de su Época de Oro.

            Los músicos y poetas de la “Vieja” y “Nueva Guardia”, imponen la música de Buenos Aires. De esa Buenos Aires, que le dio cabida con la apertura de una política abierta a todos generada por el Radicalismo y que se oscureció bajo las sombras del primer golpe militar del Siglo XX. De esa misma ciudad que vivió los horrores de dos guerras mundiales, contra las que se estrellaron las ideas positivistas del Siglo XIX de un eterno progreso fundado exclusivamente en la razón y la ciencia. Que contempló además la caída de la enorme influencia del Imperio Inglés y el nacimiento de un nuevo Imperio que determinaría nuestras relaciones comerciales a partir de 1945. De un país que desde Buenos Aires adhirió a las ideas Corporativistas, cuando las mismas estaban en franco retroceso y permitieron “a los de afuera” imputarnos injustamente cierta complicidad hacia uno de los regímenes más terribles de la historia. De una ciudad que siempre estuvo a favor de la neutralidad, porque su filosofía, fundada en el otro, no entendía las razones que justificaban masacrarlo. En el fondo prevaleció la filosofía del hombre de tango. Quién podía justificar la muerte del cieguito de Carriego, o de la vecina que nunca tuvo novio, o incluso, del chiquilín de Bachín, fuese cual fuese su nacionalidad. Además ¿con quién íbamos a estar? Si todos teníamos un amigo o un vecino “tano”, “gallego”, “franchute”, “ruso” (indistintamente que fuera polaco, judío, o “ruso de Rusia”) o alemán. Hoy se dice que nuestro error fue no entrar en esas guerras, que por ellas nos perdimos los beneficios del nuevo orden mundial posterior a 1945. ¡Qué barbarie!. Es lo mismo que decir que no tuvimos la “piolada” de unirnos a la matanza de mujeres, niños y ancianos, para obtener algunas ventajas económicas. Hoy somos más pobres, pero inocentes. ¿Algún poeta del Tango, acaso exaltó la guerra? ¿Alguno le cantó a la victoria?. Sólo conozco un Tango[16] que se refiere a la primera gran guerra, y lo que nos muestra no es la gloria de los héroes sino a aquella madre, que mientras el mundo sigue su camino (“el músculo duerme, la ambición descansa”)  ella acuna las “cinco medallas que por cinco héroes le entregó la patria”.  No es extraño a ello  que la ciudad que acunó los primeros tangos estuviera habitada principalmente por desplazados que habían venido de pelear una guerra cruel y sin sentido (la guerra al Paraguay) y otros tan pobres y desplazados como ellos,  que venían escapando de la guerra y el hambre en Europa. Ni ellos mismos ni sus hijos pudieron ni quisieron cantar a la guerra, que como habían comprobado, era un “negocio de otros” y no una “reflexión sobre el otro”.

                        En este rico lapso, a partir del triunfo de Yrigoyen,  entre las dos grandes guerras y los comienzos del Peronismo, con su optimismo popularizado, se dieron los más grandes maestros de la música porteña y sus grandes poetas: Arolas, Canaro, Firpo, Carlos Di Sarli, Pedro Laurenz, Manzi, Discépolo, Gardel, Lepera, los hermanos De Caro, Osvaldo Fresedo, Troilo, Juan D’arienzo, Héctor Varela, Mariano Mores, Domingo Federico, Francini-Pontier, etc. etc. etc. Y lo que es paradójico: junto con la cultura popular, la prohibición al uso del lunfardo en 1946.

 

4. La etapa de latencia e inercia (1955 a 1969).

            La caída de Perón en 1955, también marca un punto de inflexión. El tango hasta ese momento había vivido su apogeo. Más allá de ciertas persecuciones políticas (el caso de Libertad Lamarque por ejemplo) el mismo desarrollo del tango en el marco de una exaltación de la cultura popular, tuvo los lógicos efectos positivos. Muchos grandes del Tango, estaban de un modo u otro muy relacionados a ese proceso cultural, entre ellos Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril.

            La persecución posterior a 1955 de todo signo peronista, no podía menos que afectar directamente las expresiones culturales , que, sin haberse originado en ese período, habían aprovechado el mismo para expandirse. Así sucede con el Tango y con muchos de sus intérpretes a quienes se los prohíbe o persigue por el sólo hecho de haber mantenido una buena relación con el régimen anterior.

            Por otra parte, toda manifestación popular resulta sospechosa y muchas veces reprimida, por lo que las clases trabajadoras se repliegan y la cultura refleja el espacio vacío que dejan las mismas. Espacio vacío que  por otra parte se llena con manifestaciones culturales extranjeras. Debemos recordar que en la década del 50 irrumpe la televisión con todas sus consecuencias. Por otro lado, se empiezan a generar los grandes monstruos de la música internacional, los que se ven favorecidos por una velocidad cada vez mayor en las comunicaciones. Se perfilan los grandes cantantes americanos como Nat King Cole y un poco más adelante Elvis Presley. El Jazz en sus distintas versiones gana espacio y el tango es excluido de los festejos de los jóvenes porteños.

            Te pido perdón por mi próxima afirmación ya que la misma se relaciona más que nada a mi propia experiencia personal:  en la clase media y las clases más acomodadas no hay otra generación más “tilinga” que aquella que tuvo entre 15 y 20 años entre 1955 y 1965. La música es totalmente conformista. No tiene ni la hondura filosófica del tango, ni es una expresión de nuestra propia cultura. Es la época de los Mackie Mac’s, los bailes de saco blanco o smoking. No hay –en esos jóvenes y salvo excepciones- casi rebeldía. Ni musical, ni cultural, ni política.

            Para advertir un cambio habrá que esperar hasta los  comienzos del segundo lustro de la década del 60. La música extranjera se vuelve más rebelde y nos trae una cultura de los países desarrollados donde los jóvenes cuestionan el “status quo”. Nacen los Beatles, los Rollings Stones. El Rock se vuelve más frenético y es adoptado por las clases más bajas de Buenos Aires. Luego, los conjuntos nacionales que hacen su propio Rock.

            El tango sigue en su latencia e inercia. Se mantienen las viejas orquestas que siguen tocando para aquellos que eran jóvenes en la década del cuarenta. Algunos cantantes, como el gran Julio Sosa, alcanzan el éxito. Pero un éxito ¿para quién? ¿para quiénes?. No son éxitos fecundos que atraigan a los jóvenes. Son éxitos para aquellos que habían adoptado el tango y su poesía como propios, mucho tiempo antes.  Los jóvenes –salvo excepciones limitadísimas- no se sienten representados por el tango.[17]

            El período 1955-1969 es la “edad media” del tango. Si bien en su expresión pública es rechazado, por ese misterio que tienen los fenómenos culturales, un grupo de adelantados, mantiene viva su poesía y su renovación musical. En esa “noche del tango”  van creciendo y se van formando Horacio Ferrer, Astor Piazzola, la gran Eladia Blazquez y la mismísima María Elena Walsh. Ellos serán los encargados de renovar las fuerzas del tango. También se preparan nuevos intérpretes que le darán una nueva voz al tango: Amelita Baltar, la gran Susana Rinaldi y la mismísima Eladia Blazquez.

            El punto de inflexión, es a mi criterio, el año 1969 y un nuevo tango: “Balada por un loco” compuesto por Astor Piazzola y con letra de Horacio Ferrer. Este fruto de una vanguardia tanguera que durante los años más oscuros fue creciendo y creando, escapa a los mismos reductos en los que se había refugiado el tango, para invadir los programas especiales que escuchaban los más jóvenes.

 

5. El renacimiento (1969) y la década más triste.

            El estilo de Piazzola, no sólo invade los espacios jóvenes, sino también los intelectuales, siendo aceptado por todos aquellos que rechazaban el tango más tradicional como el producto de una época pasada, que ya no reflejaba al hombre de hoy.

            El tango deja de lado lo que muchos entienden como una “cursilería llorosa” y se transforma en música de vanguardia.

            A través de “Balada por un loco”, se conoce también “Chiquilín de Bachín”, quien también cala hondo en aquellos jóvenes del ’70 sedientos de justicia social. “Adiós Nonino” y “Verano Porteño”, comienzan a ser las melodías que identifican la nueva vida ciudadana. Se transforman en telones musicales de muchos programas televisivos y es finalmente Piazzola el motivo musical de la primera película Argentina que es nominada para recibir el Oscar: “La Tregua” .

            También se comienza a conocer a otra gran poeta y compositora: Eladia Blazquez, que pone su nota describiendo como nadie al Buenos Aires actual.

            El tango, ahora y a diferencia de sus comienzos, se refugia en los intelectuales. Ya no se encuentra reducido a vetustos programas con pobre contenido y lamentables conductores, sino que es reivindicado por los más progresistas. Bergara Leuman crea su Botica de Tango y exhibe en televisión el tango “aceptable” para una elite intelectual.

            Los grandes protagonistas de estos hechos, sin embargo, no reniegan de la historia pasada del Tango. Se han nutrido de ella y la conocen bien. Son hijos de aquel tango y no desconocen esa paternidad. A través de ello, los jóvenes comienzan a conocer a los grandes poetas y compositores. Comienzan a entender la profundidad de las grandes letras y a diferenciar las mismas de los tangos más intrascendentes creados a la sombra de la época de Oro, en la que se daba cabida a todo.

            Los ’70 traen también un gran cambio político en el que la juventud tuvo un papel preponderante. Si por un lado, los jóvenes no bailan –ni por asomo- el tango, ni se reúnen a escuchar una orquesta típica, empiezan a través de Piazzola y Ferrer, a descubrir el “otro” tango. Aquel de origen pobre y popular. Aquel de los grandes poetas que sufrieron la pobreza, la marginación y hasta la persecución política.

            Es la época del dominio de las baladas (Piero, Pedro y Pablo, Juan y Juan,  Zupay), del folklore progresista (Mercedes Sosa), del Tango remodelado (Piazzola-Ferrer) y principalmente de la canción de protesta.

            Se sigue escuchando la música extranjera, pero la música nacional ha calado en los jóvenes que quieren protagonizar el cambio.

            El tango, en este punto tiene una pequeña desventaja: no es canción de protesta, en el sentido de promover el cambio político. Deslumbra conocer las actitudes políticas de los dos poetas más representativos de la época de oro: Homero Manzi (militante radical) y de Enrique Santos Discépolo ( sincero defensor del Peronismo y de la justicia social).  Los jóvenes de campera y poncho, idealistas y comprometidos con un cambio social, valoran el tango, aunque no pueden utilizarlo en su prédica política con la eficacia que brinda  “La marcha de la Bronca” (Pedro y Pablo)  o “Para el Pueblo lo que es del Pueblo” (Piero) o las canciones de Zupay o Quilapayún.

            Cuando cae el gobierno constitucional, se inicia una guerra fratricida cuyas heridas aún no se han cerrado. Se conoce en la Argentina una lucha como nunca antes. Los hijos se ponen contra sus padres y los padres contra sus hijos.

            La música sufre las lógicas consecuencias de una época irracional. No sé si mi subjetivismo, en este momento, me estará jugando una mala pasada, pero lo cierto es que recuerdo aquellos años como los de una profunda esterilidad. Y no hablo de la música de protesta o del rock nacional que sufriera la persecución o el destierro. Me refiero también al tango.

            Sin querer ser demasiado poético te diría que el tango desaparece calladamente, entre otras cosas porque se vuelve difícil hablar del “Amor” (así con mayúscula, no me refiero al aquí al amor de pareja únicamente) en semejante contexto. Se vuelve difícil pensar en “el otro” (el fundamento de toda la filosofía del tango), cuando nos matábamos unos a otros. Hasta ese momento en la Argentina, nadie era huérfano. Todos nosotros, que somos los “otros” de los demás, estábamos emparentados en esa amistad general de los porteños, que se trasmite por carácter transitivo. En esa amistad genérica y universal del hombre de Buenos Aires, todos teníamos un amigo, que era amigo del amigo de mi hermano o de otro amigo y por él hacíamos cualquier cosa. Por ese  “amigo”, sin acordarnos ya de qué lugar ocupaba en la cadena.  Así estábamos todos unidos en una gran cadena sin importar si uno era cristiano o “ruso”, socialista, radical, peronista o fascista. A quién le importaba en el fondo lo que pensaba “el amigo de mi amigo” que hoy resulta también ser mi amigo. ¡Cuántas veces nos habremos sorprendido diciendo: “porque yo tengo un amigo que es....ó que está en....” y realmente estamos hablando de una amistad compartida, estamos hablando del íntimo amigo del amigo de mi hermano, o de cualquier otro.

            Amigo y hermano, dos palabras que en el tango se confunden.

            La guerra fratricida no respetó estas creencias arraigadas en nosotros. Se acabaron los amigos, así como los hijos, los padres, los hermanos, los tíos y los sobrinos. Ya nadie tenía amigos. Se trastocan todos los valores. ¿Como fulano puede matar a mengano, si es el hermano de sultano, que es amigo de fulano? Peor, los hijos están dispuestos a matar a sus padres y viceversa. Ya no importa de quién es amigo sino de qué lado está. ¿Cuándo habíamos sido así?

¡Cómo se debían regocijar los que nos miraban de afuera!

            ¿Podía haber creación activa del tango en esos momentos? Creo que no. Es la duda de un testigo.

            Gracias a Dios, ese tiempo terminó. Terminó “sin vencedores ni vencidos” pero no por generosidad magnánima sino por imposición de la misma realidad. Y, como para no dejar de lado nuestro sino paradojal, terminamos con la guerra con otra guerra. Y ahí nos volvimos a encontrar.

            La necesidad de resaltar “lo nacional” durante la Guerra de Malvinas, llevó al Gobierno Militar a levantar la prohibición contra algunos representantes del rock nacional. Se volvieron a escuchar y algunos baladistas antiguos, que como el mismo Piero, se animaron incluso a volver.

            Nos volvimos a juntar todos en una misma quimera, la de vencer a los ingleses, la de rescatar nuevamente las ollas para llenarlas de aceite caliente y repetir lo de 1806/7. Una quijotada más, pero de nuevo hermanados y distanciados, como corresponde.

            Nos volvimos a encontrar. Aún recuerdo la noche aquella en el Teatro Opera, en que algunos que teníamos 19 o 20 años en el 73, nos encontramos en el año 82 escuchando nuevamente a Piero, que ya no cantaba “Para el pueblo lo que es del Pueblo” sino que había cambiado el jean por una túnica  blanca y nos decía  “mansos y tranquilos”. El lo decía y nosotros también.

            Nos volvimos a encontrar... De nuevo había tierra fértil para que creciera el tango. Y el tango creció con una fuerza inusitada. Los poetas e intérpretes del sesenta cantaron su poesía y abrieron un nuevo horizonte.

 

6. Continuidad del renacimiento y  los últimos poetas.

Hoy a más de 20 años de la nueva etapa democrática,  nos encontramos con un tango que es aceptado por los jóvenes, los “viejos” (aquellos que éramos jóvenes en los ’70) y los más “viejos”.

            La particularidad es que no sólo se han aceptado los nuevos tangos, sino que ha habido reconocimiento y adopción de  los viejos grandes tangos y toda su poesía. Se respeta y se venera. Y con sorpresa, se ha revalorizado el baile del tango que parecía próximo a desaparecer junto con los abuelos de los actuales jóvenes.

Da gusto ver los jóvenes de jean o pelo largo, con sus propio universo de creencias, aprendiendo o dando lecciones de tango.

            Da gusto ver las noctámbulas tertulias filosóficas bajo la excusa del humor, en la que una cohorte de jóvenes escucha con respeto y afecto a Dolina, mientras éste sigue recreando la filosofía del tango.

            Una gran paradoja. Convive este resurgimiento con un singular fenómeno social. Los nietos y bisnietos de aquellos inmigrantes del 900, hoy revuelven cielo y tierra buscando las viejas partidas de nacimiento, no para honrarlos, sino para poder conseguir un pasaporte europeo que les permita escapar al primer mundo, a ese continente viejo, egoísta y seco que llaman hoy “Mercado Común Europeo”.

            ¡Si nos vieran nuestros abuelos! Sus nietos se glorían de su pasado español, italiano o polaco. Sin embargo allí de donde eran ellos, los llaman “sudacas”, ni siquiera latinoamericanos. No importa si los apellidos son del mismo terruño, no importa que recordemos algunas palabras o contemos las historias que nos contaba el abuelo. Eso valía aquí, para ellos no somos nada. Una masa informe y molesta.

            Esta etapa aún no ha terminado. La estamos viviendo. Aún no se acabó la crisis que escupe jóvenes porteños al mundo por miedo al fracaso o asqueados de la corrupción. Gracias a Dios, aún estamos en un contexto en el que el tango reacciona y llama. Recuerda que no hay esquinas como las de Buenos Aires, ni faroles, ni coordenadas míticas de barrios antiguos, que nos recuerden aquel primer amor, nuestros más íntimos lazos de amistad y que nosotros somos como nos hizo nuestra ciudad.

            Me parece escuchar al Poeta:

                                              

                                   Adonde vás? Quedate en Buenos Aires           

                                   si todavía venden la foto de Gardel,

                                   y en boliche que queda por San Telmo

                                   Rivero canta tangos, por del tiempo aquel.

                                   Adonde vas? Quedate en Buenos Aires

                                   si por tus venas corren ríos de alquitrán,

                                   si en cada esquina te espera una aventura,

                                   dejate de locuras...no quieras escapar.[18]

                                                          

                        En esta carta me he extendido, pero quise abarcar los aspectos históricos en un solo cuerpo, para tratar de hacer fluir los mismos marcando más su evolución, rechazando la idea de describirlos de modo tal que parecieran períodos estancos.

                        El tango hoy está viviendo un renacer que entiendo que nadie esperaba. Se populariza y es adoptado por los jóvenes, tanto en lo musical, como en lo poético y lo bailable. ¿Quién lo hubiera imaginado veinte años atrás?. Lo cierto es que esta misma sorpresa impide hacer futurología. ¿Que será el después?. Sólo Dios lo sabe, pero mientras exista Buenos Aires, resultará difícil prescindir de su filosofía y su música.

                        Me despido nuevamente reiterándote mi aprecio. Un gran abrazo:

                                                                                  Ramón

P.D. En el Anexo II en el que se detallan los tangos consultados para este trabajo y se clasifican por períodos, queda evidenciada tanto la enorme producción de la Época de Oro del Tango, como la particularidad de aquellos períodos que hemos denominado  Época de Latencia” y “Renacimiento”.


CARTA 5                                                                                 

Buenos Aires,  7 de Diciembre de 2004

 

Mi querido maestro y amigo:

 

            En mi carta anterior me atreví a trazar una particular visión del desarrollo del tango en la historia, destacando la importancia de sus poetas.

            Ellos han interpretado la vida con su poesía. Poesía histórica pero que a la vez se vuelve perenne. La vida se empieza a ver con ojos de tango y un pueblo  siente reflejada su particular visión del hombre de sus valores y desvalores, de su futuro y su trascendencia en los versos escritos por sus poetas.

            Y esta poesía se complementa y retroalimenta. Crece y se desarrolla, manteniendo en todo momento viva esa cosmovisión concretizada en el hombre mismo.  Cambian las épocas y el contexto histórico, pero no varía esa particular visión porteña de los habitantes de su ciudad.

            Esa visión del hombre, crea una filosofía popular, cantada por sus poetas y compartida por el pueblo. Es un diálogo fecundo y amante entre el pueblo y sus intérpretes, que supera en mucho a muchas escuelas filosóficas, tan técnicas como incomprendidas.

            Los poetas son a la historia del tango, lo que los santos a la historia de la Iglesia.  Esta última es muy rica y complicada, sin embargo los pueblos que ignoran el 95% de los nombres de los Papas y ni qué decir de los Cardenales y Obispos pasados y actuales, conocen perfectamente a sus santos. Qué creyente ignora a San Francisco, San Agustín, San Benito, San Cayetano, etc. etc. Muchos ignoran la historia del tango, pero conocen perfectamente a Manzi, Discépolo, Ferrer, Blazquez. Y no importa su época. Así como de los santos nos queda su particular visión o modo de vivir sus creencias religiosas, en los poetas del tango, nos queda independientemente de la historia, el modo en que ellos interpretaron la vida. No importa quien estuvo antes ni después. Son sus valores expresados en versos los que el pueblo adopta y convalida constantemente.

            Llegó entonces el momento de describir cómo es esa visión de la vida, porque en esa visión de la vida vamos a encontrar también una interpretación de la justicia y el derecho.

             Esa filosofía, parte del hombre y parte especialmente del hombre concreto. El hombre es su centro y su razón de ser.  Ese hombre de “carne y hueso” como diría Unamuno, no una entelequia o una abstracción del mismo. Y es el hombre, como en toda filosofía, explicado en su camino a la felicidad. Porque no hay otra cosa que quiera darnos la filosofía que una explicación del hombre que le permita entenderse y así, al menos tener la posibilidad de ser feliz adecuándose a su razón de ser.

            En esta construcción, podemos distinguir varios elementos o caracteres propios del tango, esenciales en sí para explicar la vida a través del mismo. Estos elementos que te voy a detallar seguidamente, no están descriptos en un orden de prelación perfecto, ya que no hay prelación entre ellos. Todos se integran y complementan, para construir esa única visión. Sólo quiero ahora señalarlos, para analizarlos uno por uno más adelante.

            Es un pensamiento esencialmente humanista.

Se trata de un pensamiento esencialmente humanista, centrado en el hombre concreto y no abierto a generalizaciones;

            La alteridad como principio.

El tango explica todo a través del hombre. Pero no parte del “yo” sino del “otro”. Los poetas describen “al otro” y a través del “otro” el hombre se explica a sí mismo. En esto supera la filosofía moderna y especialmente al existencialismo. Unamuno, Camus, Sartre, Heidegger, parten del “yo” y a través del “yo” explico al otro.

El tango parte del “otro” y a través del “otro” entiendo mi “yo”. El hombre no se entiende ni explica sino es en relación. No hay sentido de la vida sin los otros, aunque el “yo” tenga conciencia de sí mismo.

 

            Un sentimiento trágico de la vida.

Parte de la idea de un sentimiento trágico de la vida, una constante lucha del hombre entre sus sueños (sus ideales) y la realidad, domina a los poetas.

También aquí se aleja de un existencialismo con similares planteos. La tragedia planteada por el tango es más simple y más perfecta que aquella que –por ejemplo- se plantea Unamuno, que describe como tragedia la lucha entre el ser o no ser, entre el morir y la vida eterna.

Es optimista.

El sentimiento trágico de la vida, la imposibilidad de conseguir los ideales o la necesidad de vivir sin haberlos alcanzado no lo conduce a un pesimismo (salvo excepciones) sino que es tomado como una realidad, un hecho que no impide que el hombre siga luchando, haya vivido, viva o tenga la posibilidad de vivir cosas buenas.

Más allá de la frustración al constatar la falta de adecuación de la realidad a los sueños, prevalece un espíritu optimista. El hombre es así, la vida es así, se “es” siempre en lucha, intentando conseguir el ideal. Ayer lo tuve, hoy no lo tengo, pero mañana lo puedo volver a tener. La vida es válida porque me permite luchar por lo más alto: el Amor. La verdadera condena es no comprender que la vida es lucha por conseguir el Amor.

            El Amor es el bien fundamental.

            El fin último, el sueño a realizar es la vida en el Amor. Se trata de un Amor con mayúscula, concretizado en el amor a la madre, a la mujer a los amigos. No hay otro bien más apetecible que éste y éste es el que justifica la vida.

            El constante volver.

            Esta cuestión se relaciona directamente con el punto anterior. En el tango el volver, no es solamente volver a la ciudad, retornar de un viaje. Es la conciencia de la necesidad de volver a los orígenes amorosos más puros. Y a esos amores más puros, sólo se vuelve al final de la vida...

 

                        La libertad.

            La libertad como valor, aparece constantemente en el tango. Ni aún determinadas fuerzas que parecen volcar al hombre hacia la pérdida del amor, tienen la virtualidad suficiente para limitar esa libertad.

            Alteridad y Ciudad.

            Ya me referí previamente a la necesidad del otro para explicarse a sí mismo. En el tango, la ciudad es, por un lado, el lugar donde se realiza la convivencia, y por el otro, la que determina el carácter y los sueños del porteño.

            Es antirracionalista y esencialmente compasivo.

No se trata de una filosofía racionalista, sino antirracionalista. Si bien en algunos puntos se asemeja o acerca al existencialismo, no se identifica absolutamente con él –aunque lo parezca en muchas ocasiones-. Me atrevo a decirte que creo que hasta supera el existencialismo, ya que esta corriente filosófica antirracional, se funda siempre en pensadores extremadamente racionales. Por el contrario, el tango hace prevalecer la fuerza de los sentimientos y la verdad del amor –por sobre todo- sin incurrir en argumentaciones o construcciones intelectuales. Da por sentado lo que muchos pensadores existencialistas concluyen. En el tango no existen ni la “angustia” haideggeriana ni la “nausea” sartriana. Y no existen porque es una filosofía del hombre concreto en la que antes que el yo, está el “otro” y es principalmente la compasión por el otro, la que me hace crear. Defino la vida fijándome con compasión en el otro, como si fuera un espejo de mi propio yo. No me planteo la existencia de Dios ni un sistema de vida, con la falta de orgullo con que Pascal caracterizaba a los racionalistas (concretamente a Descartes), sino que ni siquiera tengo el orgullo de plantear este tema. El existencialismo concluye que no puede demostrar la existencia de Dios ni la razón de la propia existencia. Los poetas del tango, ni siquiera lo intentan. Saben que existe un bien supremo que es el amor, que hay que luchar por alcanzarlo y esa es la única razón de la vida. Luchar, luchar y luchar...Ello no quiere decir que el tango sea ateo o agnóstico. Nada más alejado de la realidad. Como trataré de demostrar más adelante, el tango no es agnóstico ni es creyente. Acepta de entrada que ese es un problema que lo excede. Dios existe o no existe. Dios existe para muchos y no existe para otros. El tango acepta a los hombres sin preguntarles por qué creen ni por qué no creen.

            A cada uno de estos elementos esenciales, me referiré en las próximas cartas, te ruego me tengas la paciencia que solo puede tener un amigo.

            Un abrazo.

                                   Ramón

 

CARTA 6                       

Buenos Aires, 8 de Diciembre de 2004

Mi querido amigo y maestro:

 

            Si bien no tengo tu formación filosófica, con los pocos elementos que manejo, me voy a atrever a profundizar cada uno de los elementos esenciales que sobre el hombre he encontrado en el tango.

            El primer elemento, como te anunciara en mi carta anterior, es su carácter esencialmente humanista.

            El tango no explica otra cosa que al hombre y aquello que interpreta que al hombre no le es ajeno. Entre otras cosas, la justicia. Sin la erudición de Petrarca (1304-1474) o de Boccaccio (1313-1375), crean los poetas del tango un arte. Un arte que en vez de redescubrir la antigüedad como fuente del humanismo, redescubre al hombre, esencia del mismo.

            Todo el tango habla del hombre y explica al hombre. Ya sea que describa los arquetipos de una sociedad pasada, o se fije en la expresión de sus sentimientos sin tiempo. La finalidad es siempre una: describir al hombre en su tragedia.

            En 1923 José González del Castillo, escribía este poema al que le puso música Cátulo Castillo:

                        Al paso tardo de un pobre viejo,

                        puebla de notas el arrabal

                        con un concierto de vidrios rotos

                        el organito crepuscular.

                        Dándole vueltas a la valija,

                        un  hombre rengo marcha detrás

                        mientras la dura pata de palo

                        marca del tango el compás.

 

                        En las notas de esa musiquita  

                        hay  no se que rara sensación,

                        que el barrio parece

                        impregnarse todo de emoción;

                        y es porque son tantos los recuerdos

                        que a su paso despertando va

                        que llena las almas

                        con un gran deseo de llorar.

 

                        Y al triste son

                        de esa canción

                        sigue el organito lerdo

                        como sembrando a su paso

                        más pesar en el recuerdo,

                        más dolor en el ocaso...

                        Y allá se va

                        de su tango al son...

                        Como buscando la noche

                        se apagará su canción.

 

                        Cuentan las viejas, que todo saben

                        y que el pianito juntó a charlar,

                        que aquel viejito tuvo una hija

                        que era la gloria del arrabal.

                        Cuenta que el rengo, que era su novio

                        y que en el corte no tuvo igual,

supo con ella  en las milongas

                        con aquel tango triunfar.

 

                        Pero cayó un día un forastero

                        Bailarín, buen mozo y peleador

                        que en una milonga

                        compañera y pierna le quitó.

                        Desde entonces es que el padre y novio

                        van buscando por el arrabal

                        la ingrata muchacha

                        al compás de aquel tango fatal.[19]

 

            A partir de un hecho humano –el paso de un organito- se recrea la historia de un drama humano. Un drama que afecta al organillero y su acompañante. Dos hombres que pueden ser “cualquier hombre”. Y más allá de la historia, también señala   que en su camino despierta los recuerdos de todos, recuerdos “que llena las almas/con un gran deseo de llorar”. Es decir que no sólo los personajes del poema cargan con su drama, sino también quienes los rodean. El drama es humano, es de todos, pero sólo lo veo en el hombre concreto.

            En otras ocasiones, el poeta se centra en una persona, resaltando  al que sufre y sabiendo que ese sufrimiento es universal:

            “Pobre solterona, te has quedado

            sin ilusión, sin fe...

            Tu corazón de angustia se ha enfermado

            puesta de sol es hoy tu vida trunca.

            Sigues como entonces releyendo

            el novelón sentimental

            en el que una niña aguarda en vano

            consumida por un mal

            de amor...

 

            En la soledad

            de tu pieza de soltera está el dolor;

            triste realidad,

            es el fin de tu jornada sin amor...

            Lloras y al llorar

            van las lágrimas templando tu emoción,

            y en las hojas de tu viejo novelón

            te ves, sin fuerzas, palpitar...

            Deja de llorar

            por el príncipe soñado que no fue

            junto a ti, a volcar

            el rimero melodioso de su voz...

            Tras el ventanal,

            mientras pega la llovizna en el cristal,

            con tus  ojos más nublados de dolor

            soñás un paisaje de amor...

 

            Nunca tuvo novio, pobrecita,

            porque el amor no fue

            a su rincón de humilde muchachita,         

            a reanimar las flores de sus años...

            Yo, con mi montón de desengaños,

            igual que vos vivo sin luz,

            sin una caricia venturosa

            que en mi pecho haga olvidar

            mi cruz...”[20]

 

            Es el drama universal de la soledad, que no se advierte mejor que en la persona individual que lo sufre. Este drama, es más drama que cualquier otro hecho colectivo. El hombre sufre individualmente. Su dolor es personal, aún cuando fuese consecuencia de su relación con los otros.

            En otros casos, la descripción es directa y sale del interior del hombre. Son muchos los tangos que se pueden elegir y entre ellos, pocos tienen la contundencia de aquel que escribiera Enrique Santos Discépolo en 1945:

                        ¡Soy una canción desesperada!

                        ¡Hoja enloquecida en el turbión!

                        Por tu amor, mi fe desorientada

                        se hundió, destrozando mi corazón.

                        Dentro de mí mismo me he perdido

                        ciego de llorar una ilusión.

                        ¡Soy una pregunta empecinada

                        que grita su dolor y su traición!

                       

                        ¿Por qué me enseñaron a amar

                        si es volcar sin sentido

                        los sueños al mar?

                        Si el amor

                        es un viejo enemigo

                        que enciende los castigos

                        y enseña a llorar...

                        Yo pregunto: ¿Por qué,

                        sí, por qué me enseñaron a amar

                        si al amarte mataba mi amor?

                        Burla atroz de dar todo por nada

                        y al fin de un adiós, despertar

                        llorando....

 

                        ¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?

                        ¿Dónde estaba el sol que no te vio?

                        ¿Cómo una mujer no entiende nunca

                        que un hombre da todo, dando su amor?

                        ¿Quién les hace creer otros destinos?

                        ¿Quién deshace tanta ilusión?

                        ¡Soy una canción desesperada

                        que grita su dolor y su traición![21]

 

            Sería un error pensar que este tango relata un hecho, el del abandono de un hombre por una mujer. Por el contrario, el grito desesperado del poeta sobrepasa el hecho casual para decirnos que: a) El hombre es una canción desesperada por no lograr alcanzar su fin; b)Que tal fin es una ilusión. c) Que la vida hace que el hombre pierda la fe y pierda su corazón; d) Que así el hombre se transforma en una “pregunta empecinada”. Y recordemos aquí lo que nos dice en otro poema: “la vida es tumba de ensueños con cruces que abiertas preguntan para qué...” e) Que la falta de amor concreto hace inentendible el para qué del Amor. f) Si el Amor es el fin del hombre y no se concreta, para qué ese fin. g) Así el fin deja de ser fin y se transforma en ilusión (un fin inalcanzable y por lo tanto irreal).

            En otros supuestos, el poeta busca referirse a un hecho determinado. Como en el hecho elegido en el siguiente poema (el abandono para no arrastrar en el propio fracaso al ser querido). Y este hecho, reconocible, experimentado, le permitirá reflejar un valor universal.

 El tango Confesión dice así:

            “Fue a conciencia pura que perdí tu amor

            nada más que por salvarte.

            Hoy me odiás y yo, feliz,

            me arrincono pa’ llorarte.

            El recuerdo que tendrás de mí

            será horroroso;

me verás siempre golpeándote

            como un malvao.

            ¡Y si supieras bien qué generoso

            fue que pagase así tu gran amor...!

 

            ¡Sol de mi vida,

            fui un fracasao;

            y en mi caída

            busqué dejarte a un lao,

            porque te quise tanto,

            tanto que al rodar,

            para salvarte sólo supe

            hacerme odiar...!

            [...]

            Sólo sé que en la miseria cruel que te ofrecí

            me justifica el verte hecha una reina,

            que vivirás mejor lejos de mí.”[22]

 

            Aquí es el poeta (desde el yo)  quien cuenta una historia. Y esa historia –que es la propia- conlleva una idea de generosidad. Es mejor hacerse odiar si eso salva al que se ama. El amor es sacrificio. El amor es generosidad.

            Así el tango se refiere a los aspectos esenciales del hombre, utilizando distintos caminos:

            a) La descripción de hechos o historias que permiten afirmar ideas sobre el hombre, como en el caso de “Organito de la Tarde”.

            b) La descripción de un hombre concreto viviendo su drama, como en el ejemplo de “Nunca tuvo novio”.

            c) La expresión directa por el hombre de su propio drama, según se ha visto en “Canción desesperada”

            d) Finalmente  una historia, no desde la descripción de un tercero, sino relatada por el mismo protagonista: “Confesión”.

            Todos estos caminos, para llegar al objeto principal de preocupación de los poetas: el hombre.

            Te envío un gran abrazo, tu discípulo y amigo:

                                                                                              Ramón


CARTA 7

Buenos Aires, 10 de Febrero de 2005.


Mi querido amigo y maestro:

 

            Cuando comencé con este trabajo, partí de una idea preconcebida: una identificación entre el existencialismo y el tango. Son muchas las coincidencias aunque –como descubrí o interpreté luego de adentrarme en mi investigación- el tango terminará sobrepasando al existencialismo clásico.

Nos encontramos en el tango con un sentimiento trágico de la vida, como aquel que desvelaba a Miguel de Unamuno. Una tragedia que en el escritor español se encontraba en la lucha entre la conciencia de la muerte que le mostraba la razón y un sentimiento por la vida que le impedía aceptar la muerte. En el tango, en cambio, la confrontación se presenta entre  la realidad por un lado y  los sueños o ideales por el otro. Pero este tema específico será motivo de mi siguiente carta y no de ésta.

También como en aquel autor, el objeto de los poetas del tango, no es otro que el hombre, el hombre concreto de “carne y hueso” y no el concepto de hombre. Te acordás lo que decía en el Sentimiento trágico de la vida”:

Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo simple, ni el adjetivo sustantivo, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere –sobre todo muere-, el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”[23]

También se asemejan el existencialismo y el tango en su relativo optimismo, ya que tragedia no quiere necesariamente decir pesimismo. En la noción de libertad, en su antirracionalismo,  en su compasión por el hombre y, tal vez, en su manera de comprender a Dios.

Ya he intentado demostrar en mi carta anterior, que no hay otra preocupación en la poesía del tango, que ese hombre de carne y hueso. Sin embargo el tango y el existencialismo, abordan el problema de modo diferente y éste será el objeto de la presente carta. Pues ha sido éste el primer tema que me advirtió sobre aquellas diferencias que hacen que el tango – a mi humilde entender- supere el existencialismo clásico a pesar de sus muchas semejanzas.

            El existencialismo aborda el problema del hombre, desde el hombre concreto, pero siempre desde el Yo. El Yo es el punto de  partida (como lo fue para Descartes) para iniciar toda la reflexión. Es el Yo ante la muerte y la necesidad natural de vida eterna en Unamuno. Recordemos sino sus palabras:

            “«¡Yo, yo, yo, siempre yo! –dirá algún lector-; y, ¿quién eres tú» Podría aquí contestarle con Obermann, con el enorme hombre Obermann: «Para el Universo, nada; para mí todo.» Pero no, prefiero recordarle una doctrina del hombre Kant, y es que  debemos considerar a nuestros prójimos, a los demás hombres, no como medios, sino como fines. Pues no se trata de mí tan sólo; se trata de ti, lector, que así refunfuñas; se trata del otro, se trata de todos y de cada uno. Los juicios singulares tienen valor de universales, dicen los lógicos. Lo singular no es particular, es universal. El hombre es un fin, no un medio...”[24]

            El hombre Unamuno, partía de sí mismo en su reflexión.  Se parte de sí para comprender a los demás.  Y al “otro” lo entiende partiendo de sí mismo. Entiendo que el otro sufre, porque yo sufro. Entiendo la agonía de la existencia de los otros, porque vivo la mía.  Don Miguel de Unamuno lo expresa claramente “La filosofía es un producto humano de cada filósofo, y cada filósofo es un hombre de carne y hueso que se dirige a otros hombres de carne y hueso como él. Y haga lo que quiera, filosofa, no con la razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. Filosofa el hombre”.[25]

Y si bien eso sucede también en el tango, donde el poeta no compone con su razón sino con todo su ser, la diferencia es grande. En el tango se parte del otro, del sufrimiento existencial del otro, para entenderse a sí mismo. Esta es la gran diferencia con el existencialismo, y lo podemos confirmar en los siguientes ejemplos.

            Así nos dice Prieto Prini del filósofo danés: “De parte de Kierkeegard –puesto que se trata de una elección y de un juicio de valor- se pondrán aquellos que se ocupan, como Sócrates, de «conocerse a sí mismos». En esta ocupación subsiste algo del concepto tradicional de la filosofía que corresponde justamente a la frónesis socrática, como la concentración meditativa sobre la propia alma, con un ejercicio de la sinceridad hacia sí mismo. En tal sentido, la filosofía fue entendida por Kierkegaard como el comportamiento activo hacia la verdad de la propia existencia; no es el sistema o la especulación, sino el diario íntimo de la aventura irrepetible en la que cada uno de nosotros decide su suerte de hombre auténtico”[26]. Si buscamos en Nietzche encontraremos algo semejante: “El hombre puede llegar hasta donde quiere con su conocer y presentarse a sí mismo del modo más objetivo, pero finalmente todo esto no hace más que su propia biografía”[27] O Kafka que en su diario afirma: “...Todo es nada más que imaginación, la familia, la oficina, los amigos, la calle, todo es solo imaginación; y más lejana o más cercana, la mujer; y la verdad más inmediata es que das tu cabeza contra el muro de una celda sin ventana y sin puerta”.

            Los autores existencialistas más modernos no cambian la perspectiva. Heidegger nos habla de un nuevo modo de conocimiento a través de la disponibilidad y apertura del ente (del yo) a la manifestación de los demás entes. Como lo describe Prieto Prini: “Así, también el concepto de la verdad resultaba radicalmente modificado, y fue Heidegger el primero en reconocerlo explícitamente: ya no es una orthotes, un rectificarse de la conciencia en una norma interior («idea»), sino un «rasgo del ente», un revelarse de la cosa tal como ella es y que así trasciende intencionalmente la conciencia, y no el término de una relación incluyente suya. ¿Cuál será, entonces, la condición de este revelarse a nosotros del ser de la cosa? Que nosotros, precisamente, «dejemos ser al ente tal como es» dice Heidegger, en la Esencia de la verdad, que nos abandonemos a él, perfectamente disponibles, como diría Marcel, a su revelarse, no limitando ni cerrando la puerta a su infinita manifestabilidad. Esta total disponibilidad al manifestarse del ser es, en su sentido más profundo, la libertad, la cual es, por consiguiente, al mismo tiempo verdad o a-letheia y existencia o ex-sistentia, ex-positio. «La esencia de la verdad es la libertad»”[28] Sin embargo tal exposición del ser a la verdad no produce la felicidad sino el sentimiento de Angustia.  Y qué decirte de unos de mis autores preferidos, Gabriel Marcel (sobre quien ya volveré más adelante con su concepción de la muerte) que en su libro “Etre et Avoir” refiriéndose al sentido último de su vida (de la vida) dice: “...¿Me podrá suministrar otro esta respuesta? Surge inmediatamente una cuestión: la cualidad que éste otro puede tener para responderme, el sentido eventual de su decir, soy yo quien lo discierno; pero ¿qué cualidades poseo para efectuar ese discernimiento? Puedo, pues referirme sin contradicción a un juicio absoluto , pero que al mismo tiempo sería para mí más íntimo que mi propio juicio; en efecto, apenas tratase yo este juicio como exterior a mí, se me plantearía inevitablemente de nuevo la cuestión de cómo conocer su validez. Con esto, la cuestión como tal desaparece y se transforma en llamado. Pero quizá, en la medida en que adquiero conciencia de este llamado como tal, me veo inducido a reconocer que él es posible solamente porque en lo profundo de mí hay algo más íntimo para mí que yo mismo, y por eso el llamado cambia el signo”. Para Marcel es la Angustia. Para Sartre (que llega a un pensamiento totalmente opuesto al de ese autor) es la “nausea” que lo aborda cuando llega a ponerse en contacto con el “ser en sí” con la cosa despejada de todo aditamento racional. No soy un experto en Sartre, pero es claro que el problema del conocimiento es para él y las nauseas  las siente él..  Es el yo frente al mundo. Es el yo el que comprende.

                                                           ¡Yo, yo, y yo! Se repite la cantinela. Yo y yo. Yo y el mundo. ¿Y el otro?. También hay relación al otro, pero se lo conoce a través del Yo. Es el yo el que se abre al otro y no el otro el que invade y abre mi yo.

                        El tango a través de sus poetas supera esta explicación de la vida fundada exclusivamente en el yo como punto de partida. Como tal, el intento de explicar la vida por parte del existencialismo, es en muchos casos tan racionalista como el racionalismo que critican. Por eso la necesidad de partir del “yo” como Descartes. En el fondo lo que nos están diciendo no es “pienso luego existo” sino “pienso, siento y luego existo”.

                        Nuestros poetas, en cambio, crearon una interpretación de la vida a través del otro.  

                        Hay un caso que es más que ilustrativo y es el tango “Yira, Yira” escrito en 1930 por Enrique Santos Discépolo quien compuso también su música. Fijate bien la letra:

 

Cuando la suerte, que es grela,

fallando y fallando te largue parao....

Cuando estés bien en la vía,

sin rumbo, desesperao...

Cuando no tengas ni fe,

ni yerba de ayer secándose al sol....

Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar...

la indiferencia del mundo que es sordo y es mudo recién sentirás.

Verás que todo es mentira,

verás que nada es amor...

que al mundo nada le importa

Yira...Yira...
Aunque te quiebre la vida,

aunque te muerda un dolor,

no esperes nunca una ayuda,

ni una mano, ni un favor...

Cuando estén secas las pilas de todos los timbres que vos apretás,

buscando un pecho fraterno para morir abrazao...

Cuando te dejen tirao después de cinchar,

lo mismo que a mí...

Cuando manyés que a tu lado se prueban la ropa que vas a dejar...

¡Te acordarás de este otario que un día, cansado, se puso a ladrar!

 

                        Un análisis simple podría justificar el pensar que ha sido escrito por quien quería expresar la agonía de su propio yo. Nada más lejos de la verdad, y por suerte, Discépolo dejó la explicación del mismo. Explicación ésta que así nos la relata  José Barcía:

Viene aquí el caso de la historia de «Yira.. Yira...» que fue estrenado por la «negra» Sofía Bozán en el desaparecido teatro Sarmiento de la calle Cangallo, frente mismo al Buenos Aires, el reducto de Muiño y Alippi. A las dos salas, como a otras, las barrió la avenida Nueve de Julio cuando empezó a abrirse paso a fuerza de piqueta y topadoras. Discépolo había ido a despedir, a la estación Retiro del entonces Ferrocarril Central Argentino, a un amigo que marchaba a Córdoba en busca del aire propicio a sus pulmones picados. En el andén, en el momento de partir el convoy, no había más que dos o tres personas que quisieron acompañar en ese patético instante al sufriente viajero. Cuando Enrique regresó al centro, a pié, meditó en la suerte de aquel hombre. Lo vio solo, olvidado, más dolorido por la indiferencia que por el mal físico. Su numen empezó a desgarrar las estrofas del patético cuadro...”

 

            Discépolo no se sentó a pensar en sí mismo. No analizó su yo, ni se sintió solo. Fue invadido por la soledad en la desgracia del amigo y eso motivo su poesía, su canto. Lloró como Jesús, por el amigo. Se apenó como el “Príncipe Idiota” de Dostoievski, por la desgracia en la vida del otro y compartió su pena. Su pena no es propia, es compasión, porque comparte la pena ajena. “Padece”, “pasiona” con el otro.

                        Todo el tango es así.

                        Todo el tango crea una visión de la vida a partir del otro. Como te decía al final de mi carta anterior, los temas se agotan en la consideración del otro, ya sea describiendo su historia, su sentir o creando un personaje ficticio que representa la historia o ese mismo sentir.

                        Carriego, es otro poeta que vuelca en poemas las penas que los demás le muestran. También su pena es compasión:

                  “Ayer la vi, al pasar, en la taberna,

detrás del mostrador, como una estatua...

Vaso de carne juvenil que atrae

a los borrachos con su hermosa cara.

 

Azucena regada con ajenjo,

surgida en el ambiente de la crápula,

florece, como muchas en el vicio

perfumando ese búcaro de miasmas.

 

¡Canción de esclavitud! Belleza triste,

belleza de hospital, ya disecada

quién sabe por qué mano empuja,

casi siempre, hasta el sitio de la infamia...

           

Y pasa sin dolor, así, inconsciente,

Su vida material de carne esclava:

¡copa de invitaciones y de olvido

sobre el hastiado bebedor volcada![29]

 

            Que más revelador que esta poesía. Donde algunos veían una prostituta tentadora, otros una mujer escandalizante o, sin duda, para algunos otros el objeto de  risa y la burla, nada de eso ocurre con el Poeta. El se siente invadido por el dolor y la pena que el otro emana. No la ve con los ojos, ni con los sentidos, ni con la razón sino con el corazón, con el alma.

            Y sus ejemplos son múltiples y tremendos. Residuos de Fábrica, por ejemplo:

 

Hoy ha tosido mucho. Van dos noches

que no puede dormir; noches fatales

en esa oscura pieza donde pasa

sus más amargos días, sin quejarse.

 

El taller la enfermó, y así, vencida,

en plena juventud, quizá no sabe

de una hermosa esperanza que acaricie

sus largos sufrimientos de incurable.

            .......

Ha tosido de nuevo. El hermanito

que a veces en la pieza se distrae

jugando, sin hablarla, se ha quedado

de pronto serio como si pensase...

 

Después se ha levantado, y bruscamente

se ha ido murmurando al alejarse

con algo de pesar y mucho de asco:

-que la puerca, otra vez escupe sangre...”[30]

 

            Aquí quiero señalar algunos aspectos que se repetirán también en otros autores. El drama del hombre no es un hecho colectivo sino individual. No se canta o pinta un fresco general. La poesía del tango no se detiene en los números ni en las estadísticas, ni en las grandes batallas, ni los cataclismos, sino en el individuo. Y nos muestra que el individuo (ese “para el mundo nada, para mi todo” de Oberdamm que rescataba Unamuno) sufre individualmente y se trunca solo, no importando si al lado de él se salvan cien o comparten su suerte mil. El drama es uno, individual y completo. En ese sentido (¿tal vez por ser porteño?) no he encontrado mejor película sobre el Holocausto, que “La Vida es Bella”. ¿Por qué? Porque me mostró el real drama en uno solo. Y no en su historia (en la historia de ese hombre) sino en sus sentimientos. En sus pequeñas cosas. En el hijo pequeño que se acurruca en su falda en el camión que los lleva por primera vez deportados... Fue la única vez que lloré en un cine desde mi juventud. Solo comprendiendo y compadeciendo el drama de uno solo. Y que me aterroricé como nunca antes, al entender que fue el mismo drama de muchos.

            En esta particular poesía, algo más que la hace más grande. No hay un solo personaje, hay dos. La obrera en su cuadro de enferma. Su hermano, pequeño pero compartiendo su misma miseria, que no entiende la gravedad ni las consecuencias de la enfermedad y que al mismo tiempo, en su pequeño egoísmo de pequeño, entre la tristeza y el asco, reprocha e íntimamente rechaza e insulta, a quien está a su lado, perdiendo el don de la generosidad. Condenado también a no saber amar.

            Hay dos destinos truncados y no uno solo. La mujer joven que pierde la vida a causa de su trabajo. El niño pequeño que pierde su hermana y su relación con ella, por estar inmerso en la misma miseria.

            ¡Cuantos otros personajes!

            La “Costurerita que dio aquel mal paso”:

            ....

            Y si esto ha ocurrido, que en verdad no es poco,

            si diste el mal paso, si no me equivoco

            y encontré el secreto de esa agitación...

 

            ¿quién sabrá si llevas en este momento

            una duda amarga sobre el pensamiento

            y un ensueño muerto en el corazón?[31]

 

            Y también esa forma oblicua de sorprendernos para contarnos la soledad y la tristeza, como “En el cuarto de la Novia”.

                        Se levantaron de la mesa

                        y fueron a ver el vestido

                        de la novia:

 

                        ¡Qué lindo estaba,

                        tan blanco, tan blanco! ¡Qué lindo!

                        ¿Y la novia? ¡Ay, la novia! Cómo

                        tenía de alegre la cara...

                        Todos los ojos la miraron 

                        y ella se puso colorada.

                        “¡Señora, señora!”

 

                        Le llovieron

                        las alusiones y las bromas

                        de las muchachas. Qué palabra,

                        que palabra tan dulce: ¡novia!

                        Alguna recordó entre burlas

                        ingenuas lo del primer beso:

                        “-¡Había que verla, muchachas!

                        Valía la pena, por cierto.”

                        Y cuando empezaba:

                        “Una noche...”

                        Se le heló en los labios la risa.

                        ¡Ave María! ¡De qué modo

                        más raro miraba la prima![32]

 

            En esta poesía no es la novia el personaje central, sino la prima. El poeta crea un gran cuadro alegre, al solo efecto de resaltar tan sólo, los sentimientos de la prima. ¿Cuáles? No lo define: ¿envidia?, ¿odio? o tal vez lo más seguro, ¿la pena?. El regocijo de muchos enmarca el dolor de uno sólo y ése es el que atrae al poeta.

            Leer a Carriego implica primero, sentirse abrumado por la pena y, luego, sentir compasión por el otro. Aprender a sentir compasión por el otro.  Y dar gracias al poeta que compadeció primero y nos enseña a nosotros a ver el mundo de otro modo. A hundir la mirada en lo esencial y dejar de lado lo vanal.

            ¡Hubiera querido Víctor Hugo poder expresar tanta compasión en tan pocas palabras!

            Y estos temas se repiten sistemáticamente en el tango.  En “El último organito” que transcribí con anterioridad, como también en “Volvió una noche” de Gardel-Le Pera  (1935) o en “Silencio” (Gardel-Le Pera-Pettorossi-1932) ó el menos conocido “Pan” (Celedonio Esteban Flores con música de Eduardo Gregorio Pereyra) compuesto en 1932 y que dice así:

El sabe que tiene para largo rato,

la sentencia, en fija, lo va a hacer sonar

Así entre cabrero, sumiso y amargo,

la luz de la aurora lo va a saludar.

 

Quisiera que alguno pudiera escucharlo

en esa elocuencia que las penas dan,

y ver si es humano querer condenarlo

por haber robado un cacho de pan...

           

Sus pibes no lloran por llorar,

ni piden masitas, ni chiches, Señor;

sus pibes se mueren de frío

y lloran hambrientos de pan...

 

La abuela se queja de dolor,

doliente reproche que ofende a su hombría..

También su mujer escuálida y flaca,

en una mirada toda la tragedia

le ha dado a entender.

 

¿Trabajar? ¿Adónde? Extender la mano

pidiendo al que pasa limosna, ¿por qué?

Recibir la afrenta de un “perdone, hermano”;

él, que es fuerte y tiene valor y altivez...

 

Se durmieron todos...Cachó la barreta...

Se puso la gorra, resuelto a robar...

Un vidrio, unos gritos, auxilio, carreras...

¡Un hombre que llora y un cacho de pan!

 

                        Y muchos otros tangos, hasta los más nuevos, si no qué otra cosa es “Chiquilín de Bachín” que el poeta impactado por el drama individual:

 

                        “Cuando el sol pone a los pibes

                         delantales de aprender,

                        él aprende cuánto cero

                        le quedaba por saber.

                        Y su madre mira,

                        yira que te yira,

                        yira que te yira,

                        pero no la quiere ver” [33]

 

                        El tango nace de la percepción del dolor del otro. Más adelante diré “de la tragedia” del otro. También trataré de explicar que pese a ello es “optimista” y no “pesimista”. Pero quiero adelantarte aquí que es importante borrar esa imagen de “llanto sin sentido del tango”. Esos son los malos tangos, los malos poetas. El tango es más que el dolor, es compasión. Es padecer con el otro. Y eso se llama amor. El tango es constantemente amor por el otro, ¿y qué enaltece más al hombre que el amor? ¿Qué lo hace más grande?. El tango se redime y redime al hombre en la pena de no ser indiferentes. El tango es la grandeza de mirar con el alma y el corazón al corazón y el alma del otro.

                        Eladia Blázquez lo dice con toda claridad:

                        “Con las alas del alma desplegadas al viento

                        ante cada noticia de estupor, de injusticia,

                        me desangro por dentro y me duele la gente,

                        su dolor, sus heridas porque así solamente

                        interpreto la vida[34]

 

                        ¿Al hacer hincapié en el aspecto individual nos olvidamos de lo social? No, no hay que caer en ese gravísimo error. El tango es también una pintura social, nos muestra y pinta un ambiente que no ayuda al hombre a ser feliz (como las condiciones de trabajo en la poesía transcripta de Carriego). Pero supera la cuestión social. Los problemas sociales se entienden desde el hombre y no el hombre desde los problemas sociales. Si el medio social es malo (pobreza o condiciones indignas de trabajo) no es esa la cuestión central, sino que el hombre sufre. Parto del sufrimiento del hombre, que es lo que realmente me conmueve y desde ese sufrimiento entiendo una realidad social negativa.. Se trasciende lo social sin dejarlo de lado. Es el mismo caso que te refería en la película “ La vida es bella”. El drama es el del padre. El dolor de ese padre no tiene límite (como diría Miguel Hernández: “no hay extensión más grande que mi herida”). Mostrado el drama desgarrante de ese padre ¿resulta necesario hacer un estudio filosófico, sociológico y político del nazismo para condenarlo? No, ese sólo drama basta para condenarlo. Y si además el caso es más de uno, peor aún. Pero uno solo basta. Se llora por el hombre concreto, por el padre, por otros padres, por otras madres por otros hijos. No se llora por las “consecuencias sociales y políticas del régimen nazi”.

                        Y esto es muy porteño. Y es la filosofía que rescata el tango. Por eso no podemos ir a las guerras sintiéndonos inocentes. Por eso tampoco, podemos condenar a muerte a los reos. Me río cuando despotricamos y pedimos mano dura. Si la verdad es que si nos ponen de jurados a los 30 millones de argentinos, todos terminarían siendo inocentes. “¿Cómo vamos a condenar a éste que pobre, no fue a la escuela?”  “¿O a aquél otro cuya madre lo dejaba abandonado a la buena de Dios?” “ ¿Y éste?, tampoco, no ves que es el hijo de la hermana de Juana, esa que quedó embarazada soltera y tuvo que trabajar día y noche, claro el chico se le descarrió.” “¿Y a este otro? Mirá, yo lo condenaría, pero me vino a ver mi primo, que trabaja con el padre de este chico. Son cinco hermanos, todos trabajan menos éste que es un descarriado. Pero tenemos que darle una oportunidad...”

¿A quién vamos a condenar?

Si el hombre siempre nos da pena.

Si no vemos al homicida, sino al hombre que cometió homicidio. No vemos al ladrón, sino a aquél que tuvo que robar.

Insisto ¿A quien vamos a condenar?

No somos blancos, protestantes y anglosajones. Somos de un color indefinido, de raza indefinida, de muchas sangres mezcladas y encima educados por estos poetas. ¿A quién vamos a condenar?.

Que Dios nos perdone. Somos más misericordiosos que justicieros. ¿Entender nosotros al hombre Kant? ¿A aquel que quería condenar al último hombre, aunque fuera el último hombre, porque el castigo nadie lo debe evitar? No. Somos de la madera de Carriego. Nuestro derecho en muchos casos tiene orígenes extranjeros, pero como se ha visto y se ve, no lo tiene nuestro modo de juzgar.

Entendemos la muerte en duelo. Entendemos el homicidio brutal, cuando está provocado por el odio de uno a otro, por la pasión, por la traición, por lo que fuera. No entendemos el homicidio para castigar. No entendemos el homicidio en masa en busca de la paz universal. Somos así....

Aprovecho nuevamente para enviarte un gran abrazo:

Ramón

 

P.D.: Habrás notado que al referirme a los existencialistas  guardé silencio respecto a Dostoievski. Este autor, a mi entender, también supera el existencialismo clásico. Toda su obra muestra su interpretación de la vida a través de los dramas del otro, salvo, claro está, en la Casa de los Muertos. Pero dos de sus novelas reúnen –para mí- la esencia de su pensamiento. La primera de ellas: “Memorias del subsuelo” con ese durísimo prólogo contra el positivismo. En ella el personaje central es incapaz de asumir en su vida la compasión que su corazón le mostró y así se condena. Su otra obra –la que muchos consideran cumbre- es “El Príncipe Idiota”, donde muestra la esencia del hombre bueno en aquel que comprende y se compadece de los demás, hasta el punto de compartir su drama. Si Dostoievski hubiese nacido en la Argentina unos años más tarde, hubiese sido uno de nuestros principales poetas ciudadanos.


CARTA 8

Buenos Aires, 23 de Febrero de 2005.


Mi querido amigo y maestro:

 

            Quedé un poco exhausto luego de mi última carta, pues la misma reflexión movilizó muchas cosas en mi interior. Lo bueno de abordar temas como éste –cuando se trata de hacerlo con honestidad intelectual- es que se van  descubriendo poco a poco nuevas cosas, no sólo sobre el objeto de análisis, sino también sobre uno mismo. No estoy intentando volcar ideas preconcebidas. Estoy sí llevando al papel, ideas que nacen de lo que yo ya sé sobre el tango, pero también lo que voy descubriendo al ampliar la investigación y –principalmente- al ordenar mis pensamientos, creencias e impresiones.

            Como te decía al principio, estas cartas están escritas con la razón, pero también con el corazón, el alma, los sentidos y las entrañas.  Es como si alguien te pidiera que escribieras un trabajo sobre una persona a la que has querido mucho, como por ejemplo un abuelo o un tío con el que tuviste un trato especial. La idea te va a encantar en un principio, pero al momento de tener que concretarla y volcarla en palabras, es muy posible que encuentres que todas las palabras, ideas y sentimientos se transforman en una masa concreta que pugna por salir de la cabeza y del corazón en tropel. Y se comprueba el difícil arte de ir dejando que salgan de a una, eligiendo cuál lo hace primero y porqué. Los sentimientos empujan hacia fuera y la razón ordena la salida provocando un pequeño sentimiento de frustración: ¡como decir tan sólo esto de quien produce en mi interior tanta pasión!

            Poco a poco se ordenan las ideas y se va advirtiendo que ese mismo orden y el volver sobre ellas, permiten que se vayan descubriendo nuevos aspectos, nuevas interpretaciones que nos enriquecen aún más en nuestro interior. Es como rever las fotos viejas de aquellos abuelos que tanto amamos, advirtiendo con la nueva mirada, cosas que ya estaban ahí pero encontramos recién ahora.

            A la idea de la  creación de la filosofía del tango como consecuencia de la alteridad, como respuesta a la manifestación del otro en nuestro interior, le sigue otra cuestión de igual o mayor importancia y consiste en el sentimiento trágico  que nos encontramos en el Tango.

Ese sentimiento trágico de la vida reitero –como lo he hecho antes y lo seguiré haciendo hasta el cansancio- es trágico pero no es pesimista. Por el contrario, sostendré con énfasis su carácter optimista.

El calificativo de  tragedia que como vos bien sabés nos viene del griego, se aplicaba a aquellas obras de teatro que exponían un problema humano sin solución. Sin embargo, el hombre se mueve, lucha y vive o muere en esa tragedia. La misma no importa necesariamente que el hombre se frustre, ni que pierda su carácter de tal, ni tampoco que se vea privado de su libertad. El hombre en la tragedia que le toca, lucha, vive y decide en libertad. La tragedia es el marco de su lucha y decisión.

Unamuno también parte de un sentimiento trágico de la vida. Tanto que así titula su famosa obra. Para el filósofo español, la filosofía tiene por objeto –no el crear sistemas racionales infecundos- sino simplemente responder a las preguntas ¿de donde venimos? y ¿adonde vamos?. Menudas preguntas. Y así es lógico que el filósofo y poeta español comparta la misma desesperación que Spinoza al que cita diciendo: “Tomad al hombre Spinoza, aquel judío portugués desterrado en Holanda; leed su Etica como lo que es, como un desesperado poema elegíaco, y decidme si no se oye allí, por debajo de las escuetas y al parecer serenas proposiciones expuestas more geométrico, el eco lúgubre de los salmos proféticos. Aquella no es la filosofía de la resignación, sino de la desesperación. Y cuando escribía lo de que el hombre libre en nada piensa menos en la muerte, y es su sabiduría meditación de la no muerte-homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat et eius sapientiam non mortis, sed vitae meditatio es (Ethice, part. IV proposición LXVIII)-; cuando escribía, sentíase, como nos sentimos todos, esclavo, y pensaba en la muerte, y para librarse, aunque en vano, de este pensamiento lo escribía.”[35]

Y así la filosofía se vuelve contradicción. Contradicción porque el hombre que filosofa parte de una pregunta que es incapaz de responder con la razón. Y así también cae en contradicción don Miguel, que con la razón trata de entender y justificar a lo largo de todo su libro lo que sólo puede creer con el corazón: la continuidad de la vida después de la muerte. El mismo lo reconoce: “Alguien podrá ver un fondo de contradicción en todo cuanto voy diciendo, anhelando unas veces la vida inacabable y diciendo otras que esta vida no tiene el valor que se le da.¿Contradicción? ¡Ya lo creo! ¡La de mi corazón, que dice sí, y mi cabeza, que dice no! Contradicción, naturalmente. ¿Quien no recuerda aquellas palabras del Evangelio «Señor, creo; ayuda a mi incredulidad»? ¡Contradicción!, ¡naturalmente!. Como que solo vivimos de contradicciones, y por ellas, como que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni esperanza de ella, es contradicción.”[36]

Y agrega el profesor salamanquino: “Y el más trágico problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que ahí fracasa toda la filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de nuestra existencia. Pero, ¿afrontan todos esta contradicción?(...) Hay algo que , a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento trágico de la vida, que lleva tras sí toda una concepción de vida más o menos consciente. Y ese sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no sólo los hombres individuales, sino pueblos enteros. Y ese sentimiento, más que brotar de ideas, las determina, aun cuando luego, claro está, estas ideas reaccionen sobre él, corroborándolo...”[37]

¿Participa el tango de esta concepción? La supera. Así como supera el punto de partida, al situarlo en la alteridad y no en el yo, también supera la contradicción, desesperanza y lucha que genera en el hombre la incapacidad de responder racionalmente a las preguntas más existenciales: de donde vengo y a dónde voy.

Decimos que el tango las supera, porque deja aquí de ser filosofía para convertirse en teología. Porque no hay respuesta a las preguntas señaladas sino vienen desde la afirmación o negación de la existencia de Dios. El error del filosofo español, a pesar de su lucha a brazo partido entre los dos extremos del sentimiento y de la razón, es seguir manteniendo esta cuestión en el campo de la razón. El siente pero razona lo que siente.

El tango y sus poetas en cambio, ignoran creativa e inteligentemente plantear la cuestión en un campo estéril. El tango no lleva a sus versos la contradicción que genera la razón cuando se pregunta por la realidad más existencial. El hombre, para nuestros poetas, está inmerso en una contradicción, en un sentimiento trágico. Pero ese sentimiento trágico no se origina en las preguntas ¿de dónde venimos? y ¿adonde vamos?, porque esas respuestas son imposibles de responder ni desde la razón ni aún desde los sentimientos. El hombre cree o no cree en Dios y sólo esta posición ante la vida le da la respuesta a esa pregunta existencial. La respuesta no es preguntarse, es creer, y el creer no necesita ser justificado racionalmente. ¿Oh acaso en la Biblia encontramos algún capítulo dedicado a probar la existencia de Dios? No, la Biblia nos habla de la presencia de Dios entre los hombres (el Antiguo y el Nuevo Testamento). Un Dios que se relaciona con el hombre concreto, antes que “con la humanidad” y lo acompaña en su historia. Creo o no creo, pero no hay que pretender justificarlo. Muchos de los poetas del tango fueron y son creyentes. Muchos mencionan a Dios en sus letras. Pero no lo imponen, no lo exigen como condición de aceptación de lo que se pretende transmitir.

Los poetas del tango, señalan una contradicción existencial mucho más concreta y real: la que nace en la confrontación entre los sueños o ideales y la realidad.

Aquí radica el sentimiento trágico de la vida en el tango, en la divergencia entre la realidad y los ideales (los sueños). Entre lo que yo quería y podía ser, y lo que soy. Ideal que se pone siempre en el valor más perfecto: el Amor, indistintamente si es el amor entre un hombre y una mujer, el de la madre con el hijo o el de los amigos.

Si la filosofía coloca al hombre y a los hombres en un cuarto o pabellón en el que hay una sola puerta de entrada y una sola de salida y de las cuales no se sabe a dónde conducen, el tango nos describe a un hombre que mantiene una lucha constante entre los sueños que se ha imaginado (ideales) y el lugar en el que está.

Y decimos que el tango es optimista y lo es más que el existencialismo filosófico justamente por eso. Porque el tango no se plantea una pregunta irresoluble y –por el contrario- nos presenta un hombre luchando por los mejores valores, que si bien comprueba que no los consigue totalmente sino parcialmente, no ceja en su lucha. En la filosofía encontramos un hombre que se vive preguntando para no obtener respuesta, una pregunta cuya respuesta otros conocen simplemente desde la fe. En el tango se encuentra un hombre que vive luchando por alcanzar el amor; que algunas veces lo ha alcanzado y perdido y otras no; pero que nunca ceja en esa lucha por el Amor.

Por eso es trágico pero no es pesimista. Porque esa lucha por el amor es lo que justifica la existencia del hombre, aún cuando en el caso concreto no lo haya alcanzado. Por otra parte se podría decir, que los poetas intuyen que el verdadero amor, jamás se encuentra en plenitud en esta vida. Sin embargo se consigue parcialmente, y así lo vemos en todos aquellos valores que se resaltan: el amor a la mujer, el sacrificio por ella, el amor a la madre, el amor a los amigos, etc.

Los ejemplos de lo dicho son innumerables y resulta más que ilustrativo traer aquí a algunos de ellos.

El texto por excelencia, es el de Enrique Santos Discépolo, y que dice así:

“Que desencanto más hondo,

que desconsuelo brutal…

¡Que ganas de echarse en el suelo

y ponerse a llorar!”

 

“Cansao de ver la vida,

que siempre se burla

y hace pedazos

mi canto y mi fe.

La vida es tumba de ensueños

con cruces que, abiertas,

preguntan… ¿pa’ qué?.”

 

“Y pensar que en mi niñez

tanto ambicioné, que al soñar

forjé tanta ilusión:

oigo a mi madre aún

la oigo enseñándome,

por qué la vida me negó

las esperanzas que en la cuna

me cantó.”

 

“De lo ansiao, solo

alcance un amor,

y, cuando lo alcancé

me traicionó.

Yo hubiera dado la vida

para salvar la ilusión.

Fue el único sol de mi esperanza

que tuvo fe, mi amor.

Dulce consuelo

del que nada alcanza.”

 

“Sueño bendito

Que me hizo traición.

Yo vivo muerto hace mucho,

no siento ni escucho

ni a mi corazón.[38]

La vida es tumba de ensueños

Con cruces que abiertas

Preguntan para qué.”

 

Este tango ejemplifica perfectamente la confrontación (tragedia) del hombre que no alcanza sus sueños. La frase “La vida es tumba de ensueños con cruces que, abiertas, preguntan…¿pa’ qué?” es la esencia de un pensamiento existencialista profundo.

Discépolo es uno de los poetas más grandes del tango, además de compositor de muchas melodías. Para mí, el más grande de todos, a pesar de su dejo “pesimista” que podría considerarse que contraría mi afirmación anterior. Hay más de un análisis psicológico de la personalidad de Enrique Santos Discépolo, de los cuales hay llegado a mis manos dos[39]. Más allá de lo correcto que profesionalmente puedan ser ambos, doy gracias a Dios por que los poetas como los santos, no han podido ser callados por los psicólogos. Más allá de la estructura de la personalidad de cada uno de ellos, que fue parte de su creación, la obra y ellos como sus autores, se elevan sobre el común de las gentes. Discépolo nació en un ambiente de limitaciones, perdió a sus dos padres cuando era pequeño y debió criarse con una tía, junto con su hermano Armando. Como el mismo lo reconoce, de noche en su cama ni se movía con tal de no generar conflicto. Se entiende entonces su poesía dura. Pero poesía que jamás se desentiende del otro.

El  niño crece, se integra a su sociedad, la comprende y le devuelve sus sentimientos en poesías. Conoce el éxito y también comparte su vida con una mujer. Se integra al peronismo en reconocimiento a lo que éste ha hecho por los demás, como lo demuestra en sus charlas radiales con “Mordisquito”. Es poeta, compositor, autor teatral, actor, director de cine. Todo ello sin dejar de señalar que el hombre tiene un aspecto trágico, en la imposibilidad de la naturaleza humana de alcanzar sus ideales más altos. Lo debe haber visto en sí, pero lo vio principalmente en los demás.

“La gente se te arrima con su montón de penas

y tu las acaricias casi con temblor

te duele como propia la cicatriz ajena

aquel que no tuvo suerte y ésta no tuvo amor…”[40]

 

 Y la vida de los demás le dijo que el hombre no siempre alcanza sus ideales más concretos y cercanos y nunca los más altos. Su tango “Canción desesperada” es un ejemplo.

“¡Soy una canción desesperada!

¡Hoja enloquecida en un turbión!

Por tu amor, mi fe desorientada

se hundió, destrozando mi corazón.

Dentro de mí mismo me he perdido

ciego de llorar una ilusión.

¡Soy una pregunta empecinada

que grita su dolor y su traición!

 

¿Por qué me enseñaron a amar

si es volcar sin sentido

los sueños al mar?

Si el amor

es un viejo enemigo

que enciende castigos

y enseña a llorar…

Yo pregunto:¿Por qué,

            sí, por qué me enseñaron a amar

            si al amarte mataba mi amor?[41]

 

Pero al mismo tiempo, el hombre entre lo que es y lo que quiere ser, lucha y conoce momentos de tristeza, pero también de felicidad. Esa es la vida. Y por sobre todo, está la respuesta final, aquella que no se demuestra, aquella en la que se cree. Y Discépolo creía en Dios.

“Aullando entre relámpagos,

perdido en la tormenta

de mi noche interminable, Dios,

busco tu nombre.

No quiero que tu rayo

me enceguezca entre el horror

porque preciso luz para seguir.

Lo que aprendí de tu mano

¿no sirve para vivir?

Yo siento que mi fe tambalea,

que la gente mala vive, Dios,

mejor que yo.

 

…………….

 

“No quiero abandonarte yo.

Demuestra una sola vez que el traidor

no vive impune, Dios, para besarte.

Enséñame una flor que haya nacido

del esfuerzo de seguirte, Dios,

para no odiar

al mundo que me desprecia

porque no aprendo a robar…

Y entonces de rodillas,

hecho sangre en los guijarros

moriré con vos,

feliz, Señor”[42]

 

Puede ser que haya tenido una personalidad depresiva. ¿Pero su arte era fruto de esta personalidad o reflejaba una aguda receptividad del poeta de la lucha de los demás? Creo que la respuesta es sin duda esta última.

Los poetas del tango cantan en coro la tragedia del hombre que confronta sus sueños con la realidad. El ideal no alcanzado o perdido, la confrontación entre los sueños o ideales y la realidad es tema de innumerables poemas. Los siguientes poemas que transcribo son una demostración clara de ello:

Uno

“Uno busca lleno de esperanzas

el camino que los sueños

prometieron a sus ansias.

Sabe que la lucha es cruel y es mucha,

pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina.

Uno va arrastrándose entre espinas,

y en su afán de dar su amor

sufre y se destroza hasta entender

que uno se ha quedado sin corazón.

Precio de castigo que uno entrega

por un beso que no llega

o un amor que lo engañó;

vació ya de amar y de llorar

tanta traición.

.....

Pura como sos, habrías salvado

mi esperanza con tu amor.

Uno está tan solo en su dolor...

Uno está tan ciego en su penar...

Pero un frío cruel, que es peor que el odio,

punto muerto de las almas,

tumba horrenda de mi amor,

maldijo para siempre y me robó

toda ilusión.”[43]

 

Che Bandoneón.

“Tu canto es el amor que no se dio,

y el cielo que soñamos una vez,

y el fraternal amigo que se hundió

cinchando en la tormenta de un querer,

y esas ganas tremendas de llorar

que a veces nos inunda sin razón,

y el trago del licor que obliga a recordar

que el alma está en orsái

che, bandoneón....”[44]

 

Sur

“San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido...

Pompeya, y al llegar al terraplén,

tus veinte años temblando de cariño

bajo el beso que entonces te robé...

Nostalgia de las cosas que han pasado...

Arena que la vida se llevó...

Pesadumbre de barrios que han cambiado

y amargura del sueño que murió...”[45]

 

San José de Flores

 

“La dicha y fortuna me fueron esquivas,

jirones de ensueños dispersos dejé;

y en medio de tantas desgracias y penas,

el ansia bendita de verte otra vez...

En tierras extrañas luché con la suerte,

Derecho y sin vueltas no supe mentir,

y al verme agobiado, más pobre que nunca,

volví a mi querencia buscando morir.”[46]

 

 

 

Cafetín de Buenos Aires.

...

“Como una escuela de todas las cosas,

ya de muchacho me diste entre asombros

el cigarrillo,

la fe en mis sueños

y una esperanza de amor.

....

Sobre tus mesas que nunca preguntan

lloré una tarde el primer desengaño;

nací a las penas,

bebí mis años

y me entregué sin luchar...”[47]

....

En muchos tangos habrás notado que la frustración se debe principalmente a no haber logrado el amor de una mujer. Las causas pueden ser varias: que ellas se fue, que hubo traición, que murió, qué el mismo no pudo mantener ese amor. Los versos lo describen mejor que yo:

 

(Abandono)

Percanta que me amuraste

en lo mejor de mi vida

dejándome el alma herida

y espinas en el corazón…!

¡Sabiendo que te quería,

que vos eras mi alegría

y mi sueño abrasador…!

Para mí ya no hay consuelo

y por eso me encurdelo

pa’ olvidarme de tu amor”[48]

 

(Traición)

 

“Mozo traiga otra copa,

y sírvase de algo el que quiera tomar,

que ando muy solo y estoy muy triste

después que supe la cruel verdad.

¡Mozo! Traiga otra copa,

que anoche juntos los vi a los dos;

quise vengarme, matarla quise

pero un impulso me serenó”[49]

 

(Alejamiento)

 

“Fue a conciencia pura que perdí tu amor,

nada más que por salvarte.

Hoy me odiás y yo, feliz,

me arrincono pa’ llorarte.

El recuerdo que tendrás de mí

será horroroso;

me verás siempre golpeándote,

como un malvao.

¡Y si supieras bien qué generoso

fue que pagase así tu gran amor”

 

¡Sol de mi vida,

fui un fracasao;

y en mi caída

busqué dejarte a un lao,

porque te quise tanto,

tanto que, al rodar,

para salvarte sólo supe

hacerme odiar…!”[50]

 

(Alejamiento consensuado)

 

“Hoy vas a entrar en mi pasado,

en el pasado de mi vida…

tres cosas lleva mi alma herida:

amor, pesar, dolor…

Hoy vas a entrar en mi pasado,

hoy nuevas sendas tomaremos

¡Que grande ha sido nuestro amor,

y sin embargo, ay, mira lo que quedó!”[51]

 

(Muerte)

 

“Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando

Su boca, que era mía, ya no me besa más.

Se apagaron los ecos de su reír sonoro

y es cruel este silencio, que me hace tanto mal.

Fue mía la piadosa dulzura de sus manos

que dieron a mis penas caricias de bondad.

Y ahora que la evoco hundido en mi quebranto,

las lágrimas trenzadas se niegan a brotar

y no tengo el consuelo de poder llorar”[52]

 

En otras ocasiones, la imposibilidad del amor no viene por el alejamiento o el abandono, sino por el desconocimiento del mismo:

“Pobre y solterona, te has quedado

sin ilusión, sin fe…

Tu corazón de angustia se ha enfermado,

Puesta de sol es hoy tu vida trunca…

 

Sigues como entonces, releyendo

el novelón sentimental

en el que una niña aguarda en vano

consumida por un mal

de amor…

 

En la soledad

de tu pieza de soltera  está el dolor;

triste realidad

es el fin de tu jornada sin amor.

Lloras y al llorar

Van las lágrimas templando tu emoción

y en las hojas de tu viejo novelón

te ves, sin fuerzas, palpitar…

Deja de llorar

por el príncipe soñado que no fue

junto a ti, a volcar

el rimero melodioso de su voz…

Tras el ventanal,

mientras pega la llovizna en el cristal,

con tus ojos mas nublados de dolor

soñás un paisaje de amor…

 

Nunca tuvo novio, pobrecita,

Porque el amor no fue

A su rincón de humilde muchachita,

A reanimar las flores de sus años…

Yo, con mi montón de desengaños,

igual que vos vivo sin luz,

sin una caricia venturosa

que en mi pecho haga olvidar

mi cruz…”[53]

 

Pero es esa la razón real. Entiendo que no. En el amor no conseguido se concreta la frustración. Los poetas eligen representarlo en una determinada mujer, tal vez porque resulta mucho más entendible. Volviendo a un ejemplo ya usado: en “La Vida es Bella” se reúne  en un padre el drama de muchos. Es el holocausto revivido en una sola persona. Así también el tango, revive la frustración en la pérdida de un solo amor. ¿Por qué? Porque su ideal principal es el Amor. Es el Amor lo que nos hace felices y es la falta de Amor, lo que nos hace infelices. Y no hablamos exclusivamente del amor a una mujer –si bien es este el ejemplo principal- sino también del amor a la madre, al hijo o a un amigo. Creo que los versos que siguen son suficiente prueba:

“¿Por qué me enseñaron a amar

si es volcar sin sentido

los sueños al mar?

Si el amor

es un viejo enemigo

que enciende castigos

y enseña a llorar…

Yo pregunto:¿Por qué,

            sí, por qué me enseñaron a amar

            si al amarte mataba mi amor?”[54]

 

            “Tres esperanzas tuve en la vida,

            dos eran blancas y una punzó

            una mi madre vieja y vencida,

            otra la gente y otra un amor.

            Tres esperanzas tuve en la vida

            dos me engañaron y una murió”[55]

 

Ese Amor no se consigue.¿Pero es esto una visión pesimista de la vida? Repito que no. Revela el dolor de no conseguir lo deseado al mismo tiempo que revela que el verdadero ideal excede el esfuerzo humano. Pero esa es la historia del hombre: luchar por conseguir lo inaccesible. El optimismo está en la vida en lucha “sabe que la lucha es cruel y es mucha pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina...” como nos decía Discépolo en “Uno”. Y es también optimista porque el ideal que tiene justifica esa lucha aunque no lo consiga. La frustración o el dolor que deviene es natural.¿Pero no es acaso la misma comprobación del joven Sidharta Gautama al comprobar la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte? El tango en ese sentido tiene una concepción realista, que nace del hecho que su expresión es la respuesta al dolor del otro. Fija su atención en la frustración del hombre, frustración que se revela en la confrontación de lo que ese hombre pudo ser y en lo que en realidad es. El drama de “la que nunca tuvo novio” y el drama reside en que esa persona estaba hecha para vivir el amor y no lo vive. No puedo menos que recordar aquí aquel excelente cuento de Antoine de Saint Exupery que se llamaba –si mal no recuerdo- “Mozart asesinado” y en el que describía el dolor que le causaba ver una familia de campesinos polacos muy pobres en un tren , en brazos de cuya madre dormía un pequeño bebe. El veía el rictus endurecido de los padres, el modo en que la dureza de la vida talló sus vidas y las embruteció. Veía también en el rostro de los padres el futuro del niño, que terminaría siendo como ellos. Y pensaba que ese mismo en un ambiente adecuado, con una educación adecuada, podría incluso en llegar a ser un nuevo Mozart. Y por eso el título del relato: “El Mozart asesinado”. La vida asesina con la falta de posibilidades el futuro de muchos seres humanos, lo que el vio y descubrió en un solo niño concreto. No es únicamente el sistema social el que asesina los sueños, ideales y futuro de los niños. Es la vida, si por la vida entendemos nuestras decisiones y las decisiones de los otros.

Pero el que mata, puede sanar. El que no educa, puede educar. Y la vida puede ser fuente de vida y de realización y no sólo de muerte.

En estos días está exhibiéndose la película alemana “La Caída” a la que muchos críticos acusan de mostrar un Hitler “humano”. Tremendo error. Lo peor que podemos hacer es considerar que Hitler no era humano, que era el fruto anormal de la naturaleza o un ser extraterrestre. Porque si es así, no entendimos nada. Hitler era totalmente humano, como lo era también la Madre Teresa o San Francisco de Asís. Eso nos deja en claro las potencialidades que existen dentro de cada uno de nosotros.

Y los que eligen el amor, como la Madre Teresa o cualquier otro abnegado servidor de los demás, saben que no curarán todos los males, pero encuentran la felicidad en la lucha por el Amor. En esa lucha diaria, constante, inclaudicable por amar sin medida ni limitaciones. La vida es lucha por el amor y así lo entiende también el tango.

Otra prueba de que no se trata de una concepción pesimista, se encuentra en el aprecio por la vida. El tango no propone el suicidio ante la frustración amorosa –salvo en muy contadas y excepcionales casos-, como lo hace el joven Werther en la obra de Goethe. Tampoco propone como Sidharta Gautama, dejar de desear para dejar de sufrir. El tango afirma la vida y rescata los buenos momentos vividos. El Amor ideal no es asequible en su totalidad, pero sí se lo vive parcialmente: el amor a la primera novia, el amor a la madre, el amor a los amigos de la infancia, el amor al barrio que fue marco de todos esos amores, etc. Ello explica entre otras cosas, la constante referencia a la vuelta al pasado. Esa vuelta al pasado no es más que el deseo de volver a vivir el amor que un momento se conoció. En la vida hay amor, pero el amor se va y cuando envejezco y recuerdo, quiero volver a los primeros amores. Y ese es el modo de alcanzar el Ideal, volver, pero no en el sentido literal, sino en el figurativo. Al final se vuelve en la muerte. Y la muerte es la vuelta al Amor. No puedo dejar de recordar aquí las hermosísimas palabras de Gabriel Marcel, concluyendo su obra de Teatro “El emisario”, cuando uno de sus personajes dice:

Antonio: He descubierto una cosa después de la muerte de mis padres, y es que lo que llamamos sobrevivir, es en realidad subvivir y aquellos a quienes no hemos dejado de amar con lo mejor de nosotros mismos, son como una bóveda palpitante, invisible, pero presentida y hasta palpable, bajo la cual avanzamos siempre más inclinados, mas desarraigados de nosotros mismos, hasta el momento en que todo se sumerge en el amor[56]

 

Y ese es también el sentido del tango.

No puede dejar de señalarse que los autores de tango –como lo veremos de modo detallado en una próxima carta- están inmersos e influidos por una cultura judeo-cristiana. La mayoría de los autores –como el pueblo que los alimenta- son creyentes. Las menciones a Dios son constantes aún cuando alguna vez se traducen en quejas, lo que no es ajeno a un pensamiento cristiano como también lo demuestra en el mismo sentido aquel particular “Don Camilo” o la dureza de las quejas de Oseas, en el Antiguo Testamento. Y el pensamiento judeo-cristiano tiene, como lo asimila el tango, una concepción trágica de la vida, en la que hay una dura lucha por alcanzar el mayor ideal. La vida es también lucha y frustración pero se resuelve en el encuentro final con el Amor. Para ambos, es el Amor la última finalidad de la vida del hombre y por ello su sentido positivo de la vida. Y sin una enunciación abstracta podemos decir que cada uno de nosotros espera al final de sus días, encontrarse finalmente con el Amor.

Te envío nuevamente un gran abrazo.

 

Ramón



CARTA 9

Buenos Aires, 6 de Abril de 2005.

Mi querido amigo y maestro:

 

            La confrontación entre la realidad y los sueños, entre aquello que puedo o pude ser y lo que soy, genera ese sentimiento trágico de la vida en el tango.

                        Un sentimiento que describe una constante lucha y que, al final de la vida, nos impulsa a volver a aquellos afectos más profundos.

            Esta carta la quiero dedicar a estas dos cuestiones. La primera, continuar con mi intento de convencerte sobre  el optimismo que reina en el tango. La segunda, una de las ideas fundamentales de los poetas ciudadanos: el “volver” como búsqueda de la felicidad.

            Continuando con el Optimismo

            Insistí a lo largo de mis cartas, que no se debía confundir ese sentimiento trágico con un sentido pesimista de la vida. Por el contrario, afirmé –lo que para muchos puede ser una locura- que el tango es optimista. Y lo es.

            En primer lugar el dolor que genera la confrontación entre lo que soy y lo que pudo ser, no descalifica lo que fui. Los personajes creados por los poetas, siempre rescatan lo que han vivido del amor, ya sea en su niñez, en su juventud e incluso en su adultez. 

            El Amor, el ideal, es posible, aunque nunca es posible retenerlo en esta vida. Este sería el primer mensaje. No se llora lo que no existe, sino generalmente lo que se perdió.

            Por otro lado, la lucha misma y el tener un ideal, le dan a la vida un valor de los que carecen quienes no luchan o quienes no reconocen en el Amor un ideal.

            Finalmente, la vida abre puertas y abre esperanzas y de algún modo concreta sueños. Tal vez, son los últimos poetas los que descubren con más claridad lo mejor de la vida e imprimen un mayor optimismo.

            Así lo dice Eladia Blázquez:

            “Con las alas del alma desplegadas al viento

            porque aprecio la vida en su justa medida

            al amor lo reinvento y al vivir cada instante

            y al gozar cada intento se que alcanzo lo grande

            con las alas del alma desplegadas al viento.

            …………………

            Con las alas del alma desplegadas al viento,

            más allá de la historia, de las vidas

            sin gloria, sin honor ni sustento

            guardaré del que escribe su mejor pensamiento

            quiero amar a quien vive con las alas del alma

            desplegadas al viento al viento.”[57]

 

            También siente lo mismo  Horacio Ferrer:

            “Quereme así piantao, piantao, piantao,

            abrite a los amores que vamos a intentar

            la mágica locura total de revivir,

            vení, volá, vení, ¡trai-lai-larará!”[58]

           

            “Vamos andando, vamos, ¡vamos, canillita!

            para pensar, alcanza y sobra con ser dos,

            si el mundo fue ya no será una porquería,

            porque en el mundo vivimos vos y yo”[59]

 

            Y lo hace así Cacho Castaña:

           

            “Voy camino a los cincuenta

            y a pesar de lo que digo

            por lo mucho que he vivido

            yo no me puedo quejar”[60]

 

            “Todavía puedo

            aunque no lo creas,

            y a pesar de todo,

            volver a empezar.

            Todavía puedo

            ser mejor que antes,

            verás qué sorpresa

            se van a llevar.

            Todavía puedo

            tomar mi guitarra

            todavía puedo

            volver a cantar.

            Podrán encontrarme

            por  cualquier esquina

            o escribiendo un tango

            en la mesa de un bar.

            Todavía siento,

            aunque no lo creas,

            que el amor un día

            me puede llegar.

            Todavía siento

            que tengo en el pecho

            una fantasía para regalar.

            Todavía siento

            que puedo salvarla,

            haciéndole trampas

            a la realidad.

            Todavía siento

            que tengo en el alma,

            un tango que nunca

            lo quise cantar.

            Todavía quiero

            tener la sorpresa,

            que la vida un día

            me quiso quitar.

            Todavía quiero

            salir por las noches,

            y robar mil flores

            para regalar.

            Todavía quiero

            creer en la gente,

            tener un amigo

            pero de verdad,

            que sienta mi casa

            igual que su casa,

            comparta mi mesa,

            mi vino y mi pan.

            Todavía puedo,

            todavía siento,

            todavía quiero,

            volver a empezar.”[61]

 

Otros poetas nos traen un mensaje con un impronta optimista:

            “Llorar…

            ¿Por qué vas a llorar?

            ¿Acaso no has vivido?

            ¿Acaso no aprendiste a amar,

            a sufrir, a esperar

            y también a callar?

            Percal…”[62]

 

            “Vamos, corazón, hacé la cuenta,

            uno a uno los eneros

            van pisando los cuarenta

            y estás marcando mi tiempo de vivir

            sin voluntad por seguir;

            dale con tu cuenta regresiva

            hasta que uno de estos días         

            me dejés …tirao;

            que par de giles, perder la alegría

            del cacho de vida

            que Dios nos ha dao.

 

            Vamos, todavía, que en la vida

            quiero un poco de alegría

            para ser feliz”[63]

 

            No esperemos encontrar en el tango un optimismo exagerado e irreal. No, el tango es trágico, es muchas veces triste y expresa dolor. Pero rescata el valor de vivir, el valor de los ideales, el Amor como máximo ideal. Justifica la vida, aunque en la vida haya dolor. Y abre una puerta a la esperanza de encontrar siempre el Amor. Por eso no es pesimista. Sería como decir que el Cristianismo es pesimista, porque recuerda la Crucifixión.

            También se asemeja así al Existencialismo e incluso al Existencialismo menos creyente y menos esperanzado. Tal vez el representante más notorio de esta corriente sea Sartre y él mismo nos decía (antes de poder verificar con certeza su punto de vista sobre Dios, después de su muerte) que el Existencialismo era optimista:

            Así, creo yo, hemos respondido a cierto número de reproches concernientes al existencialismo. Ustedes ven que no puede ser considerado como una filosofía del quietismo, puesto que define al hombre por la acción; ni como una descripción pesimista del hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al hombre alejándolo de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en la acción, y que la única cosa que permite vivir al hombre es el acto.”[64]

            ¡Cuánto más optimista el tango! que pone el destino del hombre en Dios o en el Amor y que interpreta que no hay justificación en la vida si no se lucha por conseguir ese Amor!

            Volver

Y con este tema se relaciona especialmente la idea constante en el tango del “volver”, porque finalmente es una manifestación expresa de la necesidad de volver a encontrar –generalmente al final de la vida- el amor en su estado más puro, representado en muchos casos por el “amor maternal”, “el amor a la primera novia”, el “amor de las amistades juveniles”, etc.

Justamente cuando no se tiene, es cuando se descubre donde se encuentra y se vislumbra en el deseo  la posibilidad de volver a obtenerlo.

Algunos fragmentos que se pueden repasar, nos ilustran con poética precisión que tal deseo no encierra más que la esperanza de cerrar los ojos y volver a la protección del seno materno, al beso tembloroso y tímido de la primera novia, al abrazo firme y viril de nuestros amigos incondicionales. Envueltos y protegidos por el Amor. La muerte acoge, pero no frustra.

            Basta cerrar los ojos y escuchar a Gardel cantar:

            “Mi Buenos Aires querido,

            cuando yo te vuelva a ver

            no habrá más pena ni olvido.

 

            El farolito de la calle en que nací

            fue centinela de mis promesas de amor;

bajo su quieta lucecita yo la vi

            a mi pebeta, luminosa como un sol.

            .......

 

            Mi Buenos Aires,

            tierra querida,

            donde mi vida terminaré.

            .....

            En caravana

            los recuerdos pasan

            con una estela

            dulce de emoción

            Quiero que sepas

            que al evocarte

            se van las penas

            del corazón”[65]

 

            Y aparentemente, con otro sentido, el mismo cantor cantaba:

“Volver

            con la frente marchita,

            las nieves del tiempo

            platearon mi sien…

            ....

            Vivir

            Con el alma aferrada          

            a un dulce recuerdo

            que lloro otra vez.

            ......

            ¡Pero el viajero que huye

            tarde o temprano detiene su andar!

            Y aunque el olvido, que todo destruye,

            haya matado mi vieja ilusión,

            guardo escondida una esperanza humilde

            que es toda la fortuna de mi corazón.”[66]

 

            Aquí juega el poeta con los conceptos y nos dice que el “olvido” mata toda ilusión. El olvido es lo contrario de recordar y recordar parecería que no es lo que él quería. O al menos lo que el personaje teme. Sin embargo espera que el “olvido” no haya triunfado y al poder recordar, encuentre su salvación.

            Este es tal vez el más representativo de los tangos que viene a la mente cuando se menciona la palabra “volver”. Sin embargo son muchos los que insisten en esta temática. Y el volver es volver al pasado. Es volver a los amores vividos.

            ¡ Arrabal amargo, metido en mi vida

            como la condena de una maldición…!

            Tus sombras torturan mis horas de sueño,

            Tu noche se encierra en mi corazón…

            Con ella a mi lado no vi tus tristezas,

            tu barro y miseria…¡Ella era mi luz!

            Y ahora vencido, arrastro mi alma

            Clavado a tus calles igual que una cruz…

            ......

            A nadie le digas que ya no me quieres.

            Si a mí me preguntan diré que vendrás.

            Y así, cuando vuelvas, mi almita te juro,

            Los ojos extraños no se asombrarán

            Verás como todo te espera ansioso:

            Mi blanca casita y el lindo rosal,

            y como de nuevo alivia sus penas,

            vestido de fiesta mi lindo arrabal.”[67]

 

            Y muchos otros poetas:

“Caminito que todas las tardes

feliz recorría cantando mi amor,

no le digas si vuelve a pasar

que mi llanto tu suelo regó.

Caminito cubierto de cardos,

la mano del tiempo tu huella borró;

yo a tu lado quisiera caer

y que el tiempo nos mate a los dos”[68]

 

“¡Cómo recuerdo, barrio querido,

aquellos tiempos de mi niñez…!

Eras el sitio donde he nacido

y eres la cuna de mi honradez.

Barrio del alma, fue por tus calles

Donde he gozado mi juventud…

Noches de amor viví,

            con tierno afán soñé

            entre tus flores

            también lloré…

            ¡Qué triste es recordar,

            me duele el corazón…!

            Almagro mío,

            qué enfermo estoy…!

            ………….

            El tiempo ingrato dobló mi espalda

            y a mi sonrisa le dio frialdad;

            ya soy un viejo, soy una carga,

            con muchas dudas y soledad…

            ¡Almagro mío, todo ha pasado;

            quedan cenizas de lo que fue…!

            Amante espiritual

            de tu querer sin fin,

            donde he nacido

            he de morir…

            Almagro, dulce hogar,

            te dejo el corazón

            como un recuerdo

            de mi pasión…”[69]

 

“Amante espiritual de tu querer sin fin” qué frase que nos ha regalado el poeta. Podés ver cómo muerte, amor y amor sin fin, se conjugan confirmando mis afirmaciones.

            “Barrio de tango, luna y misterio;

            calles lejanas ¿dónde andarán?

            Viejos amigos que hoy ni recuerdo

            ¿qué se habrán hecho, donde estarán?

            Barrio de tango, ¿qué fue de aquella

            Juana la rubia que tanto amé?

            ¿Sabrá que sufro pensando en ella

            desde la tarde que la dejé?

            ¡Barrio de tango, luna y misterio,

            desde el recuerdo te vuelvo a ver!”[70]

 

            “Barrio reo, campo abierto

            de mis primeras andanzas;

            en mi libro de esperanzas

            sos la página mejor…

            Fuiste cuna y serás tumba

            de mis líricas tristezas;

            vos le diste a tu cantor

            el alma de un zorzal

            que se murió de amor.”[71]

 

            “Nací en ese barrio, crecí en sus veredas,

            un día alce el vuelo soñando triunfar;

             y hoy, pobre y vencido, cargado de penas,

            he vuelto cansado de tanto ambular…

            ………

            Mas vale que nunca pensara el regreso,

            si al verte de nuevo me puse a llorar…

            Mis labios dijeron, temblando un rezo:

            -Mi barrio no es éste, cambió de lugar…

            Prefiero a quedarme, morir en la huella,

            si todo he perdido, barriada y hogar…

            Total, otra herida no me hace ni mella;

            será mi destino rodar y rodar…”[72]

 

Este último verso nos muestra el mismo tema por la vía negativa. Aquí se vuelve esperando encontrar lo perdido. Pero no se lo encuentra y eso hace que el personaje reafirme su vida actual y se niegue el “regresar”. Diría que en este caso se rechaza la redención, por no encontrar el camino hacia los viejos afectos. Pero sigamos con los ejemplos:

            “Loco, casi muerto, destrozado,

            con mi espíritu amarrado

            a nuestra juventud…

            ……

            Ya nunca volveré,

            lo sé bien, nunca más…

            ¡Tal vez me esperarás        

            junto a Dios, más allá!”[73]

 

            “Después, ¿qué me importa del después?

            Toda mi vida es el Ayer

            que me detiene en el Pasado.

            ¡Eterna y vieja juventud,

            que me ha dejado acobardado

            como un pájaro sin luz!”[74]

 

            “Madre hay una sola;

            y aunque un día la olvidé,

            me enseñó al final la vida

            que a ese amor hay que volver.”[75]

 

            “La vida está detrás, en la palabra luminosa

            que era tu nombre,

            de luz y de rosa…

            Esto que repito en el murmullo:

            nombre tuyo…¡Nombre tuyo…!

            Mientras muero sin amor…”[76]

 

            Son muchos más los tangos que hablan de volver y en los que se entremezclan las ideas del regreso, los afectos pasados y la muerte. No me resulta posible transcribirlos todos, pero sí creo que los elegidos permiten ver que todos los poetas de todos los tiempos han adoptado este tema.

                        La muerte no se muestra como un final sin razón, ni como la concreción de un destino trunco. La muerte es volver al amor, ya sea porque se busca o porque en ese momento lo único que ocupa la mente y los sentimientos del hombre que muere, es atarse a aquellos amores más puros. Al amor.

            Creo que este es un buen momento para hacer un paréntesis. Aprovecharé también yo para descansar. Descansar, dormir y tal vez soñar. Puede que yo también en mis sueños esta noche reciba la visita de algún afecto del pasado. Eso sí, espero despertar mañana.

            Un gran abrazo, de tu discípulo y amigo:

                                                                                               Ramón


CARTA 10

Buenos Aires, 11 de Abril de 2005

Mi querido amigo y maestro.

 

            Dos cuestiones en principio contradictoria se entrelazan en la poesía del tango: el destino y la libertad. Por un lado, muchos poemas nos refieren una “fuerza” o “destino marcado” en todos los hombres, que necesariamente lleva a la frustración en la consecución de los sueños. Por otra parte, constantemente se reafirma la libertad del hombre.

            Y es correcta esta apreciación. El “Destino” o cierta “Predeterminación” es consecuente con una concepción del hombre que no puede alcanzar completamente su ideal. No lo puede alcanzar porque es una “ley de la vida”. De algún modo la vida se va a encargar, en un determinado momento, de darnos vuelta “la taba de la suerte” e impedirnos obtener nuestro sueño. Será la muerte que se lleva a la mujer amada  o el abandono por parte de ella ó –tal vez- la elección del mal camino.

            Sin embargo, si bien la vida se encarga que nadie pueda alcanzar totalmente su ideal, esta ley no impide que el hombre viva libremente. El elige siempre y podrá acercarse más o menos a ese ideal, de acuerdo a sus opciones. El hombre no es irresponsable de su felicidad o infelicidad, sino por el contrario, en todo momento se reafirma su responsabilidad, por lo que logró y lo que no logró.  El hombre de tango es artífice de su destino.

            Algo semejante sucede en nuestra concepción cristiana de la vida. Sabemos que en esta vida no alcanzaremos nuestro ideal de amor. Sí estaremos más cerca o más lejos de acuerdo a como ejerzamos nuestra libertad. Coincidimos también en que al final –recién al final- nos podremos hundir en el Amor.  Al final y no antes. El tango también busca hundirse en el Amor, al final de la vida, pretendiendo volver a los primeros y más puros amores. Para eso confía tanto en su deseo (su conducta y el ejercicio de su libertad) como en el perdón final que lo redima.[77]

            1. Destino.

            Sin adentrarme en otras cuestiones, citaré primero aquellas referencias al destino.

            En algunos casos es simplemente la “suerte” la que nos abandona. Ello conlleva el concepto de que nuestra vida depende de la “fortuna”. Y este concepto es cierto en gran parte. No sólo nuestra voluntad nos ayuda a vencer muchos obstáculos, sino también ese grado de “fortuna” que hace que en determinado momento, las cosas se inclinen más a nuestro favor. Pero también se da la “suerte” que nos abandona, que deja de estar de nuestro lado. Y el concepto de “abandono” en este caso conlleva también el hecho de que el mismo se producirá fatalmente en algún momento de nuestra vida.  Son muchos los ejemplos:

            “Cuando la suerte, que es grela,

            fallando y fallando

            te largue parao…”[78]

 

“La suerte más negra me puso su sello

            y a cada momento me tira a matar…

            la vida me pega sin darme resuello

            y el alma, atorada, no acierta a escapar…”[79]

 

            “¿Por qué sus alas, tan cruel, quemó la vida?

            ¿Por qué esta mueca siniestra de la suerte?

            Quise abrigarla y más pudo la Muerte…

            ¡Cómo me duele y se ahonda mi herida…!

            ………………..

            Como perros de presa, las penas traicioneras

            Celando mi cariño galopaban detrás;

            y escondida en las aguas de su mirada buena,

            la Muerte agazapada marcaba su compás.”[80]

 

            “Madame Ivonne,

            la Cruz del Sur fue como un sino;

            Madame Ivonne,

            fue como el sino de tu suerte…”[81]

 

            En otros casos, se pone de manifiesto un fatalismo aún más determinante:

            “La vida es un mazo marcado

            baraja los naipes, la mano de Dios.

            Las malas que emboscan la dicha

            se dieron en juego tras cada ilusión

            Y así fue robándome fichas

            la carta negada de tu corazón”[82]

 

            “Llegué y casi estoy, a punto de partir…

            Sintiendo que me voy, y no me quiero ir.

            Doblé la esquina de mi misma, para comprender,

            que nadie escapa al fatalismo de su propio ser.

            Y estoy pisando las baldosas

            floreciéndome las rosas por volver…!”[83]

 

            “Si crucé por los caminos

            como un paria que el Destino

            se empeñó en deshacer…”[84]

           

            Estos primeros tres fragmentos son claros. La vida en algún momento se nos va a dar vuelta. Ese es el “Destino” del hombre.  Otros ejemplos vuelven sobre el mismo tema:

            (el dolor que nos azota ineludiblemente, como los vendavales)

            “Viejo barrio de mi ensueño

            de ranchitos iguales;

            como a vos los vendavales,

            a mí me azotó el dolor…”[85]

            (que nos acecha…)

“¿Qué duendes lograron

            lo que ya no existe?

            ¿Qué mano huesuda

            fue hilando mis males?

            ¿Y qué pena tan triste

            me ha hecho tan triste,

            triste como el eco

            de las catedrales?”[86]

 

            (la imposibilidad de oponerse al “destino”)

            “Adiós muchachos, ya me voy y me resigno;

            contra el Destino nadie la talla..

            Se terminaron para mí todas las farras,

            mi cuerpo enfermo no resiste más.”[87]

 

            (el concepto de la vida que reparte la buena y la mala suerte)

            “La vida rueda, también rodaste vos;

            yo soy el mismo que ayer era tu amor…”[88]

 

            (esta bellísima comparación de la vida como un río, pero que nos arrastra en su corriente)

            “La vida es este río que me arrastra en su corriente,

            blando y yaciente,

            lívida imagen…

            De vuelta ya todos los nostálgicos paisajes,

            muerta la fe,

            marchita la ilusión…

            Me queda en este río de las sombras sin riberas

            una postrera

            dulce palabra…”[89]

 

            (el destino como excusa de los actos libres).

            “Si soy así,

            ¿qué voy a hacer?

            Es el destino que me arrastra a serte infiel.”[90]

 

            (un destino que nos torna ridículos ante los demás, es la imagen externa de la propia derrota de los sueños ante la realidad):

“Y hoy, que deshechos mis sueños bellos,

            mi pie las calles sin rumbo pisa,

            cuando les digo que he sido un príncipe,

            los desalmados lo echan a risa…

            Cuando les digo que fue la muerte

            quien de mi trono se apoderó,

            ¡cómo se ríen de mi desgracia

            y es mi desgracia su diversión…!”[91]

 

            No es raro que ese destino final que concuerda con la frustración, invite a algunos poetas a confundir el destino adverso con un sin sentido de la vida:

            “Cansao de ver la vida,

            que siempre se burla

            y hace pedazos

            mi canto y mi fe.

            La vida es tumba de ensueños

            con cruces que, abiertas,

            preguntan…¿pa’ qué?”[92]

 

            Pero otros, reconocen que “las penas” son parte de la vida y la vida misma continúa, pese a ellas y con ellas:

“Cada cual tiene sus penas

            y nosotros las tenemos”[93]

 

            En otros casos, se presenta un aliado del destino: “el tiempo”, el que tarde o temprano hace que esa “suerte” contraria se nos haga presente. El mismo que nos trae y pone los sueños delante de nuestra vida, para mostrarnos cuán lejos están o cómo se han roto:

“Fiera venganza la del tiempo

            la que nos ha hecho ver de cerca

            lo que uno amó.”[94]

 

Un tiempo que se acaba, no hay triunfos que duren toda la vida, es la consecuencia del carácter inasequible del ideal:

“Ya sé no me digás, tenés razón

            la vida es una herida absurda,

            y es todo, todo tan fugaz,

            que es una curda nada más,

            mi confesión”[95]

 

“Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,”[96]

            Otro determinismo que se repite en varias letras, es la atracción que ejercen el lujo y el dinero. Sin embargo, la elección –generalmente por las mujeres- de una vida desahogada a cambio de los valores, es fruto de la libertad. Ahondaré en esta cuestión al ocuparme de la libertad, sólo quiero ahora señalar aquello que puede confundirse con el “destino”.

            “Ayer pensó que hoy…Y hoy no es posible:

            la vida puede más que la esperanza”[97]

 

            “Si en el lujo del ambiente

            hoy te arrastra la corriente,

            mañana te quiero ver”[98]

           

            “Siendo buena, eras honrada;

            pero no te valió de nada

            que otras cayeron igual…”[99]

           

            Esa belleza que permite acceder a una vida mejor, no durará para siempre, y el final es anunciado:

“Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,

            que tu belleza un día se esfumará

            y que como las flores se marchitan

            tus locas ilusiones se morirán.

            El mishé que te mima con sus morlacos

            el día menos pensado se aburrirá,

            y entonces, como tantas flores de fango,

            irás por esas calles a mendigar.

 

            Triunfarás porque sos apenas

            embrión de carne cansada

            y porque tu carcajada

            es dulce modulación.

            ¡Cuando implacables, los años

            te inyecten sus amarguras,

            ya verás que tus locuras

            fueron pomas de jabón…!”[100] 

                        2. Libertad.

            Decíamos que la acción del “Destino” o sea predeterminación que hace inalcanzable el ideal, no compromete la “libertad” de los individuos. En el marco de la naturaleza de la existencia, que no permite la plena realización del hombre, éste elige libremente los valores que quiere vivir o la negación de los mismos. Los poetas nos brindan ambos ejemplos. Aquellos en los que se rescata la libertad como valor y como condición sine qua non en la vida, como también aquellos casos en los que la frustración es la consecuencia de la elección de “los placeres y la riqueza”.

Esta lucha en libertad, poco la expresan con mayor poesía y claridad que la señora Eladia Blázquez cuando nos dice:

Con las alas del alma[101]

Con las alas del alma desplegadas al viento

desentraño la esencia de mi propia existencia

sin desfallecimiento y me digo que puedo como

en una constante y me muero de miedo,

me muero de miedo pero sigo adelante.

[...]

Con las alas del alma desplegadas al viento

Ante cada noticia de estupor, de injusticia,

me desangro por dentro y me duele la gente,

su dolor, sus heridas porque así solamente

interpreto la vida.

 

Con las alas del alma desplegadas al viento

más allá de la historia, de las vidas

sin gloria, sin honor ni sustento

guardaré del que escribe su mejor pensamiento

quiero amar a quien vive con las alas del alma

desplegadas al viento.”

 

Todo se conjuga aquí: la lucha, la libertad, el reconocimiento del dolor de los demás que condiciona mi propia vida, y el optimismo de hacerlo todo “con las alas del alma desplegadas al viento”. Soy yo el que opto por vivir y cómo lo hago, más allá del destino, más allá de lo que la suerte misma me depare.

 

La concepción de esta gran poeta, se reafirma en el siguiente poema:

Prohibido prohibir[102]

 

No se puede prohibir, ni se puede negar

el derecho a vivir, la razón de soñar…

no se puede prohibir, el creer ni el crear,

ni la tierra excluir, ni la luna ocultar…

No se puede prohibir, ni una pizca de amor

ni se puede eludir que retoñe la flor…!

Ni del alma el vibrar, ni del pulso el latir

ni la vida en su andar…No se puede prohibir”.

[…]

Solo el hombre incapaz de entender, de sentir

ha logrado al final su grandeza prohibir,

y se niega el sabor y la simple verdad

de vivir en amor y en total libertad…!

Si tuviese el poder de poder decidir…

Dictaría una ley..Es prohibido prohibir…!

            La libertad es esencial para el hombre y lo contrario (prohibir) impide que el hombre viva su propia vida, que el hombre sea hombre.

            Pero no es Eladia Blázquez la única que nos habla de la libertad:

            “Como un acróbata demente saltaré

            sobre el abismo de tu escote, hasta sentir

            que enloquecí tu corazón de libertad.

            ¡Ya vas a ver!”[103]

 

            Decíamos que no todo ejercicio de la libertad beneficia al hombre, en muchos casos, es motivo de su caída:

            “Yo maté mis ilusiones…

            Yo amargué mi propia vida…

            Yo sentí en mi alma herida

            el dardo del dolor que el vicio me dejó…”[104]

 

            “Son macanas; no fue un guapo haragán ni prepotente,

            ni un cafishio veterano el que al vicio te largó:

            vos rodaste por tu culpa, y no fue inocentemente;

berretines de bacana que tenías en la mente

            desde el día en que un magnate de yuguiyo te afiló…”[105]

 

            O aquellos otros en que se reprocha a otro –generalmente una mujer- la elección de una vida indigna:

            “Una noche te fugaste

            del hogar que te cuidó

            y a la vieja abandonaste

            que en la vida de adoró.

            En busca de los amores,

            y para buscar placeres

            fuiste con otras mujeres

            al lugar de los dolores”.[106]

 

            “Confiada en sus promesas, una mañana

            ató toda su ropa y se fugó;

            cegada por el lujo siguió la caravana

            y el alma de suburbio así gritó”[107]

 

            Determinismo, destino y libertad son componentes indivisibles de la vida del hombre.

            Vuelvo a interrumpir. Mañana comenzaré una nueva carta en la que espero poder resumir los dos caracteres o elementos propios de la filosofía del tango que van cerrando su particular concepción de la vida: la amistad (compasión) y la ciudad.

            Te envío como siempre un gran abrazo. Tu discípulo y amigo:

             Ramón



CARTA 11

Buenos Aires, 11 de Abril de 2005 

Mi querido amigo y maestro:

 

Con renovados bríos quiero meterme de lleno en el tema de esta carta: la amistad (compasión) y la ciudad como requisitos propios de la vida del hombre.

1. Amistad y compasión.

El tango es esencialmente compasivo. Esa compasión nace de la exigencia de la alteridad como punto de partida. Yo me comprendo a través de comprender al “otro”, porque yo también soy el “otro”.

Esta comprensión del otro lleva a un compromiso y ese compromiso con el otro es la compasión. El tango no es descriptivo, no pinta un cuadro del drama del hombre y se olvida del mismo. No es –tampoco- meramente un testigo.

El poeta, que se ve impactado por la realidad del otro y la asume como propia, asume también al otro, compartiendo su padecer y haciéndolo su amigo. La tragedia del otro no es un grito sin respuesta, sino todo lo contrario. Y esa respuesta es la compasión que no significa tener lástima del otro, sino compartir su padecer, padecer con.

En muchas letras de tango parece dibujarse la figura del “Príncipe Idiota” de Dostoievski. Aquel que cuando ya no tiene más soluciones para los que ama, se entrega asumiendo la pena y la pasión del otro. Padece con el otro: compadece. Como en aquella película sobre la situación política de Indonesia (que se llamaba “El año en que vivimos en peligro”[108] en la que  actuaba Mel Gibson), pero la figura más imponente era la del  periodista contrahecho, ese Indonesio , que ante la imposibilidad de hacer algo por sus hermanos,  se suicida. Y no se suicida porque odia la vida, sino compartiendo el destino de todos aquellos cuyo destino no puede cambiar. No es suicidio por desesperación, sino por compasión.

Todo el tango es compasivo. Recoge la pena de los demás y el poeta la revive en su propio corazón.

El poeta no sólo comprende el dolor, la frustración del otro, sino que se une al otro para compartirla, porque finalmente el otro soy también yo. Si el género humano sufre el dolor de la vida que comprueba en la realidad de hoy que los sueños son inasequibles, es también mi dolor, porque yo no estoy fuera de ese grupo humano.

            ¿ Y cómo se relacionan compasión y amistad? Van invariablemente unidas. El poeta se sumerge en el alma del otro, como espera que el otro se sumerja en la propia, porque el poeta es el “otro” de aquel a quien describe. No hay manera de ser sin el otro. Y el poeta lo ha bebido de su propia realidad: sus amigos, las reuniones del café, son los lugares donde aprendió la filosofía de la vida que hoy canta:

“…En tu mezcla milagrosa

de sabiondos y suicidas,

yo aprendí filosofía, dados, timba

y la poesía cruel

de no pensar más en mí.

 

Me diste en oro un puñado de amigos

            que son los mismos que alientan mis horas:

            José, el de la quimera;

            Marcial, que aún cree y espera,

            y el flaco Abel, que se nos fue

            pero aún nos guía.”[109]

 

            O como lo dice Cacho Castaña:

“ Café la Humedad, billar y reunión

            sábado con trampas, ¡qué linda función!

            Yo solamente necesito agradecerte

            la enseñanza de tus noches

            que me alejan de la muerte…

            Café la Humedad, billar y reunión:

            dominó con trampas, ¡qué linda función!.

 

Soledad de soltería…

            Son treinta abriles ya cansados de soñar…

            Por eso vuelvo hasta la esquina del boliche

            a buscar la barra eterna de Gaona y Boyacá.

            Ya son pocos los que quedan…

            ¡Vamos muchachos, esta noche a recordar

            una por una las hazañas de otros tiempos

            y el recuerdo del boliche que llamamos La Humedad”[110]

           

            Los amigos, son más que amigos, y el término “hermano”, es sinónimo de amigo, o el de amigo sinónimo de hermano. Hermanados en un mismo destino, en una misma lucha, en el marco de una misma vida.

“ Hermano,

            yo no quiero rebajarme,

            ni pedirle, ni llorarle,

            ni decirle que no quiero más vivir…

            Desde mi triste soledad veré caer

            las rosas muertas de mi juventud.”[111]

 

            La amistad es un valor reiterado e indiscutido en la poesía del tango. El porteño hace de la amistad un verdadero culto –que entre otras cosas se cimentó por una concepción generalizada de la vida- una concepción que tiene como eje el amor (¿y qué es la amistad sino un modo de vivir el amor?) y el destino común de los hombres visto con la humildad de quienes saben de la existencia de los ideales pero también de lo inaccesible de los mismos. De ese hombre que se entiende comprendiendo las penas de los demás. Y así múltiples poesías lo cantan:

“ Tres amigos siempre fuimos

            en aquella juventud;

            era el trío más mentado

            que pudo haber caminado

            por esas calles del Sur.

 

            ¿Dónde andará Pancho Alsina?

            ¿Dónde andará Balmaceda?

            Yo los espero en la esquina

            de Suárez y Necochea.

            [...]

            Pero yo igual los recuerdo,

            mis dos amigos de ayer….

 

            Una noche, allá en Portones,

            me salvaron de la muerte;

            nunca faltan encontrones

            cuando un pobre se divierte.

            Y otra vez, allá en Barracas,

            esa deuda les pagué.

            Siempre juntos nos veían,

            Esa amistad nos tenía

            atados siempre a los tres.”[112]

 

“Viejo Tortoni, refugio fiel

            de la amistad junto al pocillo de café”[113]

 

            “Vos no hagas correr la bola

            entre la gente que palpita,

            porque estos datos pulentas

            se brindan por amistad.

            …………………..

            Los amigos se cotizan

            en las malas y en las buenas;

            a mi me dieron chaucha

            y la reparto con vos…

            Con esos cuatro manguillos

            se calmarán nuestras penas,

            y entonces sí que podemos…

            ¡ Podemos pensar que hay Dios!”[114]

 

            Hasta la amistad con la mujer querida:

            “Y mañana cuando seas descolado mueble viejo

            y no tengas esperanzas en el pobre corazón,

            si precisas una ayuda, si te hace falta un consejo,

            acordate de este amigo, que ha de jugarse el pellejo

            pa’ ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión,”[115]

 

            Y especialmente en el momento final:

            “Adiós muchachos, compañeros de mi vida,

            barra querida de aquellos tiempos;

            me toca a mí hoy emprender la retirada,

            debo alejarme de mi buena muchachada…

            Adiós muchachos, ya me voy y me resigno;

            contra el Destino nadie la talla…

            Se terminaron para mí todas las farras,

            mi cuerpo enfermo no resiste más.”[116]

 

            2. La ciudad.

                        Y junto con la amistad otro elemento aparece en el tango de un modo inusual: la ciudad.

            Buenos Aires asume el carácter de una ciudad mítica. El porteño sólo puede realizarse en su ciudad. ¿Por qué? En gran parte por lo que explicábamos con anterioridad. El poeta descubre la compasión en la amistad y la amistad la vive concretamente en la ciudad. Esa misma ciudad en la que residen sus amores más puros: sus amigos, su madre, se primera novia. La geografía de su niñez y juventud que en sus recuerdos se funde con sus amores y valores. Y de ahí la necesidad de “volver”. Es la Jerusalén del porteño. Sólo se puede ser en Buenos Aires y sólo el hombre puede hundirse en el Amor allí donde sus amores residen.

                        A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire.”[117] Nos decía Jorge Luis   Borges, interpretando así el sentir de todos los porteños.

Amistad y Ciudad son dos valores que se complementan y comparten la misma raíz como trataré de demostrar seguidamente. Ambos nacen y se basan en la concepción del Amor como valor supremo, en la consideración del “otro” como punto de partida de su propia filosofía y en la compasión.

Ese otro que me revela mi propio yo, y con el cual yo comparto su dolor y mi dolor, necesariamente se une a mí en la amistad.

Los mismos inmigrantes que llegados a Buenos Aires, co-crean el tango, encuentran en la tierra que no es la de origen, a aquella que les permite realizarse. Se une entonces el concepto de realización y tierra. No hay realización sino en esta tierra que ahora es mía, que me la apropio y que la  uno a mi destino de modo inescindible. Esta es la tierra de los sueños y de las realidades. Tango y ciudad se confunden. En la concepción judeo cristiana de nuestro pueblo, Buenos Aires es tal vez para muchos, la tierra prometida y sólo en ella se encuentra la realización. No hay posibilidad de realizarse fuera de ella. Buenos Aires...mezcla de Camelot, Olimpo y Jerusalén...

Otra explicación es que los afectos se viven en determinados lugares y esos lugares se apropian de nuestros afectos, como de algún modo señalaba alguna vez Antoine de Saint Exupery. Una esquina no es una esquina, sino el lugar en el que yo me reunía con mis amigos. Una cuadra no es sólo una calle, sino aquella en la que estaba la casa de la primera novia. Aquel café fue y es aún el lugar de reunión de aquella barra que filosofa, habla de fútbol, bebe y comparte la alegría y la pena de vivir. Buenos Aires es la ciudad que conserva los afectos más esenciales. Aquellos que ningún otro afecto conseguido a posteriori en la vida puede reemplazar

Jorge Luis Borges, en un bellísmo poema titulado justamente “Buenos Aires” recorre un camino similar al del escritor Francés. La ciudad es geografía del afecto[118] y de mi propia vida, que se confunden. La ciudad tiene su propia entidad, es ella y es nosotros. Es “lo que se ha perdido y lo que será, es lo ulterior y lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos”. La ciudad en Borges tiene adquiere una dimensión “mística” mayor que en Saint Exupery. Para el poeta galo los afectos nos “marcan” aquellos lugares, a los que al retornar, volveremos a recrear esos afectos. La geografía tiene sentido en tanto y en cuanto nos revive el amor. Para nuestro poeta, no es cualquier geografía: sólo es posible en Buenos Aires:

 “¿Qué será Buenos Aires?

Es la Plaza de Mayo a la que volvieron, después de haber guerreado en el continente, hombres cansados y felices.

Es el dédalo creciente de luces que divisamos desde el avión y  bajo el cual están la azotea, la vereda, el último patio, las cosas quietas,

Es el paredón de la Recoleta contra el cual murió ejecutado, uno de mis mayores [...]

Es el día en que dejamos una mujer y el día en que una mujer nos dejó  [...]

Es la habitación de la Biblioteca, en la que descubrimos, hacia 1957, la lengua de los ásperos sajones, la lengua del coraje y de la tristeza  [...]

Es, en la deshabitada noche, cierta esquina del Once en la que Macedonio Fernández, que ha muerto, sigue explicándome que la muerte es una falacia.

No quiero proseguir, estas cosas son demasiado individuales, son demasiado lo que son, para ser también Buenos Aires.

Buenos Aires es la otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto de las manzanas, los patios últimos, es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es la persona a quien la desagradan mis versos (a mi me desagradan también), es la modesta librería en que acaso entramos y que hemos olvidado, es esa racha de milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se ha perdido y lo que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni el mío, lo que ignoramos y queremos.”[119]

 

            En este sentido, Borges coincide con la mayoría de los poetas porteños. No es sólo la geografía la que hace renacer, recordar o reinventa los afectos. Buenos Aires es ese lugar mítico en el que sólo se pueden vivir los afectos, el amor y los sueños, soñados o perdidos.

Eladia Blázquez nos lo dice de este modo:

“Sé que cada día te reinvento en mí

Sé que en otra parte yo no sé vivir!

Pero acaso vos no sepas bien

que como yo no existe quien…

Te quiera así!

Buenos Aires…!

Es inútil respirar otro aire,

Soy siempre de tu gracia

Buenos Aires,

            del desaire que hay en vos…

            Tantas veces,

            Me ha dolido algún lugar que se parece

            y he deseado tantas otras,

            muchas veces,

            no existe tal dolor.

            [...]

            Buenos Aires!

            Mi ternura es una oleada que te abraza

            que se nutre de tu pan con gusto a casa

            y se muere de amor, por vos…![120]

 

            Y lo reafirma la misma poeta en otra gran poesía, que también nos hace poner atención sobre el “constante volver”.

            “Esta ciudad está embrujada, sin saber

            por el hechizo cautivamente de volver,

            no sé si para bien, no sé si para mal,

            volver tiene la magia de un ritual.

            Yo soy de aquí, de otro lugar no puedo ser…”

            Me reconozco en la costumbre de volver!

            A reencontrarme en mí, a valorar después,

            las cosas que perdí…! La vida que se fue!

            […]

            Siempre se vuelve a Buenos Aires a buscar

            esa manera melancólica de amar…

            Lo sabe sólo aquel que tuvo que vivir

            enfermo de nostalgia…Casi a punto de morir…![121]

 

            Otros poetas lo hacen de otro modo, sin menoscabo alguno:

 

            “Buenos Aires, la Reina del Plata;

            Buenos Aires, mi tierra querida…

            Escuchá mi canción,

            que con ella va mi vida…

            En mis horas de fiebre y orgía,

            harto ya de placer y locura,

            en ti pienso, patria mía,

            para calmar mi amargura.

            [...]

            Y al compás rezongón de los fueyes,

            un bacán a su mina la embrolla;

            y el llorar del violín

            va pintando el alma criolla..

            Buenos Aires, cual a una querida,

            si estás lejos, mejor hay que amarte

            y decir toda la vida:

            - Antes morir que olvidarte…[122]

 

            “Mi Buenos Aires,

            tierra querida,

            donde mi vida

            terminaré.

            Bajo tu amparo

            no hay desengaños,

            vuelan los años,

            se olvida el dolor…

            En caravana

            los recuerdos pasan

            con una estela

            dulce de emoción.

            Quiero que sepas

            que al evocarte

            se van las penas

            del corazón”[123]

 

            ¡Arrabal amargo, metido en mi vida

            como la condena de una maldición…!

            Tus sombras torturan mis horas de sueño,

            tu noche se encierra en mi corazón…”[124]

 

            “Esquina porteña, este milonguero

            te ofrece su afecto más hondo y cordial.

            Cuando con la vida esté cero a cero,

            te prometo el verso más rante y canero

            para hacer el tango que te haga inmortal”[125]

 

            “Calle

            como valle

            de monedas para el pan.

            Río

            sin desvío

            donde sufre la ciudad.

            ¡Qué triste palidez tienen tus luces;

            tus letreros sueñan cruces;

            tus afiches, carcajadas de cartón…!

            Risa

            que precisa

            la confianza del alcohol.

            Llantos

            hechos cantos

            pa’vendernos tu amor.

            Mercado de las tristes alegrías,

            cambalache de caricias

            donde cuelga la ilusión…”[126]

 

            “Barrio reo, campo abierto

            de mis primeras andanzas;

            en mi libro de esperanzas

            sos la página mejor…

            Fuiste cuna y serás tumba

            de mis líricas tristezas;

            vos le diste a tu cantor

            el alma de un zorzal

            que se murió de amor”[127]

 

            Creo que son suficientes ejemplos. Podría seguir transcribiendo poemas sobre Buenos Aires durante toda la noche, cada uno de ellos con su belleza y profundidad propias. Cuesta sólo elegir algunos y dejar guardados otros que merecen leerse y releerse. Pero debo poner un límite a los fines del trabajo emprendido.

Bueno, mi estimado amigo, interrumpo nuevamente la escritura y me preparo para mi siguiente carta en la que cerraré el capítulo filosófico para luego introducirme estrictamente en el jurídico.

Como siempre te envío un gran abrazo. Tu amigo y discípulo:

 

Ramón


CARTA 12

Buenos Aires, 17 de Abril de 2005

Mi querido amigo y maestro:

 

            Como te prometía, quiero ir cerrando las cuestiones relacionadas con lo que he llamado (con un poco de soberbia de mi parte) la filosofía del tango. No soy filósofo. O dicho de otro modo, no soy más filósofo que los demás porteños.

            Pero creo que en el conjunto de valores, creencias, ideales que recogieron nuestros poetas del tango, subyace una filosofía a la que no podía dejar de hacer referencia.

            Un autor jurídico decía “Toda concepción del Derecho responde a una toma de posición filosófica, antropológica y teológica” Yo diría, animándome a completar la idea del jurista, que las concepciones filosóficas, antropológicas y teológicas de un pueblo determinan su Derecho.

            Y no puede ser de otra manera, ya que cuando el Derecho colisiona con estas concepciones se produce un conflicto entre el pueblo que vive sus ideas –principalmente filosóficas y teológicas- y aquellos que detentan el poder de imponer un determinado derecho positivo. Es el caso de Gilgamesh, traído a colación en las primeras cartas.

            El tango representa de un modo u otro, la filosofía y la teología de un pueblo. Los poetas no han hecho más que reflejar lo que ese pueblo les decía, al mismo tiempo que la expresión de los poetas retroalimentaba las creencias de ese pueblo.

            Aún para cerrar este primer análisis, me falta referirme con más precisión a un tema que he abordado tangencialmente en mis cartas anteriores: la concepción de Dios.

            Al considerar a Dios, el tango tiene también una concepción que supera ampliamente al existencialismo tradicional. Cuando leemos “El sentimiento trágico de la vida” de don Miguel de Unamuno, nos conmovemos cómo el filósofo español lucha por demostrar la existencia de Dios y de la eternidad, sin la razón ya que reconoce que la razón es incapaz de llegar a tal demostración.

            Coincido totalmente con el poeta. Más allá de la formación escolástica de mi juventud, que sigo amando por lo concreto de su filosofía, lo cierto es que la razón se encuentra imposibilitada de demostrar la existencia de Dios. Siempre llegamos a un último punto que es un concepto basado en la fe en la existencia de Dios, o en la fe de su inexistencia.

            El tango no cae en el error de plantearse un problema insoluble. Se aleja del pensamiento griego, para poner sus raíces en lo más rico del cristianismo: el pensamiento hebreo. Para el pueblo hebreo (y judeo cristiano) Dios no es una entelequia, es una Persona real que finalmente “planta su tienda” entre su pueblo. Dios es real y concreto. La Biblia es testimonio de la constante presencia de Dios entre nosotros. No puedo dejar de recordar esa excelente escena de la película de Woody Allen que aquí se llamó “Crímenes y Pecados” y de la que no recuerdo su denominación en inglés. En esa escena grandiosa, hay una familia judía alrededor de una mesa. El padre ya mayor y sus hijos e hijas, adultos. En un momento una de sus hijas, que creo era estudiante de sociología o algo así, pero la cual se adivinaba claramente muy adaptada a su nueva sociedad y con un pensamiento progresista, le dice a su padre: “Pero tú que prefieres a Dios o a la Verdad”. Y el padre contesta parsimonioso: “A Dios”. No se entra en un planteo intelectual si Dios es o no la verdad. Lo que al hombre le queda claro, es que Dios está y hay que estar con él.

En el tango sucede algo similar. Hay distintas menciones a Dios y confluyen en una rara armonía. La mayoría demuestra –de algún modo- que se cree en El. Alguna otra letra refleja un confeso ateísmo. Pero ese es el hombre. El que cree y el que no cree.

El tango se posiciona frente a Dios con la humildad del hombre que no sabe pero que cree. Se para frente al Dios real que convive con nosotros, sin preguntarse lo que no puede responderse. Reitero, es así mucho más inteligente que el existencialismo más clásico. Y acepta también al que no cree. El tango recibe en su seno al hombre, crea o no crea, sin pedir explicaciones. Son por otra parte, los poetas de un pueblo creyente. Los inmigrantes junto con sus atados de ropa, trajeron a Dios consigo, vivido de distintas maneras, según su pueblo de origen. Pero un Dios de los humildes, presente principalmente en una relación personal y no en una demostración racional.

Así lo muestran muchos poemas.

Me interesa sí hacer una distinción temporal. Si bien Dios está presente en todas las épocas del tango, de modo constante, es diferente la concepción que se percibe en cada poeta.

            1. La primera etapa

Podría decirse que cada poeta responde de modo muy especial a su época. Nos encontramos con un primer período en el que las referencias a Dios y otros aspectos religiosos es menos elaborada. Es la religión más simple y menos “educada” de aquellos primeros inmigrantes europeos, que se mezclan con un pueblo de una rica fe popular. Una visión de Dios bastante alejado del hombre. Un Ser Supremo en un pedestal, que reparte bienes y desgracias. Que a veces oye e interviene, pero con el que no hay una confianza absoluta. Un Ser al que se le dirige la palabra con temor y no se entienden sus designios, al que también se le imputan muchos actos y males con los que no tiene nada que ver.

Las etapas no pueden distinguirse con precisión matemática. Es más, como sucede con las diferentes culturas o grados de evolución del ser humano, muchas etapas conviven con la otra. Lo cierto es que este pensamiento religioso más primitivo, atado a un Dios menos comprensible y accesible, es típico de la primera etapa del tango.

También encontramos la devoción concreta, muy arraigada en nuestro pueblo, en la que Dios mismo, la Virgen o un Santo, representan el único recurso o sostén de aquel o aquella que se encuentra luchando sólo contra  la adversidad material o el desengaño moral y sentimental.

Otras veces se lo confunde a Dios con el destino.  Un modo positivo de verlo sería que no hay destino sino un plan divino. Pero no es ese el sentido. La idea es que Dios actúa como el destino, sin una razón, sin un plan y hasta con la sospecha de cierta arbitrariedad:

“La vida es un mazo marcado,

baraja los naipes la mano de Dios.

Las malas que embosca la dicha

se dieron en juego tras cada ilusión”[128]

 

A Dios se le reprocha no venir en nuestro auxilio cuando las penas nos embargan, como en el tango “Padre nuestro”: Se reconoce al Ser supremo, pero no se encuentra su ayuda.

“¡Padre nuestro, que estás en los cielos

que todo lo sabes, que todo lo ves...!

¿Por qué me abandonas en esta agonía?

¿ Por qué no te acuerdas de hacerlo volver?

Se me fue una mañana temprano;

Me dijo «Hasta luego», y un beso me dio...

Mas vino la noche, pasaron los días,

los meses pasaron y nunca volvió.

 

¡Padre nuestro...!

¡Que amargura sentí ayer,

cuando tuve la noticia

que tenía otra mujer...!

¡Padre nuestro...!

¡Si un pecado es el amor,

para qué me has encendido,

para qué me has encendido

de este modo el corazón...!

 

Pero yo le perdono su falta;

Ni un solo reproche si vuelve le haré...

Lo mismo lo quiero, con todas mis fuerzas,

Con toda mi alma, yo soy toda de él...

¡Padre nuestro, que estás en los cielos,

que todo lo puedes, que todo lo ves...!

¿Por qué me abandonas en esta agonía?

¿Por qué no te acuerdas de hacerlo volver?”[129]

 

Y otros tangos vuelven sobre el mismo tema:

 

“Aunque mama, pobre mama

prenda velas a la Virgen

yo sé bien que estoy en cama,

que ya no hay que hacer...”[130]

 

“La madre, conmovida, brindándole un consuelo

besó su frente mustia y llena de ansiedad;

en nombre de la enferma rogole al Rey del Cielo

por la vuelta del novio y su felicidad...

Fue inútil su plegaria...Por el dolor vencida,

en brazos de la Muerte la rubia se durmió;

y mientras, el malvado que deshojó su vida

aquella misma noche con otra se casó.”[131]

 

O el ruego del hijo que vuelve a los amores más puros de su juventud:

 

“A Dios le ruego que no me haga llegar tarde,

que la fe de mi viejita es posible que me aguarde

y ante la puerta del hogar abandonado

pondré una cruz sobre las ruinas del pasado...

Iluso y torpe, yo hice trizas las quimeras

de mi humilde noviecita; por aquella aventurera

iba tan ciego y orgulloso como terco,

que por una flor de cerco

por el mundo me arrastré.”[132]

 

Hay imágenes que conmueven, como la que nos pinta Battistela en su tango “Al pie de la Santa Cruz” del año 1933.  La madre que pide por el hijo condenado, el padre que le pregunta a Dios el por qué del dolor:

“Mientras tanto,

al pie de la santa Cruz

una anciana desolada

llorando implora a Jesús:

- ¡ Por tus llagas que son santas,

por mi pena y mi dolor,

ten piedad de nuestro hijo,

protégelo, Señor...!

Y el anciano

que no sabe ya rezar,

con acento tembloroso

también protesta a la par:

- ¿Qué mal te hicimos nosotros

pa’ darnos tanto dolor...?

Y a su vez, dice la anciana:

- ¡Protégelo, Señor...!”[133]

 

También, como el joven Werther, el sufrimiento intolerable hace que algún personaje quiera volver con Dios. Sin embargo en el tango se le pide a Dios que se lo lleve a uno. En ningún caso se justifica el suicidio para llegar a Dios:

“Tan grande es la pena

que la hace sufrir,

que en vez de cantar,

que en vez de reír,

le pide al Supremo

la deje morir”.[134]

 

Otros, en cambio, en los peores momentos, reafirman su negación de Dios, pero utilizando al mismo Dios para manifestar su rebelión.

“Yo quiero morir conmigo,

sin confesión y sin Dios,

Crucificao en mis penas,

Como abrazao a un rencor...

Nada le debo a la vida,

nada le debo al amor;

aquella me dio amarguras

y el amor, una traición.

 

Yo no quiero la comedia de las «lágrimas sinceras»,

ni palabras de consuelo, ni ando en busca de un perdón;

no pretendo sacramentos, ni palabras funebreras:

me le entrego mansamente, como me entregué al botón.

Sólo a usted, madre querida, si viviese le daría

el consuelo de encenderle cuatro velas a mi adiós,

de volcar todo su pecho sobre mi hereje agonía,

de llorar sobre mis manos y pedirme el corazón...”.[135]

 

En el clásico tango “Adiós, muchachos” la imagen de Dios que aparece no es tal vez la más benévola. El hombre se somete a los designios de Dios, que no se nos muestra amigable:

“¿Se acuerdan que era hermosa,

más bella que una diosa,

y que ebrio yo de amor

le di mi corazón?

¡Más el Señor, celoso

de sus encantos,

hundiéndome en el llanto

se la llevó.

.....

Es Dios el juez supremo,

no hay quien se le resista;

ya estoy acostumbrado

su Ley a respetar,

pues mi vida se deshizo

con sus mandatos,

llevándose a mi madre

y a mi novia también...

Dos lágrimas sinceras

derramo en mi partida

por la barra querida

que nunca me olvidó;

y al darle a mis amigos

mi adiós postrero,

les doy con toda mi alma

mi bendición.”[136]

 

En este poema, Dios es el que se lleva nuestros amores. Es la ley de la vida, la ley impuesta por Dios. La muerte es un invento suyo y lo sufrimos nosotros.

No hay rebelión hay resignación, pero sin entender tal vez, el sentido de la misma.

He resaltado el final, por la sencilla razón de que el personaje central se despide de sus amigos dándoles su “bendición”. La bendición como tal tiene un sentido religioso, es trasmitir el bien, un bien que viene más allá de uno. En este sentido, el personaje resignado, se une a esa “corriente de bien” para trasmitirla. Sigue siendo religioso en su final.

Otro tema que surge necesariamente de esa imagen de Dios que se lleva los amores del hombre, que a su vez se identifican con imágenes de pureza, como lo son la madre y su primera noviecita, es que el destino de los buenos es ese, el cielo. Muchos tangos vuelven sobre este tema, ubicando en “el cielo” a aquellos amores más puros:

“Una noche fue la Huesuda

me llenó el alma de duelo...

Mi querida viejecita

se me fue a vivir con Dios;

y en mis sueños parecía

que la pobre, desde el Cielo,

me decía que eras buena,

que confiara siempre en vos.”[137]

 

“Y una triste tarde, muy cansada ya

de esperar en vano la que no vendrá,

cerró aquellos ojos, dejó de llorar,

y al cielo la pobre se fue a descansar...

Y la santa madre, que tanto esperó

por la vuelta de aquella que nunca volvió,

en su pobre lecho, antes de morir,

a tan mala hija supo bendecir.”[138]

 

Dios es también perdón y justificación. Una justificación y un perdón que no se encuentran en la justicia terrena:

“¡Arrésteme, Sargento

y póngame cadenas!

Si soy un delincuente

que me perdone Dios”[139]

 

Saliendo de una imagen alejada y negativa, un viejo tango del año 1931, rescata una concepción de Dios más cercana al bien. La existencia del amor (en este caso el amor manifestado en la amistad) nos permite pensar en la existencia de Dios. Más allá del contexto de este tango (una fija, las carreras) es necesario resaltar los valores destacados: la amistad y un Dios que se manifiesta en la vivencia de esa amistad.

“Los amigos se cotizan

            en las malas y en las buenas;

            a mi me dieron chaucha

            y la reparto con vos…

            Con esos cuatro manguillos

            se calmarán nuestras penas,

            y entonces sí que podemos…

            ¡ Podemos pensar que hay Dios!”[140]

 

            Otros tangos de esta primera época, no se refieren directamente a Dios, sino que pintan distintos actos religiosos propios de la vida del  hombre. Un primer ejemplo puede ser el tango “Dios te salve, m’hijo” (1933) en el que un anciano se ocupa de su hijo muerto en un duelo criollo:

“Un viejito, lentamente, se quitó el sombrero negro,

estiró las piernas tibias del paisano que cayó,

lo besó con toda su alma, puso un Cristo entre sus dedos

y, goteando lagrimones, entre dientes murmuró:”[141]

 

Es interesante la imagen que nos describe Enrique Santos Discépolo -de quien me ocuparé con más detalle al describir la segunda etapa- en el tango “Malevaje”. Expresamente separé este poema del año 1929 de otros de este autor, por la razón de que con el mismo nos brinda un dato muy propio de la primera época: la Misa, la Iglesia, son cosas para mujeres. Es una señal de debilidad (y de máxima debilidad) que el hombre asista a la Iglesia.

“Te vi pasar, tangueando altanera,

con un compás tan hondo y sensual

que no fue más que verte y perder

la fe, el coraje y el ansia ‘e guapear...

No me has dejado ni el pucho en la oreja

de aquel pasao malevo y feroz.

Ya no me falta pa’ completar,

más que ir a misa e hincarme a rezar...” [142]

 

En otras ocasiones puede ser tan sólo una pintura costumbrista, en el que el quehacer religioso es el marco, pero no un marco indiferente, ya que el personaje no prescinde totalmente de El:

“ Entonces tú tenías dieciocho primaveras;

yo veinte y el tesoro preciado de cantar.

En un colegio adusto vivías prisionera

y sólo los domingos salías a pasear.

del brazo de la abuela llegabas a la misa,

airosa y deslumbrante de gracia juvenil,

y yo te saludaba con mi mejor sonrisa

que tú correspondías con ademán gentil.

..........

No sé si es pecado decirte mis ternuras

allí frente a la imagen divina de Jesús;

lo cierto es que era el mundo sendero de venturas

y por aquel sendero tu amor era la luz....”[143]

           

No sé si habrás notado, pero cuando los poetas se refieren a Cristo o Jesús, la imagen o concepción religiosa se suaviza. No aparece tan lejana como la de Dios. Esto se irá repitiendo y lo veremos con mayor claridad en la última etapa del tango, y en especial en Horacio Ferrer.

2. La segunda etapa.

Una segunda generación de poetas que va despuntando en los primeros años de la década del treinta y que mantiene su vigencia hasta el fin de la era de oro del tango, reitera en sus versos las referencias a Dios. Sin embargo lo hace de modo bien diferente.  No sé con certeza la razón: si las influencias del medio ambiente o la natural evolución de una nueva cultura. Lo cierto es que ese Dios presente en sus letras, ve frente a sí a un hombre más maduro y hasta –en muchos casos- que cuestiona con dureza la misma creación que atribuye a Dios.

            No puedo dejar de recordar en estos momentos esa “postura” tan “italiana” frente a Dios. Aquella literaria de uno de los libros de “Don Camilo” en la que un campesino con el hijo muy enfermo va a la Iglesia del pueblo y la rodea de dinamita, amenazando a Dios que si no cura a su hijo, hace volar la Iglesia. O aquella historia real de la juventud del padre Pío, en la que una madre deja a su hijo muy enfermo a los pies de una estatua de la Virgen María, diciéndole que ella ya no puede hacer más nada, que le deja a su hijo, que se lo lleve o que lo cure, pero que haga algo. Esas irreverencias que muestran tanta fe…

            El hombre ya no ve a Dios tan lejano. Por el contrario lo ve frente a sí y al hacerlo, no puede dejar de preguntarle el porqué de tanto dolor y de tanta injusticia.  Aún falta dar el paso que sí darán algunos de los poetas actuales: la comprensión de que Dios no es la causa del egoísmo de los hombres; que son éstos los que en el ejercicio de su libertad hunden la existencia de sus semejantes y la propia. Aún les falta comprender que Dios es parte de la solución y no la causa del problema.

Discépolo es uno de los exponentes más representativos de esta época. Y si recurro especialmente a su ejemplo, es porque este poeta tan especial y reconocido por su pueblo, a la vez que profundo creyente no calla sus recriminaciones al Creador.

¿Cómo era en verdad Discepolín? Difícil conocer lo que anidaba en el fondo de su alma de poeta eternamente compadecido de sus hermanos. Sin embargo, conocemos gracias a testigos algo que nos permite vislumbrar en parte su personalidad.

Así se refiere al gran poeta, su compañera Tania en una entrevista  que le concediera a Norma Dumas, que fuera publicada en el Diario “El Mundo” el 7 de Enero de 1965 y que – por suerte- recogiera José Barcia, en su libro “Discepolín”[144]:

P: ” - ¿Qué otra cosa no puede comprender acerca de él?”

R: “Su religión. Era católico, pero nunca supe si era espiritista, masón o cualquier otra cosa. Decía que hay que dar, siempre dar. De repente se santiguaba ante un santo, como decía en un funeral: «Qué ballet bien organizado»”

Tania tal vez no comprendía a su compañero, pero Discépolo sí había comprendido la esencia del mensaje cristiano: “Dar, siempre dar”.

Lo que su compañera interpreta como contradicciones –el santiguarse frente a cada santo y el rechazo de un ritual tal vez exagerado en un funeral-  es posible que no sean más que los distintos modos en que el poeta veía a Dios, desde la desesperación, la incomprensión de la vida, su necesidad personal y hasta desde el humor.

Los siguientes fragmentos nos ilustran con más detalle:

“¿Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos?

¡Si aquí ni Dios rescata lo perdido!

¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor...!

...............

El verdadero amor se ahogó en la sopa;

la Panza es Reina y el Dinero es Dios.

...............

¡Pasás de otario, morfás aire y no tenés colchón!

¡Qué vachaché, si hoy ya murió el criterio;

vale Jesús lo mismo que el Ladrón...”[145]

 

Este fragmento que pertenece al Discépolo más joven (1926)  en su tango “Qué vachaché”, bajo el ropaje engañoso del humor, podemos extraer parte de su concepción sobre Dios. Es un Dios que se empieza a revelar –a los ojos de nuestro poeta- como hasta limitado en sus posibilidades de arreglar lo que hace el hombre. Aún lo ve con cierto humor, pero el dolor va por dentro en el anuncio de que Dios está siendo reemplazado por el dinero y en nuestro mundo de progreso se confunden los valores y “vale Jesús lo mismo que el Ladrón”

Este son ideas que se irán repitiendo en Discépolo: el mal creado por el hombre (como en su tango Tormenta), la alteración de los valores (Cambalache) y la impotencia de un Dios de amor para cambiar todo eso.

En 1930, también con humor, en su tango “Victoria” en la que logra sacarse de encima a una “espantosa” mujer, entiendo que la frase final no es gratuita. Un ¡Gracias a Dios! que  de algún modo valida la justicia del hecho de haberse sacado de encima a “esa mujer”. Acá no hay abandono, ni traición, hay humor y un acto que entiende justo, desde su punto de vista.

“Me saltaron los tapones

cuando tuve esta mañana

la alegría de no verla más;

y es que, al ver que no la tengo,

corro, salto, voy y vengo

desatentao, ¡Gracias a Dios!”[146]

 

En 1931, en su tango “Que sapa Señor” vuelve también sobre el tema con humor: Le vuelve a preguntar a Dios qué pasa con este mundo. Nuevamente la confusión de valores y un Dios al que se le piden respuestas y que por lo visto, aún no da.

 “Que sapa, Señor, que todo es demencia?

Los chicos ya nacen por correspondencia

Y asoman del sobre sabiendo afanar...

.......

Hoy todo, Dios, se queja;

y es que el hombre anda sin cueva

Voltió la casa vieja

antes de construir la nueva...

....

¿Qué sapa, Señor, que ya no hay Borbones?”[147]

 

En 1935, las cosas ya comienzan a ser diferentes. Compone este año su inmortal tango “Cambalache” en el que el que vuelca en versos claros y precisos  -perfectamente comprensibles para su pueblo- su dolor y desesperación ante un mundo que desconoce los valores fundamentales del hombre. El poeta, por primera vez, plantea con desgarrador escepticismo, una cuestión que ya no lo abandonará:  porqué el mundo premia a los malos y castiga a los buenos.

“Siglo veinte, cambalache

problemático y febril…

El que no llora no mama

y el que no afana es un gil.

¡Dale nomás…!

¡Dale que va…!

¡Que allá en el Horno

nos vamos a encontrar…!

No pienses más; sentate a un lao

que a nadie importa si naciste honrao…”

 

Lo que lo indigna es justamente eso, el estar obligado a renunciar a su honradez. Una honradez que él entiende como un valor importante. Un valor que le cuesta vivir y al que no puede renunciar.

Y en ese mundo enloquecedor, ve también que el hombre destroza la palabra de Dios y a Dios mismo. La imagen de la Biblia atravesada en el baño por un clavo (un sable sin remache) junto al calefón, nos da la clara idea de lo que el hombre de hoy –a juicio del poeta- hace con la Palabra de Aquel que dio su vida por amor.

Si nos quedan dudas respecto a esta interpretación, sólo hay que leer el tango “Tormenta” compuesto por Discepolín en 1939:

 

                        Tormenta

            “¡Aullando entre relámpagos

            perdido en la tormenta

            de mi noche interminable, Dios!

            busco tu nombre…

 

            No quiero que tu rayo

            me enceguezca entre el horror

            porque preciso luz para seguir…!

            Lo que aprendí de tu mano

            no sirve para vivir?

            Yo siento que mi fe se tambalea

            que la gente mala vive Dios!

            mejor que yo!

            Si la vida es el infierno

            y el honrao vive entre lágrimas!

            ¿Cuál es el bien?

            Del que lucha en nombre tuyo

            limpio, puro…¿ Para qué?

            Si hoy la infamia da el sendero

            y el Amor mata en tu nombre

            Dios, lo que has besao….

             el seguirte es dar ventaja

            y el amarte sucumbir al mal?

            No quiero abandonarte yo

            demuestra una vez sola

            que el traidor no vive impune, Dios

            para besarte…

            Enséñame una flor

            que haya nacido

            del esfuerzo de seguirte, Dios

            para no odiar:

            Al mundo que me desprecia

            porque no aprendo a robar…

            y entonces de rodillas

            hecho sangre en los guijarros

            moriré con vos,

            Feliz, señor!”[148]

 

La lectura de este poema justifica omitir cualquier comentario. Su belleza y profundidad resumen la tragedia propia del poeta. Un poeta enfermo de amor, compasión y honestidad en un mundo donde el deshonor, la traición y el egoísmo son salud.

Otros poemas suyos nos remiten a Dios. Por ejemplo en Uno, Dios vuelve a traer la esperanza, cuando él ya considera que es muy tarde. Dios es amigo, pero se equivoca.

“Pero Dios te trajo a mi destino

sin pensar que ya es muy tarde

y no sabré cómo quererte.”[149]

 

En  “Una canción desesperada” también le reprocha a Dios su ausencia en los momentos en que debió cuidar el amor que él vivía.

“¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?

¿Dónde estaba el sol, que no te vio?

¿Como una mujer no entiende nunca

que un hombre se da todo dando su amor?

¿Quién le hace creer otros destinos?

¿ Quién deshace así tanta ilusión?

¡ Soy una canción desesperada

que grita su dolor y tu traición!”[150]

 

En “Sin palabras” , el mensaje no es claro, al menos para quien escribe éstas líneas. La verdad es que no castigan ni Dios ni Discepolín. El dolor que sentirá la destinataria nace de una canción que fue creada para vivir el amor, y luego ante la traición, se transforma en dolor (castigo) de quién al escucharla sienta el remordimiento de lo que no fue. Y si se menciona a Dios, es porque en última instancia, es El quien pone los valores dentro del alma que provocan los remordimientos ante la frustración del amor. Es una interpretación libre, tal vez válida.[151]

 “ Nació de ti

buscando una canción que nos uniera

y hoy sé que es cruel,

brutal, quizás, el castigo que te doy…

Sin palabras esta música va a herirte

donde quiera que la escuche tu traición;

la noche más absurda, el día más triste,

cuando estés riendo o cuando llore tu ilusión.

 

Perdóname si es Dios

quien quiso castigarte al fin,

si hay llantos

que pueden perseguir así,

si estas notas que nacieron de tu amor

al final son un silicio

que abre heridas de una historia...”[152]

 

. En 1942, que abre heridas de una historia

 

Pero Discépolo no fue el único poeta que se refirió a Dios, si bien posiblemente es el que lo hizo con más riqueza. Homero Expósito concluía su poema “Tristeza de la calle Corrientes”, en el que es Cristo el modelo elegido para representar la traición de los hombres a su ciudad.

“Triste, sí

por ser nuestra...

Triste, sí

porque sueñas...

Tu alegría es tristeza

y el dolor de la espera

te atraviesa;

y con pálida luz

vivís llorando tus tristezas...

Triste, sí

Porque sueñas...

Triste sí,

por tu cruz...

.......

Río sin desvío

donde sufre la ciudad.

¡Los hombres te vendieron, como a Cristo,

y el puñal del Obelisco

te desangra sin cesar!”[153]

 

En 1942 José María Contursi, en un tono más intimista, pone a Cristo de testigo de la promesa de aquella mujer llamada “Gricel”, promesa que se rompe por su olvido. Pero un olvido que hace justicia al comportamiento reprochable del personaje principal.

El poeta nos dice: “Se cumplió la Ley de Dios”. Es esta ley la concreción de la justicia. Pienso que sí. Aquí Dios ya no castiga como en las primeras épocas del tango, sino que convalida la justicia de no premiar a quien obró mal.

“-No te olvides de mí,

de tú Gricel,

me dijiste al besar

el Cristo aquél;

y hoy que vivo enloquecido

porque no te olvidé,

ni te acuerdas de mí

Gricel...Gricel.

 

Me faltó después tu voz

y el calor de tu mirar

y como un loco te busqué,

pero ya nunca te encontré

y en otros besos me aturdí.

Mi vida toda fue un engaño...

¿Qué será Gricel, de mí...?

Se cumplió la Ley de Dios

porque sus culpas ya pagó

quien te hizo tanto daño.”[154]

 

El mismo Poeta, en 1944, vuelve a hablarnos de Dios, esta vez poniendo en El la esperanza de volver a vivir el amor después de la muerte.

“Y ahora sólo sé

que todo se perdió

la tarde de mi ausencia.

Ya nunca volveré;

lo sé bien, nunca más...

¡Tal vez me esperarás

junto a Dios, más allá...!”[155]

 

Finalmente, no sólo es la mención directa a Dios, sino las imágenes pobladas de aquellas referencias esencialmente religiosas. Un ejemplo es el tango “Nada” (1944) y que dice así:

“¡Nada, nada queda en tu casa natal!

Sólo telarañas que teje el yuyal...

El rosal que tampoco existe

y es seguro que se ha muerto al irte tú...

¡Todo es una cruz..!

¡Nada más que tristeza y quietud!

Nadie que me digas si vives aún...

¿Dónde estás, para decirte que hoy he vuelto

a buscar tu amor...?

 

Ya me alejo de tu casa

y me voy yo ni sé donde...

Sin querer te digo adiós,

y hasta el eco de tu voz

de la nada me responde...

 

En la cruz de tu candado

por tu pena yo he rezado,

y ha rodado en tu portón

una lágrima hecha flor

de mi pobre corazón.”[156]

 

            3. La tercera etapa.

                        En los comienzos de los sesenta, los poetas siguen invocando a Dios. Algunos lo hacen manteniendo las creencias de la etapa anterior. Un ejemplo de ello es el tango de Nicolás Cócaro “Un silbido en la noche” de 1966.

“Con un silbido doliente en el bolsillo

            deambulando te busco por mis sueños;

            desarraigado y solo no comprendo,

            ni a la vida, ni a la muerte estremecida.

            Yo desafío a Dios desde mi nada,

            que me conteste qué hizo de mi vida.

            El me cubrió de bruma tan oscura

            que dejó con mi amargura,

            un sueño sin olvido

            y un silbido en el bolsillo.”[157]

 

            Se mantiene en estos versos el cuestionamiento al Creador. Una muy dura recriminación existencial, en la que el poeta afirma su nada, al mismo tiempo que cuestiona a Dios.

            En ese mismo año (1966), también se estrena “Tango para un soldado”, con letra de Conrado Nale Roxlo y música de Alfredo De Angelis. A diferencia del anterior, la imagen es consoladora. Se comienza a transitar el camino hacia la amistad con Dios.

            “ Voy buscando en mi noche, Dios mío,

            tu divino fortín estrellado,

            ten piedad de este humilde soldado

            alma en pena sin gloria y sin luz.

            La oración de mi madre me guía,

            pero es vieja y no acierta el camino

            Yo soy Juan el soldado argentino

            que murió en la frontera del Sur.”[158]

 

            Como te lo he venido preanunciando, los poetas modernos incorporan a Dios, reflejando la evolución de las creencias de su propio pueblo. 

            Luego del Concilio Vaticano II (1963) y en la misma imagen de un Papa que se caracteriza por su bondad y humildad, renace una Iglesia joven que contagia un modo renovado de vivir la Fe.

            Hacia finales de los ’60 se vivió un incremento de la participación de los jóvenes y las guitarras fueron reemplazando la solemnidad de los órganos.  Con desenfado, en los grupos de jóvenes a Cristo se lo comienza a llamar “el Flaco” y lo que es horror para algunos aún apegados a expresiones rituales pre-conciliares, transforma el modo de pensar, resaltando la cercanía de Cristo, más como un amigo que como un juez. Ya no es el Dios alejado que castiga o juega con el destino. Tampoco aquel que no interviene. Comienza a vislumbrarse no como el Juez al final del camino, sino como el Camino hacia la plenitud.

            Fueron años difíciles, en muchos casos se mezcló la política, pero cambió radicalmente el modo de ver a Dios y de relacionarse con Él.

            El tango no fue ajeno. Y si hay una obra que lo expresa con plenitud, es la de Horacio Ferrer, especialmente en su poema “La Bicicleta Blanca”, que tal vez para algunos suene irreverente, pero para otros como yo, no hace más que reflejar aquella época rica en la que los jóvenes nos volvimos a acercar a Dios.

La bicicleta blanca

            Lo viste. Seguro que vos también, alguna vez, lo viste. Te hablo de ese eterno ciclista, solo, tan solo, que repecha las calles por las noches. Usa las botamangas del pantalón bien metidas en las medias y una boina calzada hasta las orejas: ¿te fijaste? Nadie sabe, nunca, no, de dónde cuernos viene; jamás se le conoce a dónde demonios va. De todos modos, si lo vieras pasar, mirálo con mucho amor. Puede que sea, otra vez…

 

            El flaco que tenía la bicicleta blanca,

            silbando una polquita cruzaba la ciudad,

            sus ruedas daban pena, tan chicas y cuadradas,

            que el pobre se enredaba la barba en el pedal.

           

            Llevaba de manubrio los cuernos de una cabra,

            atrás un carrito cargaba un pez y un pan,

            jadeando a lo pichicho, trepaba las barrancas,

            y él mismo se animaba, gritando al pedalear:

 

            «¡Dale, Dios!...¡ Dale Dios!,

            meté, flaquito corazón.

            Vos sabés que ganar

            no está en llegar sino en seguir.»

 

            Todos, mientras tanto, en las veredas,

            Revolcándonos de risa

            ¡lo aplaudimos a morir!

            Y él con unos ojos de novela,

            Saludaba, agradecía,

            Y sabía repetir:

 

            «¡Dale, Dios!...¡ Dale Dios!,

            ¡Dale con todo, dale Dios!»

 

            Pero cierta noche, su horrible bicicleta con acoplado entró a sembrar una enorme cola fosforescente. ¡Increíble!: los pungas devolvían las billeteras en los colectivos; los poderosos terminaban con el hambre; los ovnis nos revelaban el misterio de la paz; el intendente, en persona, rellenaba los pozos de las calles. Y hasta yo, pibe, yo que soy las penas, lloré, de alegría, bailando bajo aquella luz la polca del ciclista.

 

            Después, no sé, te juro, por qué siniestra rabia,

            no sé por qué lo hicimos, ¡ lo hicimos sin querer!

            al flaco, pobre flaco, de asalto y por la espalda,

            su bicicleta blanca le entramos a romper.

 

            Le dimos como en bolsa, sin asco, duro, en grande,

            la hicimos mil pedazos y, al fin, yo ví que él

            mordiéndose la barba gritó:  «Que Yo los salve!»,

            miró su bicicleta, sonrió, se fue de a pie.

           

            Mi viejo Flaco Nuestro que andabas en la Tierra

            ¿cómo te olvidaste que no somos ángeles

            sino hombres y mujeres?

 

            Flaco,

            no te pongas triste,

            todo no fue inútil,

            no pierdas la Fe.

            En un cometa con pedales,

            ¡dale que dale!,

            yo sé que has de volver.”[159]

 

            No es Ferrer el único poeta que se refiere a Dios. Lo hacen otros. Algunos de modo más directo. También nos encontramos con aquellos, que envuelven un pensamiento religioso sin una clara manifestación, pero siempre valioso en su contenido.

            Eladia Blázquez lo menciona, a veces directamente, a veces indirectamente. Desconozco sus creencias concretas. Pero con certeza, aparece en sus canciones:

            “Qué buena fe...!

            Que Dios me ha dao.

            y para qué?

            Me han estafao.

            Estoy más sola que un buzón en una esquina,

            más aplastada que una sardina...

            Decime ché...De qué me sirvió...?

            La buena fe que Dios me dio.”[160]

           

            “Vení...Charlemos, sentate un poco.

            La humanidad se viene encima.

            Ya no podemos, hermano loco

            buscar a Dios por las esquinas...

            Se lo llevaron, lo secuestraron

            y nadie paga su rescate!

            Vení que afuera está el turbión,

            de tanta gente sin piedad

            de tanto ser sin corazón.!”[161]

 

            Aparece un Dios castigado por los hombres. Pero a diferencia de Discepolín, esta gran poeta se caracteriza por su vital optimismo en la vida, y eso lo vemos en “El ángel dormido”:

            “ Cuando nace un niño...Como de costumbre...

            Se enciende una estrella, para que lo alumbre.

            Pone Dios la mano sobre su cabeza,

            Y es cuando la gracia de la vida empieza...!”[162]

 

            Un optimismo que se confunde con el de Ferrer:

 

            “Renaceré, renaceré, renaceré,

            y una gran voz extraterrestre me dará

            la fuerza antigua y dolorosa de la Fe,

            para volver, para creer, para luchar.”[163]

 

            Y nuevamente volviendo a nuestra mayor poetisa del tango, nos encontramos con su tango “Vamos en montón”, en el que compartiendo una base discepoleana en la que los valores se confunden y mueren, ve como una esperanza una “coalición con Cristo”. Así el Dios sobrepasado por la realidad de Discépolo, le da paso al Cristo esperanza de este tango.

“Vamos en montón…¡bien alienados!

            Todos mezclados…¡todos mezclados!

            Y en esa confusión del «amasijo»,

            al propio padre lo estafa el hijo…

            Que maligno diablo quiso y puso

            todo revuelto, todo confuso,

            hagamos una coalición con Cristo

            porque lo juro no resisto

            el vivir así.”[164]

 

            Quiero terminar transcribiéndote un último poema de Horacio Ferrer, se titula “Vamos, Nina” y como los viejos poemas del tango, nace de la compasión del poeta por un determinado personaje. En este caso se trata de Nina, a la que Ferrer mismo, recordando su estancia en Paris junto a Piazzola y Amelita Baltar, describe así: “Todas las noches acude a dicho bistrot, próximo al Sena, una viejecita octogenaria con sombrero y toda vestida de negro, que, a causa de sus inofensivas borracheras, es expulsada groseramente del lugar por los mozos”. De este personaje, nace este tango:

                        Vamos , Nina

 

            “ No te avergüences; Nina, no,

            ¿de qué vergüenza entenderá

            el mala bestia de ese bar

            que te pateó y que te escupió?

            Acariciale el piojo al perro

            que tenés, y le decís

            que entre la mugre te encontraste

            un hombro amigo en que morir.

 

            Abrí las cuencas de los ojos,

            bien abiertas y arrojá

            de un solo vómito brutal

            tu soledad y ¡vámonos!

            Mira que linda estás           

            con tu ternura en pie,

            y no estás sola, Nina, no,   

            yo estoy con vos.

 

            Nina,

            no llores, mordéte los ojos,

            cacháme las manos bien fuerte,

            si viene la muerte, mangála:

            que pague, de prepo y de a uno

            los días felices que debe.

 

            Mi Nina,

            con cabezas de paloma

            correremos hasta nunca

            por la tumba de los pájaros mendigos

            que encontramos la salida

            y saldremos de la roña

            dando saltos, transparentes,

            inmortales, ¡vamos, Nina!

 

            ¡Vamos, Nina!,

            corramos, mi vieja, corramos.

            Si el viento te enreda el harapo,

            si el frío te llaga las piernas,

            no aflojes ni pares ni vuelvas,

            ni esperes ni gimas, corré, ¡corré!

           

            No te averguences Nina, no,

            que nadie sabe bien quién es.

            Mirá si soy el dios capaz

            De hacer mil panes con un pan,

            y vos la loca que una  vez

            roció sus harapos con alcohol,

            y se incendió para no ver

            los presidentes que se van.

 

Mírame, hermana, no temblés,

            no tengas miedo de morir,

            los vivos oyen a sus muertos

            y hoy, por fin, nos van a oir.

            Mirá qué linda está

            tu dignidad en pie,

            y no estás sola, Nina, no,

            yo estoy con vos.

 

            ¡Vamos, Nina!, ¡vamos, Nina!,

            no aflojes ni pares ni vuelvas         

            ni esperes ni gimas, corré, ¡corré!.”[165]

 

            En  este último poema, los personajes hacedores de piedad y co-creadores del tango –la costurerita que dio el mal paso, la tuberculosa del verso de carriego, los eternos seguidores del último organito, la vendedora de placeres pasada en años- encuentran su dignidad y redención. Mueren y al morir, viven.

            Quiero dejar aquí esta carta. En la agradable sensación de la esperanza, que calienta el alma en este invierno que comienza.

            Un gran abrazo, tu amigo y discípulo:

 

            Ramón.



CARTA 13

Buenos Aires,  a la noche, 12 de Mayo  de 2005

Mi querido amigo y maestro:

 

No pensé al comenzar este ensayo que me iba a involucrar tanto. Escribiendo me he sorprendido yo mismo en reflexiones y confesiones que en un trabajo más técnico, jamás se me habrían escapado.

Intentando objetivar mis ideas sobre el tango me ví sumergido y revalorizando todas aquellas cosas que son importantes en mi propia vida: el amor, el otro, la amistad, mi ciudad, y especialmente Dios. También mis propios sueños, mis esperanzas y frustraciones, mi filosofía. La rebeldía compartida contra la injusticia, el deshonor, la deslealtad y la corrupción, que antes que a mí, enardeció a tantos poetas. La desazón por la historia de este mundo y mis creencias sobre un mundo mejor.

Aún me falta dar un paso más, el abordar el Derecho y la Justicia, desde las ideas y creencias que he tratado de exponer. Tal vez para algún lector, esto no sea más que un ejercicio intelectual, para mí, lejos de ello, es también una tarea existencial. Es la reflexión de quien arrastra el arado, sobre todos los surcos que en su vida ha creado.

Y lo hago –como te decía- desde la poesía y la filosofía del tango. Porque ésta es la filosofía y la poesía de una gran mayoría de mi pueblo. Y la mía también.

            Tal vez te sorprenda que esta reflexión comience tan desde adentro mío, cuando por otra parte, el tango parecería tan lejano lo que nosotros denominamos “derecho” o “derecho positivo”.

 

I.  El tango y  el Derecho Positivo.

            El Derecho positivo es una realidad reconocida por el tango. Una realidad que afecta al hombre de Buenos Aires como otros muchos fenómenos. El hombre que describen los poetas del tango, ve su vida afectada por la pobreza, la traición amorosa, especialmente por la muerte y también por consecuencias derivadas de la aplicación de la ley: la comisión de delitos y  la cárcel  propia o de sus seres queridos.

No hay prácticamente valoraciones de ese Derecho positivos o esa Justicia humana. La acepta como un acontecimiento más, sin juzgarla ni justificarla.

El hombre del tango no participa ni ha participado en la creación de ese derecho –al menos así lo interpreta- y por ello es ajeno a sus intereses y preocupaciones. Vemos aquí un pensamiento muy propio tanto de los inmigrantes como de nuestros criollos .  Los primeros, en la mayoría de los casos, han sido expulsados por la pobreza y el hambre de sus países, en los que antiquísimas tradiciones jurídicas los han excluido de la posesión de la tierra y la posibilidad de labrarse un futuro mejor. El derecho positivo, la ley impone obligaciones pero no da soluciones.

Qué decir de nuestros criollos. A ellos también la ley les ha impuesto obligaciones, pero rara vez les ha traído aparejado beneficio alguno.

La ley afecta la vida. Está. Es. Y nos es impuesta. No es fruto de nuestra creación. Está hecha por otros para afectarnos a nosotros.

Esta concepción se manifiesta claramente en la primera etapa del tango, de ese mismo tango que nace en lugares poco propicios para la virtud y la legalidad.

            En la mayoría de los casos que hay referencias a la ley o a sus consecuencias, las mismas se relacionan con el derecho penal. Es lógico que sea así, estas son las leyes que impactan directamente a la persona, afectando entre otras cosas su libertad. Veremos en muchos fragmentos la descripción de distintos delitos: el homicidio, la muerte en duelo o riña, el homicidio político, el robo o hurto, la estafa, etc.

                        Hay cinco elementos que quiero rescatar de esta concepción del Derecho positivo:

1) No hay resistencia al mismo.

2) El castigo se acepta como una consecuencia necesaria.

3) El delito no define la naturaleza de quien lo ha cometido.

4) Los delitos descriptos y penados son sólo los que alcanzan al pueblo en general.

5) Particularidades y consecuencias del delito.

 

            1) No hay resistencia ni crítica al  Derecho positivo.

            Los poetas más allá de las distintas posiciones políticas que adoptan, no propugnan el desconocimiento ni se resisten a la ley. No he encontrado letra de tango que promueva el incumplimiento de la ley.

            La ley se acepta porque está. Y es la ley, quien la infringe necesariamente debe sufrir el castigo de la misma. Las cosas son así y así deben ser.

            La totalidad de los fragmentos que he encontrado, se refieren al derecho penal. No pude hallar verso alguno refiriéndose al derecho civil, comercial o administrativo, con la salvedad –como veremos más adelante- de la pésima imagen sobre los jueces en los últimos tangos.

 

            2) El hombre acepta su castigo como consecuencia natural de la comisión del delito.

            Nadie pretende escabullir su responsabilidad y los ejemplos son muchos. En el tango “Malevaje”, Enrique Santos Discépolo nos describe el temor de un guapo a un duelo, porque sabe que el hecho lo conduce necesariamente o a su propia muerte o al castigo de la cárcel. Lejos de lo que sucede hoy en día, el que traspasa los límites de la ley, sabe que deberá pagar por ello.

                       “Ayer de miedo a matar,

                        en vez de pelear

                        me puse a correr...

                        Me vi a la sombra o finao...

                        Pensé en no verte y temblé...

                        ¡Si yo que nunca aflojé,

                        de noche angustiao

                        me encierro a llorar...!

                        ¡Decí, por Dios, qué me has dao

                        que estoy tan cambiao,

                        no sé más quien soy...”[166]

 

            Aún es más clara la imagen en un tango anterior: “ A la luz del candil” de Navarrine, que incluye estos versos que se han hecho famosos:

 

                        “¡Arrésteme, Sargento,

                        y póngame cadenas!

                        Si soy un delincuente,

                        que me perdone Dios.!”[167]

 

            Esta imagen se ve muy enriquecida por otro tango, muy triste de por sí, que se llama “Justicia Criolla”  y que en su parte pertinente dice así:

 

                        “¿Han venido a prenderme? ¡Ya estoy listo!

                        La cárcel a los hombres no hace mal.

                        ¡Aquí me tienen! Yo no me resisto.

                        Estoy vengao, ¡soy criminal!

                        Al fin pude ahogar mis hondas penas.

                        ¡Qué importa de las otras que vendrán!

                        Yo no he de lamentar mis horas buenas;

                        las malas, como vienen ya se irán.”[168]

 

Lejos está el tango de omitir la ley por considerarla innecesaria. Entiendo que el Tango no adopta una posición que podríamos calificar hoy de “garantista”. Quien delinque debe penar. Y el mismo personaje en muchos casos busca pagar su delito con el castigo. El cumplimiento de la pena redime.

 Tanto la compasión como la alteridad impiden al hombre aceptar la guerra y la pena de muerte. Ya te había dicho que el tango está lejos de posturas denominadas “duras”. Ahora sostengo también que no es “garantista”. ¿Es una contradicción?

No. No es ni “garantista” ni partidario de la “mano dura”. El hombre de tango se somete a la ley, y en su honradez, quien delinque busca el castigo porque sabe que es lo que corresponde. En ningún lugar se pretende escapar de las consecuencias de su delito. Los personajes creados por los poetas, así como el personaje de Dostoievski  en “Crimen y Castigo”, -aquel atormentado Raskolnikov- solamente se redimen cuando aceptan cumplir con su pena.

El tango no es partidario de la “mano dura” en tanto y en cuanto no acepta, ni la pena de muerte –que implica condenar eternamente a quien cometió un delito- ni las muertes masivas –la guerra- ni la calificación del hombre por el delito que cometió por sobre su naturaleza de hombre, o sea, de aquel “otro” objeto de mi compasión. El tango respeta al hombre y acepta la pena como un esfuerzo del hombre por purgar su error. Pero un esfuerzo hecho en un marco de dignidad. Así se entienden las palabras del verso citado un poco más arriba: “La cárcel a los hombres no hace mal”. El personaje del tango que delinque no busca escapar a la justicia. El verdadero hombre acepta la pena por el delito cometido.

No con mano dura, no con injusticia ni desconociendo su dignidad. Tampoco privándolo de su vida. La pena de muerte resulta inaceptable para el tango por el simple hecho de que su esperanza en el hombre le impide renunciar a ella condenando a morir a quien puede “redimirse”. No se puede aceptar como “terminado” a un hombre, siempre estará la posibilidad de que cambie. Por otra parte, creo que el tango considera más castigo la vida que la muerte.

            Si bien el tango no acepta la pena de muerte ni tampoco acepta la guerra, sí acepta determinadas muertes. Acepta la muerte en duelo, en la que un hombre se enfrenta a otro hombre. Acepta la muerte por pasión. Pero aquí podemos decir que más que otra cosa, lo que acepta el poeta es que el amor lleve a morir o que lleve a matar.

Pero de ningún modo el tango rechaza la pena por el delito. E insisto, la pena que le es impuesta al delincuente porque la justicia lo alcanza o porque él mismo la busca.

En esto, se aparta el tango de sus antecedentes criollos. Aún hoy está en discusión la verdadera finalidad que tuvo José Hernández con el “Martín Fierro”, pero lo cierto es que el gaucho, tiene una posición totalmente diferente frente a la ley: busca evadir la misma. Así Martín Fierro, luego de matar al pobre mulato en un “entrevero” (no es otra cosa que una riña) se escapa a vivir en las tolderías.

Dos posiciones diferentes.

Borges se preguntaba entonces si José Hernández quiso ensalzar o criticar la actitud del gaucho en su poema. Y así las consecuencias negativas de la “idealización” de un personaje que no sería un “héroe” sino la pintura de un drama social representado en un solo hombre. [169]

Aquí también vemos una diferencia. En el Martín Fierro se pretende representar el drama social de todos los gauchos en un solo gaucho. Mientras que en el tango, se busca representar los dramas de un solo hombre en un marco social. Esta cuestión ya la he esbozado en un principio y la ampliaré aún más al referirme a la Justicia Social en el tango.

Dos modelos diferentes, pero el nuestro, el del hombre de Buenos Aires, se somete a la ley y busca cumplir con su castigo. Eso sí: con dignidad. Y esto nos lleva al tercer planteo.

 

3) El delito no define la naturaleza de quien lo ha cometido.

            Las doctrinas penales más modernas parecen haber descubierto que no existen los delincuentes sino los hombres que cometen delito. Llevado a un extremo, calificar a alguien de delincuente, significa ni más ni menos que decir que esa es su naturaleza, y como el obrar sigue al ser, sus actos serán siempre delictuales. Es obvio que tal criterio atenta contra la dignidad de cualquier hombre. Se puede haber cometido un delito, pero se trata siempre de un hombre que ha incurrido en el mismo y no de un delincuente que persevera en su propia naturaleza.  Por otra parte esta concepción – la del hombre que delinque- conlleva la posibilidad de recuperación o de “redención” de ese hombre. La naturaleza del hombre es buena y siempre es recuperable, no se puede renunciar a ello. Llevado al plano teologal, es el ejemplo de Judas Iscariote, cuyo pecado consiste en no aceptar que puede ser perdonado, en no tener esperanza en la redención, a diferencia de Pedro.

            Este actual criterio penal, más humano, se manifiesta en el tango desde sus inicios.

            No hay delincuentes en el tango, hay hombres que delinquen.

            A los poetas les preocupa el hombre sujeto a la ley que sufre sus consecuencias. Les preocupa siempre el hombre. El hombre que está preso, el hombre que debe ir preso o aquel que deja la prisión. Le preocupan las causas que lo han llevado a ser penado y cómo el hombre responde a esa circunstancia.

            Lejos está el tango de pedir misericordia o pretender que no haya pena. Todo lo contrario. Si se comete un delito se espera y hasta se busca la pena.

            ¿Por qué? Porque la persona de la que se ocupa es ajena a su propia historia. Cuando la persona es centro de la historia, no hay un delincuente, hay un hombre.

            Y no creo que esta concepción propia del tango, se justifique en su origen oscuro, sino que es consecuencia de las creencias de ese pueblo humilde y honesto en el que se desarrolló.

            Los que sufrían la prisión, no eran sujetos lejanos, eran los mismos hijos del barrio, que por una u otra razón o habían sido cegados por sus sentimientos más hondos y habían matado a su amante o habían flaqueado ante la oportunidad del dinero fácil.

            Y esos hombres que delinquían tenían, padres, madres y hermanos que todos conocían. Cómo enrostrarle a quien era bueno que su hijo era un delincuente. No, ¡jamás!. El hijo del pobre fulano, había cometido un “error”.

            Esta concepción es justa y sana socialmente, unida a la necesidad del cumplimiento de la pena. No se traduce en una justificación de la comisión del delito para eximirlo de la sanción, sino en la esperanza de la bondad del hombre sobre cualquier acto que haya podido cometer. En este punto creo que  hemos retrocedido respecto de nuestros filósofos y poetas.

Compasión sin justificación del delito ni impunidad para el que lo cometió. Como el caso de Raskolnikov pintado por Dostoievski en Crimen y Castigo.

            Sólo he encontrado un tango define a los malos personajes por su “naturaleza delictual”, y éste es “Chorra” de Enrique Santos Discépolo, que si recordamos decía así:

 

                        “Hoy me entero que tu mama

                        «noble viuda de un guerrero»,

                        es la chorra de más fama

                        que pisó la Treinta y Tres.

                       Y he sabido que el «guerrero»,

                        ni murió ni fue guerrero

                        como me engrupiste vos:

                        está en cana prontuariado

                        como agente ‘e la Camorra,

                        profesor de cachiporra,

                        malandrín y estafador”.[170]

 

            Pero este tango no tiene por objeto ahondar en el personaje que delinque o que sufre la cárcel. Por el contrario, su personaje principal es aquél que ha sido víctima de aquella a la que llama “chorra”. Es el que se ha dejado “engrupir”. Se trata de un tango “sainete” que no pretende  en modo alguno adentrarse en la naturaleza del hombre enredado en el delito.

            En cambio, cuando el objeto del poema es advertir sobre aquel que sufre la prisión  o acepta el castigo por un delito, la cuestión cambia radicalmente. Veamos si no el tango “Ladrillo”, compuesto por Juan A. Caruso y que es un clásico que resume mucho de lo dicho hasta aquí:

 

                                               Ladrillo

 

                        “Allá en la Penitenciaría

                        Ladrillo llora sus penas

                        cumpliendo injusta condena,

                        aunque mató en buena ley.

                        Los jueces lo condenaron

                        sin comprender que Ladrillo

                        fue siempre bueno y sencillo

                        trabajador como un buey.

 

                        ¡Ladrillo está en la cárcel!

                        El barrio lo extraña...

                        Sus dulces serenatas

                        ya no se oyen más.

                        Los chicos ya no tienen

                        su amigo querido

                        que siempre moneditas

                        les daba al pasar...

                        Los jueves y domingos

                        se ve una viejita,

                        los chicos le preguntan:      

                        - ¿Ladrillo cuando sale?

                        La pobre les responde:

                        - ¡Dios sólo lo sabrá...!

                       

                        El día que con un baile

                        su compromiso sellaba

                        un compadrón molestaba

                        al que era su amor...

                        Jugando, entonces, su vida

                        en duelo criollo, Ladrillo

                        le sepultó el cuchillo

                        partiéndole el corazón.”[171]

           

            El barrio conoce a “Ladrillo” y comprende la razón que motivó su homicidio. Pero no se ataca la condena, más allá de señalar la poca compasión de los jueces, sino que se acepta y se llora su ausencia. El hombre “Ladrillo” emerge de su drama por la compasión de los demás. Se describe su pena y la de quien es –presuntamente- su madre, con una delicadeza y profundidad que permiten comprender todo el drama: el de que no está y el de los que comparten por sus lazos el dolor de su ausencia.

            En este caso no se entiende (si bien se acepta, porque no hay rebelión contra el mismo) el castigo de quien se vio envuelto en el delito por el juego del destino.

            El hombre que delinque, en muchos casos, lo hace también en cumplimiento de un deber, un deber interno, un deber nacido de la justicia no plasmada en la ley. Un tango, sumamente triste, relata la obligación de cumplir con la norma interna que obliga a delinquir y la externa que obliga a  pagar por lo que se ha hecho. Se trata de “Justicia Criolla” de José María Tagini. Su título mismo nos habla de una contradicción entre la  justicia real (el derecho positivo) y la justicia criolla.  Si bien son pocos los tangos –a diferencia de lo que se cree- que justifican el homicidio pasional (tema sobre el que volveré más adelante), en este caso encontramos que el personaje principal del poema cumple con ambas justicias. Son diferentes, pero ambas obligan. Vale la pena transcribir la totalidad del poema:

 

                                   Justicia Criolla

 

                        “¿Han venido a prenderme? ¡Ya estoy listo!

                        La cárcel a los hombres no hace mal.

                        ¡Aquí me tienen! Yo no me resisto.

                        Estoy vengao, ¡soy criminal!

                        Al fin pude ahogar mis hondas penas.

                        ¡Qué importa de las otras que vendrán!

                        Yo no he de lamentar mis horas buenas;

                        Las malas, como vienen ya se irán.

 

                        Antes, permitan que estampe

                        Un beso a mi pobre hijita,

                        que  ha quedado huerfanita

                        en el seno del hogar.

                        ¡Venga un abrazo, mi nena;

                        quédese con la vecina!

                        Su padre va hasta la esquina,

                        Prontito ha de regresar...

 

                        Vamos pronto, oficial; y no se asombre

                        del llanto que en mis ojos usted ve...

                        He dicho que la cárcel es para el hombre

                        y allá voy, aunque en ella moriré...

                        ¡Es que pienso en este ángel que yo dejo

                        y mis lágrimas vierto sin querer!

                        Por lo demás –yo digo- mi pellejo,

                        bien sé, poco y nada ha de valer...

                       

                        Mañana, cuando ella, moza,

                        sepa el final de la madre,

                        que no piense que fue el padre

                        un borracho, un criminal...

                        ¡Díganle que yo la he muerto

                        porque fue una libertina;

                        haga el favor, mi vecina...!

                        ¡Vamos señor oficial...!”[172]

 

                        ¡Cuántas imágenes en un solo poema! El hombre que asume su culpa. Las razones de lo hecho. La aceptación del castigo con el agravante de la hija que se abandona. El drama de la hija. Y el mismo título que de modo especial enfrenta dos conceptos de justicia. Porque hay un contenido en el poema y otro distinto en el título. Si el tango se hubiese llamado “la cárcel” o “el castigo” o “la pena” o “adiós mi hija” o cualquier otro, no nos hubiera dado lugar a esta reflexión. Pero lo denomina “Justicia criolla” y así nos introduce en un valor oculto en el poema: la existencia de una justicia diferente a la ley positiva que se le aplica.

            Nos brinda otro elemento. La justicia aludida es “criolla”, no del tango. Hace referencia a lo que viene de antes, a un valor que se recibe de nuestro pasado “gaucho”. La diferencia de la concepción entre el tango y la literatura gauchesca sobre el cumplimiento de la pena, que he referido un poco antes, en este supuesto, la ley del homicidio por pasión se reconoce como venida de antaño. De nuestro pasado criollo.

Y debe ser así, pues –también contrariamente a lo que se cree- la mayoría de los tangos son reacios a promover el homicidio pasional –como trataré de explicar más adelante en esta misma carta- cuestión que creo más atada a la influencia inmigrante, acostumbrada a que la justicia en sus países, sí alcanzaba a los más pobres. En cambio el gaucho, como en el referido caso de Martín Fierro, encontraba vías de escape que le permitían cometer un homicidio y perderse en el desierto. La justicia generalmente no tenía ni manos largas ni manos cortas.

            Al unirse la concepción de “comisión del delito” y “castigo efectivo”, se replantea la aceptación lisa y llana de esa justicia criolla que pena la traición afectiva con la muerte.

            En el tango si bien el hombre es el centro, lo es él y sus sentimientos. Y sus sentimientos son también sus seres queridos. El dolor del padre por dejar a la hija al cuidado de una vecina, es infinitamente mayor que lo que padecerá en la misma cárcel. ¡Qué diferencia con aquel Martín Fierro que abandona sus hijos escapándose a las tolderías! No juzgo con mis palabras, sólo resalto la diferencia y las consecuencias de dos posturas tan diferentes.

            Otro tango ejemplificador de lo dicho es “A la luz del candil”, escrito por Julio Plácido Navarrine. Leámoslo primero y luego te hago los comentarios:

A la luz del candil

                       

                        ¿Me da su permiso, señor Comisario?

                        Disculpe si vengo muy mal entrazao.

                        Yo soy forastero he caído en Rosario

                        trayendo en los tientos un güen entripao...

                        Quizá usted piense que soy un matrero

                        yo soy gaucho honrado, a carta cabal...

                       No soy un borracho, ni soy un cuatrero;

                        señor Comisario, yo soy criminal.

 

                        ¡Arrésteme, Sargento,

                        y póngame cadenas!

                        Si soy un delincuente,

                        que me perdone Dios.

 

                        Yo he sido un criollo bueno,

                        me llamo Alberto Arenas;

                        señor, me traicionaban

                        y los maté a los dos.

                        Mi china fue malvada,

                        mi amigo era un sotreta;

                        cuando me fui a otro pago

                        me basureó la infiel.

                        Las pruebas de la infamia

                        las traigo en mi maleta:

                        ¡las trenzas de mi china

                        y el corazón de él...!

 

                        ¡Párese, Sargento, que no me retobo...!

                        Yo quiero que sepan la verdad de a mil....

                        La noche era oscura como boca ‘e lobo;

                        testigo, solito, la luz de un candil...

                        Total, casi nada: un beso en la sombra...

                        Dos cuerpos cayeron, y una maldición;

                        y allí, Comisario, si usted no se asombra,

                        yo encontré dos vainas para mi facón.

 

                        ¡Arrésteme, Sargento,

                        y póngame cadenas!

                        Si soy un delincuente,

                        que me perdone Dios.”[173]

 

                        Este tango, que trae los conocidos versos  Arrésteme, Sargento...”, contiene muchos más significados que éste. En primer lugar el personaje central se auto contradice manifestando su auto contradicción interior: no se siente un delincuente y se reconoce un delincuente. Lo que realmente nos pinta este hermoso poema, no es ni más ni menos que lo que hemos venido comentando: “Yo en esencia soy un hombre bueno y las circunstancias me obligaron a cometer un delito. Para Uds. soy un criminal. Pero si lo soy, el único que me puede perdonar es Dios, no Uds. Aún cuando debo cumplir con la condena que me imponga la sociedad.” ¡Cuántas cosas!.

            Aquí también se cumple la ley no escrita del homicidio por pasión, que se considera – de alguna manera- justificado. Justificado en el sentido de que se hace comprensible el hecho y no porque se considere no punible.

            Pero te reitero, lo que más hay que destacar es su conciencia de hombre bueno que ha hecho algo mal. Es el hombre que ha cometido un delito. No hay un criminal en sí mismo. Es la actitud que podemos imaginar Abel de haber matado éste a Caín.

            Desde el marco que he trazado en esta carta quiero adentrarme seguidamente, en aquellos delitos que describe el tango. Pero será objeto de mi próximo envío. El día ha acabado hace rato y necesito descansar.

            Te mando nuevamente un gran abrazo de tu discípulo y amigo:

 

                                                                                                          Ramón

           


CARTA 14

Buenos Aires, 24 de Mayo de 2005

Mi querido amigo:

 

            Han pasado un poco de tiempo desde mi última carta. Aquel descanso breve se prolongó por varios días Las obligaciones laborales y familiares me han impedido sentarme con tranquilidad a continuar con mi análisis.

            Los intervalos, muchas veces resultan fecundos, otras, en cambio, desalientan un poco la tarea, representándola como más ardua de lo que realmente es y no incentivan que se retome la misma.

            En este caso en particular –por suerte- los lapsos que transcurren sin que pueda volver a tomar la pluma, generalmente enriquecen lo que he dado en llamar mis meditaciones existojurídicotangueras. Aún cuando no me encuentre frente al papel y sin perjuicio de que esté realizando otra tarea, continuo rumiando las ideas, que por técnicas o meramente descriptivas que sean, no puedo dejar de relacionar a mi propia existencia. A la existencia.

            Volviendo al tema que trato de seguir exponiendo, quiero en esta carta hacerte una breve descripción de las principales conductas delictivas o cuasi-delictivas que aborda el tango.

 

Los delitos descriptos por el tango.

            Las referencias al Derecho positivo en el tango, se limitan –prácticamente en su totalidad- al Derecho Penal. Sin embargo no a todo el Derecho Penal, como fui advirtiendo a medida que iba leyendo los distintos poemas.

            ¿Hay alguna razón en ello?

            Entiendo que sí. Para entenderla veamos qué delitos se describen o incorporan y cuáles no.

            a) Delitos descriptos.

Ø      El Homicidio en sus diversas formas (CP arts. 79 a 84)

v     Homicidio común (art. 79)

v     Homicidio pasional ( o agravado por el vínculo: art. 80)

v     Homicidio en riña (art. 95)

v     Homicidio en duelo (art. 97 y s.s.)

v     Homicidio político. ( es homicidio simple art. 79)

Ø      Las Lesiones (arts. 89 a 94)

Ø      El Robo y el Hurto (arts. 162 a 167 bis)

Ø      La Estafa. (arts. 172 y 173)

Ø      La Prostitución  y Corrupción. (arts. 125 bis y s.s.).

Ø      También respecto a otros delitos menores o infracciones policiales como: Ebriedad, Desórdenes.

Ø      Si bien el Suicidio no es un delito (sí su instigación) resulta útil incluir un comentario sobre el mismo.

Ø      La Usura y los delitos de cuello blanco, generalmente no son abordados en forma directa, sino relacionándolos con un mundo en general, en el que los deshonestos son premiados a diferencia del hombre honesto, por eso he preferido incluirlos en la lista de “omitidos”.

            b. Delitos omitidos.

            Pero centremos ahora la atención a aquellos delitos que se excluyen, entre los cuales podemos mencionar como los más representativos:

Ø      Los delitos sexuales, denominados hoy “Contra la integridad sexual”, como la Violación, el Abuso Deshonesto”

Ø      El Aborto.

Ø      La Violación de Secretos.

Ø      El Cohecho.

Ø      La Usurpación.

Ø      La Intimidación Pública.

Ø      La Apología del Crimen.

Ø      Delitos contra la Seguridad de la Nación.

Ø      Delitos contra los Poderes Públicos.

Ø      Delitos contra la Administración Pública.

Ø      Delitos contra la Fe Pública.

Ø      El caso especial de los delitos de cuello blanco.

                        Los delitos incluidos son todos aquellos que generalmente comete la gente del pueblo. Aquellos que viven o vivían en el barrio y tuvieron la desgracia de ser engañados por su mujer o fueron tentados a apropiarse de lo ajeno. Se da también el ejemplo de múltiples niñas/jóvenes que tentadas por las luces del centro, eligen la profesión más antigua del mundo. Son delitos comunes y más que comunes en el medio social de los inmigrantes y primeros constructores de los barrios porteños.

            Los excluidos nos abren muchas más dudas. Por lo pronto hay delitos que no incluyen porque seguramente se desconocen o no se reflejan en el mundo habitual con el que conviven los poetas, como sería el caso de la “violación de secretos” o la “sedición”. Otros carecen de interés para los poetas, pues no los afectan directamente. No hacen al objeto de su poesía, como sería el caso de la “apología del delito”. Pero hay otros que se ignoran de modo sospechoso, me refiero especialmente a los delitos de cuello blanco y los delitos sexuales.

            Lo que siguen son sólo suposiciones mías, pero pueden servir de base a posteriores debates. Respecto a la omisión de los delitos contra el Estado, entiendo que la omisión está en la indiferencia a todo lo que representa un poder del mismo. No hay interés ni en atacarlo ni en defenderlo. Es indiferente para el tango.

            En cuanto a los delitos sexuales, interpreto que la omisión deviene del tabú o rechazo a los mismos. Así como al que delinque primero se lo considera persona y recién después se toma en cuenta su crimen, es difícil trasladar tal punto de vista a los delitos sexuales. Hay un rechazo muy grande por los mismos (rechazo que hace que hasta los mismos reos muchas veces castiguen a quienes los cometen), Ese rechazo impide aceptar o considerar con compasión a quien los comete. Por eso no he encontrado ningún ejemplo en el que el protagonista sea un violador, un abusador o el que comete cualquier otro delito sexual.

            Es decir que cuando el poeta se ve cuestionado por el drama de un penado, lo ve, principalmente desde aquellos delitos que pueden de un modo ser justificados o comprendidos por los destinatarios de su poesía. Delitos que no afectan la naturaleza de quien los comete, ni les quitan su carácter de personas.

            Pero ¿qué sucedería en el caso de un violador? Difícilmente en el “barrio” comprendieran la justificación de tal acción. Si bien éste –gracias a Dios- es un pueblo que se ha caracterizado por no “linchar” a la gente, no por ello ha dejado de mostrar su repudio generalizado a determinados delitos.

            En estos casos el tango guarda silencio. Omite el problema. Creo que es, tal vez, la posición más misericordiosa que pude adoptar. El tango es filosofía antes que derecho, y como tal su preocupación es integrar en un universo comprensible lo que la rodea, pero principalmente al hombre. Cuando se encuentra con un problema como éste, se abstiene de opinar. Tal vez porque no tiene respuesta o –sabiamente- prefiere no darla antes que condenar indebidamente.

            Hay también una omisión que no es tal. Se trata de los delitos de cuello blanco. El tango no los recepciona o describe como delitos propios del pueblo, porque no lo son. Quienes los cometen generalmente pertenecen a las clases más acomodadas y están muy lejos de ser condenados. Pertenece a ese género de delitos que la ley positiva sanciona pero cuya sanción no se concreta. Quien los comete, lejos de sentirse culpable y aceptar la pena, hace todo lo posible por evitarla. Este tipo de delitos deben inscribirse en aquellas deudas pendientes del verdadero derecho para con la sociedad.

            Pero además, el tango sí los denuncia. Tal vez no directamente, pero sí en esa constante lucha entre el hombre honesto que se ve acosado y constantemente tentado a dejar su honestidad, frente al éxito y la falta de castigo del deshonesto. Esta lucha que tal vez  Discépolo relató como nadie, nos permite concluir que los delitos de cuello blanco, lejos de estar omitidos, están bien señalados, aunque con el reconocimiento de su falta de punibilidad.

 

            c. El poder contra el humilde.

            Más de una letra de tango nos describe las diferencias entre los usufructúan del poder y quienes lo padecen. Una de sus consecuencias consiste en la  situación de indefensión de éstos últimos frente a la justicia.

                        Al pie de la santa Cruz.

                        Declaran la huelga...

                        Hay hambre en las casas,

                        es mucho el trabajo

                        y poco el jornal;

                        y en ese entrevero

                        de lucha sangrienta,

                        se venga de un hombre

                        la Ley Patronal.

                        Los viejos no saben

                        que lo condenaron,

                        pues miente, piadosa,

                        su pobre mujer.

                        Quizá un milagro

                        te lleve el indulto

                        y vuelva en su casa

                        la dicha de ayer.

 

                        .......

           

                        Los pies engrillados,

                        cruzó la planchada.

                        La esposa lo mira,

                        quisiera gritar...

                        Y el pibe inocente

                        que lleva en los brazos

                        le dice llorando:

                        - ¡ Yo quiero a papá...!

                        Largaron amarras

                        y el último cabo

                        vibró al desprenderse

                        en todo su ser.

                        Se pierde de vista

                        la nave maldita

                        y cae desmayada

                        la pobre mujer.”[174]

           

            El objeto del poeta es claro: el drama de un hombre afectado por la injusticia, por el manejo que del derecho hacen los ”poderosos” desde el punto de vista del hombre común.

            Este tango es prácticamente una excepción en el universo de aquellos que he recopilado y leído para este trabajo. Se explicita lo que en los demás tangos se intuye: la justicia al servicio del poder . Esa es la razón por la que sólo existen delitos comunes que afectan en la mayoría de los casos a la gente común, a los hijos del barrio. Por eso los más corruptos triunfan y los honestos no encuentran su razón de ser.

            Sin embargo nadie lo dice abiertamente, sólo en este tango encontré una mención clara. ¿Cuál es la razón? Interpreto que no es el temor ni mucho menos. El tango –especialmente por paternidad inmigrante- da por hecho que en el mundo (como sucedía en la Europa abandonada), la justicia obedece a un poder enraizado desde los comienzos del tiempo. Desde el comienzo de esos mismos tiempos que dieron el señorío de las tierras a unos y la obligación de servir a muchos otros. Es la realidad y en esa realidad hay que vivir. Por otro lado, su preocupación es el hombre y comprenderlo, no cambiar la sociedad.

            Dejo la consideración de los demás delitos en particular para mi próxima carta.

                        Un abrazo de tu discípulo y amigo:

                                                                                              Ramón


CARTA 15

Buenos Aires,  madrugada entre el 1° y 2 de Julio.

Mi querido maestro y amigo.

 

            En mi última carta había dejado pendiente la consideración de cada delito en particular en el tango. Comienzo con esta tarea.

            1. Consideración particular de cada delito descripto.

            He mencionado que se describen múltiples delitos en distintos tangos. Mi objeto ahora, consiste en poder darte un ejemplo de esas referencias. Un breve pantallaso sobre los mismos, donde podrás comprobar que realmente se ocupa de los delitos más comunes.

(Homicidio)

            El Homicidio es tal vez uno de los delitos más reiterados en las letras de tango. Claro que no se trata en general, sino que es abordado desde distintos puntos de vista.

            Así nos encontramos con el Homicidio simple como con el Homicidio pasional (que en algunos casos podemos calificar como Homicidio agravado por el vínculo) como también con Homicidios relacionados a causas políticas.

            En este tema me surge una duda importante: ¿es el Homicidio el objeto del poema?. Generalmente no. El Homicidio es el hecho que ha producido la pena del hombre, que como tal sigue siendo hombre, aunque deba cumplir con su condena. Es un hecho más de los que afectan la vida de los hombres, como lo es la muerte o el abandono de la mujer amada, y que como tal, debe ser integrado a la poesía para dar una respuesta.

            Y esa respuesta es la que hemos visto en los párrafos anteriores: la pena es justa, se debe cumplir con la misma, el hombre debe pagar lo hecho, pero siempre sigue siendo un hombre con su dignidad propia. Desde ese punto de vista hay que entender la mención al Homicidio. El poeta no tiene por objeto crear un tratado de derecho penal, sino simplemente rescatar la dignidad del hombre zamarreada por uno de los tantos hechos que afectan la vida.

            Son pocos los tangos que tienen una mención específica al delito, como delito mismo. Uno de ellos es “Justicia Criolla”, comentado en las líneas precedentes y en el que encontramos una norma no escrita: matar a la amante infiel y a al hombre que está con ella es hacer justicia. Otro tango, es el último que comentara en el apartado anterior: “La luz del candil” donde se cuestiona la justicia.

            El  análisis general como el que he  abordado en esta carta, también nos permite preguntarnos porqué se incluyen determinados delitos y se excluyen otros. Y es la visión general la que nos aporta una pista para descubrir cómo la filosofía del tango considera el Derecho y la Justicia.

            Sabiendo los límites de lo que se puede obtener de la mención de cada delito, es que comienzo su análisis uno por uno, comenzando por el Homicidio simple.

                                               (Homicidio simple, no pasional)

            Son pocos los casos de Homicidio simple en los que no se trate de un Homicidio pasional que incluso puede estar agravado por el vínculo o que pueda ser calificado como un Homicidio en riña o en el que confluyan ambos a la vez: Homicidio pasional y en riña.

            Generalmente los poetas prefieren la elección del Homicidio pasional, por la razón de que lo  hace más justificable o entendible para los destinatarios del poema. No olvidemos que en nuestra concepción jurídica, de un modo u otro también lo justificamos debajo de la excusa de la “emoción violenta”. Si no, recordá cuál era el ejemplo más típico sobre emoción violenta nos daban nuestros profesores en la Facultad. O aquella pregunta que nos hacían en los exámenes: - Si un hombre encuentra a su amante (no su esposa) con otro y en la furia y enceguecimiento que le produce este hecho, mata a la amante, ¿puede alegar emoción violenta? A lo que nosotros respondíamos afirmativamente con seguridad, atento lo que tantas veces se nos había repetido durante el curso.

            Los guapos y malevos resultan siempre se encuentran relacionados de un modo u otro con el Homicidio y éste delito se cuela fácilmente en sus historias.

 

                        “El bigote un poco gris,

                        pero en los ojos el brillo;

                        y cerca del corazón el cuchillo.

                        El cuchillo de esa muerte

                        de la que no le gustaba

                        hablar, una desgracia

                        de cuadreras o de taba.[175]

 

                        “Morocho como el barro era Pizarro

                        señor del arrabal.

                        Entraba en los disturbios del suburbio

                        con su frío puñal.      

                        Su brazo era ligero al entrevero

                        y oscura era su voz.

                        .............

                        Dicen que dicen que una noche zurda

                        con el cuchillo deshojó la espera;

                        y entonces solo, como flor de orilla,

                        largó el cansancio y se mató por ella...”[176]

 

            Hay por otro lado un tango, muy original por cierto, en el que el Homicidio simple aparece como un proyecto dado por un muy particular maestro a su pupila o alumna:

 

            “Abajate la pollera por donde nace el tobillo,

            dejate crecer el pelo y un buen rodete lucí,

            comprate un corsé de fierro con remaches y tornillos

            y dale el olivo al polvo, a la crema y al carmín.

            Tomá leche con vainillas o chocolate con churros

            aunque estés en el momento propiamente del vermouth;

            después de comprarte un bufoso, y cachando el primer burro

            por amores contrariados le hacés perder la salud.”[177]

 

            El interés también es causa del Homicidio. No todo son amores...

 

 

(Homicidio pasional)

            El Homicidio pasional es el más común en el tango. Sin embargo, contrariamente a lo que se piensa, no hay un exceso o una justificación del mismo. Salvo en el tango “Justicia Criolla” en la que ya he sostenido que la justificación viene más del pasado gaucho que de los poetas del tango, el Homicidio se considera un delito grave, y más allá de las causas que puedan motivar el mismo, resulta más aconsejable evitarlo que incurrir en él, ya que luego deberán enfrentarse las consecuencias.

            Es así entonces que nos encontraremos con varios tangos, en el que la idea del Homicidio pasa por la cabeza del personaje central del poema, pero que no se concreta.

            Estos son algunos ejemplos de ello:

(Homicidio pasional no concretado)

            “¡Mozo! Traiga otra copa,

            que anoche junto los vi a los dos;

            quise vengarme, matarla quise,

            pero un impulso me serenó”[178]

           

            “Si los pastos conversaran, esta Pampa le diría

            con qué fiebre la quería, de qué modo la adoré…

            ¡Cuántas veces de rodillas, tembloroso, yo me he hincado

            bajo el árbol deshojado donde un día la besé…!

            Y hoy, al verla envilecida, a otros brazos entregada,

            fue pa’ mí una puñalada, y de celos me cegué…

            Y le juro: ¡Todavía no consigo convencerme,

            cómo pude contenerme y ahí nomás no la maté!.”[179]

 

“Pero inútil, no puedo aunque quiera olvidar

            el recuerdo de la que fue mi único amor;

            para ella he de ser como el trébol de olor

            que perfuma al que la vida le va a arrancar.

            Y si acaso algún día quisiera volver

            a mi lado otra vez, yo la he de perdonar;

            si por celos un hombre a otro puede matar,

            se perdona cuando habla muy fuerte el querer a cualquier mujer”.[180]

 

                        Y como último ejemplo, este tango que resume lo dicho:

 

Un tropezón

 

                        “¡Por favor lárgueme, Agente,

                        no me haga pasar vergüenza!

                        ¡Yo soy un hombre decente,

                        se lo puedo garantir!

                        He tenido un mal momento

                        al toparme a esa malvada,

                        mas no pienso hacerle nada,

                        ¿para qué? Ya se ha muerto para mí...

                       

                        ¡Lléveme nomás, Agente;

                        es mejor que no me largue!

                        ¡No quiera Dios que me amargue

                        recordando su traición!

                        Y olvidándome de todo

                        a mi corazón me entregue,

                        y al volverla a ver me ciegue

                        y ahí nomás...

                        ¡Lléveme, será mejor!”[181]

 

                        Como podés comprobar, son muchos los tango donde el personaje central tiene ganas de matar a quien lo traicionó, pero no concreta su propósito por propia decisión.

                        Estos casos, superan aquellos en los que realmente el amante despechado mata a su mujer.

(Homicidio pasional concretado)

            En otros casos, el Homicidio se concreta. Ya hice referencia a que la concepción del Homicidio conlleva siempre la de la pena como consecuencia ineludible. Algunos tangos se refieren directamente al Homicidio, al describir la pasión que embargó al homicida. Otros, por el contrario, tienen en cuenta la personalidad del personaje central afrontando las consecuencias del castigo.

            En “Justicia Criolla” es claro que el dolor y la compasión son causadas por las consecuencias del delito. Así sucede lo mismo en otros tangos como “Ladrillo”  (también trascripto precedentemente). Remito a los mismos no siendo necesario incluir más ejemplos.

            En otros tangos,  lo que encontramos descripto con precisión es –principalmente- la emoción que envolvió al personaje y lo llevó a matar:

            “Una nube en los ojos

            y me vino como un flechazo

            y en mi rencor, amigazo,

            entero yo me jugué.

            Quiso el maula reírse

            manchando mi frente honrada,

            y por tan mala jugada

sin compasión lo achuré.

 

Yo, que en el secreto estaba,

puse fin a mi venganza

cuando vi al cantor aquel

que a los labios de la infiel

como abrojo se prendió.

 

Los celos sentí,

tantié mi facón,

y luego, a lo gaucho,

le abrí el corazón.”[182]

 

            “Vení, acercate; no tengas miedo,

            que tengo el puño –ya ves- anclao…

            Yo sólo quiero contarte un cuento

            de unos amores que he balconeao.

            Dicen que dicen que era una mina

            todo ternura, como eras vos;

            que fue el orgullo de un mozo taura

            de fondo bueno, como era yo.

            ………

            Y cuando quiso justo el destino

            que la encontrara, como ahora a vos,

            trenzó sus manos en el cogote

            de aquella perra, como lo hago yo…”[183]

           

                        Nuevamente interrumpo mi relato, lamento hacerlo pero no te es desconocido que este esfuerzo lo realizo quitándole tiempo al poco descanso que me deja mi trabajo. Con gusto le dedicaría más tiempo a la poesía, pero la vida (al menos la mía) no me lo permite.

                        Un abrazo de tu discípulo y amigo:

 

                                                                                                          Ramón



CARTA 16

Buenos Aires,  8 de Julio de 2005 

Mi querido amigo y maestro:

 

            El homicidio simple y pasional no es difícil de encontrar en el tango y los ejemplos dados creo que han sido suficientes y claros. Queda un tema pendiente respecto al homicidio y es aquél que es consecuencia de la política.

            (Homicidio político)

            Son los casos en el que el homicidio se encuentra relacionado –de un modo u otro- a la política. Toda descripción al “guapo” y a sus “homicidios” conlleva un trasfondo político implícito, atento la función que muchas veces asumía el “guapo” de guardaespaldas de políticos u hombre de confianza en un determinado medio. Era el que imponía orden allí donde la policía no se involucraba.

            Lejos de ser un matón, el guapo pasó por las calles para transformarse en una especie de “modelo” ya que no lo podemos asimilar al “héroe” pues los valores o razones que motivaban sus conductas generalmente no son compartidos como valores por los habitantes del barrio. Sí era modelo en cuanto a su “hombría” y a su “coraje”.

            Hollywood ante un panorama semejante, convirtió sus guapos y malevos en “cowboys” y montó un espectáculo en el cual revistió el coraje y valentía de éstos, con ropajes de justicia, generosidad y moral de clase media. Y el espectáculo fue un éxito.

            El tango, en cambio, como filosofía le importa poco el espectáculo y más la verdad. Así, al ocuparse de los “guapos” describe sus valores: coraje, hombría, etc. pero no los reviste de valores inexistentes, Y es por eso que no tenemos cowboys ni en nuestro cine ni en nuestra música.

            Algunos ejemplos sirven para clarificar un poco estas ideas:

 

 

                                   A don Nicanor Paredes

                                   (Jorge Luis Borges)

 

                        “Venga un rasgueo y ahora,

                        con el permiso de ustedes,

                        le estoy cantando, señores,

                        a don Nicanor Paredes.

                        No lo ví rígido y enfermo;

                        lo veo con paso firme

                        pisar su feudo Palermo.

 

                        El bigote un poco gris,

                        pero en los ojos el brillo;

                        y cerca del corazón el cuchillo.

                        El cuchillo de esa muerte

                        de la que no le gustaba

                        hablar, una desgracia

                        de cuadreras o de taba.

 

                        (Recitado) De atrio, más bien. Fue caudillo

                        si no me marra la cuenta

                        allá por los tiempos bravos

                        del ochocientos noventa.

                        Cuando entre esa gente mala

                        se armaba algún entrevero

                        él lo paraba de golpe,

                        de un grito o con el talero.

 

                        Ahora está muerto y con él

                        cuánta memoria se apaga

                        de aquel Palermo perdido

                        del baldío y de la daga.

                        Ahora esta muerto, y me digo:

                        -¿Qué hará usted, don Nicanor,

                        en un cielo sin caballos

                        ni envido, retruco y flor?.”[184]

                       

                                   El último guapo

                                     (Abel Aznar)

 

                        “Con el funyi tirao sobre el ojo

                        y un amago de tanto al andar,

                        sin apuro, sobrando de reojo,

                        el último guapo vendrá por el arrabal.

                        Entrará por la calle angostita,

                        y al pasar frente al viejo portón,

                        silbará pa’ que vuelva a la cita

                       la piba que es dueña de su corazón.

 

                        El farolito perdido

                        el callejón sin salida

                        y el conventillo florido

                        saldrán del olvido

                        de nuevo a la vida.

                        El almacén de curdas,

                        la luna sobre el puñal,

                        una caricia y un beso

                        serán el regreso

                        del viejo arrabal.

 

                        Con un fueye que es puro rezongo

                        y dos violas cinchando al costao,

                        otra vez del antiguo bailongo

                        el último guapo será el envidiao.

                        Jugará con desprecio su vida

                        por el sol de un florido percal,

                        y se irá sin llevar ni una herida

                        el último guapo del viejo arrabal.”[185]

 

                                   Eufemio Pizarro

                                   (Homero Manzi)

 

                        “Morocho como el barro era Pizarro

                        señor del arrabal.

                        Entraba en los disturbios del suburbio

                        con su frío puñal.      

                        Su brazo era ligero al entrevero

                        y oscura era su voz.

                        Derecho como amigo o enemigo

                        no supo de traición.

                        Cargado de romances y de lances

                        la gente lo admiró.

 

                        Quedó pintado su nombre de varón

                        con luz de luna y farol,

                        y  palpitando en mañanas lejanas

                        su corazón.

                        Decir «Eufemio Pizarro»

                       es dibujar, sin querer,

                        con el tizón del cigarro

                        la extraña gloria con barro de ayer

                        de aquel señor de almacén.

 

                        “Con un vaivén de carro iba Pizarro,

                        perfil de corralón,

                        cruzando con su paso los ocasos

                        del barrio pobretón.

                        La muerte entró derecho por su pecho

                        buscando el corazón.

                        Pensó que era más fuerte que la muerte

                        y entonces se perdió.

                        Con sombra que entona en la bordona

                        lo nombra mi canción.”[186]

 

                                   Te llaman Malevo

                                   (Homero Expósito)

 

                        “Nació en un barrio con malvón y luna

                        donde la vida suele hacer gambetas,

                        y desde pibe fue poniendo el hombro

                        y anchó al trabajo su sonrisa buena.

                        La sal del tiempo le oxidó la cara

                        cuando una mina lo dejó en chancleta;

                        y entonces solo, para siempre solo,

                        largó el laburo y se metió en la huella.

 

                        ¡Malevo,

                        te olvidaste en los boliches

                        los anhelos de tu vieja!

                        ¡Malevo,

                        se agrandaron tus hazañas

                        entre copas de ginebra!

                        Por ella, tan sólo por ella,

                        dejaste una huella

                        de amargo rencor...

                        ¡Malevo,

                        qué triste!

                        Jugaste y perdiste

                        tan sólo por ella,

                        que nunca volvió.

 

                        Tambor de taco, redoblando calles

                        Para que entren las muchachas buenas,

                        y allí el silencio que mastica un pucho

                        deja siempre la mirada a cuenta...

                        Dicen que dicen que una noche zurda

                        con el cuchillo deshojó la espera;

                        y entonces solo, como flor de orilla,

                        largó el cansancio y se mató por ella...”[187]

 

            Las consecuencias de dichas peleas políticas no eran buenas. Si los versos anteriores nos pintaban a los caudillos más valerosos, otros nos hablan de las víctimas del homicidio por razones políticas:

            “El pueblito estaba lleno de personas forasteras.

            Los caudillos desplegaban lo más rudo de su acción,

            arengando a los paisanos a ganar las elecciones

            por la plata, por la tumba, por el voto o el facón.

            Y al instante que cruzaban desafilando los contrarios

            un paisano gritó “Viva…!, y al caudillo mencionó;

            y los otros respondieron sepultando sus puñales

            en el cuerpo valeroso del paisano que gritó…”[188]

 

            Lo interesante de este tango es que no condena la causa de la muerte, sino que fija su compasión en las consecuencias de dicha muerte. Veamos el texto que falta:

            “ Un viejo, lentamente, se quitó el sombrero negro,

            estiró las piernas tibias del paisano que cayó,

            lo besó con toda el alma, puso un Cristo entre sus dedos

            y, goteando lagrimones, entre dientes murmuró:

 

            -¡Pobre m’ hijo...! ¡Quién lo diría que por noble y por valiente

            pagaría con su vida el sostén de una opinión..!

            ¡Por no hacerme caso, m’hijo...! ¡Se lo dije tantas veces...!

            ¡No haga juicio a los discursos del dotor ni del patrón...!

            Hace frío...¿Verdad m’hijo...! Ya se está poniendo oscuro...

            Tápese con este poncho y pa’ siempre lleveló...

            Es el mismo poncho pampa que en su cuna, cuando chico,

            muchas veces, hijo mío, muchas veces lo tapó...

            Yo vi’ a d’ ir al Camposanto, y a la par de su aguelita,

            con mi daga y con mis uñas una fosa voy a abrir...

 

            A las doce de la noche llegó el viejo a su ranchito

            y con mucho disimulo a la vieja acarició,

            y le dijo tiernamente –Su cachorro se ha ido lejos...

            Se arregló con una tropa, le di el poncho y me besó...

            Y aura, vieja...Por las dudas...Como el viaje es algo largo...

            Préndale una cuantas velas...Por si acaso nada más...

            Arrodíllese y le reza, pa’ que Dios no lo abandone...

            y suplique por las almas que precisan luz y paz.”

 

            Este hermoso poema compuesto por Luis Acosta García en el año 1933, fue un éxito de Agustín Magaldi, quien en sus tangos incorporó muchos temas o historias camperas. Pero desde el punto de vista en el que fue abordado este trabajo, lo que sorprende son las interpretaciones y las consecuencias que se derivan de este homicidio.

                        En primer lugar se trata de un homicidio político. Por el solo hecho de expresar una idea. Idea contraria al “patrón” o sea a los que detentan el poder. De inmediato quien la expresa, es asesinado. ¿Por quién? No por el patrón o el que detenta el poder, sino por sus esbirros, entre los que debía destacar algún guapo o malevo. En este homicidio no hay duelo, hay solamente homicidio. Y las consecuencias no son abrir las puertas al odio (como hubiese hecho Hollywood poniendo en el papel de viejito a Shwarzenegger)   sino a una tremenda compasión, que abre el alma. La muerte es del joven, pero quien la sufre es su padre, quien no sólo es capaz de cargar con su pena, sino que en su amor, protege también a su compañera. No es un poema de odio. Es un poema de amor, nacido de una realidad: el homicidio político.

            Quiero destacar una imagen más de este tango: la apertura de la sepultura en el campo santo con “mi daga y con mis uñas”. Las uñas contra la tierra es una imagen que también utiliza Miguel Hernández, el poeta español, en esa hermosísima poesía titulada “Elegía” y que hace muchos años muchos jóvenes conocimos por que la cantaba Serrat. Las uñas contra la tierra ¡cuanto dolor y cuanto amor!.

            Otros tangos se refieren a homicidios relacionados con la política, aunque no por causas políticas, sino ocurridos durante una determinada etapa política. La razón de destacarlos reside justamente en el hecho de que los mismos “suceden en ese marco político” y es posible que no hubiesen ocurrido de haber enmarcado la situación otra realidad.

            En el primero de los tangos elegidos. “La guitarrera de San Nicolás” , se describe la muerte de una mujer, en manos de la “Mazorca de Cuitiño”. De no haber habido actividad Mazorquera, no habría ocurrido –posiblemente- el homicidio. Así lo da a entender el autor, que comienza el poema refiriéndose a Camila O’Gorman, otra muerte fundada también en razones políticas.

           

            “Tu también te llamabas Camila

            como aquella que amó hasta morir;

            bajo el sauce de Santos Lugares

            tu guitarra volcó su gemir.

            En los patios que amó el jazminero

            y que no te olvidaron jamás

            te escuchaban llorando los hombres

            guitarrera de San Nicolás.

 

            Porque tú les cantabas de amores

            en las noches del Restaurador,

            y también, al oír tu guitarra,

            las porteñas lloraban de amor.

            Un jazmín floreció en tus cabellos,

            y al cantar tu postrera canción

            de rodillas cayó la Mazorca,

            de Cuitiño[189] sangró el corazón.

 

            ¡Ah, que noche tan triste en el barrio

            donde nunca volviste a cantar...!

            Todo el mundo lloraba en los patios

            y el jazmín se empezó a marchitar...

            Cintas rojas y flores de sangre

            para que no te olviden jamás

            coloqué en tu guitarra dormida,

            guitarrera de San Nicolás.”[190]

 

            Aunque del mismo autor, distinto es el caso de “La Mazorquera de Monserrat”. Aquí son los celos los que producen la muerte, para descubrir el homicida celoso que el amor oculto de su dama, no era más que el amor ideal por el Restaurador. Una tragedia, también en el marco de una época, pero aquí la política no es la causa de la muerte.

 

            “ Y fue un sargento loco de celos

            que hirió una tarde con su puñal,

            la daga roja de sus cien duelos

            La Mazorquera de Monserrat

 

            Llena de sangre, mientras moría,

            cayó una estampa de entre su chal

            y en el suspiro de su agonía

            el mazorquero creyó escuchar

 

            esas palabras roncas, llorosas:

            -Solo a ti te amaba...Y al expirar

            besó en la estampa la faz de Rosas

            La Mazorquera de Monserrat”.[191]

 

(Homicidio en riña o duelo)

            La muerte violenta viene acompañada en muchísimos casos por una riña o duelo.  Ya de estudiantes conocimos la diferencia entre riña o duelo, y también la crítica de muchos profesores ilustres a la diferenciación de situaciones en muchos casos iguales, por la extracción social y preparación de sus protagonistas.

            Pero no haré hincapié en esta diferenciación, sólo traeré como ejemplos, algunos fragmentos que nos dan cuenta de esta realidad:

            “Cuentan que fue la piba de arrabal,

            la flor del barrio aquel, que amaba un payador;

            sólo para ella cantó el amor

            al pie del ventanal.

            Pero otro amor por aquella mujer

            nació en el corazón del taura más mentao,

            y un farol, en duelo criollo vio,

            bajo su débil luz, morir los dos.”[192]

 

            “¡Lo mataron al pobre Contreras!

            ¡Recién se casaba! ¡Si es para no creer…”

            Juan Luz Mala saltó la tranquera

            y vino a llevarle a su propia mujer…

            Fue en el patio ‘e la estancia la hazaña,

            la fiesta ‘e los novios era un esplendor;

            mas de pronto dos dagas hicieron

            de aquella alegría un cuadro de horror.

            (Recitado)

            Herido de muerte

            y en sangre bañao

            habló de este modo

            el recién casao:

 

            -No es nada, mi gaucha;

            no te asustes, mi alma…

            A los dos peleando

            se nos fue el facón…

            Siento que me llega

            un vientito helado

            aquí en este lado,

            sobre mi corazón…

            Llevame unas flores…

            Andá a visitarme…

            La tierra es muy fría

            pa’ estar olvidao…

            ¡Adiosito, gaucha,

            te estaré esperando…!

            ¡Me voy apagando

            de puro finao…”[193]

 

                        Y tenemos las causas, descripción y consecuencias de un duelo, en ese hermoso tango titulado “Ciruja”:

                                   El ciruja.

                        “Como con bronca y junando,

                        de rabo de ojo a un costado,

                        sus pasos ha encaminado

                        derecho pa’l arrabal.

                        Lo lleva el presentimiento

                        de que en aquel potrerito

                        no existe ya el bulincito

                        que fue su único ideal.

 

                        Recordaba aquellas horas de garufa,

                       cuando minga de laburo se pasaba;

                        meta punga, al codillo escolaseaba,

                        y en los burros se ligaba un metejón;

                        cuando no era tan junado por los tiras

                        la lanceaba sin temer el manyamiento;

                        una mina le solfeaba todo el viento;

                        y jugó con su pasión.

 

                        Era un mosaico diquero

                        que yugaba de quemera,

                        hija de una curandera,

                        mechera de profesión;

                        pero vivía engrupida

                        de un cafiolo vidalita

                        y le pasaba la guita

                        que le sacaba al matón.

 

                        Frente a frente, dando muestras de coraje,

                        los dos guapos se trenzaron en el Bajo,

                        y el Ciruja, que era listo para el tajo,

                        al cafiolo le cobró caro su amor...

                        Hoy, ya libre ‘e la gayola y sin la mina

                        campaneando un cacho ‘e sol en la vereda

                        piensa un rato en el amor de la quemera

                        y solloza su dolor.”[194]

 

Hemos tenido ya demasiados homicidios. Levanto nuevamente la lapicera del papel, pero esta vez para hacer un paréntesis. En mi próxima carta continuaré con esta descripción.

                        Vuelvo a guardar la pluma. Espero comprendas estas interrupciones necesarias.

                        Un abrazo de tu discípulo y amigo.

 

                                                                       Ramón


CARTA 17

Buenos Aires, 2 de Agosto de 2005.

Mi querido amigo y maestro:

 

No todos son homicidios en el tango. A veces tenemos esa impresión errónea. El peligro de muerte está más presente en las letras de tango, que la muerte misma. La posibilidad y el temor a matar,  por amor, o por error o por el solo hecho de no recular, están constantemente presentes en muchos versos, más que la muerte misma.

La provocación de la muerte, marca indeleblemente al hombre. A la víctima y al victimario. Es el delito existencial por excelencia. Desde cualquier punto en que se lo mire: La muerte por homicidio provocado por la desesperación y la intención de querer salvar a otro (Crimen y Castigo), la idea de matar al propio padre déspota (Los hermanos Karamazov), el homicidio por la locura y desesperación del amor (El príncipe idiota).

Pero aún así, no es éste el único delito, ni siquiera el único delito existencia. Otros muchos son abordados por los poetas.

(Lesiones graves)

                        El delito de lesiones graves, también aparece en el tango, lo que no es raro, dada una bárbara costumbre de “marcar” a las mujeres por castigo u otra causa. Y cuando decimos marcar, no era otra cosa que “tajearla” con el facón, principalmente en el rostro.

 

            ¡China cruel, a qué has venido...!

            ¿Qué buscás en este rancho?

            ¡Si pa’ mí fuiste al olvido

            y vive ya más ancho

            mi gaucho corazón!

            ¡Y esa flor que mi cuchillo

            te marcó bien merecida,

            la llevarás luciendo en el carrillo,

            pa que nunca en la vida

            olvides tu traición.”[195]

 

            Lo interesante es que las referencias a este hecho, no son señaladas como un delito, sino como una realidad, que por lo visto, no reconocía consecuencias. Es decir que no habría pena.

            Víctima y victimario confunden también en el delito su propia existencia. La víctima es definida en su pertenencia al victimario, quien al mismo tiempo de perderla se une a ella, acompañándola para siempre en su cicatriz.

(Desórdenes)

            El delito o infracción por desórdenes también tiene un lugar en algún verso:

            “Soy el terror del malevaje

            cuando en un baile me meto,

            porque a ninguno respeto

            de los que hay en la reunión;

            y si alguno se retoba

            queriendo meterse a guapo

            yo le encajo un castañazo

            «y a buscar quién lo engendró..»”[196]

 

            Es un hecho menor, que nos describe una realidad. La convivencia entre los humildes no era pacífica, ni aún al momento de divertirse. ¿Por qué? Es difícil saberlo. Pero es un hecho que se verificó y aún hoy subsiste. Desde Martín Fierro que mata al negro que sólo había ido al baile a divertirse, la literatura y la poesía abundan en ejemplos en los que los más desposeídos por una mujer, por divertirse o por construir su propia imagen, apelan a una violencia que los empobrece aún más.

            (Prostitución)

            Pese a la creencia general, el ejercicio de la prostitución no constituye un delito. El Código Penal reprime la conducta de quien “promoviere o facilitare la prostitución” o “explotare económicamente el ejercicio de la prositución”  (cfr. Código Penal, arts. 125 bis a 127 ter).  La prohibición expresa del ejercicio de la profesión más antigua, deviene de edictos policiales o de normas municipales.

                        La esperanza rota y el dolor de esta legión silenciosa de mujeres, es abordada por el tango y por nuestra literatura desde una óptica distinta y mucho más compasiva.

                        Recordarás ese hermoso libro de Manuel Gálvez, titulado “Nacha Regules” en el que la heroína del mismo le reprocha a muchos que si finalmente la prostitución existe es porque hay prostitutas pero muchos hombres de sociedad que acuden a ellas.

                        No sé cuál es la razón por la que todas las sociedades han pretendido  prohibir la prostitución al mismo tiempo que se aseguraban que la misma coexistiese pacíficamente sin obstáculos, bajo esa misma prohibición.

                        Lejos estoy con estas palabras de aprobar la misma. No la apruebo, no porque me parezca que la prostituta es una persona reprochable en sí misma, sino porque justamente creo que el ejercicio de tal actividad la conduce a la infelicidad, configura casi siempre una renuncia total al amor. (Paradoja es el carecer de aquello que se pretende vender).  Los poetas son tremendamente claros sobre el final de estas mujeres.[197]

                        Menos aún se puede estar de acuerdo con la explotación de las mujeres por terceros. Aquellos que se enriquecen del dolor, el sufrimiento y la falta de futuro de sus pupilas.

                        El tango no sólo nació en los lupanares, sino que tuvo entre sus principales personajes, a quienes actuaban como “cafiolos”. Ya me he referido al principio, sobre las actividades del mismísimo Arolas.