Tango, Existencia y Derecho
o cartas de un abogado porteño a su maestro
A mi abuelo,
A mi mujer y mis hijos que son parte
inescindible de todos mis frutos.
A mi amigo Jorge L. que revisó
exhaustivamente y con sumo afecto, este trabajo.
A mi maestro y amigo Ricardo
Rabinovich-Berkman, quien me impulsó y acompañó en esta tarea.
“He
descubierto una cosa después de la muerte de mis padres, y es que lo que
llamamos sobrevivir, es en realidad subvivir y aquellos a quienes no hemos
dejado de amar con lo mejor de nosotros mismos, son como una bóveda palpitante,
invisible, pero presentida y hasta palpable, bajo la cual avanzamos siempre más
inclinados, más desarraigados de nosotros mismos, hasta el momento en que todo
se sumerge en el amor.” Gabriel Marcel, El emisario,
último acto.
CARTA 1
Buenos Aires, 5 de Noviembre de 2004
Mi querido amigo:
Seguramente
te sorprenderán estas cartas pero espero que la sorpresa sea grata.
Creo también
conveniente explicarte un poco el porqué de esta metodología.
Aún recuerdo como
si fuera ayer cuando comentaste en el Curso de Historia, que habías tenido un
alumno que encaró un excelente trabajo sobre “Folklore y Derecho” y que aún
quedaba pendiente hacer un trabajo sobre la relación entre el Tango y el
Derecho.
Ya en ese momento,
dentro de mí, empezó a gestarse la idea de trabajar el tema. Prefería hacerlo
como un trabajo opcional o accesorio al trabajo “técnico” exigido, pero la
aceptación que tuvo de tu parte cuando lo insinué me obligó a adoptarlo como
trabajo principal.
La opción no fue
fácil, porque de inmediato me di cuenta que el tema me involucraba
personalmente. Tanto el Tango como el Derecho se encuentran indisolublemente
unidos a mi persona. Soy porteño de cuarta o quinta generación, con todo lo que
ello significa[1].
Principalmente soy fruto de esta ciudad, soy uno más de su gente y comparto su
idiosincrasia. Como muchos porteños, encuentro en el Tango y especialmente en
su poesía, una cosmovisión de la que comparto muchos de sus valores. Porque el
tango, antes que nada, es una filosofía expresada en forma de poesía. Como nos enseñaba Unamuno: “Cúmplenos
decir, ante todo, que la filosofía se acuesta más a la poseía que no a la
ciencia...Nuestra filosofía, esto es, nuestro modo de comprender o no
comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento respecto a la vida
misma....no digo filósofos metidos a poetas, porque poetas y filósofos son
hermanos gemelos...”[2]
Y como hombre concreto, nacido,
criado y educado en medio de una sociedad que constantemente sigue convalidando
la filosofía de sus principales poetas, adopté el camino del derecho como mi
herramienta para intentar transformar el mundo, creyendo firmemente en el ideal
de “Justicia”. También en mí se da la eterna confrontación entre los sueños y
la realidad.
Este marco, como te explicaba, me
impide ser imparcial y extremadamente científico en esta tarea. Esta es una
causa en la que soy parte. No puedo dejar de ser lo que soy, ni olvidarme de
aquello a lo que le he dedicado la mayor parte de mi vida. Por el contrario,
entiendo que nada se realiza si no persiste en su propio ser. Por eso las
mejores explicaciones sobre el Tango, han venido del mismo Tango. En igual
sentido nadie puede comprender el derecho como quien lo abraza para vivir la
justicia.
Estas
son las limitaciones subjetivas del trabajo emprendido y que a su vez son
causas de la forma elegida.
Hablar de Tango y de Derecho, me
llevan necesariamente a exponer parte de mi mismo ser. Y no puedo hacerlo con
toda amplitud desde la pretendida formalidad de un ensayo objetivo.
Necesariamente debo vincularme al otro, a quien recibirá mis ideas, creencias y
conclusiones. En esto se asemejan el Tango y el Derecho. Ambos exigen como “conditio sine qua non” la alteridad. No hay Derecho sin “el otro”
y mucho menos Tango. ¿Que norma jurídica se justifica si sólo existiese un
hombre?. ¿Que poesía merece ser escrita en la más absoluta individualidad? Y no
estamos hablando de quien estando sólo compone poesías para entenderse con el
Creador, pues aquí también hay alteridad, que como decía Machado: “quien
habla solo espera, hablar con Dios un día...”
Por
eso elegí redactar estas cartas, con la esperanza de que las mismas me
relacionen directamente con mi interlocutor, o sea, con vos. No se trata tan
sólo de exponer, sino de entablar un diálogo, de persona concreta a persona
concreta, para hablar de muchas cosas que explican el propio ser, mi propio ser
y, tal vez, el tuyo también. Acordate sino de Discepolín y sus charlas de
radio. Nunca fueron un monólogo sino un diálogo con aquel personaje imaginario
llamado “Mordisquito”.
Así también vas a notar, que he
optado por escribir “en porteño” y no en castellano. Es una licencia que me he
permitido por las mismas razones expuestas hasta aquí.
Espero que aceptes el camino que he
elegido.
Un gran abrazo:
Ramón
Buenos Aires, 6 de
Noviembre de 2004.
Mi querido amigo:
Vuelvo a escribirte a fin de
continuar con la tarea encomendada. ¡Qué tarea! Al optimismo de la elección del
tema, le siguió una honda preocupación por encontrar los puntos de encuentro
entre el Tango y el Derecho. Y esta cuestión fue la que ocupó mis primeras
reflexiones. ¿Qué tienen que ver el Tango y el Derecho?.
La primera respuesta la tuve
repasando tu libro “Un viaje por la historia del Derecho”[3].
Fue aquel ejemplo de la “Epopeya de Gilgamesh” el que me brindó la primera
pista. Ya
Son los poetas quienes nos dejaron
este texto que nos demuestra cual era la creencia del pueblo respecto de la
justicia. Porque todos los textos artísticos son validados por el pueblo. Y ese
texto poético nos enseña que aquel pueblo reconocía una justicia mayor a la del
gobernante: la justicia de los dioses. El poeta es aquí, teólogo, filósofo y
jurista, en ese orden.
También nos advierte sobre la
confrontación entre el “ser” y el “deber ser”. Un anuncio ya de otra “tragedia” humana, como la que nos
advirtieron otros filósofos más modernos, ya se trate de la confrontación entre
la realidad de la muerte y el deseo de la vida eterna en Unamuno ó entre los
sueños (ideales) y la realidad en Discépolo.
Este fue mi punto de partida. El
Tango, o mejor dicho sus poetas, también son filósofos y como tales se
pronuncian no sólo sobre la vida sino también sobre aquello que afecta la vida
concreta, como sucede con la Justicia y el Derecho.
Ya en mi carta anterior te señalaba
la relación entre la poesía y la filosofía. Y como la filosofía de un grupo
humano, influye en el Derecho y a la vez, se ocupa del Derecho y la Justicia.
El
poeta se ha vuelto filósofo y adopta una filosofía tremendamente humana y
concreta. No crea con sus ideas castillos en el aire sino que se fija en el
hombre “de carne y hueso” y no en la idea abstracta de hombre o de humanidad.
Como decía el Filósofo:
“ El nuestro (el hombre) es el otro, el de
carne y hueso; yo, tú, lector mío; aquel otro de más allá, cuantos pisamos
sobre la tierra.
Y este hombre concreto, de carne y hueso, es el sujeto
y el supremo objeto de toda filosofía, quiéranlo o no ciertos sedicentes
filósofos.
En las más de las historias de la filosofía que conozco
se nos presenta a los sistemas como originándose los unos de los otros, y sus
autores, los filósofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La íntima
biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar
secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía, la que más cosas nos
explica”.[4]
Aquel
otro poeta, esteta, filósofo y especialmente teólogo nos decía refiriéndose a
Hegel:
“Sucede con la mayor parte de los filósofos,
con respecto a su sistema, como si uno construyese un enorme castillo y luego
se retirase a vivir en un granero. No viven personalmente en sus enormes
edificios sistemáticos. Pero ésta es y sigue siendo, desde el punto de vista
del espíritu, una acusación decisiva”[5]
En el tango no sucede lo mismo. Sus
poetas construyen su filosofía a partir del hombre de carne y hueso, de su
propia experiencia, de la experiencia de sus amigos a los que llama hermanos, o
de aquellos otros a los que aún sin conocer se hermana en un destino común, imponiendo
así la alteridad y la realidad concreta como la esencia propia de su mensaje.
Y esa filosofía poética, concreta y
real es aceptada por sus destinatarios de modo incondicional. Y lo es, porque
el poeta no hace más que extraerla de su propio pueblo, creándose así un
diálogo recíproco que se traduce en poemas que cantados y recitados son
convalidados por la inmensa mayoría que encuentra en ellos la expresión más
cabal de sus sentimientos y sueños.
Y te digo “sentimientos y sueños”
antes que “ideas y doctrinas” porque el tango, como otras filosofías
prácticamente contemporáneas al mismo, apunta al hombre concreto e integral.
Volviendo a aquel filósofo español, podemos decir con él:
“ Nuestra filosofía, esto es nuestro modo de
comprender y no comprender el mundo y la vida, brota de nuestro sentimiento
respecto a la vida misma. Y ésta, como todo lo afectivo, tiene raíces
subconscientes, inconscientes tal vez....Y acaso lo que de los demás animales
le diferencia sea más el sentimiento que no la razón. Y así, lo que en un
filósofo nos debe importar más es el hombre...
Hay personas, en efecto, que parecen no pensar más que
con el cerebro, o con cualquier otro órgano que sea el específico para pensar;
mientras que otros piensan con todo el cuerpo y toda el alma, con la sangre,
con el tuétano de los huesos, con el corazón, con los pulmones, con el vientre,
con la vida. Y las gentes que no piensan
más que con el cerebro dan en definidores; se hacen profesionales del pensamiento.
¿Y sabéis lo que es un profesional? ¿Sabéis lo que es un producto de la
diferenciación del trabajo?...”[6]
La filosofía que se desprende del
tango, es absolutamente vital y existencial. Es la expresión de la vida del
hombre concreto, sin distinción de clases, ni de credos. Es el hombre que vive
en esta sociedad concreta y porteña, ya se trate de Buenos Aires o de
Montevideo.
Se trata de una filosofía trágica y optimista. Se conjugan en ella
dos elementos que a simple vista podrían parecer contradictorios, pero que
resultan ser complementarios. Ahora sólo es momento de enunciarlos, más
adelante me detendré especialmente en este tema.
Así, al finalizar esta segunda
carta, he avanzado en ir ordenando mis ideas y te puedo decir que la primera
relación entre tango y derecho o también entre tango y justicia, consiste en
que el tango resulta ser la expresión filosófica más genuina de este, nuestro determinado grupo humano,
considerado no en abstracto sino del modo más concreto. Como tal, esa filosofía
se pronuncia de distintos modos sobre la Justicia y el Derecho. El cómo será motivo de mis próximas cartas, ya que
ahora debo suspender por algunos momentos.
Aprovecho para enviarte un gran
abrazo, con el afecto de siempre:
Ramón
Mi querido amigo:
Vuelvo a tomar la pluma (que imagen
poética, la verdad es que sigo frente a la PC)
para continuar con mis reflexiones.
Necesariamente debo partir de una
aclaración metodológica. Habrás notado que en mis cartas anteriores me refiero
constantemente a la relación del Tango con el Derecho y la Justicia. ¿Porqué
esa diferenciación entre Derecho y Justicia?
La verdad es que
parto de una idea preconcebida por la cual por “Derecho” se hace referencia a
la expresión positiva de las normas, tal como nos mal enseñó el “positivismo”.
La “norma vigente” o el “Derecho
positivo”.
En cambio por Justicia se hace
referencia al ideal buscado por todos los hombres y al que el Derecho debe
subordinarse como una herramienta para su consecución.
Como ves, al iniciar esta original
correspondencia, he adoptado los
conceptos más “comunes”. Sin embargo
tales conceptos deben precisarse para no caer en equívocos. Pocas cosas he
leído más interesantes y clarificadoras que tu distinción entre “Ius” y
Derecho.[7] Me
apasiona la posibilidad de encontrar la raíz de la palabra Derecho, en la
palabra hebrea “derec” que según tu análisis “es un camino (derec) establecido por Dios (y, por lo tanto, fijo) que
el rey y el pueblo, deben seguir rigurosamente”[8]
Pero justamente es el “camino” y no la
meta o el fin. El fin es el Bien Supremo, o Dios, o la Justicia, que es el
adecuar nuestro obrar humano concreto al
Bien Supremo.
Coincido que el término Derecho no
puede ser restringido a las normas positivas, sino que como vos mismo decís, es
“...la apasionante problemática de la convivencia humana, generada por un
lado, por la permanente conciencia y exigencia de individualidad de nuestra
especie, cuyos miembros se sienten y se saben (hoy, con el respaldo de las
ciencias biológicas y de la psicología), únicos e irrepetibles, y por el otro
lado, por nuestra necesidad de vivir en grupo”.
Es evidente que el
tango, como te señalaba en mis anteriores cartas, es la respuesta más
sentimental, poética y filosófica a esa exigencia del hombre de realizarse en
su grupo. Nadie como el tango expresa y afirma con mayor claridad la tragedia
individual, que se hace evidente en la alteridad, al mismo tiempo que describe
con precisión la pertenencia determinante del individuo a una ciudad. Así se
encuentran tres planos: el individual, el gregario propio de la naturaleza y la
pertenencia a la ciudad, propia del porteño, el hombre concreto del que el
tango se ocupa.
Así que de ahora en adelante, a fin
de distinguir los conceptos, me referiré exclusivamente a “derecho positivo” para identificar la realidad normativa y a “justicia” a los fines de representar el
ideal del Derecho.
Y ya es hora de que me adelante a
los modos que entiendo que el tango se ocupa del “derecho positivo” y de la
“justicia”.
No ha sido fácil encausar el tema.
Partimos de la poesía-filosofía, para tener la convicción que la constatación
de una determinada filosofía o cosmovisión, necesariamente tiene que adoptar
una posición respecto del “derecho positivo y la justicia”. La tarea difícil es
encontrar esa posición, que a veces se expresa de modo manifiesto y otras,
mediante un oportuno silencio. Fijate vos, que esa enorme Poeta (así con
mayúscula) que es Eladia Blazquez, coincide con esta dificultad, y nos dice
que:
“No se si el tango se
ha ocupado de una manera específica de la justicia, tampoco ha incursionado
mucho en lo social, sin embargo, a través de su filosofía profunda
(considerando que es una expresión popular) desde ese sentimiento trágico de la
vida a veces... o el simple sentimiento humano, que es la inteligencia del
alma, pueda haberlo hecho en muchas páginas, que sin duda serán las
imborrables, o por lo menos, en algún momento nos emocionan, porque nos
refieren.”[9]
Mi humilde análisis de muchos
poemas, me ha llevado a considerar que en el Tango podemos encontrar los
siguientes criterios:
1. El Derecho
Positivo: en el tango el derecho de los hombres, la norma positiva, aparece
en reiteradas oportunidades como un “fenómeno”
o un “hecho” al que el hombre está sometido, como lo está a muchas
otras cosas que suceden en el mundo, afectando su persona (una desgracia, la
muerte de un amigo, un viaje, la suerte, etc). No se pronuncia sobre este
“Derecho” y no lo relaciona con la “Justicia”. Solo ocurre. Un hombre puede
estar preso o haber salido de prisión, puede pedir ser condenado, etc. pero
nada de esto afecta su esencia de hombre. El hombre es hombre, sea libre o
condenado, lo demás son sólo circunstancias. En ese sentido, el hombre como tal
nunca es definido como un “delincuente” sino como aquel que cometió un delito.
No existe el “delincuente” como término despectivo, sino en contados casos.
2. Las normas de
conducta en el Tango: en
innumerables letras encontramos una descripción de aquellas conductas que hacen
al hombre, hombre y a la mujer, mujer, o que por el contrario, los descalifican
como tales.
Son las normas que
el tango impone para quien quiera ser acabadamente un hombre o una mujer.
3. Sobre la “Justicia Social” también cabe hacer una referencia, aunque compartiendo lo que dice
la señora Eladia Blazquez, el tango no se caracteriza por abordar la “Justicia Social” sino que se refiere a
ella, en tanto y en cuanto afecta a ese hombre en lucha por su ideal. Es un
fenómeno que afecta (como el Derecho positivo) pero no determina.
4. Destino,
Determinismo y Libertad: Se constatan en el Tango también una serie de
normas que determinan la existencia del hombre. Que le imponen su destino de
lucha. Que evitan que pueda considerarse complacido, hecho y feliz en este
mundo.
Estas normas, no
las dicta el hombre. Le son impuestas por su propia naturaleza humana.
Pero a la vez,
conviven con un reconocimiento expreso de la Libertad.
5. La “Justicia Divina”: Cabe preguntarse
si el Tango se refiere a la Justicia Divina. Si hay alguna relación entre las
normas que impone o le fija el destino y Dios. Es tal vez uno de los aspectos
más apasionantes.
Voy a intentar explicar en detalle
cada una de estas diferentes manifestaciones de la justicia, del derecho y del derecho positivo, en el tango, pero
para ello me veo obligado a precisar previamente dos temas: a) Aquellas ideas y
valores que fundan lo que he presumido en denominar la “filosofía del tango” que a su vez funda las distintas ideas de
justicia y b) El marco histórico.
Como esa filosofía propia y su modo de abordar la justicia desde distintos puntos de vista se fundan en un fenómeno,
un hecho histórico, como lo es el Tango, será objeto de mi próxima carta, un
breve análisis del desarrollo histórico tratando de responder principalmente a
una cuestión: Si la filosofía que impone el tango y sus consecuencias, han
variado en el tiempo y deben considerarse históricamente en distintos períodos
o podemos hablar de una filosofía general alimentada por distintos poetas, cada
uno envuelto en las circunstancias de su propia época, pero trascendiendo la
misma.
Dejo planteado el tema y dejo
también de escribirte. Llega la noche y quiero hacer un paréntesis e irme a
dormir con todas las ideas que bullen en mi cabeza, para que en el descanso
nocturno, esos raros duendes que trabajan cuando uno duerme, las vayan ordenando y mañana las pueda
exponer con mayor claridad.
Aprovecho nuevamente para enviarte
un gran abrazo, tu discípulo y amigo:
Ramón
CARTA 4
Buenos Aires, 12 de Noviembre de 2004.
Mi querido amigo:
La mañana nos vuelve optimistas por
naturaleza, más aún cuando en un día luminoso como hoy, la luz invade mi
escritorio acariciando uno de mis más preciados tesoros: los libros de mi biblioteca.
Rodeado por ellos y con las fuerzas
renovadas, comencé a escribir entusiasmado esta cuarta carta. El optimismo me
duró poco. Luego de avanzar durante un tiempo considerable, terminé rompiéndola
en pedazos. Estaba haciendo todo lo contrario a lo planeado.
Como te prometía en mi carta
anterior tenía toda la intención de abordar ahora, de un modo muy especial,
algunas cuestiones relacionadas con la historia del Tango[10]. Historia no en el sentido de un antecedente
meramente académico u ornamental, sino como la cadena de causas y consecuencias
que explican muchas de las conclusiones a las que espero arribar.
Pese a ello, me
encontré de pronto que estaba escribiendo una nueva historia del tango, tema
que no es el objeto de nuestras conversaciones, y que por otra parte, ha sido
tratado con más amplitud por personas mucho más expertas en el tema. [11]
Ello me llevó a romper la primera versión de esta carta.
Avanzar
sobre el tema propuesto me exige salir
de los esquemas clásicos de la historia del tango. ¿Por qué? Porque los
mismos responden generalmente al aspecto musical. Es decir, a la evolución de
la música, más que al contenido de sus letras, tema éste que es abordado –por
lo general- secundariamente.
Es justificable que sea así,
principalmente porque los cambios musicales son notables y cada uno responde a
una época diferente. Al revés de lo que sucede –como trataré de demostrar- con
el contenido de sus poemas.
He encontrado también otros análisis
históricos, como aquellos que parten de sus poetas, haciendo hincapié en la
forma o técnica poética o en la personalidad o pensamiento de cada uno de
ellos. Estos estudios me serán de gran utilidad, pero tampoco se confunden con
el objeto de mi investigación.
En
otros estudios, al ocuparse de su
evolución, se tiene como punto partida
los cambios del marco social que de un modo u otro repercuten en el
tango. Tema éste también de altísimo interés y que influye en este trabajo. La sociología es un dato fundamental
en tanto y en cuanto tiene –entre otras cosas- el objeto de explicar las
razones que provocaron la aceptación del tango. Esa aceptación, como se verá,
no implica únicamente la adopción de una danza, sino principalmente el
compartir los sentimientos e ideas que transmiten los poetas del tango. El
tango nacido como una danza alegre en los lupanares, va mutando y se convierte
luego, en aquella música que se baila, pero también se escucha con silenciosa y
atenta quietud en salones y teatros. Son sus letras las que poco a poco, van
expresando cada vez más acabadamente, las ideas propias del porteño. Y su aceptación
masiva, no hace más que confirmar, que los poetas del tango lograron
interpretar con mucha más perfección que los poetas llamados “cultos”, los
ideales, valores y frustraciones de los habitantes de Buenos Aires. Sin
embargo, el estudio desde el punto de vista sociológico tampoco responde
completamente a mi objetivo.
Mi análisis parte de la
“cosmovisión” a la que humildemente llamo “filosofía” que sustenta el tango. Esa “cosmovisión”
origina una idea de “justicia” y una posición frente al derecho positivo. Esa
filosofía surge principalmente –a mi
criterio- de las letras de tango o sea de sus poetas y también de aquellas
poesías que de un modo u otro complementan la cultura del tango, aún cuando no
hayan logrado ser adoptadas por una melodía. Los poetas (como decía Unamuno)
son aquí los filósofos.
No pretendo
entonces, rescribir una exhaustiva historia del tango, sino tan solo señalar
aquellos hechos históricos que influyen para bien o para mal, en esa filosofía
propia que crearon los poetas del Tango.
Desde este punto de partida, voy a
remarcar las siguientes etapas, que no guardan una estricta relación con
aquellas creadas por quienes han hecho hincapié, principalmente en los aspectos
musicales:
1. El origen del Tango, desde los primeros antecedentes
hasta finales del Siglo XIX.
2. La aparición del Tango propiamente dicho, desde el
suburbio (la orilla) a fines del Siglo XIX, hasta su primera aceptación social
(1916).
3. La época de oro del Tango, desde 1916 hasta 1955.
4.
La etapa de latencia (
5.
El renacimiento (1969) y la década más triste (1973-1982)
6. Continuidad del renacimiento y los últimos poetas (desde 1982 en adelante).
Quiero adelantarte que parto de una
idea preconcebida. Estos períodos históricos nos ayudarán a comprender algunas
cuestiones particulares, sin embargo, a mi humilde criterio y a diferencia de
lo que sucede con su evolución musical, la filosofía contenida en las letras de
sus poesías, crea una cosmovisión en la que resulta indistinto marcar
diferentes épocas. Me explico: si en esta filosofía el ideal es el “amor” o es
la “compasión” una condición sin la cual el hombre no es realmente hombre, no
es esencialmente diferente si así lo expresó Baldomero Fernández Moreno,
Evaristo Carriego, Discépolo, Manzi o Eladia Blazquez. Será interesante ver
–tal vez- que estos valores se han mantenido en el tiempo y en todo tiempo han
merecido la aceptación popular, pero, la “finalidad” o “el valor” se imponen en
esta filosofía, indistintamente de la época en que hayan sido expresados. Tal
vez con distintos matices, pero siempre los mismos valores.
1.
El origen del Tango, desde los primeros antecedentes hasta finales del Siglo
XIX.
¿Por qué me interesan
particularmente los orígenes? Porque nos enseña respecto de un nacimiento -que
como todo nacimiento- marcará de modo indeleble al tango, en toda su historia.
Marcará pero no determinará.
El primer dato a resaltar son las
imprecisiones mismas acerca de su origen. Varias obras de importancia discuten
sobre los distintos antecedentes musicales: la música afro americana, el tango
andaluz, las milongas camperas, las habaneras, etc. etc. La cuestión es que -como sucede con Gardel
mismo- se desconoce su origen cierto. El tango mismo tiene un origen bastardo.
No hay certeza, aunque sí muchas teorías, sobre su filiación y lugar de
nacimiento.
No es raro que su origen también
atraiga la aceptación de una población porteña que pese a las riquezas que
acumulará y la forma en que copiará a Europa, no tiene abolengo alguno y son
pocos los que conocen los nombres de sus padres o abuelos. No sucede lo mismo
en las ciudades provinciales más antiguas, en las que largos árboles
genealógicos permiten crear una presunta “nobleza” o “sociedad” provinciana.
Buenos Aires, es tierra de desplazados e inmigrantes, muchos de los cuales
triunfarán, sin necesidad de probar sus orígenes ni sustentarse en sus
inexistentes blasones.
El
historiador del Tango, Blas Matamoro señala los hechos que a su entender
crearon las condiciones para el nacimiento del Tango:
·
La construcción del nuevo puerto de Buenos Aires (1870)
·
La finalización de la guerra con el Paraguay (1871).
·
La Federalización de Buenos Aires (1880).
Habría que agregar
un hecho más, que marcó a Buenos Aires de modo especial, como lo fue la
epidemia de Fiebre Amarilla en 1871.[12]
La finalización de la guerra con el
Paraguay, produjo un incremento demográfico en la ciudad de Buenos Aires,
originada en la desmilitarización o baja
de todos aquellos combatientes y de aquellas mujeres que los acompañaron en la
campaña militar como prostitutas (criollas). Estos hombres y mujeres se
establecen en los lugares más pobres de la ciudad (la orilla).
A la inmigración interna
se agrega la inmigración externa, al recalar en Buenos Aires las primeras
oleadas masivas de Europeos. El nuevo puerto les abre las puertas de Buenos
Aires, al mismo tiempo que genera un cambio estructural en la ciudad: los
ciudadanos más acaudalados se trasladan del sur a los nuevos barrios del norte
(Retiro y Recoleta).
Los nuevos inmigrantes de Buenos
Aires (del interior y del exterior) se ubican en los barrios más pobres y así
se va perfilando una ciudad rica que crece rodeada de sectores más indigentes
en lo que se denomina su “orilla”.
Con ellos nace un submundo. El de
las casas de tolerancia o prostíbulos, en las que confluyen aquellas mujeres
criollas y europeas, que tienden a satisfacer las necesidades de una excesiva
población masculina.
En estos lugares nacen los primeros
tangos y responden a la necesidad de entretener. Se perfila un nuevo género,
que tiene por primer objetivo recrear la estancia de los asistentes a aquellos
lugares prohibidos. De ahí la connotación sexual de aquellas primeras
composiciones.
El Tango nace al margen de la ley,
sin ser él ilegal. Nace como un árbol
plantado en tierra prohibida y deberá crecer y esperar para que su majestuosidad se imponga al
recuerdo de su origen sórdido; para mutar su carácter “entretenedor” y
convertirse en filosofía.
Sus primeros creadores e intérpretes
eran parte de aquellos prostíbulos, ya sea como músicos contratados, asistentes
o –incluso como el mismo Arolas_-
explotadores de alguna mujer (aquellos que el lenguaje del tango llama
“cafisho”); o personajes del hampa y a la vez músicos, como es el caso de Ernesto Poncio, “matón y
guardaespaldas, quince años recluido por homicidio (a su salida, Mendizábal le dedicó el tango
Culpas Ajenas)”._
Su melodía era alegre y vivaz,
invitando al baile, respetando siempre un compás del 2/4. Así lo describe con poética precisión Luis Adolfo Sierra:
“ Para explicar este fenómeno aparentemente
contradictorio entre las intenciones progresistas de la composición y ese
acentuado quietismo en las posibilidades
interpretativas, debe apelarse a la muy valedera justificación –tantas
veces repetida- del carácter estrictamente intuitivo de aquellos pioneros
ejecutantes, músicos orejeros, casi sin excepción que carecían de la más elemental formación académica o
conocían apenas –como también con tanta reiteración se ha dicho- algunas
simples tonalidades, que utilizaban como punto de partida para las
improvisaciones, que fue la manera inicial de la composición. Cuando las
improvisaciones resultaban felices, solía repetírselas una y otra vez, hasta
convertirse en temas definitivos, que los distintos intérpretes recogían de
oído. Todo ello, claro está,, dentro de la más precaria concepción técnica, y
sin el menor asomo de escritura musical. Es razonable admitir, entonces, que la
marcada simpleza de los tangos primitivos respondía en buena medida a la falta de
medios técnicos de los instrumentistas. O sea, que la inspiración creativa
estaba restringida inexcusablemente por las limitación de expresión de los
ejecutantes.
Más
aún: la incorporación del germánico bandoneón en la ejecución del tango
determinó un cambio total en la fisonomía temperamental de nuestra música de la
ciudad. Hasta el advenimiento del bandoneón, el tango primitivo era de agudos
sonidos y ritmo ágil cuando la flauta imponía la picaresca algarabía de sus
traviesas florituras. El tango se tocaba en tiempo de dos por cuatro, de
movilidad alegre, retozona y vivaz, dando marco a la coreografía originaria de
complejidad casi acrobática….”_
Esta melodía alegre y rápida, genera
una controversia entre los que han ido a buscar los orígenes del tango en su
estructura musical. En su excelente obra “De Garay a Gardel. La sociedad, el
hombre común y el TANGO 1580-
Así ubican temporalmente las
primeras milongas aproximadamente en 1870. Señalan con precisión y acierto una
referencia a la “milonga” en los versos del Martín Fierro:
“Supe una vez por desgracia,
que había un baile por allí,
y medio desesperado
a ver la milonga fui.”
El
antecedente “criollo” de la milonga, en sus dos versiones, aquella más
melodiosa que se cantaban poemas y su
otra versión más movida y rápida para el baile, unen al criollo que recala en
la ciudad y se junta con innumerables inmigrantes de distintos lugares. Su
pasado criollo vuelve imprecisos o de determinación inexacta sus orígenes, pero
lo cierto es que durante el último cuarto del Siglo XIX se instala en la
ciudad.
Con la música, el baile y sus primeros trazos
poético-descriptivos, nace también un nuevo lenguaje: el lunfardo. Es el
lenguaje de la orilla. El idioma que algunos atribuyen a los presos, pero que a mi criterio con más acierto,
Gobelo imputa a los cafishos. Este nuevo lenguaje no es un idioma, sino tan
solo un modo de modificar el lenguaje común agregándole palabras propias, con
definición propia, que muchas veces expresan su contenido con más precisión que
los instrumentos que brinda el castellano clásico. Así se incluyen también
palabras en que los inmigrantes aportan de sus propios idiomas. No se busca
oscurecer el lenguaje, sino darle un mayor valor expositivo. Y esos modismos
recorren rápidamente las calles, son adoptados por el pueblo y consecuentemente
por sus poetas más representativos.
Nace y crece un tango sin ley, ni en los lugares que se
ejecuta ni por sujeción a las reglas del idioma; y como las mismas prostitutas, se va colando
de los lupanares más sórdidos de la orilla, a los más lujosos del centro de la
ciudad.
2.
La aparición del Tango: desde el suburbio (la orilla) hasta su primera
aceptación social ( 1916).
Poco a poco se irá
escapando de las ataduras que le impone su misión de recrear “contertulios”
innombrables, para expresar otros sentimientos y salir a la luz. Primero
tímidamente por los barrios, a través de ignotos organilleros, como también
con la práctica de la danza nacida al
compás de sus sones en lugares públicos y a la luz del día.
Poco a poco abandona la noche secreta
y se instala en los salones de baile.
Sus primeras composiciones nos dejan
una descripción poética, descarnada y real de los distintos personajes que lo
acunaron en la oscuridad, siguieron sus primeros pasos y se beneficiaron en la
alegría que les brindó su infancia. El “Rufián”, el” Fioca o cantinflero” , el “Compadre” y el
“Compadrito”, las “Chinas” y las “Loras”. Son los arquetipos de aquel mundo
sombrío -y fijate- que son también descripciones “del otro” y “del yo”.
Lo cierto es que aquella música
prohibida, cuando nace el Siglo XX, ya ha salido a la luz, sus poemas van
abandonando poco a poco su carácter meramente descriptivo y comienzan a
expresar los sentimientos e ideas que no abandonarán jamás. La aceptación del
público es cada vez mayor pero aún con la desaprobación pública de las clases
más acomodadas y del intelectualismo más refinadamente afrancesado o
europeizado.
También debemos
recordar aquí a aquellos poetas sin música, pero que representaron el espíritu
del tango desde su inicio. El primero y principal, tal vez sea Evaristo
Carriego (1883-1912) quien describió al hombre de Buenos Aires y su tragedia,
haciendo de los distintos y humildes personajes que lo rodeaban, un canto al
modelo universal de la filosofía de la existencia. Carriego es fundamental en
uno de los aspectos esenciales del tango: la comprensión de la vida a través
del otro.
El tango sigue siendo orillero y
sólo es adoptado por las clases más acomodadas en infracción a lo que estaba
bien visto. Sin embargo, ya en los primeros años de este siglo pega dos grandes saltos.
La
segunda década del Siglo XX comenzó con la conquista de París por el
tango, que nos unió a esa ciudad de un modo especial, de modo tal que en la
mitología porteña sólo se podía estar en Buenos Aires o en París. La ciudad
luz, centro de diversión de la aristocracia ganadera, era ocupada ahora por el
tango y sus ejecutantes. Los hombres de la orilla, igualaban a los
aristócratas. Porque en eso, el Tango nunca promovió la lucha de clases. Todo
lo contrario. El sueño del orillero era llegar al centro y vestirse como un
señor, no sojuzgar al señor para que se vistiera como un orillero. Los que lo
lograban, eran modelo, y para sus seguidores era un lujo verlos vestidos de
gala y galera, sonriendo y enmarcando sus rostros en núbeos echarpes de seda.[13]
Ya para ese entonces – en lo que
también representa su aceptación universal- había sido bailado, primero ante el
Papa Pío X (1914) y luego ante el Papa Pío XI (el 1° de Febrero de 1924), en
ambos casos en una demostración especial al efecto, sin que mereciera
reprobación de los mismos, a pesar de la incorrecta creencia de que el tango
como baile había sido prohibido por la Iglesia.[14]
En 1916 se produce
un segundo hecho determinante: como consecuencia de la Ley Saenz Peña accede a
la Presidencia de la Nación Hipólito Yrigoyen. Como afirma con acierto Blas
Matamoro: “Así como concede a los
radicales el derecho de elegir y ser elegidos, la oligarquía concede al tango
el derecho de ser tocado en público: en el Palais de Glace, el barón Demarchi
reúne a una multitud aristocrática, hace bailar el tango con y sin cortes y lo
aprueban todos los presentes. Es una incitación a abandonar las antiguas letras
y los primitivos temas, pornográficos y prostibularios, y a volverse decente.
Así como los antiguos conspiradores radicales van a convertirse en funcionarios
del Estado liberal, la orquesta típica va a poder actuar en los salones más
aristocráticos, el lunfardo va a ser
cantado en público y en todos los ambientes...”_
3.
La Época de oro del tango (1916-1955).
Nace así la Época Pública del Tango.
Si bien no tiene una inmediata aceptación social[15],
va escalando posiciones a partir de 1916 y hasta 1955 podemos hablar de su
Época de Oro.
Los músicos y poetas de la “Vieja” y
“Nueva Guardia”, imponen la música de Buenos Aires. De esa Buenos Aires, que le
dio cabida con la apertura de una política abierta a todos generada por el
Radicalismo y que se oscureció bajo las sombras del primer golpe militar del
Siglo XX. De esa misma ciudad que vivió los horrores de dos guerras mundiales,
contra las que se estrellaron las ideas positivistas del Siglo XIX de un eterno
progreso fundado exclusivamente en la razón y la ciencia. Que contempló además
la caída de la enorme influencia del Imperio Inglés y el nacimiento de un nuevo
Imperio que determinaría nuestras relaciones comerciales a partir de 1945. De
un país que desde Buenos Aires adhirió a las ideas Corporativistas, cuando las
mismas estaban en franco retroceso y permitieron “a los de afuera” imputarnos
injustamente cierta complicidad hacia uno de los regímenes más terribles de la
historia. De una ciudad que siempre estuvo a favor de la neutralidad, porque su
filosofía, fundada en el otro, no entendía las razones que justificaban
masacrarlo. En el fondo prevaleció la filosofía del hombre de tango. Quién
podía justificar la muerte del cieguito de Carriego, o de la vecina que nunca
tuvo novio, o incluso, del chiquilín de Bachín, fuese cual fuese su
nacionalidad. Además ¿con quién íbamos a estar? Si todos teníamos un amigo o un
vecino “tano”, “gallego”, “franchute”, “ruso” (indistintamente que fuera
polaco, judío, o “ruso de Rusia”) o alemán. Hoy se dice que nuestro error fue
no entrar en esas guerras, que por ellas nos perdimos los beneficios del nuevo
orden mundial posterior a 1945. ¡Qué barbarie!. Es lo mismo que decir que no
tuvimos la “piolada” de unirnos a la matanza de mujeres, niños y ancianos, para
obtener algunas ventajas económicas. Hoy somos más pobres, pero inocentes.
¿Algún poeta del Tango, acaso exaltó la guerra? ¿Alguno le cantó a la
victoria?. Sólo conozco un Tango[16]
que se refiere a la primera gran guerra, y lo que nos muestra no es la gloria
de los héroes sino a aquella madre, que mientras el mundo sigue su camino (“el
músculo duerme, la ambición descansa”)
ella acuna las “cinco medallas que por cinco héroes le entregó la
patria”. No es extraño a ello que la ciudad que acunó los primeros tangos
estuviera habitada principalmente por desplazados que habían venido de pelear
una guerra cruel y sin sentido (la guerra al Paraguay) y otros tan pobres y
desplazados como ellos, que venían
escapando de la guerra y el hambre en Europa. Ni ellos mismos ni sus hijos
pudieron ni quisieron cantar a la guerra, que como habían comprobado, era un “negocio de otros” y no una “reflexión sobre el otro”.
En este rico lapso, a
partir del triunfo de Yrigoyen, entre
las dos grandes guerras y los comienzos del Peronismo, con su optimismo
popularizado, se dieron los más grandes maestros de la música porteña y sus
grandes poetas: Arolas, Canaro, Firpo, Carlos Di Sarli, Pedro Laurenz, Manzi,
Discépolo, Gardel, Lepera, los hermanos De Caro, Osvaldo Fresedo, Troilo, Juan
D’arienzo, Héctor Varela, Mariano Mores, Domingo Federico, Francini-Pontier,
etc. etc. etc. Y lo que es paradójico: junto con la cultura popular, la
prohibición al uso del lunfardo en 1946.
4. La etapa de latencia e inercia
(
La
caída de Perón en 1955, también marca un punto de inflexión. El tango hasta ese
momento había vivido su apogeo. Más allá de ciertas persecuciones políticas (el
caso de Libertad Lamarque por ejemplo) el mismo desarrollo del tango en el
marco de una exaltación de la cultura popular, tuvo los lógicos efectos
positivos. Muchos grandes del Tango, estaban de un modo u otro muy relacionados
a ese proceso cultural, entre ellos Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril.
La
persecución posterior a 1955 de todo signo peronista, no podía menos que
afectar directamente las expresiones culturales , que, sin haberse originado en
ese período, habían aprovechado el mismo para expandirse. Así sucede con el
Tango y con muchos de sus intérpretes a quienes se los prohíbe o persigue por
el sólo hecho de haber mantenido una buena relación con el régimen anterior.
Por
otra parte, toda manifestación popular resulta sospechosa y muchas veces
reprimida, por lo que las clases trabajadoras se repliegan y la cultura refleja
el espacio vacío que dejan las mismas. Espacio vacío que por otra parte se llena con manifestaciones
culturales extranjeras. Debemos recordar que en la década del 50 irrumpe la
televisión con todas sus consecuencias. Por otro lado, se empiezan a generar
los grandes monstruos de la música internacional, los que se ven favorecidos
por una velocidad cada vez mayor en las comunicaciones. Se perfilan los grandes
cantantes americanos como Nat King Cole y un poco más adelante Elvis Presley.
El Jazz en sus distintas versiones gana espacio y el tango es excluido de los
festejos de los jóvenes porteños.
Te
pido perdón por mi próxima afirmación ya que la misma se relaciona más que nada
a mi propia experiencia personal: en la
clase media y las clases más acomodadas no hay otra generación más “tilinga”
que aquella que tuvo entre 15 y 20 años entre 1955 y 1965. La música es totalmente
conformista. No tiene ni la hondura filosófica del tango, ni es una expresión
de nuestra propia cultura. Es la época de los Mackie Mac’s, los bailes de saco
blanco o smoking. No hay –en esos jóvenes y salvo excepciones- casi rebeldía.
Ni musical, ni cultural, ni política.
Para
advertir un cambio habrá que esperar hasta los
comienzos del segundo lustro de la década del 60. La música extranjera
se vuelve más rebelde y nos trae una cultura de los países desarrollados donde
los jóvenes cuestionan el “status quo”. Nacen los Beatles, los Rollings Stones.
El Rock se vuelve más frenético y es adoptado por las clases más bajas de
Buenos Aires. Luego, los conjuntos nacionales que hacen su propio Rock.
El
tango sigue en su latencia e inercia. Se mantienen las viejas orquestas que
siguen tocando para aquellos que eran jóvenes en la década del cuarenta.
Algunos cantantes, como el gran Julio Sosa, alcanzan el éxito. Pero un éxito
¿para quién? ¿para quiénes?. No son éxitos fecundos que atraigan a los jóvenes.
Son éxitos para aquellos que habían adoptado el tango y su poesía como propios,
mucho tiempo antes. Los jóvenes –salvo
excepciones limitadísimas- no se sienten representados por el tango.[17]
El
período 1955-1969 es la “edad media” del tango. Si bien en su expresión pública
es rechazado, por ese misterio que tienen los fenómenos culturales, un grupo de
adelantados, mantiene viva su poesía y su renovación musical. En esa “noche del
tango” van creciendo y se van formando
Horacio Ferrer, Astor Piazzola, la gran Eladia Blazquez y la mismísima María
Elena Walsh. Ellos serán los encargados de renovar las fuerzas del tango.
También se preparan nuevos intérpretes que le darán una nueva voz al tango:
Amelita Baltar, la gran Susana Rinaldi y la mismísima Eladia Blazquez.
El
punto de inflexión, es a mi criterio, el año 1969 y un nuevo tango: “Balada por un loco” compuesto por Astor
Piazzola y con letra de Horacio Ferrer. Este fruto de una vanguardia tanguera
que durante los años más oscuros fue creciendo y creando, escapa a los mismos
reductos en los que se había refugiado el tango, para invadir los programas
especiales que escuchaban los más jóvenes.
5.
El renacimiento (1969) y la década más triste.
El
estilo de Piazzola, no sólo invade los espacios jóvenes, sino también los
intelectuales, siendo aceptado por todos aquellos que rechazaban el tango más
tradicional como el producto de una época pasada, que ya no reflejaba al hombre
de hoy.
El
tango deja de lado lo que muchos entienden como una “cursilería llorosa” y se
transforma en música de vanguardia.
A
través de “Balada por un loco”, se
conoce también “Chiquilín de Bachín”,
quien también cala hondo en aquellos jóvenes del ’70 sedientos de justicia
social. “Adiós Nonino” y “Verano Porteño”, comienzan a ser las
melodías que identifican la nueva vida ciudadana. Se transforman en telones
musicales de muchos programas televisivos y es finalmente Piazzola el motivo
musical de la primera película Argentina que es nominada para recibir el Oscar:
“La Tregua” .
También
se comienza a conocer a otra gran poeta y compositora: Eladia Blazquez, que
pone su nota describiendo como nadie al Buenos Aires actual.
El
tango, ahora y a diferencia de sus comienzos, se refugia en los intelectuales.
Ya no se encuentra reducido a vetustos programas con pobre contenido y
lamentables conductores, sino que es reivindicado por los más progresistas.
Bergara Leuman crea su Botica de Tango y exhibe en televisión el tango
“aceptable” para una elite intelectual.
Los
grandes protagonistas de estos hechos, sin embargo, no reniegan de la historia
pasada del Tango. Se han nutrido de ella y la conocen bien. Son hijos de aquel
tango y no desconocen esa paternidad. A través de ello, los jóvenes comienzan a
conocer a los grandes poetas y compositores. Comienzan a entender la
profundidad de las grandes letras y a diferenciar las mismas de los tangos más
intrascendentes creados a la sombra de la época de Oro, en la que se daba
cabida a todo.
Los
’70 traen también un gran cambio político en el que la juventud tuvo un papel
preponderante. Si por un lado, los jóvenes no bailan –ni por asomo- el tango,
ni se reúnen a escuchar una orquesta típica, empiezan a través de Piazzola y
Ferrer, a descubrir el “otro” tango. Aquel de origen pobre y popular. Aquel de
los grandes poetas que sufrieron la pobreza, la marginación y hasta la
persecución política.
Es
la época del dominio de las baladas (Piero, Pedro y Pablo, Juan y Juan, Zupay), del folklore progresista (Mercedes
Sosa), del Tango remodelado (Piazzola-Ferrer) y principalmente de la canción de
protesta.
Se
sigue escuchando la música extranjera, pero la música nacional ha calado en los
jóvenes que quieren protagonizar el cambio.
El
tango, en este punto tiene una pequeña desventaja: no es canción de protesta,
en el sentido de promover el cambio político. Deslumbra conocer las actitudes
políticas de los dos poetas más representativos de la época de oro: Homero
Manzi (militante radical) y de Enrique Santos Discépolo ( sincero defensor del
Peronismo y de la justicia social). Los
jóvenes de campera y poncho, idealistas y comprometidos con un cambio social,
valoran el tango, aunque no pueden utilizarlo en su prédica política con la
eficacia que brinda “La marcha de la
Bronca” (Pedro y Pablo) o “Para el
Pueblo lo que es del Pueblo” (Piero) o las canciones de Zupay o Quilapayún.
Cuando
cae el gobierno constitucional, se inicia una guerra fratricida cuyas heridas
aún no se han cerrado. Se conoce en la Argentina una lucha como nunca antes.
Los hijos se ponen contra sus padres y los padres contra sus hijos.
La
música sufre las lógicas consecuencias de una época irracional. No sé si mi
subjetivismo, en este momento, me estará jugando una mala pasada, pero lo
cierto es que recuerdo aquellos años como los de una profunda esterilidad. Y no
hablo de la música de protesta o del rock nacional que sufriera la persecución
o el destierro. Me refiero también al tango.
Sin
querer ser demasiado poético te diría que el tango desaparece calladamente,
entre otras cosas porque se vuelve difícil hablar del “Amor” (así con
mayúscula, no me refiero al aquí al amor de pareja únicamente) en semejante
contexto. Se vuelve difícil pensar en “el otro” (el fundamento de toda la
filosofía del tango), cuando nos matábamos unos a otros. Hasta ese momento en la
Argentina, nadie era huérfano. Todos nosotros, que somos los “otros” de los
demás, estábamos emparentados en esa amistad general de los porteños, que se
trasmite por carácter transitivo. En esa amistad genérica y universal del
hombre de Buenos Aires, todos teníamos un amigo, que era amigo del amigo de mi
hermano o de otro amigo y por él hacíamos cualquier cosa. Por ese “amigo”, sin acordarnos ya de qué lugar
ocupaba en la cadena. Así estábamos
todos unidos en una gran cadena sin importar si uno era cristiano o “ruso”,
socialista, radical, peronista o fascista. A quién le importaba en el fondo lo
que pensaba “el amigo de mi amigo” que hoy resulta también ser mi amigo.
¡Cuántas veces nos habremos sorprendido diciendo: “porque yo tengo un amigo que
es....ó que está en....” y realmente estamos hablando de una amistad
compartida, estamos hablando del íntimo amigo del amigo de mi hermano, o de
cualquier otro.
Amigo
y hermano, dos palabras que en el tango se confunden.
La
guerra fratricida no respetó estas creencias arraigadas en nosotros. Se
acabaron los amigos, así como los hijos, los padres, los hermanos, los tíos y
los sobrinos. Ya nadie tenía amigos. Se trastocan todos los valores. ¿Como
fulano puede matar a mengano, si es el hermano de sultano, que es amigo de
fulano? Peor, los hijos están dispuestos a matar a sus padres y viceversa. Ya
no importa de quién es amigo sino de qué lado está. ¿Cuándo habíamos sido así?
¡Cómo se debían regocijar los que nos miraban de
afuera!
¿Podía
haber creación activa del tango en esos momentos? Creo que no. Es la duda de un
testigo.
Gracias
a Dios, ese tiempo terminó. Terminó “sin vencedores ni vencidos” pero no por
generosidad magnánima sino por imposición de la misma realidad. Y, como para no
dejar de lado nuestro sino paradojal, terminamos con la guerra con otra guerra.
Y ahí nos volvimos a encontrar.
La
necesidad de resaltar “lo nacional” durante la Guerra de Malvinas, llevó al
Gobierno Militar a levantar la prohibición contra algunos representantes del
rock nacional. Se volvieron a escuchar y algunos baladistas antiguos, que como
el mismo Piero, se animaron incluso a volver.
Nos
volvimos a juntar todos en una misma quimera, la de vencer a los ingleses, la
de rescatar nuevamente las ollas para llenarlas de aceite caliente y repetir lo
de 1806/7. Una quijotada más, pero de nuevo hermanados y distanciados, como
corresponde.
Nos
volvimos a encontrar. Aún recuerdo la noche aquella en el Teatro Opera, en que
algunos que teníamos 19 o 20 años en el 73, nos encontramos en el año 82
escuchando nuevamente a Piero, que ya no cantaba “Para el pueblo lo que es del
Pueblo” sino que había cambiado el jean por una túnica blanca y nos decía “mansos y tranquilos”. El lo decía y nosotros
también.
Nos
volvimos a encontrar... De nuevo había tierra fértil para que creciera el
tango. Y el tango creció con una fuerza inusitada. Los poetas e intérpretes del
sesenta cantaron su poesía y abrieron un nuevo horizonte.
6. Continuidad del renacimiento y los últimos poetas.
Hoy a más de 20
años de la nueva etapa democrática, nos
encontramos con un tango que es aceptado por los jóvenes, los “viejos”
(aquellos que éramos jóvenes en los ’70) y los más “viejos”.
La particularidad es que no sólo se
han aceptado los nuevos tangos, sino que ha habido reconocimiento y adopción
de los viejos grandes tangos y toda su
poesía. Se respeta y se venera. Y con sorpresa, se ha revalorizado el baile del
tango que parecía próximo a desaparecer junto con los abuelos de los actuales
jóvenes.
Da gusto ver los
jóvenes de jean o pelo largo, con sus propio universo de creencias, aprendiendo
o dando lecciones de tango.
Da gusto ver las noctámbulas
tertulias filosóficas bajo la excusa del humor, en la que una cohorte de
jóvenes escucha con respeto y afecto a Dolina, mientras éste sigue recreando la
filosofía del tango.
Una gran paradoja. Convive este
resurgimiento con un singular fenómeno social. Los nietos y bisnietos de
aquellos inmigrantes del 900, hoy revuelven cielo y tierra buscando las viejas
partidas de nacimiento, no para honrarlos, sino para poder conseguir un
pasaporte europeo que les permita escapar al primer mundo, a ese continente
viejo, egoísta y seco que llaman hoy “Mercado Común Europeo”.
¡Si nos vieran nuestros abuelos! Sus
nietos se glorían de su pasado español, italiano o polaco. Sin embargo allí de
donde eran ellos, los llaman “sudacas”, ni siquiera latinoamericanos. No
importa si los apellidos son del mismo terruño, no importa que recordemos
algunas palabras o contemos las historias que nos contaba el abuelo. Eso valía
aquí, para ellos no somos nada. Una masa informe y molesta.
Esta etapa aún no ha terminado. La
estamos viviendo. Aún no se acabó la crisis que escupe jóvenes porteños al
mundo por miedo al fracaso o asqueados de la corrupción. Gracias a Dios, aún
estamos en un contexto en el que el tango reacciona y llama. Recuerda que no
hay esquinas como las de Buenos Aires, ni faroles, ni coordenadas míticas de
barrios antiguos, que nos recuerden aquel primer amor, nuestros más íntimos
lazos de amistad y que nosotros somos como nos hizo nuestra ciudad.
Me parece escuchar al Poeta:
Adonde
vás? Quedate en Buenos Aires
si
todavía venden la foto de Gardel,
y
en boliche que queda por San Telmo
Rivero
canta tangos, por del tiempo aquel.
Adonde
vas? Quedate en Buenos Aires
si
por tus venas corren ríos de alquitrán,
si
en cada esquina te espera una aventura,
dejate
de locuras...no quieras escapar.[18]
En
esta carta me he extendido, pero quise abarcar los aspectos históricos en un
solo cuerpo, para tratar de hacer fluir los mismos marcando más su evolución,
rechazando la idea de describirlos de modo tal que parecieran períodos
estancos.
El
tango hoy está viviendo un renacer que entiendo que nadie esperaba. Se
populariza y es adoptado por los jóvenes, tanto en lo musical, como en lo
poético y lo bailable. ¿Quién lo hubiera imaginado veinte años atrás?. Lo
cierto es que esta misma sorpresa impide hacer futurología. ¿Que será el
después?. Sólo Dios lo sabe, pero mientras exista Buenos Aires, resultará
difícil prescindir de su filosofía y su música.
Me
despido nuevamente reiterándote mi aprecio. Un gran abrazo:
Ramón
P.D. En el Anexo II en el que se detallan los
tangos consultados para este trabajo y se clasifican por períodos, queda
evidenciada tanto la enorme producción de la Época de Oro del Tango, como la particularidad de aquellos períodos
que hemos denominado ” Época de Latencia” y “Renacimiento”.
CARTA
5
Mi querido maestro y amigo:
En mi carta anterior me atreví a
trazar una particular visión del desarrollo del tango en la historia,
destacando la importancia de sus poetas.
Ellos han interpretado la vida con
su poesía. Poesía histórica pero que a la vez se vuelve perenne. La vida se
empieza a ver con ojos de tango y un pueblo
siente reflejada su particular visión del hombre de sus valores y
desvalores, de su futuro y su trascendencia en los versos escritos por sus
poetas.
Y esta poesía se complementa y
retroalimenta. Crece y se desarrolla, manteniendo en todo momento viva esa
cosmovisión concretizada en el hombre mismo.
Cambian las épocas y el contexto histórico, pero no varía esa particular
visión porteña de los habitantes de su ciudad.
Esa
visión del hombre, crea una filosofía popular, cantada por sus poetas y
compartida por el pueblo. Es un diálogo fecundo y amante entre el pueblo y sus
intérpretes, que supera en mucho a muchas escuelas filosóficas, tan técnicas
como incomprendidas.
Los poetas son a la historia del
tango, lo que los santos a la historia de la Iglesia. Esta última es muy rica y complicada, sin
embargo los pueblos que ignoran el 95% de los nombres de los Papas y ni qué
decir de los Cardenales y Obispos pasados y actuales, conocen perfectamente a sus
santos. Qué creyente ignora a San Francisco, San Agustín, San Benito, San
Cayetano, etc. etc. Muchos ignoran la historia del tango, pero conocen
perfectamente a Manzi, Discépolo, Ferrer, Blazquez. Y no importa su época. Así
como de los santos nos queda su particular visión o modo de vivir sus creencias
religiosas, en los poetas del tango, nos queda independientemente de la
historia, el modo en que ellos interpretaron la vida. No importa quien estuvo
antes ni después. Son sus valores expresados en versos los que el pueblo adopta
y convalida constantemente.
Llegó entonces el momento de
describir cómo es esa visión de la vida, porque en esa visión de la vida vamos
a encontrar también una interpretación de la justicia y el derecho.
Esa filosofía, parte del hombre y parte
especialmente del hombre concreto. El hombre es su centro y su razón de
ser. Ese hombre de “carne y hueso” como diría Unamuno, no una entelequia o una
abstracción del mismo. Y es el hombre, como en toda filosofía, explicado en su
camino a la felicidad. Porque no hay otra cosa que quiera darnos la filosofía
que una explicación del hombre que le permita entenderse y así, al menos tener
la posibilidad de ser feliz adecuándose a su razón de ser.
En esta construcción, podemos
distinguir varios elementos o caracteres propios del tango, esenciales en sí
para explicar la vida a través del mismo. Estos elementos que te voy a detallar
seguidamente, no están descriptos en un orden de prelación perfecto, ya que no
hay prelación entre ellos. Todos se integran y complementan, para construir esa
única visión. Sólo quiero ahora señalarlos, para analizarlos uno por uno más
adelante.
Es un pensamiento esencialmente humanista.
Se trata de un
pensamiento esencialmente humanista, centrado en el hombre concreto y no
abierto a generalizaciones;
La alteridad como principio.
El tango explica todo a través del hombre. Pero no
parte del “yo” sino del “otro”. Los poetas describen “al otro” y a través del
“otro” el hombre se explica a sí mismo. En esto supera la filosofía moderna y
especialmente al existencialismo. Unamuno, Camus, Sartre, Heidegger, parten del
“yo” y a través del “yo” explico al otro.
El tango parte del
“otro” y a través del “otro” entiendo mi “yo”. El hombre no se entiende ni
explica sino es en relación. No hay sentido de la vida sin los otros, aunque el
“yo” tenga conciencia de sí mismo.
Un sentimiento trágico de la vida.
Parte de la idea de
un sentimiento trágico de la vida, una constante lucha del hombre entre sus
sueños (sus ideales) y la realidad, domina a los poetas.
También aquí se
aleja de un existencialismo con similares planteos. La tragedia planteada por
el tango es más simple y más perfecta que aquella que –por ejemplo- se plantea
Unamuno, que describe como tragedia la lucha entre el ser o no ser, entre el
morir y la vida eterna.
Es optimista.
El
sentimiento trágico de la vida, la imposibilidad de conseguir los ideales o la
necesidad de vivir sin haberlos alcanzado no lo conduce a un pesimismo (salvo
excepciones) sino que es tomado como una realidad, un hecho que no impide que
el hombre siga luchando, haya vivido, viva o tenga la posibilidad de vivir
cosas buenas.
Más allá de la
frustración al constatar la falta de adecuación de la realidad a los sueños,
prevalece un espíritu optimista. El
hombre es así, la vida es así, se “es” siempre en lucha, intentando conseguir
el ideal. Ayer lo tuve, hoy no lo tengo, pero mañana lo puedo volver a tener.
La vida es válida porque me permite luchar por lo más alto: el Amor. La
verdadera condena es no comprender que la vida es lucha por conseguir el Amor.
El Amor es el bien fundamental.
El
fin último, el sueño a realizar es la vida en el Amor. Se trata de un Amor con
mayúscula, concretizado en el amor a la madre, a la mujer a los amigos. No hay
otro bien más apetecible que éste y éste es el que justifica la vida.
El constante volver.
Esta cuestión se
relaciona directamente con el punto anterior. En el tango el volver, no es
solamente volver a la ciudad, retornar de un viaje. Es la conciencia de la
necesidad de volver a los orígenes amorosos más puros. Y a esos amores más
puros, sólo se vuelve al final de la vida...
La
libertad.
La libertad como
valor, aparece constantemente en el tango. Ni aún determinadas fuerzas que
parecen volcar al hombre hacia la pérdida del amor, tienen la virtualidad
suficiente para limitar esa libertad.
Alteridad y Ciudad.
Ya me referí
previamente a la necesidad del otro para explicarse a sí mismo. En el tango, la
ciudad es, por un lado, el lugar donde se realiza la convivencia, y por el
otro, la que determina el carácter y los sueños del porteño.
Es antirracionalista y esencialmente
compasivo.
No se trata de una
filosofía racionalista, sino antirracionalista. Si bien en algunos puntos se
asemeja o acerca al existencialismo, no se identifica absolutamente con él
–aunque lo parezca en muchas ocasiones-. Me atrevo a decirte que creo que hasta
supera el existencialismo, ya que esta corriente filosófica antirracional, se
funda siempre en pensadores extremadamente racionales. Por el contrario, el
tango hace prevalecer la fuerza de los sentimientos y la verdad del amor –por
sobre todo- sin incurrir en argumentaciones o construcciones intelectuales. Da
por sentado lo que muchos pensadores existencialistas concluyen. En el tango no
existen ni la “angustia” haideggeriana ni la “nausea” sartriana. Y no existen
porque es una filosofía del hombre concreto en la que antes que el yo, está el
“otro” y es principalmente la compasión
por el otro, la que me hace crear. Defino la vida fijándome con compasión en el
otro, como si fuera un espejo de mi propio yo. No me planteo la existencia de
Dios ni un sistema de vida, con la falta de orgullo con que Pascal
caracterizaba a los racionalistas (concretamente a Descartes), sino que ni
siquiera tengo el orgullo de plantear este tema. El existencialismo concluye
que no puede demostrar la existencia de Dios ni la razón de la propia
existencia. Los poetas del tango, ni siquiera lo intentan. Saben que existe un
bien supremo que es el amor, que hay que luchar por alcanzarlo y esa es la
única razón de la vida. Luchar, luchar y luchar...Ello no quiere decir que el
tango sea ateo o agnóstico. Nada más alejado de la realidad. Como trataré de
demostrar más adelante, el tango no es agnóstico ni es creyente. Acepta de
entrada que ese es un problema que lo excede. Dios existe o no existe. Dios
existe para muchos y no existe para otros. El tango acepta a los hombres sin
preguntarles por qué creen ni por qué no creen.
A cada uno de estos elementos
esenciales, me referiré en las próximas cartas, te ruego me tengas la paciencia
que solo puede tener un amigo.
Un abrazo.
Ramón
CARTA 6
Mi querido amigo y
maestro:
Si bien no tengo tu formación
filosófica, con los pocos elementos que manejo, me voy a atrever a profundizar
cada uno de los elementos esenciales que sobre el hombre he encontrado en el
tango.
El primer elemento, como te
anunciara en mi carta anterior, es su carácter esencialmente humanista.
El
tango no explica otra cosa que al hombre y aquello que interpreta que al hombre
no le es ajeno. Entre otras cosas, la justicia. Sin la erudición de Petrarca
(1304-1474) o de Boccaccio (1313-1375), crean los poetas del tango un arte. Un
arte que en vez de redescubrir la antigüedad como fuente del humanismo,
redescubre al hombre, esencia del mismo.
Todo el tango habla del hombre y
explica al hombre. Ya sea que describa los arquetipos de una sociedad pasada, o
se fije en la expresión de sus sentimientos sin tiempo. La finalidad es siempre
una: describir al hombre en su tragedia.
En 1923 José González del Castillo,
escribía este poema al que le puso música Cátulo Castillo:
Al paso tardo de un
pobre viejo,
puebla de notas el
arrabal
con un concierto de
vidrios rotos
el organito crepuscular.
Dándole vueltas a la
valija,
un hombre rengo marcha detrás
mientras la dura pata de
palo
marca del tango el
compás.
hay no se que rara sensación,
que el barrio parece
impregnarse todo de emoción;
y es porque son tantos
los recuerdos
que a su paso
despertando va
que llena las almas
con un gran deseo de
llorar.
Y al triste son
de esa canción
sigue el organito lerdo
como sembrando a su paso
más pesar en el
recuerdo,
más dolor en el ocaso...
Y allá se va
de su tango al son...
Como buscando la noche
se apagará su canción.
Cuentan las viejas, que
todo saben
y que el pianito juntó a
charlar,
que aquel viejito tuvo
una hija
que era la gloria del
arrabal.
Cuenta que el rengo, que
era su novio
y que en el corte no
tuvo igual,
supo con ella en las milongas
con aquel tango
triunfar.
Pero cayó un día un
forastero
Bailarín, buen mozo y
peleador
que en una milonga
compañera y pierna le
quitó.
Desde entonces es que el
padre y novio
van buscando por el
arrabal
la ingrata muchacha
al compás de aquel tango
fatal.[19]
A
partir de un hecho humano –el paso de un organito- se recrea la historia de un
drama humano. Un drama que afecta al organillero y su acompañante. Dos hombres
que pueden ser “cualquier hombre”. Y más allá de la historia, también
señala que en su camino despierta los
recuerdos de todos, recuerdos “que llena las almas/con un gran deseo de
llorar”. Es decir que no sólo los personajes del poema cargan con su drama,
sino también quienes los rodean. El drama es humano, es de todos, pero sólo lo
veo en el hombre concreto.
En otras ocasiones, el poeta se
centra en una persona, resaltando al que
sufre y sabiendo que ese sufrimiento es universal:
“Pobre solterona, te has quedado
sin ilusión, sin fe...
Tu corazón de angustia se ha
enfermado
puesta de sol es hoy tu vida trunca.
Sigues como entonces releyendo
el novelón sentimental
en el que una niña aguarda en vano
consumida por un mal
de amor...
En la soledad
de tu pieza de soltera está el
dolor;
triste realidad,
es el fin de tu jornada sin amor...
Lloras y al llorar
van las lágrimas templando tu
emoción,
y en las hojas de tu viejo novelón
te ves, sin fuerzas, palpitar...
Deja de llorar
por el príncipe soñado que no fue
junto a ti, a volcar
el rimero melodioso de su voz...
Tras el ventanal,
mientras pega la llovizna en el
cristal,
con tus ojos más nublados de dolor
soñás un paisaje de amor...
Nunca tuvo novio, pobrecita,
porque el amor no fue
a su rincón de humilde muchachita,
a reanimar las flores de sus años...
Yo, con mi montón de desengaños,
igual que vos vivo sin luz,
sin una caricia venturosa
que en mi pecho haga olvidar
mi cruz...”[20]
Es
el drama universal de la soledad, que no se advierte mejor que en la persona
individual que lo sufre. Este drama, es más drama que cualquier otro hecho
colectivo. El hombre sufre individualmente. Su dolor es personal, aún cuando
fuese consecuencia de su relación con los otros.
En otros casos, la descripción es
directa y sale del interior del hombre. Son muchos los tangos que se pueden
elegir y entre ellos, pocos tienen la contundencia de aquel que escribiera
Enrique Santos Discépolo en 1945:
¡Soy una canción
desesperada!
¡Hoja enloquecida en el
turbión!
Por tu amor, mi fe
desorientada
se hundió, destrozando
mi corazón.
Dentro de mí mismo me he
perdido
ciego de llorar una
ilusión.
¡Soy una pregunta
empecinada
que grita su dolor y su
traición!
¿Por qué me enseñaron a
amar
si es volcar sin sentido
los sueños al mar?
Si el amor
es un viejo enemigo
que enciende los
castigos
y enseña a llorar...
Yo pregunto: ¿Por qué,
sí, por qué me enseñaron
a amar
si al amarte mataba mi
amor?
Burla atroz de dar todo
por nada
y al fin de un adiós,
despertar
llorando....
¿Dónde estaba Dios
cuando te fuiste?
¿Dónde estaba el sol que
no te vio?
¿Cómo una mujer no
entiende nunca
que un hombre da todo,
dando su amor?
¿Quién les hace creer
otros destinos?
¿Quién deshace tanta
ilusión?
¡Soy una canción
desesperada
que grita su dolor y su
traición![21]
Sería
un error pensar que este tango relata un hecho, el del abandono de un hombre
por una mujer. Por el contrario, el grito desesperado del poeta sobrepasa el
hecho casual para decirnos que: a) El hombre es una canción desesperada por no
lograr alcanzar su fin; b)Que tal fin es una ilusión. c) Que la vida hace que
el hombre pierda la fe y pierda su corazón; d) Que así el hombre se transforma
en una “pregunta empecinada”. Y
recordemos aquí lo que nos dice en otro poema: “la vida es tumba de ensueños con cruces que abiertas preguntan para
qué...” e) Que la falta de amor concreto hace inentendible el para qué del
Amor. f) Si el Amor es el fin del hombre y no se concreta, para qué ese fin. g)
Así el fin deja de ser fin y se transforma en ilusión (un fin inalcanzable y
por lo tanto irreal).
En otros supuestos, el poeta busca
referirse a un hecho determinado. Como en el hecho elegido en el siguiente poema
(el abandono para no arrastrar en el propio fracaso al ser querido). Y este
hecho, reconocible, experimentado, le
permitirá reflejar un valor universal.
El tango Confesión dice así:
“Fue a conciencia pura que perdí tu
amor
nada más que por salvarte.
Hoy me odiás y yo, feliz,
me arrincono pa’ llorarte.
El recuerdo que tendrás de mí
será horroroso;
me verás siempre
golpeándote
como un malvao.
¡Y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor...!
¡Sol de mi vida,
fui un fracasao;
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise tanto,
tanto que al rodar,
para salvarte sólo supe
hacerme odiar...!
[...]
me justifica el verte hecha una
reina,
que vivirás mejor lejos de mí.”[22]
Aquí es el poeta (desde el yo) quien cuenta una historia. Y esa historia
–que es la propia- conlleva una idea de generosidad. Es mejor hacerse odiar si
eso salva al que se ama. El amor es sacrificio. El amor es generosidad.
Así
el tango se refiere a los aspectos esenciales del hombre, utilizando distintos
caminos:
a)
La descripción de hechos o historias que permiten afirmar ideas sobre el
hombre, como en el caso de “Organito de la Tarde”.
b)
La descripción de un hombre concreto viviendo su drama, como en el ejemplo de
“Nunca tuvo novio”.
c)
La expresión directa por el hombre de su propio drama, según se ha visto en
“Canción desesperada”
d)
Finalmente una historia, no desde la
descripción de un tercero, sino relatada por el mismo protagonista:
“Confesión”.
Todos estos caminos, para llegar al
objeto principal de preocupación de los poetas: el hombre.
Te envío un gran abrazo, tu
discípulo y amigo:
Ramón
Buenos Aires, 10 de
Febrero de 2005.
Mi querido amigo y
maestro:
Cuando
comencé con este trabajo, partí de una idea preconcebida: una identificación
entre el existencialismo y el tango. Son muchas las coincidencias aunque –como
descubrí o interpreté luego de adentrarme en mi investigación- el tango
terminará sobrepasando al existencialismo clásico.
Nos encontramos en
el tango con un sentimiento trágico de la
vida, como aquel que desvelaba a Miguel de Unamuno. Una tragedia que en el
escritor español se encontraba en la lucha entre la conciencia de la muerte que
le mostraba la razón y un sentimiento por la vida que le impedía aceptar la
muerte. En el tango, en cambio, la confrontación se presenta entre la realidad por un lado y los sueños o ideales por el otro. Pero este
tema específico será motivo de mi siguiente carta y no de ésta.
También como en
aquel autor, el objeto de los poetas del tango, no es otro que el hombre, el
hombre concreto de “carne y hueso” y no el concepto de hombre. Te acordás lo
que decía en el Sentimiento trágico de la
vida”:
“Ni lo humano ni la humanidad, ni el adjetivo
simple, ni el adjetivo sustantivo, sino el sustantivo concreto: el hombre. El
hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere –sobre todo muere-, el que
come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere, el hombre que se ve y a quien
se oye, el hermano, el verdadero hermano”[23]
También se asemejan
el existencialismo y el tango en su relativo optimismo, ya que tragedia no quiere necesariamente decir
pesimismo. En la noción de libertad,
en su antirracionalismo, en
su compasión por el hombre y, tal vez,
en su manera de comprender a Dios.
Ya
he intentado demostrar en mi carta anterior, que no hay otra preocupación en la
poesía del tango, que ese hombre de carne y hueso. Sin embargo el tango y el
existencialismo, abordan el problema de modo diferente y éste será el objeto de
la presente carta. Pues ha sido éste el primer tema que me advirtió sobre
aquellas diferencias que hacen que el tango – a mi humilde entender- supere el
existencialismo clásico a pesar de sus muchas semejanzas.
El existencialismo aborda el
problema del hombre, desde el hombre concreto, pero siempre desde el Yo. El Yo es el punto de partida
(como lo fue para Descartes) para iniciar toda la reflexión. Es el Yo ante la muerte y la necesidad natural
de vida eterna en Unamuno. Recordemos sino sus palabras:
“«¡Yo,
yo, yo, siempre yo! –dirá algún lector-; y, ¿quién eres tú» Podría aquí
contestarle con Obermann, con el enorme hombre Obermann: «Para el Universo,
nada; para mí todo.» Pero no, prefiero recordarle una doctrina del hombre Kant,
y es que debemos considerar a nuestros
prójimos, a los demás hombres, no como medios, sino como fines. Pues no se
trata de mí tan sólo; se trata de ti, lector, que así refunfuñas; se trata del
otro, se trata de todos y de cada uno. Los juicios singulares tienen valor de
universales, dicen los lógicos. Lo singular no es particular, es universal. El
hombre es un fin, no un medio...”[24]
El hombre Unamuno, partía de sí
mismo en su reflexión. Se parte de sí
para comprender a los demás. Y al “otro”
lo entiende partiendo de sí mismo. Entiendo que el otro sufre, porque yo sufro.
Entiendo la agonía de la existencia de los otros, porque vivo la mía. Don Miguel de Unamuno lo expresa claramente “La filosofía es un producto humano de cada
filósofo, y cada filósofo es un hombre de carne y hueso que se dirige a otros
hombres de carne y hueso como él. Y haga lo que quiera, filosofa, no con la
razón sólo, sino con la voluntad, con el sentimiento, con la carne y con los
huesos, con el alma toda y con todo el cuerpo. Filosofa el hombre”.[25]
Y si bien eso
sucede también en el tango, donde el poeta no compone con su razón sino con
todo su ser, la diferencia es grande. En el tango se parte del otro, del
sufrimiento existencial del otro, para entenderse a sí mismo. Esta es la gran
diferencia con el existencialismo, y lo podemos confirmar en los siguientes
ejemplos.
Así nos dice Prieto Prini del
filósofo danés: “De parte de Kierkeegard
–puesto que se trata de una elección y de un juicio de valor- se pondrán
aquellos que se ocupan, como Sócrates, de «conocerse a sí mismos». En esta
ocupación subsiste algo del concepto tradicional de la filosofía que
corresponde justamente a la frónesis socrática, como la concentración
meditativa sobre la propia alma, con un ejercicio de la sinceridad hacia sí
mismo. En tal sentido, la filosofía fue entendida por Kierkegaard como el
comportamiento activo hacia la verdad de la propia existencia; no es el sistema o la especulación, sino el diario
íntimo de la aventura irrepetible en la que cada uno de nosotros decide su
suerte de hombre auténtico”[26]. Si buscamos en Nietzche encontraremos
algo semejante: “El hombre puede llegar
hasta donde quiere con su conocer y presentarse a sí mismo del modo más
objetivo, pero finalmente todo esto no hace más que su propia biografía”[27] O Kafka que en su diario afirma: “...Todo es nada más que imaginación, la
familia, la oficina, los amigos, la calle, todo es solo imaginación; y más
lejana o más cercana, la mujer; y la verdad más inmediata es que das tu cabeza
contra el muro de una celda sin ventana y sin puerta”.
Los autores
existencialistas más modernos no cambian la perspectiva. Heidegger nos habla de
un nuevo modo de conocimiento a través de la disponibilidad y apertura del ente
(del yo) a la manifestación de los demás entes. Como lo describe Prieto Prini:
“Así, también el concepto de la verdad
resultaba radicalmente modificado, y fue Heidegger el primero en reconocerlo
explícitamente: ya no es una orthotes,
un rectificarse de la conciencia en una norma interior («idea»), sino un «rasgo
del ente», un revelarse de la cosa tal como ella es y que así trasciende
intencionalmente la conciencia, y no el término de una relación incluyente
suya. ¿Cuál será, entonces, la condición de este revelarse a nosotros del ser
de la cosa? Que nosotros, precisamente, «dejemos ser al ente tal como es» dice
Heidegger, en la Esencia de la verdad,
que nos abandonemos a él, perfectamente disponibles, como diría Marcel, a su
revelarse, no limitando ni cerrando la puerta a su infinita manifestabilidad.
Esta total disponibilidad al manifestarse del ser es, en su sentido más
profundo, la libertad, la cual es, por consiguiente, al mismo tiempo verdad o a-letheia y existencia o ex-sistentia, ex-positio. «La esencia
de la verdad es la libertad»”[28] Sin embargo tal exposición del ser a la
verdad no produce la felicidad sino el sentimiento de Angustia. Y qué decirte de
unos de mis autores preferidos, Gabriel Marcel (sobre quien ya volveré más
adelante con su concepción de la muerte) que en su libro “Etre et Avoir”
refiriéndose al sentido último de su vida (de la vida) dice: “...¿Me podrá suministrar otro esta
respuesta? Surge inmediatamente una cuestión: la cualidad que éste otro puede
tener para responderme, el sentido eventual de su decir, soy yo quien lo discierno;
pero ¿qué cualidades poseo para efectuar ese discernimiento? Puedo, pues
referirme sin contradicción a un juicio absoluto , pero que al mismo tiempo
sería para mí más íntimo que mi propio juicio; en efecto, apenas tratase yo
este juicio como exterior a mí, se me plantearía inevitablemente de nuevo la
cuestión de cómo conocer su validez. Con esto, la cuestión como tal desaparece
y se transforma en llamado. Pero quizá, en la medida en que adquiero conciencia
de este llamado como tal, me veo inducido a reconocer que él es posible
solamente porque en lo profundo de mí hay algo más íntimo para mí que yo mismo,
y por eso el llamado cambia el signo”. Para Marcel es la Angustia. Para
Sartre (que llega a un pensamiento totalmente opuesto al de ese autor) es la
“nausea” que lo aborda cuando llega a ponerse en contacto con el “ser en sí” con la cosa despejada de todo
aditamento racional. No soy un experto en Sartre, pero es claro que el problema
del conocimiento es para él y las nauseas las siente
él.. Es el yo frente al mundo. Es el
yo el que comprende.
¡Yo,
yo, y yo! Se repite la cantinela. Yo y yo. Yo y el mundo. ¿Y el otro?. También
hay relación al otro, pero se lo conoce a través del Yo. Es el yo el que se
abre al otro y no el otro el que invade y abre mi yo.
El tango a través de sus
poetas supera esta explicación de la vida fundada exclusivamente en el yo como
punto de partida. Como tal, el intento de explicar la vida por parte del
existencialismo, es en muchos casos tan racionalista como el racionalismo que
critican. Por eso la necesidad de partir del “yo” como Descartes. En el fondo
lo que nos están diciendo no es “pienso luego existo” sino “pienso, siento y
luego existo”.
Nuestros poetas, en
cambio, crearon una interpretación de la vida a través del otro.
Hay un caso que es más
que ilustrativo y es el tango “Yira, Yira” escrito en 1930 por
Cuando la suerte,
que es grela,
fallando y fallando
te largue parao....
Cuando estés bien
en la vía,
sin rumbo,
desesperao...
Cuando no tengas ni
fe,
ni yerba de ayer secándose
al sol....
Cuando rajés los
tamangos buscando ese mango que te haga morfar...
la indiferencia del
mundo que es sordo y es mudo recién sentirás.
Verás que todo es
mentira,
verás que nada es
amor...
que al mundo nada
le importa
Yira...Yira...
Aunque te quiebre
aunque te muerda un
dolor,
no esperes nunca
una ayuda,
ni una mano, ni un
favor...
Cuando estén secas
las pilas de todos los timbres que vos apretás,
buscando un pecho
fraterno para morir abrazao...
Cuando te dejen
tirao después de cinchar,
lo mismo que a
mí...
Cuando manyés que a
tu lado se prueban la ropa que vas a dejar...
¡Te acordarás de
este otario que un día, cansado, se puso a ladrar!
Un análisis simple
podría justificar el pensar que ha sido escrito por quien quería expresar la
agonía de su propio yo. Nada más lejos de la verdad, y por suerte, Discépolo
dejó la explicación del mismo. Explicación ésta que así nos la relata José Barcía:
“Viene aquí el caso de la historia de «Yira..
Yira...» que fue estrenado por la «negra» Sofía Bozán en el desaparecido teatro
Sarmiento de la calle Cangallo, frente mismo al Buenos Aires, el reducto de
Muiño y Alippi. A las dos salas, como a otras, las barrió
Discépolo no se
sentó a pensar en sí mismo. No analizó su yo, ni se sintió solo. Fue invadido
por la soledad en la desgracia del amigo y eso motivo su poesía, su canto.
Lloró como Jesús, por el amigo. Se apenó como el “Príncipe Idiota” de
Dostoievski, por la desgracia en la vida del otro y compartió su pena. Su pena
no es propia, es compasión, porque comparte la pena ajena. “Padece”, “pasiona”
con el otro.
Todo el tango es así.
Todo el tango crea una
visión de la vida a partir del otro. Como te decía al final de mi carta
anterior, los temas se agotan en la consideración del otro, ya sea describiendo
su historia, su sentir o creando un personaje ficticio que representa la
historia o ese mismo sentir.
Carriego, es otro poeta
que vuelca en poemas las penas que los demás le muestran. También su pena es
compasión:
“Ayer la vi, al pasar, en la taberna,
detrás del mostrador, como una estatua...
Vaso de carne juvenil que atrae
a los borrachos con
su hermosa cara.
Azucena regada con
ajenjo,
surgida en el
ambiente de la crápula,
florece, como
muchas en el vicio
perfumando ese
búcaro de miasmas.
¡Canción de
esclavitud! Belleza triste,
belleza de
hospital, ya disecada
quién sabe por qué
mano empuja,
casi siempre, hasta
el sitio de la infamia...
Y pasa sin dolor,
así, inconsciente,
Su vida material de
carne esclava:
¡copa de invitaciones
y de olvido
sobre el hastiado
bebedor volcada![29]
Que más revelador
que esta poesía. Donde algunos veían una prostituta tentadora, otros una mujer
escandalizante o, sin duda, para algunos otros el objeto de risa y la burla, nada de eso ocurre con el
Poeta. El se siente invadido por el dolor y la pena que el otro emana. No la ve
con los ojos, ni con los sentidos, ni con la razón sino con el corazón, con el
alma.
Y sus ejemplos son múltiples y
tremendos. Residuos de Fábrica, por
ejemplo:
Hoy ha tosido
mucho. Van dos noches
que no puede
dormir; noches fatales
en esa oscura pieza
donde pasa
sus más amargos
días, sin quejarse.
El taller la
enfermó, y así, vencida,
en plena juventud,
quizá no sabe
de una hermosa
esperanza que acaricie
sus largos sufrimientos
de incurable.
.......
Ha tosido de nuevo.
El hermanito
que a veces en la
pieza se distrae
jugando, sin
hablarla, se ha quedado
de pronto serio
como si pensase...
Después se ha
levantado, y bruscamente
se ha ido
murmurando al alejarse
con algo de pesar y
mucho de asco:
-que la puerca,
otra vez escupe sangre...”[30]
Aquí
quiero señalar algunos aspectos que se repetirán también en otros autores. El
drama del hombre no es un hecho colectivo sino individual. No se canta o pinta
un fresco general. La poesía del tango no se detiene en los números ni en las
estadísticas, ni en las grandes batallas, ni los cataclismos, sino en el
individuo. Y nos muestra que el individuo (ese “para el mundo nada, para mi
todo” de Oberdamm que rescataba Unamuno) sufre individualmente y se trunca
solo, no importando si al lado de él se salvan cien o comparten su suerte mil.
El drama es uno, individual y completo. En ese sentido (¿tal vez por ser
porteño?) no he encontrado mejor película sobre el Holocausto, que “La Vida es
Bella”. ¿Por qué? Porque me mostró el real drama en uno solo. Y no en su
historia (en la historia de ese hombre) sino en sus sentimientos. En sus
pequeñas cosas. En el hijo pequeño que se acurruca en su falda en el camión que
los lleva por primera vez deportados... Fue la única vez que lloré en un cine
desde mi juventud. Solo comprendiendo y compadeciendo el drama de uno solo. Y
que me aterroricé como nunca antes, al entender que fue el mismo drama de
muchos.
En esta particular poesía, algo más
que la hace más grande. No hay un solo personaje, hay dos. La obrera en su
cuadro de enferma. Su hermano, pequeño pero compartiendo su misma miseria, que
no entiende la gravedad ni las consecuencias de la enfermedad y que al mismo
tiempo, en su pequeño egoísmo de pequeño, entre la tristeza y el asco, reprocha
e íntimamente rechaza e insulta, a quien está a su lado, perdiendo el don de la
generosidad. Condenado también a no saber amar.
Hay dos destinos truncados y no uno
solo. La mujer joven que pierde la vida a causa de su trabajo. El niño pequeño
que pierde su hermana y su relación con ella, por estar inmerso en la misma
miseria.
¡Cuantos otros personajes!
La “Costurerita que dio aquel mal paso”:
....
“Y si esto ha ocurrido, que en verdad no es
poco,
si
diste el mal paso, si no me equivoco
y
encontré el secreto de esa agitación...
¿quién
sabrá si llevas en este momento
una
duda amarga sobre el pensamiento
y un
ensueño muerto en el corazón?[31]
Y también esa forma oblicua de
sorprendernos para contarnos la soledad y la tristeza, como “En el cuarto de la Novia”.
“Se levantaron de la mesa
y
fueron a ver el vestido
de
la novia:
¡Qué
lindo estaba,
tan
blanco, tan blanco! ¡Qué lindo!
¿Y
la novia? ¡Ay, la novia! Cómo
tenía
de alegre la cara...
Todos
los ojos la miraron
y
ella se puso colorada.
“¡Señora,
señora!”
Le
llovieron
las
alusiones y las bromas
de
las muchachas. Qué palabra,
que
palabra tan dulce: ¡novia!
Alguna
recordó entre burlas
ingenuas
lo del primer beso:
“-¡Había
que verla, muchachas!
Valía
la pena, por cierto.”
Y
cuando empezaba:
“Una
noche...”
Se
le heló en los labios la risa.
¡Ave
María! ¡De qué modo
más
raro miraba la prima![32]
En esta poesía no
es la novia el personaje central, sino la prima. El poeta crea un gran cuadro
alegre, al solo efecto de resaltar tan sólo, los sentimientos de la prima.
¿Cuáles? No lo define: ¿envidia?, ¿odio? o tal vez lo más seguro, ¿la pena?. El
regocijo de muchos enmarca el dolor de uno sólo y ése es el que atrae al poeta.
Leer a Carriego implica primero,
sentirse abrumado por la pena y, luego, sentir compasión por el otro. Aprender
a sentir compasión por el otro. Y dar
gracias al poeta que compadeció primero y nos enseña a nosotros a ver el mundo
de otro modo. A hundir la mirada en lo esencial y dejar de lado lo vanal.
¡Hubiera querido Víctor Hugo poder
expresar tanta compasión en tan pocas palabras!
Y estos temas se repiten
sistemáticamente en el tango. En “El
último organito” que transcribí con anterioridad, como también en “Volvió una
noche” de Gardel-Le Pera (1935) o en
“Silencio” (Gardel-Le Pera-Pettorossi-1932) ó el menos conocido “Pan”
(Celedonio Esteban Flores con música de Eduardo Gregorio Pereyra) compuesto en
1932 y que dice así:
El sabe que tiene
para largo rato,
la sentencia, en
fija, lo va a hacer sonar
Así entre cabrero,
sumiso y amargo,
la luz de la aurora
lo va a saludar.
Quisiera que alguno
pudiera escucharlo
en esa elocuencia
que las penas dan,
y ver si es humano
querer condenarlo
por haber robado un
cacho de pan...
Sus pibes no lloran
por llorar,
ni piden masitas,
ni chiches, Señor;
sus pibes se mueren
de frío
y lloran
hambrientos de pan...
La abuela se queja
de dolor,
doliente reproche
que ofende a su hombría..
También su mujer
escuálida y flaca,
en una mirada toda
la tragedia
le ha dado a
entender.
¿Trabajar? ¿Adónde?
Extender la mano
pidiendo al que
pasa limosna, ¿por qué?
Recibir la afrenta
de un “perdone, hermano”;
él, que es fuerte y
tiene valor y altivez...
Se durmieron
todos...Cachó la barreta...
Se puso la gorra,
resuelto a robar...
Un vidrio, unos
gritos, auxilio, carreras...
¡Un hombre que
llora y un cacho de pan!
Y muchos otros tangos,
hasta los más nuevos, si no qué otra cosa es “Chiquilín de Bachín” que el poeta
impactado por el drama individual:
“Cuando el sol pone a
los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y su madre mira,
yira que te yira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver” [33]
El tango nace de la
percepción del dolor del otro. Más adelante diré “de la tragedia” del otro.
También trataré de explicar que pese a ello es “optimista” y no “pesimista”.
Pero quiero adelantarte aquí que es importante borrar esa imagen de “llanto sin
sentido del tango”. Esos son los malos tangos, los malos poetas. El tango es
más que el dolor, es compasión. Es padecer con el otro. Y eso se llama amor. El
tango es constantemente amor por el otro, ¿y qué enaltece más al hombre que el
amor? ¿Qué lo hace más grande?. El tango se redime y redime al hombre en la
pena de no ser indiferentes. El tango es la grandeza de mirar con el alma y el
corazón al corazón y el alma del otro.
Eladia Blázquez lo dice
con toda claridad:
“Con las alas del alma
desplegadas al viento
ante cada noticia de
estupor, de injusticia,
me desangro por dentro y me duele la gente,
su
dolor, sus heridas porque así solamente
interpreto
la vida”[34]
¿Al
hacer hincapié en el aspecto individual nos olvidamos de lo social? No, no hay
que caer en ese gravísimo error. El tango es también una pintura social, nos
muestra y pinta un ambiente que no ayuda al hombre a ser feliz (como las
condiciones de trabajo en la poesía transcripta de Carriego). Pero supera la
cuestión social. Los problemas sociales se entienden desde el hombre y no el
hombre desde los problemas sociales. Si el medio social es malo (pobreza o
condiciones indignas de trabajo) no es esa la cuestión central, sino que el
hombre sufre. Parto del sufrimiento del hombre, que es lo que realmente me
conmueve y desde ese sufrimiento entiendo una realidad social negativa.. Se
trasciende lo social sin dejarlo de lado. Es el mismo caso que te refería en la
película “ La vida es bella”. El drama es el del padre. El dolor de ese padre
no tiene límite (como diría Miguel Hernández: “no hay extensión más grande que
mi herida”). Mostrado el drama desgarrante de ese padre ¿resulta necesario
hacer un estudio filosófico, sociológico y político del nazismo para
condenarlo? No, ese sólo drama basta para condenarlo. Y si además el caso es
más de uno, peor aún. Pero uno solo basta. Se llora por el hombre concreto, por
el padre, por otros padres, por otras madres por otros hijos. No se llora por
las “consecuencias sociales y políticas del régimen nazi”.
Y esto es muy porteño. Y
es la filosofía que rescata el tango. Por eso no podemos ir a las guerras
sintiéndonos inocentes. Por eso tampoco, podemos condenar a muerte a los reos.
Me río cuando despotricamos y pedimos mano dura. Si la verdad es que si nos
ponen de jurados a los 30 millones de argentinos, todos terminarían siendo
inocentes. “¿Cómo vamos a condenar a éste que pobre, no fue a la escuela?” “¿O a aquél otro cuya madre lo dejaba
abandonado a la buena de Dios?” “ ¿Y éste?, tampoco, no ves que es el hijo de
la hermana de Juana, esa que quedó embarazada soltera y tuvo que trabajar día y
noche, claro el chico se le descarrió.” “¿Y a este otro? Mirá, yo lo
condenaría, pero me vino a ver mi primo, que trabaja con el padre de este
chico. Son cinco hermanos, todos trabajan menos éste que es un descarriado.
Pero tenemos que darle una oportunidad...”
¿A quién vamos a
condenar?
Si el hombre
siempre nos da pena.
Si no vemos al
homicida, sino al hombre que cometió homicidio. No vemos al ladrón, sino a
aquél que tuvo que robar.
Insisto ¿A quien
vamos a condenar?
No somos blancos,
protestantes y anglosajones. Somos de un color indefinido, de raza indefinida,
de muchas sangres mezcladas y encima educados por estos poetas. ¿A quién vamos
a condenar?.
Que Dios nos
perdone. Somos más misericordiosos que justicieros. ¿Entender nosotros al
hombre Kant? ¿A aquel que quería condenar al último hombre, aunque fuera el
último hombre, porque el castigo nadie lo debe evitar? No. Somos de la madera
de Carriego. Nuestro derecho en muchos casos tiene orígenes extranjeros, pero
como se ha visto y se ve, no lo tiene nuestro modo de juzgar.
Entendemos la
muerte en duelo. Entendemos el homicidio brutal, cuando está provocado por el
odio de uno a otro, por la pasión, por la traición, por lo que fuera. No
entendemos el homicidio para castigar. No entendemos el homicidio en masa en
busca de la paz universal. Somos así....
Aprovecho
nuevamente para enviarte un gran abrazo:
Ramón
P.D.: Habrás notado
que al referirme a los existencialistas
guardé silencio respecto a Dostoievski. Este autor, a mi entender,
también supera el existencialismo clásico. Toda su obra muestra su
interpretación de la vida a través de los dramas del otro, salvo, claro está,
en la Casa de los Muertos. Pero dos de sus novelas reúnen –para mí- la esencia
de su pensamiento. La primera de ellas: “Memorias del subsuelo” con ese
durísimo prólogo contra el positivismo. En ella el personaje central es incapaz
de asumir en su vida la compasión que su corazón le mostró y así se condena. Su
otra obra –la que muchos consideran cumbre- es “El Príncipe Idiota”, donde
muestra la esencia del hombre bueno en aquel que comprende y se compadece de
los demás, hasta el punto de compartir su drama. Si Dostoievski hubiese nacido
en la Argentina unos años más tarde, hubiese sido uno de nuestros principales
poetas ciudadanos.
Buenos Aires, 23 de Febrero de 2005.
Mi querido amigo y maestro:
Quedé un poco exhausto luego de mi
última carta, pues la misma reflexión movilizó muchas cosas en mi interior. Lo
bueno de abordar temas como éste –cuando se trata de hacerlo con honestidad
intelectual- es que se van descubriendo
poco a poco nuevas cosas, no sólo sobre el objeto de análisis, sino también
sobre uno mismo. No estoy intentando volcar ideas preconcebidas. Estoy sí
llevando al papel, ideas que nacen de lo que yo ya sé sobre el tango, pero
también lo que voy descubriendo al ampliar la investigación y –principalmente-
al ordenar mis pensamientos, creencias e impresiones.
Como te decía al principio, estas
cartas están escritas con la razón, pero también con el corazón, el alma, los
sentidos y las entrañas. Es como si
alguien te pidiera que escribieras un trabajo sobre una persona a la que has
querido mucho, como por ejemplo un abuelo o un tío con el que tuviste un trato
especial. La idea te va a encantar en un principio, pero al momento de tener
que concretarla y volcarla en palabras, es muy posible que encuentres que todas
las palabras, ideas y sentimientos se transforman en una masa concreta que
pugna por salir de la cabeza y del corazón en tropel. Y se comprueba el difícil
arte de ir dejando que salgan de a una, eligiendo cuál lo hace primero y
porqué. Los sentimientos empujan hacia fuera y la razón ordena la salida
provocando un pequeño sentimiento de frustración: ¡como decir tan sólo esto de
quien produce en mi interior tanta pasión!
Poco a poco se ordenan las ideas y
se va advirtiendo que ese mismo orden y el volver sobre ellas, permiten que se
vayan descubriendo nuevos aspectos, nuevas interpretaciones que nos enriquecen
aún más en nuestro interior. Es como rever las fotos viejas de aquellos abuelos
que tanto amamos, advirtiendo con la nueva mirada, cosas que ya estaban ahí
pero encontramos recién ahora.
A la idea de la creación de la filosofía del tango como
consecuencia de la alteridad, como respuesta a la manifestación del otro en
nuestro interior, le sigue otra cuestión de igual o mayor importancia y
consiste en el sentimiento trágico que nos encontramos en el Tango.
Ese sentimiento trágico de la vida reitero –como lo he hecho antes y lo
seguiré haciendo hasta el cansancio- es trágico
pero no es pesimista. Por el
contrario, sostendré con énfasis su carácter optimista.
El calificativo
de tragedia
que como vos bien sabés nos viene del griego, se aplicaba a aquellas obras de
teatro que exponían un problema humano sin solución. Sin embargo, el hombre se
mueve, lucha y vive o muere en esa tragedia.
La misma no importa necesariamente que el hombre se frustre, ni que pierda
su carácter de tal, ni tampoco que se vea privado de su libertad. El hombre en
la tragedia que le toca, lucha, vive
y decide en libertad. La tragedia es
el marco de su lucha y decisión.
Unamuno también
parte de un sentimiento trágico de la
vida. Tanto que así titula su famosa obra. Para el filósofo español, la
filosofía tiene por objeto –no el crear sistemas racionales infecundos- sino
simplemente responder a las preguntas ¿de donde venimos? y ¿adonde vamos?.
Menudas preguntas. Y así es lógico que el filósofo y poeta español comparta la
misma desesperación que Spinoza al que cita diciendo: “Tomad al hombre Spinoza, aquel judío portugués desterrado en Holanda;
leed su Etica como lo que es, como un desesperado poema elegíaco, y decidme si
no se oye allí, por debajo de las escuetas y al parecer serenas proposiciones
expuestas more geométrico, el eco lúgubre de los salmos proféticos. Aquella no
es la filosofía de la resignación, sino de la desesperación. Y cuando escribía
lo de que el hombre libre en nada piensa menos en la muerte, y es su sabiduría
meditación de la no muerte-homo liber de nulla re minus quam de morte cogitat
et eius sapientiam non mortis, sed vitae meditatio es (Ethice, part. IV
proposición LXVIII)-; cuando escribía, sentíase, como nos sentimos todos,
esclavo, y pensaba en la muerte, y para librarse, aunque en vano, de este
pensamiento lo escribía.”[35]
Y
así la filosofía se vuelve contradicción. Contradicción porque el hombre que
filosofa parte de una pregunta que es incapaz de responder con la razón. Y así
también cae en contradicción don Miguel, que con la razón trata de entender y
justificar a lo largo de todo su libro lo que sólo puede creer con el corazón:
la continuidad de la vida después de la muerte. El mismo lo reconoce: “Alguien podrá ver un fondo de contradicción
en todo cuanto voy diciendo, anhelando unas veces la vida inacabable y diciendo
otras que esta vida no tiene el valor que se le da.¿Contradicción? ¡Ya lo creo!
¡La de mi corazón, que dice sí, y mi cabeza, que dice no! Contradicción,
naturalmente. ¿Quien no recuerda aquellas palabras del Evangelio «Señor, creo;
ayuda a mi incredulidad»? ¡Contradicción!, ¡naturalmente!. Como que solo
vivimos de contradicciones, y por ellas, como
que la vida es tragedia, y la tragedia es perpetua lucha, sin victoria ni
esperanza de ella, es contradicción.”[36]
Y agrega el
profesor salamanquino: “Y el más trágico
problema de la filosofía es el de conciliar las necesidades intelectuales con
las necesidades afectivas y con las volitivas. Como que ahí fracasa toda la
filosofía que pretende deshacer la eterna y trágica contradicción, base de
nuestra existencia. Pero, ¿afrontan todos esta contradicción?(...) Hay algo que
, a falta de otro nombre, llamaremos el sentimiento trágico de la vida, que
lleva tras sí toda una concepción de vida más o menos consciente. Y ese
sentimiento pueden tenerlo, y lo tienen, no sólo los hombres individuales, sino
pueblos enteros. Y ese sentimiento, más que brotar de ideas, las determina, aun
cuando luego, claro está, estas ideas reaccionen sobre él, corroborándolo...”[37]
¿Participa
el tango de esta concepción? La supera. Así como supera el punto de partida, al
situarlo en la alteridad y no en el yo, también supera la contradicción,
desesperanza y lucha que genera en el hombre la incapacidad de responder
racionalmente a las preguntas más existenciales: de donde vengo y a dónde voy.
Decimos
que el tango las supera, porque deja aquí de ser filosofía para convertirse en
teología. Porque no hay respuesta a las preguntas señaladas sino vienen desde
la afirmación o negación de la existencia de Dios. El error del filosofo
español, a pesar de su lucha a brazo partido entre los dos extremos del
sentimiento y de la razón, es seguir manteniendo esta cuestión en el campo de
la razón. El siente pero razona lo que siente.
El
tango y sus poetas en cambio, ignoran creativa e inteligentemente plantear la
cuestión en un campo estéril. El tango no lleva a sus versos la contradicción
que genera la razón cuando se pregunta por la realidad más existencial. El
hombre, para nuestros poetas, está inmerso en una contradicción, en un
sentimiento trágico. Pero ese sentimiento trágico no se origina en las
preguntas ¿de dónde venimos? y ¿adonde vamos?, porque esas respuestas son
imposibles de responder ni desde la razón ni aún desde los sentimientos. El
hombre cree o no cree en Dios y sólo esta posición ante la vida le da la
respuesta a esa pregunta existencial. La respuesta no es preguntarse, es creer,
y el creer no necesita ser justificado racionalmente. ¿Oh acaso en la Biblia
encontramos algún capítulo dedicado a probar la existencia de Dios? No, la
Biblia nos habla de la presencia de Dios entre los hombres (el Antiguo y el
Nuevo Testamento). Un Dios que se relaciona con el hombre concreto, antes que
“con la humanidad” y lo acompaña en su historia. Creo o no creo, pero no hay
que pretender justificarlo. Muchos de los poetas del tango fueron y son
creyentes. Muchos mencionan a Dios en sus letras. Pero no lo imponen, no lo
exigen como condición de aceptación de lo que se pretende transmitir.
Los
poetas del tango, señalan una contradicción existencial mucho más concreta y
real: la que nace en la confrontación entre los sueños o ideales y la realidad.
Aquí
radica el sentimiento trágico de la vida en el tango, en la divergencia entre
la realidad y los ideales (los sueños). Entre lo que yo quería y podía ser, y
lo que soy. Ideal que se pone siempre en el valor más perfecto: el Amor,
indistintamente si es el amor entre un hombre y una mujer, el de la madre con
el hijo o el de los amigos.
Si
la filosofía coloca al hombre y a los hombres en un cuarto o pabellón en el que
hay una sola puerta de entrada y una sola de salida y de las cuales no se sabe
a dónde conducen, el tango nos describe a un hombre que mantiene una lucha
constante entre los sueños que se ha imaginado (ideales) y el lugar en el que
está.
Y
decimos que el tango es optimista y lo es más que el existencialismo filosófico
justamente por eso. Porque el tango no se plantea una pregunta irresoluble y
–por el contrario- nos presenta un hombre luchando por los mejores valores, que
si bien comprueba que no los consigue totalmente sino parcialmente, no ceja en
su lucha. En la filosofía encontramos un hombre que se vive preguntando para no
obtener respuesta, una pregunta cuya respuesta otros conocen simplemente desde
la fe. En el tango se encuentra un hombre que vive luchando por alcanzar el
amor; que algunas veces lo ha alcanzado y perdido y otras no; pero que nunca
ceja en esa lucha por el Amor.
Por
eso es trágico pero no es pesimista. Porque esa lucha por el amor es lo que
justifica la existencia del hombre, aún cuando en el caso concreto no lo haya
alcanzado. Por otra parte se podría decir, que los poetas intuyen que el
verdadero amor, jamás se encuentra en plenitud en esta vida. Sin embargo se
consigue parcialmente, y así lo vemos en todos aquellos valores que se
resaltan: el amor a la mujer, el sacrificio por ella, el amor a la madre, el
amor a los amigos, etc.
Los
ejemplos de lo dicho son innumerables y resulta más que ilustrativo traer aquí
a algunos de ellos.
El
texto por excelencia, es el de Enrique Santos Discépolo, y que dice así:
“Que
desencanto más hondo,
que
desconsuelo brutal…
¡Que
ganas de echarse en el suelo
y
ponerse a llorar!”
“Cansao
de ver la vida,
que
siempre se burla
y
hace pedazos
mi
canto y mi fe.
La vida es tumba de ensueños
con cruces que, abiertas,
preguntan… ¿pa’ qué?.”
“Y
pensar que en mi niñez
tanto
ambicioné, que al soñar
forjé
tanta ilusión:
oigo
a mi madre aún
la
oigo enseñándome,
por qué la vida me negó
las esperanzas que en la cuna
me cantó.”
“De
lo ansiao, solo
alcance
un amor,
y,
cuando lo alcancé
me
traicionó.
Yo
hubiera dado la vida
para
salvar la ilusión.
Fue
el único sol de mi esperanza
que
tuvo fe, mi amor.
Dulce
consuelo
del
que nada alcanza.”
“Sueño
bendito
Que
me hizo traición.
Yo
vivo muerto hace mucho,
no
siento ni escucho
ni
a mi corazón.[38]
La
vida es tumba de ensueños
Con
cruces que abiertas
Preguntan
para qué.”
Este
tango ejemplifica perfectamente la confrontación (tragedia) del hombre que no
alcanza sus sueños. La frase “La vida es tumba de ensueños con cruces que,
abiertas, preguntan…¿pa’ qué?” es la esencia de un pensamiento existencialista
profundo.
Discépolo
es uno de los poetas más grandes del tango, además de compositor de muchas
melodías. Para mí, el más grande de todos, a pesar de su dejo “pesimista” que
podría considerarse que contraría mi afirmación anterior. Hay más de un
análisis psicológico de la personalidad de Enrique Santos Discépolo, de los
cuales hay llegado a mis manos dos[39].
Más allá de lo correcto que profesionalmente puedan ser ambos, doy gracias a
Dios por que los poetas como los santos, no han podido ser callados por los
psicólogos. Más allá de la estructura de la personalidad de cada uno de ellos,
que fue parte de su creación, la obra y ellos como sus autores, se elevan sobre
el común de las gentes. Discépolo nació en un ambiente de limitaciones, perdió
a sus dos padres cuando era pequeño y debió criarse con una tía, junto con su
hermano Armando. Como el mismo lo reconoce, de noche en su cama ni se movía con
tal de no generar conflicto. Se entiende entonces su poesía dura. Pero poesía
que jamás se desentiende del otro.
El niño crece, se integra a su sociedad, la
comprende y le devuelve sus sentimientos en poesías. Conoce el éxito y también
comparte su vida con una mujer. Se integra al peronismo en reconocimiento a lo
que éste ha hecho por los demás, como lo demuestra en sus charlas radiales con
“Mordisquito”. Es poeta, compositor, autor teatral, actor, director de cine.
Todo ello sin dejar de señalar que el hombre tiene un aspecto trágico, en la
imposibilidad de la naturaleza humana de alcanzar sus ideales más altos. Lo
debe haber visto en sí, pero lo vio principalmente en los demás.
“La
gente se te arrima con su montón de penas
y
tu las acaricias casi con temblor
te
duele como propia la cicatriz ajena
aquel
que no tuvo suerte y ésta no tuvo amor…”[40]
Y la vida de los demás le dijo que el hombre
no siempre alcanza sus ideales más concretos y cercanos y nunca los más altos.
Su tango “Canción desesperada” es un
ejemplo.
“¡Soy
una canción desesperada!
¡Hoja
enloquecida en un turbión!
Por
tu amor, mi fe desorientada
se
hundió, destrozando mi corazón.
Dentro
de mí mismo me he perdido
ciego
de llorar una ilusión.
¡Soy
una pregunta empecinada
que
grita su dolor y su traición!
¿Por
qué me enseñaron a amar
si
es volcar sin sentido
los
sueños al mar?
Si
el amor
es
un viejo enemigo
que
enciende castigos
y
enseña a llorar…
Yo
pregunto:¿Por qué,
sí, por qué me enseñaron a amar
si al amarte mataba mi amor?[41]
Pero
al mismo tiempo, el hombre entre lo que es y lo que quiere ser, lucha y conoce
momentos de tristeza, pero también de felicidad. Esa es la vida. Y por sobre
todo, está la respuesta final, aquella que no se demuestra, aquella en la que
se cree. Y Discépolo creía en Dios.
“Aullando
entre relámpagos,
perdido
en la tormenta
de
mi noche interminable, Dios,
busco
tu nombre.
No
quiero que tu rayo
me
enceguezca entre el horror
porque
preciso luz para seguir.
Lo
que aprendí de tu mano
¿no
sirve para vivir?
Yo
siento que mi fe tambalea,
que
la gente mala vive, Dios,
mejor
que yo.
…………….
“No
quiero abandonarte yo.
Demuestra
una sola vez que el traidor
no
vive impune, Dios, para besarte.
Enséñame
una flor que haya nacido
del
esfuerzo de seguirte, Dios,
para
no odiar
al
mundo que me desprecia
porque
no aprendo a robar…
Y
entonces de rodillas,
hecho
sangre en los guijarros
moriré
con vos,
feliz,
Señor”[42]
Puede
ser que haya tenido una personalidad depresiva. ¿Pero su arte era fruto de esta
personalidad o reflejaba una aguda receptividad del poeta de la lucha de los
demás? Creo que la respuesta es sin duda esta última.
Los
poetas del tango cantan en coro la tragedia del hombre que confronta sus sueños
con la realidad. El ideal no alcanzado o perdido, la confrontación entre los
sueños o ideales y la realidad es tema de innumerables poemas. Los siguientes
poemas que transcribo son una demostración clara de ello:
Uno
“Uno
busca lleno de esperanzas
el
camino que los sueños
prometieron
a sus ansias.
Sabe
que la lucha es cruel y es mucha,
pero
lucha y se desangra por la fe que lo empecina.
Uno
va arrastrándose entre espinas,
y
en su afán de dar su amor
sufre
y se destroza hasta entender
que
uno se ha quedado sin corazón.
Precio
de castigo que uno entrega
por
un beso que no llega
o
un amor que lo engañó;
vació
ya de amar y de llorar
tanta
traición.
.....
Pura
como sos, habrías salvado
mi esperanza con tu amor.
Uno
está tan solo en su dolor...
Uno
está tan ciego en su penar...
Pero
un frío cruel, que es peor que el odio,
punto
muerto de las almas,
tumba
horrenda de mi amor,
maldijo
para siempre y me robó
toda
ilusión.”[43]
Che Bandoneón.
“Tu
canto es el amor que no se dio,
y
el cielo que soñamos una vez,
y
el fraternal amigo que se hundió
cinchando
en la tormenta de un querer,
y
esas ganas tremendas de llorar
que
a veces nos inunda sin razón,
y
el trago del licor que obliga a recordar
que
el alma está en orsái
che,
bandoneón....”[44]
Sur
“San
Juan y Boedo antiguo, cielo perdido...
Pompeya,
y al llegar al terraplén,
tus
veinte años temblando de cariño
bajo
el beso que entonces te robé...
Nostalgia
de las cosas que han pasado...
Arena
que la vida se llevó...
Pesadumbre
de barrios que han cambiado
y
amargura del sueño que murió...”[45]
San José de Flores
“La
dicha y fortuna me fueron esquivas,
jirones
de ensueños dispersos dejé;
y
en medio de tantas desgracias y penas,
el
ansia bendita de verte otra vez...
En
tierras extrañas luché con la suerte,
Derecho
y sin vueltas no supe mentir,
y
al verme agobiado, más pobre que nunca,
volví
a mi querencia buscando morir.”[46]
Cafetín de Buenos Aires.
...
“Como
una escuela de todas las cosas,
ya
de muchacho me diste entre asombros
el
cigarrillo,
la
fe en mis sueños
y
una esperanza de amor.
....
Sobre
tus mesas que nunca preguntan
lloré
una tarde el primer desengaño;
nací
a las penas,
bebí
mis años
y
me entregué sin luchar...”[47]
....
En
muchos tangos habrás notado que la frustración se debe principalmente a no
haber logrado el amor de una mujer. Las causas pueden ser varias: que ellas se
fue, que hubo traición, que murió, qué el mismo no pudo mantener ese amor. Los
versos lo describen mejor que yo:
(Abandono)
“Percanta
que me amuraste
en
lo mejor de mi vida
dejándome
el alma herida
y
espinas en el corazón…!
¡Sabiendo
que te quería,
que
vos eras mi alegría
y
mi sueño abrasador…!
Para
mí ya no hay consuelo
y
por eso me encurdelo
pa’
olvidarme de tu amor”[48]
(Traición)
“Mozo
traiga otra copa,
y
sírvase de algo el que quiera tomar,
que
ando muy solo y estoy muy triste
después
que supe la cruel verdad.
¡Mozo!
Traiga otra copa,
que
anoche juntos los vi a los dos;
quise
vengarme, matarla quise
pero
un impulso me serenó”[49]
(Alejamiento)
“Fue
a conciencia pura que perdí tu amor,
nada
más que por salvarte.
Hoy
me odiás y yo, feliz,
me
arrincono pa’ llorarte.
El
recuerdo que tendrás de mí
será
horroroso;
me
verás siempre golpeándote,
como
un malvao.
¡Y
si supieras bien qué generoso
fue
que pagase así tu gran amor”
¡Sol
de mi vida,
fui
un fracasao;
y
en mi caída
busqué
dejarte a un lao,
porque
te quise tanto,
tanto
que, al rodar,
para
salvarte sólo supe
hacerme
odiar…!”[50]
(Alejamiento
consensuado)
“Hoy
vas a entrar en mi pasado,
en
el pasado de mi vida…
tres
cosas lleva mi alma herida:
amor,
pesar, dolor…
Hoy
vas a entrar en mi pasado,
hoy
nuevas sendas tomaremos
¡Que
grande ha sido nuestro amor,
y
sin embargo, ay, mira lo que quedó!”[51]
(Muerte)
“Sus
ojos se cerraron y el mundo sigue andando
Su
boca, que era mía, ya no me besa más.
Se
apagaron los ecos de su reír sonoro
y
es cruel este silencio, que me hace tanto mal.
Fue
mía la piadosa dulzura de sus manos
que
dieron a mis penas caricias de bondad.
Y
ahora que la evoco hundido en mi quebranto,
las
lágrimas trenzadas se niegan a brotar
y
no tengo el consuelo de poder llorar”[52]
En
otras ocasiones, la imposibilidad del amor no viene por el alejamiento o el
abandono, sino por el desconocimiento del mismo:
“Pobre
y solterona, te has quedado
sin
ilusión, sin fe…
Tu
corazón de angustia se ha enfermado,
Puesta
de sol es hoy tu vida trunca…
Sigues
como entonces, releyendo
el
novelón sentimental
en
el que una niña aguarda en vano
consumida
por un mal
de
amor…
En
la soledad
de
tu pieza de soltera está el dolor;
triste
realidad
es
el fin de tu jornada sin amor.
Lloras
y al llorar
Van
las lágrimas templando tu emoción
y
en las hojas de tu viejo novelón
te
ves, sin fuerzas, palpitar…
Deja
de llorar
por
el príncipe soñado que no fue
junto
a ti, a volcar
el
rimero melodioso de su voz…
Tras
el ventanal,
mientras
pega la llovizna en el cristal,
con
tus ojos mas nublados de dolor
soñás
un paisaje de amor…
Nunca
tuvo novio, pobrecita,
Porque
el amor no fue
A
su rincón de humilde muchachita,
A
reanimar las flores de sus años…
Yo,
con mi montón de desengaños,
igual
que vos vivo sin luz,
sin
una caricia venturosa
que
en mi pecho haga olvidar
mi
cruz…”[53]
Pero
es esa la razón real. Entiendo que no. En el amor no conseguido se concreta la
frustración. Los poetas eligen representarlo en una determinada mujer, tal vez
porque resulta mucho más entendible. Volviendo a un ejemplo ya usado: en “La
Vida es Bella” se reúne en un padre el
drama de muchos. Es el holocausto revivido en una sola persona. Así también el
tango, revive la frustración en la pérdida de un solo amor. ¿Por qué? Porque su
ideal principal es el Amor. Es el Amor lo que nos hace felices y es la falta de
Amor, lo que nos hace infelices. Y no hablamos exclusivamente del amor a una
mujer –si bien es este el ejemplo principal- sino también del amor a la madre,
al hijo o a un amigo. Creo que los versos que siguen son suficiente prueba:
“¿Por
qué me enseñaron a amar
si
es volcar sin sentido
los
sueños al mar?
Si
el amor
es
un viejo enemigo
que
enciende castigos
y
enseña a llorar…
Yo
pregunto:¿Por qué,
sí, por qué me enseñaron a amar
si al amarte mataba mi amor?”[54]
“Tres esperanzas tuve en la vida,
dos eran blancas y una punzó
una mi madre vieja y vencida,
otra la gente y otra un amor.
Tres esperanzas tuve en la vida
dos me engañaron y una murió”[55]
Ese
Amor no se consigue.¿Pero es esto una visión pesimista de la vida? Repito que
no. Revela el dolor de no conseguir lo deseado al mismo tiempo que revela que
el verdadero ideal excede el esfuerzo humano. Pero esa es la historia del
hombre: luchar por conseguir lo inaccesible. El optimismo está en la vida en
lucha “sabe que la lucha es cruel y es mucha
pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina...” como nos decía
Discépolo en “Uno”. Y es también optimista porque el ideal que tiene justifica
esa lucha aunque no lo consiga. La frustración o el dolor que deviene es
natural.¿Pero no es acaso la misma comprobación del joven Sidharta Gautama al
comprobar la existencia de la enfermedad, la vejez y la muerte? El tango en ese
sentido tiene una concepción realista, que nace del hecho que su expresión es
la respuesta al dolor del otro. Fija su atención en la frustración del hombre,
frustración que se revela en la confrontación de lo que ese hombre pudo ser y
en lo que en realidad es. El drama de “la que nunca tuvo novio” y el drama
reside en que esa persona estaba hecha para vivir el amor y no lo vive. No
puedo menos que recordar aquí aquel excelente cuento de Antoine de Saint
Exupery que se llamaba –si mal no recuerdo- “Mozart asesinado” y en el que
describía el dolor que le causaba ver una familia de campesinos polacos muy
pobres en un tren , en brazos de cuya madre dormía un pequeño bebe. El veía el
rictus endurecido de los padres, el modo en que la dureza de la vida talló sus
vidas y las embruteció. Veía también en el rostro de los padres el futuro del
niño, que terminaría siendo como ellos. Y pensaba que ese mismo en un ambiente
adecuado, con una educación adecuada, podría incluso en llegar a ser un nuevo
Mozart. Y por eso el título del relato: “El Mozart asesinado”. La vida asesina
con la falta de posibilidades el futuro de muchos seres humanos, lo que el vio
y descubrió en un solo niño concreto. No es únicamente el sistema social el que
asesina los sueños, ideales y futuro de los niños. Es la vida, si por la vida
entendemos nuestras decisiones y las
decisiones de los otros.
Pero
el que mata, puede sanar. El que no educa, puede educar. Y la vida puede ser
fuente de vida y de realización y no sólo de muerte.
En
estos días está exhibiéndose la película alemana “La Caída” a la que muchos
críticos acusan de mostrar un Hitler “humano”. Tremendo error. Lo peor que
podemos hacer es considerar que Hitler no era humano, que era el fruto anormal
de la naturaleza o un ser extraterrestre. Porque si es así, no entendimos nada.
Hitler era totalmente humano, como lo era también la Madre Teresa o San
Francisco de Asís. Eso nos deja en claro las potencialidades que existen dentro
de cada uno de nosotros.
Y
los que eligen el amor, como la Madre Teresa o cualquier otro abnegado servidor
de los demás, saben que no curarán todos los males, pero encuentran la
felicidad en la lucha por el Amor. En esa lucha diaria, constante,
inclaudicable por amar sin medida ni limitaciones. La vida es lucha por el amor
y así lo entiende también el tango.
Otra
prueba de que no se trata de una concepción pesimista, se encuentra en el
aprecio por la vida. El tango no propone el suicidio ante la frustración
amorosa –salvo en muy contadas y excepcionales casos-, como lo hace el joven
Werther en la obra de Goethe. Tampoco propone como Sidharta Gautama, dejar de
desear para dejar de sufrir. El tango afirma la vida y rescata los buenos
momentos vividos. El Amor ideal no es asequible en su totalidad, pero sí se lo
vive parcialmente: el amor a la primera novia, el amor a la madre, el amor a
los amigos de la infancia, el amor al barrio que fue marco de todos esos
amores, etc. Ello explica entre otras cosas, la constante referencia a la
vuelta al pasado. Esa vuelta al pasado no es más que el deseo de volver a vivir
el amor que un momento se conoció. En la vida hay amor, pero el amor se va y
cuando envejezco y recuerdo, quiero volver a los primeros amores. Y ese es el
modo de alcanzar el Ideal, volver, pero no en el sentido literal, sino en el
figurativo. Al final se vuelve en la muerte. Y la muerte es la vuelta al Amor.
No puedo dejar de recordar aquí las hermosísimas palabras de Gabriel Marcel,
concluyendo su obra de Teatro “El emisario”, cuando uno de sus personajes dice:
“Antonio: He descubierto una cosa después de
la muerte de mis padres, y es que lo que llamamos sobrevivir, es en realidad
subvivir y aquellos a quienes no hemos dejado de amar con lo mejor de nosotros
mismos, son como una bóveda palpitante, invisible, pero presentida y hasta
palpable, bajo la cual avanzamos siempre más inclinados, mas desarraigados de
nosotros mismos, hasta el momento en que todo se sumerge en el amor”[56]
Y
ese es también el sentido del tango.
No
puede dejar de señalarse que los autores de tango –como lo veremos de modo
detallado en una próxima carta- están inmersos e influidos por una cultura
judeo-cristiana. La mayoría de los autores –como el pueblo que los alimenta-
son creyentes. Las menciones a Dios son constantes aún cuando alguna vez se
traducen en quejas, lo que no es ajeno a un pensamiento cristiano como también
lo demuestra en el mismo sentido aquel particular “Don Camilo” o la dureza de
las quejas de Oseas, en el Antiguo Testamento. Y el pensamiento judeo-cristiano
tiene, como lo asimila el tango, una concepción trágica de la vida, en la que
hay una dura lucha por alcanzar el mayor ideal. La vida es también lucha y frustración
pero se resuelve en el encuentro final con el Amor. Para ambos, es el Amor la
última finalidad de la vida del hombre y por ello su sentido positivo de la
vida. Y sin una enunciación abstracta podemos decir que cada uno de nosotros
espera al final de sus días, encontrarse finalmente con el Amor.
Te
envío nuevamente un gran abrazo.
Ramón
Buenos Aires, 6 de Abril de 2005.
Mi querido amigo y maestro:
La confrontación entre la realidad y
los sueños, entre aquello que puedo o pude ser y lo que soy, genera ese
sentimiento trágico de la vida en el tango.
Un sentimiento que
describe una constante lucha y que, al final de la vida, nos impulsa a volver a
aquellos afectos más profundos.
Esta carta la quiero dedicar a estas
dos cuestiones. La primera, continuar con mi intento de convencerte sobre el optimismo
que reina en el tango. La segunda, una de las ideas fundamentales de los
poetas ciudadanos: el “volver” como
búsqueda de la felicidad.
Continuando
con el Optimismo
Insistí a lo largo de mis cartas,
que no se debía confundir ese sentimiento trágico con un sentido pesimista de
la vida. Por el contrario, afirmé –lo que para muchos puede ser una locura- que
el tango es optimista. Y lo es.
En primer lugar el dolor que genera
la confrontación entre lo que soy y lo que pudo ser, no descalifica lo que fui.
Los personajes creados por los poetas, siempre rescatan lo que han vivido del
amor, ya sea en su niñez, en su juventud e incluso en su adultez.
El Amor, el ideal, es posible,
aunque nunca es posible retenerlo en esta vida. Este sería el primer mensaje.
No se llora lo que no existe, sino generalmente lo que se perdió.
Por otro lado, la lucha misma y el
tener un ideal, le dan a la vida un valor de los que carecen quienes no luchan
o quienes no reconocen en el Amor un ideal.
Finalmente, la vida abre puertas y
abre esperanzas y de algún modo concreta sueños. Tal vez, son los últimos
poetas los que descubren con más claridad lo mejor de la vida e imprimen un
mayor optimismo.
Así lo dice Eladia Blázquez:
porque aprecio la vida en su justa
medida
al amor lo reinvento y al vivir cada
instante
y al gozar cada intento se que
alcanzo lo grande
con las alas del alma desplegadas al
viento.
…………………
Con las alas del alma desplegadas al
viento,
más allá de la historia, de las
vidas
sin gloria, sin honor ni sustento
guardaré del que escribe su mejor
pensamiento
quiero amar a quien vive con las
alas del alma
desplegadas al viento al viento.”[57]
También siente lo mismo Horacio Ferrer:
“Quereme así piantao, piantao,
piantao,
abrite a los amores que vamos a
intentar
la mágica locura total de revivir,
vení, volá, vení, ¡trai-lai-larará!”[58]
“Vamos andando, vamos, ¡vamos,
canillita!
para pensar, alcanza y sobra con ser
dos,
si el mundo fue ya no será una
porquería,
porque en el mundo vivimos vos y yo”[59]
Y lo hace así Cacho Castaña:
“Voy camino a los cincuenta
y a pesar de lo que digo
por lo mucho que he vivido
yo no me puedo quejar”[60]
“Todavía puedo
aunque no lo creas,
y a pesar de todo,
volver a empezar.
Todavía puedo
ser mejor que antes,
verás qué sorpresa
se van a llevar.
Todavía puedo
tomar mi guitarra
todavía puedo
volver a cantar.
Podrán encontrarme
por
cualquier esquina
o escribiendo un tango
en la mesa de un bar.
Todavía siento,
aunque no lo creas,
que el amor un día
me puede llegar.
Todavía siento
que tengo en el pecho
una fantasía para regalar.
Todavía siento
que puedo salvarla,
haciéndole trampas
a la realidad.
Todavía siento
que tengo en el alma,
un tango que nunca
lo quise cantar.
Todavía quiero
tener la sorpresa,
que la vida un día
me quiso quitar.
Todavía quiero
salir por las noches,
y robar mil flores
para regalar.
Todavía quiero
creer en la gente,
tener un amigo
pero de verdad,
que sienta mi casa
igual que su casa,
comparta mi mesa,
mi vino y mi pan.
Todavía puedo,
todavía siento,
todavía quiero,
volver a empezar.”[61]
Otros poetas nos
traen un mensaje con un impronta optimista:
“Llorar…
¿Por qué vas a llorar?
¿Acaso
no has vivido?
¿Acaso no aprendiste a amar,
a sufrir, a esperar
y también a callar?
Percal…”[62]
“Vamos, corazón, hacé la cuenta,
uno a uno los eneros
van pisando los cuarenta
y estás marcando mi tiempo de vivir
sin voluntad por seguir;
dale con tu cuenta regresiva
hasta que uno de estos días
me dejés …tirao;
que par de giles, perder la alegría
del cacho de vida
que Dios nos ha dao.
Vamos, todavía, que en la vida
quiero un poco de alegría
para ser feliz”[63]
No
esperemos encontrar en el tango un optimismo exagerado e irreal. No, el tango
es trágico, es muchas veces triste y expresa dolor. Pero rescata el valor de
vivir, el valor de los ideales, el Amor como máximo ideal. Justifica la vida,
aunque en la vida haya dolor. Y abre una puerta a la esperanza de encontrar
siempre el Amor. Por eso no es pesimista. Sería como decir que el Cristianismo
es pesimista, porque recuerda la Crucifixión.
También se asemeja así al
Existencialismo e incluso al Existencialismo menos creyente y menos
esperanzado. Tal vez el representante más notorio de esta corriente sea Sartre
y él mismo nos decía (antes de poder verificar con certeza su punto de vista
sobre Dios, después de su muerte) que el Existencialismo era optimista:
“Así,
creo yo, hemos respondido a cierto número de reproches concernientes al
existencialismo. Ustedes ven que no puede ser considerado como una filosofía
del quietismo, puesto que define al hombre por la acción; ni como una
descripción pesimista del hombre: no hay doctrina más optimista, puesto que el
destino del hombre está en él mismo; ni como una tentativa para descorazonar al
hombre alejándolo de la acción, puesto que le dice que sólo hay esperanza en la
acción, y que la única cosa que permite vivir al hombre es el acto.”[64]
¡Cuánto más
optimista el tango! que pone el destino del hombre en Dios o en el Amor y que
interpreta que no hay justificación en la vida si no se lucha por conseguir ese
Amor!
Volver
Y con este tema se
relaciona especialmente la idea constante en el tango del “volver”, porque
finalmente es una manifestación expresa de la necesidad de volver a encontrar
–generalmente al final de la vida- el amor en su estado más puro, representado
en muchos casos por el “amor maternal”, “el amor a la primera novia”, el “amor
de las amistades juveniles”, etc.
Justamente cuando
no se tiene, es cuando se descubre donde se encuentra y se vislumbra en el
deseo la posibilidad de volver a
obtenerlo.
Algunos fragmentos
que se pueden repasar, nos ilustran con poética precisión que tal deseo no
encierra más que la esperanza de cerrar los ojos y volver a la protección del
seno materno, al beso tembloroso y tímido de la primera novia, al abrazo firme
y viril de nuestros amigos incondicionales. Envueltos y protegidos por el Amor.
La muerte acoge, pero no frustra.
Basta cerrar los ojos y escuchar a
Gardel cantar:
“Mi Buenos Aires querido,
cuando yo te vuelva a ver
no habrá más pena ni olvido.
El farolito de la calle en que nací
fue centinela de mis promesas de
amor;
bajo su quieta
lucecita yo la vi
a mi pebeta, luminosa como un sol.
.......
Mi Buenos Aires,
tierra querida,
donde mi vida terminaré.
.....
En caravana
los recuerdos pasan
con una estela
dulce de emoción
Quiero que sepas
que al evocarte
se van las penas
del corazón”[65]
Y
aparentemente, con otro sentido, el mismo cantor cantaba:
“Volver
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien…
....
Vivir
Con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
......
¡Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar!
Y aunque el olvido, que todo
destruye,
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida una esperanza
humilde
que es toda la fortuna de mi
corazón.”[66]
Aquí juega el poeta con los conceptos
y nos dice que el “olvido” mata toda ilusión. El olvido es lo contrario de
recordar y recordar parecería que no es lo que él quería. O al menos lo que el
personaje teme. Sin embargo espera que el “olvido” no haya triunfado y al poder
recordar, encuentre su salvación.
Este
es tal vez el más representativo de los tangos que viene a la mente cuando se
menciona la palabra “volver”. Sin embargo son muchos los que insisten en esta
temática. Y el volver es volver al pasado. Es volver a los amores vividos.
¡ Arrabal amargo, metido en mi vida
como la condena de una maldición…!
Tus sombras torturan mis horas de
sueño,
Tu noche se encierra en mi corazón…
Con ella a mi lado no vi tus
tristezas,
tu barro y miseria…¡Ella era mi luz!
Y ahora vencido, arrastro mi alma
Clavado a tus calles igual que una
cruz…
......
A nadie le digas que ya no me
quieres.
Si a mí me preguntan diré que
vendrás.
Y así, cuando vuelvas, mi almita te
juro,
Los ojos extraños no se asombrarán
Verás como todo te espera ansioso:
Mi blanca casita y el lindo rosal,
y como de nuevo alivia sus penas,
vestido de fiesta mi lindo arrabal.”[67]
Y muchos otros poetas:
“Caminito que todas
las tardes
feliz recorría
cantando mi amor,
no le digas si
vuelve a pasar
que mi llanto tu
suelo regó.
Caminito cubierto
de cardos,
la mano del tiempo
tu huella borró;
yo a tu lado
quisiera caer
y que el tiempo nos
mate a los dos”[68]
“¡Cómo recuerdo,
barrio querido,
aquellos tiempos de
mi niñez…!
Eras el sitio donde
he nacido
y eres la cuna de
mi honradez.
Barrio del alma,
fue por tus calles
Donde he gozado mi
juventud…
Noches de amor
viví,
con tierno afán soñé
entre tus flores
también lloré…
¡Qué triste es recordar,
me duele el corazón…!
Almagro mío,
qué enfermo estoy…!
………….
El tiempo ingrato dobló mi espalda
y a mi sonrisa le dio frialdad;
ya soy un viejo, soy una carga,
con muchas dudas y soledad…
¡Almagro mío, todo ha pasado;
quedan cenizas de lo que fue…!
Amante espiritual
de tu querer sin fin,
donde he nacido
he de morir…
Almagro, dulce hogar,
te dejo el corazón
como un recuerdo
de mi pasión…”[69]
“Amante espiritual
de tu querer sin fin” qué frase que nos ha regalado el poeta. Podés ver cómo
muerte, amor y amor sin fin, se conjugan confirmando mis afirmaciones.
“Barrio de tango, luna y misterio;
calles lejanas ¿dónde andarán?
Viejos amigos que hoy ni recuerdo
¿qué se habrán hecho, donde estarán?
Barrio de tango, ¿qué fue de aquella
Juana la rubia que tanto amé?
¿Sabrá que sufro pensando en ella
desde la tarde que la dejé?
¡Barrio de tango, luna y misterio,
desde el recuerdo te vuelvo a ver!”[70]
“Barrio reo, campo abierto
de mis primeras andanzas;
en mi libro de esperanzas
sos la página mejor…
Fuiste cuna y serás tumba
de mis líricas tristezas;
vos le diste a tu cantor
el alma de un zorzal
que se murió de amor.”[71]
“Nací en ese barrio, crecí en sus
veredas,
un día alce el vuelo soñando
triunfar;
y hoy, pobre y vencido, cargado de penas,
he vuelto cansado de tanto ambular…
………
Mas vale que nunca pensara el
regreso,
si al verte de nuevo me puse a
llorar…
Mis labios dijeron, temblando un
rezo:
-Mi
barrio no es éste, cambió de lugar…
Prefiero a
quedarme, morir en la huella,
si todo he perdido, barriada y
hogar…
Total, otra herida no me hace ni
mella;
será mi destino rodar y rodar…”[72]
Este
último verso nos muestra el mismo tema por la vía negativa. Aquí se vuelve
esperando encontrar lo perdido. Pero no se lo encuentra y eso hace que el
personaje reafirme su vida actual y se niegue el “regresar”. Diría que en este
caso se rechaza la redención, por no encontrar el camino hacia los viejos
afectos. Pero sigamos con los ejemplos:
“Loco, casi muerto, destrozado,
con mi espíritu amarrado
a nuestra juventud…
……
Ya nunca volveré,
lo sé bien, nunca más…
¡Tal vez me esperarás
junto a Dios, más allá!”[73]
“Después, ¿qué me importa del
después?
Toda mi vida es el Ayer
que me detiene en el Pasado.
¡Eterna y vieja juventud,
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz!”[74]
“Madre hay una sola;
y aunque un día la olvidé,
me enseñó al final la vida
que a ese amor hay que volver.”[75]
“La vida está detrás, en la palabra
luminosa
que era tu nombre,
de luz y de rosa…
Esto que repito en el murmullo:
nombre tuyo…¡Nombre tuyo…!
Mientras muero sin amor…”[76]
Son muchos más los tangos que hablan
de volver y en los que se entremezclan las ideas del regreso, los afectos
pasados y la muerte. No me resulta posible transcribirlos todos, pero sí creo
que los elegidos permiten ver que todos los poetas de todos los tiempos han adoptado
este tema.
La muerte no se muestra
como un final sin razón, ni como la concreción de un destino trunco. La muerte
es volver al amor, ya sea porque se busca o porque en ese momento lo único que
ocupa la mente y los sentimientos del hombre que muere, es atarse a aquellos
amores más puros. Al amor.
Creo que este es un buen momento
para hacer un paréntesis. Aprovecharé también yo para descansar. Descansar,
dormir y tal vez soñar. Puede que yo también en mis sueños esta noche reciba la
visita de algún afecto del pasado. Eso sí, espero despertar mañana.
Un gran abrazo, de tu discípulo y
amigo:
Mi querido amigo y
maestro.
Dos cuestiones en principio
contradictoria se entrelazan en la poesía del tango: el destino y la libertad.
Por un lado, muchos poemas nos refieren una “fuerza” o “destino marcado” en
todos los hombres, que necesariamente lleva a la frustración en la consecución
de los sueños. Por otra parte, constantemente se reafirma la libertad del
hombre.
Y es correcta esta apreciación. El
“Destino” o cierta “Predeterminación” es consecuente con una concepción del
hombre que no puede alcanzar completamente su ideal. No lo puede alcanzar
porque es una “ley de la vida”. De
algún modo la vida se va a encargar, en un determinado momento, de darnos
vuelta “la taba de la suerte” e
impedirnos obtener nuestro sueño. Será la muerte que se lleva a la mujer
amada o el abandono por parte de ella ó
–tal vez- la elección del mal camino.
Sin embargo, si bien la vida se
encarga que nadie pueda alcanzar totalmente su ideal, esta ley no impide que el
hombre viva libremente. El elige siempre y podrá acercarse más o menos a ese
ideal, de acuerdo a sus opciones. El hombre no es irresponsable de su felicidad
o infelicidad, sino por el contrario, en todo momento se reafirma su
responsabilidad, por lo que logró y lo que no logró. El hombre de tango es artífice de su
destino.
Algo semejante sucede en nuestra
concepción cristiana de la vida. Sabemos que en esta vida no alcanzaremos
nuestro ideal de amor. Sí estaremos más cerca o más lejos de acuerdo a como
ejerzamos nuestra libertad. Coincidimos también en que al final –recién al
final- nos podremos hundir en el Amor.
Al final y no antes. El tango también busca hundirse en el Amor, al
final de la vida, pretendiendo volver a los primeros y más puros amores. Para
eso confía tanto en su deseo (su conducta y el ejercicio de su libertad) como
en el perdón final que lo redima.[77]
1. Destino.
Sin adentrarme en otras cuestiones,
citaré primero aquellas referencias al destino.
En algunos casos es simplemente la
“suerte” la que nos abandona. Ello conlleva el concepto de que nuestra vida
depende de la “fortuna”. Y este concepto es cierto en gran parte. No sólo
nuestra voluntad nos ayuda a vencer muchos obstáculos, sino también ese grado
de “fortuna” que hace que en determinado momento, las cosas se inclinen más a
nuestro favor. Pero también se da la “suerte” que nos abandona, que deja de
estar de nuestro lado. Y el concepto de “abandono” en este caso conlleva
también el hecho de que el mismo se producirá fatalmente en algún momento de
nuestra vida. Son muchos los ejemplos:
“Cuando la suerte, que es grela,
fallando y fallando
te largue parao…”[78]
y a cada momento me tira a matar…
la vida me pega sin darme resuello
y el alma, atorada, no acierta a
escapar…”[79]
“¿Por qué sus alas, tan cruel, quemó
la vida?
¿Por qué esta mueca siniestra de la
suerte?
Quise abrigarla y más pudo la
Muerte…
¡Cómo me duele y se ahonda mi
herida…!
………………..
Como perros de presa, las penas
traicioneras
Celando mi cariño galopaban detrás;
y escondida en las aguas de su
mirada buena,
la Muerte agazapada marcaba su
compás.”[80]
“Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como un sino;
Madame Ivonne,
fue como el sino de tu suerte…”[81]
En
otros casos, se pone de manifiesto un fatalismo aún más determinante:
“La vida es un mazo marcado
baraja los naipes, la mano de Dios.
Las malas que emboscan la dicha
se dieron en juego tras cada ilusión
Y así fue robándome fichas
la carta negada de tu corazón”[82]
“Llegué y casi estoy, a punto de
partir…
Sintiendo
que me voy, y no me quiero ir.
Doblé la esquina de mi misma, para
comprender,
que nadie escapa al fatalismo de su
propio ser.
Y estoy pisando las baldosas
floreciéndome las rosas por
volver…!”[83]
“Si crucé por los caminos
como un paria que el Destino
se empeñó en deshacer…”[84]
Estos
primeros tres fragmentos son claros. La vida en algún momento se nos va a dar
vuelta. Ese es el “Destino” del hombre.
Otros ejemplos vuelven sobre el mismo tema:
(el
dolor que nos azota ineludiblemente, como los vendavales)
“Viejo barrio de mi ensueño
de ranchitos iguales;
como a vos los vendavales,
a mí me azotó el dolor…”[85]
(que
nos acecha…)
“¿Qué duendes
lograron
lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda
fue hilando mis males?
¿Y qué pena tan triste
me ha hecho tan triste,
triste como el eco
de las catedrales?”[86]
(la
imposibilidad de oponerse al “destino”)
“Adiós muchachos, ya me voy y me
resigno;
contra el Destino nadie la talla..
Se terminaron para mí todas las
farras,
mi cuerpo enfermo no resiste más.”[87]
(el
concepto de la vida que reparte la buena y la mala suerte)
“La vida rueda, también rodaste vos;
yo soy el mismo que ayer era tu
amor…”[88]
(esta
bellísima comparación de la vida como un río, pero que nos arrastra en su
corriente)
“La vida es este río que me arrastra
en su corriente,
blando y yaciente,
lívida imagen…
De vuelta ya todos los nostálgicos
paisajes,
muerta la fe,
marchita la ilusión…
Me queda en este río de las sombras
sin riberas
una postrera
dulce palabra…”[89]
(el
destino como excusa de los actos libres).
“Si soy así,
¿qué voy a hacer?
Es el destino que me arrastra a
serte infiel.”[90]
(un
destino que nos torna ridículos ante los demás, es la imagen externa de la
propia derrota de los sueños ante la realidad):
“Y hoy, que
deshechos mis sueños bellos,
mi pie las calles sin rumbo pisa,
cuando les digo que he sido un
príncipe,
los desalmados lo echan a risa…
Cuando les digo que fue la muerte
quien de mi trono se apoderó,
¡cómo se ríen de mi desgracia
y es mi desgracia su diversión…!”[91]
No es raro que ese destino final que
concuerda con la frustración, invite a algunos poetas a confundir el destino
adverso con un sin sentido de la vida:
“Cansao de ver la vida,
que siempre se burla
y hace pedazos
mi canto y mi fe.
La vida es tumba de ensueños
con cruces que, abiertas,
preguntan…¿pa’ qué?”[92]
Pero
otros, reconocen que “las penas” son parte de la vida y la vida misma continúa,
pese a ellas y con ellas:
“Cada cual tiene
sus penas
y nosotros las tenemos”[93]
En otros casos, se presenta un
aliado del destino: “el tiempo”, el que tarde o temprano hace que esa “suerte”
contraria se nos haga presente. El mismo que nos trae y pone los sueños delante
de nuestra vida, para mostrarnos cuán lejos están o cómo se han roto:
“Fiera venganza la
del tiempo
la que nos ha hecho ver de cerca
lo que uno amó.”[94]
Un tiempo que se acaba, no hay triunfos que duren
toda la vida, es la consecuencia del carácter inasequible del ideal:
“Ya sé no me digás,
tenés razón
la vida es una herida absurda,
y es todo, todo tan fugaz,
que es una curda nada más,
mi confesión”[95]
“Mientras tanto,
que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,”[96]
Otro determinismo que se repite en
varias letras, es la atracción que ejercen el lujo y el dinero. Sin embargo, la
elección –generalmente por las mujeres- de una vida desahogada a cambio de los
valores, es fruto de la libertad. Ahondaré en esta cuestión al ocuparme de la
libertad, sólo quiero ahora señalar aquello que puede confundirse con el
“destino”.
“Ayer pensó que hoy…Y hoy no es
posible:
la vida puede más que la esperanza”[97]
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver”[98]
“Siendo buena, eras honrada;
pero no te valió de nada
que otras cayeron igual…”[99]
Esa
belleza que permite acceder a una vida mejor, no durará para siempre, y el
final es anunciado:
“Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un
día se esfumará
y que como las flores se marchitan
tus
locas ilusiones se morirán.
El mishé que te mima con sus
morlacos
el día menos pensado se aburrirá,
y entonces, como tantas flores de
fango,
irás por esas calles a mendigar.
Triunfarás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
¡Cuando implacables, los años
te inyecten sus amarguras,
ya verás que tus locuras
fueron pomas de jabón…!”[100]
2.
Libertad.
Decíamos que la acción del “Destino” o sea predeterminación que hace
inalcanzable el ideal, no compromete la “libertad”
de los individuos. En el marco de la naturaleza de la existencia, que no
permite la plena realización del hombre, éste elige libremente los valores que
quiere vivir o la negación de los mismos. Los poetas nos brindan ambos
ejemplos. Aquellos en los que se rescata la libertad como valor y como
condición sine qua non en la vida, como también aquellos casos en los que la
frustración es la consecuencia de la elección de “los placeres y la riqueza”.
Esta lucha en
libertad, poco la expresan con mayor poesía y claridad que la señora Eladia
Blázquez cuando nos dice:
Con las alas del
alma[101]
Con las alas del
alma desplegadas al viento
desentraño la
esencia de mi propia existencia
sin
desfallecimiento y me digo que puedo como
en una constante y
me muero de miedo,
me muero de miedo
pero sigo adelante.
[...]
Ante cada noticia
de estupor, de injusticia,
me desangro por
dentro y me duele la gente,
su dolor, sus
heridas porque así solamente
interpreto la vida.
Con las alas del
alma desplegadas al viento
más allá de la
historia, de las vidas
sin gloria, sin
honor ni sustento
guardaré del que
escribe su mejor pensamiento
quiero amar a quien
vive con las alas del alma
desplegadas al
viento.”
Todo se conjuga
aquí: la lucha, la libertad, el reconocimiento del dolor de los demás que
condiciona mi propia vida, y el optimismo de hacerlo todo “con las alas del alma desplegadas al viento”. Soy yo el que opto
por vivir y cómo lo hago, más allá del destino, más allá de lo que la suerte
misma me depare.
La concepción de
esta gran poeta, se reafirma en el siguiente poema:
Prohibido prohibir[102]
No se puede
prohibir, ni se puede negar
el derecho a vivir,
la razón de soñar…
no se puede
prohibir, el creer ni el crear,
ni la tierra
excluir, ni la luna ocultar…
No se puede
prohibir, ni una pizca de amor
ni se puede eludir
que retoñe la flor…!
Ni del alma el
vibrar, ni del pulso el latir
ni la vida en su
andar…No se puede prohibir”.
[…]
Solo el hombre
incapaz de entender, de sentir
ha logrado al final
su grandeza prohibir,
y se niega el sabor
y la simple verdad
de vivir en amor y
en total libertad…!
Si tuviese el poder
de poder decidir…
Dictaría una
ley..Es prohibido prohibir…!
La
libertad es esencial para el hombre y lo contrario (prohibir) impide que el
hombre viva su propia vida, que el hombre sea hombre.
Pero no es Eladia Blázquez la única
que nos habla de la libertad:
“Como un acróbata demente saltaré
sobre el abismo de tu escote, hasta
sentir
que enloquecí tu corazón de
libertad.
¡Ya vas a ver!”[103]
Decíamos
que no todo ejercicio de la libertad beneficia al hombre, en muchos casos, es
motivo de su caída:
“Yo maté mis ilusiones…
Yo amargué mi propia vida…
Yo sentí en mi alma herida
el dardo del dolor que el vicio me
dejó…”[104]
“Son macanas; no fue un guapo
haragán ni prepotente,
ni un cafishio veterano el que al
vicio te largó:
vos rodaste por tu culpa, y no fue
inocentemente;
berretines de
bacana que tenías en la mente
desde el día en que un magnate de
yuguiyo te afiló…”[105]
O aquellos otros en que se reprocha
a otro –generalmente una mujer- la elección de una vida indigna:
“Una noche te fugaste
del hogar que te cuidó
y a la vieja abandonaste
que en la vida de adoró.
En busca de los amores,
y para buscar placeres
fuiste con otras mujeres
al lugar de los dolores”.[106]
ató toda su ropa y se fugó;
cegada por el lujo siguió la
caravana
y el alma de suburbio así gritó”[107]
Determinismo,
destino y libertad son componentes indivisibles de la vida del hombre.
Vuelvo a interrumpir. Mañana
comenzaré una nueva carta en la que espero poder resumir los dos caracteres o
elementos propios de la filosofía del tango que van cerrando su particular
concepción de la vida: la amistad (compasión) y la ciudad.
Te envío como siempre un gran
abrazo. Tu discípulo y amigo:
Mi querido amigo y
maestro:
Con renovados bríos
quiero meterme de lleno en el tema de esta carta: la amistad (compasión) y la
ciudad como requisitos propios de la vida del hombre.
1. Amistad y
compasión.
El tango es
esencialmente compasivo. Esa compasión nace de la exigencia de la alteridad
como punto de partida. Yo me comprendo a través de comprender al “otro”, porque
yo también soy el “otro”.
Esta comprensión
del otro lleva a un compromiso y ese compromiso con el otro es la compasión. El tango no es descriptivo,
no pinta un cuadro del drama del hombre y se olvida del mismo. No es –tampoco-
meramente un testigo.
El poeta, que se ve
impactado por la realidad del otro y la asume como propia, asume también al
otro, compartiendo su padecer y haciéndolo su amigo. La tragedia del otro no es
un grito sin respuesta, sino todo lo contrario. Y esa respuesta es la compasión que no significa tener lástima
del otro, sino compartir su padecer, padecer
con.
En muchas letras de
tango parece dibujarse la figura del “Príncipe Idiota” de Dostoievski. Aquel
que cuando ya no tiene más soluciones para los que ama, se entrega asumiendo la
pena y la pasión del otro. Padece con el otro: compadece. Como en aquella
película sobre la situación política de Indonesia (que se llamaba “El año en
que vivimos en peligro”[108]
en la que actuaba Mel Gibson), pero la
figura más imponente era la del
periodista contrahecho, ese Indonesio , que ante la imposibilidad de
hacer algo por sus hermanos, se suicida.
Y no se suicida porque odia la vida, sino compartiendo el destino de todos
aquellos cuyo destino no puede cambiar. No es suicidio por desesperación, sino
por compasión.
Todo el tango es
compasivo. Recoge la pena de los demás y el poeta la revive en su propio
corazón.
El poeta no sólo
comprende el dolor, la frustración del otro, sino que se une al otro para
compartirla, porque finalmente el otro soy también yo. Si el género humano
sufre el dolor de la vida que comprueba en la realidad de hoy que los sueños
son inasequibles, es también mi dolor, porque yo no estoy fuera de ese grupo
humano.
¿ Y cómo se relacionan compasión y
amistad? Van invariablemente unidas. El poeta se sumerge en el alma del otro,
como espera que el otro se sumerja en la propia, porque el poeta es el “otro”
de aquel a quien describe. No hay manera de ser sin el otro. Y el poeta lo ha bebido
de su propia realidad: sus amigos, las reuniones del café, son los lugares
donde aprendió la filosofía de la vida que hoy canta:
“…En tu mezcla
milagrosa
de sabiondos y
suicidas,
yo aprendí
filosofía, dados, timba
y la poesía cruel
de no pensar más en
mí.
Me diste en oro un
puñado de amigos
que son los mismos que alientan mis
horas:
José, el de la quimera;
Marcial, que aún cree y espera,
y el flaco Abel, que se nos fue
pero aún nos guía.”[109]
O como lo dice Cacho Castaña:
“ Café la Humedad,
billar y reunión
sábado con trampas, ¡qué linda
función!
Yo solamente necesito agradecerte
la enseñanza de tus noches
que me alejan de la muerte…
Café la Humedad, billar y reunión:
dominó con trampas, ¡qué linda
función!.
Son treinta abriles ya cansados de
soñar…
Por eso vuelvo hasta la esquina del
boliche
a buscar la barra eterna de Gaona y
Boyacá.
Ya son pocos los que quedan…
¡Vamos muchachos, esta noche a
recordar
una por una las hazañas de otros
tiempos
y el recuerdo del boliche que
llamamos La Humedad”[110]
Los amigos, son más que amigos, y el
término “hermano”, es sinónimo de
amigo, o el de amigo sinónimo de hermano. Hermanados en un mismo destino, en
una misma lucha, en el marco de una misma vida.
“ Hermano,
yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no quiero más vivir…
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.”[111]
La amistad es un valor reiterado e
indiscutido en la poesía del tango. El porteño hace de la amistad un verdadero
culto –que entre otras cosas se cimentó por una concepción generalizada de la
vida- una concepción que tiene como eje el amor (¿y qué es la amistad sino un
modo de vivir el amor?) y el destino común de los hombres visto con la humildad
de quienes saben de la existencia de los ideales pero también de lo inaccesible
de los mismos. De ese hombre que se entiende comprendiendo las penas de los
demás. Y así múltiples poesías lo cantan:
“ Tres amigos
siempre fuimos
en aquella juventud;
era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del Sur.
¿Dónde andará Pancho Alsina?
¿Dónde andará Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea.
[...]
Pero yo igual los recuerdo,
mis dos amigos de ayer….
Una noche, allá en Portones,
me salvaron de la muerte;
nunca faltan encontrones
cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué.
Siempre juntos nos veían,
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.”[112]
“Viejo Tortoni,
refugio fiel
de la amistad junto al pocillo de
café”[113]
“Vos no hagas correr la bola
entre la gente que palpita,
porque estos datos pulentas
se brindan por amistad.
…………………..
Los amigos se cotizan
en las malas y en las buenas;
a mi me dieron chaucha
y la reparto con vos…
Con esos cuatro manguillos
se calmarán nuestras penas,
y entonces sí que podemos…
¡ Podemos pensar que hay Dios!”[114]
Hasta la amistad con la mujer
querida:
“Y mañana cuando seas descolado
mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre
corazón,
si precisas una ayuda, si te hace
falta un consejo,
acordate de este amigo, que ha de
jugarse el pellejo
pa’ ayudarte en lo que pueda cuando
llegue la ocasión,”[115]
Y especialmente en el momento final:
“Adiós muchachos, compañeros de mi
vida,
barra querida de aquellos tiempos;
me toca a mí hoy emprender la
retirada,
debo alejarme de mi buena
muchachada…
Adiós muchachos, ya me voy y me
resigno;
contra el Destino nadie la talla…
Se terminaron para mí todas las
farras,
mi cuerpo enfermo no resiste más.”[116]
2. La ciudad.
Y junto con la amistad otro elemento aparece en el
tango de un modo inusual: la ciudad.
Buenos
Aires asume el carácter de una ciudad mítica. El porteño sólo puede realizarse
en su ciudad. ¿Por qué? En gran parte por lo que explicábamos con anterioridad.
El poeta descubre la compasión en la amistad y la amistad la vive concretamente
en la ciudad. Esa misma ciudad en la que residen sus amores más puros: sus
amigos, su madre, se primera novia. La geografía de su niñez y juventud que en
sus recuerdos se funde con sus amores y valores. Y de ahí la necesidad de “volver”. Es la Jerusalén del porteño.
Sólo se puede ser en Buenos Aires y sólo el hombre puede hundirse en el Amor
allí donde sus amores residen.
“A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna
como el agua y el aire.”[117]
Nos decía Jorge Luis Borges,
interpretando así el sentir de todos los porteños.
Amistad y Ciudad
son dos valores que se complementan y comparten la misma raíz como trataré de
demostrar seguidamente. Ambos nacen y se basan en la concepción del Amor como
valor supremo, en la consideración del “otro” como punto de partida de su
propia filosofía y en la compasión.
Ese otro que me
revela mi propio yo, y con el cual yo comparto su dolor y mi dolor, necesariamente
se une a mí en la amistad.
Los mismos
inmigrantes que llegados a Buenos Aires, co-crean el tango, encuentran en la
tierra que no es la de origen, a aquella que les permite realizarse. Se une
entonces el concepto de realización y tierra. No hay realización sino en esta
tierra que ahora es mía, que me la apropio y que la uno a mi destino de modo inescindible. Esta
es la tierra de los sueños y de las realidades. Tango y ciudad se confunden. En
la concepción judeo cristiana de nuestro pueblo, Buenos Aires es tal vez para
muchos, la tierra prometida y sólo en ella se encuentra la realización. No hay
posibilidad de realizarse fuera de ella. Buenos Aires...mezcla de Camelot,
Olimpo y Jerusalén...
Otra explicación es
que los afectos se viven en determinados lugares y esos lugares se apropian de
nuestros afectos, como de algún modo señalaba alguna vez Antoine de Saint
Exupery. Una esquina no es una esquina, sino el lugar en el que yo me reunía
con mis amigos. Una cuadra no es sólo una calle, sino aquella en la que estaba
la casa de la primera novia. Aquel café fue y es aún el lugar de reunión de
aquella barra que filosofa, habla de fútbol, bebe y comparte la alegría y la
pena de vivir. Buenos Aires es la ciudad que conserva los afectos más
esenciales. Aquellos que ningún otro afecto conseguido a posteriori en la vida
puede reemplazar
Jorge Luis Borges,
en un bellísmo poema titulado justamente “Buenos Aires” recorre un camino
similar al del escritor Francés. La ciudad es geografía del afecto[118]
y de mi propia vida, que se confunden. La ciudad tiene su propia entidad, es
ella y es nosotros. Es “lo que se ha
perdido y lo que será, es lo ulterior y lo ajeno, lo lateral, el barrio que no
es tuyo ni mío, lo que ignoramos y queremos”. La ciudad en Borges tiene
adquiere una dimensión “mística” mayor
que en Saint Exupery. Para el poeta galo los afectos nos “marcan” aquellos
lugares, a los que al retornar, volveremos a recrear esos afectos. La geografía
tiene sentido en tanto y en cuanto nos revive el amor. Para nuestro poeta, no
es cualquier geografía: sólo es posible en Buenos Aires:
“¿Qué será Buenos Aires?
Es la Plaza de Mayo a la que volvieron, después de haber
guerreado en el continente, hombres cansados y felices.
Es el dédalo
creciente de luces que divisamos desde el avión y bajo el cual están la azotea, la vereda, el
último patio, las cosas quietas,
Es el paredón de la
Recoleta contra el cual murió ejecutado, uno de mis mayores [...]
Es el día en que
dejamos una mujer y el día en que una mujer nos dejó [...]
Es la habitación de
la Biblioteca, en la que descubrimos, hacia 1957, la lengua de los ásperos
sajones, la lengua del coraje y de la tristeza
[...]
Es, en la
deshabitada noche, cierta esquina del Once en la que Macedonio Fernández, que
ha muerto, sigue explicándome que la muerte es una falacia.
No quiero
proseguir, estas cosas son demasiado individuales, son demasiado lo que son,
para ser también Buenos Aires.
Buenos Aires es la
otra calle, la que no pisé nunca, es el centro secreto de las manzanas, los
patios últimos, es lo que las fachadas ocultan, es mi enemigo, si lo tengo, es
la persona a quien la desagradan mis versos (a mi me desagradan también), es la
modesta librería en que acaso entramos y que hemos olvidado, es esa racha de
milonga silbada que no reconocemos y que nos toca, es lo que se ha perdido y lo
que será, es lo ulterior, lo ajeno, lo lateral, el barrio que no es tuyo ni el
mío, lo que ignoramos y queremos.”[119]
En este sentido, Borges coincide con
la mayoría de los poetas porteños. No es sólo la geografía la que hace renacer,
recordar o reinventa los afectos. Buenos Aires es ese lugar mítico en el que
sólo se pueden vivir los afectos, el amor y los sueños, soñados o perdidos.
Eladia Blázquez nos
lo dice de este modo:
“Sé que cada día te
reinvento en mí
Sé que en otra
parte yo no sé vivir!
Pero acaso vos no
sepas bien
que como yo no
existe quien…
Te quiera así!
Buenos Aires…!
Es inútil respirar
otro aire,
Soy siempre de tu
gracia
Buenos Aires,
del desaire que hay en vos…
Tantas veces,
Me ha dolido algún lugar que se
parece
y he deseado tantas otras,
muchas veces,
no existe tal dolor.
[...]
Buenos Aires!
Mi ternura es una oleada que te
abraza
que se nutre de tu pan con gusto a
casa
y se muere de amor, por vos…![120]
Y lo reafirma la misma poeta en otra
gran poesía, que también nos hace poner atención sobre el “constante volver”.
“Esta ciudad está
embrujada, sin saber
por el hechizo cautivamente de
volver,
no sé si para bien, no sé si para
mal,
volver tiene la magia de un ritual.
Yo soy de aquí, de otro lugar no
puedo ser…”
Me reconozco en la costumbre de
volver!
A reencontrarme en mí, a valorar
después,
las cosas que perdí…! La vida que se
fue!
[…]
Siempre se vuelve a Buenos Aires a
buscar
esa manera melancólica de amar…
Lo sabe sólo aquel que tuvo que
vivir
enfermo de nostalgia…Casi a punto de
morir…![121]
Otros poetas lo hacen de otro modo,
sin menoscabo alguno:
“Buenos Aires, la Reina del Plata;
Buenos Aires, mi tierra querida…
Escuchá mi canción,
que con ella va mi vida…
En mis horas de fiebre y orgía,
harto ya de placer y locura,
en ti pienso, patria mía,
para calmar mi amargura.
[...]
Y al compás rezongón de los fueyes,
un bacán a su mina la embrolla;
y el llorar del violín
va pintando el alma criolla..
Buenos Aires, cual a una querida,
si estás lejos, mejor hay que amarte
y decir toda la vida:
- Antes morir que olvidarte…”[122]
“Mi Buenos Aires,
tierra querida,
donde mi vida
terminaré.
Bajo tu amparo
no hay desengaños,
vuelan los años,
se olvida el dolor…
En caravana
los recuerdos pasan
con una estela
dulce de emoción.
Quiero que sepas
que al evocarte
se van las penas
del corazón”[123]
¡Arrabal amargo, metido en mi vida
como la condena de una maldición…!
Tus sombras torturan mis horas de
sueño,
tu noche se encierra en mi corazón…”[124]
“Esquina porteña, este milonguero
te ofrece su afecto más hondo y
cordial.
Cuando con la vida esté cero a cero,
te prometo el verso más rante y
canero
para hacer el tango que te haga
inmortal”[125]
“Calle
como valle
de monedas para el pan.
Río
sin desvío
donde sufre la ciudad.
¡Qué triste palidez tienen tus
luces;
tus letreros sueñan cruces;
tus afiches, carcajadas de cartón…!
Risa
que precisa
la confianza del alcohol.
Llantos
hechos cantos
pa’vendernos tu amor.
Mercado de las tristes alegrías,
cambalache de caricias
donde cuelga la ilusión…”[126]
“Barrio reo, campo abierto
de mis primeras andanzas;
en mi libro de esperanzas
sos la página mejor…
Fuiste cuna y serás tumba
de mis líricas tristezas;
vos le diste a tu cantor
el alma de un zorzal
que se murió de amor”[127]
Creo que son suficientes ejemplos.
Podría seguir transcribiendo poemas sobre Buenos Aires durante toda la noche,
cada uno de ellos con su belleza y profundidad propias. Cuesta sólo elegir
algunos y dejar guardados otros que merecen leerse y releerse. Pero debo poner
un límite a los fines del trabajo emprendido.
Bueno, mi estimado
amigo, interrumpo nuevamente la escritura y me preparo para mi siguiente carta
en la que cerraré el capítulo filosófico para luego introducirme estrictamente
en el jurídico.
Como siempre te
envío un gran abrazo. Tu amigo y discípulo:
Ramón
Buenos Aires, 17 de Abril de 2005
Mi querido amigo y
maestro:
Como te prometía, quiero ir cerrando
las cuestiones relacionadas con lo que he llamado (con un poco de soberbia de
mi parte) la filosofía del tango. No soy filósofo. O dicho de otro modo, no soy
más filósofo que los demás porteños.
Pero creo que en el conjunto de
valores, creencias, ideales que recogieron nuestros poetas del tango, subyace
una filosofía a la que no podía dejar de hacer referencia.
Un autor jurídico decía “Toda concepción del Derecho responde a una
toma de posición filosófica, antropológica y teológica” Yo diría,
animándome a completar la idea del jurista, que las concepciones filosóficas,
antropológicas y teológicas de un pueblo determinan su Derecho.
Y
no puede ser de otra manera, ya que cuando el Derecho colisiona con estas
concepciones se produce un conflicto entre el pueblo que vive sus ideas
–principalmente filosóficas y teológicas- y aquellos que detentan el poder de
imponer un determinado derecho positivo. Es el caso de Gilgamesh, traído a
colación en las primeras cartas.
El tango representa de un modo u
otro, la filosofía y la teología de un pueblo. Los poetas no han hecho más que
reflejar lo que ese pueblo les decía, al mismo tiempo que la expresión de los
poetas retroalimentaba las creencias de ese pueblo.
Aún para cerrar este primer
análisis, me falta referirme con más precisión a un tema que he abordado
tangencialmente en mis cartas anteriores: la concepción de Dios.
Al
considerar a Dios, el tango tiene también una concepción que supera ampliamente
al existencialismo tradicional. Cuando leemos “El sentimiento trágico de la vida” de don Miguel de Unamuno, nos
conmovemos cómo el filósofo español lucha por demostrar la existencia de Dios y
de la eternidad, sin la razón ya que reconoce que la razón es incapaz de llegar
a tal demostración.
Coincido totalmente con el poeta.
Más allá de la formación escolástica de mi juventud, que sigo amando por lo
concreto de su filosofía, lo cierto es que la razón se encuentra imposibilitada
de demostrar la existencia de Dios. Siempre llegamos a un último punto que es
un concepto basado en la fe en la existencia de Dios, o en la fe de su
inexistencia.
El tango no cae en el error de
plantearse un problema insoluble. Se aleja del pensamiento griego, para poner
sus raíces en lo más rico del cristianismo: el pensamiento hebreo. Para el
pueblo hebreo (y judeo cristiano) Dios no es una entelequia, es una Persona
real que finalmente “planta su tienda” entre su pueblo. Dios es real y
concreto. La Biblia es testimonio de la constante presencia de Dios entre
nosotros. No puedo dejar de recordar esa excelente escena de la película de
Woody Allen que aquí se llamó “Crímenes y Pecados” y de la que no recuerdo su
denominación en inglés. En esa escena grandiosa, hay una familia judía
alrededor de una mesa. El padre ya mayor y sus hijos e hijas, adultos. En un momento
una de sus hijas, que creo era estudiante de sociología o algo así, pero la
cual se adivinaba claramente muy adaptada a su nueva sociedad y con un
pensamiento progresista, le dice a su padre: “Pero tú que prefieres a Dios o a
la Verdad”. Y el padre contesta parsimonioso: “A Dios”. No se entra en un
planteo intelectual si Dios es o no la verdad. Lo que al hombre le queda claro,
es que Dios está y hay que estar con él.
En el tango sucede
algo similar. Hay distintas menciones a Dios y confluyen en una rara armonía.
La mayoría demuestra –de algún modo- que se cree en El. Alguna otra letra
refleja un confeso ateísmo. Pero ese es el hombre. El que cree y el que no
cree.
El tango se
posiciona frente a Dios con la humildad del hombre que no sabe pero que cree. Se
para frente al Dios real que convive con nosotros, sin preguntarse lo que no
puede responderse. Reitero, es así mucho más inteligente que el existencialismo
más clásico. Y acepta también al que no cree. El tango recibe en su seno al
hombre, crea o no crea, sin pedir explicaciones. Son por otra parte, los poetas
de un pueblo creyente. Los inmigrantes junto con sus atados de ropa, trajeron a
Dios consigo, vivido de distintas maneras, según su pueblo de origen. Pero un
Dios de los humildes, presente principalmente en una relación personal y no en
una demostración racional.
Así lo muestran
muchos poemas.
Me interesa sí
hacer una distinción temporal. Si bien Dios está presente en todas las épocas
del tango, de modo constante, es diferente la concepción que se percibe en cada
poeta.
1. La primera etapa
Podría decirse que
cada poeta responde de modo muy especial a su época. Nos encontramos con un
primer período en el que las referencias a Dios y otros aspectos religiosos es
menos elaborada. Es la religión más simple y menos “educada” de aquellos
primeros inmigrantes europeos, que se mezclan con un pueblo de una rica fe
popular. Una visión de Dios bastante alejado del hombre. Un Ser Supremo en un
pedestal, que reparte bienes y desgracias. Que a veces oye e interviene, pero
con el que no hay una confianza absoluta. Un Ser al que se le dirige la palabra
con temor y no se entienden sus designios, al que también se le imputan muchos
actos y males con los que no tiene nada que ver.
Las etapas no
pueden distinguirse con precisión matemática. Es más, como sucede con las
diferentes culturas o grados de evolución del ser humano, muchas etapas
conviven con la otra. Lo cierto es que este pensamiento religioso más
primitivo, atado a un Dios menos comprensible y accesible, es típico de la
primera etapa del tango.
También encontramos
la devoción concreta, muy arraigada en nuestro pueblo, en la que Dios mismo, la
Virgen o un Santo, representan el único recurso o sostén de aquel o aquella que
se encuentra luchando sólo contra la
adversidad material o el desengaño moral y sentimental.
Otras veces se lo
confunde a Dios con el destino. Un modo positivo de verlo sería que no hay destino sino un plan divino. Pero no es ese el sentido. La idea es que Dios actúa
como el destino, sin una razón, sin un plan y hasta con la sospecha de cierta
arbitrariedad:
“La vida es un mazo
marcado,
baraja los naipes
la mano de Dios.
Las malas que
embosca la dicha
se dieron en juego
tras cada ilusión”[128]
A Dios se le
reprocha no venir en nuestro auxilio cuando las penas nos embargan, como en el
tango “Padre nuestro”: Se reconoce al
Ser supremo, pero no se encuentra su ayuda.
“¡Padre nuestro,
que estás en los cielos
que todo lo sabes,
que todo lo ves...!
¿Por qué me
abandonas en esta agonía?
¿ Por qué no te
acuerdas de hacerlo volver?
Se me fue una
mañana temprano;
Me dijo «Hasta
luego», y un beso me dio...
Mas vino la noche,
pasaron los días,
los meses pasaron y
nunca volvió.
¡Padre nuestro...!
¡Que amargura sentí
ayer,
cuando tuve la
noticia
que tenía otra
mujer...!
¡Padre nuestro...!
¡Si un pecado es el
amor,
para qué me has
encendido,
para qué me has
encendido
de este modo el
corazón...!
Pero yo le perdono
su falta;
Ni un solo reproche
si vuelve le haré...
Lo mismo lo quiero,
con todas mis fuerzas,
Con toda mi alma,
yo soy toda de él...
¡Padre nuestro, que
estás en los cielos,
que todo lo puedes,
que todo lo ves...!
¿Por qué me
abandonas en esta agonía?
¿Por qué no te
acuerdas de hacerlo volver?”[129]
Y otros tangos
vuelven sobre el mismo tema:
“Aunque mama, pobre
mama
prenda velas a la
Virgen
yo sé bien que
estoy en cama,
que ya no hay que
hacer...”[130]
“La madre,
conmovida, brindándole un consuelo
besó su frente
mustia y llena de ansiedad;
en nombre de la
enferma rogole al Rey del Cielo
por la vuelta del novio
y su felicidad...
Fue inútil su
plegaria...Por el dolor vencida,
en brazos de la
Muerte la rubia se durmió;
y mientras, el
malvado que deshojó su vida
aquella misma noche
con otra se casó.”[131]
O
el ruego del hijo que vuelve a los amores más puros de su juventud:
“A Dios le ruego
que no me haga llegar tarde,
que la fe de mi
viejita es posible que me aguarde
y ante la puerta
del hogar abandonado
pondré una cruz
sobre las ruinas del pasado...
Iluso y torpe, yo
hice trizas las quimeras
de mi humilde
noviecita; por aquella aventurera
iba tan ciego y
orgulloso como terco,
que por una flor de
cerco
por el mundo me
arrastré.”[132]
Hay
imágenes que conmueven, como la que nos pinta Battistela en su tango “Al pie de
la Santa Cruz” del año 1933. La madre
que pide por el hijo condenado, el padre que le pregunta a Dios el por qué del
dolor:
“Mientras tanto,
al pie de la santa
Cruz
una anciana
desolada
llorando implora a
Jesús:
- ¡ Por tus llagas que son santas,
por mi pena y mi dolor,
ten piedad de nuestro hijo,
protégelo, Señor...!
Y
el anciano
que no sabe ya
rezar,
con acento
tembloroso
también protesta a
la par:
- ¿Qué mal te hicimos nosotros
pa’ darnos tanto dolor...?
Y
a su vez, dice la anciana:
- ¡Protégelo, Señor...!”[133]
También, como el joven Werther, el sufrimiento
intolerable hace que algún personaje quiera volver con Dios. Sin embargo en el
tango se le pide a Dios que se lo lleve a uno. En ningún caso se justifica el
suicidio para llegar a Dios:
que la hace sufrir,
que en vez de
cantar,
que en vez de reír,
le
pide al Supremo
la deje morir”.[134]
Otros, en cambio, en los peores momentos, reafirman
su negación de Dios, pero utilizando al mismo Dios para manifestar su rebelión.
“Yo quiero morir
conmigo,
sin confesión y sin
Dios,
Crucificao en mis
penas,
Como abrazao a un
rencor...
Nada le debo a la
vida,
nada le debo al
amor;
aquella me dio
amarguras
y el amor, una
traición.
Yo no quiero la
comedia de las «lágrimas sinceras»,
ni palabras de
consuelo, ni ando en busca de un perdón;
no pretendo sacramentos,
ni palabras funebreras:
me le entrego
mansamente, como me entregué al botón.
Sólo a usted, madre
querida, si viviese le daría
el consuelo de
encenderle cuatro velas a mi adiós,
de volcar todo su
pecho sobre mi hereje agonía,
de llorar sobre mis
manos y pedirme el corazón...”.[135]
En el clásico tango “Adiós, muchachos” la imagen de
Dios que aparece no es tal vez la más benévola. El hombre se somete a los
designios de Dios, que no se nos muestra amigable:
“¿Se acuerdan que
era hermosa,
más
bella que una diosa,
y que ebrio yo de
amor
le di mi corazón?
¡Más el Señor,
celoso
de sus encantos,
hundiéndome en el
llanto
se la llevó.
.....
Es Dios el juez supremo,
no hay quien se le resista;
ya estoy acostumbrado
su Ley a respetar,
pues mi vida se deshizo
con sus mandatos,
llevándose a mi madre
y a mi novia también...
Dos lágrimas
sinceras
derramo en mi
partida
por
la barra querida
que nunca me
olvidó;
y al darle a mis
amigos
mi adiós postrero,
les doy con toda mi alma
mi bendición.”[136]
En este poema, Dios
es el que se lleva nuestros amores. Es la ley de la vida, la ley impuesta por
Dios. La muerte es un invento suyo y
lo sufrimos nosotros.
No hay rebelión hay
resignación, pero sin entender tal vez, el sentido de la misma.
He resaltado el
final, por la sencilla razón de que el personaje central se despide de sus
amigos dándoles su “bendición”. La bendición como tal tiene un sentido
religioso, es trasmitir el bien, un bien que viene más allá de uno. En este
sentido, el personaje resignado, se une a esa “corriente de bien” para
trasmitirla. Sigue siendo religioso en su final.
Otro tema que surge
necesariamente de esa imagen de Dios que se lleva los amores del hombre, que a su vez se identifican con imágenes de
pureza, como lo son la madre y su primera noviecita, es que el destino de
los buenos es ese, el cielo. Muchos tangos vuelven sobre este tema, ubicando en
“el cielo” a aquellos amores más puros:
“Una
noche fue la Huesuda
me llenó el alma de
duelo...
Mi querida
viejecita
se me fue a vivir
con Dios;
y en mis sueños
parecía
que la pobre, desde
el Cielo,
me decía que eras
buena,
que confiara
siempre en vos.”[137]
“Y una triste
tarde, muy cansada ya
de esperar en vano
la que no vendrá,
cerró aquellos
ojos, dejó de llorar,
y al cielo
la pobre se fue a descansar...
Y la santa madre,
que tanto esperó
por la vuelta de
aquella que nunca volvió,
en su pobre lecho,
antes de morir,
a tan mala hija
supo bendecir.”[138]
Dios es también perdón y justificación. Una
justificación y un perdón que no se encuentran en la justicia terrena:
“¡Arrésteme,
Sargento
y póngame
cadenas!
Si soy un
delincuente
que me perdone
Dios”[139]
Saliendo de una imagen alejada y negativa, un viejo
tango del año 1931, rescata una concepción de Dios más cercana al bien. La
existencia del amor (en este caso el amor manifestado en la amistad) nos
permite pensar en la existencia de Dios. Más allá del contexto de este tango
(una fija, las carreras) es necesario resaltar los valores destacados: la
amistad y un Dios que se manifiesta en la vivencia de esa amistad.
en las malas y en las buenas;
a mi me dieron chaucha
y la reparto con vos…
Con esos cuatro manguillos
se calmarán nuestras penas,
y entonces sí que podemos…
¡ Podemos pensar que hay Dios!”[140]
Otros
tangos de esta primera época, no se refieren directamente a Dios, sino que
pintan distintos actos religiosos propios de la vida del hombre. Un primer ejemplo puede ser el tango
“Dios te salve, m’hijo” (1933) en el que un anciano se ocupa de su hijo muerto
en un duelo criollo:
“Un viejito, lentamente,
se quitó el sombrero negro,
estiró las piernas
tibias del paisano que cayó,
lo besó con toda su
alma, puso un Cristo entre sus dedos
y, goteando
lagrimones, entre dientes murmuró:”[141]
Es interesante la imagen que nos describe Enrique
Santos Discépolo -de quien me ocuparé con más detalle al describir la segunda
etapa- en el tango “Malevaje”. Expresamente separé este poema del año 1929 de
otros de este autor, por la razón de que con el mismo nos brinda un dato muy
propio de la primera época: la Misa, la Iglesia, son cosas para mujeres. Es una
señal de debilidad (y de máxima debilidad) que el hombre asista a la Iglesia.
“Te vi pasar,
tangueando altanera,
con un compás tan
hondo y sensual
que no fue más que
verte y perder
la fe, el
coraje y el ansia ‘e guapear...
de aquel pasao
malevo y feroz.
Ya no me falta pa’
completar,
más que ir a misa e
hincarme a rezar...” [142]
En otras ocasiones puede ser tan sólo una pintura
costumbrista, en el que el quehacer religioso es el marco, pero no un marco
indiferente, ya que el personaje no prescinde totalmente de El:
“ Entonces tú
tenías dieciocho primaveras;
yo veinte y el
tesoro preciado de cantar.
En un colegio
adusto vivías prisionera
y sólo los domingos
salías a pasear.
del brazo de la
abuela llegabas a la misa,
airosa y
deslumbrante de gracia juvenil,
y yo te saludaba
con mi mejor sonrisa
que tú
correspondías con ademán gentil.
..........
No sé si es pecado
decirte mis ternuras
allí frente a la
imagen divina de Jesús;
lo cierto es que
era el mundo sendero de venturas
y por aquel sendero
tu amor era la luz....”[143]
No sé si habrás notado, pero cuando los poetas se
refieren a Cristo o Jesús, la imagen o concepción religiosa se suaviza. No
aparece tan lejana como la de Dios. Esto se irá repitiendo y lo veremos con
mayor claridad en la última etapa del tango, y en especial en Horacio Ferrer.
2. La segunda
etapa.
Una segunda
generación de poetas que va despuntando en los primeros años de la década del
treinta y que mantiene su vigencia hasta el fin de la era de oro del tango,
reitera en sus versos las referencias a Dios. Sin embargo lo hace de modo bien
diferente. No sé con certeza la razón:
si las influencias del medio ambiente o la natural evolución de una nueva
cultura. Lo cierto es que ese Dios presente en sus letras, ve frente a sí a un
hombre más maduro y hasta –en muchos casos- que cuestiona con dureza la misma
creación que atribuye a Dios.
No
puedo dejar de recordar en estos momentos esa “postura” tan “italiana” frente a Dios. Aquella literaria de uno de
los libros de “Don Camilo” en la que un campesino con el hijo muy enfermo va a
la Iglesia del pueblo y la rodea de dinamita, amenazando a Dios que si no cura
a su hijo, hace volar la Iglesia. O aquella historia real de la juventud del
padre Pío, en la que una madre deja a su hijo muy enfermo a los pies de una
estatua de la Virgen María, diciéndole que ella ya no puede hacer más nada, que
le deja a su hijo, que se lo lleve o que lo cure, pero que haga algo. Esas
irreverencias que muestran tanta fe…
El hombre ya no ve a Dios tan
lejano. Por el contrario lo ve frente a sí y al hacerlo, no puede dejar de
preguntarle el porqué de tanto dolor y de tanta injusticia. Aún falta dar el paso que sí darán algunos de
los poetas actuales: la comprensión de que Dios no es la causa del egoísmo de
los hombres; que son éstos los que en el ejercicio de su libertad hunden la
existencia de sus semejantes y la propia. Aún les falta comprender que Dios es
parte de la solución y no la causa del problema.
Discépolo es uno de
los exponentes más representativos de esta época. Y si recurro especialmente a
su ejemplo, es porque este poeta tan especial y reconocido por su pueblo, a la
vez que profundo creyente no calla sus recriminaciones al Creador.
¿Cómo era en verdad
Discepolín? Difícil conocer lo que anidaba en el fondo de su alma de poeta
eternamente compadecido de sus hermanos. Sin embargo, conocemos gracias a
testigos algo que nos permite vislumbrar en parte su personalidad.
Así se refiere al
gran poeta, su compañera Tania en una entrevista que le concediera a Norma Dumas, que fuera
publicada en el Diario “El Mundo” el 7 de Enero de 1965 y que – por suerte-
recogiera José Barcia, en su libro “Discepolín”[144]:
P: ” - ¿Qué otra cosa no puede comprender acerca de
él?”
R: “Su religión.
Era católico, pero nunca supe si era espiritista, masón o cualquier otra cosa.
Decía que hay que dar, siempre dar. De repente se santiguaba ante un santo,
como decía en un funeral: «Qué ballet bien organizado»”
Tania tal vez no
comprendía a su compañero, pero Discépolo sí había comprendido la esencia del
mensaje cristiano: “Dar, siempre dar”.
Lo que su compañera
interpreta como contradicciones –el santiguarse frente a cada santo y el
rechazo de un ritual tal vez exagerado en un funeral- es posible que no sean más que los distintos
modos en que el poeta veía a Dios, desde la desesperación, la incomprensión de
la vida, su necesidad personal y hasta desde el humor.
Los siguientes
fragmentos nos ilustran con más detalle:
“¿Te crees que al
mundo lo vas a arreglar vos?
¡Si aquí ni Dios
rescata lo perdido!
¿Qué querés vos?
¡Hacé el favor...!
...............
El verdadero amor
se ahogó en la sopa;
la Panza es Reina y
el Dinero es Dios.
...............
¡Pasás de
otario, morfás aire y no tenés colchón!
¡Qué vachaché, si
hoy ya murió el criterio;
vale Jesús lo mismo
que el Ladrón...”[145]
Este
fragmento que pertenece al Discépolo más joven (1926) en su tango “Qué vachaché”, bajo el ropaje
engañoso del humor, podemos extraer parte de su concepción sobre Dios. Es un
Dios que se empieza a revelar –a los ojos de nuestro poeta- como hasta limitado
en sus posibilidades de arreglar lo que hace el hombre. Aún lo ve con cierto
humor, pero el dolor va por dentro en el anuncio de que Dios está siendo
reemplazado por el dinero y en nuestro mundo de progreso se confunden los
valores y “vale Jesús lo mismo que el Ladrón”
Este son ideas que
se irán repitiendo en Discépolo: el mal creado por el hombre (como en su tango Tormenta), la alteración de los valores
(Cambalache) y la impotencia de un
Dios de amor para cambiar todo eso.
En 1930, también con humor, en su tango “Victoria”
en la que logra sacarse de encima a una “espantosa” mujer, entiendo que la
frase final no es gratuita. Un ¡Gracias a Dios! que de algún modo valida la justicia del hecho de
haberse sacado de encima a “esa mujer”. Acá no hay abandono, ni traición, hay
humor y un acto que entiende justo, desde su punto de vista.
“Me saltaron los
tapones
cuando tuve esta
mañana
la alegría de no
verla más;
y es que, al ver
que no la tengo,
corro, salto, voy y
vengo
desatentao,
¡Gracias a Dios!”[146]
En 1931, en su tango “Que sapa Señor” vuelve
también sobre el tema con humor: Le vuelve a preguntar a Dios qué pasa con este
mundo. Nuevamente la confusión de valores y un Dios al que se le piden
respuestas y que por lo visto, aún no da.
“Que sapa, Señor, que todo es demencia?
Y asoman del sobre
sabiendo afanar...
.......
Hoy todo, Dios, se
queja;
y es que el hombre
anda sin cueva
Voltió la casa
vieja
antes de
construir la nueva...
....
¿Qué sapa, Señor,
que ya no hay Borbones?”[147]
En 1935, las cosas ya comienzan a ser diferentes.
Compone este año su inmortal tango “Cambalache” en el que el que vuelca en
versos claros y precisos -perfectamente
comprensibles para su pueblo- su dolor y desesperación ante un mundo que
desconoce los valores fundamentales del hombre. El poeta, por primera vez,
plantea con desgarrador escepticismo, una cuestión que ya no lo
abandonará: porqué el mundo premia a los
malos y castiga a los buenos.
“Siglo veinte,
cambalache
problemático y
febril…
El que no llora no
mama
y
el que no afana es un gil.
¡Dale nomás…!
¡Dale que va…!
¡Que allá en el
Horno
nos vamos a
encontrar…!
No pienses más; sentate a un lao
que a nadie importa si naciste honrao…”
Lo que lo indigna es justamente eso, el estar
obligado a renunciar a su honradez. Una honradez que él entiende como un valor
importante. Un valor que le cuesta vivir y al que no puede renunciar.
Y en ese mundo enloquecedor,
ve también que el hombre destroza la palabra de Dios y a Dios mismo. La imagen
de la Biblia atravesada en el baño por un clavo (un sable sin remache) junto al
calefón, nos da la clara idea de lo que el hombre de hoy –a juicio del poeta-
hace con la Palabra de Aquel que dio su vida por amor.
Si nos quedan dudas respecto a esta interpretación,
sólo hay que leer el tango “Tormenta” compuesto por Discepolín en 1939:
Tormenta
“¡Aullando entre
relámpagos
perdido en la tormenta
de mi noche interminable, Dios!
busco tu nombre…
No quiero que tu rayo
me enceguezca entre el horror
porque preciso luz para seguir…!
Lo que aprendí de tu mano
no sirve para vivir?
Yo siento que mi fe se tambalea
que la gente mala vive Dios!
mejor que yo!
Si la vida es el infierno
y el honrao vive entre lágrimas!
¿Cuál es el bien?
Del que lucha en nombre tuyo
limpio, puro…¿ Para qué?
Si hoy la infamia da el sendero
y el Amor mata en tu nombre
Dios, lo que has besao….
el seguirte es dar ventaja
y el amarte sucumbir al mal?
No quiero abandonarte yo
demuestra una vez sola
que el traidor no vive impune, Dios
para besarte…
Enséñame una flor
que haya nacido
del esfuerzo de seguirte, Dios
para no odiar:
Al mundo que me desprecia
porque no aprendo a robar…
y entonces de rodillas
hecho sangre en los guijarros
moriré con vos,
Feliz, señor!”[148]
La
lectura de este poema justifica omitir cualquier comentario. Su belleza y
profundidad resumen la tragedia propia del poeta. Un poeta enfermo de amor,
compasión y honestidad en un mundo donde el deshonor, la traición y el egoísmo
son salud.
Otros poemas suyos nos remiten a Dios. Por ejemplo
en Uno, Dios vuelve a traer la esperanza, cuando él ya considera que es muy
tarde. Dios es amigo, pero se equivoca.
“Pero Dios te trajo
a mi destino
sin pensar que ya
es muy tarde
y no sabré cómo
quererte.”[149]
En “Una
canción desesperada” también le reprocha a Dios su ausencia en los momentos en
que debió cuidar el amor que él vivía.
“¿Dónde estaba Dios
cuando te fuiste?
¿Dónde estaba el
sol, que no te vio?
¿Como una mujer no
entiende nunca
que un hombre se da
todo dando su amor?
¿Quién le hace
creer otros destinos?
¿ Quién deshace así
tanta ilusión?
¡ Soy una canción
desesperada
que grita su dolor
y tu traición!”[150]
En “Sin palabras” ,
el mensaje no es claro, al menos para quien escribe éstas líneas. La verdad es
que no castigan ni Dios ni Discepolín. El dolor que sentirá la destinataria
nace de una canción que fue creada para vivir el amor, y luego ante la
traición, se transforma en dolor (castigo) de quién al escucharla sienta el
remordimiento de lo que no fue. Y si se menciona a Dios, es porque en última
instancia, es El quien pone los valores dentro del alma que provocan los
remordimientos ante la frustración del amor. Es una interpretación libre, tal
vez válida.[151]
“ Nació de ti
buscando una
canción que nos uniera
y hoy sé que es
cruel,
brutal, quizás, el
castigo que te doy…
Sin palabras esta
música va a herirte
donde quiera que la
escuche tu traición;
la noche más
absurda, el día más triste,
cuando estés riendo
o cuando llore tu ilusión.
Perdóname si es
Dios
quien quiso
castigarte al fin,
si hay llantos
que pueden
perseguir así,
si estas notas que
nacieron de tu amor
al final son un
silicio
que abre heridas de
una historia...”[152]
. En 1942, que abre
heridas de una historia
Pero
Discépolo no fue el único poeta que se refirió a Dios, si bien posiblemente es
el que lo hizo con más riqueza. Homero Expósito concluía su poema “Tristeza de
la calle Corrientes”, en el que es Cristo el modelo elegido para representar la
traición de los hombres a su ciudad.
“Triste, sí
por ser nuestra...
Triste, sí
porque sueñas...
y el dolor de la
espera
te atraviesa;
y con pálida luz
vivís llorando tus
tristezas...
Triste, sí
Porque sueñas...
Triste
sí,
por tu cruz...
.......
Río sin desvío
donde sufre la
ciudad.
¡Los
hombres te vendieron, como a Cristo,
y el puñal del
Obelisco
te desangra sin
cesar!”[153]
En 1942 José María Contursi, en un tono más
intimista, pone a Cristo de testigo de la promesa de aquella mujer llamada
“Gricel”, promesa que se rompe por su olvido. Pero un olvido que hace justicia
al comportamiento reprochable del personaje principal.
El poeta nos dice:
“Se cumplió la Ley de Dios”. Es esta ley la concreción de la justicia. Pienso
que sí. Aquí Dios ya no castiga como en las primeras épocas del tango, sino que
convalida la justicia de no premiar a quien obró mal.
“-No te olvides de mí,
de tú Gricel,
me
dijiste al besar
el Cristo aquél;
y hoy que vivo
enloquecido
porque no te
olvidé,
ni te acuerdas de
mí
Gricel...Gricel.
Me faltó después tu
voz
y el calor de tu
mirar
y
como un loco te busqué,
pero ya nunca te
encontré
y en otros besos me
aturdí.
Mi vida toda fue un
engaño...
¿Qué será Gricel,
de mí...?
Se cumplió la Ley
de Dios
quien te hizo tanto
daño.”[154]
El mismo Poeta, en 1944, vuelve a hablarnos de
Dios, esta vez poniendo en El la esperanza de volver a vivir el amor después de
la muerte.
“Y ahora sólo sé
que todo se perdió
la tarde de mi
ausencia.
Ya nunca volveré;
lo sé bien, nunca
más...
¡Tal vez me
esperarás
junto a Dios, más
allá...!”[155]
Finalmente, no sólo es la mención directa a Dios,
sino las imágenes pobladas de aquellas referencias esencialmente religiosas. Un
ejemplo es el tango “Nada” (1944) y que dice así:
“¡Nada, nada queda
en tu casa natal!
Sólo telarañas que
teje el yuyal...
El rosal que
tampoco existe
y es seguro que se
ha muerto al irte tú...
¡Todo es una
cruz..!
¡Nada más que
tristeza y quietud!
Nadie que me digas
si vives aún...
¿Dónde estás, para
decirte que hoy he vuelto
a buscar tu
amor...?
Ya me alejo de tu
casa
y me voy yo ni sé
donde...
Sin querer te digo
adiós,
y hasta el eco de
tu voz
de la nada me
responde...
En la cruz de tu
candado
por tu pena yo he
rezado,
y ha rodado en tu
portón
una lágrima hecha
flor
de mi pobre
corazón.”[156]
3. La tercera etapa.
En los comienzos de los sesenta,
los poetas siguen invocando a Dios. Algunos lo hacen manteniendo las creencias
de la etapa anterior. Un ejemplo de ello es el tango de Nicolás Cócaro “Un
silbido en la noche” de 1966.
“Con un silbido
doliente en el bolsillo
deambulando te busco por mis sueños;
desarraigado y solo no comprendo,
ni a la vida, ni a la muerte
estremecida.
Yo desafío a Dios desde mi nada,
que me conteste qué hizo de mi vida.
El me cubrió de bruma tan oscura
que dejó con mi amargura,
un sueño sin olvido
y un silbido en el bolsillo.”[157]
Se mantiene en estos versos el
cuestionamiento al Creador. Una muy dura recriminación existencial, en la que
el poeta afirma su nada, al mismo tiempo que cuestiona a Dios.
En ese mismo año (1966), también se
estrena “Tango para un soldado”, con letra de Conrado Nale Roxlo y música de
Alfredo De Angelis. A diferencia del anterior, la imagen es consoladora. Se
comienza a transitar el camino hacia la amistad con Dios.
“ Voy buscando en mi noche, Dios
mío,
tu divino fortín estrellado,
ten piedad de este humilde soldado
alma en pena sin gloria y sin luz.
La oración de mi madre me guía,
pero es vieja y no acierta el camino
Yo soy Juan el soldado argentino
que murió en la frontera del Sur.”[158]
Como te lo he
venido preanunciando, los poetas modernos incorporan a Dios, reflejando la
evolución de las creencias de su propio pueblo.
Luego del Concilio Vaticano II (1963)
y en la misma imagen de un Papa que se caracteriza por su bondad y humildad,
renace una Iglesia joven que contagia un modo renovado de vivir la Fe.
Hacia finales de los ’60 se vivió un
incremento de la participación de los jóvenes y las guitarras fueron
reemplazando la solemnidad de los órganos.
Con desenfado, en los grupos de jóvenes a Cristo se lo comienza a llamar
“el Flaco” y lo que es horror para algunos aún apegados a expresiones rituales
pre-conciliares, transforma el modo de pensar, resaltando la cercanía de
Cristo, más como un amigo que como un juez. Ya no es el Dios alejado que
castiga o juega con el destino. Tampoco aquel que no interviene. Comienza a
vislumbrarse no como el Juez al final del camino, sino como el Camino hacia la
plenitud.
Fueron años difíciles, en muchos
casos se mezcló la política, pero cambió radicalmente el modo de ver a Dios y
de relacionarse con Él.
El
tango no fue ajeno. Y si hay una obra que lo expresa con plenitud, es la de
Horacio Ferrer, especialmente en su poema “La Bicicleta Blanca”, que tal vez
para algunos suene irreverente, pero para otros como yo, no hace más que
reflejar aquella época rica en la que los jóvenes nos volvimos a acercar a
Dios.
La bicicleta blanca
“Lo viste. Seguro que vos también, alguna vez,
lo viste. Te hablo de ese eterno ciclista, solo, tan solo, que repecha las
calles por las noches. Usa las botamangas del pantalón bien metidas en las
medias y una boina calzada hasta las orejas: ¿te fijaste? Nadie sabe, nunca,
no, de dónde cuernos viene; jamás se le conoce a dónde demonios va. De todos
modos, si lo vieras pasar, mirálo con mucho amor. Puede que sea, otra vez…
El flaco que tenía la bicicleta
blanca,
silbando una polquita cruzaba la
ciudad,
sus ruedas daban pena, tan chicas y
cuadradas,
que el pobre se enredaba la barba en
el pedal.
Llevaba de manubrio los cuernos de
una cabra,
atrás un carrito cargaba un pez y un
pan,
jadeando a lo pichicho, trepaba las
barrancas,
y él mismo se animaba, gritando al
pedalear:
«¡Dale, Dios!...¡ Dale Dios!,
meté, flaquito corazón.
Vos sabés que ganar
no está en llegar sino en seguir.»
Todos, mientras tanto, en las
veredas,
Revolcándonos de risa
¡lo aplaudimos a morir!
Y él con unos ojos de novela,
Saludaba, agradecía,
Y sabía repetir:
«¡Dale, Dios!...¡ Dale Dios!,
¡Dale con todo, dale Dios!»
Pero
cierta noche, su horrible bicicleta con acoplado entró a sembrar una enorme
cola fosforescente. ¡Increíble!: los pungas devolvían las billeteras en los
colectivos; los poderosos terminaban con el hambre; los ovnis nos revelaban el
misterio de la paz; el intendente, en persona, rellenaba los pozos de las
calles. Y hasta yo, pibe, yo que soy las penas, lloré, de alegría, bailando
bajo aquella luz la polca del ciclista.
Después, no sé, te juro, por qué
siniestra rabia,
no sé por qué lo hicimos, ¡ lo
hicimos sin querer!
al flaco, pobre flaco, de asalto y
por la espalda,
su bicicleta blanca le entramos a
romper.
Le dimos como en bolsa, sin asco,
duro, en grande,
la hicimos mil pedazos y, al fin, yo
ví que él
mordiéndose la barba gritó: «Que Yo los salve!»,
miró su bicicleta, sonrió, se fue de
a pie.
Mi viejo Flaco Nuestro que andabas
en la Tierra
¿cómo te olvidaste que no somos
ángeles
sino hombres y mujeres?
Flaco,
no te pongas triste,
todo no fue inútil,
no pierdas la Fe.
En un cometa con pedales,
¡dale que dale!,
yo sé que has de volver.”[159]
No es Ferrer el único poeta que se
refiere a Dios. Lo hacen otros. Algunos de modo más directo. También nos
encontramos con aquellos, que envuelven un pensamiento religioso sin una clara
manifestación, pero siempre valioso en su contenido.
Eladia Blázquez lo menciona, a veces
directamente, a veces indirectamente. Desconozco sus creencias concretas. Pero
con certeza, aparece en sus canciones:
“Qué buena fe...!
Que Dios me ha dao.
y para qué?
Me han estafao.
Estoy más sola que un buzón en una
esquina,
más aplastada que una sardina...
Decime ché...De qué me sirvió...?
La buena fe que Dios me dio.”[160]
“Vení...Charlemos, sentate un poco.
La humanidad se viene encima.
Ya no podemos, hermano loco
buscar a Dios por las esquinas...
Se lo llevaron, lo secuestraron
y nadie paga su rescate!
Vení que afuera está el turbión,
de tanta gente sin piedad
de tanto ser sin corazón.!”[161]
Aparece
un Dios castigado por los hombres. Pero a diferencia de Discepolín, esta gran
poeta se caracteriza por su vital optimismo en la vida, y eso lo vemos en “El
ángel dormido”:
“ Cuando nace un niño...Como de
costumbre...
Se enciende una estrella, para que
lo alumbre.
Pone Dios la mano sobre su cabeza,
Y es cuando la gracia de la vida
empieza...!”[162]
Un optimismo que se confunde con el
de Ferrer:
“Renaceré, renaceré, renaceré,
y una gran voz extraterrestre me
dará
la fuerza antigua y dolorosa de la Fe,
para volver, para creer, para
luchar.”[163]
Y nuevamente volviendo a nuestra
mayor poetisa del tango, nos encontramos con su tango “Vamos en montón”, en el
que compartiendo una base discepoleana en la que los valores se confunden y
mueren, ve como una esperanza una “coalición
con Cristo”. Así el Dios sobrepasado por la realidad de Discépolo, le da
paso al Cristo esperanza de este tango.
“Vamos en
montón…¡bien alienados!
Todos mezclados…¡todos mezclados!
Y en esa confusión del «amasijo»,
al propio padre lo estafa el hijo…
Que maligno diablo quiso y puso
todo revuelto, todo confuso,
hagamos una coalición con Cristo
porque lo juro no resisto
el vivir así.”[164]
Quiero terminar transcribiéndote un
último poema de Horacio Ferrer, se titula “Vamos, Nina” y como los viejos
poemas del tango, nace de la compasión del poeta por un determinado personaje.
En este caso se trata de Nina, a la que Ferrer mismo, recordando su estancia en
Paris junto a Piazzola y Amelita Baltar, describe así: “Todas las noches acude a dicho bistrot, próximo al Sena, una viejecita
octogenaria con sombrero y toda vestida de negro, que, a causa de sus
inofensivas borracheras, es expulsada groseramente del lugar por los mozos”.
De este personaje, nace este tango:
Vamos , Nina
“ No te avergüences;
Nina, no,
¿de qué vergüenza entenderá
el mala bestia de ese bar
que te pateó y que te escupió?
Acariciale el piojo al perro
que tenés, y le decís
que entre la mugre te encontraste
un hombro amigo en que morir.
Abrí las cuencas de los ojos,
bien abiertas y arrojá
de un solo vómito brutal
tu soledad y ¡vámonos!
Mira que linda estás
con tu ternura en pie,
y no estás sola, Nina, no,
yo estoy con vos.
Nina,
no llores, mordéte los ojos,
cacháme las manos bien fuerte,
si viene la muerte, mangála:
que pague, de prepo
y de a uno
los días felices que debe.
Mi Nina,
con cabezas de paloma
correremos hasta nunca
por la tumba de los pájaros mendigos
que encontramos la salida
y saldremos de la roña
dando saltos, transparentes,
inmortales, ¡vamos, Nina!
¡Vamos, Nina!,
corramos, mi vieja, corramos.
Si el viento te enreda el harapo,
si el frío te llaga las piernas,
no aflojes ni pares ni vuelvas,
ni esperes ni gimas, corré, ¡corré!
No te averguences Nina, no,
que nadie sabe bien quién es.
Mirá si soy el dios capaz
De hacer mil panes con un pan,
y vos la loca que una vez
roció sus harapos con alcohol,
y se incendió para no ver
los presidentes que se van.
Mírame, hermana, no
temblés,
no tengas miedo de morir,
los vivos oyen a sus muertos
y hoy, por fin, nos van a oir.
Mirá qué linda está
tu dignidad en pie,
y no estás sola, Nina, no,
yo estoy con vos.
¡Vamos, Nina!, ¡vamos, Nina!,
no aflojes ni pares ni vuelvas
ni esperes ni gimas, corré,
¡corré!.”[165]
En este último poema, los personajes hacedores
de piedad y co-creadores del tango –la costurerita que dio el mal paso, la
tuberculosa del verso de carriego, los eternos seguidores del último organito,
la vendedora de placeres pasada en años- encuentran su dignidad y redención.
Mueren y al morir, viven.
Quiero dejar aquí esta carta. En la
agradable sensación de la esperanza, que calienta el alma en este invierno que
comienza.
Un gran abrazo, tu amigo y
discípulo:
Ramón.
Mi querido amigo y maestro:
No pensé al
comenzar este ensayo que me iba a involucrar tanto. Escribiendo me
he sorprendido yo mismo en reflexiones y confesiones que en un trabajo más
técnico, jamás se me habrían escapado.
Intentando
objetivar mis ideas sobre el tango me ví sumergido y revalorizando todas
aquellas cosas que son importantes en mi propia vida: el amor, el otro, la
amistad, mi ciudad, y especialmente Dios. También mis propios sueños, mis
esperanzas y frustraciones, mi filosofía. La rebeldía compartida contra la
injusticia, el deshonor, la deslealtad y la corrupción, que antes que a mí,
enardeció a tantos poetas. La desazón por la historia de este mundo y mis
creencias sobre un mundo mejor.
Aún me falta dar un
paso más, el abordar el Derecho y la Justicia, desde las ideas y creencias que
he tratado de exponer. Tal vez para algún lector, esto no sea más que un
ejercicio intelectual, para mí, lejos de ello, es también una tarea
existencial. Es la reflexión de quien arrastra el arado, sobre todos los surcos
que en su vida ha creado.
Y lo hago –como te
decía- desde la poesía y la filosofía del tango. Porque ésta es la filosofía y
la poesía de una gran mayoría de mi pueblo. Y la mía también.
Tal vez te sorprenda que esta reflexión
comience tan desde adentro mío, cuando por otra parte, el tango parecería tan
lejano lo que nosotros denominamos “derecho” o “derecho positivo”.
I. El tango
y el Derecho Positivo.
El
Derecho positivo es una realidad reconocida por el tango. Una realidad que
afecta al hombre de Buenos Aires como otros muchos fenómenos. El hombre que
describen los poetas del tango, ve su vida afectada por la pobreza, la traición
amorosa, especialmente por la muerte y también por consecuencias derivadas de
la aplicación de la ley: la comisión de delitos y la cárcel
propia o de sus seres queridos.
No hay
prácticamente valoraciones de ese Derecho positivos o esa Justicia humana. La
acepta como un acontecimiento más, sin juzgarla ni justificarla.
El hombre del tango
no participa ni ha participado en la creación de ese derecho –al menos así lo
interpreta- y por ello es ajeno a sus intereses y preocupaciones. Vemos aquí un
pensamiento muy propio tanto de los inmigrantes como de nuestros criollos . Los primeros, en la mayoría de los casos, han
sido expulsados por la pobreza y el hambre de sus países, en los que
antiquísimas tradiciones jurídicas los han excluido de la posesión de la tierra
y la posibilidad de labrarse un futuro mejor. El derecho positivo, la ley impone
obligaciones pero no da soluciones.
Qué decir de nuestros criollos. A ellos también la
ley les ha impuesto obligaciones, pero rara vez les ha traído aparejado
beneficio alguno.
La ley afecta la
vida. Está. Es. Y nos es impuesta. No es fruto de nuestra creación. Está hecha
por otros para afectarnos a nosotros.
Esta concepción se
manifiesta claramente en la primera etapa del tango, de ese mismo tango que
nace en lugares poco propicios para la virtud y la legalidad.
En la mayoría de los casos que hay
referencias a la ley o a sus consecuencias, las mismas se relacionan con el
derecho penal. Es lógico que sea así, estas son las leyes que impactan
directamente a la persona, afectando entre otras cosas su libertad. Veremos en
muchos fragmentos la descripción de distintos delitos: el homicidio, la muerte
en duelo o riña, el homicidio político, el robo o hurto, la estafa, etc.
Hay
cinco elementos que quiero rescatar de esta concepción del Derecho positivo:
1) No hay resistencia al mismo.
2) El castigo se acepta como una consecuencia necesaria.
3) El delito no define la naturaleza de quien lo ha
cometido.
4) Los delitos descriptos y penados son sólo los que
alcanzan al pueblo en general.
5) Particularidades y consecuencias del delito.
1) No hay resistencia ni crítica
al Derecho positivo.
Los poetas más allá de las distintas
posiciones políticas que adoptan, no propugnan el desconocimiento ni se
resisten a la ley. No he encontrado letra de tango que promueva el
incumplimiento de la ley.
La ley se acepta porque está. Y es
la ley, quien la infringe necesariamente debe sufrir el castigo de la misma.
Las cosas son así y así deben ser.
La totalidad de los fragmentos que
he encontrado, se refieren al derecho penal. No pude hallar verso alguno
refiriéndose al derecho civil, comercial o administrativo, con la salvedad
–como veremos más adelante- de la pésima imagen sobre los jueces en los últimos
tangos.
2) El hombre acepta su castigo como
consecuencia natural de la comisión del delito.
Nadie
pretende escabullir su responsabilidad y los ejemplos son muchos. En el tango
“Malevaje”, Enrique Santos Discépolo nos describe el temor de un guapo a un
duelo, porque sabe que el hecho lo conduce necesariamente o a su propia muerte
o al castigo de la cárcel. Lejos de lo que sucede hoy en día, el que traspasa
los límites de la ley, sabe que deberá pagar por ello.
“Ayer de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao...
Pensé en no verte y
temblé...
¡Si yo que nunca aflojé,
de noche angustiao
me encierro a llorar...!
¡Decí, por Dios, qué me
has dao
que estoy tan cambiao,
no sé más quien soy...”[166]
Aún
es más clara la imagen en un tango anterior: “ A la luz del candil” de
Navarrine, que incluye estos versos que se han hecho famosos:
“¡Arrésteme, Sargento,
y póngame cadenas!
Si soy un delincuente,
que
me perdone Dios.!”[167]
Esta
imagen se ve muy enriquecida por otro tango, muy triste de por sí, que se llama
“Justicia Criolla” y que en su parte pertinente dice así:
“¿Han venido a
prenderme? ¡Ya estoy listo!
La cárcel a los hombres
no hace mal.
¡Aquí me tienen! Yo no
me resisto.
Estoy vengao, ¡soy
criminal!
Al fin pude ahogar mis
hondas penas.
¡Qué importa de las
otras que vendrán!
Yo no he de lamentar mis
horas buenas;
las malas, como vienen
ya se irán.”[168]
Lejos
está el tango de omitir la ley por considerarla innecesaria. Entiendo que el
Tango no adopta una posición que podríamos calificar hoy de “garantista”. Quien
delinque debe penar. Y el mismo personaje en muchos casos busca pagar su delito
con el castigo. El cumplimiento de la pena redime.
Tanto la compasión como la alteridad impiden
al hombre aceptar la guerra y la pena de muerte. Ya te había dicho que el tango
está lejos de posturas denominadas “duras”. Ahora sostengo también que no es
“garantista”. ¿Es una contradicción?
No. No es ni
“garantista” ni partidario de la “mano dura”. El hombre de tango se somete a la
ley, y en su honradez, quien delinque busca el castigo porque sabe que es lo
que corresponde. En ningún lugar se pretende escapar de las consecuencias de su
delito. Los personajes creados por los poetas, así como el personaje de
Dostoievski en “Crimen y Castigo”,
-aquel atormentado Raskolnikov- solamente se redimen cuando aceptan cumplir con
su pena.
El tango no es
partidario de la “mano dura” en tanto y en cuanto no acepta, ni la pena de
muerte –que implica condenar eternamente a quien cometió un delito- ni las
muertes masivas –la guerra- ni la calificación del hombre por el delito que
cometió por sobre su naturaleza de hombre, o sea, de aquel “otro” objeto de mi
compasión. El tango respeta al hombre y acepta la pena como un esfuerzo del hombre por purgar su error.
Pero un esfuerzo hecho en un marco de dignidad. Así se entienden las palabras
del verso citado un poco más arriba: “La
cárcel a los hombres no hace mal”. El personaje del tango que delinque no
busca escapar a la justicia. El verdadero hombre acepta la pena por el delito
cometido.
No con mano dura, no con injusticia ni desconociendo su dignidad. Tampoco privándolo de su vida.
La pena de muerte resulta inaceptable para el tango por el simple hecho de que
su esperanza en el hombre le impide renunciar a ella condenando a morir a quien
puede “redimirse”. No se puede aceptar como “terminado” a un hombre, siempre
estará la posibilidad de que cambie. Por otra parte, creo que el tango
considera más castigo la vida que la muerte.
Si bien el tango no acepta la pena
de muerte ni tampoco acepta la guerra, sí acepta determinadas muertes. Acepta
la muerte en duelo, en la que un hombre se enfrenta a otro hombre. Acepta la
muerte por pasión. Pero aquí podemos decir que más que otra cosa, lo que acepta
el poeta es que el amor lleve a morir o que lleve a matar.
Pero de ningún modo
el tango rechaza la pena por el delito. E insisto, la pena que le es impuesta
al delincuente porque la justicia lo alcanza o porque él mismo la busca.
En esto, se aparta
el tango de sus antecedentes criollos. Aún hoy está en discusión la verdadera
finalidad que tuvo José Hernández con el “Martín Fierro”, pero lo cierto es que
el gaucho, tiene una posición totalmente diferente frente a la ley: busca
evadir la misma. Así Martín Fierro, luego de matar al pobre mulato en un
“entrevero” (no es otra cosa que una riña) se escapa a vivir en las tolderías.
Dos posiciones
diferentes.
Borges se
preguntaba entonces si José Hernández quiso ensalzar o criticar la actitud del
gaucho en su poema. Y así las consecuencias negativas de la “idealización” de
un personaje que no sería un “héroe” sino la pintura de un drama social
representado en un solo hombre. [169]
Aquí también vemos
una diferencia. En el Martín Fierro se pretende representar el drama social de
todos los gauchos en un solo gaucho. Mientras que en el tango, se busca
representar los dramas de un solo hombre en un marco social. Esta cuestión ya
la he esbozado en un principio y la ampliaré aún más al referirme a la Justicia Social en el tango.
Dos
modelos diferentes, pero el nuestro, el del hombre de Buenos Aires, se somete a
la ley y busca cumplir con su castigo. Eso sí: con dignidad. Y esto nos lleva
al tercer planteo.
3)
El delito no define la naturaleza de quien lo ha cometido.
Las doctrinas penales más modernas parecen
haber descubierto que no existen los delincuentes sino los hombres que cometen
delito. Llevado a un extremo, calificar a alguien de delincuente, significa ni
más ni menos que decir que esa es su naturaleza, y como el obrar sigue al ser,
sus actos serán siempre delictuales. Es obvio que tal criterio atenta contra la
dignidad de cualquier hombre. Se puede haber cometido un
delito, pero se trata siempre de
un hombre que ha incurrido en el mismo y no de un delincuente que persevera en
su propia naturaleza. Por otra parte
esta concepción – la del hombre que delinque- conlleva la posibilidad de
recuperación o de “redención” de ese hombre. La naturaleza del hombre es buena
y siempre es recuperable, no se puede renunciar a ello. Llevado al plano
teologal, es el ejemplo de Judas Iscariote, cuyo pecado consiste en no aceptar
que puede ser perdonado, en no tener esperanza en la redención, a diferencia de
Pedro.
Este actual criterio penal, más
humano, se manifiesta en el tango desde sus inicios.
No hay delincuentes en el tango, hay
hombres que delinquen.
A los poetas les preocupa el hombre
sujeto a la ley que sufre sus consecuencias. Les preocupa siempre el hombre. El
hombre que está preso, el hombre que debe ir preso o aquel que deja la prisión.
Le preocupan las causas que lo han llevado a ser penado y cómo el hombre
responde a esa circunstancia.
Lejos está el tango de pedir
misericordia o pretender que no haya pena. Todo lo contrario. Si se comete un
delito se espera y hasta se busca la pena.
¿Por qué? Porque la persona de la
que se ocupa es ajena a su propia historia. Cuando la persona es centro de la
historia, no hay un delincuente, hay un hombre.
Y no creo que esta concepción propia
del tango, se justifique en su origen oscuro, sino que es consecuencia de las
creencias de ese pueblo humilde y honesto en el que se desarrolló.
Los que sufrían la prisión, no eran
sujetos lejanos, eran los mismos hijos del barrio, que por una u otra razón o
habían sido cegados por sus sentimientos más hondos y habían matado a su amante
o habían flaqueado ante la oportunidad del dinero fácil.
Y esos hombres que delinquían
tenían, padres, madres y hermanos que todos conocían. Cómo enrostrarle a quien
era bueno que su hijo era un delincuente. No, ¡jamás!. El hijo del pobre
fulano, había cometido un “error”.
Esta concepción es justa y sana
socialmente, unida a la necesidad del cumplimiento de la pena. No se traduce en
una justificación de la comisión del delito para eximirlo de la sanción, sino
en la esperanza de la bondad del hombre sobre cualquier acto que haya podido
cometer. En este punto creo que hemos
retrocedido respecto de nuestros filósofos y poetas.
Compasión sin
justificación del delito ni impunidad para el que lo cometió. Como el caso de
Raskolnikov pintado por Dostoievski en Crimen y Castigo.
Sólo he encontrado un tango define a
los malos personajes por su “naturaleza delictual”, y éste es “Chorra” de
“Hoy me entero que tu
mama
«noble viuda de un guerrero»,
es la chorra de más
fama
que pisó la Treinta y
Tres.
Y he sabido que el
«guerrero»,
ni murió ni fue guerrero
como me engrupiste vos:
está en cana
prontuariado
como agente ‘e la
Camorra,
profesor de cachiporra,
malandrín y estafador”.[170]
Pero este tango no tiene por objeto
ahondar en el personaje que delinque o que sufre la cárcel. Por el contrario,
su personaje principal es aquél que ha sido víctima de aquella a la que llama
“chorra”. Es el que se ha dejado “engrupir”. Se trata de un tango “sainete” que no pretende en modo alguno adentrarse en la naturaleza
del hombre enredado en el delito.
En cambio, cuando el objeto del
poema es advertir sobre aquel que sufre la prisión o acepta el castigo por un delito, la
cuestión cambia radicalmente. Veamos si no el tango “Ladrillo”, compuesto por
Juan A. Caruso y que es un clásico que resume mucho de lo dicho hasta aquí:
Ladrillo
“Allá en la
Penitenciaría
Ladrillo llora sus penas
cumpliendo injusta
condena,
aunque mató en buena
ley.
Los jueces lo condenaron
sin comprender que
Ladrillo
fue siempre bueno y
sencillo
trabajador como un buey.
¡Ladrillo está en la
cárcel!
El barrio lo extraña...
Sus dulces serenatas
ya no se oyen más.
Los chicos ya no tienen
su amigo querido
que siempre moneditas
les daba al pasar...
Los jueves y domingos
se ve una viejita,
los chicos le preguntan:
- ¿Ladrillo cuando sale?
La pobre les
responde:
- ¡Dios sólo lo sabrá...!
El día que con un baile
su compromiso sellaba
un compadrón molestaba
al que era su amor...
Jugando, entonces, su
vida
en duelo criollo,
Ladrillo
le sepultó el cuchillo
partiéndole el corazón.”[171]
El barrio conoce a “Ladrillo” y
comprende la razón que motivó su homicidio. Pero no se ataca la condena, más
allá de señalar la poca compasión de los jueces, sino que se acepta y se llora
su ausencia. El hombre “Ladrillo” emerge
de su drama por la compasión de los demás. Se describe su pena y la de quien es
–presuntamente- su madre, con una delicadeza y profundidad que permiten
comprender todo el drama: el de que no está y el de los que comparten por sus
lazos el dolor de su ausencia.
En este caso no se entiende (si bien
se acepta, porque no hay rebelión contra el mismo) el castigo de quien se vio
envuelto en el delito por el juego del destino.
El hombre que delinque, en muchos
casos, lo hace también en cumplimiento de un deber, un deber interno, un deber
nacido de la justicia no plasmada en la ley. Un tango, sumamente triste, relata
la obligación de cumplir con la norma interna que obliga a delinquir y la
externa que obliga a pagar por lo que se
ha hecho. Se trata de “Justicia Criolla” de José María Tagini. Su título mismo
nos habla de una contradicción entre la justicia real (el derecho positivo) y la
justicia criolla. Si bien son pocos los tangos –a diferencia de
lo que se cree- que justifican el homicidio pasional (tema sobre el que volveré
más adelante), en este caso encontramos que el personaje principal del poema
cumple con ambas justicias. Son diferentes, pero ambas obligan. Vale la pena
transcribir la totalidad del poema:
Justicia Criolla
“¿Han venido a
prenderme? ¡Ya estoy listo!
La cárcel a los hombres
no hace mal.
¡Aquí me tienen! Yo no
me resisto.
Estoy vengao, ¡soy
criminal!
Al fin pude ahogar mis
hondas penas.
¡Qué importa de las
otras que vendrán!
Yo no he de lamentar mis
horas buenas;
Las malas, como vienen
ya se irán.
Antes, permitan que
estampe
Un beso a mi pobre
hijita,
que ha quedado huerfanita
en el seno del hogar.
¡Venga un abrazo, mi
nena;
quédese con la vecina!
Su padre va hasta la
esquina,
Prontito ha de
regresar...
Vamos pronto, oficial; y
no se asombre
del llanto que en mis
ojos usted ve...
He dicho que la cárcel
es para el hombre
y allá voy, aunque en
ella moriré...
¡Es que pienso en este
ángel que yo dejo
y mis lágrimas vierto
sin querer!
Por lo demás –yo digo-
mi pellejo,
bien sé, poco y nada ha
de valer...
Mañana, cuando ella,
moza,
sepa el final de la
madre,
que no piense que fue el
padre
un borracho, un
criminal...
¡Díganle que yo la he
muerto
porque fue una
libertina;
haga el favor, mi
vecina...!
¡Vamos señor
oficial...!”[172]
¡Cuántas imágenes en un
solo poema! El hombre que asume su culpa. Las razones de lo hecho. La
aceptación del castigo con el agravante de la hija que se abandona. El drama de
la hija. Y el mismo título que de modo especial enfrenta dos conceptos de
justicia. Porque hay un contenido en el poema y otro distinto en el título. Si
el tango se hubiese llamado “la cárcel” o “el castigo” o “la pena” o “adiós mi
hija” o cualquier otro, no nos hubiera dado lugar a esta reflexión. Pero lo
denomina “Justicia criolla” y así nos
introduce en un valor oculto en el poema: la existencia de una justicia
diferente a la ley positiva que se le aplica.
Nos brinda otro elemento. La
justicia aludida es “criolla”, no del tango. Hace referencia a lo que viene de
antes, a un valor que se recibe de nuestro pasado “gaucho”. La diferencia de la
concepción entre el tango y la literatura gauchesca sobre el cumplimiento de la
pena, que he referido un poco antes, en este supuesto, la ley del homicidio por
pasión se reconoce como venida de antaño. De nuestro pasado criollo.
Y debe ser así,
pues –también contrariamente a lo que se cree- la mayoría de los tangos son
reacios a promover el homicidio pasional –como trataré de explicar más adelante
en esta misma carta- cuestión que creo más atada a la influencia inmigrante,
acostumbrada a que la justicia en sus países, sí alcanzaba a los más pobres. En
cambio el gaucho, como en el referido caso de Martín Fierro, encontraba vías de
escape que le permitían cometer un homicidio y perderse en el desierto. La
justicia generalmente no tenía ni manos largas ni manos cortas.
Al unirse la concepción de “comisión
del delito” y “castigo efectivo”, se replantea la aceptación lisa y llana de
esa justicia criolla que pena la
traición afectiva con la muerte.
En el tango si bien el hombre es el
centro, lo es él y sus sentimientos. Y sus sentimientos son también sus seres
queridos. El dolor del padre por dejar a la hija al cuidado de una vecina, es
infinitamente mayor que lo que padecerá en la misma cárcel. ¡Qué diferencia con
aquel Martín Fierro que abandona sus hijos escapándose a las tolderías! No
juzgo con mis palabras, sólo resalto la diferencia y las consecuencias de dos
posturas tan diferentes.
Otro tango ejemplificador de lo
dicho es “A la luz del candil”, escrito por Julio Plácido Navarrine. Leámoslo
primero y luego te hago los comentarios:
¿Me da su permiso, señor
Comisario?
Disculpe si vengo muy
mal entrazao.
Yo soy forastero he
caído en Rosario
trayendo en los tientos
un güen entripao...
Quizá usted piense que
soy un matrero
yo soy gaucho honrado, a
carta cabal...
No soy un borracho, ni
soy un cuatrero;
señor Comisario, yo soy
criminal.
¡Arrésteme, Sargento,
y póngame cadenas!
Si soy un delincuente,
que me perdone Dios.
Yo he sido un criollo
bueno,
me llamo Alberto Arenas;
señor, me traicionaban
y los maté a los dos.
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
cuando me fui a otro
pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la
infamia
las traigo en mi maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él...!
¡Párese, Sargento, que
no me retobo...!
Yo quiero que sepan la
verdad de a mil....
La noche era oscura como
boca ‘e lobo;
testigo, solito, la luz
de un candil...
Total, casi nada: un
beso en la sombra...
Dos cuerpos cayeron, y
una maldición;
y allí, Comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas
para mi facón.
¡Arrésteme, Sargento,
y póngame cadenas!
Si soy un delincuente,
que me perdone Dios.”[173]
Este tango, que trae los
conocidos versos “Arrésteme, Sargento...”, contiene muchos más significados que éste.
En primer lugar el personaje central se auto contradice manifestando su auto
contradicción interior: no se siente un delincuente y se reconoce un
delincuente. Lo que realmente nos pinta este hermoso poema, no es ni más ni
menos que lo que hemos venido comentando: “Yo en esencia soy un hombre bueno y
las circunstancias me obligaron a cometer un delito. Para Uds. soy un criminal.
Pero si lo soy, el único que me puede perdonar es Dios, no Uds. Aún cuando debo
cumplir con la condena que me imponga la sociedad.” ¡Cuántas cosas!.
Aquí
también se cumple la ley no escrita del homicidio por pasión, que se considera
– de alguna manera- justificado. Justificado en el sentido de que se hace
comprensible el hecho y no porque se considere no punible.
Pero te reitero, lo que más hay que
destacar es su conciencia de hombre bueno que ha hecho algo mal. Es el hombre
que ha cometido un delito. No hay un criminal en sí mismo. Es la actitud que podemos imaginar Abel de haber
matado éste a Caín.
Desde el marco que he trazado en
esta carta quiero adentrarme seguidamente, en aquellos delitos que describe el
tango. Pero será objeto de mi próximo envío. El día ha acabado hace rato y
necesito descansar.
Te mando nuevamente un gran abrazo
de tu discípulo y amigo:
Ramón
Buenos Aires, 24 de Mayo de 2005
Mi
querido amigo:
Han pasado un poco de
tiempo desde mi última carta. Aquel descanso breve se prolongó por varios días
Las obligaciones laborales y familiares me han impedido sentarme con
tranquilidad a continuar con mi análisis.
Los intervalos, muchas
veces resultan fecundos, otras, en cambio, desalientan un poco la tarea,
representándola como más ardua de lo que realmente es y no incentivan que se
retome la misma.
En este caso en
particular –por suerte- los lapsos que transcurren sin que pueda volver a tomar
la pluma, generalmente enriquecen lo que he dado en llamar mis meditaciones
existojurídicotangueras. Aún cuando no me encuentre frente al papel y sin
perjuicio de que esté realizando otra tarea, continuo rumiando las ideas, que
por técnicas o meramente descriptivas que sean, no puedo dejar de relacionar a
mi propia existencia. A la existencia.
Volviendo al tema que
trato de seguir exponiendo, quiero en esta carta hacerte una breve descripción
de las principales conductas delictivas o cuasi-delictivas que aborda el tango.
Los delitos descriptos por el tango.
Las referencias al
Derecho positivo en el tango, se limitan –prácticamente en su totalidad- al
Derecho Penal. Sin embargo no a todo el Derecho Penal, como fui advirtiendo a
medida que iba leyendo los distintos poemas.
¿Hay alguna razón en ello?
Entiendo que sí. Para entenderla
veamos qué delitos se describen o incorporan y cuáles no.
a) Delitos descriptos.
Ø
El Homicidio en sus
diversas formas (CP arts. 79 a 84)
v
Homicidio común
(art. 79)
v
Homicidio pasional
( o agravado por el vínculo: art. 80)
v
Homicidio en riña
(art. 95)
v
Homicidio en duelo
(art. 97 y s.s.)
v
Homicidio político.
( es homicidio simple art. 79)
Ø
Las Lesiones (arts. 89 a 94)
Ø
El Robo y el Hurto
(arts. 162 a 167 bis)
Ø
La Estafa. (arts. 172
y 173)
Ø
La Prostitución y
Corrupción. (arts. 125 bis y s.s.).
Ø
También respecto a
otros delitos menores o infracciones policiales como: Ebriedad, Desórdenes.
Ø
Si bien el Suicidio
no es un delito (sí su instigación) resulta útil incluir un comentario sobre el
mismo.
Ø
La Usura y los
delitos de cuello blanco, generalmente no son abordados en forma directa, sino
relacionándolos con un mundo en general, en el que los deshonestos son
premiados a diferencia del hombre honesto, por eso he preferido incluirlos en la
lista de “omitidos”.
b. Delitos omitidos.
Pero centremos ahora la atención a
aquellos delitos que se excluyen, entre los cuales podemos mencionar como los
más representativos:
Ø
Los
delitos sexuales, denominados hoy “Contra la integridad sexual”, como la
Violación, el Abuso Deshonesto”
Ø
El Aborto.
Ø
La Violación de
Secretos.
Ø
El Cohecho.
Ø
La Usurpación.
Ø
La Intimidación
Pública.
Ø
La Apología del
Crimen.
Ø
Delitos contra la
Seguridad de la Nación.
Ø
Delitos contra los
Poderes Públicos.
Ø
Delitos contra la
Administración Pública.
Ø
Delitos contra la
Fe Pública.
Ø
El caso especial de
los delitos de cuello blanco.
Los delitos incluidos
son todos aquellos que generalmente comete la gente del pueblo. Aquellos que
viven o vivían en el barrio y tuvieron la desgracia de ser engañados por su
mujer o fueron tentados a apropiarse de lo ajeno. Se da también el ejemplo de
múltiples niñas/jóvenes que tentadas por las luces del centro, eligen la
profesión más antigua del mundo. Son delitos comunes y más que comunes en el
medio social de los inmigrantes y primeros constructores de los barrios
porteños.
Los excluidos nos abren muchas más
dudas. Por lo pronto hay delitos que no incluyen porque seguramente se
desconocen o no se reflejan en el mundo habitual con el que conviven los
poetas, como sería el caso de la “violación de secretos” o la “sedición”. Otros
carecen de interés para los poetas, pues no los afectan directamente. No hacen
al objeto de su poesía, como sería el caso de la “apología del delito”. Pero
hay otros que se ignoran de modo sospechoso, me refiero especialmente a los
delitos de cuello blanco y los delitos sexuales.
Lo
que siguen son sólo suposiciones mías, pero pueden servir de base a posteriores
debates. Respecto a la omisión de los delitos contra el Estado, entiendo que la
omisión está en la indiferencia a todo lo que representa un poder del mismo. No
hay interés ni en atacarlo ni en defenderlo. Es indiferente para el tango.
En
cuanto a los delitos sexuales, interpreto que la omisión deviene del tabú o
rechazo a los mismos. Así como al que delinque primero se lo considera persona
y recién después se toma en cuenta su crimen, es difícil trasladar tal punto de
vista a los delitos sexuales. Hay un rechazo muy grande por los mismos (rechazo
que hace que hasta los mismos reos muchas veces castiguen a quienes los
cometen), Ese rechazo impide aceptar o considerar con compasión a quien los
comete. Por eso no he encontrado ningún ejemplo en el que el protagonista sea
un violador, un abusador o el que comete cualquier otro delito sexual.
Es decir que cuando el poeta se ve
cuestionado por el drama de un penado, lo ve, principalmente desde aquellos
delitos que pueden de un modo ser justificados o comprendidos por los
destinatarios de su poesía. Delitos que no afectan la naturaleza de quien los
comete, ni les quitan su carácter de personas.
Pero ¿qué sucedería en el caso de un
violador? Difícilmente en el “barrio” comprendieran la justificación de tal
acción. Si bien éste –gracias a Dios- es un pueblo que se ha caracterizado por
no “linchar” a la gente, no por ello ha dejado de mostrar su repudio
generalizado a determinados delitos.
En estos casos el tango guarda
silencio. Omite el problema. Creo que es, tal vez, la posición más
misericordiosa que pude adoptar. El tango es filosofía antes que derecho, y
como tal su preocupación es integrar en un universo comprensible lo que la
rodea, pero principalmente al hombre. Cuando se encuentra con un problema como
éste, se abstiene de opinar. Tal vez porque no tiene respuesta o –sabiamente- prefiere
no darla antes que condenar indebidamente.
Hay también una omisión que no es
tal. Se trata de los delitos de cuello blanco. El tango no los recepciona o
describe como delitos propios del pueblo, porque no lo son. Quienes los cometen
generalmente pertenecen a las clases más acomodadas y están muy lejos de ser
condenados. Pertenece a ese género de delitos que la ley positiva sanciona pero
cuya sanción no se concreta. Quien los comete, lejos de sentirse culpable y
aceptar la pena, hace todo lo posible por evitarla. Este tipo de delitos deben
inscribirse en aquellas deudas pendientes del verdadero derecho para con la
sociedad.
Pero
además, el tango sí los denuncia. Tal vez no directamente, pero sí en esa
constante lucha entre el hombre honesto que se ve acosado y constantemente
tentado a dejar su honestidad, frente al éxito y la falta de castigo del
deshonesto. Esta lucha que tal vez
Discépolo relató como nadie, nos permite concluir que los delitos de
cuello blanco, lejos de estar omitidos, están bien señalados, aunque con el
reconocimiento de su falta de punibilidad.
c. El poder contra el humilde.
Más de una letra de tango nos describe las diferencias entre los
usufructúan del poder y quienes lo padecen. Una de sus consecuencias consiste
en la situación de indefensión de éstos
últimos frente a la justicia.
Al pie de la santa Cruz.
Declaran la
huelga...
Hay hambre en las casas,
es mucho el trabajo
y poco el jornal;
y en ese entrevero
de lucha sangrienta,
se venga de un hombre
la Ley Patronal.
Los viejos no saben
que lo condenaron,
pues miente, piadosa,
su pobre mujer.
Quizá un milagro
te lleve el indulto
y vuelva en su casa
la dicha de ayer.
.......
Los pies
engrillados,
cruzó la planchada.
La esposa lo mira,
quisiera gritar...
Y el pibe inocente
que lleva en los brazos
le dice llorando:
- ¡ Yo quiero a papá...!
Largaron amarras
y el último cabo
vibró al desprenderse
en todo su ser.
Se pierde de vista
la nave maldita
y cae desmayada
la pobre mujer.”[174]
El
objeto del poeta es claro: el drama de un hombre afectado por la injusticia,
por el manejo que del derecho hacen los ”poderosos” desde el punto de vista del
hombre común.
Este tango es prácticamente una
excepción en el universo de aquellos que he recopilado y leído para este
trabajo. Se explicita lo que en los demás tangos se intuye: la justicia al
servicio del poder . Esa es la razón por la que sólo existen delitos comunes
que afectan en la mayoría de los casos a la gente común, a los hijos del barrio. Por eso los más
corruptos triunfan y los honestos no encuentran su razón de ser.
Sin embargo nadie lo dice
abiertamente, sólo en este tango encontré una mención clara. ¿Cuál es la razón?
Interpreto que no es el temor ni mucho menos. El tango –especialmente por
paternidad inmigrante- da por hecho que en el mundo (como sucedía en la Europa
abandonada), la justicia obedece a un poder enraizado desde los comienzos del
tiempo. Desde el comienzo de esos mismos tiempos que dieron el señorío de las
tierras a unos y la obligación de servir a muchos otros. Es la realidad y en
esa realidad hay que vivir. Por otro lado, su preocupación es el hombre y
comprenderlo, no cambiar la sociedad.
Dejo la consideración de los demás
delitos en particular para mi próxima carta.
Un abrazo de tu
discípulo y amigo:
Ramón
Buenos Aires, madrugada entre el 1° y 2 de Julio.
Mi querido maestro y amigo.
En mi última carta había dejado
pendiente la consideración de cada delito en particular en el tango. Comienzo
con esta tarea.
1. Consideración particular de cada delito
descripto.
He
mencionado que se describen múltiples delitos en distintos tangos. Mi objeto
ahora, consiste en poder darte un ejemplo de esas referencias. Un breve
pantallaso sobre los mismos, donde podrás comprobar que realmente se ocupa de
los delitos más comunes.
(Homicidio)
El Homicidio es tal
vez uno de los delitos más reiterados en las letras de tango. Claro que no se
trata en general, sino que es abordado desde distintos puntos de vista.
Así nos encontramos con el Homicidio simple como con el Homicidio pasional (que en algunos casos
podemos calificar como Homicidio agravado por el vínculo) como también con
Homicidios relacionados a causas políticas.
En
este tema me surge una duda importante: ¿es el Homicidio el objeto del poema?.
Generalmente no. El Homicidio es el hecho que ha producido la pena del hombre,
que como tal sigue siendo hombre, aunque deba cumplir con su condena. Es un
hecho más de los que afectan la vida de los hombres, como lo es la muerte o el
abandono de la mujer amada, y que como tal, debe ser integrado a la poesía para
dar una respuesta.
Y esa respuesta es la que hemos
visto en los párrafos anteriores: la pena es justa, se debe cumplir con la
misma, el hombre debe pagar lo hecho, pero siempre sigue siendo un hombre con
su dignidad propia. Desde ese punto de vista hay que entender la mención al
Homicidio. El poeta no tiene por objeto crear un tratado de derecho penal, sino
simplemente rescatar la dignidad del hombre zamarreada por uno de los tantos
hechos que afectan la vida.
Son pocos los tangos que tienen una
mención específica al delito, como delito mismo. Uno de ellos es “Justicia Criolla”, comentado en las
líneas precedentes y en el que encontramos una norma no escrita: matar a la
amante infiel y a al hombre que está con ella es hacer justicia. Otro tango, es
el último que comentara en el apartado anterior: “La luz del candil” donde se cuestiona la justicia.
El análisis general como el que he abordado en esta carta, también nos permite
preguntarnos porqué se incluyen determinados delitos y se excluyen otros. Y es
la visión general la que nos aporta una pista para descubrir cómo la filosofía
del tango considera el Derecho y la Justicia.
Sabiendo los límites de lo que se
puede obtener de la mención de cada delito, es que comienzo su análisis uno por
uno, comenzando por el Homicidio simple.
(Homicidio
simple, no pasional)
Son pocos los casos de Homicidio simple en los que no se trate
de un Homicidio pasional que incluso
puede estar agravado por el vínculo o
que pueda ser calificado como un Homicidio
en riña o en el que confluyan ambos a la vez: Homicidio pasional y en riña.
Generalmente los
poetas prefieren la elección del Homicidio pasional, por la razón de que
lo hace más justificable o entendible
para los destinatarios del poema. No olvidemos que en nuestra concepción
jurídica, de un modo u otro también lo justificamos debajo de la excusa de la “emoción violenta”. Si no, recordá cuál
era el ejemplo más típico sobre emoción violenta nos daban nuestros profesores
en la Facultad. O aquella pregunta que nos hacían en los exámenes: - Si un hombre encuentra a su amante (no su
esposa) con otro y en la furia y enceguecimiento que le produce este hecho,
mata a la amante, ¿puede alegar emoción violenta? A lo que nosotros
respondíamos afirmativamente con seguridad, atento lo que tantas veces se nos
había repetido durante el curso.
Los guapos y malevos resultan
siempre se encuentran relacionados de un modo u otro con el Homicidio y éste
delito se cuela fácilmente en sus historias.
“El bigote un poco gris,
pero en los ojos el
brillo;
y cerca del corazón el
cuchillo.
El cuchillo de esa muerte
de
la que no le gustaba
hablar, una desgracia
de cuadreras o de taba.”[175]
“Morocho como el barro
era Pizarro
señor del arrabal.
Entraba en los
disturbios del suburbio
con su frío puñal.
Su brazo era ligero al
entrevero
y oscura era su voz.
.............
Dicen que dicen que una
noche zurda
con el cuchillo deshojó
la espera;
y entonces solo, como
flor de orilla,
largó el cansancio y se
mató por ella...”[176]
Hay por otro lado
un tango, muy original por cierto, en el que el Homicidio simple aparece como un proyecto dado por un muy
particular maestro a su pupila o alumna:
“Abajate la pollera por donde nace
el tobillo,
dejate crecer el pelo y un buen
rodete lucí,
comprate un corsé de fierro con
remaches y tornillos
y dale el olivo al polvo, a la crema
y al carmín.
Tomá leche con vainillas o chocolate
con churros
aunque estés en el momento
propiamente del vermouth;
después de comprarte un bufoso, y
cachando el primer burro
por amores contrariados le hacés
perder la salud.”[177]
El interés también es causa del
Homicidio. No todo son amores...
(Homicidio
pasional)
El Homicidio pasional es el más
común en el tango. Sin embargo, contrariamente a lo que se piensa, no hay un
exceso o una justificación del mismo. Salvo en el tango “Justicia Criolla” en la que ya he sostenido que la justificación
viene más del pasado gaucho que de los poetas del tango, el Homicidio se
considera un delito grave, y más allá de las causas que puedan motivar el
mismo, resulta más aconsejable evitarlo que incurrir en él, ya que luego
deberán enfrentarse las consecuencias.
Es
así entonces que nos encontraremos con varios tangos, en el que la idea del
Homicidio pasa por la cabeza del personaje central del poema, pero que no se
concreta.
Estos son algunos
ejemplos de ello:
(Homicidio pasional
no concretado)
“¡Mozo! Traiga otra copa,
que anoche junto los vi a los dos;
quise vengarme, matarla quise,
pero un impulso me serenó”[178]
“Si los pastos conversaran, esta
Pampa le diría
con qué fiebre la quería, de qué
modo la adoré…
¡Cuántas veces de rodillas,
tembloroso, yo me he hincado
bajo el árbol deshojado donde un día
la besé…!
Y hoy, al verla envilecida, a otros
brazos entregada,
fue pa’ mí una puñalada, y de celos
me cegué…
Y le juro: ¡Todavía no consigo
convencerme,
cómo pude contenerme y ahí nomás no
la maté!.”[179]
“Pero inútil, no
puedo aunque quiera olvidar
el recuerdo de la que fue mi único
amor;
para ella he de ser como el trébol
de olor
que perfuma al que la vida le va a
arrancar.
Y si acaso algún día quisiera volver
a mi lado otra vez, yo la he de
perdonar;
si por celos un hombre a otro puede
matar,
se perdona cuando habla muy fuerte
el querer a cualquier mujer”.[180]
Y como último ejemplo,
este tango que resume lo dicho:
Un tropezón
“¡Por favor
lárgueme, Agente,
no me haga pasar
vergüenza!
¡Yo soy un hombre
decente,
se lo puedo garantir!
He tenido un mal momento
al toparme a esa
malvada,
mas no pienso hacerle
nada,
¿para qué? Ya se ha
muerto para mí...
¡Lléveme nomás, Agente;
es mejor que no me
largue!
¡No quiera Dios que me
amargue
recordando su traición!
Y olvidándome de todo
a mi corazón me
entregue,
y al volverla a ver me
ciegue
y ahí nomás...
¡Lléveme, será mejor!”[181]
Como
podés comprobar, son muchos los tango donde el personaje central tiene ganas de
matar a quien lo traicionó, pero no concreta su propósito por propia decisión.
Estos casos, superan
aquellos en los que realmente el amante despechado mata a su mujer.
(Homicidio pasional
concretado)
En otros casos, el
Homicidio se concreta. Ya hice referencia a que la concepción del Homicidio
conlleva siempre la de la pena como consecuencia ineludible. Algunos tangos se
refieren directamente al Homicidio, al describir la pasión que embargó al
homicida. Otros, por el contrario, tienen en cuenta la personalidad del personaje
central afrontando las consecuencias del castigo.
En “Justicia Criolla” es claro que el dolor y la compasión son causadas
por las consecuencias del delito. Así sucede lo mismo en otros tangos como “Ladrillo” (también trascripto precedentemente). Remito a
los mismos no siendo necesario incluir más ejemplos.
En otros tangos, lo que encontramos descripto con precisión es
–principalmente- la emoción que envolvió al personaje y lo llevó a matar:
“Una nube en los
ojos
y me vino como un flechazo
y en mi rencor, amigazo,
entero yo me jugué.
Quiso el maula reírse
manchando mi frente honrada,
y por tan mala jugada
sin compasión lo
achuré.
Yo, que en el
secreto estaba,
puse fin a mi
venganza
cuando vi al cantor
aquel
que a los labios de
la infiel
como abrojo se
prendió.
Los celos sentí,
tantié mi facón,
y luego, a lo
gaucho,
le abrí el
corazón.”[182]
“Vení, acercate; no tengas miedo,
que tengo el puño –ya ves- anclao…
Yo sólo quiero contarte un cuento
de unos amores que he balconeao.
Dicen que dicen que era una mina
todo ternura, como eras vos;
que fue el orgullo de un mozo taura
de fondo bueno, como era yo.
………
Y cuando quiso justo el destino
que la encontrara, como ahora a vos,
trenzó sus manos en el cogote
de aquella perra, como lo hago yo…”[183]
Nuevamente interrumpo mi
relato, lamento hacerlo pero no te es desconocido que este esfuerzo lo realizo
quitándole tiempo al poco descanso que me deja mi trabajo. Con gusto le
dedicaría más tiempo a la poesía, pero la vida (al menos la mía) no me lo
permite.
Un abrazo de tu
discípulo y amigo:
Ramón
Buenos Aires, 8 de Julio de 2005
Mi querido amigo y maestro:
El homicidio simple y pasional no es
difícil de encontrar en el tango y los ejemplos dados creo que han sido
suficientes y claros. Queda un tema pendiente respecto al homicidio y es aquél
que es consecuencia de la política.
(Homicidio político)
Son los casos en el
que el homicidio se encuentra relacionado –de un modo u otro- a la política.
Toda descripción al “guapo” y a sus “homicidios” conlleva un trasfondo político
implícito, atento la función que muchas veces asumía el “guapo” de
guardaespaldas de políticos u hombre de confianza en un determinado medio. Era
el que imponía orden allí donde la policía no se involucraba.
Lejos de ser un matón, el guapo pasó
por las calles para transformarse en una especie de “modelo” ya que no lo
podemos asimilar al “héroe” pues los valores o razones que motivaban sus
conductas generalmente no son compartidos como valores por los habitantes del
barrio. Sí era modelo en cuanto a su “hombría” y a su “coraje”.
Hollywood ante un panorama
semejante, convirtió sus guapos y malevos en “cowboys” y montó un espectáculo
en el cual revistió el coraje y valentía de éstos, con ropajes de justicia, generosidad
y moral de clase media. Y el espectáculo fue un éxito.
El tango, en cambio, como filosofía
le importa poco el espectáculo y más la verdad. Así, al ocuparse de los
“guapos” describe sus valores: coraje,
hombría, etc. pero no los reviste de valores inexistentes, Y es por eso que
no tenemos cowboys ni en nuestro cine ni en nuestra música.
Algunos ejemplos sirven para
clarificar un poco estas ideas:
A don Nicanor
Paredes
(
“Venga un rasgueo y
ahora,
con el permiso de
ustedes,
le estoy cantando,
señores,
a don Nicanor Paredes.
No lo ví rígido y
enfermo;
lo veo con paso firme
pisar su feudo Palermo.
El bigote un poco gris,
pero en los ojos el
brillo;
y cerca del corazón el
cuchillo.
El cuchillo de esa
muerte
de la que no le gustaba
hablar, una desgracia
de cuadreras o de taba.
(Recitado) De atrio, más bien. Fue caudillo
si
no me marra la cuenta
allá
por los tiempos bravos
del
ochocientos noventa.
Cuando
entre esa gente mala
se
armaba algún entrevero
él
lo paraba de golpe,
de
un grito o con el talero.
Ahora está muerto y con
él
cuánta memoria se apaga
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.
Ahora esta muerto, y me
digo:
-¿Qué hará usted, don Nicanor,
en
un cielo sin caballos
ni
envido, retruco y flor?.”[184]
El último guapo
(Abel Aznar)
“Con el funyi tirao
sobre el ojo
y un amago de tanto al
andar,
sin apuro, sobrando de
reojo,
el último guapo vendrá
por el arrabal.
Entrará por la calle angostita,
y al pasar frente al
viejo portón,
silbará pa’ que vuelva a
la cita
la piba que es dueña de
su corazón.
El farolito perdido
el callejón sin salida
y el conventillo florido
saldrán del olvido
de nuevo a la vida.
El almacén de curdas,
la luna sobre el puñal,
una caricia y un beso
serán el regreso
del viejo arrabal.
Con un fueye que es puro
rezongo
y dos violas cinchando
al costao,
otra vez del antiguo
bailongo
el último guapo será el
envidiao.
Jugará con desprecio su
vida
por el sol de un florido
percal,
y se irá sin llevar ni
una herida
el último guapo del
viejo arrabal.”[185]
Eufemio Pizarro
(Homero
Manzi)
“Morocho como el barro
era Pizarro
señor del arrabal.
Entraba en los
disturbios del suburbio
con su frío puñal.
Su brazo era ligero al
entrevero
y oscura era su voz.
Derecho como amigo o
enemigo
no supo de traición.
Cargado de romances y de
lances
la gente lo admiró.
Quedó pintado su nombre
de varón
con luz de luna y farol,
y palpitando en mañanas lejanas
su corazón.
Decir «Eufemio Pizarro»
es dibujar, sin querer,
con el tizón del
cigarro
la extraña gloria con
barro de ayer
de aquel señor de
almacén.
“Con un vaivén de carro
iba Pizarro,
perfil de corralón,
cruzando con su paso los
ocasos
del barrio pobretón.
La muerte entró derecho
por su pecho
buscando el corazón.
Pensó que era más fuerte
que la muerte
y entonces se perdió.
Con sombra que entona en
la bordona
lo nombra mi canción.”[186]
Te llaman Malevo
(Homero
Expósito)
“Nació en un barrio con
malvón y luna
donde la vida suele
hacer gambetas,
y desde pibe fue
poniendo el hombro
y anchó al trabajo su
sonrisa buena.
La sal del tiempo le
oxidó la cara
cuando una mina lo dejó
en chancleta;
y entonces solo, para
siempre solo,
largó el laburo y se
metió en la huella.
¡Malevo,
te olvidaste en los
boliches
los anhelos de tu vieja!
¡Malevo,
se agrandaron tus
hazañas
entre copas de ginebra!
Por ella, tan sólo por
ella,
dejaste una huella
de amargo rencor...
¡Malevo,
qué triste!
Jugaste y perdiste
tan sólo por ella,
que nunca volvió.
Tambor de taco,
redoblando calles
Para que entren las
muchachas buenas,
y allí el silencio que
mastica un pucho
deja siempre la mirada a
cuenta...
Dicen que dicen que una
noche zurda
con el cuchillo deshojó
la espera;
y entonces solo, como
flor de orilla,
largó el cansancio y se
mató por ella...”[187]
Las consecuencias
de dichas peleas políticas no eran buenas. Si los versos anteriores nos
pintaban a los caudillos más valerosos, otros nos hablan de las víctimas del
homicidio por razones políticas:
“El pueblito estaba lleno de
personas forasteras.
Los caudillos desplegaban lo más
rudo de su acción,
arengando a los paisanos a ganar las
elecciones
por la plata, por la tumba, por el
voto o el facón.
Y al instante que cruzaban
desafilando los contrarios
un paisano gritó “Viva…!, y al caudillo mencionó;
y los otros respondieron sepultando
sus puñales
en el cuerpo valeroso del paisano
que gritó…”[188]
Lo
interesante de este tango es que no condena la causa de la muerte, sino que
fija su compasión en las consecuencias de dicha muerte. Veamos el texto que
falta:
“ Un viejo, lentamente, se quitó el
sombrero negro,
estiró las piernas tibias del
paisano que cayó,
lo besó con toda el alma, puso un
Cristo entre sus dedos
y, goteando lagrimones, entre
dientes murmuró:
-¡Pobre
m’ hijo...! ¡Quién lo diría que por noble y por valiente
pagaría
con su vida el sostén de una opinión..!
¡Por
no hacerme caso, m’hijo...! ¡Se lo dije tantas veces...!
¡No
haga juicio a los discursos del dotor ni del patrón...!
Hace
frío...¿Verdad m’hijo...! Ya se está poniendo oscuro...
Tápese
con este poncho y pa’ siempre lleveló...
Es el
mismo poncho pampa que en su cuna, cuando chico,
muchas
veces, hijo mío, muchas veces lo tapó...
Yo vi’
a d’ ir al Camposanto, y a la par de su aguelita,
con mi
daga y con mis uñas una fosa voy a abrir...
A las doce de la
noche llegó el viejo a su ranchito
y con mucho disimulo a la vieja
acarició,
y le dijo tiernamente –Su cachorro se ha ido lejos...
Se
arregló con una tropa, le di el poncho y me besó...
Y
aura, vieja...Por las dudas...Como el viaje es algo largo...
Préndale
una cuantas velas...Por si acaso nada más...
Arrodíllese
y le reza, pa’ que Dios no lo abandone...
y
suplique por las almas que precisan luz y paz.”
Este
hermoso poema compuesto por Luis Acosta García en el año 1933, fue un éxito de
Agustín Magaldi, quien en sus tangos incorporó muchos temas o historias
camperas. Pero desde el punto de vista en el que fue abordado este trabajo, lo
que sorprende son las interpretaciones y las consecuencias que se derivan de
este homicidio.
En primer lugar se trata
de un homicidio político. Por el solo hecho de expresar una idea. Idea
contraria al “patrón” o sea a los que detentan el poder. De inmediato quien la
expresa, es asesinado. ¿Por quién? No por el patrón o el que detenta el poder,
sino por sus esbirros, entre los que debía destacar algún guapo o malevo. En
este homicidio no hay duelo, hay solamente homicidio. Y las consecuencias no
son abrir las puertas al odio (como hubiese hecho Hollywood poniendo en el
papel de viejito a Shwarzenegger) sino
a una tremenda compasión, que abre el alma. La muerte es del joven, pero quien
la sufre es su padre, quien no sólo es capaz de cargar con su pena, sino que en
su amor, protege también a su compañera. No es un poema de odio. Es un poema de
amor, nacido de una realidad: el homicidio político.
Quiero destacar una imagen más de
este tango: la apertura de la sepultura en el campo santo con “mi daga y con mis uñas”. Las uñas contra
la tierra es una imagen que también utiliza Miguel Hernández, el poeta español,
en esa hermosísima poesía titulada “Elegía”
y que hace muchos años muchos jóvenes conocimos por que la cantaba Serrat.
Las uñas contra la tierra ¡cuanto dolor y cuanto amor!.
Otros tangos se refieren a
homicidios relacionados con la política, aunque no por causas políticas, sino
ocurridos durante una determinada etapa política. La razón de destacarlos
reside justamente en el hecho de que los mismos “suceden en ese marco político”
y es posible que no hubiesen ocurrido de haber enmarcado la situación otra
realidad.
En el primero de los tangos elegidos.
“La guitarrera de San Nicolás” , se describe la muerte de una mujer, en manos
de la “Mazorca de Cuitiño”. De no haber habido actividad Mazorquera, no habría
ocurrido –posiblemente- el homicidio. Así lo da a entender el autor, que
comienza el poema refiriéndose a Camila O’Gorman, otra muerte fundada también
en razones políticas.
“Tu también te llamabas Camila
como aquella que amó hasta morir;
bajo el sauce de Santos Lugares
tu guitarra volcó su gemir.
En los patios que amó el jazminero
y que no te olvidaron jamás
te escuchaban llorando los hombres
guitarrera de San Nicolás.
Porque tú les cantabas de amores
en las noches del Restaurador,
y también, al oír tu guitarra,
las porteñas lloraban de amor.
Un jazmín floreció en tus cabellos,
y al cantar tu postrera canción
de rodillas cayó la Mazorca,
de Cuitiño[189]
sangró el corazón.
¡Ah, que noche tan triste en el
barrio
donde nunca volviste a cantar...!
Todo el mundo lloraba en los patios
y el jazmín se empezó a marchitar...
Cintas rojas y flores de sangre
para que no te olviden jamás
coloqué en tu guitarra dormida,
guitarrera de San Nicolás.”[190]
Aunque
del mismo autor, distinto es el caso de “La Mazorquera de Monserrat”. Aquí son
los celos los que producen la muerte, para descubrir el homicida celoso que el
amor oculto de su dama, no era más que el amor ideal por el Restaurador. Una
tragedia, también en el marco de una época, pero aquí la política no es la
causa de la muerte.
“ Y fue un sargento loco de celos
que hirió una tarde con su puñal,
la daga roja de sus cien duelos
La Mazorquera de Monserrat
Llena de sangre, mientras moría,
cayó una estampa de entre su chal
y en el suspiro de su agonía
el mazorquero creyó escuchar
esas palabras roncas, llorosas:
-Solo
a ti te amaba...Y al expirar
besó en la estampa la faz de Rosas
La Mazorquera de Monserrat”.[191]
(Homicidio en riña
o duelo)
La muerte violenta
viene acompañada en muchísimos casos por una riña o duelo. Ya de estudiantes conocimos la diferencia
entre riña o duelo, y también la crítica de muchos profesores ilustres a la
diferenciación de situaciones en muchos casos iguales, por la extracción social
y preparación de sus protagonistas.
Pero no haré hincapié en esta
diferenciación, sólo traeré como ejemplos, algunos fragmentos que nos dan
cuenta de esta realidad:
“Cuentan que fue la piba de arrabal,
la flor del barrio aquel, que amaba
un payador;
sólo para ella cantó el amor
al pie del ventanal.
Pero otro amor por aquella mujer
nació en el corazón del taura más
mentao,
y un farol, en duelo criollo vio,
bajo su débil luz, morir los dos.”[192]
“¡Lo
mataron al pobre Contreras!
¡Recién se casaba! ¡Si es para no
creer…”
Juan Luz Mala saltó la tranquera
y vino a llevarle a su propia mujer…
Fue en el patio ‘e la estancia la hazaña,
la fiesta ‘e los novios era un
esplendor;
mas de pronto dos dagas hicieron
de aquella alegría un cuadro de
horror.
(Recitado)
Herido
de muerte
y en
sangre bañao
habló
de este modo
el
recién casao:
-No es
nada, mi gaucha;
no te
asustes, mi alma…
A los
dos peleando
se nos
fue el facón…
Siento
que me llega
un
vientito helado
aquí
en este lado,
sobre
mi corazón…
Llevame
unas flores…
Andá a
visitarme…
La
tierra es muy fría
pa’
estar olvidao…
¡Adiosito,
gaucha,
te
estaré esperando…!
¡Me
voy apagando
de
puro finao…”[193]
Y tenemos las causas,
descripción y consecuencias de un duelo, en ese hermoso tango titulado
“Ciruja”:
El ciruja.
“Como
con bronca y junando,
de rabo de ojo a un
costado,
sus pasos ha encaminado
derecho pa’l arrabal.
Lo lleva el
presentimiento
de que en aquel
potrerito
no existe ya el
bulincito
que fue su único ideal.
Recordaba aquellas horas
de garufa,
cuando minga de laburo
se pasaba;
meta punga, al codillo
escolaseaba,
y en los burros se
ligaba un metejón;
cuando no era tan junado
por los tiras
la lanceaba sin temer el
manyamiento;
una mina le solfeaba
todo el viento;
y jugó con su pasión.
Era un mosaico diquero
que yugaba de quemera,
hija de una curandera,
mechera de profesión;
pero vivía engrupida
de un cafiolo vidalita
y le pasaba la guita
que le sacaba al matón.
Frente a frente, dando
muestras de coraje,
los dos guapos se
trenzaron en el Bajo,
y el Ciruja, que era
listo para el tajo,
al cafiolo le cobró caro
su amor...
Hoy, ya libre ‘e la
gayola y sin la mina
campaneando un cacho ‘e
sol en la vereda
piensa un rato en el
amor de la quemera
y solloza su dolor.”[194]
Hemos tenido ya
demasiados homicidios. Levanto nuevamente la lapicera del papel, pero esta vez
para hacer un paréntesis. En mi próxima carta continuaré con esta descripción.
Vuelvo
a guardar la pluma. Espero comprendas estas interrupciones necesarias.
Un abrazo de tu
discípulo y amigo.
Ramón
Buenos Aires, 2 de Agosto de 2005.
Mi
querido amigo y maestro:
No todos son homicidios en el tango. A veces tenemos esa impresión
errónea. El peligro de muerte está más presente en las letras de tango, que la
muerte misma. La posibilidad y el temor a matar, por amor, o por error o por el solo hecho de
no recular, están constantemente presentes en muchos versos, más que la muerte
misma.
La provocación de la muerte, marca indeleblemente al hombre. A la víctima
y al victimario. Es el delito existencial por excelencia. Desde cualquier punto
en que se lo mire: La muerte por homicidio provocado por la desesperación y la
intención de querer salvar a otro (Crimen y Castigo), la idea de matar
al propio padre déspota (Los hermanos Karamazov), el homicidio por la
locura y desesperación del amor (El príncipe idiota).
Pero aún así, no es éste el único delito, ni siquiera el único delito
existencia. Otros muchos son abordados por los poetas.
(Lesiones graves)
El delito de
lesiones graves, también aparece en el tango, lo que no es raro, dada una
bárbara costumbre de “marcar” a las mujeres por castigo u otra causa. Y cuando
decimos marcar, no era otra cosa que “tajearla” con el facón, principalmente en
el rostro.
¡China cruel, a qué has venido...!
¿Qué buscás en este rancho?
¡Si pa’ mí fuiste al olvido
y vive ya más ancho
mi gaucho corazón!
¡Y esa flor que mi cuchillo
te marcó bien merecida,
la llevarás luciendo en el carrillo,
pa que nunca en la vida
olvides tu traición.”[195]
Lo
interesante es que las referencias a este hecho, no son señaladas como un
delito, sino como una realidad, que por lo visto, no reconocía consecuencias.
Es decir que no habría pena.
Víctima
y victimario confunden también en el delito su propia existencia. La víctima es
definida en su pertenencia al victimario, quien al mismo tiempo de perderla se
une a ella, acompañándola para siempre en su cicatriz.
(Desórdenes)
El delito o
infracción por desórdenes también tiene un lugar en algún verso:
“Soy el terror del
malevaje
cuando en un baile me meto,
porque a ninguno respeto
de los que hay en la reunión;
y si alguno se retoba
queriendo meterse a guapo
yo le encajo un castañazo
«y a buscar quién lo engendró..»”[196]
Es
un hecho menor, que nos describe una realidad. La convivencia entre los
humildes no era pacífica, ni aún al momento de divertirse. ¿Por qué? Es difícil
saberlo. Pero es un hecho que se verificó y aún hoy subsiste. Desde Martín
Fierro que mata al negro que sólo había ido al baile a divertirse, la
literatura y la poesía abundan en ejemplos en los que los más desposeídos por
una mujer, por divertirse o por construir su propia imagen, apelan a una
violencia que los empobrece aún más.
(Prostitución)
Pese a la creencia general, el
ejercicio de la prostitución no constituye un delito. El Código Penal reprime
la conducta de quien “promoviere o facilitare la prostitución” o “explotare
económicamente el ejercicio de la prositución” (cfr. Código Penal, arts. 125 bis a 127
ter). La prohibición expresa del
ejercicio de la profesión más antigua, deviene de edictos policiales o de
normas municipales.
La esperanza rota y el
dolor de esta legión silenciosa de mujeres, es abordada por el tango y por
nuestra literatura desde una óptica distinta y mucho más compasiva.
Recordarás ese hermoso
libro de Manuel Gálvez, titulado “Nacha Regules” en el que la heroína del mismo
le reprocha a muchos que si finalmente la prostitución existe es porque hay
prostitutas pero muchos hombres de sociedad que acuden a ellas.
No sé cuál es la razón
por la que todas las sociedades han pretendido
prohibir la prostitución al mismo tiempo que se aseguraban que la misma
coexistiese pacíficamente sin obstáculos, bajo esa misma prohibición.
Lejos estoy con estas
palabras de aprobar la misma. No la apruebo, no porque me parezca que la
prostituta es una persona reprochable en sí misma, sino porque justamente creo
que el ejercicio de tal actividad la conduce a la infelicidad, configura casi
siempre una renuncia total al amor. (Paradoja es el carecer de aquello que se
pretende vender). Los poetas son tremendamente
claros sobre el final de estas mujeres.[197]
Menos
aún se puede estar de acuerdo con la explotación de las mujeres por terceros.
Aquellos que se enriquecen del dolor, el sufrimiento y la falta de futuro de
sus pupilas.
El tango no sólo nació
en los lupanares, sino que tuvo entre sus principales personajes, a quienes
actuaban como “cafiolos”. Ya me he
referido al principio, sobre las actividades del mismísimo Arolas.
Sin embargo, a lo
largo de todo su desarrollo, y mucho después de haber abandonado los sórdidos
lugares de su origen, el tango sigue fijándose en las prostitutas. ¡Cuántas
paicas y grelas! Y su mirada en prácticamente todos los casos, es de inmensa
compasión.
El tango acaricia las figuras
decrépitas de las prostitutas ya viejas, que ven hecho realidad su hasta ayer
seguro fracaso final.
Con
realidad y madurez, el tango no pone a la prostituta como la mujer obligada a
ejercer su oficio por una extrema necesidad. Por el contrario, son varios los
tangos que nos han mostrado que las prostitutas de hoy, fueron buenas mujeres
de ayer que decidieron correr tras una vida de dinero y de placer.
“Una noche te fugaste
del hogar que te cuidó
y a la vieja abandonaste
que en la vida te adoró.
En busca de los amores,
y para buscar placeres
fuiste con otras mujeres
al lugar de los dolores”.[198]
“Confiada en sus promesas, una
mañana
ató toda su ropa y se fugó;
cegada por el lujo siguió la
caravana
y el alma de suburbio así gritó”[199]
“Son macanas; no fue un guapo
haragán ni prepotente,
ni un cafishio veterano el que al
vicio te largó;
vos rodaste por tu culpa, y no fue
inocentemente;
berretines de bacana que tenías en
la mente
desde el día en que un magnate de
yuguiyo te afiló...”[200]
Pero
son mujeres y como tales, siempre serán seres indefensos para el hombre del
tango, y en especial para sus poetas. Como la ópera rescató el amor de las
cortesanas, los tangos pretenden -en algunos casos infructuosamente- redimir a
las mujeres de la vida.
Y
cuando las redime, las redime con su amor. El hombre de tango ama a las mujeres
de
“¡Che papusa, oí
los acordes melodiosos
que modula el bandoneón!
¡Che
papusa, oí
los latidos angustiosos
de mi pobre corazón!
¡Che papusa, oí
cómo surgen de este tango
los paisajes del ayer!
Si en el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver...
Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pepermint;
de charla
afrancesada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín...
Engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril,
y al bailar esos tangos «de meta y
ponga»
volvés otario al vivo, y al rana,
gil....”[201]
¡Cuántos taitas
envidiaron
mi fama de gigoló…”[202]
La
compasión por ellas es inmensa y se expresa de muchas maneras:
“Y hoy te veo, Galleguita,
sentada triste y solita
en un rincón de Pigalle;
y la pena que te mata
claramente se retrata
en tu palidez mortal.
Tu tristeza es infinita,
ya no sos la Galleguita
que llegó un día de abril
sin más prenda ni tesoros
que tus negros ojos moros
y tu cuerpito gentil”.[203]
“Fuiste la piba mimada
de la calle Pepirí
la calle nunca olvidada
donde yo te conocí
y porque eras linda y buena,
un muchacho medio loco
te hizo reina del piropo
con un verso muy fifí.
....
Hoy te he visto a la salida
de un lujoso cabaret
y en tu carita afligida
honda pena adiviné.
Yo sé que hasta el alma dieras
por volver a ser lo que eras;
no podrás, la primavera
de tu vida ya se fue”[204]
En “Milonguera” se ve que quien relata la historia,
le anuncia un futuro cruel. Cruel pero cierto. Y al mismo tiempo le anuncia que
quedarán quienes la llorarán (quienes la aman a pesar de todo):
“Ahora sola, abandonada
en las alas del placer,
vas dejando, acongojada,
tus ensueños de mujer.
De tus trenzas, en la historia
ni las hebras quedarán
que perduren tu memoria
a los que te llorarán”.[205]
“Milonguita” es también un anuncio
triste y compasión por la soledad de aquella que era “la pebeta más linda e’Chiclana”:
“Milonguita,
los hombres te han hecho mal;
y hoy darías toda tu alma
por vestirte de percal.
Cuando sales por la madrugada,
Milonguita, de aquel cabaret,
toda
tu alma temblando de frío,
dices: -¡Ay, si pudiera querer...!
Y entre el vino y
el último tango,
pa’l cotorro te saca un bacán...
¡Ay, qué sola, Esthercita, te
sientes...!
¡Si llorás, dicen que es el
champán...!”[206]
Un
tango nos trae una imagen poco común en otros poemas: la frialdad de la mujer
de la vida. Frialdad que convive con sus ansias de muerte y la pena de su vivir:
“Cuantas noches fatídicas de vicio
tus ilusiones dulces de mujer
como las rosas de una loca orgía
las deshojaste en el cabaret.
Y tras la farsa del amor mentido,
al alejarte de Armenoville,
era el intenso frío de tu alma
lo que abrigabas con tu zorro gris.
.....
Por eso toda tu angustiosa espera
en esa prenda gravitando está;
ella guardó tus lágrimas sagradas,
ella abrigó tu frío espiritual.
Y cuando llegue en un cercano día
a tu dolores el ansiado fin,
todo el secreto de tu vida triste
se quedará dentro del zorro gris.”[207]
Y la relación con las cortesanas de las más famosas
óperas, se encuentra en este tema de José González Castillo:
“Mezcla rara de Museta y de Mimí
con caricias de Rodolfo y de
Shaunard,
era la flor de París
que en un sueño de novela trajo al
arrabal.
Y en el loco divagar del cabaret,
al arrullo de algún tango compadrón
alentaba una ilusión,
soñaba con Des Grieux,
quería ser Manón.
¡Francesita,
que trajiste, pizpireta,
sentimental y coqueta,
la
alegría del Quartier...!
¡Quién diría
que tu poema de Griseta
sólo una estrofa tendría,
la silenciosa agonía
de Margarita Gauthier...!
Más la fría sordidez del arrabal,
agostando la pureza de su fe,
sin hallar a su Duval
secó su corazón lo mismo que un
muguet.
Y una noche de champán y de cocó,
al arrullo funeral de un bandoneón,
pobrecita, se durmió
lo mismo que Mimí,
lo mismo que Manón” [208]
“(Recitado)
¡Está listo!, sentenciaron las comadres;
y
el varón ya difunto en el presagio,
en
el último momento de su pobre vida rea
dejó
al mundo el testamento de estas amargas palabras
piantadas
en su rencor…
Esta noche para
siempre terminan mis hazañas,
un chamuyo misterioso me
acorrala el corazón.
Alguien chaira en los
rincones el rigor de una guadaña
y anda algo cerca ‘el catre, olfateándome el
cajón.
Los recuerdos más
fuleros me destrozan la zabeca,
una infancia sin
juguetes y un pasado sin honor,
el dolor de unas
cadenas, que aún me queman las muñecas,
y una mina que arrodilla
mis arrestos de varón…”[209]
Las
prostitutas son mujeres, mujeres con un pasado donde tuvieron familia, amigos,
belleza y honor. La vida las arrastró. En muchos casos por su propia libertad.
Pero hoy, cuando aparecen luciendo su ocaso, el poeta no ve la triste figura
sino que encuentra en el interior de esas mujeres, aquellas jóvenes del pasado
con sus sueños perdidos. Y se pone de su lado compadeciendo su dolor.
¿Delito? ¿Infracción? El poeta del
tango no los ve. Solo siente compasión. Después de todo ¿acaso Aquel que tanto
amó y compadeció no dijo que serían las primeras en el Reino de los Cielos?
Interrumpo nuevamente, pues quiero
continuar adentrándome en otra problemática: las particularidades y
consecuencias del delito. Me tomo un pequeño tiempo para reflexionar sobre este
tema.
Un abrazo de tu amigo y discípulo.
Ramón.
Buenos Aires, 21 de Septiembre de 2005.
Mi querido amigo y
maestro:
Como te adelantaba al final de mi
última carta, quiero comenzar a tratar una nueva cuestión: las particularidades
y consecuencias del delito.
I.
Particularidades y consecuencias del delito.
Visto los delitos
descriptos por los poetas, o sea las referencias más directas del tango al
Derecho Positivo, quiero ahora señalarte algunas cuestiones conexas.
a)
La pena.
La pena por la comisión
de los delitos es la cárcel. Como ya hemos visto, tal pena es aceptada por
quien delinque a los fines de pagar su crimen. También he señalado que aún
cumpliendo la pena, el hombre sigue siendo hombre y no pierde su dignidad.
Varios tangos se
refieren al hombre cumpliendo su pena. Es necesario recordar que en las
primeras décadas del siglo XX aún se enviaba a los presos a las cárceles en los
territorios más lejanos, como la famosa cárcel de Ushuaia. Particularmente,
recuerdo un tío abuelo mío que era médico y había ejercido un largo tiempo en
el Hospital Fernández, que contaba que algunas veces les tocaba ir a revisar a
los presos en la cárcel de Las Heras, antes de ser embarcados. Como lo relata
el tango “A los pies de la Santa Cruz” nos contaba a sus sobrinos nietos que lo
mirábamos con ojos asombrados, que los encontraba encadenados (engrillados) y
con sus uniformes a raya, listos para partir.
El castigo era muy duro.
Pero los hombres debían saber soportarlo.[210]
Estos son algunos de los
ejemplos encontrados:
Los pies engrillados,
cruzó la planchada.
La esposa lo mira,
quisiera gritar...
Y el pibe inocente
que lleva en los brazos
le dice llorando:
- ¡ Yo quiero a papá...!
Largaron amarras
y el último cabo
vibró al desprenderse
en todo su ser.
Se pierde de vista
la nave maldita
y cae desmayada
la pobre mujer.”
En
otros casos, se relata como quien está preso, mantiene vigente su deseo de
venganza. Es tal vez, la razón que lo ayuda a seguir viviendo.
Farolito viejo
“[...]
También en sus rayos
brillaron las dagas
cruzadas en duelo por un
mismo amor.
Un muerto sangraba y
nadie batía
del taura la hombría que
fue vencedor...
Su luz fue testigo
oyendo el chamuyo
jugándole sucio al taita
bacán...
¡La grela traidora y el
chorro cobarde
batieron la cana por
miedo al puñal!
Y cuando los tiras a su
hombre encanaron
lloraba en mis ojos la
luz del farol;
Después, una piedra
rompió los cristales
bajando al suburbio
feroz maldición...
Farolito
viejo, estoy entre rejas;
a mi celda oscuro no llega tu
luz...
¡Espero con ansia volver a
la esquina
vengándome de ella y del batitú”[211]
Y
si no es su deseo de venganza, a veces lo mantiene vivo el amor, aunque con sus
preocupaciones:
“¡Qué te ha de dar ese otro
que tu viejo no te ha dado!
¿No te acordás que he robado
pa’ que no falte el bullón?
¿No te acordás cuando en cana
te mandaba en cuadernillos
aquellos lindos versitos
nacidos del corazón?”[212]
Se
sale un día de la cárcel. ¿Es posible para el hombre rehacer su vida? Algunos
poemas parecen decirnos que no, como es el caso de éste:
La Gayola
“No te asustes ni
me huyas,
no he venido pa’
vengarme;
si mañana justamente,
ya me voy pa’ no
volver...
He venido a despedirme
y el gustazo quiero darme
de mirarte frente a
frente
y en tus ojos
campanearme
silencioso, largamente,
como me miraba ayer...
[...]
Una noche fue la Huesuda
me llenó el alma de
duelo...
Mi querida viejecita
se me fue a vivir con
Dios;
y en mis sueños parecía
que la pobre, desde el
Cielo,
me decía que era buena,
que confiara siempre en
vos.
Pero me jugaste sucio,
y, sediento de venganza,
mi cuchillo aquella
noche
se escurrió en un
corazón;
y más tarde, ya sereno,
muerta mi única
esperanza,
unas lágrimas rebeldes
las sequé en un bodegón.
Me encerraron muchos
años
en la sórdida gayola,
y una tarde me largaron
pa’ mi bien o pa’ mi
mal...
Fui vagando por las
calles
y rodé como una bola;
pa’ comer un plato ‘e sopa
¡cuántas veces hice
cola!;
las auroras me
encontraron
atorrando en un
umbral...
Hoy, ya no me queda
nada;
ni un cariño, ¡estoy tan
pobre...!
Solamente vine a verte
pa’ dejarte mi perdón.
¡Te lo juro! Estoy
contento
que la dicha a vos te
sobre;
voy al campo a
laburarla,
juntaré unos cuantos
cobres
pa’ que no me falten
flores
cuando esté dentro ‘el
cajón.”[213]
b ) Causales de Justificación: Delito por necesidad.
Afirman qué este
era uno de los tangos que más le gustaba a Carlos Gardel. Por lo pronto, es el
único que he encontrado que justifica la comisión del delito por necesidad.
La
escena es clara. El reo está esperando su sentencia, con la seguridad de que va
a ser condenado, preguntándose si hay justicia en tal condena cuando ha
delinquido por necesidad.
Hoy parece una exageración, pero en
el momento de ser escrito este tango expone a sus destinatarios, la injusticia
de condenar a quien roba por necesidad. Más allá de que la necesidad ha sido
una causal de justificación desde el medioevo, el hecho de que el poeta lo
resalte, nos habla a las claras de que tal principio estaba lejos de aplicarse.
Nos habla de una excesiva rigurosidad de los jueces respecto de los menos
poderosos.
Mi
interpretación es que este tango pretende crear conciencia sobre un hecho que
merece justificación. Y el poeta lo logra con sus certeras palabras, con su
precisa historia.
Pan
(Celedonio Esteban Flores)
“El sabe que tiene para largo rato,
la sentencia, en fija, lo va a hacer
sonar…
Así entre cabrero, sumiso y amargo,
la luz de la aurora lo va a saludar.
Quisiera que alguno pudiera
escucharlo
en esa elocuencia que las penas dan,
y ver si es humano querer condenarlo
por haber robado un cacho de pan...
Sus pibes no lloran por llorar,
ni piden masitas, ni chiches, Señor;
sus pibes se mueren de frío
y lloran hambrientos de pan...
La abuela se queja de
dolor,
doliente reproche que
ofende a su hombría..
También su mujer
escuálida y flaca,
en una mirada toda la
tragedia
le ha dado a entender.
¿Trabajar? ¿Adónde?
Extender la mano
pidiendo al que pasa
limosna, ¿por qué?
Recibir la afrenta de un
“perdone, hermano”;
él, que es fuerte y
tiene valor y altivez...
Se durmieron
todos...Cachó la barreta...
Se puso la gorra,
resuelto a robar...
Un vidrio, unos gritos,
auxilio, carreras...
¡Un hombre que llora y
un cacho de pan!”[214]
c) El consejo del que delinquió.
El crimen no paga,
al menos en el tango. Quien lo ha vivido lo sabe y obra en consecuencia:
“Campaneame bien,
hermano;
estoy listo en la
palmera…
Yo sé bien que La Que
Espera
muy pronto me va a
llevar;
por eso es que chorro
viejo,
escariador,mujeriego,
sólo te pido, te ruego,
me escuchés sin
protestar.
A nadie tengo en el
mundo
más que a vos y a la
viejita;
por mi culpa, pobrecita,
vos sabés, cuánto lloró…
Pero vos estás a tiempo,
si querés podés abrirte
y no vas a arrepentirte
como me arrepiento yo.
¡Hacelo por la vieja
abrite
de la barra…!
¿No ves lo que te espera
si continuás así?”[215]
d. De suicidas y el suicidio
El suicidio en
nuestra legislación no es un delito a pesar de lo que mucha gente cree, pero sí lo es su instigación (Código Penal,
art. 83). Sin embargo, me pareció útil incluir aquí un comentario al respecto.
El tango en muy pocas
ocasiones se ocupa del suicidio. La filosofía que subyace en él –como ya he
afirmado- es optimista pese a su sentimiento trágico de la vida.
Sin
embargo en algún caso aislado el poeta incluye un suicidio por amor. Este es un
ejemplo:
“Vencido, con el alma amargada,
sin esperanzas, hastiado de la vida,
solloza en su bulín el pobre payador
sin hallar consuelo en su dolor.
…..
Dormía tranquilo el conventillo,
nada turbaba el silencio de la noche
cuando se oyó sonar, allá en la
oscuridad
el disparo de una bala fatal.
Corrieron ansiosos los vecinos
que presentían el final de aquel
drama,
y se encontraron tirado en una cama,
sobre un charco de sangre, al pobre
payador.”[216]
Lo
interesante es que el relato muestra como la pena lleva al payador a quitarse
e)
Delitos sin castigo.
Una queja constante
en el tango es aquella sobre la falta de punibilidad de determinados delitos.
Casi siempre se trata de los delitos que cometen los más poderosos: los delitos
de “cuello blanco”, el cohecho, y la corrupción generalizada.
Discépolo es uno de los principales
voceros en estas cuestiones. Ya sea en “Cambalache”
donde se queja por la subversión de los valores que hacen que sea todo
igual, lo que no quiere decir otra cosa que si todo es igual, el honrado y el
que no lo es, es así porque quien delinque no es castigado.
Lo reitera con un grito existencial
en otros tangos:
Yo siento que mi fe se tambalea
que la gente mala, vive Dios
¡mejor que yo!
Si la vida es el infierno
y el honrao vive entre lágrimas!
¿Cuál es el bien?
Del que lucha en nombre tuyo
limpio, puro…¿ Para qué?
Si hoy la infamia da el sendero
y el Amor mata en tu nombre
Dios, lo que has besao….
el seguirte es dar ventaja
y el amarte sucumbir al mal?
No quiero abandonarte yo
demuestra una vez sola
que el traidor no vive impune, Dios
para besarte…
Enséñame una flor
que haya nacido
del esfuerzo de seguirte, Dios
para no odiar:
Al mundo que me desprecia
porque no aprendo a robar…
y entonces de rodillas
hecho sangre en los guijarros
moriré con vos,
Feliz, señor!”[217]
Este mismo
pensamiento lo reitera Eladia Blázquez:
“Vamos en montón…¡bien alienados!
Todos mezclados…¡todos mezclados!
Y en esa confusión del «amasijo»,
al propio padre lo estafa el hijo…
Que maligno diablo quiso y puso
todo revuelto, todo confuso,
hagamos una coalición con Cristo
porque lo juro no resisto
el vivir así.”[218]
La honradez, como
veremos también un poco más adelante, es un valor en el tango. Y lo que se
opone a ella es reprochable. Lamentablemente, los poetas se encuentran que si
bien se castigan los delitos comunes, los que cometen los hijos del barrio, no se castigan aquellos en los que participan los
más poderosos. Y esta es una crítica contínua y sistemática.
II. El Derecho Positivo contra el tango.
Si en los puntos
anteriores me referí a la relación entre el Tango y el Derecho Positivo, ahora
por el contrario, cabe invertir la relación y referirse a aquellos casos en que
el Derecho Positivo se refirió al tango.
1. Una
idea falsa.
Como te informara
en la carta que dedicaba a la historia del Tango, no hubo ninguna condena ni
Papal, ni Episcopal al tango, pese a lo que cree mucha gente.
2.
El derecho positivo argentino.
Lamentablemente sí
la hubo por parte del Derecho argentino y justo en una de las épocas de más
desarrollo del tango.
Así lo relata con precisión Gobelo:
“El gobierno instalado en 1943 por los
coroneles de Campo de Mayo, adoctrinados y organizados por el coronel Juan
Perón, impuso después de asumida la presidencia de la Nación por el general
Pedro Pablo Ramírez, la veda radiofónica del lunfardo ¿Lo hizo por decreto?
Gente seria dice que sí; inclusive hay quienes afirman haber leído alguna vez
aquel fantasmal documento. No creo que haya sido de ese modo. Las
broadcastings, como entonces se decía, dependían de la Dirección General de
Correos, a través de una oficina llamada Radiocomunicaciones. Casi seguramente
se trató de una orden oral impartida a los responsables de esa dependencia vaya
a saber por quién. Si existió algún memorándum interno, en caso de haberse
conservado, constituiría una pieza inapreciable para el museo del tango que
algún día habrá de formarse...Lo cierto es que a partir de aquellos días hasta
la segunda mitad de 1946, las letras de los viejos tangos lunfardos fueron
expulsadas de los estudios radiofónicos...”.[219]
Se constató el peor
de los temores, en el umbral de un gobierno popular en el que el tango
encontraría el mejor ambiente para su desarrollo. Una paradoja más del tango.
No sólo ha caído la noche, sino que
observo por la ventana que ya han caído hasta las estrellas. Debo interrumpir
nuevamente, pues mañana me espera un día difícil de trabajo.
Te envío un gran abrazo:
Ramón
Buenos Aires, 14 de
Octubre de 2005.
Mi querido amigo y
maestro:
Siguiendo con el plan propuesto
corresponde que me refiera ahora a la relación entre tango y justicia social. Y la verdad es que no
resulta simple. Tal vez el dato es justamente que el tango menciona muy poco la
justicia social. Lo dice la misma Eladia
Blázquez en la nota que generosamente
nos enviara a nuestro requerimiento, del 6 de Abril de 2004, en la que
nos enseñara que:
“No sé si el tango se ha ocupado de una
manera específica de la justicia, tampoco ha incursionado mucho en lo social,
sin embargo, a través de su filosofía profunda (considerando que es una
expresión popular) desde ese sentimiento trágico de la vida a veces... o el simple
sentimiento humano, que es la inteligencia del alma, pueda haberlo hecho en
muchas páginas, que sin duda serán las imborrables, o por lo menos, en algún
momento nos emocionan, porque nos refieren.”
Es que necesariamente se vuelve al
mismo tema, más que la injusticia social como tal, el tango se apiada del
hombre o de la mujer que sufre las consecuencias de dicha injusticia social. La
injusticia es el hecho externo, pero el drama es en el hombre concreto.
Así las referencias son indirectas.
Es la causa de la frustración, y esa frustración nos permite en muchos tangos
adentrarnos en la injusticia que la causa.
El tango es más que nada un testigo
social. No en vano Carriego titula su muy interesante obra “Tango testigo
social”[220]
Este autor nos señala:
“El tono
dominante de las letras de tango es de realismo agudo, la observación que cala
hondo en el alma colectiva de la sociedad en la que se expresa, al mismo tiempo
describe situaciones personales al enfrentar la problemática individual”.[221]
Particularmente
creo que el tango va más allá. Es realismo, pero no realismo sólo de las cosas
y los hechos sino principalmente de los sentimientos y del alma. Cuando el
tango describe al organillero, no le habla a la gente de su época de lo que
ella misma ve, sino principalmente de lo que no ve: la historia, el drama del
organillero en el que todos nos identificamos. Al describir al pobre ebrio, no
nos muestra un alcohólico, sino que nos enseña a respetar a un hombre con su
pena, que puede ser la nuestra.
Sin perjuicio de ello, el tango
describe y es testigo de la realidad social, como ninguno. Eso sí, no
interviene directamente para cambiarla. Su música no es de protesta contra un
régimen social o un régimen político, es a lo sumo protesta enamorada contra la vida que se ama.
En una visión más general sobre el
tema, el autor citado nos dice también:
“En las letras de tango aparecen reflejados
el fútbol, las carreras de caballos, los barrios, el campo, la cárcel, la
paica, el malevo, la obrerita, el prostíbulo, la mala vida, el delincuente, los
bailes, los sueños y las realidades de la vida cotidiana. También tiene como
característica la exaltación de la vida sin dobleces, tanto en el hombre como
en la mujer. Las condiciones sociales imperantes, las dificultades para
alcanzar el sustento, y sobre todo, la existencia de una moral que correspondió
más a la burguesía y a la clase alta que
a la clase trabajadores y lumpen proletariado donde se inició el tango”.[222]
Y termina concluyendo que “Posiblemente
ello se deba a que en la Argentina predominó desde mucho antes, el
acondicionamiento ético para el ascenso social en una sociedad abierta como la
nuestra”[223]
Con el enorme respeto que me merece
esta obra realmente excelente, también debo disentir en este punto. En primer
lugar prefiero analizar el conjunto de cuestiones sociales debatidas, desde el
punto de vista señalado con anterioridad: la finalidad del poeta al describir.
Lo que nosotros los abogados llamaríamos la “causa final” de la imagen revelada
por el poeta.
En segundo término disiento con la
necesidad de imponer una moral o ética como condición del asenso social.
Siempre he sostenido que la moral o equilibrio más exacto se encuentra en la
clase media, donde las personas no se ven sujetas a las miserias que provoca la
pobreza ni a las que permite la riqueza.
Pero esa clase media se formó
principalmente en esta ciudad, con el progreso social de aquellos inmigrantes
que echados por el hambre y la falta de futuro, recalaron en nuestras costas.[224]
Aquellos inmigrantes traían además
de su hambre y esperanza, su fe y sus valores. Venían formados por una cultura
del trabajo, la honestidad y en la mayoría de los casos, su fe religiosa, fuera
ésta su religión católica, judía, ortodoxa o cualquier otra.
Por el contrario, hablar de una
moral preponderante en el Buenos Aires del Siglo XIX me parece apresurado. Si
bien se enseñaba una determinada moral y había una fe religiosa de la que en
muchos casos dan fe nuestros más importantes próceres, es cierto que también se
vivía en una promiscuidad que –a pesar de tratarse de una “pequeña aldea”-
permitió la existencia de romances y de hijos naturales variados, incluso en nuestros más encumbrados héroes
nacionales.
En el campo de la honestidad
pública, a mucho de nuestros próceres los recordamos por su pobreza casi franciscana que da fe –en
parte- de su obrar desinteresado. Otros, en cambio, no dudaron de enriquecerse
de modo no muy transparente, aún cuando supieron en su momento jugarse la vida
por un proyecto de Nación.
La moral o ética que propone el
tango –que será objeto de mi siguiente carta- no tiene por finalidad adaptar al
hombre para su crecimiento social, sino hablarnos con sinceridad de lo que
realmente convierte a un hombre en hombre y a una mujer en mujer. Y apunta principalmente
–como ya lo veremos- a la realización de los sentimientos y alcanzar el Amor.
Y el pueblo adopta esta filosofía,
no porque busca un ascenso social, sino porque representa aquello en lo que
cree.
Desde este punto de vista
analizaremos varios fragmentos en los que el tango es un real testigo social.
Cambalache.
Cambalache
ha sido tal vez, el tango que mejor reflejó el problema social de una época y
que podemos afirmar mantuvo su vigencia completa a posteriori.
Pero se trata de
composiciones que hacen una descripción del desorden social y la dificultad del
hombre para vivir en él. A mi entender, lo que afecta al poeta es
principalmente cómo esa realidad afecta al hombre, privándolo de vivir los
valores que debe vivir. Veamos el texto:
“Que
el mundo fue y será
una
porquería, ya lo sé…
En
el quinientos seis
y
en el dos mil también
Que
siempre ha habido chorros,
Maquiavelos
y estafaos
contentos,
y amargaos,
varones
y dublé…
Pero
que el siglo veinte
es
un despliegue
de
maldá insolente
ya
no hay quien lo niegue.
Vivimos
revolcaos en un merengue
y
en el mismo lodo
todos
manoseaos.
Hoy
resulta que es lo mismo
ser
derecho que traidor,
ignorante,
sabio, chorro,
generoso
o estafador…
¡Todo
es igual!
¡Nada
es mejor!
Lo
mismo un burro
que
un gran profesor.
No
hay aplazaos ni escalafón,
los
ignorantes nos han igualao.
Si
uno vive en la impostura
y
otro roba en su ambición,
da
lo mismo que sea cura,
colchonero,
Rey de Bastos,
caradura
o polizón.
¡Que
falta de respeto,
qué
atropello a la razón!
Cualquiera
es un señor,
cualquiera
es un ladrón…
Mezclao
con Stavisky[225]
va
Don Bosco[226]
y La Mignon,[227]
Don
Chicho[228]
y Napoleón,
Carnera[229]
y San Martín…
Igual
que en la vidriera
irrespetuosa
de
los cambalaches
se
ha mezclao la vida,
y
herida por un sable sin remache
ves
llorar La Biblia
junto
a un calefón.
Siglo
veinte, cambalache
problemático
y febril…
El
que no llora no mama
y
el que no afana es un gil.
¡Dále
nomás…!
¡Dále
que va…!
¡Que
allá en el Horno
nos
vamo’ a encontrar…!
No
pienses más, sentate a un lao,
que
a nadie importa si naciste honrao…
Es
lo mismo el que labura
noche
y día como un buey,
que
el que vive de los otros,
que
el que mata, que el que cura,
o
esta fuera de la ley.”
Se ve así que este tango que parece
muchas veces ser el himno de la crítica social, no lo es. Por el contrario es
una crítica moral, una crítica filosófica y hasta una crítica religiosa
(recordemos que Discépolo era profundamente creyente). Por eso mantiene una
vigencia que no ha perdido sino que con el tiempo resulta aún más crítico y representativo.
¡Qué diría el poeta si leyese los nuevos textos posmodernistas, o tan solo, si
viese cualquier programa de “interés e información general” por nuestra
televisión abierta. Tal vez se asombraría de que el cambalache se ha convertido
en hipermercado.
En este tango, la visión más cruenta
es la de la principal víctima junto con el hombre: Dios. La imagen
terriblemente cruda de la Biblia que llora junto al calefón, nos muestra la
hondura del drama que nos planeta Discépolo. Sabemos hoy que el “sable sin
remache” es un clavo, en el que comúnmente se clavaba en los baños humildes, el
papel que podía utilizarse como papel higiénico, ya se tratase de papel de
diario o cualquier otro. En este caso son hojas o pedazos de papel de la Biblia
los que se encuentran a la espera. Pero esa Biblia llora. Y así es Dios el que
llora el mundo que están creando los hombres. Un mundo sin valores. Un mundo
que no rescata el Amor. Un mundo que no enaltece al hombre.
Sí tenemos otros dos tangos que
hacen referencia a una situación económica general: “Al mundo le falta un
tornillo” y “Qué sapa señor”.
El primero de ellos corresponde a
Enrique Cadícamo, y fue estrenado en el año 1933, siendo un reflejo de la
crisis económica argentina durante la llamada “Década Infame” y también de la crisis mundial desatada luego de la
caída de la Bolsa de Nueva York aquel viernes negro de 1929.
Al mundo le falta un tornillo[230]
“Todo el mundo está en la estufa,
triste, amargao, sin garufa,
neurasténico y cortao.
Se acabaron los robustos,
si hasta yo que daba gusto,
cuatro kilos he bajao.
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
¡Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.
Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao,
y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao.
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel;
nadie invita a morfar,
todo el mundo en el riel…
Al
mundo le falta un tornillo…
¡Que
venga un mecánico
pa’
ver si lo puede arreglar!
¿Qué
sucede, mama mía,
se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón?
La Creación anda a las piñas
y de puro arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
y a la fuerza se ha hecho gente,
ya no tiene a quien robar;
y el honrao se ha vuelto chorro,
porque su fiebre de ahorro
él se afana por guardar.”
La crítica como se ve está dirigida
principalmente a la situación económica. No se habla de Justicia Social ni de quien es la culpa, ni lo que tiene que
cambiar. Sólo se pinta la realidad económica.
Con anterioridad –tanto a Cambalache
(1935) y al tango de Cadícamo recién trascripto (1933) en el año 1931 Discépolo
estrena otro tango, que podemos considerar un antecedente de Cambalache:
¿Qué sapa, Señor?[231]
“La tierra está maldita
y el amor con gripe en cama.
La gente en guerra grita,
bulle, mata, rompe y brama.
Al hombre lo ha mareao,
el humo al incendiar,
y ahora, entreverao,
no sabe adónde va.
Voltea lo que ve
por
gusto de voltear
pero sin convicción ni fe…
¿Qué sapa, Señor, que todo es
demencia?
Los chicos ya nacen por
correspondencia
y asoman del sobre sabiendo afanar…
Los reyes, temblando, remueven el
mazo
buscando un yobaca para disparar…
¡ Y en medio del caos, que horroriza
y espanta,
la paz está en yanta y el peso ha
bajao!
Hoy todo, Dios, se queja;
y es que el hombre anda sin cueva…
Voltió la casa vieja
antes de construir la nueva…
Creyó que era cuestión
de alzarse y nada más,
romper lo consagrao,
matar lo que adoró…
¡No vio que, a su pesar,
no estaba preparao
y el solo se enredó al saltar!
¿Qué sapa, Señor, que ya no hay
Borbones?
Las minas se han puesto peor que los
varones
y embrollan al hombre, que tira
boleao…
Lo ven errar tejos a un dedo del
sapo
y en vez de ayudarlo lo dejan
colgao…
¡Ya nadie comprende si hay que ir al
colegio
o habrá que cerrarlos para mejorar”.
También aquí, como en Cambalache, la
crítica está dirigida a los valores de una sociedad –y de una sociedad
universal- y no a la justicia social. Discépolo ve con claridad que lo que
realmente frustra al hombre está más allá de lo social. El se queja por la
manifestación social de un hombre internamente enfermo.
Como dato anecdótico se puede
señalar que la referencia a los Borbones y a los problemas de la realeza, se
funda en un hecho reciente, la proclamación de la República Española el 14 de
Abril de 1931.
Sin embargo, como ya lo tratáramos
de explicar, muchas veces la crítica social acompaña como tema secundario un
determinado drama personal. Los poetas miran siempre la frustración y el dolor
de la persona –del que se compadecen- dejando constancia en algunos casos que
tal dolor nace de una injusticia social.
Con anterioridad ya me referí a la
hermosa y terrible poesía de Carriego “Residuos
de Fábrica”[232], en la que el poeta nos dice:
“El taller la enfermó, y así vencida
en plena juventud, quizás no sabe
de una hermosa esperanza que
acaricie
sus largos sufrimientos de
incurable”
Qué más decir sobre el drama, qué
descripción más humana, piadosa y trágica que la del poeta. A la joven se le
mató la esperanza de un futuro, toda esperanza. Para ella el mundo se terminó.
Es imposible no volver a recordar aquí el relato de Antoine de Saint Exupery
“Mozart asesinado”. La causa es evidentemente social: la fábrica, el taller. Se
trata sin duda de lo que hoy los abogados denominaríamos fríamente una
“enfermedad profesional”. Pero el poeta ve más allá. Aunque no sabemos cómo.
¿Se habrá cruzado Carriego con una pobre mujer enferma? o al contrario ¿el
poeta habrá escuchado innumerables historias acerca de las enfermedades
provocadas por el trabajo en las fábricas y expuso el drama de muchos en una
sola poesía? La respuesta no nos es necesaria. El drama ha sido expuesto como
en pocos casos a través de unas pocas líneas. Sin embargo, el mensaje más que
social es humano. Es el hombre que se queda sin esperanza a causa de un
fenómeno social. El poeta nos llama a compartir el drama y el dolor. El cambio
en el corazón traerá las modificaciones sociales. No propone el cambio de las
estructuras sociales para cambiar el corazón.
La tragedia del hombre
que no puede alcanzar sus sueños y se ve inmerso en una realidad que lo
frustra, en una sociedad que ayuda para eso, no es tan solo causada por las
estructuras económicas (la fábrica, la economía en general) sino por el egoísmo
de los semejantes, de los otros hombres que también verán frustrados sus
sueños. Así nos lo muestra el mismo poeta:
Detrás
del mostrador[233]
“Ayer la vi, al pasar,
en la taberna
detrás del mostrador,
como una estatua…
Vaso de carne juvenil que atrae
a
los borrachos con su hermosa cara.
Azucena regada con
ajenjo,
surgida en el ambiente
de la crápula,
florece, como muchas, en
el vicio
perfumado es búcaro de
miasmas.
¡Canción de esclavitud!
Belleza triste,
belleza de hospital, ya
disecada
quién sabe por qué mano
que la empuja,
casi siempre, hasta el
sitio de la infamia…
Y pasa sin dolor, así,
inconsciente,
su vida material de
carne esclava:
¡ copa de invitaciones y
de olvido
sobre el hastiado
bebedor volcada!”
Aquí no hay fábrica,
sino el egoísmo y la libertad de los individuos, de los hombres en concreto,
que con sus decisiones y quereres, matan al otro en vida.
Los tangos más actuales también
abordan o son testigos de la problemática social actual. Lo hace “Quedate en
Buenos Aires”[234]
de Cacho Castaña. Cuando se analice este tango dentro de cincuenta o cien años,
el escritor deberá explicar que se escribió en un momento en el que los nietos
y bisnietos de los inmigrantes, hurgaban hasta en la última boardilla, buscando
un certificado de nacimiento que les permitiera poner en un pié en Europa. Los
años de la diáspora porteña.
Pero también aquí se refleja un
hecho social, sin valorarlo. Sin relacionarlo con la justicia o injusticia
social.
Un tango que sí hace referencia
directa a lo social, es “Chiquilín de Bachín”. Digo que hace referencia a lo
social, porque no sólo se describe el drama del chico, sino que cuestiona a
quien lo observa sobre su responsabilidad. El estribillo cuestiona. El poeta es
interpelado por la realidad, no para entender únicamente la frustración del
chiquilín, sino para que vea lo que no ve: una miseria de origen social. Recordemos la letra:
“Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleame con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín”[235]
Y –para terminar con esta carta- la
pintura colosal que nos pinta la poeta con su poesía sobre nuestra situación
actual:
Argentina
primer mundo.[236]
En
el medio de este “mambo” y el delito más profundo…
el
cartel de primer mundo, nos vinieron a colgar.
Tan
grotesco es el absurdo, tan inmundo está
el chiquero
que
mirando el noticiero, me reí por no llorar!
Todo
el mundo está en el oro, dado vuelta de la nuca
nos
vendieron hasta el loro, la altivez, la dignidad!
No
termina de asombrarnos, y es tan grande el desatino…
que
hasta la leche y hasta el vino, hoy por hoy…
Les
tenés que desconfiar!
Y
me duele que sea cierto…Con dolor del más profundo.
Porque
si esto es primer mundo, este mundo dónde está…?
Si
parece la utopía de una “mamao” voy a hecértela bien corta…
se
afanaron con la torta, el honor y la verdad!
Nos
están pudriendo el aire, nos cambiaron el idioma.
Hoy
la “caca” de paloma es más limpia que el honor.
La
justicia ya sin venda a un corrupto le hace un guiño,
y
acomoda el desaliño del poder y del favor!
En
un loco “todo vale”, un caniche acicalado
“morfa”
más que un jubilado que no llega a fin de mes.
Y
en la indiferencia, entre el cólera y el “curro”…
hay
un juez que se hace el “burro” y también…
hay
un burro al que hacen juez!”
El
mensaje es claro. El tango es un testigo social, pero un testigo desde los ojos
principalmente de una clase media (alta, media y baja) que es conmovida por los
dramas sociales que sufre, como así también por las muy actuales lacras de la
corrupción y la pérdida de la identidad propia. El receptor de las letras del
poeta es aquel hombre concreto que vive y sufre lo que el poeta canta. No lo es
el corrupto, ni el que ha cambiado el Amor por el lucro exageradamente
innecesario e inmoral.
Es el hombre con su egoísmo y las
estructuras que crea para servirse de ellas, el que afecta la vida de otros
hombres que quieren cumplir sus sueños. Es nuestra libertad de ser egoísta o de
resignarnos, la que coayuda a tornar imposibles los ideales. Y si la vida,
realmente nos impide a todos alcanzar el ideal máximo, ello no es excusa para
que se nos arranquen las esperanzas de raíz.
En su aspecto “social” el tango
grita que al hombre se le deben dar las posibilidades de concretar sus sueños.
Así como también rescata a un hombre que pone un orden en su existencia, en la
que el Amor está antes que el dinero y donde el “otro” no debe ser un sujeto de
nuestro enriquecimiento, sino el objeto de nuestra compasión. El tango ve lo
que pasa y envía un mensaje de valor al corazón de los hombres. Entre esos
valores está la “honestidad” que lejos de ser un requisito para el ascenso
social, es una condición “sine que non” para vivir la compasión y el Amor.
Como siempre, te envía un gran
abrazo, tu amigo y discípulo:
Ramón.
Buenos Aires, 1° de
Noviembre de 2005.
Mi querido amigo y
maestro;
Continúo con mis cartas, acercándome
ya, cada vez más al final de esta tarea. Hoy quiero describir aquel otro
aspecto que consisten en aquellas normas que el tango reconoce como válidas
para que el hombre se construya como varón y la mujer como mujer.
Son las normas “morales” del tango. Aquellas que exigen una determinada conducta
como condición de realización de una persona.
Estas normas aparecen desperdigadas
en muchos tangos, sin un orden claro. Muchos de estos valores son la
encarnación de los aspectos distintivos del tango que señalaba en mis primeras
cartas: el amor, los sueños o ideales, la
libertad, la compasión. La remisión a los mismos, salvo excepciones será
breve atento que ya han sido tratados como elementos distintivos o parte
esencial de la cosmovisión del tango. Pero hay otros valores, que también son
resaltados por el tango, que deben ser incluidos a los fines de permitir que se
forme la imagen de lo que el tango considera un varón o mujer completos. Lo que
no es otra cosa que valores deben ser vividos por el hombre para su realización
como tal.
De un modo especial, estos valores
que deben ser vividos se transforman en normas que impelen a su cumplimiento y
que rechazan su desconocimiento o negación.
1. El amor.
Vivir el amor –y esto lo hemos
repetido hasta el cansancio en este trabajo- es no sólo lo que hace pleno al
hombre sino que le da su felicidad. Si bien lo hemos dicho, no podíamos dejar
de nombrarlo aquí.
El hombre y la mujer son valorados
cuando viven el amor, cualquiera que haya sido su pasado. “No me importa tu pasado...” canta el tango.
2. Los sueños o
ideales.
El tango supone la existencia de una tragedia que nace de
la confrontación de la realidad con los sueños (ideales). Necesariamente esto
se traduce en la exigencia de poseer ideales. No es un hombre completo quien no
tiene sueños o ideales.
Como nos lo dice
Eladia Blázquez:
“Yo quise ser un
barrilete
buscando la altura
en mi ideal,
tratando de
explicarme
que la vida es algo
más
que darlo todo por
comida.”[237]
Justamente, es quien carece de ideal
aquel que incurre en el reproche más grave por parte del tango. Es el “gilito de barrio norte” o “el vejete adinerado que pretende comprar el
amor de una mujer”. Son aquellos que quedan fuera del universo del tango.
Los que ni siquiera pueden ser objeto de arrepentimiento, perdón o redención
tardía. Los que tampoco merecen compasión.
Volveré sobre este tema al tratar
los antivalores.
3. La libertad.
Si bien siempre en
el marco de una vida que impide alcanzar los ideales, por una u otra razón que
necesariamente se da o presenta (determinismo) el tango impone la libertad como un valor. El hombre es un
ser libre y es él quien elige su destino. La vida (como destino, determinismo o intervención de
Dios), lo ayudará más o menos a conseguir su ideal, pero siempre dentro del
marco de la decisión tomada.
Son muchos los
ejemplos. Tal vez el más claro resulte el tango de Eladia Blázquez “Prohibido
Prohibir” que ya se ha transcripto al tratar la libertad como uno de los elementos esenciales de la filosofía
del tango.
Como valor
individual, la libertad no ha de verse como un requisito que existe o se da en
la realidad, sino como una exigencia del hombre a construir su propia vida. A
decidir su destino:
“Yo maté mis
ilusiones...
yo amargué mi
propia vida...
yo sentí en mi alma
herida
el dardo del dolor
que el vicio me dejó...
Desde entonces,
penas lloro
y sólo el cariño
imploro
de mi madre, a
quien adoro
y mis desvíos
sintió...”[238]
4. La compasión.
Es éste otro
elemento esencial y a la vez un valor reiterado en muchísimos tangos. Basta
transcribir las siguientes citas:
“¿Te acordás
hermano, la rubia Mireya
que quité en lo de
Hansen al guapo Rivera?
¡Casi me suicido
una noche por ella,
y hoy es una pobre
mendiga harapienta...!
¿Te acordás,
hermano, lo linda que era?
¡Se formaba rueda
pa’ verla bailar!
Cuando por la calle
la veo tan vieja,
doy vuelta la cara y me pongo a llorar”[239]
“Margó ha vuelto a
la ciudad
con el tango más
amargo.
Su cansancio fue
tan largo
que el cansancio
pudo más.
Varias noches el
ayer
se hizo grillo
hasta la aurora,
pero nunca como
ahora,
tanto y tanto hasta
volver.
¿Qué pretende, a
dónde va
con el tango más
amargo?
¡Si ha llorado
tanto Margó
que dan ganas de
llorar”.[240]
En
los primeros tangos aparece la compasión más simple, la que genera dolor, pero
lamentablemente no conlleva la acción. Se llora por el otro o las lágrimas del
otro se convierten en mis propias lágrimas, como en Margó.
Eladia
Blázquez da un paso más adelante. Primero nos habla de la compasión que le
genera
”Con las alas del
alma desplegadas al viento
ante cada noticia
de estupor, de injusticia,
me desangro por
dentro y me duele la gente,
su dolor, sus
heridas porque así solamente
interpreto la vida”
[241]
Y luego del dolor compartido que me acerca al otro.
Me une al otro. La compasión se transforma en afectuosa acción:
“Si a vos te duele como a mí...
La lluvia en el jardín y en una
rosa.
Si te dan ganas de llorar,
a fuerza de vibrar por cualquier
cosa.
Decí que hacemos vos y yo
que cosa vos y yo sobre este mundo!
Buscando amor en un desierto
tan estéril y tan muerto
que no crece ya la flor!
Vení...Charlemos, sentáte un poco.
No ves que sos mi semejante!
A ver probemos, hermano loco
salvar el alma cuanto antes.
Es un asombro, tener tu hombro
y
es un milagro la ternura...
Sentir tu mano fraternal
Saber que siempre para vos...
El bien es bien y el mal es mal!”[242]
5. La amistad.
La compasión que me une al otro,
genera amistad y la amistad es un
valor como pocos reiterado por el tango. No es que hay que tener amigos, hay que saber ser amigos.
Y saber ser amigo
es serlo en las buenas y en las malas:
“Los amigos se cotizan
en las malas y en las buenas;
a mi me dieron chaucha
y la reparto con vos...”[243]
Amistad que no puede ser de ocasión:
fulero y confidente
de aquellos que se sienten
amigos de ocasión.”[244]
6.
Características del varón: querer el bien del otro, perdonar, compromiso con el
amor.
“Varón
pa’ quererte mucho…
Varón
pa’ desearte el
bien…
Varón
pa’ olvidar los
agravios
porque ya te
perdoné.
Tal vez
no lo sepas nunca…
Tal vez
no lo puedas creer…
¡ Tal vez
te provoque risa
verme tirao a tus
pies!”[245]
El poeta describe
en este verso distintos valores: a) “quererte
mucho” que no es otra cosa, según mi interpretación que asumir el
compromiso del amor. La rectitud en el compromiso asumido con el otro, aún
cuando el otro no lo cumpla. No existe en el compromiso amoroso la “exeptio non
adimpleti contractus”; b) “desearte el
bien”, compromiso que exige desear y
buscar el bien del otro; c) “ olvidar los
agravios porque ya te perdoné” El perdón sin condicionamiento.
7.
El perdón.
El perdón aparece en muchos tangos, visto
desde distintas perspectivas, pero siempre como un valor:
Y se reitera en
otros versos como condición o consecuencia del amor.
“Y si un día por
culpa mía
una lágrima
vertiste,
porque tanto me
quisiste
sé que me
perdonarás.”[246]
Y
el perdón es fructífero:
“Déjame que llore
crudamente
con el llanto viejo
del adiós;
adonde el callejón
se pierde
brotó el yuyo verde
del perdón.”[247]
O
el perdón como base de la esperanza:
“Y si acaso algún
día quisiera volver
a mi lado otra vez,
yo la he de perdonar;
si por celos un
hombre a otro puede matar,
se perdona cuando
habla muy fuerte
el querer a
cualquier mujer.”
Y
acerca a la felicidad el buen recuerdo de quien se fue:
“Sin embargo
yo siempre te recuerdo
con el cariño santo
que tuve para ti
y estás dentro de
mi alma
pedazo de mi vida,
en la ilusión
querida
que nunca
olvidaré.”[248]
8.
El arrepentimiento.
“Bajó el bacán la
cabeza y él, tan rana y tan compadre,
besándole los
cabellos lloró como una mujer”[249]
“Y después...
en el silencio de
tu voz
se hará un dolor de
soledad
y gritaré para
vivir...
como si huyera del
recuerdo
en arrepentimiento
para poder morir.”[250]
El
arrepentimiento no es debilidad, es amor. Es reconocimiento del error y
apertura al bien, incluso a la redención como sucede en el último fragmento
citado.
9. Generosidad y Sacrificio.
En su tango “Confesión”,
“Fue a conciencia pura que perdí tu
amor,
nada más que por salvarte.
Hoy me odiás y yo, feliz,
me arrincono pa’ llorarte.
El recuerdo que tendrás de mi
será horroroso;
me verás siempre golpeándote,
como un malvao.
¡ Y si supieras bien qué generoso
fue que pagase así tu gran amor.
¡Sol de mi vida,
fui un fracasao;
y en mi caída
busqué dejarte a un lao,
porque te quise tanto,
tanto que, al rodar,
para salvarte sólo supe
hacerme odiar…!”[251]
10
La pureza./inocencia.
La pureza aparece
como un valor, especialmente en aquellos versos en los que se recuerda la
primera novia. Distintos poemas nos lo recuerdan, aún cuando el tango rescata
el amor sin importar el pasado.
No es un
contrasentido. La pureza es un valor. Sin embargo, aún cuando se haya perdido
es posible vivir el amor.
Pero aún, en muchos
casos se considera pura y buena a
aquellas mujeres que no tienen un pasado intachable. La bondad es una característica que trasciende la experiencia pasada.
Siempre el hombre (o la mujer) por encima de sus actos. Los actos no definen la
naturaleza. Así como no existen los “delincuentes” sino los que han delinquido.
Tampoco existen las “perdidas” sino las que alguna vez se han equivocado.
No hay
contradicción entre bondad y pureza en
el tango. Ambos son dos valores que se reconocen en la mujer sin que por ello
la pérdida de pureza conlleve la falta de bondad.
“Siendo buena, eras
honrada;
pero no te sirvió
de nada
que otras cayeron
igual…”[252]
“Fuiste la piba
mimada
de la calle Pepirí,
la calle nunca
olvidada
donde yo te conocí;
y porque eras linda
y buena,
un muchacho medio
loco
te hizo reina del
piropo
con un verso muy
fifí.”[253]
“ Volcado el pelo
en el hombro,
negro carbón…
La noche parda en
los ojos…
¡Así es Ninón!
Callada, triste y
serena
como los cirios,
como la pena…
sencilla y pura,
toda ternura
en su corazón…
Pálida de azahar y
luna,
como ninguna…
¡Así era Ninón”.[254]
“Hoy me hablaron de
rodar
y yo dije a las
alturas:
-Margó siempre fue más pura
que la luna sobre el mar.
Ella tuvo que
llorar
sin un llanto lo
que llora,
pero nunca como
ahora,
sin un llanto hasta
sangrar…
Los amigos ya no
están,
son el son del
tango amargo…
¡Si has llorado
tanto Margo
que dan ganas de
llorar”[255]
“No debí pensar
jamás
en lograr tu
corazón,
y sin embargo te
busqué
hasta que un día te
encontré
y con mis besos te
aturdí
sin importarme que
eras buena.
Tu ilusión fue de
cristal:
se rompió cuando
partí,
pues nunca más
volví…
¡Que amarga fue tu
pena!”[256]
“Tu canción
tiene el frío del
último encuentro.
Tu canción se hace
amarga en la sal del recuerdo.
Yo no sé
si tu voz es la
flor de una pena;
sólo sé
que al rumor de tus
tangos, Malena,
te siento más
buena, más buena que yo.”[257]
11. La riqueza no es igual a la felicidad.
El hombre de tango sabe que riqueza
y felicidad no van de la mano. Se puede ser feliz con poco, especialmente si se
tiene amor:
“Cotorrito mistongo, tirado
en el fondo de aquel conventillo,
sin alfombra, sin lujo, sin brillo;
cuántos días felices pasé
al calor del querer de una piba
que fue mía, mimosa y sincera,
y una noche de infierno fulera
hacia el cielo de un vuelo se fue”.[258]
“ Tenés vento, sos
un gran señor,
pero a mi no me vas
a engrupir;
con tus frases de
mentido amor
perdés tiempo, ya
podés seguir…
Desde el pique,
viejo, te juné
la intención de
quererme comprar;
pero yo soy de buen
pedigrée.
a otra puerta andá
a golpear…
Viejito, ¡salud!
podés espiantar,
que mi juventud
no es flor pa’ tu
ojal.
La gloria que vos
a mí me ofrecés
guardala, mejor,
para otra mujer.
Mi pibe no es
bacán de bastón,
pero, has de saber,
tiene buen corazón.
Y soy para él,
pues bien yo lo sé,
no hay gloria mayor
que la del amor.
Yo no quiero farras
ni champán
ni vivir en un petit hotel,
y a la voiturette que vos me das
yo prefiero un
coche de alquiler…
Y un consejo sano
te daré
pa’ ponerle al dialoguito fin:
que compres un
peine y te saqués
del altillo el
berretín.”[259]
Generalmente el dinero aparece como
el elemento que corrompe. Que tienta a abandonar una vida de barrio, por ganar
un espacio en el que son comunes los lujos y placeres.
12. Ser buen perdedor.
Entre los valores está el honor. Y
dentro del honor está el ser buen
perdedor.
“ Ahora corrés en
cuadreras...
No tenés la manta aquella,
no te preocupa la cancha,
el stud ni el cuidador;
pero si algún día de éstos
te vuelvo a ver anotada,
yo me juego en la parada
porque soy buen perdedor.”[260]
13.
Ser honestos/tener moral.
Generalmente este
valor se define por los aspectos negativos. El hombre moral u honesto es el que
pierde. Pero su característica de valor se desprende del contexto del verso, en
el que el “honesto” es generalmente el mismo poeta.
En “Que vachaché”,
Discepolín nos dice:
“¿ Pero no ves,
gilito embanderado,
que la razón la
tiene el de más guita,
que la honradez la
venden al contado
y a la moral la dan
en moneditas?
¿Qué no hay ninguna
verdad que se resista
frente a dos pesos
moneda nacional?
¡Vos resultas,
haciendo el moralista
un disfrazado en
Carnaval!”[261]
14
Emoción/ sensibilidad al arte.
no te hace perder la calma
y que no te llora el alma
cuando gime un bandoneón.
Que si tenés sentimiento
los tenés adormecido,
pues todo lo has conseguido
pagando como un chabón.
Decime
si en tu vida pelandruna
bajo la luz de luna,
o si no bajo un farol,
vos te has sentido poeta
y le has dicho a una pebeta
que era más linda que el sol
Decime
si conocés la
armonía,
la dulce policromía
de las tardes de
arrabal,
cuando van las
fabriqueras
tentadoras y
diqueras
bajo el sonoro
percal.”.[262]
Este tango tiene
dos caras. Por un lado es una crítica a un muchacho
abacanado, que con su dinero obtiene sus placeres. Esto el poeta lo
considera un disvalor.
Por otra parte, nos
revela valores que debe reunir un hombre: tener una sensibilidad abierta a la
poesía, la música y los colores. El tango promueve un hombre abierto al arte.
Enriquecido por el arte. Lejos está de promover la incultura.
15 Reserva.
La reserva es un
valor en el tango, especialmente para los hombres:
“No me gusta ser ortiga ni nací pa’ lengua
larga,
y aunque me apure la yuta sé callar en la ocasión”[263]
16.
Rectitud.
“Derecho como amigo
o enemigo
no supo de traición
Cargado de romances
y de lances
la gente lo admiró”[264]
Este es uno de los
pocos valores que se rescatan de los “guapos” o de los “malevos”. La verdad es
que la figura del guapo impresiona, pero no ofrece valores a seguir. Salvo,
como sucede en este caso, donde se rescata la rectitud de obrar, la falta de
doblés_ “Derecho como amigo o enemigo no
supo de traición”.
17.
Humildad.
Es la constante actitud de los poetas del tango frente a la vida. Se ve
al otro no desde un punto de vista superior, como objeto de conocimiento,
sino desde la compasión que nace de la humildad de no saberse mejor. La mirada
puesta en el otro nos hace comprender la realidad de una misma naturaleza que
nos hermana.
Al mismo tiempo, la humildad del filósofo –o sea del poeta- es
consecuencia de la humildad del pueblo en el que nace el poeta. Los pueblos
arrogantes ensalzan a sus poetas arrogantes. Los pueblos humildes a los poetas
que trasmiten esa humildad.
“Y así, como esta
historia que acabo de contar,
así se amasa el
alma humilde del arrabal”.[265]
18
La hombría por sí misma.
“¿Te acordás
hermano, qué tiempos aquellos…?
Eran otros hombres,
más hombres los nuestros.
No se conocía coca
ni morfina;
los muchachos de
antes no usaban gomina…”[266]
El hombre de tango
es valiente. Es o debe ser capaz de jugarse la vida por una mujer, como por
cualquier otra cosa (recordemos el tango “A
la luz del candil”) Y esas actitudes deben salir de su propio ser, y no ser
agregadas ni por la “coca ni la morfina”.
19
Fidelidad.
“¿Te acordás, las
mujeres aquellas,
minas fieles de
gran corazón…”[267]
La fidelidad, tanto
a de la mujer al hombre como en sentido inverso. También está la fidelidad
entre amigos (“los amigos son amigos en
las malas y en las buenas”).
La fidelidad no es consecuencia del
amor, pero consolida a éste. Y el tango lo tiene muy presente.
Meditando sobre aquellos que nos
precedieron y sus valores, vuelvo a interrumpir mi tarea. Luego de un merecido
descanso continuaré.
Te envío un gran abrazo:
Ramón
Buenos Aires, 5 de
Noviembre de 2005
Mi querido amigo y
maestro:
Los valores descriptos en mi carta
anterior, podrían transformarse en mandatos o normas morales para el hombre de
Buenos Aires, señalando como debe vivir para ser feliz:
1. El hombre debe
amar.
2. Debe vivir su
libertad.
4. Debe tener
amigos.
5. Debe ser fiel.
6. Debe ser
compasivo.
7. Debe honrar la
amistad.
8. Debe perdonar.
9. Debe ser
generoso hasta el sacrificio por el otro.
10. Debe
arrepentirse de sus errores.
11. Debe buscar la
pureza e inocencia.
12. No debe buscar la felicidad en la riqueza.
13. No debe vender
su honorabilidad.
14. Debe ser
honesto.
15. Debe ser buen
perdedor.
16. Debe aprender a
ser sensible al arte.
17. Debe ser
reservado.
18. Debe tener un
obrar recto.
19. Debe ser
humilde.
20. Debe ser varón
(tener hombría).
Cualesquiera de
estos enunciados puede ser expresado de modo negativo, por ejemplo: no ser orgulloso, no ser infiel,etc.
Así podemos trazar
un perfil del porteño ideal: Es un
hombre que vive en Buenos Aires, en un barrio de Buenos Aires. Ha tenido una
madre que le dio su cariño y una primera novia que aún recuerda con amor. En su
vida lo más importante es justamente eso, la búsqueda del amor. Lamentablemente
la vida misma se ha encargado de ir cerrándole las puertas a sus sueños. No
sólo la vida misma, sino también sus errores, porque la vida la vive en
libertad. Sin embargo constantemente lucha por conseguir sus sueños. Lucha que
debe vivir con hombría. Los hechos que la vida le presenta, no importa la
envergadura de ellos ( se trate de la muerte de sus seres queridos, la traición
en el amor o la amistad, la enfermedad, la cárcel, la poca fortuna, etc) no le
impiden ni justifican que abandone esa lucha. Cuenta con muchos factores a su
favor. El primero de ellos es su capacidad de tener sueños o ideales. Otras son
los amores ya vividos que le han mostrado que el amor existe. Sus amigos son
otro valor, el hombre no va solo por la vida. El hombre es esencialmente
relación y esa relación se vive principalmente en la amistad. Esa misma amistad
tiene consecuencias que lo obligan a no servirse de los amigos sino a ser él
principalmente amigo. Pero su principal valor consiste en haber descubierto a
los demás y haberse descubierto él a
través de los demás. Se ha dado cuenta que los demás hombres tienen una vida
como la de él y en ese espejo reconoce lo que él mismo es. Eso hace que a su
vez, descubra que los demás son tan importantes o esenciales como él. No están
puestos en el mundo para que él se sirva de ellos, sino que son, cada uno de
ellos, fines en sí mismo, como lo es él. Eso lo lleva a la compasión, a la
generosidad e incluso al sacrificio propio en beneficio del otro. Finalmente,
al final de su vida comprende que ha vivido el amor en diversas ocasiones sin
haberlo alcanzado de modo absoluto. Sabe que no es posible conseguirlo, y
vuelve su vista al pasado, a los amores más puros para volver a hundirse en ellos en su último acto como hombre.
Pero el tango y sus poetas no sólo nos
refieren los valores, sino también algunos valores negativos o antivalores, que
no necesariamente son la contracara de los valores señalados precedentemente.
La mención a los mismos, como te mostraré en el detalle que sigue a
continuación, es menor a la de los valores. Ello obedece que el tango a pesar
de las descarnada descripción de la constante lucha, pone su atención
principalmente en los aspectos que quiere resaltar como esenciales de su
filosofía, y no en aquellos que por el contrario, alejan al hombre de su
posibilidad de ser hombre.
a)
Disvalores simples.
“¡ Y pensar que hace diez años
fue mi locura…!
¡Que llegué hasta la traición
por su hermosura…!
¡Que esto que hoy es un cascajo
fue la dulce metedura
donde yo perdí el honor…!
¡Que chiflado por su belleza
le quité el pan a la vieja,
me hice ruin y pechador…!
¡ Que quedé sin un amigo…!
¡Que viví de mala fe…!
¡Que me tuvo de rodillas,
sin moral hecho un mendigo
cuando se fue…!”[268]
En otros casos es la traición de una mujer:
“Tu amor se secó de golpe,
nunca dijiste por
qué;
yo me consuelo pensando
que fue traición de mujer.”[269]
La
falta de comprensión es vista también negativamente:
“No supe comprender tu desesperación
y alegre me aleé en alas de otro
amor…”[270]
El daño causado al
“otro” por provecho propio, con conocimiento y libertad.
“No debí pensar jamás
en lograr tu corazón,
y sin embargo te busqué
hasta que un día te encontré
y con mis besos te aturdí
sin importarme que eras buena.
Tu ilusión fue de cristal:
se rompió cuando partí,
pues nunca, nunca más volví..
¡ Que amarga fue tu pena!”[271]
b) Los Disvalores Esenciales.
Hay otras conductas, que lejos de afectar al hombre que los
comete, hundiéndolo en su fracaso o abriéndole la posibilidad de redención
mediante el arrepentimiento o el perdón, su efecto es la desvalorización de la
persona en el marco de la cosmovisión de
los poetas.
Estos
son los ejemplos:
Las cuarenta
“-Vieja calle de mi barrio, donde he
dado el primer paso,
vuelvo a vos gastado el mazo en
inútil barajar;
con una llaga en el pecho, con mi
sueño hecho pedazos,
que se rompió en un abrazo que me
diera la Verdad.
Aprendí todo lo malo, aprendí todo
lo bueno;
sé del beso que se compra, sé del
beso que se da;
del amigo que es amigo siempre y
cuando le convenga
y sé que con mucha plata uno vale
mucho más.
Aprendí que en esta vida hay que
llorar si otros lloran
y si la murga se ríe, uno se debe
reír.
No pensar ni equivocado, ¿para qué,
si igual se vive,
y además corrés el riesgo que te
bauticen gil?
La vez que quise ser bueno, en la
cara se me rieron;
cuando grité una injusticia, otros
me hicieron callar…
La experiencia fue mi amante, el
desengaño mi amigo:
toda carta tiene contra y toda
contra se da…
Hoy no creo ni en mí mismo; todo es
grupo, todo es falso;
y aquél que está más alto es igual a
los demás.
Por eso no has de extrañarte si
alguna noche, borracho,
me vieran pasar del brazo con quien
no debo pasar.”[272]
“No es la falta de dar a luz un niño
la ley de dar frutos es ley de la
flor;
no peca quien brinda la fe del
cariño
ni es crimen el darse confiada en el
amor.
¡Malvado es el hombre, que infiere
la ofensa!
¡Infame es el hombre, que bebe y se
va,
y deja la fuente, la flor, y no
piensa,
no piensa siquiera que un ser
nacerá![273]
Este primer tango, es en parte un
compendio de los desvalores que marcan los poetas:
- El beso que se
compra (la prepotencia de conseguir amor por dinero).
- La amistad por
conveniencia.
- Valoración de las
personas por su dinero.
- Adaptación a los
demás por conveniencia y no por autenticidad.
- No pensar por no
comprometerse.
- Hacer callar a
quien reclama ante las injusticias.
Los poetas que no condenan a quien
se vende por dinero, si condenan a quien incurre en la prepotencia de tratar de
conseguir el amor con dinero. La condena es doble. Por un lado –el más
concreto- se rechaza a quienes con su dinero o situación de poder, terminan
alejando del buen camino a aquellas amigas o novias del barrio. Sin embargo, la
crítica entiendo que es más profunda: nadie puede pretender alcanzar los
ideales con dinero.
El dinero en sí no es malo. Por el
contrario, principalmente el cine relacionado con el tango mostró el éxito
social de muchos personajes, que pasaron del arrabal a vestir con smoking. No
se condena ese éxito, se condena que por dinero se pretenda obtener aquello que
solo se obtiene con actitud de vida.
En este sentido, el tango es
innovador. A diferencia de la sociedad que condena a la prostituta pero
nada dice de quien utiliza sus servicios, el tango hace hincapié en la conducta
deshonrosa de quien se siente con derecho sobre otros por el solo hecho de
tener dinero.[274]
Estos son algunos ejemplos:
“Tenés vento, sos un gran señor,
pero a mí no me vas a engrupir;
con tus frases de mentido amor
perdés tiempo, ya podés seguir…
Desde el pique, viejo, te juné
la intención de quererme comprar;
pero yo soy de buen pedigrée,
a otra puerta andá a golpear…”[275]
“Pero no ves, gilito embanderado,
que la razón la tiene el de más
guita,
que la honradez la venden al contado
y a la moral la dan por moneditas?”[276]
En otras situaciones, la crítica es
más abarcadora y social, alcanzando a aquellos personajes de dinero, que por su
cuna se encuentran incapacitados para
comprender los valores que cantan los poetas del tango:
Muchacho
“Muchacho,
que porque la suerte quiso
vivís en un primer piso
de un palacete central;
Que decís que un tango rante
no te hace perder la calma,
y que no te llora el alma
cuando gime un bandoneón.
Que si tenés sentimiento
los tenés adormecido,
pues todo lo has conseguido
pagando como un chabón.
Decime
si en tu vida pelandruna
bajo la luz de la luna,
o si no bajo un farol,
vos te has sentido poeta
y le has dicho a una pebeta
que era más linda que el sol…
Decime
si conocés la armonía,
la dulce policromía
de las tardes de arrabal,
cuando van las fabriqueras
tentadoras y diqueras
bajo el sonoro percal.”[277]
que para vicios y placeres,
para farras y mujeres
disponés de un capital…
Muchacho,
que no sabés el encanto
de haber derramado llanto
por un amor de mujer;
que no sabés qué es secarse
en una timba, y armarse
para volverse a meter…
Pero peor aún que
quienes nacieron en una cuna privilegiada
son aquellos, que habiendo nacido en el arrabal, reniegan de sus valores, para
tratar de identificarse con los anteriores:
Niño bien.
“Niño bien,
pretencioso y engrupido,
que tenés berretín de figurar;
niño bien, que llevás dos apellidos
y que usás de escritorio el Petit
Bar;
pelandrún, que la vas de distinguido
y siempre hablas de «…la estancia de papá»
mientras tu viejo,
pa’ ganarse el puchero,
todo los días sale a vender fainá…
Vos te crees que porque hablás de ti,
fumás tabaco
inglés,
paseas por Sarandí
y te cortás la patilla a lo Rodolfo
sos un fifí…
Porque usás la corbata carmín
y allá en el Chantecler
la vas de bailarín,
y te mandás la biaba de gomina,
te crees que sos un rana…
¡ Y sos un pobre gil!
de un bulín alumbrado a querosén;
que tenés pedigrée bastante turbio
y decís que sos de «…de familia bien…»
No manyás que estás
mostrando la hilacha;
Y al caminar, con aire triunfador,
se ve bien claro que tenés mucha
clase
para lucirla detrás de un
mostrador.”[278]
Tal
vez el más triste de los ejemplos es el de aquel que ni siquiera intenta
disfrazarse su pedigrée, sino que favorecido por la vida, olvida.
Giussepe el zapatero
“E tique, tuque, taque, se pasa todo el día
Giussepe el zapatero, alegre
remendón,
masticando el toscazo y haciendo
economía,
pues quiere que su hijo estudie de
doctor.
El hombre, en su alegría, no teme al
sacrificio,
y así pasa la vida, contento y bonachón.
-¡Ay,
si estuviera, hijo, tu madrecita buena…!
El recuerdo lo
apena y rueda un lagrimón.
Tarareando La Violeta
Don Giuseppe está
contento;
Ha dejado la trincheta:
¡el hijo se recibió!
Con el dinero juntado
ha puesto chapa en la puerta;
el vestíbulo arreglado,
consultorio con confort…
E
tique, tuque, taque, Don Giussepe trabaja…
Hace ya una semana el hijo se casó…
La novia tiene estancia y dicen que
es muy rica;
el hijo necesita hacerse posición.
E
tique, tuque, taque, ha vuelto Don Giussepe;
otra vez todo el día trabaja sin
parar,
y dicen los paisanos, vecinos de su
tierra,
-Giussepe
tiene pena y la quiere ocultar…”[279]
Existe sí un crimen
que el tango no justifica ni atempera de modo alguno: es la condena del
individuo por el poder. Este es un ejemplo:
“Declaran la huelga…
Hay hambre en las casas,
es mucho el trabajo
y poco el jornal;
y en ese entrevero
de lucha sangrienta,
se venga de un hombre
la Ley Patronal.
Los viejos no saben
que lo condenaron,
pues miente, piadosa,
su pobre mujer.”[280]
Quiero
terminar esta carta de modo más positivo, por esa razón he elegido para
cerrarla, volver a los valores, a aquellos que el tango rescata. Y creo que
nadie lo hace mejor que Eladia Blázquez, en ese himno que se llama titula: “Honrar la vida”.
Honrar
la vida
No! Permanecer y
transcurrir
no es perdurar, no
es existir
ni honrar la vida!
Hay tantas maneras
de no ser,
tanta conciencia
sin saber
adormecida…
Merecer la vida no
es callar y consentir,
tantas injusticias
repetidas…
Es una virtud, es
dignidad!
y es la actitud de
identidad
más definida!
Eso de durar y
transcurrir
no nos da derecho a presumir.
Porque no es lo
mismo que vivir…
Honrar la vida!
No! Permanecer y
transcurrir
no siempre quiere
sugerir
honrar la vida!
Hay tanta pequeña
vanidad,
en nuestra tonta
humanidad
enceguecida.
Merecer la vida es
erguirse vertical,
más allá del mal,
de las caídas…
Es igual que darle
a la verdad,
y a nuestra propia libertad
la bienvenida…!
Eso de durar y
transcurrir
no nos da derecho a
presumir
porque no es lo
mismo que vivir…
Honrar la vida!”[281]
Como siempre, te envía un gran
abrazo, tu discípulo y amigo:
Ramón.
Buenos Aires 8 de
Diciembre de 2005.
Mi querido amigo y
maestro:
Finalmente
he llegado a la última carta, lo que me
parece casi imposible.
Cuando más me
adentraba en el tema, iban naciendo infinidad de ideas que quería de una manera
u otra volcar al papel.
Lo más difícil, en muchos casos, es
saber poner un limite. Y como te habrás dado cuenta por mis continuas
prórrogas, en este emprendimiento me ha sido especialmente difícil hacerlo.
Mucho me ha quedado por decir y
mucho por citar. ¡ Cuántos poemas he descartado o he podado con todo el dolor
de mi alma! Pero es así como deben ser las cosas. Y he llegado al fin, al
menos, de este trabajo.
Está última carta será breve, pero
entiendo que sustanciosa. Haré referencia a los dos temas que quedan
pendientes. Asimismo, te adjunto a ella el Epílogo o conclusiones, que también
he abordado de un modo especial.
1.
Las Leyes del
Destino
Me
he referido en mis cartas anteriores al “destino” o cierto “determinismo” que
se presenta en el tango de modo constante, que funda una idea generalizada de la vida, de un modo u otro,
termina enfrentándonos con nuestro fracaso en alcanzar nuestro sueño, nuestro
ideal.
No resulta
necesario volver a resaltar las múltiples referencias a este tema.
¿Puede considerase
ésta una Ley de la vida?
Más que una ley es
2.
La ley de Dios y el
lus Naturalismo
En dos tangos diferentes encontramos una mención expresa de la “Ley de
Dios:
En “Adiós, muchachos” el poeta nos dice:
“Es Dios el juez
supremo,
no hay quien se le
resista;
ya estoy acostumbrado
su ley a respetar.”[282]
Por su parte, José María Contursi nos dice en su tango “Gricel”:
“¿Qué será Gricel de mí...?
Se cumplió la ley de Dios
porque sus culpas ya pagó
quien te hizo tanto daño”[283]
Ello
no es raro, atento que Dios mantiene una presencia constante en el tango. como
ya lo he demostrado antes, citando muchos otros ejemplos, además de éstos.
Sin
embargo sí llama la atención y por ello lo he dejado para el final, el
siguiente poema de Antonio Nápoli al que le pusiera música Agustín Magaldi.
Se trata de un poema de la primera época del tango, en el que el poeta
expone un pensamiento que entendemos era compartido por los destinatarios del
mismo: Existe un derecho natural que es superior al derecho positivo. La
lectura del poema nos brindará aún más elementos:
“ Levanta la
frente, no escondas la cara;
enjuaga tus lágrimas, échate a reír...
No tengas vergüenza,
a tu rostro aclara...
¿Por qué tanta
pena, por qué tal sufrir?
Ya sé que tu falta
será para el mundo
Escándalo, risa,
placer y baldón;
Mas yo soy tu
hermano, y al ser juez me fundo
según los dictados
que da el corazón.
No es falta la
falta de dar luz un niño,
la ley de dar
frutos es ley de la flor;
no peca quien
brinda la fe del cariño
ni es crimen el
darse confiada al amor.
¡ Malvado es el
hombre, que infiere la ofensa!
¡ Infame es el
hombre, que bebe y se va,
y deja la fuente,
la flor, y no piensa,
no piensa siquiera
que un ser nacerá!
Acercate, hermana;
no llores, no temas...
La ley de ser madre
es ley natural...
Las madres son
diosas son santas diademas
ya cumplan o violen
la norma legal.
la madre casada, la
madre soltera,
son todas iguales; son
una, no dos...
¡Lo nieguen las
leyes, lo niegue quien quiera,
son todas iguales
delante de Dios!”[284]
Tal
Vez nos puede parecer raro ahora, pero recordarás que la ley positiva condenaba
los hijos nacidos fuera del matrimonio. No sólo socialmente había un rechazo a
la madre que incurría en tal conducta, sino que además se penaba a los hijos
(como si fueran culpables de algún hecho) reduciendo su participación o
excluyéndolos del derecho de sucesión de sus padres.[285]
El poeta, en este
tango nos habla de algo más importante que la ley positiva: la ley natural
Y esa ley natural tiene origen en Dios.
Nada de lo que se
oponga a la misma es válido. Y esa certeza surge no del estudio del Derecho,
sino de la misma realidad y especialmente del corazón del juez. Esa ley fue
puesta en el corazón del hombre por Dios.
Y estas
conclusiones, lejos de constituirse en un tratado jurídico, son transmitidas al
conjunto del pueblo, en las letras de un tango. Y la aceptación de este tango,
convalida el pensamiento de su autor.
Y así, en un
diálogo compartido entre el poeta y su pueblo y entre vos y yo, termino este
trabajo, esperando haber cumplido con la tarea.
Un gran abrazo de
tu amigo y discípulo:
Ramón
-----Mensaje
original-----
Enviado el: Martes 6 de Abril
de 2004 13:10
Para: [email protected]
Asunto: RE: Tango &
Justicia...
Queridos muchachos:
Leí vuestro mail con mucho agrado.
Pero menudas preguntas...Y menuda tesis.
(desentraño la esencia de mi propia existencia)
Digo en alguna canción..... como si fuera fácil.
Para mí la justicia es un pilar fundamental en la
vida.
No puede haber justicia sin libertad, ni libertad sin
justicia y sin ambas, la ética pasaría a ser solo una palabra.
No se si el tango se ha ocupado de una manera específica
de
tampoco ha incursionado mucho en lo social,
sin embargo, a través de su filosofía profunda
(considerando que es una expresión popular)
desde ese sentimiento trágico de
o el simple sentimiento humano, que es la inteligencia
del alma,
pueda haberlo hecho en muchas páginas,
que sin duda serán las imborrables,
o por lo menos, en algún momento nos emocionan, porque
nos refieren.
Es muy interesante lo que están haciendo.
Calculo que son muy jóvenes y me llena de orgullo
ésta juventud estudiosa que nunca se muestra (o muy poco)
sobre todo en el carnaval mediático que nos toca
vivir.
Los felicito!
Adelante y un
abrazo.
Eladia Blázquez
ANEXO II
POEMAS Y POETAS
PERIODO HASTA 1910
|
TITULO |
FECHA
|
|
El Porteñito |
1903 |
|
El sol del veinticinco (La media
caña ó 25 de Mayo de 1884) |
1896/1917 |
|
La Morocha |
1905 |
|
Yo soy la rubia |
1901/1906 |
|
Angel
Gregorio Villoldo |
|
Domingo
Vicente Lombardi Villaruel |
|
Baronesa
Eloísa D. De Silva (Eloísa D'Herbil de Silva y Barboza) |
POEMAS Y POETAS PERIODO 1910-1920
|
TITULO |
FECHA |
|
De
vuelta al Bulín |
1917 |
|
El
sol del veinticinco (La media caña ó 25 de Mayo de 1884) |
1896/1917 |
|
Flor
de fango (El desalojo) |
1918 |
|
Ivette |
1918 |
|
Pascual
Contursi |
|
Domingo
Vicente Lombardi Villaruel |
POEMAS Y POETAS 1920-1930
|
TITULO |
FECHA |
|
Adios,
muchachos |
1927 |
|
A la
luz del candil |
1922 |
|
Alma
de Bohemio |
1928 |
|
Alma
en pena |
1928 |
|
Al
mundo le falta un tornillo |
1928 |
|
Allá
en el Bajo |
1926 |
|
A
media luz |
1924 |
|
A
media luz |
1926 |
|
Amigazo |
1924 |
|
Amurado |
1925 |
|
Aquel
tapado de armiño |
1928 |
|
Aquella
Cantina de la Ribera |
1926 |
|
Araca
corazón |
1927 |
|
Atenti,
pebeta |
1929 |
|
Audacia |
1925 |
|
Bailarín
compadrito |
1929 |
|
Bajo
Belgrano |
1926 |
|
Bandoneón
Arrabalero |
1928 |
|
Barrio
Reo |
1927 |
|
Buenos
Aires |
1923 |
|
Caminito |
1926 |
|
Carnaval |
1927 |
|
Como
se pianta la vida |
1929 |
|
Cotorrita
de la suerte |
1927 |
|
Cruz
de palo |
1929 |
|
Che
papusa, oí |
1927 |
|
Chingolito
(Ya no cantás, chingolo) |
1928 |
|
Chirusa |
1928 |
|
Chorra |
1928 |
|
Dando |
1928 |
|
De
todo te olvidas (cabeza de novia) |
1929 |
|
Duelo
Criollo |
1928 |
|
El
bulín de la calle Ayacucho (luego Mi Cuartito) |
1925 |
|
El carrerito (Ciche, Moro, Zaino) |
1928 |
|
El
Ciruja |
1926 |
|
El
Fantasma de la Boca |
1929 |
|
El
motivo (Pobre paica) |
1920 |
|
El
patotero sentimental |
1922 |
|
Esta
noche me emborracho |
1928 |
|
Farol
de los gauchos |
1929 |
|
Farolito
Viejo |
1927 |
|
Fierro
chifle |
1928 |
|
Fiesta
Criolla |
1927 |
|
Fumando
Espero |
1927 |
|
Galleguita |
1924 |
|
Garufa |
1928 |
|
Gloria |
1927 |
|
Griseta |
1924 |
|
Hacelo
por la vieja |
1924 |
|
Haragán |
1928 |
|
Hipólito
Irigoyen |
1927 |
|
Hopa,
hopa, hopa |
1925 |
|
Julián |
1923 |
|
Justicia
Criolla |
1926 |
|
La
casita de mis viejos (La casita de mis padres) |
1929 |
|
La
copa del olvido (Mozo, traiga otra copa) |
1921 |
|
La
Cumparsita |
1924 |
|
Ladrillo |
1927 |
|
La
gayola |
1927 |
|
La
Mazorquera de Monserrat |
1929 |
|
La
mina del Ford |
1924 |
|
La
pulpera de Santa Lucía |
1929 |
|
La
uruguayita Lucía (Gloria/Mano de Oro/Cuna de los bravos treinta y tres) |
1929 |
|
La
violeta |
1929 |
|
Leguisamo
solo |
1925 |
|
Lloró
como una mujer |
1929 |
|
Madre |
1922 |
|
Mala
Junta |
1928 |
|
Malevaje |
1929 |
|
Mamá,
yo quiero un novio |
1928 |
|
Marioneta
(La pobre muchacha del Royal) |
1928 |
|
Melenita
de Oro |
1922 |
|
Milonguera |
1925 |
|
Milonguita |
1920 |
|
Misa
de once |
1929 |
|
Mocosita
(Mi mocosita) |
1925 |
|
Muchacho |
1923 |
|
Muñeca
Brava |
1928 |
|
Niño
bien |
1922 |
|
Nubes
de Humo (Fume, compadre) |
1923 |
|
Nunca
tuvo novio |
1928 |
|
Organito
de la tarde |
1923 |
|
Oro
muerto (Jirón porteño) |
1926 |
|
Padre
Nuestro |
1923 |
|
Palomita
blanca |
1929 |
|
Patotero
Sentimental |
1922 |
|
Pero
yo sé |
1928 |
|
Pobre
colombina |
1927 |
|
Pompas
de Jabón (Pompas) |
1925 |
|
Por
dónde andará |
1926 |
|
Por
el camino |
1925 |
|
Portero
suba y diga |
1928 |
|
Príncipe |
1924 |
|
Puente
Alsina |
1926 |
|
Que
vachaché |
1926 |
|
Rosa
de Otoño |
1923 |
|
Seguí
mi consejo |
1928 |
|
Sentimiento
Gaucho |
1924 |
|
Siga
el corso |
1926 |
|
Silbando |
1923 |
|
Solo
se quiere una vez |
1929 |
|
Soy
un arlequín |
1928 |
|
Talán,
talán |
1924 |
|
Tango
sin letra |
1928 |
|
Tengo
miedo |
1926 |
|
Tiempos
viejos (Te acordas hermano) |
1926 |
|
Uno y
Uno |
1928 |
|
Ventarrón |
1923 |
|
Viejo
ciego (El ciego del violín) |
1926 |
|
Viejo
rincón (Moulín Rouge) |
1925 |
|
Yo te
recuerdo madre |
1928* |
|
Zaraza |
1929 |
|
Zorro
gris |
1920 |
|
POETAS |
|
José
María Aguilar |
|
Lito
Bayardo (Manuel Juan García Ferrari) |
|
Edmundo
Bianchi |
|
Héctor
Pedro Blomgerg |
|
Francisco
Brancatti |
|
Miguel
Eusebio Bucino |
|
Domingo
Enrique Cadícamo |
|
Eugenio
Cárdenas (Asencio Eugenio Rodríguez) |
|
Juan
Andrés Caruso |
|
José
Gonzalez Castillo |
|
Guillermo
de Ciancio |
|
Venancio
Juan Clauso |
|
Pascual
Contursi |
|
José
Pedro De Grandis |
|
Daniel
del Urde Rosas López Barreiro |
|
Enrique
Santos Discépolo |
|
Aldo
Expósito |
|
Emilio
Luis Ramón Falero |
|
Celedonio
Esteban Flores |
|
Roberto
Fontaina |
|
Claudio
Frolo |
|
Pedro
de Grandis |
|
Francisco
García Jiménez |
|
Carlos
César Lenzi |
|
Nolo
López (Manuel López) |
|
Samuel
Linning (Samuel Guillermo Eduardo Linnig) |
|
Azucena
Josefa Maizani |
|
Homero Manzi (Homero Nicolás Manzione Prestero) |
|
Alfredo
Marino |
|
Enrique
P. Maroni |
|
Julio
Plácido Navarrine |
|
Nicolás
Olivari |
|
Viejo
Pancho (José Alonso y Trelles) |
|
Gabino
Coria Peñaloza |
|
José
Luis Panizza |
|
Modesto
Hugo Papávero |
|
José
Rial |
|
José
Eneas Riú |
|
Manuel
Romero |
|
Verminio
Servetto (Juan Tomás Servetto) |
|
Víctor
Soliño |
|
José
Horacio Staffolani |
|
Atilio
Supparo |
|
Armando
José María Tagini |
|
Alfonso
María Rafael Tagle Lara |
|
|
|
Eduardo
Salvador Trongé |
|
Alberto Vaccarezza ( |
|
Pablo
Osvaldo Valle |
|
César
Felipe Vedani |
|
J.M. Velich/J. de Caro |
|
Carlos
Viván (Miguel Rice Treacy) |
|
Francisco
Brancatti y Juan Miguel Velich |
|
A.
Vacarezza y E. Delfino |
|
Agustín
Hirsuta-Roberto Fugazot y Lucas Demare |
|
Félix
Garzo y Juan Viladomat |
|
L.C.Amadori/
E. de Labar |
|
Pittalugo/Marsilli |
|
Magaldi/P. Noda/A. Magaldi |
|
Roberto
Lino Cayol |
|
A.
Magaldi / Noda |
POEMAS
Y POETAS 1930-1940
|
TITULO |
FECHA |
|
Acquaforte |
1931 |
|
Afilador |
1932 |
|
Almagro |
1930 |
|
Al
pie de la santa Cruz |
1933 |
|
Amores
de estudiantes |
1933 |
|
Anclao en Paris |
1931 |
|
Arrabal
Amargo |
1935 |
|
Betinotti |
1938 |
|
Cambalache |
1935 |
|
Canchero |
1930 |
|
Carrillón
de la Merced |
1931 |
|
Casas
viejas |
1935 |
|
Clavel
del Aire |
1930 |
|
Cobardía |
1938 |
|
Colorao,
colorao |
1930 |
|
Como
abrazao a un rencor |
1931 |
|
Confesión |
1930 |
|
Contramarca |
1930 |
|
Corrientes
y Esmeralda |
1934 |
|
Cuesta
abajo |
1934 |
|
Che
cuañataí |
1933 |
|
De mi
tierra criolla |
1932 |
|
Después |
1937 |
|
Desaliento |
1938 |
|
Desencanto |
1938 |
|
Desvelo |
1937 |
|
Dicen
que dicen |
1930 |
|
Dios
te salve, m'hijo |
1933 |
|
El
adiós |
1937 |
|
El
aguacero |
1931 |
|
El
día que me quieras |
1935 |
|
El
pescante |
1934 |
|
El
que atrasó el reloj |
1933 |
|
El
Rosal |
1932 |
|
En
blanco y negro (Milonga en blanco y negro) |
1930 |
|
Enfundá
la mandolina |
1930 |
|
Giussepe
el Zapatero |
1930 |
|
Golondrinas |
1933 |
|
Guitarra,
Guitarra mía |
1933 |
|
Ilusión
Azul |
1933 |
|
Infamia |
1939 |
|
Juan
Manuel |
1934 |
|
Jorobeta |
1933 |
|
Justo
el treinta y uno |
1930 |
|
La
canción de Buenos Aires |
1932 |
|
La
guitarrera de San Nicolás |
1936 |
|
La
novia ausente |
1932 |
|
La
que murió en Paris |
1930 |
|
La
viajera perdida |
1930 |
|
Las
cuarenta |
1937 |
|
Lejana
tierra mía |
1932 |
|
Levanta
la frente |
1936 |
|
Libertad |
1938 |
|
Lunes |
1939 |
|
Madamme
Ivonne |
1937 |
|
Madre
hay una sola |
1931 |
|
Mala
Suerte |
1939 |
|
Manoblanca
(El romántico fulero, con otra letra) |
1939 |
|
Mas
solo que nunca |
1932 |
|
Melodía
de Arrabal |
1933 |
|
Mi
Buenos Aires querido |
1934 |
|
Milonga
sentimental. |
1932 |
|
Milonga
Triste |
1937 |
|
Monte
Criollo |
1935 |
|
Noches
de Buenos Aires |
1935 |
|
No
llore viejita |
1930 |
|
Nostalgias |
1936 |
|
Olvidao |
1932 |
|
Oración |
1933 |
|
Padrino
Pelao |
1930 |
|
Pan |
1932 |
|
Por
el camino (Zamba del boyero/Canción del Boyero) |
1933 |
|
Por
la vuelta |
1938 |
|
Por
una cabeza |
1935 |
|
Preparate
pa'l domingo |
1931 |
|
Qué
sapa, Señor? |
1931 |
|
Quiero
verte una vez más |
1938 |
|
San
José de Flores |
1935 |
|
Secreto |
1932 |
|
Siempre
es carnaval |
1937 |
|
Silencio |
1932 |
|
Si se
salva el pibe |
1932 |
|
Si
soy así |
1933 |
|
Soledad |
1934 |
|
Sus
ojos se cerraron |
1935 |
|
Tomo
y obligo |
1931 |
|
Toque
de oración |
1931 |
|
Tormenta |
1939 |
|
Tres
Esperanzas |
1933 |
|
Vagabundo |
1931 |
|
Vamos
todavía |
1977 |
|
Victoria |
1930 |
|
Viejo
smoking |
1930 |
|
Volver |
1934 |
|
Volvió
una noche |
1935 |
|
Yira,
yira |
1930 |
POETAS
|
Luis Acosta García
|
|
Benjamín Alonso Tagle Lara |
|
Luis César Amadori |
|
Julio Aparicio |
|
A. Arce |
|
Alberto Juan Ballestero Medina |
|
Mario Battistella Zoppi |
|
Héctor Pedro Blomgerg |
|
Antonio Botta |
|
Francisco Brancatti |
|
Domingo Enrique Cadícamo |
|
Julio Alberto Cantuarias |
|
José María Contursi |
|
Luis Castiñeira |
|
José Gonzalez Castillo |
|
Guillermo de Ciancio |
|
José de la Vega |
|
Iván Diez (Augusto Arturo Martini) |
|
Enrique Santos Discépolo |
|
Enrique Dizeo |
|
Froilán (Francisco Gorrindo) |
|
Celedonio Esteban Flores |
|
Emilio Fresedo |
|
F. C. Frollo |
|
Francisco García Jiménez |
|
Carlos Gardel |
|
Enrique Gaudino |
|
Alfredo Le Pera |
|
A. Magaldi |
|
Homero Manzi (Homero
Nicolás Manzione Prestero) |
|
Juan Carlos Marambio Catán |
|
Antonio Nápoli |
|
Ivo Pelay |
|
Antonio Miguel Podestá |
|
José Rial |
|
Yamandú Rodríguez |
|
Manuel Romero |
|
Virgilio San Clemente |
|
Fernán Silva Valdez
( |
|
Juan Tavera |
|
José María Horacio Zubiría Mansilla |
|
Magaldi/Pracánico |
|
F. M. Navas
/ A. Magaldi |
|
A. Trimani / A. Magaldi
/P. Noda |
POEMAS Y POETAS 1940-1950
TITULO
|
FECHA
|
|
Adios,
Pampa mía |
1945 |
|
Ahora…no
me conocés. |
1941 |
|
Arrabalera |
1940 |
|
Así
es Ninón |
1946 |
|
Así
se baila el tango |
1943 |
|
Barrio
de Tango |
1942 |
|
Bien
Criolla y Bien Porteña |
1942 |
|
Bien
Pulenta |
1943 |
|
Cada
día te extraño más |
1943 |
|
Café
de los Angelitos |
1945 |
|
Cafetín
de Buenos Aires |
1949 |
|
Canción
desesperada |
1945 |
|
Carnavalera |
1941 |
|
Claudinette |
1940 |
|
Como
dos extraños |
1940 |
|
Cristal |
1944 |
|
Discos
de Gardel |
1945 |
|
El
cuarteador |
1941 |
|
El
Choclo |
1946 |
|
El
encopao |
1942 |
|
El
último organito |
1948 |
|
En
esta tarde gris |
1941 |
|
Esta
noche de luna |
1943 |
|
Eufemio
Pizarro |
1947 |
|
Farol |
1943 |
|
Fuimos |
1945 |
|
Garúa |
1943 |
|
Gricel |
1942 |
|
La vi
llegar |
1944 |
|
Lecherito
del Abasto |
1944 |
|
Los
mareados (antes Los dopados y En mi pasado) |
1942 |
|
Malena |
1941 |
|
Mañana
zarpa un barco |
1942 |
|
Margo
|
1945 |
|
María |
1945 |
|
Mariana |
1942 |
|
Medianoche |
1944 |
|
Mimí
Pinsón |
1947 |
|
Mi
Piba (linda) |
1943 |
|
Moneda
de Cobre |
1942 |
|
Nada |
1944 |
|
Naranjo
en flor |
1944 |
|
Negra
María |
1942 |
|
Nido
gaucho |
1942 |
|
Ninguna |
1942 |
|
No
aflojés |
1940 |
|
No te
apures, Carablanca |
1942 |
|
Pa’
que bailen los muchachos |
1942 |
|
Papa
Baltasar |
1942 |
|
Pedacito
de cielo |
1942 |
|
Percal |
1943 |
|
Que
lindo es estar metido (Que lindo es enamorarse) |
1946 |
|
Quemá
esas cartas |
1946 |
|
Que
solo que estoy |
1946 |
|
Remembranzas |
1940 |
|
Rondando
tu esquina |
1945 |
|
Rosicler |
1946 |
|
Rubí |
1944 |
|
Se
lustra, señor |
1946 |
|
Sin
palabras |
1946 |
|
Soledad
la de Barracas |
1945 |
|
Sombras…nada
más |
1940 |
|
Sur |
1948 |
|
Tal
vez será su voz (Tal vez será mi alcohol) |
1943 |
|
Tango
(Voz de Tango) |
1942 |
|
Tapera |
1947 |
|
Tarde |
1947 |
|
Tinta
roja |
1941 |
|
Toda
mi vida |
1941 |
|
Trenzas |
1944 |
|
Tres
amigos |
1942 |
|
Tres
Esquinas (antes Pobre Piba) |
1941 |
|
Tristezas
de la calle Corrientes |
1942 |
|
Tu
pálido final |
1941 |
|
Tu piel de jazmín |
1941 |
|
Una
lágrima tuya |
1949 |
|
Uno |
1943 |
|
Yuyo
verde |
1944 |
POETAS
|
|
Carlos Bahr |
|
Armando Balliotti |
|
Mario Battistela |
|
Domingo Enrique Cadícamo |
|
José Canet |
|
Luis Carusso |
|
Cátulo Castillo (Ovidio Cátulo González Castillo) |
|
Julián Centeya |
|
José María Contursi |
|
Pascual Contursi |
|
Enrique Santos Discépolo |
|
Enrique Dizeo |
|
Aldo Expósito |
|
Homero Aldo Expósito |
|
Héctor Gagliardi |
|
Francisco García Jiménez |
|
Juan Pedro López |
|
Homero Manzi (Homero
Nicolás Manzione Prestera) |
|
Héctor Marcó (Héctor Marcolongo) |
|
Marvil (Elizardo Martínez Vila) |
|
Roberto Miró |
|
Domingo Parra |
|
Ivo Pelay (Guillermo Juan Robustiano Pichot) |
|
Francisco Razzano |
|
Marcilio Robles |
|
Alfredo Faustino Roldán |
|
Manuel Romero |
|
José Rótulo |
|
Horacio Sanguinetti |
|
Carlos Waiss |
|
Mario Battistella Zoppi |
POEMAS Y POETAS 1950-1960
|
TITULO |
FECHA
|
|
Afiches |
1956 |
|
A
Homero |
1952 |
|
A mis
manos |
1955 |
|
Canzoneta |
1951 |
|
Che
bandoneón |
1950 |
|
Discepolín |
1950 |
|
El
último guapo |
1958 |
|
La
calesita |
1953 |
|
La
cantina |
1954 |
|
La
última |
1957 |
|
La
última curda |
1956 |
|
Los
cosos de al lao |
1954 |
|
Mientras
viva |
1957 |
|
Pa'
que sepan cómo soy |
1951 |
|
Pasional |
1951 |
|
Te
llaman malevo |
1957 |
|
Una
canción |
1953 |
|
Un
infierno |
1953 |
|
Whisky |
1951 |
POETAS
|
Norberto Aroldi
|
|
Abel Aznar |
|
Julio Camiolloni |
|
José Canet |
|
Cátulo Castillo (Ovidio Cátulo Gonzalez Castillo) |
|
Homero Aldo Expósito |
|
Enrique Lary |
|
Homero Manzi (Homero
Nicolás Manzione Prestera) |
|
Eugenio Majul |
|
Héctor Marcó |
|
Mario Soto |
|
R. Yiso |
POEMAS Y POETAS 1960-1968
|
TITULO |
FECHA |
|
El
cuarenta y cinco |
1967 |
|
El
último café |
1963 |
|
La
última grela |
1967 |
|
Nuestro
Balance |
1965 |
|
Sueño
de Barrilete |
1960 |
|
Yo
soy del treinta |
1963 |
|
POETAS |
|
Eladia Blázquez |
|
Cátulo Castillo |
|
Horacio Ferrer |
|
Héctor Mendez |
|
Chico Novarro |
|
María Elena Walsh |
POEMAS Y POETAS DESDE
1968 HASTA LA ÉPOCA ACTUAL
|
|
TITULO |
|
1.
|
Abril
en mi ciudad |
|
2.
|
Adiós
Nonino |
|
3.
|
¿Adónde
vás? Quedate en Buenos Aires |
|
4.
|
A don
Nicano Paredes |
|
5.
|
Alquien
se muere de amor |
|
6.
|
Argentina
Primer Mundo |
|
7.
|
A un
semejante |
|
8.
|
Azabache |
|
9.
|
Balada
para mi muerte |
|
10. |
Balada
para un loco |
|
11. |
Bien
de Nosotros |
|
12. |
Buenos
Aires conoce |
|
13. |
Cacho
de Buenos Aires |
|
14. |
Café
“La Humedad” |
|
15. |
Canción
sin puñales |
|
16. |
Con
las alas del alma |
|
17. |
Contame
una historia |
|
18. |
Cualquiera
de estas noches |
|
19. |
Cuando
era mía mi vieja |
|
20. |
Chiquilín
de Bachín |
|
21. |
El
amor total |
|
22. |
El
angel dormido |
|
23. |
El
corazón al sur |
|
24. |
El
corazón de tu violín |
|
25. |
El
cuarenta y cinco |
|
26. |
El
miedo a vivir |
|
27. |
El
vendedor de fantasías |
|
28. |
Ese
muchacho Tony |
|
29. |
Fantasma
de Belgrano |
|
30. |
Fiesta
y Milonga |
|
31. |
Garganta
con arena |
|
32. |
Gracias
a pesar de todo |
|
33. |
Hasta
el último tren |
|
34. |
Honrar
la vida |
|
35. |
Invierno
Porteño |
|
36. |
La
Gata Varela |
|
37. |
La
última grela |
|
38. |
La
voz de Buenos Aires |
|
39. |
Madrugada |
|
40. |
Mi
doble rol |
|
41. |
Milonga
en el viento |
|
42. |
No
importa la razón |
|
43. |
Ojalá
no puedas |
|
44. |
Para
vivir un gran amor |
|
45. |
Por
que amo a Buenos Aires |
|
46. |
Preludio
para un canillita |
|
47. |
Prohibido
prohibir |
|
48. |
Que
buena fe |
|
49. |
Que
falta que me hacés |
|
50. |
Que
tango hay que cantar |
|
51. |
Quiero
amarte aquí |
|
52. |
Sabés
una cosa (Las manos de los pájaros) |
|
53. |
Septiembre
del ‘88 |
|
54. |
Si
Buenos Aires no fuera así |
|
55. |
Siempre
se vuelve a Buenos Aires |
|
56. |
Sin
piel |
|
57. |
Si te
viera Garay |
|
58. |
Si yo
nací de su pincel |
|
59. |
Soy
un tango así |
|
60. |
Te
llaman soledad |
|
61. |
Tita
de Buenos Aires |
|
62. |
Todavía
puedo |
|
63. |
Tu
piel de hormigón |
|
64. |
Un
cielo de serenata |
|
65. |
Un
vestido de amor |
|
66. |
Ve y
corre hasta el fuerte negra |
|
67. |
Viejo
Tortoni |
|
68. |
Vivir
en Buenos Aires |
|
69. |
Voy
camino a los cincuenta |
|
70. |
Y
somos la gente |
|
POETAS |
Eladia Blazquez
|
|
Eladia Blazquez / E. Balcarce |
|
Eladia Blazquez/F. Mitelbach |
|
|
|
M. Caló/A.
Pontier/Federico Silva |
|
Julio Camilloni |
|
Cacho Castaña (Humberto Vicente Castagna) |
|
Cacho Castaña / Rubén Juárez |
|
Lalo de los Santos / Charly Bustos |
|
Alejandro Dolina |
|
Horacio Ferrer |
|
Enrique Francini / J. M
. Contursi |
|
Ruben Garello |
|
Alfredo Mario Iaquinandi |
|
Pascual Mamonne/Cátulo Castillo |
|
Litto Nebbia |
|
Héctor Negro (Ismael Héctor Varela) |
|
F. Páez |
|
Feranando Rolón |
|
María Elena Walsh |
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55.
ZUCCHI, Oscar D. “Edgardo Donato «a
plena luz»” en La Historia del Tango: Los
años veinte
[1] Te podría contar sobre aquel alemán
que llegó a la Argentina aún durante el Gobierno de Rosas y se casó con una
criolla. De cómo sus hijos se metieron en la Revolución del 90 y sus
descendientes en cuanta otra revolución hubo. Su hija en cambio, se casó con un
estudiante de medicina, que luego de cursar en el Colegio Nacional de Buenos
Aires, terminó recibiéndose y enrolándose en el ejército como médico militar
para colaborar con la tarea civilizadora en el país. Aquel militar que gustaba
reunirse a hablar de filosofía y poesía frente al fuego, con sus amigos y
camaradas, de las que aprendió también mi abuelo. Ese abuelo que concurría a lo
de Hansen, que conoció a Gardel, que me presentó a Tito Lusiardo cuando yo no
tenía más de diez años y cruzábamos el Río de la Plata en el “Vapor de la
Carrera”. Aquel abuelo que hasta sus últimos momentos recitaba de memoria los
versos de Carriego... El que me llevaba al Petit Café o el Aguila, en las
tardes cuando ya oscurecía y yo no tenía más de tres o cuatro años. Hombres
valientes, amantes de la poesía y de las reuniones con amigos. Que hacían
amigos en todas partes y que hacían de la amistad un culto. Ah, aquellos
hombres que se iban al desierto del Chaco o de la Patagonia para enfrentar la
indiada y los forajidos, cuando no existía ni la penicilina ni la antitetánica
y su única protección era estar del lado positivo de las estadísticas. Aquellos
que nos enseñaron a amar la vida, arriesgando la propia, dejándonos en claro
que nada tiene sentido cuando no se vive hasta las últimas consecuencias y que
un hombre sólo es tal cuando está dispuesto a dar por los demás todo lo que
tiene. Obligadamente ello los llevaba a vivir con honradez, desprecio por la
mezquindad, un humanismo y compasión por el hombre ajeno a toda discriminación
y un profundo amor por la poesía. Pues sólo los sentimientos y el amor
justifican vivir de tal manera. De mi abuelo -de aquel abuelo que tanto
extraño- entre otras muchas cosas,
aprendí a amar el Tango. De aquel abuelo que tuvo el privilegio de vivir
los años más intensos y creadores de la Argentina.
[2] Unamuno, Miguel de “Del sentimiento
trágico de la vida en los hombres y en los pueblos” Ed. Biblioteca Nueva ,
Madrid, 1999, pags.79, 80 y 83.
[3] Rabinovich-Berkman, Ricardo David
“Un viaje por la Historia del Derecho”, Ed. Quorum, Bs.
As. 2002, págs.
[4]
Unamuno, Miguel de: op. cit. pág. 79
[5] Kierkegaard, Soren VII A 82 L.
Citado por Prini. Prieto en “Historia del Existencialismo” Ed. El Ateneo, Bs.
As. 1975, traducción de Néstor Alberto Miguez, pág. 5.
[6] Unamuno, Miguel de: op. cit. págs.
79, 80 y 82.
[7] Rabinovich-Berkman, Ricardo David,
op. cit. pág. 43 y s.s.
[8] Rabinovich-Berkman, Ricardo David,
op. cit. pág. 55.
[9]
Ver correspondencia directa. Anexo I.
[10] Creo como vos que la historia no se
repite. Creo que es lineal y ascendente. Sin embargo puede descubrirse en ella
la concatenación de hechos y la relación de causa y efecto entre los mismos.
Tampoco hay que olvidarse que el sujeto de la historia es siempre el hombre, y
¿puede éste repetir sus conductas en situaciones similares?. Un teólogo decía
que la historia es la respuesta de amor de los hombres a Dios. La definición,
desde su particular perspectiva me gusta y a la vez, confirma en parte lo
dicho. El hombre es único en su existencia y su respuesta ante Dios, ante la
vida, siempre le es propia. Habrá respuestas similares, pero nunca iguales.
La historia nos permite conocer las consecuencias y sus
causas o las causas y sus consecuencias. Nos permite entender porqué el hombre
ha llegado a tal o cual lugar. Es evidente que no siempre con la mayor claridad
ya que cuesta mucho en algunos casos desentrañar esa relación de causa y
efecto. Por supuesto, dejamos de lado a todos aquellos que pretenden adaptar
los hechos históricos a su interesado e ideológico esquema de causas y
consecuencias.
Pero la historia hace a la esencia del hombre. El hombre es
tal y se ha diferenciado de las demás especies, por su capacidad de transmitir
los conocimientos de una generación a otra e ir avanzando en ese camino.
“Transmisión” más “innovación” y encontramos parte de la explicación del
desarrollo del hombre. No la única pero sí según sin la cual no.
Y qué es esa transmisión de conocimientos más que
saber histórico, se trate de hechos más inmediatos o mediatos.
[11] Véase: “FERRER, Horacio El Tango, su historia y Evolución. Ed.
Peña Lillo,. Ediciones Continente, Buenos Aires, 1999. Recomiendo la obra de
Ferrer, que entre otras cosas realiza un excelente cuadro que refleja no sólo
los distintos cambios, sino la cadena causal de cada uno de ellos.
[12] Gobello, José “Breve Historia
Crítica del Tango”, Ed. Corregidor, Bs. As. 1999, pág 15 “Durante los años
posteriores a la ‘peste grande’ –la fiebre amarilla, que se prolongó durante el
primer semestre de 1871 y ocasionó unos 13.600 muertos, de los cuales 6.200
eran italianos-, cuando Buenos Aires rondaba los 180.000 habitantes, (...) Los
jóvenes varones que habitaban entonces Buenos Aires no pasaban de los 45.000,
de los cuales 36.000 eran inmigrantes y apenas 9.000, nativos, y ciertamente no
todos los 9.000 compadritos”.
_ Eduardo Arolas (1892-1924)
_ Matamoro, Blas, op. cit. pág. 17.
_ Sierra, Luis Adolfo en “La Historia
del Tango” , Ed. Corregidor, Bs. As. , Tomo 7, págs. 1009/1010.
_ Molinari, Alejandro-Martínez,
Roberto L. y Etchegaray, Natalio P. “De Garay a Gardel. La sociedad, el hombre
común y el TANGO 1580-
[13] La conquista de la intelectualidad
francesa no es anecdótica. Como señala José Gobello en su obra “Breve historia
crítica del Tango”, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1999, pág 44/45 nos dice: “En la segunda década de este siglo el tango aprobó el examen papal y
además conquisto a la intelectualidad francesa, a punto que llegó orondamente
al Instituto de Francia en el verbo florido del para entonces más famoso poeta
gabacho. Jean Richepin (Jean August Ernest Jules Richepin, 1849-1926)....El
sábado 25 de Octubre de 1913 las cinco academias nacionales de Francia
realizaron su sesión anual conjunta –todas ellas forman el Institut de France-,
con la presidencia de Noël Valois, titular de la Academia ‘des
inscriptions et belles lettres”. Cinco
fueron los oradores –uno por cada academia- y en nombre de la Academie
Française habló Jean Richepin. Su discurso versó “A propos du tango” (A
propósito del tango)...Semanas más tarde, el 30 de diciembre de 1913, Jean
Richepin presentaba en el Théâtre Atenée su comedia en cuatro actos ‘Le Tango’,
que firmaba conjuntamente con su esposa.”
[14] Gobbelo en su obra citada “Breve
Historia Crítica del Tango” (págs. 41 a 43) hace un excelente relato de estos
dos hechos que recomiendo leer. Concluye con la trascripción de la nota que le
dirigiera la Junta de Historia Eclesiástica dependiente del Episcopado
Argentino a la Academia Porteña del Lunfardo, con fecha 3 de noviembre de 1967,
y que dice: “ Tenemos el agrado de dirigirnos al señor Presidente de la
Academia Porteña del Lunfardo y, en respuesta a la solicitud dirigida a la
Junta de Historia Eclesiástica Argentina, con fecha 2 de octubre, sobre si
existió una prohibición eclesiástica formal del tango, o si la Santa Sede o la
autoridad eclesiástica local condenó ese baile y qué carácter revistió la
condena, en caso de haber existido, le manifestamos no tener conocimiento de
prohibición expresa alguna sobre el particular ya que, bajo el aspecto moral,
tanto éste como los de su género se hallan comprendidos en los principios
generales de la moral” (trascripto en la obra citada, pág. 43).
_ Matamoro, Blas, op. cit. pág. 24.
[15] Leopoldo Lugones es un ejemplo del
rechazo al tango. En una nota en la Nación en 1913 escribía desde el París que
había descubierto al tango: “El objeto
del tango es describir la obscenidad (...)resume la coreografía del burdel,
siendo su aspecto fundamental el espectáculo pornográfico. Si se le quita este
aspecto, conviértese en una monótona habanera, que resultaría insípida hasta la
necedad, para sus actuales devotos”. Citado en Gobello, José “ Breve
Historia Crítica del Tango” Ed. Corregidor, Bs. As. 1999, pág. 45.
[16] “Silencio” (tango) Letra de Alfredo Le Pera-Música de Carlos
Gardel (1932)
[17] En el sentido de lo dicho, podemos
citar las mismas palabras de Julio Sosa, quien en una entrevista que le
efectuara la escritora noemí Ulla, nos dice: “ (Pregunta) ¿Existen factores económicos que dificulten u
obstruyan la difusión del tango? (Respuesta) Creo que lo único que existe es un
desmedido interés por el dinero y una falta absoluta de amor a lo nuestro,
entre los que están frente de los medios de difusión, que apoyan toda clase de
ruidos repugnantes que nos envían desde afuera...” ULLA, Noemí, Tango Rebelión y Nostalgia.
Ediciones Centro Editor de América Latina, Bs. As. 1982, pág. 170 (primera
edición Editorial Jorge Alvarez, 1967).
[18] “Quedate en Buenos Aires” Cacho
Castaña.
[19] “Organito de la tarde” (Tango)
Letra: José González Castillo; Música: Cátulo Castillo. 1923.
[20] “Nunca tuvo novio” (Tango) Letra:
Domingo Enrique Cadícamo. Música: Agustín Bardi. 1928.
[21] Canción Desesperada (tango).
Enrique Santos Discépolo. 1945.
[22] “Confesión” (tango) Letra: Enrique
Santos Discépolo y Luis Cesar Amadori. Música: E.S. Discépolo. 1930.
[23] Unamuno, Miguel de “ Del
Sentimiento trágico de la vida”. Op. cit. pág. 79.
[24] Unamuno, Miguel de: op. cit. pág.
85.
[25] Unamuno, Miguel de: op. cit. pág.
97.
[26] Prini, Prieto: “Historia del
Existencialismo”. Ed. El Ateneo. Bs. As. 1975. Traducción de Néstor Alberto
Miguez, pág. 9.
[27] Prini, Prieto, op. cit. pág. 35
citando a Nietzche en “Humano demasiado
humano”.
[28] Prieto
Prini, op. cit. pág. 59.
[29] “Detrás del Mostrador” del
libro “El Alma del Suburbio” en Carriego,
Evaristo “Obra Completa” Compiladora: Marcela Ciruzzi. Ed.
Corregidor, Bs. As. 1999, pág. 89.
[30]
Residuos de Fábrica (fragmento). Idem anterior, pág. 92.
[31] “La costurerita que dio aquel mal
paso” (fragmento) en “La Canción del Barrio”, Carriego, Evaristo, op, cit. pág.
141.
[32] “En el cuarto de la novia” en
“Interior”. Carriego, Evaristo, op. cit. pág. 179.
[33] “Chiquilín de Bachín”
(vals-fragmento) Letra: Horacio Ferrer Música: Astor Piazzola. 1968.
[34] “Con las
alas del alma” (fragmento” de Eladia Blázquez y Daniel García. El resaltado me
pertenece.
[35] Unamuno, op. cit. pág. 98/99.
[36] Ibid, op. cit. pág. 87. El
resaltado es nuestro.
[37] Ibíd. Op. cit. pág. 88 y 89.
[38] “Desencanto” (tango) Letra: Enrique
Santos Discépolo y Luis César Amadori. Música: Enrique Santos Discépolo. Lo
destacado me pertenece.(1938)
[39]
1) Raczkowkski, Amalia Lucía “Equivalentes depresivos en vida y obra de
Enrique Santos Discépolo” en “Documentos e investigaciones sobre la Historia
del Tango” Ed. Instituto de Investigaciones del Tango, Buenos Aires, Año 1, Nª
1. 1994, pág. 93 y siguientes. 2) Dr. Manuel José Gálvez (Médico Psiquiatra) en
“Depresión y Creatividad” Fascículos 5 y 6.Editado por GlaxoSmithKline gsk.
Hay otra obra que ha excedido mis límites, llevando
el tango a una interpretación psicológica, que desarma los poemas para mostrar
distintas patologías. Se trata de la obra “Tangoanálisis” de Gustavo Hurtado
(Ed. Club de Estudio, Bs. As. 1994).
[40] “Discepolín” (tango-fragmento)
Letra: Homero Manzi Música Aníbal Troilo.(1950)
[41] “Canción desesperada”
(tango-fragmento) Letra y Música: Enrique Santos Discépolo. (1945)
[42] “Tormenta” (tango-fragmento) Letra
y Música de Enrique Santos Discépolo. (1939)
[43] “Uno” (tango-fragmento) Letra:
Enrique Santos Discépolo-Música: Mariano Mores.(1943)
[44] “Che bandoneón” . Letra de Homero
Manzi y Música de Aníbal Troilo (fragmento). (1950)
[45] “Sur” (tango-fragmento) Letra de
Homero Manzi, Música de Aníbal Troilo. (1948)
[46] “San José de Flores”
(tango-fragmento) Letra: Enrique Gaudino-Música: Armando Acquarone.(1935)
[47] “Cafetín de Buenos Aires”
(tango-fragmentos) Letra: Enrique Santos Discépolo.Música: Mariano Mores.
(1949)
[48] “Mi noche triste” (tango-fragmento)
Letra: Pascual Contursi. Música: Samuel Castriota. (1916)
[49] “La copa del
olvido” (tango-fragmento) Letra de Alberto Vaccareza y Música de Enrique Pedro
Delfino.
[50] “Confesión” (tango-fragmento)
Letra: Enrique Santos Discépolo y Luis César Amadori. Música: Enrique Santos
Discépolo. (1930)
[51] “Los mareados” (tango-fragmento)
Letra: Domingo Enrique Cadícamo. Música de Juan Carlos Cobián. (1942)
[52] “Sus ojos se
cerraron” (tango-fragmento) Letra: Alfredo Le Pera. Música: Carlos Gardel
(1935)
[53] “Nunca tuvo
novio” (tango) Letra: Domingo Enrique Cadícamo. Música: Agustín Bardi (1928).
[54] “Canción desesperada” (tango-fragmento)
Letra y Música: Enrique Santos Discépolo (1945)
[55] “Tres
esperanzas” (tango-fragmento) Letra y Música de Enrique Santos Discépolo (1933)
[56] Marcel,
Gabriel “El emisario” en “Teatro” trad. De Beatriz
Guido. Ed. Losada, Bs. As. 1957, pág. 216.
[57] “Con las alas del Alma” (fragmento)
Eladia Blázquez-Daniel García.
[58] “Balada para un loco” (fragmento)
Horacio Ferrer-Astor Piazzola (1968)
[59] “Preludio para un canillita”
(fragmento) Horacio Ferrer-Astor Piazzola
[60] “Voy camino a los 50” (fragmento)
Letra y Música: Cacho Castaña.
[61] “Todavía puedo” Letra y música de
Cacho Castaña.
[62] “Percal”(tango-fragmento) Letra:
Homero Aldo Expósito. Música: Domingo Serafín Federico.(1943)
[63] “Vamos todavía” (tango-fragmento)
Letra: Juan Tavera. Música: Osvaldo Tarantino. (1977)
[64] Sarte, Jean Paul. “El
Existencialismo es un Humanismo” Ed. Edhasa, Madrid, 2ª. Reimpresión, 2002,
pág. 61.
[65] “Mi Buenos Aires querido”
(tango-fragmento) Letra: Alfredo Le Pera. Música: Carlos Gardel (1934). Ver
texto completo en Anexo.
[66] “Volver” (tango-fragmento) Letra:
Alfredo Le Pera. Música: Carlos Gardel (1934)
[67] “Arrabal amargo” Letra de Alfredo
Le Pera. Música de Carlos Gardel.
[68] “Caminito” (tango-fragmento) Letra:
Gabino Cora Peñaloza. Música: Juan de Dios Filiberto (1926).
[69] “Almagro” (tango-fragmento) Letra:
Iván Diez Música de Vicente San Lorenzo (1930).
[70] “Barrio de tango” (tango-fragmento)
Letra: Homero Manzi. Música: Aníbal Troilo (1942).
[71] “Barrio reo” (tango-fragmento)
Letra: Alfredo Navarrine. Música: Santiago Roberto Fugazot.
[72] “San José de Flores”
(tango-fragmento) Letra de Enrique Gaudino. Música: Armando Acquarone (1935)
[73] “Cristal” (tango-fragmento) Letra
José María Contursi-Música: Mariano Mores.
[74] “Naranjo en flor” (tango-fragmento)
Letra de Homero Aldo Expósito. Música: Virgilio Hugo Expósito (1944)
[75] “Madre hay una sola”
(tango-fragmento). Letra: José de la Vega. Música: Agustín Bardi.
[76] “Rosicler” (tango-fragmento) Letra:
Francisco García Jiménez. Música: José Basso.
[77] Tema reiterado en nuestra cultura.
Especialmente en el Don Juan Tenorio, que al final se ve redimido por el amor
de Doña Inés.
[78] “Yira, Yira” Letra y música de
Enrique Santos Discépolo (1930).
[79] “Tango sin letra” (tango-fragmento)
Letra de Venancio Juan Clauso. Música de Cátulo Castillo (1928).
[80] “Sus ojos se cerraron”
(tango-fragmento) Letra: Alfredo Le Pera. Música: Carlos Gardel (1935).
[81] “Madame Ivonne” (tango-fragmento)
Letra: Domingo Enrique Cadícamo. Música: Eduardo Gregorio Pereyra (1939)
[82] “Monte criollo” (tango-fragmento)
Letra: Homero Manzi Música:Francisco Nicolás Pracánico (1935).
[83] “Siempre se vuelve a Buenos Aires”
(tango-fragmento) Eladia Blázquez- Astor Piazzola.
[84] “Cuesta abajo” Letra: Alfredo Le
Pera. Música: Carlos Gardel (1934)
[85] “Barrio reo” (tango-fragmento)
Letra: Alfredo Navarrine. Música: Santiago Roberto Fugazot.
[86] “La novia ausente”
(tango-fragmento) Letra: Enrique Cadícamo. Música: Guillermo Barbieri (1932)
[87] “Adiós, muchachos” (tango-fragmento
[88]
“Carnaval” (tango-fragmento) Letra:
[89] “Rosicler” (tango-fragmento) Letra:
Francisco García Jiménez. Música de José Basso.
[90] “Si soy así” (tango-fragmento)
Letra:Antonio Botta.Música: Francisco Juan Lomuto (1933).
[91]
“Príncipe” (tango-fragmento) Letra:
[92] “Desencanto” (tango-fragmento)
Letra: Enrique Santos Discépolo y Luis César Amadori. Música: Enrique Santos
Discépolo (1938)
[93] “Los mareados” (tango-fragmento)
Letra: Enrique Cadícamo. Música: Juan Carlos Cobián (1942)
[94] “Esta noche me emborracho”
(tango-fragmento) Letra y Música de Armando Santos Discépolo (1928)
[95] “La última curda” Letra: Cátulo
Castillo. Música Aníbal Troilo (1956)
[96] “Mano a mano” (tango-fragmento)
Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: Carlos Gardel y Juan Francisco Razzano
(1918)
[97] “Margó” (tango-fragmento) Letra:
Homero Aldo Expósito. Música: Armando Ponthier (1945).
[98] “Che papusa, oí” (tango-fragmento) Letra:
Domingo Enrique Cadícamo. Música: Gerardo Hernán Matos Rodríguez.
[99]
“Galleguita” (tango-fragmento) Letra: Alfredo Navarrine. Música: Horacio
Pettorosi.
[100]
“Pompas de jabón” (tango-fragmento) Letra:
[102] “Prohibido
Prohibir” Letra y música de Eladia Blázquez (fragmento)
[103] “Balada para un
loco”(tango-fragmento) Letra: Horacio Ferrer. Música: Astor Piazzola (1968).
[104] “Madre” (tango-fragmento) Letra:
Verminio Servetto. Música: Francisco Nicolás Pracánico.
[105] “Margot” (tango-fragmento) Letra:
Celedonio Esteban Flores. Música de José Ricardo (1919)
[106] “Milonguera” (tango-fragmento)
Letra y música de José María Aguilar (1925)
[107]
“Chirusa” (tango-fragmento) Letra de Nolo López. Música: Juan D’Arienzo
[108]
The year of living dangerously.
[109] “Cafetín de
Buenos Aires” (tango-fragmento) Letra y Música: Enrique Santos Discépolo (1949)
[110] “Café «La
Humedad»” (tango-fragmento) Letra y Música de Cacho Castaña (1972)
[111]
“Nostalgias” (tango-fragmento) Letra: Enrique Cadícamo. Música: Juan
Carlos Cobián (1936).
[112] “Tres
amigos” (tango) Letra: Domingo Enrique Cadícamo. Música: Rosendo Luna (1942)
[113] “Viejo Tortoni” (tango-fragmento)
Letra Héctor Negro. Música: Eladia Blázquez (1981)
[114] “Preparate pa’l domingo”
(tango-fragmento) Letra José Rial. Música: Guillermo Desiderio Barbieri
[115] “Mano a
mano” (tango-fragmento) Letra: Celedonio Flores. Música: Carlos Gardel y José
Francisco Razzano (1918).
[116] “Adiós,
muchachos” (tango-fragmento) Letra: César Felipe Vedan. Música Julio César
Alberto Sanders (1927)
[117]
Borges, Jorge Luis “ Fundación Mítica de Buenos Aires” en “Cuaderno San Martín” (1929)en la obra “Luna
de Enfrente” y “Cuaderno San Martín”, Ed. Emecé, Buenos Aires, 3ª. Edición corregida
y aumentada., 2003, págs. 60/61.
[118] Quiero hacerte notar cómo los
afectos de Borges son sus antepasados. Y éstos unidos a momentos históricos
cruciales. La historia se transforma en su vida y los que le dieron vida en
historia. Sus afectos también son los que fueron, pero que fueron de modo
especial en determinado momento, un momento histórico que justifica su
recuerdo, su posterior aprecio y del que nace el afecto del poeta.
[119] Borges, Jorge Luis: “Buenos Aires”
en “Elogio de la Sombra” Ed. Emecé, Buenos
Aires, 6ª- Impresión 1996, págs. 69/71.
[120] “Vivir en
Buenos Aires” Letra y música de Eladia
Blázquez.
[121] “Siempre se
vuelve a Bs. As.” (tango - fragmento) Eladia Blázquez – Astor Piazzola.
[122] “Buenos
Aires” (tango): Letra: Manuel Romero. Música: Manuel Jovés.
[123] “Mi Buenos
Aires querido” (tango-fragmento) Letra: Alfredo Lepera. Música: Carlos Gardel
(1934).
[124] “Arrabal
amargo” (tango-fragmento) Música: Alfredo Le Pera. Música: Carlos Gardel
[125] “Corrientes
y Esmeralda” (tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música Nicolás
Pracánico (1934).
[126] “Tristeza de
la calle Corrientes” (tango-fragmento) Letra: Homero Aldo Expósito. Música:
Domingo Serafín Federico
[127] “Barrio reo”
(tango-fragmento) Letra Alfredo Navarrine. Música Santiago Roberto Fugazot.
[128] “Monte Criollo” (tango-fragmento)
Letra de Homero Manzi- Música de Francisco N. Pracánico. (1935)
[129] “Padre nuestro” (tango) Letra:
Alberto Vaccarezza. Música: Enrique Pedro Delfino. (1923)
[130] “Hacelo por la vieja”
(tango-fragmento) Letra: Carlos Viván. Música Rodolfo Aníbal Sciamarella.
(1924)
[131] “Mamita” (tango-fragmento) Letra de
Francisco Bohigas. Música de Ángel Félix Danesi. (aprox.1929)
[132] “Desaliento” (tango-fragmento)
Letra de Luis Castiñeira y Música de Armando Baliotti.(1938)
[133] “Al
pie de la santa Cruz” (tango-fragmento) Letra: Mario Battistela Zoppi. Música:
[134] “Pobre
Colombina” (tango-fragmento) Letra:
[135] “Como
abrazao a un rencor” (tango-fragmento) Letra:
[136] “Adiós muchachos” (tango-fragmento)
Letra de César Felipe Vedani. Música de Julio César Alberto Sanders. (1927)
[137] “La gayola” (tango-fragmento)
Letra: Armando José María Tagini. Música: Rafael Eulogio Tuegols.(1927)
[138] “No llore viejita”
(tango-fragmento) Música: Julio Aparicio. Música José Antonio Scarpino.(1930)
[139] “A la luz del candil”
(tango-fragmento) Letra: Julio Plácido Navarrine. Música: Alejandro Carlos Vicente Geroni
Flores.(1922)
[140] “Preparate pa’l domingo”
(tango-fragmento) Letra José Rial. Música: Guillermo Desiderio Barbieri. (1931)
[141] “Dios te salve, m’hijo”
(tango-fragmento) Letra: Luis Acosta García. Música: Agustín Magaldi. (1933)
[142] “Malevaje” (tango-fragmento) Letra:
Enrique Santos Discépolo. Música: Juan de Dios Filiberto.(1929)
[143] “Misa de once” (tango-fragmento)
Letra: Armando José María Tagini. Música: Juan José Guichandut. (1929)
[144] Barcia, José “Discepolín”, Ed. Centro Editor de América
Latina, Bs. As. 1971, pág. 111.
[145] “Que vachaché” (tango-fragmento)
Letra y Música de Enrique Santos Discépolo.(1926)
[146] “Victoria” (tango-fragmento) Letra
y música de Enrique Santos Discépolo. (1930)
[147] “Que sapa, Señor” (tango-fragmento)
Letra y música de Enrique Santos Discépolo. (1931)
[148] “Tormenta” (tango) Letra y Música:
Enrique Santos Discépolo (1939).
[149] “Uno” (tango-fragmento) Letra
Enrique Santos Discépolo. Música: Mariano Mores. (1943)
[150] “Canción desesperada”
(tango-fragmento). Letra y música de Enrique Santos Discépolo. (1945)
[151] Nos dice un
autor: “Se ha creído ver en Tania el verdadero destinatario de esta obra,
escrita por un Discépolo atormentado por el remordimiento de la infidelidad .
Enrique fue un genio de la poesía, pero hacerla le costaba mucho, ésta le llevó
un mes, y en su caso puede decirse que la terminó rápido” (Benedetti, op. cit.
pág. 420).
[152] “Sin Palabras” (tango-fragmento)
Letra: Enrique Santos Discépolo. Música: Mariano Mores.(1945)
[153] “Tristeza de la calle Corrientes”
(tango-fragmento) Letra: Homero Aldo Expósito. Música: Domingo Serafin
Federico.(1942)
[154] “Gricel” (tango-fragmento) Letra:
José María Contursi. Música: Mariano Mores.(1942)
[155] “Cristal” (tango-fragmento) Letra:
José María Contursi. Música: Mariano Mores. (1944)
[156] “Nada” (tango-fragmento) Letra:
Horacio Sanguinetti. Música: José Dames. (1944)
[157] “Un silbido
en la noche” (tango-fragmento) Letra: Nicolás Cócaro. Música: Julio De Caro
(1966)
[158] “Tango para
un soldado” (tango-fragmento) Letra: Conrado Nale Roxlo, Música Alfredo De
Angelis (1966).
[159] “La
bicicleta blanca” (tango) Letra: Horacio Ferrer. Música: Astor Piazzola (1970).
[160] “Que buena fe” (tango-fragmento)
Letra y Música de Eladia Blázquez.
[161] “A un semejante” (tango-fragmento)
Letra y Música de Eladia Blázquez.
[162] “El ángel dormido”
(tango-fragmento) Letra y Música de Eladia Blázquez.
[163] “Preludio
para el año 3001” (tango-fragmento) Letra: Horacio Ferrer. Música: Astor
Piazzola (1970).
[164] “Vamos en
montón” (tango-fragmento) Letra y Música de Eladia Blázquez.
[165] “Vamos,
Nina” (tango) Letra: Horacio Ferrer. Música: Astor Piazzola (1971).
[166] “Malevaje” (tango-fragmento) Letra:
Enrique Santos Discépolo. Música: Juan de Dios Filiberto (1929)
[167] [167] “A
la luz del candil” (tango) Letra: Julio Plácido Navarrine. Música: Alejandro
Carlos Vivente Geroni Flores
[168] “Justicia Criolla” (tango) Letra:
Francisco Brancatti. Música: Rafael Iriarte.
[169] “Asesino, pendenciero, borracho, no
agotan las definiciones oprobiosas que Martín Fiero ha merecido; si lo juzgamos
(como Oyuela lo ha hecho) por los actos que cometió, todas ellas son justas e
incontestables. Podría objetarse que estos juicios presuponen una moral que no
profesó Martín Fierro, porque su ética fue la del coraje y no la del perdón.
Pero Fierro, que ignoró la piedad, quería que los otros fueran rectos y
piadosos con él y a lo largo de su historia se queja, casi infinitamente...Si
no condenamos a Martín Fierro es porque sabemos que los actos suelen calumniar
a los hombres. Alguien puede robar y no ser ladrón, matar y no ser asesino.
Está en la entonación y en la respiración de los versos; en la inocencia que
rememora modestas y perdidas felicidades y en el coraje que no ignora que el
hombre ha nacido para sufrir. Así, me
parece, lo sentimos instintivamente los argentinos. Las vicisitudes de Fierro
nos importan menos que la persona que las vivió.” (BORGES, Jorge Luis –
GUERRERO, Margarita “El Martín Fierro”. Alianza Editorial. Madrid, 1998, PSH.
102/103 (primera edición de 1953).
[170] “Chorra”
(tango-fragmento) Letra y Música de Enrique Santos Discépolo (1928)
[171] “Ladrillo” (tango) Letra: Juan
Andrés Caruso. Música: Juan de Dios Filiberto.
[172]
“Justicia Criolla” (tango) Letra: Francisco Brancatti. Música: Rafael Iriarte.
[173] “A la
luz del candil” (tango) Letra: Julio Plácido Navarrine. Música:
[174] “Al
pie de la santa Cruz” (tango) Letra: Mario Battistella Zoppi. Música:
[175]
“A don Nicanor Paredes” (milonga-fragmento) Letra:
[176]
“Te llaman malevo” (tango-fragmento)
Letra: Homero Aldo Expósito. Música: Aníbal Troilo.
[177] “Atenti, pebeta” ” (tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban
Flores. Música: Ángel Ciríaco Ortiz.
[178] “La copa del
olvido”. ” (tango-fragmento) Letra: Alberto Vaccareza. Música: Enrique Pedro
Delfino.
[179] “Tomo y
obligo” (tango-fragmento) Letra: Manuel Romero. Música: Carlos Gardel.
[180] “Sentimiento gaucho”
” (tango-fragmento) Letra de Andrés Caruso. Música de los hermanos Francisco y
Rafael Canaro.
[181] “Un tropezón” (tango) Letra: Luis
Bayón Herrera. Música: Raúl Joaquín de los Hoyos. (aprox. 1927).
[182] “Amigazo” (tango-fragmento) Letra:
Francisco Brancatti y Juan Miguel Velich. Música: Juan de Dios Filiberto.
[183] “Dicen que dicen”
(tango-fragmento) Letra: Juan Ballestero Medina. Música:
[184]
“A don Nicanor Paredes” (milonga) Letra:
[185] “El último guapo” (tango) Letra:
Abel Aznar. Música: Leonardo Lípesker.
[186] “Eufemio Pizarro” (tango) Letra y
música de Homero Manzi y Cátulo Castillo.
[187] “Te llaman malevo” Letra: Homero
Aldo Expósito. Música: Aníbal Troilo.
[188] “Dios te salve, m’hijo”
(tango-fragmento) Letra: Luis Acosta García. Música: Agustín Magaldi y Pedro
Noda.
[189] “Ciríaco Cuitiño era un cabecilla
de la Mazorca, célebre por su crueldad. Tras la caída de Rosas, fue procesado y
condenado a muerte junto a su lugarteniente Leandro Alén. El autor lo menciona
en otro vals célebre, Tirana unitaria” (
Benedetti, Héctor A. op. cit. pág. 499.)
[190] “La guitarrera de San Nicolás”
(vals) Letra: Héctor Pedro Blomberg. Música: Enrique Maciel.(Aprox. 1930)
[191] “La Mazorquera de Montserrat”
(tango) Letra: Héctor Pedro Blomberg. Música: Enrique Maciel. (Aprox. 1929).
[192] “Duelo criollo” (tango-fragmento)
Letra: Lito Bayardo. Música:Juan
Bautista Domingo Rezzano.
[193] “Olvidao” (tango-fragmento)
Letra: Domingo Enrique Cadícamo Música: Guillermo Desiderio Barbieri.
[194] “El ciruja” (tango) Letra:
Francisco Alfredo Marino. Música: Ernesto Natividad de la Cruz.
[195] “Contramarca” (tango-fragmento)
Letra: Francisco Brancatti. Música Rafael Rossi.
[196] “El Porteñito” (tango-fragmento)
Letra y música de Angel Gregorio Villoldo.
[197] No puede caerse en una apología de
la prostitución. Pero por ello, no se puede dejar de sañalar que estas mujeres
han encontrado un sinnúmero de poetas que se han apiadado de ellas, que las han
comprendido, que las han compadecido... Es una “cortesana” el personaje central
de “El Príncipe Idiota” y su autor vuelve al tema en una de sus novelas más
cortas y más contundentes: : “Memoria del Subsuelo”. Es protagonista en
innumerables tangos y, finalmente, hasta el mismo Cristo nos enseña que pueden
ser rescatadas y, que si bien su conducta es reprochable, mucho más lo es la
conducta de los hombres “pretendidamente decentes.”
[198] “Milonguera” (tango-fragmento)
Letra y música de José María Aguilar.
[199] “Chirusa” (tango-fragmento) Letra
de Nolo López. Música: Juan D’Arienzo.
[200] “Margot” Letra: Celedonio Esteban
Flores. Música de José Ricardo.
[201] “Che papusa, oí” Letra: Domingo
Enrique Cadícamo. Música: Gerardo Hernán Matos Rodríguez.
[202] “Viejo
smoking” (tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: Guillermo
Desiderio Barbieri.
[203] “Galleguita” (tango-fragmento)
Letra de Adolfo Navarrine. Música de Horacio Pettorrossi.
[204] “Mano cruel” (tango-fragmento)
Letra: Armando José María Tagini. Música de Carmelo Antonio Mutaelli.
[205] “Milonguera” (tango-fragmento) Letra y Música de José
María Aguilar.
[206] “Milonguita” (tango-fragmento) Letra
de Samuel Linning y Müsica de Enrique Pedro Delfino.
[207] “Zorro gris” (tango-fragmento)
Letra: Francisco García Jimenez. Música: Rafael Eulogio Tuegols.
[208] “Griseta” (tango) Letra de
[209] “Como
abrazao a un rencor” (tango-fragmento) Letra: Antonio Miguel Podestá.
Música:Rafael Rossi.
[210] Tuve dos tíos abuelos muy
especiales, hermanos de mi abuela paterna. Uno de ellos era un excelente médico
y llegó a contarme que cuando era joven,
en sus guardias en el Hospital Fernández, le tocó ir a revisar a aquellos
infelices que –no recuerdo si
engrillados o encadenados, según su relato- en el penal de Las Heras esperaban
ser embarcados a su destino en nuestra penitenciaria más austral. Su otro
hermano, también excelente profesional, eligió el derecho (el derecho penal).
Cómo mi abuelo se llamaba también Julián. Y también como mi abuelo, creo que
éste último comprendió y supo compadecer al hombre en general y al hombre
humilde en especial, en su naturaleza .
No me lo dijo, pero lo viví. Aún guardo una acuarela que me regalara de chico
un jardinero ocasional que tuvo. Se trataba de un homicida al que le había dado
una ocupación temporal en su quinta de Morón. Ellos me enseñaron a ver al
hombre sobre sus hechos...
[211] “Farolito viejo” (tango) Letra:
José Eneas Riú. Música: Luis Teisseire.
[212] “Ivette” ”
(tango-fragmento) Letra: Pascual Contursi. Música: Enrique Costa y Julio Roca.
[213] “La gayola” (tango) Letra: Armando
José María Tagini. Música: Rafael Eulogio Tuegols.
[214] “Pan”
(tango) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: Eduardo Gregorio Pereyra.
[215] “Hacelo por la vieja”
(tango-fragmento) Letra: Carlos Viván. Música:Rodolfo Aníbal Sciamarella.
[216] “Mocosita” (tango-fragmento)
Letra: Víctor Soliño Música: Gerardo Hernán Matos Rodríguez.
[217] “Tormenta” (tango) Letra y Música:
Enrique Santos Discépolo (1939).
[218] “Vamos en
montón” (tango-fragmento) Letra y Música de Eladia Blázquez.
[219] Gobello, José “Breve historia
crítica del tango” Ed. Corregidor. Bs. As. 1999, pág. 128.
[220] Carrero,
[221] Carrero, op.
cit. pág. 115.
[222] Ibíd..
[223] Ibíd..
[224] Alguien me dijo que Buenos aires
era el fruto de la perfecta mixtura entre contrabandistas exitosos y una masa
de inmigrantes famélicos. Mezcla rara que se tradujo en cuna de artistas,
soñadores incorregibles y hombres que necesariamente se sienten llamados al
buen vivir como una ley.
[225]
Alexander Stavisky, estafador famoso de la época.
[226] Sacerdote fundador de “Los Salesianos”.
[227] Personaje de la literatura
francesa. Mantenido.
[228] “Chicho grande” (Juan Galiffi) y
“Chicho Chico” (Francisco Morrone) Jefes de la Mafia de la ciudad de Rosario.
[229] Boxeador famoso de la época,
campeón de peso pesado.
[230] “Al mundo le
falta un tornillo” (Tango-1933) Letra: Domingo Enrique Cadícamo y Música de
José María Aguilar.
[231] “¿Que sapa,
Señor?” (Tango-1931) Letra y música de Enrique Santos Discépolo.
[232] Ver trascripción de fragmentos en
la carta VII
[233] Carriego, Evaristo, perteneciente a
“El alma del suburbio” op. cit. pág.89
[234] Ver
trascripción en la carta IV
[235] “Chiquilín
de Bachín” (Vals-1968-fragmento) Letra: Horacio Ferrer. Música: Astor Piazzola.
[236] “Argentina
primer mundo” Letra y música de Eladia Blázquez.
[237] “Sueño de barrilete”
(tango-fragmento) Letra y Música de Eladia Blázquez. (1960),
[238] “Madre” (tango-fragmento) Letra de
Verminio Servetto y Música de Francisco Nicolás Pracánico.
[239] “Tiempos
viejos” también denominado “Te acordás hermano” (tango-fragmento) Letra de
Manuel Romero. Música: Francisco Canaro.
[240] “Margo”
(tango-fragmento) Letra: Homero Aldo Expósito. Música: Armando Portier
[241] “Con las alas del alma”
(tango-fragmento) Letra y Música de Eladia Blázquez, Daniel García.
[242] “A un semejante”
(tango-fragmento) Letra y Música de
Eladia Blázquez.
[243] “Preparate pa’l domingo”
(tango-fragmento) Letra: José Rial. Música: Guillermo Desiderio Barbieri.
[244] “Bien pulenta” (tango-fragmento)
Letra: Carlos Waiss. Música: Juan D’Arienzo y Héctor Varela.
[245] “Milonga sentimental” (milonga-fragmento) Letra de Homero Manzi. Música:
Sebastián Piana.
[246] “Toda mi vida” (tango-fragmento) Letra de
[247] “Yuyo verde” (tango-fragmento) Letra: Homero Aldo Expósito. Música
Domingo Serafín Federico.
[248] “La comparsita” (tango-fragmento). Letra:Pascual Contursi y
[249] “Lloró como
una mujer” (tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: José
María Aguilar.
[250] “Después” (tango-fragmento) Letra
de Homero Manzi. Música de Hugo Gutiérrez. (1937).
[251] “Confesión”
(tango-fragmento) Letra de Enrique Santos Discépolo y Luis César Amadori.
Música: Enrique Santos Discépolo.
[252] “Galleguita”
(tango-fragmento) Letra: Alfredo Navarrine. Música Horacio Pettorossi.
[253] “Mano cruel”
(tango-fragmento) Letra: Armando José María Tagini. Música: Carmelo Antonio
Mutarelli.
[254] “Así es
Ninón” (tango-fragmento) Letra: Marsilio Robles. Música de Juan Larenza.
[255] “Margo”
(tango-fragmento) Letra: Homero Aldo Expósito. Música: Armando Portier.
[256] “Gricel”
(tango-fragmento) Letra: José María Contursi. Música de Mariano Mores.
[257] “Malena”
(tango-fragmento) Letra: Homero Manzi. Música: Lucio Demare.
[258] “El bulín de la calle Ayacucho”
(tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: José y Luis
Servidio.
[259] Gloria:
Letra de Armando José María Tagini. Música Humberto Canaro.
[260] N.P. No placé (tango-fragmento)
Letra y Música de Juan Riverol y
Francisco Loiácono.
[261] “Que
vahcaché” (tango-fragmento) Letra y Música de Enrique Santos Discépolo.
[262] “Muchacho”
(tango-fragmento) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: Edgardo Donato.
[263] “Pa’ que
sepan como soy” (tango-fragmento) Letra: Norberto Aroldi. Música: Emilio
Gonzalez.
[264] “Eufemio
Pizarro” (tango-fragmento) Letra y Música de Homero Manzi y Cátulo Castillo.
[265] “Se lustra,
señor” (tango-fragmento) Letra de Marfil. Música de Enrique Alessio y Eduardo
Del Piano.
[266] “Tiempos
viejos” también denominado “Te acordás hermano” (tango-fragmento) Letra de
Manuel Romero. Música: Francisco Canaro.
[267] “Tiempos
viejos” también denominado “Te acordás hermano” (tango-fragmento) Letra de
Manuel Romero. Música: Francisco Canaro.
[268] “Esta noche me emborracho”
(tango-fragmento) Letra y Música de Enrique Santos Discépolo.
[269] “Milonga
sentimental” (milonga-fragmento) Letra de Homero Manzi y Música de Sebastián
Piana.
[270] “En esta
tarde gris” (tango-fragmento) Letra: José María Contursi. Música: Mariano
Mores.
[271] “Gricel” (tango-fragmento). Letra:
José María Contursi. Música: Mariano Mores.
[272] “Las
cuarenta” (tango) Letra Froilán (Francisco Gorrindo) Música: Roberto Grela.
[273] “Levanta la
frente” (tango-fragmento) Letra: Antonio Nápoli. Música: Agustín Magaldi.
[274] No podemos dejar de recordar la
misma condena de Manuel Gálvez en su
libro “Nacha Regules”.
[275] “Gloria”
(tango-fragmento) Letra: Armando José María Tagini. Música: Humberto Canaro.
[276] “Que
vachaché” (tango-fragmento) Letra y música de Enrique Santos Discépolo.
[277] “Muchacho”
(tango) Letra: Celedonio Esteban Flores. Música: Edgardo Donato.
[278] “Niño bien”
(tango) Letra: Roberto Fontaina y Víctor Soliño. Música de Juan Antonio
Collazo.
[279] “Giussepe el zapatero” (tango)
Letra y música de Guillermo del Ciancio.
[280] “Al
pie de la santa Cruz” (tango-fragmento) Letra: Mario Battistella Zoppi. Música:
[281] “Honrar
[282]
“Adiós, muchachos” (tango-fragmento) Letra de César Felipe Vedani. Música de
Julio César Alberto Sanders.
[283]
“Gricel” (tango-fragmento) Letra de
[284]
“Levanta la frente” (tango) Letra: Antonio Nápoli. Música: Agustín Magaldi.
[285] Con anterioridad a la reforma del Código Civil que excluyó la categorización de hijos como “naturales”, “adulterinos”, “incestuosos” o “sacrílegos”, a los hijos adulterinos, incestuosos o sacrílegos se les negaba todo derecho a la sucesión de sus padres, se tratase del padre o de la madre. Los hijos naturales, en cambio, concurrían con un porcentaje inferior a aquel que le correspondía a los hijos legítimos (cfr. Título IV, Cap. II del Libro I, Secc. II del Código Civil original).