Reflexiones sobre el aborto

                                                                                                                                 Flavia Vassallo

 

            Desde hace varios años me interesa el tema del aborto y lo discuto a menudo con gente de distintas posturas y extracciones religiosas, sociales y académicas.    Antes de proseguir aclaro que estoy en contra del aborto en todas sus formas y en toda circunstancia, excepto peligro indiscutible de la vida de la madre (cosa harto infrecuente, en rigor); que esto no proviene de creencias religiosas, que no las tengo, sino de la reflexión cuidadosa de todos los argumentos tanto a favor como en contra y del respeto a la vida en todas sus formas, pero especialmente la humana - en todos sus estadios. Pero contrariamente a lo que podría parecer hasta aquí, no es mi intención básica en estas líneas desarrollar una defensa a la vida desde la concepción, sino analizar ciertos aspectos de la lógica de las discusiones sobre el tema del aborto, independientemente de la postura que cada uno adopte al respecto. A grandes rasgos, creo que podrían separarse las argumentaciones de mis “contrincantes” en tres grupos principales:

 

1) Argumentos insostenibles por su contenido: Se rebaten fácilmente y en general se deben a la ignorancia de nociones básicas tanto de biología como de derecho de quienes los esgrimen. De hecho, muchas veces, aclarados ciertos conceptos cambian de idea.

            Un ejemplo de argumento falaz: el de que no es una vida humana. Tomando las definiciones corrientes y aceptadas de “vida” y de “humana” esto no resiste el menor análisis. Lo que verdaderamente podría discutirse es si esta vida humana es además una persona, y como tal sujeta a derechos, entre ellos el más básico: a la vida. Y otro casi tan básico: el cuidado de su madre. Si el embrión no fuera una persona, nada habría que discutir y las mujeres tendrían derecho a abortar cuando quisieran, sin dar explicaciones más que al padre del bebé, con la misma facilidad con la que deciden teñirse o no el pelo o hacerse o no un implante de siliconas.

Otros argumentos a favor del aborto son fácilmente rebatibles porque ya la ciencia, ya el sentido común, los echan por tierra. Ejemplo, el de que en realidad la mujer puede decidir libremente qué hacer porque es parte de su cuerpo. Quisiera ver cuál de estas mujeres, si estuviera afectada por una taenia saginata, la vulgarmente llamada “lombriz solitaria” diría que es parte de su cuerpo y no un cuerpo extraño a ella que la está parasitando. Claro que nadie juzgaría mal que matara a la lombriz, tampoco yo lo haría. El embrión tiene, además de las obvias, dos diferencias básicas con la lombriz: no es completamente extraño a la mujer dado que ha heredado de ella la mitad de sus genes y es una vida humana. Pero tiene también algo en común: vive de la mujer y sus nutrientes aunque es un cuerpo distinto anidado en ella, como lo prueba el hecho de que su ADN sea único y distinto al de su madre, prueba fehaciente de que son dos personas distintas.

 

2) Argumentos basados en “es una vida humana, pero no es persona”: Se argumenta que es un “proyecto de persona” o una “persona potencial”. Estos son los más difíciles de discutir, porque depende de algunos conceptos filosóficos debatibles. Normalmente no se llega a un acuerdo, pero ambas partes discuten con solidez y honestidad intelectual, sin faltar a la lógica. Cualquiera de las partes podría coincidir absolutamente con la otra con solo cambiar su concepto de “persona” y se puede estar de acuerdo en diversas otras cuestiones relacionadas con los valores. De cualquier manera es interesante diferenciar entre la gente que defiende la supuesta no – personalidad del embrión con un sustento fuente, pensado y analizado de la que lo hace por comodidad intelectual. Baste como ejemplo la cantidad de mujeres que dicen muy seriamente apoyar el aborto porque no es una persona, pero cuando están embarazadas habiéndolo deseado hablan de su hijo con el nombre que le pondrán, en tercera persona y haciendo comentarios que delatan que lo reconocen como ser con personalidad.

 

3)Argumentos insostenibles por su forma (atentan contra la lógica): Dentro de esta tercera categoría, deseaba comentar este extendido argumento:

 

“Reconozco que matar personas está mal; reconozco que el embrión es una persona; reconozco por tanto que abortar está mal y no habría que hacerlo PERO en determinadas circunstancias - ejemplo clásico: la madre violada - es atendible y aceptable consentir un aborto.”

 

Este último tipo es el que me deja perpleja y al que quiero referirme puntualmente. Me he topado con decenas de personas que dicen esto, que en definitiva acuerdan en que abortar es un delito pero lo “perdonan” si las circunstancias atenuantes para el delincuente son especialmente conmovedoras. Es de destacar que cuando, haciendo un paralelo en cuanto al razonamiento, les digo que propongan que se despenalice el robo cuando el que lo comete es un desocupado cuyos hijos están al borde de la desnutrición, no están de acuerdo (y me miran con sorna como indicando que la comparación es inválida), cuando el principio básico es exactamente el mismo: “cometió un delito pero ¡pobrecito!”.

 

Estas personas, muchas veces, son las mismas que querrían ver a los políticos corruptos en una isla; a los asesinos en cárceles de máxima seguridad; a los violadores castrados y violados por todo el pabellón penitenciario y al loco de Cabildo debidamente maniatado de por vida. Muchas son fervientes defensores de la pena de muerte. Es decir, no suelen ser misericordiosas con quienes delinquen; jamás se plantearon seriamente qué pudo haberle pasado a ese niño en su más tierna infancia para llegar a convertirse en delincuente. Esta misma gente que llora la violación de la mujer adolescente o adulta que aborta, da vuelta la cara y no ve las reiteradas violaciones que estadísticamente ha sufrido el niño que años después se convierte en violador o en asesino serial. Esto último siempre me llamó muchísimo la atención, sobre todo porque muchas veces recibí ese argumento de parte de buenas personas que en otros planos y temas son absolutamente coherentes consigo mismas.

 

Durante mucho tiempo pensé que la clave estaba en que, evolución de la inteligencia y capacidad de abstracción aparte, en el fondo somos animales sensoriales y “el embrión no se ve”. Fantaseaba: si pudieran ver a un bebé creciendo en el útero, cambiarían de idea y canalizarían toda su empatía hacia él. Pero la aparición de las ecografías 4-D, que a diferencia de las de rutina son comprensibles para todo el mundo, me convenció de que no era éste el problema. Ahora, cualquiera puede ver a un bebé en crecimiento intrauterino y replantearse sus ideas y, sin embargo, la mayoría de la gente pro abortista se mantiene en sus trece.

Luego de años de perplejidad, creo haber entrevisto, hace pocos días, la respuesta al enigma. Siempre fui más bien biologicista, y ahí estaba otra vez la biología, dándome la respuesta básica, cruda, simple y directa que necesitaba: dando por hecho que creen que el aborto es un delito, sin embargo,

 

HAY MÁS TOLERANCIA FRENTE AL ABORTO QUE FRENTE A OTROS DELITOS SENCILLAMENTE PORQUE EL ABORTO ES EL ÚNICO  DELITO DEL CUAL ESTAMOS ABSOLUTAMENTE PROTEGIDOS.

 

Por si no queda claro: cualquiera que, como Ud. o como yo, puede opinar sobre el tema, ya ha nacido y no puede ser abortado. Nadie corre ese riesgo. Por añadidura, en los grupos pro abortistas destacan las mujeres, que no pueden ya ser abortadas pero sí corren el riesgo de sufrir un embarazo no deseado.

 

¿Por qué la gente, pero en especial las mujeres, reaccionan como lo hacen frente a los violadores, cuando su historia suele ser mucho más triste que la de la mujer que aborta? Simplemente por el pánico que les produce la sola posibilidad de ser violadas. Si pudieran apretar un botón que torturara lenta e inexorablemente, hasta la muerte, a todos los violadores, lo harían sin dudarlo y convencidas de que es justicia.

¿Por qué en nuestra ciudad tuvo tanta repercusión el caso del francotirador de Cabildo mientras cosas aún más cruentas y sostenidas en el tiempo ocurren en distintos puntos de nuestro país? “¡Porque paso cada tanto por ahí, mirá si me toca!”

¿Por qué a la mujer argentina le indigna más en su feminismo la estadística que indica que a igualdad de puestos de trabajo los hombres siguen ganando ligeramente más que las mujeres mientras permanecen inmutables frente a la ablación ritual del clítoris que se practica en tantos países lejanos? Justamente por el último adjetivo. Porque pasa en otras culturas y no “me puede pasar”, pero sí puedo ganar $100 menos que mi marido haciendo lo mismo y sentirme humillada por eso.

 

Han pasado siglos de evolución, me refiero ahora a la cultural, no a la biológica, hemos tomado las banderas de diferentes movimientos solidarios y fraternos, desde el cristianismo de los apóstoles a la justicia social pasando por la Revolución Francesa; pero en el fondo seguimos comportándonos como lo que siempre fuimos: animalitos dotados de una singular inteligencia que pasamos por el mundo mirando por nosotros mismos y nuestra propia supervivencia. Es más, el egoísmo tan filogenéticamente enraizado en nosotros ha seguido también una evolución, como en el caso del aborto legal en la mayoría de los países: ahora ni siquiera nos interesa asegurar la supervivencia de la cría, basta la nuestra.

 

Frente a este panorama solo queda un pequeña luz para no caer en el abismo del individualismo más salvaje: podemos darnos cuenta, podemos remediarlo. Podemos aceptar humildemente que así nos manejamos, pero que no es nuestra única opción. Podemos elegir no ser egoístas y preocuparnos por el que tenemos al lado y sus tribulaciones, aún cuando éstas sean totalmente ajenas a nosotros y estemos seguros de que no las padeceremos. Podemos finalmente abrir los ojos y el corazón a la cristalina evidencia que indica que los embriones son personas por nacer que merecen nuestro respeto, solidaridad y consideración.