RENUNCIA PEDRO HOOFT

A LA CÁTEDRA DE FILOSOFÍA DEL DERECHO

DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE MAR DEL PLATA

 

Con profundo dolor ha sido recibida entre los que trabajamos en cuestiones inherentes a los derechos vinculados con la vida y la salud, la noticia de la renuncia del Prof. Dr. Pedro Federico Hooft a la cátedra que merecida y brillantemente ha estado por muchos años a su cargo en la prestigiosa Universidad Nacional de Mar del Plata. Triste hubiera sido siempre esta renuncia, pero mucho más triste resulta por las circunstancias que la motivaran.

 

Hooft, uno de los magistrados más valientes y comprometidos con la dignidad humana que ha visto la Argentina, ha sido además un ilustrado y profundo cultor de la bioética y la filosofía jurídica. Ha pasado a la historia como autor de fallos señeros en la defensa de los derechos humanos. Como el famoso “caso Parodi”, en que impidió que a un hombre muy enfermo se le amputase la pierna en contra de su voluntad. O sus decisiones permitiendo el trasplante de órganos entre personas no relacionadas en los términos estrictos de la ley. O la defensa de la facultad de los pacientes a negarse a recibir transfusiones de sangre...

 

Hooft es y será siempre un símbolo del respeto a la dignidad de la persona. Ha sido un privilegio para la Argentina tenerlo como Profesor Titular de Filosofía del Derecho. Y no se acaba de digerir el escenario que genera su renuncia...

 

                                                                                                   Ricardo Rabinovich-Berkman

 

 

EL QUE SIGUE ES EL TEXTO COMPLETO DE SU RENUNCIA:

 

 

Mar del Plata, 25 de marzo de 2007.

 

 

Sr. Decano de la Facultad de Derecho

Universidad Nacional de Mar del Plata

Dr. Miguel Ángel Acosta.

S/D

 

 

De mi mayor consideración:

 

            Tengo el agrado de dirigirme a usted en el carácter de Profesor Titular Regular de Filosofía del Derecho —y por su intermedio al Consejo Académico— a los fines que se expondrán seguidamente.

 

I) Muchos años han pasado y complejas son las situaciones a partir de marzo de 1966, en que como resultado del concurso para auxiliares docentes, fuera designado por el Consejo Académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Mar del Plata (U.C) como Ayudante de Cátedra “ad honorem” de Introducción y Filosofía del Derecho, iniciándome así en la docencia universitaria. El interés por las humanidades, como complemento de la formación jurídica, me motivó para iniciar la carrera universitaria en Filosofía, disciplina en la que me gradué años después. En fecha más reciente complementé esa formación con la obtención del título de postgrado como “Especialista en Bioética”.

Siendo novel docente, por elección del claustro docente, fui designado primero Director de Estudios y luego Secretario Académico, manteniendo desde tales funciones una fluida y fructífera vinculación con el Centro de Estudiantes de Derecho (C.E.D). Preservo muy buenos recuerdos de los periodos en que se desempeñaran como Presidentes del C.E.D Héctor Mascitti y Juan Carlos París.

En 1975, fue el recordado Obispo de Mar del Plata, Monseñor Eduardo Pironio, quien me convocó para llevar adelante la tarea de ordenamiento académico y administrativo de la Facultad —según expresa el Decreto de designación— designándome Decano (con las facultades estatutarias del Consejo Académico), labor de ordenamiento necesaria para posibilitar la incorporación de las Facultades de la Universidad Católica a la Universidad Nacional, creada a su vez sobre las bases de la Universidad Provincial.

Como Profesor Titular e Investigador de la UNMDP alcancé la máxima Categorización (“A”), luego denominada “I”, otorgada por la Comisión Interuniversitaria Nacional (C.I.N). Siempre con la única remuneración de Titular con designación simple, desde 1987 me fue asignada responsabilidad directa en todas las actividades de la Universidad en el área de la Bioética, incluyendo la elaboración de la propuesta académica y organización del Primer Postgrado en Bioética (iniciado en 1991), en la cual la UNMDP fue pionera en ese momento. Esa tarea comprendió también la organización de cuatro Jornadas Regionales Interdisciplinarias, con la participación de conferencistas de alto nivel (nacionales e internacionales), las primeras durante la gestión del Dr. París y la última siendo ya Decano el Dr. Acosta.

El C.E.D participó de la organización de dichas Jornadas que alcanzaran notable proyección académica y comunitaria.

  

 

II) Esta breve síntesis de una vida universitaria extendida en el tiempo resulta necesaria para contextualizar, en su debida dimensión, la actual situación vivida, caracterizada y signada por un clima de violencia, difamación pública y menosprecio por las instituciones republicanas, las que conducen hoy a una situación límite, ya que en las actuales circunstancias me impiden continuar con la tarea docente con dignidad y responsabilidad al no existir las garantías mínimas para ello. Es que la labor docente requiere, inexorablemente, de un clima de respeto a las personas y a las ideas, en el marco de diálogo plural y fructífero con los estudiantes, clima para el cual —debido a factores externos—, lamentablemente hoy no están dadas las condiciones, de manera alguna atribuible a los estudiantes de la Facultad que, año tras año, han participado y contribuido al clima de diálogo positivo y abierto en el marco de las actividades de la Cátedra o en Jornadas de extensión. Por eso, a todos ellos mi profundo reconocimiento.

En la difícil y dolorosa determinación a la que me llevan estas circunstancias extremas gravita de manera particularmente significativa la extensión del clima de agresión, violencia, difamación e invasión de la esfera privada, direccionada también a mis familiares más próximos, en particular, hijas, hijos, hijas políticas e hijos políticos, amén del daño moral que, por extensión, alcanza a otros familiares.

 

 

III) Uno de los episodios de máxima exteriorización de este clima de violencia, proyectado de manera directa e intencional a mí y a miembros de mi familia (varios de ellos graduados y/o estudiantes de esta Universidad), fue protagonizado por un grupo de individuos ajenos a la Facultad, que el 17 de noviembre de 2006 irrumpió con inusitada violencia en el 7º piso de la Facultad, profiriendo a gritos todo tipo de insultos al tiempo que, dentro del profundo clima de agresión y violencia, fotografiaban compulsivamente a mis familiares directos, imágenes luego difundidas por Internet y en algún medio de prensa, en violación de derechos fundamentales de los afectados.

El grupo violento logró interrumpir momentáneamente las actividades del Panel —que correspondían a las Jornadas Nacionales (anuales) de Filosofía Política, Jornadas a las cuales el Director de las mismas, Dr. Pablo Slavin, ha tenido la deferencia de invitarme años tras año en el área Bioética.

La irrupción violenta fue severamente repudiada por los distinguidos integrantes del panel, docentes e investigadores de otras universidades que estaban presentes en la sala, cuyo gesto, al igual que la de los numerosos asistentes, debo resaltar. Sobre este lamentable episodio, reñido con las reglas de convivencia de sociedades democráticas, me remito a las notas presentadas por mis hijos, presentes en dicha situación, dirigidas al Sr. Rector de la UNMDP y al Sr. Decano de la Facultad, cuyas copias se adjuntan.

Cabe preguntar aquí si los mecanismos totalitarios y fascistas de los “escraches” pueden ser legitimados en una Facultad de Derecho.

Preocupa también, por lo que ello puede implicar institucionalmente, que personas ajenas a la Universidad perturben con violencia la actividad universitaria. Asimismo, que grupos o personas que recurren a esos métodos antidemocráticos pudieran participar de reuniones del Consejo Académico para forzar coactivamente la toma de la decisión que ellos pretenden en relación a mi continuidad como docente de esta Facultad.   

Debe tenerse en cuenta la relación entre éstos y otros episodios análogos con la actuación del Dr. César Sivo, docente de la Facultad, quien ha sido uno de los principales impulsores de las presiones externas y mediáticas en mi contra sobre los órganos de la Universidad. En el mismo orden, entre otros, pueden señalarse las expresiones públicas de una funcionaria que invoca su condición de Delegada en Mar del Plata de la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires para ejercer presiones tendientes a mi separación de la Cátedra. Por ejemplo, a través de un subterfugio sobre una cuestión supuestamente formal, ella apunta a la “no renovación” de mi supuesto contrato docente, cuando no soy docente contratado.

Es que según lo interpretó la Excma. Cámara Federal de Mar del Plata, en una situación análoga relacionada con la Universidad, el Profesor designado por Concurso continua en el carácter de “profesor regular” hasta la realización del concurso siguiente. En mi caso, vencido el plazo de la designación por concurso, me presenté reglamentariamente al nuevo Concurso para el mismo cargo de Profesor Titular; pero, si bien incluso fueron nombrados los jurados, el Concurso finalmente no se realizó por cuestiones internas de la Unidad Académica.

Hoy, en el contexto de estas circunstancias, no están dadas las garantías  mínimas para el desempeño de mi labor docente en un clima de respeto recíproco, diálogo y pacífica convivencia. En ese clima de intolerancia, violencia y presiones externas, no parecen darse las condiciones que puedan viabilizar decisiones libres, sin coacciones, justas y conforme a Derecho en la unidad académica,  más allá de la buena voluntad de que así sea de varios de sus integrantes.

 

 

IV) Por otro lado, y debido a la naturaleza de las acusaciones que ahora pretenden trasladarse a la Facultad, considero importante transcribir a título ilustrativo la parte medular de la nota de apoyo, adhesión y solidaridad que en términos tan elocuentes me hiciera llegar en 1988 el padre Enzo Giustozzi, una figura emblemática en la defensa de los Derechos Humanos, tanto en Mar del Plata como a nivel nacional, y quien fuera además co-presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, cuando expresa:

 

Estimado Dr.

           Que la paz y la bendición de Dios, justo JUEZ de todos, lo acompañe siempre!

           Tengo el altísimo honor de dirigirme a Ud. movido por la necesidad de testimoniarle toda mi simpatía y apoyo en su tarea de administrar justicia en un país como el nuestro, convaleciente aún de la larga y dolorosa noche de violencia que el pasado régimen militar llevó a su exasperación.

           Como sacerdote católico, como co-presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, como ciudadano y ser humano, quiero agradecerle profundamente lo que está haciendo [y no sólo desde estos últimos tiempos…] por la moralización de la tarea policial y por la justicia en general.

           Sin otro particular, y reiterándole mis más calurosas felicitaciones por su incansable brega en pro de la ética y la justicia, lo saludo con mi mayor consideración y más alta estima.

P. ENZO GIUSTOZZI   FDP.

 

 

(Se adjunta copia de la mencionada nota).

 

VI). Resulta particularmente sugestivo, y hasta si se quiere incongruente, el texto de la nota que en 1996 me hiciera llegar el Dr. Juan Carlos Wlasic, quien en su condición de Titular de la Cátedra de Derechos Humanos me agradece la colaboración brindada con motivo de haber dictado yo, en dicha cátedra, una clase sobre el tema Bioética y Derechos Humanos, siendo que dicho docente es patrocinante de un pedido de jury contra mí.

 

(Se acompaña copia de la nota de referencia).

 

VII). Fundado en los hechos y circunstancias que anteceden, y sobre todo valorando que bajo pretexto de una situación universitaria conflictiva, creada maliciosamente por algunas personas, se proyectan agravios y difamaciones a mi persona y familiares directos, especialmente a mis hijos, expuestos todos nosotros permanentemente a “escraches y actos intimidatorios”, por lo tanto, frente a un cuadro tan anómalo, irregular e incompatible con las reglas de la democracia, considero que en estas circunstancias Y CON INMENSO DOLOR REPUBLICANO debo presentar mi renuncia al cargo de Profesor Titular con dedicación simple en la cátedra de Filosofía del Derecho por no existir las garantías mínimas de seguridad personal ni de libertad espiritual indispensables para mi desempeño.

 

Saludo al Señor Decano con atenta consideración.

                                                                                                     

                                                                                                       Pedro C. Federico Hooft.

                                                                   L.E 8.705.985   

                                                                                           Profesor Titular de  Filosofía del Derecho.