Animales sueltos en carreteras concesionadas:
la Corte Suprema Nacional argentina modificó su anterior doctrina

en beneficio de la seguridad vial de los usuarios de rutas con peaje

 

Martín Diego Pirota

 

            La reciente sentencia dictada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en los autos Bianchi, Isabel del Carmen Pereyra de c. Buenos Aires, Provincia de y Camino del Atlántico S.A. y/o quien pueda resultar dueño y/o guardián de los animales causantes del accidente s. daños y perjuicios”, era aguardada con ansiosa expectativa por los operadores jurídicos teniendo en cuenta que dos de sus nuevos integrantes –ambos civilistas (Lorenzetti y Highton de Nolasco)-, oportunamente se habían mostrado partidarios –desde la doctrina y en ejercicio de la magistratura, respectivamente- de la responsabilidad civil de los concesionarios de peaje en casos de colisiones con animales sueltos, flagelo que azota diariamente a las carreteras argentinas y que en los últimos años ha cobrado numerosas vidas inocentes, dejando una sensación de impotencia colectiva en la sociedad toda, la que al ocurrir dichas muertes se pregunta: ¿quién es el responsable en estos casos?.

            Como hombres de derecho y particularmente involucrados hace ya varios años con la investigación de una materia de especial sensibilidad para la sociedad, por los valores supremos en juego y las repercusiones sociales, jurídicas y económicas que trae aparejada como son los accidentes de la circulación ocurridos en autovías concesionadas y la responsabilidad de los concesionarios viales, consideramos que este trascendental precedente de nuestro Máximo Tribunal viene –o pretende hacerlo- a poner fin a una actual, polémica y debatida temática que ha dividido a la doctrina y jurisprudencia, cumpliendo con los efectos expansivos de predictibilidad y seguridad jurídica que se espera de sus sentencias, logrando –en el caso concreto- dar justa y razonable satisfacción a lo peticionado por los demandantes, e indicando asimismo el camino jurisprudencial a seguir para dar respuesta a las grandes demandas sociales acumuladas en los tribunales de justicia generadas por circunstancias análogas al caso examinado.                        

            El Supremo Tribunal imputó por unanimidad responsabilidad a la empresa concesionaria vial demandada (Camino del Atlántico S.A.) por los daños patrimoniales y extrapatrimoniales experimentados por los actores (cónyuge y dos hijos menores de la víctima fatal, que al momento del deceso contaba con 44 años de edad) –quienes también viajaban en el vehículo-, a raíz del accidente de tránsito ocurrido en la noche del 11 de Febrero de 1991, cuando el automóvil que guiaba el causante por la Ruta Provincial Nº 11 (corredor concesionado a Camino del Atlántico S.A.) colisionó con un animal equino (con marca, no obstante no haber sido individualizado en autos su dueño o poseedor) que súbitamente cruzó la calzada, a la altura del camino de tierra a Mar Azul, aproximadamente a 12 Km. de la entrada a la Ciudad de Villa Gesell (Buenos Aires).   

            En cuanto a los lineamientos centrales del fallo destacamos los siguientes:

·        Se distingue entre la carga de autoinformación (relevamiento de datos de los lugares o zonas del camino donde existen animales o es posible prever su presencia, mediante el recorrido o patrullaje del corredor concesionado y la consiguiente puesta en práctica de medidas adecuadas para evitar el ingreso de los mismos a la calzada), y el deber de transmitir la información obtenida al usuario de modo oportuno y eficaz, no solamente mediante la instalación de carteles fijos (señalización de advertencia, peligro o prevención), cuyos avisos son independientes de la ocurrencia del hecho, sino también a través del aviso o notificación concreta al usuario de la peligrosa presencia de animales sueltos en determinado kilometraje de la carretera, propiciando por supuesto –en tarea conjunta con la autoridad policial- al pronto retiro e incautación de los mismos. Es decir, que se le está demandando al concesionario que abandone su actitud pasiva y estática de colocar carteles o aguardar el aviso del usuario sobre la aparición de animales en el camino, y asuma una conducta dinámica de vigilancia activa que le permita prevenir la intromisión de animales o en su caso, su inmediato apartamiento del espacio vial concesionado.    

            Después de haber analizado el paradigmático fallo que motiva nuestro comentario, no tenemos más que manifestar nuestra conformidad y palabras de elogio hacia el mismo, erigiéndose en una decisión señera, contundente, razonable, disuasoria y comprometida con los valores supremos en juego (vida e integridad física de la persona), que marcando pautas claras a seguir con un fuerte contenido en materia de prevención y seguridad vial en las vías de circulación –en buena sintonía con la comunidad internacional que, mediante la Resolución Nº 60/05 de la Organización de las Naciones Unidas, instituye la “Semana Mundial para la Seguridad Vial” del 23 al 29 de Abril de 2007, y con las autoridades nacionales que a través del Poder Ejecutivo declaran al año en curso como “Año de la Seguridad Vial” en la República Argentina-, establece un antes y un después en la doctrina judicial del Supremo Tribunal referida a la controvertida y siempre vigente temática de la responsabilidad civil de los concesionarios viales, dejando atrás los insensibles, desactualizados y costumbristas argumentos de sus antiguas decisiones, y al mismo tiempo exhortando a los entes viales a salir de su pasividad y retomar las obligaciones a su cargo con responsabilidad, profesionalidad, eficiencia y el dinamismo que la actividad impone, implementando oportunas acciones que contribuyan a organizar el tránsito vehicular y que tendrá como efecto directo lograr que el usuario de la vía recupere la confianza perdida en el sistema de peaje -como esquema de financiamiento vial- y en la circulación segura por los caminos concesionados, contribuyendo de esa forma a reducir la verdadera “endemia social oculta” que representan los accidentes de tráfico, que nos aqueja y persigue de generación en generación.