Digitalización de documentos papirológicos y derecho romano: instrumenta studiorum

 

 

Diego M. Santos

 

Porfirio, Sobre la vida de Plotino y el orden

de sus libros, 20, 25 ss.[1]

 

Introducción: la importancia de las fuentes

El estudio del derecho romano depende, casi en su totalidad, de las fuentes jurídicas romanas que han llegado hasta la actualidad. En segundo lugar se encuentran las fuentes históricas o literarias. La mayor parte de las fuentes han sobrevivido en copias tardoantiguas o medievales. Incluso algunos solo se conservaron en traducción, como el Liber legum Syro-romanum[2] o los Scholia Sinaitica[3]. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, los papiros descubiertos en Egipto principalmente han aportado nuevo e invaluable material al estudio del derecho de Roma. En la última década del siglo XX, la digitalización de estos textos aporta una nueva forma de consulta, simplificado notablemente el acceso a los documentos originales.

 

 

Papiro

Modo si papyrum Aegyptiam argutia Nilotici calami inscriptam non spreveris inspicere[4], dice Apuleyo. Evidentemente, todo papiro es una invitación a su lectura[5]. El término griego pápyros se refiere tanto al soporte de escritura como a la planta (Cyperus papyrus) con la que este se produce, entre otros[6]. La trascripción latina papyrus, que dio origen al sustantivo en las lenguas modernas, conserva los mismos sentidos[7].

Este era producido, en diversas calidades ordenadas según su precio, en hojas llamadas kollé:mata que se pegaban unas a otras formando un rollo (kýlindros) que era denominado tómos (en latín volumen). En caso de copiarse un texto continuo, se lo hacía en columnas (selídes). Las hojas (khárte:) en las que se escribían los documentos privados (contratos, escrituras, etc.), cuya copia era depositada en alguno de los registros indicados por el estado[8], se pegaban a un rollo. Así, en diversos documentos jurídicos se indica el tomo y hoja (kollé:ma) en que se encontraba la copia archivada.

La papirología no estudia solamente aquellos textos escritos en este soporte. Las óstraka (fragmentos de piedra o cerámica con escritura) son abundantes y pueden contener textos relevantes para el estudio jurídico, impositivo o económico.

También eran utilizadas tablas (tabulae) de madera enceradas. Si bien su importancia jurídica es relevante en las fuentes (ej. bonorum possessio contra tabulas), pocas de estas han llegado completamente legibles hasta la actualidad. Tablas recubiertas de estuco eran usadas sobre todo en ejercicios escolares.

El pergamino (diphthéra, latín vellum) es cuero de algún animal usado como soporte de escritura. No fue usado con frecuencia en la antigüedad hasta el siglo IV de nuestra era, siendo su uso en documentos jurídicos escaso hasta el VIII (los documentos merovingios o la administración omeya de Egipto aun usan el papiro). Aquel lugar común que indica que los romanos escribían siempre su literatura o documentos en pergamino es completamente erróneo. El uso del pergamino se vuelve cada vez más frecuente luego de la conquista islámica de Egipto en 641 y coincide con aquellos fenómenos que causan una reducción en la producción o consumo de textos literarios. Testimonios contemporáneos, citados por Peter Brown, nos transmiten que la preocupación de la época, los ataques de los bárbaros y su sentido de "estar más ocupados", evitaban ir a los libros, que también cada vez se escribían menos[9]. La producción literaria occidental de esta época y los siglos que la siguen se va diferenciando cada vez más de la producción realizada hasta el siglo IV-V. Las Bibliotecas van cayendo en el olvido y son pocos los que pueden acudir a consultar o copiar libros.

Los libros se vuelven costosos, objetos "de culto", lo que se suma, por ejemplo, a las dificultades antes señaladas para la circulación de los libros. Menéndez Pidal[10] comenta: "el gran peligro de los viajes se hace sentir hasta para le hija del rey de Francia, que va a casarse con Recaredo en 584, y tiene que renunciar y volverse desde Tolosa dado el bandidaje de los caminos. Es muy significativa también la imposibilidad en que se halla el mismo Recaredo de comunicar al Papa la conversión del pueblo godo hasta un año después de la abjuración, y el retraso de otro año con que el Papa contesta expresando su inmensa alegría. Y así otros hechos. En segundo lugar, la escritura se hizo escasísima. Tenemos datos para mostrar que el paso de un libro desde una comarca a otra vino a tener caracteres de un acontecimiento señalado. La importación a España de los Morales de San Gregorio en 649 fue un verdadero negocio de estado".

Entre fines del siglo III y principios del siglo IV, el rollo comienza a ser suplantado por el codex (llamado en griego biblíon, al igual que el rollo[11]). Este formato administrativo fue popularizado probablemente por los cristianos para sus textos. La literatura jurídica codificada del mundo tardoantiguo (como el Codex Theodosianus) recibe precisamente este nombre a partir del formato elegido. Este término ha sobrevivido en la actualidad como nombre de un tipo de texto jurídico con características propias (código civil, código procesal penal, etc.).

 

 

Papiros y derecho

La transmisión de los textos jurídicos presenta un problema característico: el texto legal era visto en la antigüedad como un texto práctico, nunca como literatura. Por esto no había ningún interés en preservarlos más allá de su uso. La mayoría de los textos legales romanos no han llegado hasta nosotros, lo que presenta una situación poco beneficiosa para estudiar el derecho romano en profundidad. Esto se resulve muy parcialmente de una forma: muchas veces textos legales y documentos jurídicos eran, sobre todo en Egipto, donde el clima permitió su conservación, desechados e incluso probablemente vendidos como papel de segunda mano. El papiro se escribía generalmente en el recto, por lo cual el verso permanecía en blanco y usable. Así es como nos han llegado valiosas constituciones imperiales, edictos de prefectos, documentos jurídicos, etc., conservados fragmentariamente en un papiro comprado por alguien que lo recortó y utilizó su verso para escribir un ejercicio de escuela, una carta, etc[12].

Otro problema se presenta en cuanto a las transmisión de los textos que han llegado a través de los manuscritos. En primer lugar, las compilaciones legales nos transmiten solamente aquel material vigente en época de su compilación. Por ejemplo, de los código conservados[13], el Código Teodosiano[14] no recoge nada anterior a Constantino I (307-337), mientras que en el Corpus Iuris Civilis[15] no hay nada anterior a Hadriano (117-138). Legislación anterior a Hadriano y Constantino I ha llegado a nosotros conservada en papiros, complementando así la conocida por los códigos.

Por una parte tenemos que las compilaciones legales son parciales, es decir, solamente recogen el material legal vigente en ese momento. Ahora bien, ¿cómo lo recogen?. Tedosio II y Valentiniano III, en su Edicto del 26 de Marzo de 429 (C. Th. I. 1. 5), donde mandan la compilación del Código Teodosiano, indican la forma en que se debe realizar la compilación. Primero de todo, los compiladores pueden quitar todo aquello que consideren sobrante (por la evidencia papirológica sabemos que las constituciones imperiales no eran tan cortas como se ven en los Códigos, al parecer los compiladores las recortaron, dejando solo la doctrina). No considerarán gran parte de los textos antiguos. El Código, que llevaría el nombre Teodosiano, no debería tener ambiguedades, eliminando todas las que aparezcan durante la compilación. Por último, si una constitución trata de más de un tema, se la debe dividir, ubicando los fragmentos en aquella parte que correspondan, según los títulos del Código. En ell Edicto del 20 de Diciembre de 435, donde se vuelve a formar otra comisión para compilar el Código, se confirma en lineas generales lo propuesto por la anterior constitución, aclarando aquí explicitamente que los documentos deben ser posteriores a divo Constantino. Coincidimos con A. Coskun que los compiladores no modificaron las constituciones reescribiéndolas, sino que se limitaron a recortarlas[16]. Algo parecido sucedión durante la compilación del Corpus Iuris Civilis[17], aunque en este aparece el problema de las interpolaciones, las que vienen preocupando a los estudiosos del Derecho Romano hace siglos.

El problema propio de los manuscritos es su transmisión. En este caso, las variantes entre los distintos manuscritos no son tan importantes como en algunos textos literarios, y los errores se deben sobre todo a los copistas, aunque en más de un punto las variantes puede hacen surgir alguna duda razonable, como por ejemplo en lo que respecta a la fechación de las constituciones. El Corpus Juris Civilis fue más afortunado: ha llegado a nosotros en varios manuscritos y en traducción griega, que complementan al Codex Florentinus, el manuscrito que originalmente Irnerio descubre en Pisa en 1090, comenzando así con los estudios de Derecho Romano en Occidente. En cuanto al Codigo Teodosiano, la tradición manuscrita lo conservó en parte: los primeros libros se extraen de las citas de la Lex Romana Visigothorum de Alarico. En el Breviario también se encuentran los conocidos comentarios a las Constituciones. Las Sentencias de Paulo son conocidas también por la misma fuente.

Entre fines del siglo XVIII y principios el XIX, la lectura de los papiros, especialmente griegos, que llegaban a Europa producían las primeras inquietudes en cuanto al uso de su contenido, como aquellos depositados en la Bibliothèque de Roi o el Cabinet du Roi mencionados por J.-F. Champollion[18] o los procedentes de las colecciones inglesas que cita el físico británico Th. Young[19]. Incluso el hermano de Champollion, J.-J. Chapollion-Figeac, intentó realizar su aporte en la lectura de una constitución imperial escrita en litterae caelestes[20].

En la segunda mitad del siglo XIX, los frecuentes descubrimiento de papiros, por parte de campesinos en busca de fertilizantes, movieron a europeos y norteamericanos hasta Egipto. La promesa de importantes textos inéditos esperando a ser descubiertos era más que tentadora. Las primeras excavaciones en Egipto medio y el oasis de el-Fayum comenzaron a mostrar lo acertado de esta idea. Los documentos jurídicos, cartas privadas, documentos administrativos, etc. que revelaban la vida diaria del Egipto ptolemaico y romano se mezclaban con fragmentos inéditos de autores clásicos. La primera temporada de B. P. Grenfell y A. S. Hunt en Oxirrinco reveló, entre otros textos, una colección inédita de dichos de Jesús (el Evangelio de Tomás: P. Oxy. 1, P. Oxy. 654, P. Oxy. 655). Es conocido el siguiente fragmento de la obra de teatro The Trackers of Oxyrhynchus (1988) de Tony Harrison:

 

“¡Papiros! los mordisquean los insectos. ¡El tiempo los corroe y las plantas del lugar usan de maceta una papilla de Odas de Píndaro! ¡Es horrible contemplarlo! ¿Cómo puede alguien dormir mientras Sófocles se pudre en un antiguo montón de basura? Nuestros fellahin, sin embargo, no están completamente seguros de que Menandro les servirá mejor que la bosta. Se afanan por el fertilizante y Hunt y yo rastreamos la filosofía y el drama en el sebakh cargado de nitrógeno. La espinaca florece gracias al rollo hecho pulpa que guardaba secretos aun ocultos del alma de Safo”[21]

 

Muchos autores u obras clásicas han llegado gracias a los papiros, como la Constitución de Atenas de Aristóteles o la obra de Baquílides, solo por cirtar alguno. Las excavaciones en Oxirrinco, por su riqueza, han sido paradigmáticas. El primero volumen de la publicación de los hallazgos se imprimió en 1898. La colección continúa editándose. En 2005 apareció el volumen 63, con textos leídos gracias a un nuevo sistema informático.

Han aparecido papiros en muchos sitios egipcios. También, aunque en mucho menor cantidad, se han descubierto fuera de Egipto[22], como los papiros procedentes de la ciudad romana de Dura Europos (con documentos jurídicos interesantes, incluso un contrato de venta en siríaco[23] de época de Gordiano III). Algunos archivos medievales aun conservan documentos papales escritos sobre papiro.

La mayor parte de los grandes museos o universidades del mundo tienen colecciones papirológicas. Los papiros (exceptuando aquellos que caen en el ámbito de la egiptología) de estas colecciones datan mayormente de entre la época ptolemaica (siglos IV-I a.C.) hasta el califato omeya (siglos VII-IX d.C.). Las lenguas en las que más frecuentemente se encuentran escritos son el griego, el demótico, el latín o el árabe. Se conocen papiros arameos, hebreos, siríacos o pahlavis.

No es este el lugar para comentar en profundidad el contenido de los documentos jurídicos, pero solo observaremos que tanto en época ptolemaica como romana, varios sistemas jurídicos funcionaban en Egipto, por lo que encontramos documentos según el derecho helenístico, egipcio, greco egipcio o romano. A los estudiosos del derecho de Roma le interesan estos últimos, junto a aquellos fragmentos papiráceos de obras deficientes (Gayo), desconocidas (Scholia Sinaitica) o con un interés particular (el índice de la primera edición del Corpus Iuris Civilis). Los documentos permiten ver el derecho romano funcionando, lo que los diferencia y resalta su valor frente a los textos jurídicos.

Cada colección papirológica suele ser editada en uno o varios volúmenes, a veces publicaciones editadas a través de los años, como Oxirrinco. En algunas ocasiones son volúmenes en homenaje a eminentes profesionales. Esta tarea la realizan uno o varios editores, que se ocupan de transcribir, traducir (en la mayoría de los casos) y comentar cada papiro, señalando sus relaciones con otros textos conocidos, dentro y fuera de esa colección. Algunas colecciones cuentan con archivos relacionados a un mismo personaje, algunas veces realmente extensos.

Estos volúmenes son relativamente difíciles de conseguir en Latinoamérica. En Argentina, solo unas pocas bibliotecas en la Ciudad de Buenos Aires tienen bibliotecas papirológicas[24]. Esto es en un punto lamentable, debido a la importancia que reside en la consulta de estos textos. Un avance en su disponibilidad se produjo en la última década a través de Internet.

 

 

Documentos digitalizados

La relación entre la informática y la papirología ya era percibida en la década de 1980. La digitalización de documentos papirológicos a partir de la última década del siglo XX trae consigo dos beneficios principales. Pone a disposición de los estudiosos un corpus gigantesco de referencias paleográficas, en comparación con los pocos ejemplos de los libros especializados y las escasas láminas de las ediciones impresas. En segundo lugar, crea una notable democratización del conocimiento. Este es el punto que creemos más importante. Gran cantidad de valioso material, inaccesible en Sudamérica, se encuentra ahora disponible a solo un click de distancia. No solo nos referimos a los papiros, sino a las fuentes de calidad y bibliografía que cada día son subidas a la red.

Actualmente se cuenta con varias instituciones que han puesto online sus colecciones papirológicas. Esto se vuelve más valioso cuando se tienen en cuenta el sitio Perseus, donde se encuentran las transcripciones de las principales colecciones papirológicas impresas. Ambas herramientas se ven despojadas de los comentarios del editor, muchas veces de una importancia fundamental, pero de todos modos acerca una gran cantidad de información anteriormente inaccesible.

Otros sitios como la Checklist of Editions of Greek, Latin, Demotic and Coptic Papyri, Ostraca and Tablets (contiene la lista, actualizada periódicamente, de todas las ediciones de textos papirológicos) o las Wörterlisten, también actualizada periódicamente, donde pueden encontrarse indexadas las palabras y nombres propios o topónimos de todos los papiros publicados recientemente. Así es más simple buscar en que documentos aparece un término jurídico particular, sin tener que consultar los índices de cada volumen. Incluso se puede seguir un curso de introducción a la papirología árabe en la red.

Revistas especializadas, como el Zeitschift für Papyrologie und Epigraphik, comenzaron a subir masivamente sus números anteriores a la red. Además de esto, la mayoría de las revistas tienen sus índices online, aunque para su consulta se deberá seguir utilizando la edición impresa. Esto sin contar aquellas revistas, que si bien no especializadas, contienen artículos de interés directo o indirectos para los estudiosos de la papirología jurídica. Algunos especialista o universidades, comenzaron a subir a Internet sus publicaciones, conformando así valiosas bases de datos. No hay que dejar de hacer mención de la difusión de las suscripciones a bibliotecas virtuales en las instituciones académicas de nuestro país.

La conclusión de estas líneas puede resumirse del siguiente modo: cada día las herramientas son más y se encuentra más disponibles. El estudio del pasado, especialmente del pasado jurídico, está viviendo un gran salto en la cantidad de información de calidad disponible. Esta revolución se trasladará a la producción de más trabajos de calidad.

 

 

SELECCIÓN DE DIRECCIONES ÚTILES EN INTERNET

 

APIS – Advanced Papyrological Information System (reúne colecciones papirológicas de varias instituciones; excelente selección de links, especialmente sitios con colecciones papirológicas online)

http://www.columbia.edu/cu/lweb/projects/digital/apis/index.html

 

Perseus (Duke Databank of Documentary Papyri)

http://www.perseus.tufts.edu/cache/perscoll_DDBDP.html

 

What’s New in Papyrology

http://papyrology.blogspot.com/

 

CCP – Catalogue of Paraliterary Papyri

http://cpp.arts.kuleuven.be/searchform.html

 

Checklist of Editions of Greek, Latin, Demotic and Coptic Papyri, Ostraca and Tablets

http://odyssey.lib.duke.edu/papyrus/texts/clist.html

 

Wörterlisten

http://www.zaw.uni-heidelberg.de/hps/pap/WL/WL.html

 

Arabic Papyrology School

http://orientx.unizh.ch:8080/aps_test_2/home/index.jsp

 

Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik

http://www.uni-koeln.de/phil-fak/ifa/zpe/index.html

 

Publicaciones de R. S. Bagnall

http://www.columbia.edu/cu/classics/fac-bios/bagnall/personal/cv.html?mode=interactive

 

Papyrology Homepage

http://www.users.drew.edu/~jmuccigr/papyrology/

 

Prosopographia Ptolemaica

http://prosptol.arts.kuleuven.ac.be/index_i.html

 

 

http://quod.lib.umich.edu/b/basp/

 

 



[1] Plotinus, ed. Armstrong, A. H., vol. I: Porphyry on the Life of Plotinus and the Order of his Books, Enneads I. 1-9, Loeb Classical Library, Cambridge, Hardvard University Press, 1989.

[2] La traducción latina de A. C. Ferrini se encuentra en Baviera, J. et alii, Fontes Iuris Romani Antejustiniani, vol. 2, Florencia, S. A. G. Barbèra, 1940, pág. 759-798. Existe una reciente edición del texto y traducción alemana en Selb, W. – Kaufhold, H., Das Syrisch-römische Rechtsbuch, 3 vols., Wien, Verlag der Österreichischen Akademie der Wissenschaften, 2002. Los características del texto siríaco sugieren un original griego. Incluso aquellos latinismo presentes en el texto tienen origen helénico.

[3] Scholia Sinaitica ad Ulpiani libros ad Sabinum: edición del texto griego y traducción en Baviera, J. et alii, op. cit., pág. 637-652.

[4] L. Apuleyo, Metamorphoseon Liber I, 1.

[5] Diversas obras pueden leerse como introducción a la papirología, especialmente Bagnall, R. S., Reading Papyri, Writing Ancient History, London/New York, 1995; Turner, E. G., Greek Papyri, an introduction, Princeton, Princeton University Press, 1968. En castellano se encuentra la traducción de la obra clásica de A. Calderini (Tratado de Papirología, Barcelona, Garriga, 1963) y el primer capítulo de la ya desactualizada obra de H. I. Bell (Egipto desde Alejandro Magno hasta la Época Bizantina, Barcelona, Garriga, 1965 = Bell, H. I, Egypt from Alexander the Great to the Arab Conquest: A Study on the Difussion and Decay of Hellenism, London, Oxford University Press, 1956). Ambas fueron traducidas por José O’Callaghan, s. j., quien lamentablemente censuró parte de la clásica obra de Bell (donde la inclusión de “Bizantina” en el título es solamente anecdótica), recortándole aquellas partes del capítulo III donde se habla del cristianismo y todo el capítulo IV (de la tetrarquía en adelante), debido a que deseaba evitar “el roce con materias afectadas por diverso criterio de confesionalidad religiosa”.

[6] Liddell, H. G. – Scott, R., A Greek-English Lexicon with a revised supplement, 9th ed., Oxford, Clarendon Press, 1996, pág. 1302a; Chantraine, P., Dictionnaire Étymologique de la Langue Grecque, histoire des mots, vol. 3, Paris, Éditions Klincksieck, 1974, pág. 872b.

[7] a.a.v.v., Oxford Latin Dictionary, Oxford, Clarendon Press, pág. 1292a.

[8] Cockle, W. E. H., “State Archives in Graeco-Roman Egypt from 30 BC to the reign of Septimius Severus” en Journal of Egyptian Archaeology 70 (1984), pág. 106-122.

[9] Un clérigo romano del siglo VII comentaba: "si nuestro interés se centrara en la erudición secular, debemos confesar que casi nadie hoy día puede jactarse de mucha ciencia. En estas regiones la furia del bárbaro se inflama diariamente; unas veces con fuerza, otras con menos vigor. Toda nuestra vida se halla presa de congojas, y nuestros esfuerzos se dirigen a rechazar las bandas armadas que nos cercan"; un obispo hispano, en el siglo VIII, debió ser guiado por un ángel para poder encontrar el libro que necesitaba en la Biblioteca Vaticana. Estas y otras anécdotas pueden leerse en: Brown, P., El Mundo en la Antigüedad Tardía, de Marco Aurelio a Mahoma, Barcelona, Taurus, pág. 207-214.

[10] Menéndez Pidal, R., Castilla, la Tradición, el Idioma, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1945, Pag. 190.

[11] Groningen, B. A. van, Short Manual of Greek Palaeography, Leiden, A. W. Sijthoff’s Uitgeversmaatschappij N. V., 1940, pág. 22-24.

[12] Uno de los documentos legales romanos (s. II) más famosos (P. Oxy. II 237), la llamada "Petición de Dionisia" (petición que Dionisia eleva al Prefecto de Egipto, tribunal máximo en esa provincia, fundamentando su escrito con citas de constituciones imperiales, edictos de otros Prefectos y sobre todo jurisprudencia), nos ha llegado fragmentariamente en un papiro preusado para escribir el libro V de la Iliada.

[13] De los Códigos Hermogeniano y Gregoriano solo nos quedan pocos fragmentos,  publicados en Otto, L., Palingenesia Juris Civilis, Vol. I, Lipsiae, ex Officina B. Tauchnitz, 1889 (reimpresión, Roma, Il Cigno Galileo Galilei, 2000).

[14] La edición generalmente utilizada es Mommsen, Th.-Meyer, P. M., Theodosiani Libri XVI cum constitutionibus Sirmondianis et Leges Novellae ad Theodosianum pertinentes, Vol. I-II, Berlin, 1954, mientra que una buena traducción puede ser encontrada en  Pharr, C., The Theodosian Code and Novels and the Sirmondian Constitutions, a Traslation with Commentary, Glossary and Bibliography, Princeton, Princeton University Press, 1952.

[15] Krueger, P, ed., Corpus Iuris Civilis, Vol. I-III, Berlin, 1954; el Digesto puede encontrarse en Bonfante, P.-Fadda, C.-Ferrini, C.-Riccobono, S.-Scialoia, V., Digesta Iustiniani Augusti, Mediolani, Formis Societatis Editricis Libreriae, 1931.

[16] Coskun, A., Imperial Constitutions, Chronology and Prosopography, towards a New Methodology for the Use of Late Roman Law Codes, Edición online del autor, 2001, pág. 3-6. Con respecto a este tema, es interesante ver también el trabajo filológico realizado por V. Guhild: Gunhild, Vidén, The Roman Chancery Tradition, Studies in The Language of Codex Theodosianus and Cassiodorus' Variae, Gothoburg, Studia Graeca et Latina Gothoburgensia, 1984.

[17] Para la compilación del Corpus Iuris Civilis se recomienda ver las constituciones de Justiniano I del 18 de las kalendas de Enero de 530 (Deo Auctore..., I. 17. 1), del 17 de las kalendas de Enero de 533 (Omnem rei publicae...), del 17 de las kalendas de Enero de 533 (Tanta circa...), y su traducción griega, publicadas en: Bonfante, P.-Fadda, C.-Ferrini, C.-Riccobono, S.-Scialoia, V., Digesta Iustiniani Augusti, Mediolani, Formis Societatis Editricis Libreriae, 1931, pag. 1-25; también la Constitución dada en Constantinopla el 11 de las Kalendas de Diciembre de 533 publicada al inicio de la edición de P. Krueger citada más arriba.

[18] Champollion, J. F., Léttre a M. Dacier, Paris, Firmin Didot père et fils, 1822, pág. 4, nota 2.

[19] Young, Th., An account of some recent discoveries in hieroglyphical literature and Egyptian antiquities (...) with a translation of five unpublished Greek and Egyptian manuscripts, London, John Murray, 1823, pág. 145 ss.

[20] Mallon, J., L’Écriture de la Chancellerie Impériale Romaine, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1948, pág. 5.

[21] Citado en Crossan, J. D., El Nacimiento del Cristianismo, Buenos Aires, Emecé, 2003, pág. 149.

[22] Cotton, H. M. – Cockle, W. E. H. – Millar, F. G. B., “The Papyrology of Roman Near East: A Survey”, Journal of Roman Studies 85 (1995), pág. 214-235.

[23] Perkins, A., The Excavarions at Dura-Europos, Final Report V, Part I, New Haven, Yale University Press, 1959, pág. 11-21 (características de los documentos jurídicos descubiertos), 142-149 (“Syriac deed of sale”) y plates LXIX-LXXI.

[24] La Biblioteca del Instituto de Filología Clásica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, la Biblioteca del Centro de Estudios del Egipto y del Mediterráneo Oriental y en menor medida la Biblioteca del Instituto de Historia Antigua Oriental de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y la Donación Abraham Rosenvasser de la Academia Argentina de Letras.