DERECHOS HUMANOS Y CATÁSTROFES JURÍDICAS
Conferencia del Dr. Emanuele Calò
en la Universidad del Museo Social Argentino

por Federico Gabriel Piedras Quintana

El siglo XX fue el siglo de la constancia:
constante en la fragmentación,
constante en el control y en el autoritarismo,
constante en el capitalismo,
constante en las catástrofes y en el horror.
Hoy, en el inicio del silgo XXI,
vivimos, entre otras cosas,
una prolongación de todo lo anterior.
Pero más allá de todas las posibles erradicaciones
y ficciones en las que se vio atrapado el siglo,
lo cierto es que el dispositivo de horror generó, asimismo, todo un dispositivo de pensamiento
que se propuso, precisamente,
pensar tanto el siglo como el devenir.

Dentro de esa línea,
el pasado miércoles 23 de mayo,
en la Universidad del Museo Social Argentino,
invitado por su Instituto de Bioética y Bioderecho,
y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires,
el prestigioso jurista uruguayo-italiano
Dr. Emanuele Calò, disertó sobre el tema
"Derechos humanos y catástrofes jurídicas".
Con agudeza, delineó un amplio panorama
sobre el estado actual de los actos jurídicos
de expresión de voluntad en temas biomédicos,
tanto en Europa como en Canadá y EEUU.
A partir de las diferentes realidades,
poco a poco y sutilmente, tejió el entramado preciso de los puntos insoslayables
que deben presentar estos instrumentos.
El énfasis se colocó fuertemente en dos:
el consentimiento informado
y las declaraciones vitales de voluntad.
Ambos documentos despliegan,
en el ámbito de la bioética y el derecho médico,
los espacios propios de la libertad de las personas
frente a la maquinaria médica y estatal.
No respetar o degradas esas instituciones,
implica interpretar todo un ordenamiento jurídico
como un compartimiento cercano a lo absurdo y lo ridículo. Justamente en esos actos biomédicos, señaló el Dr. Calò,
por definición se manifiesta la voluntad del ser humano
en toda su potencialidad. Qué decidir, en qué momento,
para qué momento, y a quién permitirle que decida por uno
en otro momento determinado de nuestras vidas,
es una prerrogativa que todos los Estados deberían
tener presente en sus sistemas normativos.

Evitó el Dr. Calò, sin embargo,
caer en la simple operación de derecho comprado,
de quien busca aplicar para un país
lo que sucede en otro. Muy por el contrario,
lo que planteó el brillante estudioso fue,
en especial a partir del estudio
de las diferentes realidades,
generar una síntesis -y toda una dialéctica, quizás-
que lleve a sustraer un mecanismo no perfecto
-eso es imposible-, sino óptimo
para aplicar dentro del campo
del derecho biomédico del país que sea.
El fin de todo eso es sencillo:
generar desde el derecho los ámbitos propios
para que las personas puedan proyectarse
con sus propias decisiones
en lo que respecta a uno de los campos
más importantes de sus vidas: el de la salud.
Por otra parte, también fue puesto en discusión el concepto de capacidad. ¿Sólo los mayores de edad capaces pueden generar
declaraciones de voluntad válidas en lo atinente a los actos biomédicos?
¿A partir de qué premisas se podría seguir sosteniendo eso?
Para el Dr. Calò parece no existir ninguna.
La capacidad con la que se maneja el derecho actual
-en particular el "continental"-, es una construcción del siglo XIX,
pensada para los asuntos patrimoniales,
y no para decidir sobre tratamientos médicos, sobre la propia vida
-y en definitiva sobre la muerte-, o sobre el propio cuerpo.
Que una gran cantidad de la población -los menores de edad
y los llamados "dementes" (clasificaciones, oh, clasificaciones)-
se vea excluida de la toma de esas decisiones que afectan su vida,
su dignidad y sus proyectos, es algo insostenible
tanto lógica como humanamente.
Todo ordenamiento que no dé el lugar necesario
a esta parte de la población para que pueda decidir
sobre algo tan elemental como es su propia vida,
y haga este retaceo bajo parámetros arcaicos,
se acerca a una catástrofe jurídica...