¿Protagonistas o espectadores?

 

Querido Profesor Rabinovich:


Desde algunos sectores de la Sociedad todavía hay quienes esgrimen el gastado argumento de que “Los estudiantes no deben participar en el gobierno universitario, sino que deben limitarse a aprender lo que los profesores enseñan”. En ese sentido un lector ha publicado en la sección de Opinión del Diario El Tribuno de Salta una Carta en la que critica con dureza todas las conquistas de los estudiantes referidas a la participación en las elecciones de autoridades.

 

Al responder la misma, he reflexionado que, a pesar de todo lo que ha sufrido nuestra sociedad por el autoritarismo de quienes se han creído, en distintos momentos de su historia, legitimados para censurar y establecer los criterios de “bien y mal” de manera vertical, sin posibilidad de disenso, defensores de la idea de que existe una verdad única e irrebatible (por supuesto, la de ellos) a la que hay que defender a toda costa, y que todos los que piensen diferente (a ellos) son enemigos a los que hay que convertir o exterminar, a pesar de lo destructivo de esa idea, aún hay quienes confunden participación con anarquía. Sin embargo, desde que los estudiantes tenemos participación activa en la vida universitaria, hemos visto materializados logros extraordinarios, que enriquecen a la vida democrática, que difícilmente hubiesen visto la luz bajo el antiguo régimen.

 

Respetando a quienes piensan diferente, yo considero que esa antigua idea del “estudiante que debe ir a estudiar lo que los profesores enseñan y nada más” ha sido momificada por la historia. El régimen de la Universidad donde el estudiante solo va a aprender y no a crear es una de las muestras más tristes de lo que la ignorancia, unida al autoritarismo y la soberbia humana han inventado como excusa para pretender anquilosar el devenir dinámico de la historia. He estudiado en una Universidad Privada y en una Pública, y créanme los lectores que la riqueza de la participación estudiantil le aporta a la vida universitaria no tiene precio. El estudiante va a aprender no solamente materias y planes de estudio, que en definitiva son productos del paradigma de la época, sino también a aprender sobre la vida, a nutrirse de experiencias que son insustituibles, a participar y a darle vida a su fuego creador, a reconocerse como sujeto crítico, capaz de cuestionar lo que ya no sirva y de aportar fuego vital al porvenir. Que algunos lo aporten de manera incendiaria, no significa que todo el sistema esté mal, al contrario, la democracia es bueno que se aprenda desde la Universidad, e inclusive desde la cuna.

 

También es importante considerar que participar en la vida universitaria no debería limitarse a co-gobernar, sino a enriquecer a ese ámbito de desarrollo que es, para una sociedad, la Universidad, desde todos los campos y aspectos posibles. La postura de los defensores de las antiguas concepciones implica el desconocimiento o la negación de la propia vida, y el elogio a la mediocridad institucionalizada. Yo prefiero oponer la otra visión, la del elogio a la responsabilidad de hacerse cargo, cada cual, del rol que le toca en cada momento, y en ese aprendizaje, la Universidad enseña mucho más y se nutre mucho mejor cuando los estudiantes, bien o mal, participan, y no cuando los estudiantes son simples esponjas destinadas a absorber conocimientos que alguien supuestamente legitimado ha considerado, desde su propia circunstancia, que "deberían ser" los contenidos oficiales.

 

Los estudiantes no solo aprendemos dentro de las aulas, aprendemos en todo el ámbito Universitario, aprendemos no solo teorías, sino que aprendemos a vivir, a cuestionar, a crear, a interactuar, a crecer, a dejar de ser solamente hombres y mujeres para convertirnos en Personas.-

 

Pablo José Funoll

Estudiante de Derecho

Universidad Nacional de Tucumán
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