BRAYLAN, Marisa

INFORME
SOBRE ANTISEMITISMO
EN LA ARGENTINA 2006


Buenos Aires, CES-DAIA
, 2007, 454p


Como argentino de origen judío, estoy convencido de que el mío no es, ni remotamente, un país que pueda calificarse de antisemita. Casi medio siglo de vivir en esta tierra hermosa, que abonan cuatro generaciones de ancestros hebraicos míos, me da título para lanzar esa afirmación. Esta patria de contrastes y de mezclas, donde sepulté a mi padre y vi morir a mi hijo, es la diametral oposición a la prédica infausta del cabillo germano. Aquí nos casamos entre gentes de religiones distintas (y de prosapias más que diversas) sin mayores aspavientos ni asombros. Recuerdo las miradas embarazadas de mis colegas profesores estadounidenses, por ejemplo, cuando conocían a mi mujer: no entraba en sus mentes que un Rabinovich pudiera estar casado con una católica de rasgos "latinoamericanos" y piel cetrina (para peor, con apellido italiano).

Pero que la Argentina no sea un país antisemita, no significa que no haya aquí, como en todos lados, sectores y personas que destilan ese licor de odio, así como están los que se especializan en otras variantes: desprecian a los indígenas, fustigan a los testigos de Jehová, zahieren a los homosexuales... Pero, en definitiva, todas esas son plantas de la misma raíz: una mixtura de ignorancia, miedo, insatisfacción sexual, narcisismo, mal humor y trastornos digestivos, que antes se disfrazaba de disgusto religioso (y todavía hay quienes lo intentan) y desde Darwin se prefiere teñir de argumentos raciales (por supuesto, siempre están las arengas económicas).

Esos grupitos a veces han tenido poder, y han hecho muchísimo daño. La última, fue cuando las fuerzas armadas, con el apoyo de civiles, tomaron el control del país en 1976, y se lanzaron a completar un baño de sangre que ya se había iniciado antes, y que terminaría con decenas de miles de secuestros, asesinatos, torturas, violaciones, robos de criaturas, despojos de bienes, y generando heridas que distan de haberse cerrado, y quizás no cicatricen nunca. Como lo ha destacado la Comisión Nacional creada por el presidente Alfonsín para la investigación de estos hechos, hubo en esas huestes satánicas un componente ideológico antisemita tan obvio como descubierto. El odio a los hebreos rezumaba, a todo nivel, en esa tiranía.

En sectores vinculados al gobierno de aquellos días, y en otros que se embriagan de nostalgia, flotan aún potentes tufos de antisemitismo. Y no sólo en ellos. ¿Ha habido un rebrote de esta patología en tiempos recientes? Quizás... Entonces, se impone estudiar esta cuestión. Observar con ojo avizor. Estar atento. No bajar los brazos. Ni ante ese flagelo, ni ante ninguna otra forma de prejuicio discriminatorio.

Por eso, estos informes que efectúan dos entidades serias y creíbles, como son el Centro de Estudios Sociales y la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, resultan tan importantes. A la autoridad de esas organizaciones, se suma la calidad humana y el nivel científico de la joven abogada Marisa Braylan, profesora de la Universidad de Buenos Aires, que suscribe el reporte.

Se trata de un conciso y contundente informe, que no se limita al antisemitismo. En efecto, gran espacio está dedicado a la discriminación de otros grupos sociales, como los musulmanes, aborígenes, gitanos, chinos, etc., sin olvidar las cuestiones de género, edad, aspecto físico... También se refiere el reporte al tema en otros países, y cuenta con antecedentes históricos y datos estadísticos de gran valor.

Los hechos de antisemitismo registrados van desde publicaciones y proclamas partidarias hasta pintadas en edificios, cánticos y carteles en partidos de fútbol, y sitios de Internet. Las acciones militares del Medio Oriente han agregado factores de conflicto, y aún subsisten cuestiones derivadas de las investigaciones judiciales por el sangriento atentado que destruyera la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina.

Una serie de interesantes monografías, de destacados autores, sobre temas vinculados al antisemitismo (aunque a veces no a la Argentina, lo que no deja de ser extraño), cierran este libro, que ciertamente es muy merecedor de ser leído por todos (no sólo por los judíos), y tenido en las bibliotecas para consulta. 

Ricardo Rabinovich-Berkman