CUIDADOS PALIATIVOS: Conferencia
del Dr. Gustavo De Simone en la UMSA

 

escribe Guillermo Feo Carrizo

       

          El pasado 14 de junio tuvo lugar en la sede de la Universidad del Museo Social Argentino la Conferencia brindada por el distinguido médico oncólogo y especialista en cuidados paliativos Dr. Gustavo De Simone.

          Al comenzar el evento, convocado por el Instituto de Bioética y Bioderecho de la referida Universidad, el expositor se refirió a la forma en que nuestra sociedad del siglo XXI elude el tema de la muerte. Seguramente si a la mayoría de nosotros nos preguntaran cómo quisiéramos morir, la respuesta sería: "sin darnos cuenta". Sin duda, hay un sentimiento fuerte de negación. Pero la muerte es inevitable y natural, es la culminación del ciclo biológico, y como tal debemos aceptarla.

          Dentro de esta cultura es que los médicos son formados, para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Pero en este esquema no aparece el sufrimiento. Surge aquí lo novedoso para muchos. Ante una pregunta desde el auditorio acerca de si los cuidados paliativos tenían lugar cuando la Medicina había “fracasado”, la respuesta categórica fue: “yo soy médico”. Aquí está la clave del tema, dado que no puede concebirse a la muerte como un fracaso terapéutico.

          Con claridad, el Dr. De Simone explicó que la medicina debía subjetivarse, ocupándose de los síntomas. Su especialidad es la evaluación y tratamiento del dolor y del sufrimiento en situaciones de enfermedades que amenazan la vida: en este sentido, la lucha permanente por la vida implica también el mandato ético de aceptar lo inevitable de la muerte. Es posible desde la ciencia médica  lograr una ayuda eficiente cuando hay señales claras de final de vida, y no como se pretende desde nuestra cultura alimentar la fantasía de la inmortalidad.

          Advirtió sobre el peligro de la “distanasia”, a la que definió como el intento de prolongar la vida mediante tratamientos invasivos, aún frente a un desenlace irremediable. Lo único que así se logra es agravar el sufrimiento. Es esto consecuencia, aclaró, de la pretensión de “hacer todo lo posible” para evitar la muerte. Aseguró que la vida es un bien relativo porque se acaba, citando al prestigioso médico Dr. Mainetti: “la vida es una enfermedad hereditaria de pronóstico mortal que se transmite por vía sexual”.

          Continuó el conferenciante describiendo lo que consideró son los  tres elementos centrales en los que consiste la labor de cuidados paliativos, con los cuales se tratan los síntomas, no la enfermedad (de eso se encargan otros, aclaró). En primer lugar, la importancia de identificar y tratar los síntomas como manifestaciones subjetivas del paciente; en segundo lugar,  la necesidad de facilitar la comunicación medico-paciente y la legitimación de las emociones, tomando a estas como algo valioso, como una oportunidad de encontrar fortaleza, teniendo en cuenta especialmente que el miedo, la tristeza y el enojo son emociones naturales frente a la inminencia del final de la vida. 

        A modo de ejemplo dijo que en el Reino Unido, donde él hiciera un posgrado en la especialidad, los médicos antes de graduarse se entrenan haciendo juego de roles médico-paciente, a diferencia de nuestro país, donde ello no ocurre. Es importante ejercitarse en responder preguntas difíciles, agregó.  Es precisamente en aquél país, allá por los años '50, donde se sitúa el origen de los cuidados paliativos.

        Por último, subrayó la conveniencia del trabajo en equipo y organizado, a cargo de personal debidamente entrenado, interactuando con la familia del paciente, que debe estar disponible en su casa, y así salir del esquema actual de hospitalización de la muerte. Con un muy buen ejemplo ilustró al auditorio sobre el manejo de las emociones, expresó: “Si un niño tiene miedo ante una tormenta, y su hermano mayor con tranquilidad lo toma de la mano, el niño deja de tener miedo y se calma, aunque sepa que la tormenta no desapareció”.

          De esto se tratan los cuidados paliativos, de cómo enfrentar los síntomas para aliviar el sufrimiento en enfermedades que amenazan la vida. De aceptar la finitud del ser humano, de no tener actitud de huída causada por el miedo ante estas situaciones. Asimismo, remarcó que es posible aliviar en forma eficiente el sufrimiento a niveles tolerables, y que los pacientes puedan expresar lo que sienten, y estar  acompañados. La morfina, como  analgésico, es utilizado para aliviar  y al mismo tiempo no le quita claridad mental al paciente: en el 85% de los casos de dolor severo esto es posible, sin toxicidad y con alto grado de eficiencia.

          Ante la pregunta acerca de la conveniencia de informar al paciente sobre la verdad de su situación, De Simone opinó que  algunos buscan la verdad y otros la negación: a veces lastima la verdad, otras la incertidumbre. Pero es conveniente no mentir al paciente, dándole la verdad de forma progresiva y tolerable, aunque si este  busca la negación, ello debe respetarse. Pero sin mentir, porque la mentira aísla.

          Los cuidados paliativos son, sin duda, la respuesta  categórica contra la eutanasia, que es la muerte  como solución ante el sufrimiento. Frente a esto la medicina paliativa le brinda al paciente la posibilidad  de sobrellevar su enfermedad, con  dignidad,  en sus últimos días.