La Eugenesia
y su implicancia jurídica en el matrimonio

Marcelo Hersalis

Julián Jalil

 

1. Introducción  2. La Eugenesia en la antigüedad. 2.1. Platón  (República). 2.2. Tomás Moro (Utopía). 2.3. Código indio de Manú. 2.5. Leyes de Moisés  2.6. Leyes de Esparta 2.7. Ley romana  2.8. Rey Sabio 3. Escritores de los siglos XVI y XVII que abordaron el tema 3.1. Pedro López Montoya  3.2. Huarte de San Juan  3.3. Fr. Marco Antonio de Camos. 4. La Eugenesia como ciencia 4.1. Mendel. 4.2. Francisco Galton. 5. La repercusión jurídica de la Eugenesia en el marco de la institución matrimonial. 6. El problema: Los descubrimientos científicos y el derecho; y la reacción del derecho frente a la realidad. 6.1. Los descubrimientos científicos y el derecho. 6.2. La reacción del derecho frente a la realidad  7. Nuestra posición. Bibliografía.

 

1. Introducción

Centraremos nuestra atención en la llamada “ley de profilaxis de las enfermedades venéreas,” es decir, la ley 12.331 sancionada el 17 de diciembre de 1936 y especialmente en su artículo 13 que constituye el objeto de análisis de esta investigación. Este, en su último párrafo, establece la prohibición de contraer matrimonio a las personas afectadas de enfermedad venérea en periodo de contagio

Para comprender la exigencia legal de no padecer de una enfermedad contagiosa o transmisible como requisito para celebrar las nupcias es necesario abordar el tema de la Eugenesia.

Francisco Galton a través de  sus obras bibliográficas crea la ciencia con dicho nombre, cuyo estudio se centra en los factores sociales  que pueden mejorar o debilitar los caracteres hereditarios de las generaciones futuras.

La existencia de una prohibición nupcial basada en argumentos eugenésicos trae aparejada diferentes posiciones éticas, jurídicas, biológicas, y filosóficas.

Estas cuestiones han llamado la atención del hombre desde la antigüedad gestándose de esta manera, una cuestión humanitaria que trasciende los límites territoriales.

Los Estados han dado reconocimiento a la nueva disciplina de diversas maneras jurídicas: medidas de profilaxis, tipos penales y prohibiciones nupciales como el caso del artículo que estamos analizando.

De esta manera el marco de la ley difiere en cuanto a la posición del legislador con respecto a este tema específico, el artículo 13 de la ley 12.331 denota el perfil del Estado Nacional que tiene una clara adhesión a la tendencia de incluir la enfermedad como impedimento para contraer matrimonio aunque su técnica legislativa sea deficiente,  al igual que la mayoría de los demás países que consagran esta causal como impedimento.

Por último la frase “enfermedad venérea en periodo de contagio” que consagra  la ley 12.331 en su artículo 13 no parece ser propicia, habida cuenta que podríamos encontrar comprendida en ella al S.I.D.A., cuyo periodo de contagio no desaparece nunca. De esta manera el Estado ejerce una potestad abusiva al prohibir a ciertas personas contraer matrimonio por el resto de sus vidas.

En la actualidad pocos fallos abordan la cuestión, pero el tema es candente y significativo, habida cuenta que el mal se encuentra en expansión.

 

2. La Eugenesia en la antigüedad.

 

2.1. Platón  (República).

Los estudios sociales y las leyes antiguas nos muestran ya una serie de instituciones que nos permiten vislumbrar ciertas posiciones sobre remedios prácticos respecto de los problemas de la herencia y de la selección.

En Grecia se practicaba el infanticidio con los recién nacidos cuya conformación era considerada no adecuada. Uno de los principales pensadores de la antigüedad que aborda el tema de la Eugenesia es  Platón, en su libro República, quien resaltando lo controvertido e importante de la cuestión se plantea “...No sabéis bien que enjambre de nuevas disputas vais a despertar al obligarme a que recoja este tema. ¿Cómo serán los matrimonios más provechosos para el Estado?...”

En este sentido, el gran autor griego acude a la idoneidad práctica de su discípulo para arribar a una conclusión más valedera y dice “…Esto te corresponde a ti decírmelo Glauco. Veo que crías perros de caza y pájaros para la cetrería en gran número. ¿Has reparado en lo que se hace  cuando se quiere aparearlos y que tengan crías?

Los guerreros que han de tener músculos recios para la lucha, pero no corazón, tendrán mujeres adiestradas, como ellos, en la música y en la gimnasia, pero estas serán en su totalidad comunes a todos, ninguna de ellas habitará en particular con ninguno de ellos; los hijos serán comunes; y los padres no conocerán  a sus hijos ni estos a sus padres…”

De esta manera el autor sugiere propuestas para mejorar los seres humanos a través de cruzamientos selectivos o calificados.[1]

Si bien en los aspectos precedentemente mencionados aparecen notorios elementos que demuestran una relación entre la selección de personas y la descendencia, consideramos que no hay mayor evidencia sobre la postura de Platón en relación a la Eugenesia que en los párrafos siguientes de su libro República, en donde señala “…Es preciso, según nuestros principios, que las relaciones de los sujetos selectos de entre ambos sexos sean frecuentísimas, y muy raras en los sujetos inferiores; además es necesario criar los hijos de los primeros y no al de los segundos, si queremos que no degenere el rebaño…”       

Es claro y evidente que el gran pensador tomaba partida por considerar que debía existir una especial tendencia para unir en matrimonio a personas bien dotadas biológicamente[2] para lograr de ellas el mejor producto fisiológico. [3]

 

2.2. Tomás Moro (Utopía).

 

Tomás Moro en su libro “Utopía” enuncia concepciones que a nuestro entender se sustentan en el tema de estudio, a saber: “...En el elegir mujer tienen los Utopianos un modo, a mi parecer, ridículo, pero que ellos reputan prudentísimo: una honrada matrona muestra a la doncella o viuda, desnuda al esposo; e igualmente un varón grave manifiesta a la dama, también desnudo, al contrayente. Y reprobando yo esta costumbre  como inadecuada, responden que se maravillan de la locura de las gentes, pues al comprar un caballo, cuestión de poco dinero, van con tanto recato que le quieren ver sin silla, por si debajo de ella se encubre alguna matadura, y en el elegir mujer, que puede dar solaz o desplacer mientras dura la vida son tan negligentes que se contemplan con verla toda cubierta y envuelta, sin reconocer más que el rostro..., y esto se debe prevenir por las leyes, para que no suceda el engaño...” [4]

Royo Martínez, al comentar la obra de este autor, entiende que en el texto transcripto no se hallan acogida de los pensamientos de Platón sobre Eugenesia, considera que Tomas Moro advierte otra clase de cuestión.

Posicionándonos en una visión crítica,[5] entendemos que esto no es así ya que se advierte un claro contenido eugenésico basado en la necesidad que pone de manifiesto el autor de advertir el estado íntegro de la persona con quien el contrayente celebrará las futuras nupcias.

Esto es comprensivo, a mi entender, no solo de los aspectos ligados a la identidad de la persona con quien se  contraerá matrimonio, sino también en cuanto se refiere a las características físicas y psíquicas del futuro cónyuge y a la posibilidad de que, conforme a ello, pueda resultar perjudicada la prole.

De esta manera se vislumbra en el contenido de las aseveraciones de Tomás Moro la existencia de dos institutos con vigencia en nuestra legislación actual, el error “in qualitatem”, y el dolo, ambos integrantes de los denominados vicios del consentimiento que operan en materia matrimonial. Cabe resaltar que si bien tanto el dolo como el error son conceptos que tienen su esfera de acción dentro de un campo específico de los vicios del consentimiento matrimonial contemplando situaciones determinadas por la doctrina o la jurisprudencia, los mismos no escapan a los problemas jurídicos que emergen de la Eugenesia, a tal punto que  en todo caso los resuelven de una manera mas práctica y sencilla ante las deficiencias de la ley.

 

2.3. Código indio de Manú.

 

En el libro III contiene prescripciones  según las cuales el brahman “...debe evitar, al unirse en matrimonio, el enlace con mujer  perteneciente a diez tipos de familia...” , entre les cuales se mencionan a “...la familia que no produce hijos varones ... y aquellas cuyos miembros  tienen el cuerpo cubierto  de largos pelos o sufren de tisis, dispepsia, epilepsia, lepra blanca o elefantitis. Que el Brahman no se case con una muchacha  que tenga los cabellos rojizos o... que esté a menudo enferma, o sea demasiada velluda..., o que tenga los ojos rojos...”

“...Que escoja una mujer bien formada..., que tenga el modo de caminar gracioso de un cisne o de un pequeño elefante, cuyo cuerpo esté revestido  de un ligero vello, cuyos cabellos sean finos, cuyos dientes pequeños...”[6]

 

2.5. Leyes de Moisés

 

Las leyes hebraicas obra de Moisés, prohibieron las nupcias de epilépticos, leprosos, alcohólicos y tuberculosos.

 

2.6. Leyes de Esparta

 

Impusieron el sacrificio de los recién nacidos enfermos, degenerados o mal conformados. Se presentaba al recién nacido a los ancianos que examinaban al niño, si estaba bien conformado y fuerte  estos ordenaban criarlo, si había nacido mal y deforme lo llevaban al lugar llamado de los “Apostatas”, precipicio situado cerca de Tiageto. Incluso antes de esta presentación, las mujeres lavaban con vino, agua helada u orina a los recién nacidos para probar su carácter, y practicaban en ocasiones el infanticidio dejando morir al niño sin alimento ni cuidados.[7]

 

2.7. Ley romana

 

También se advierte la cuestión eugenesia en Roma, La ley romana de las XII tablas permitió que el padre matara al hijo gravemente deforme.

 

2.8. Rey Sabio

 

En la partida II, título XX, se hace específica mención a la necesidad de que el marido elija una mujer sana para evitar que los hijos nazcan enfermos

 


3. Escritores de los siglos XVI y XVII que abordaron el tema

 

3.1. Pedro López Montoya

 

Sus enseñanzas con respecto a la Eugenesia se sustentan en esta opinión: “...Si el prudente labrador, para coger buen fruto, considera y escoge con cuidado la tierra que ha de sembrar, grandísima imprudencia será del que pretende tener buena sucesión si primero no hace examen de la compañía que ha de tomar para este fin...”[8]

 

3.2. Huarte de San Juan

 

Este autor en su libro “Examen de ingenios para las ciencias” dedica 5 capítulos  (XVII al XXI, ambos inclusive) al estudio de la eugenesia.

Los capítulos que sirven al presente estudio son:

Capítulo XVII: Donde se trata la manera donde los padres han de engendrar los hijos sabios, y el ingenio que requieren las letras.

Capítulo XVIII: Donde se declara con qué señales se conoce en que grado de calor y sequedad está cada hombre.

Capítulo XIX: Donde se declara qué mujer con que hombre se ha de casar para que pueda concebir.

Capítulo XX: Donde se declara que diligencia se han de hacer para que salgan varones y no hembras.

Capítulo XXI: Donde se ponen las diligencias que se han de hacer para que los hijos salgan ingeniosos y sabios.[9]

Algunos párrafos  de esta obra son resaltados especialmente por el Jiménez de Asúa por considerarlos relevantes en cuanto al tema de estudio. Ellos son: “...¿No sería una locura casar a vuestra hija con un tritón, o con un jimio o sátiro, que todos tienen figura de hombre y son animales de otra especie, y tener nietos o descendientes tritones o jíminios?, pues no es menos yerro el que el vulgo hace cada día en los casamientos, no mirando más de la hacienda y riqueza, olvidando lo principal, que es la perfección de la naturaleza en la persona...”

...Y así verá el hombre cuando cuánto va en la compañera que toma por mujer para la perfección de sus hijos, y la mujer cuánto va en el compañero que toma por el semejante...”

Es válido agregar con respecto a dicha obra que aunque Jiménez de Asúa, exalta las concepciones  novedosas en ella prevista resaltando su “formidable originalidad”, hay que tener en cuenta que Huarte atiende a las cualidades psíquicas y emocionales mucho más que a las físicas, lo que hace dirigido su estudio, aunque esto no abosta que detente un contenido eugenésico, porque la psiquis no está aislada de la herencia somática sino que se encuentra contenida en esta.

 

3.3. Fr. Marco Antonio de Camos.

 

Aconsejaba que el hombre debía mirar muy bien a los padres de la futura cónyuge ya que si esa distinción la hacemos con un caballo o con un perro o cualquier animal como no se va a hacer lo mismo con la mujer que dará la vida a nuestros hijos y con quien compartiremos la misma.

 


4. La Eugenesia como Ciencia

 

4.1. Mendel.

 

Aun cuando Hipócrates en la antigüedad se refería a la herencia o Darwin  escribía sobre la evolución  el tema de Eugenesia es abordado con total integridad y especificidad por Mendel quien formula las leyes de la herencia o leyes de Mendel.

De 1857 a 1868 Juan Gregorio Mendel, modesto religioso agustino del Konigskloster de Brunn (ciudad que los checos llaman Brno) hizo unas experiencias cruzando gizantes de olor vulgar que tienen de seis a siete pies de altura con su forma enana, que solo tiene de tres a cuatro pies y medio de altura.

Aquellas observaciones quedaron sepultadas en las revistas técnicas y cayeron en el más absoluto olvido, hasta que en 1900 fueron redescubiertas casualmente.

El descubrimiento fue este: si se cruzan los guisantes de olor de forma vulgar, con los enanos en la generación inmediata todos son altos; en la segunda una cuarta parte es ya enana y otra cuarta parte pura, con lo que ya en la generación segunda, una mitad ha vuelto a la estirpe pura de las progenitoras. En las generaciones sucesivas se mantiene aproximadamente esta proporción, aunque no es invariable.

También se experimentó con otras plantas roedores y aves.

Los caracteres que se manifiestan aparentes  desde la primera hora se designan con el título de dominantes y los que quedan amadrigados, para reaparecer luego, se llaman recesivos. Por herencia parece que se eliminan los primeros, pero se conservan los segundos.[10]

 

4.2. Francisco Galton.

 

En sus Obras  “hereditary genius”, publicada en 1869 y “Inquieies inton human faculty and its development” aparecida en 1884 hace un análisis minucioso de los factores hereditarios y en la última de ellas dá nombre a la nueva disciplina: “Eugenics”, palabra de estructura griega y con antecedentes en la palabra  genea  (cuidado de la raza) y en sus derivados “eugeneia” y “eugenes”. El vocablo pasó a nuestro idioma  como “Eugenesia”

Para Galton el objeto de la Eugenesia es el estudio de los factores sociales que pueden mejorar o debilitar los caracteres hereditarios de las generaciones futuras.[11]

Es fácil apreciar lo valioso que resultó para la ciencia biológica esta nueva disciplina pero resulta muy difícil advertir el destino social que Galton tuviera en mente para la misma. Pese a ello Monseñor Toth nos acerca una interpretación al manifestar que “...Los fanáticos de la Eugenesia no habrían de olvidar que Galton, el promotor de todo el movimiento, no quiso que la Eugenesia fuese independiente de la ética, sino antes bien quiso encontrarla con ella. En 1905 escribe que la Eugenesia es “un factor de la religión” (“as a factor in religión”). Y extiende la obligación de amar al prójimo hacia la generación venidera, aumentando así la importancia del matrimonio...”[12] De esta manera puedo inferir  que el padre de la Eugenesia, con la autoridad que le confiere la profundidad que le ha dedicado a su estudio, actualmente sería un claro opositor del impedimento matrimonial basado en fundamentos eugenésicos.

Por otro lado es interesante destacar que Galton no consiguió en vida que sus postulados alcanzasen la popularidad por él deseada pero, con posterioridad, tuvieron una alta difusión en diversos países.

Las ideas de Galton pueden parecer hoy en día las ensoñaciones de un loco, pero nada más lejos de la realidad. Sus opiniones fueron compartidas, en mayor o menor medida, por importantes personalidades científicas y literarias de su tiempo.[13]

 

 

5. La repercusión jurídica de la eugenesia en el marco de la institución matrimonial.

 

Siempre se ha dicho que el derecho debe ir detrás de la realidad, es decir, la debe contemplar y regular para evitar situaciones éticamente disvaliosas.

La Eugenesia trae una repercusión normativa que no se hizo esperar, parecería que surge una necesidad por parte de los Estados de legislar en relación a esta de alguna manera, no importa cual fuera, pero el derecho debía dar una respuesta, casi se diría inmediata, a los nuevos acontecimientos de la época.

Esto fue lo que ocurrió en relación a la institución matrimonial, sin exagerar decimos  que la multiplicidad de enfermedades comprendidas como impedimento matrimonial basado en argumentos eugenésicos supera las imaginables por el lector.

Por ejemplo a modo ejemplificativo mencionamos: la Esquizofrenia, epilepsia hereditaria, ceguera hereditaria, sordera hereditaria, (Art. 1 de la “Ley para la protección de la salud de las generaciones venideras del pueblo alemán”), enfermedades contagiosas reconocidas como incurables (Portugal), enfermedades pulmonares y venéreas (Rusia),  enfermos venéreos leprosos y quienes padezcan de una enfermedad incurable , crónica y transmisibles (Estonia). Enfermedades crónicas incurables que además sean contagiosas y hereditarias. (Mejico).

La legislación de nuestro país mantuvo cierta austeridad en relación a las enfermedades incluidas como impedimento matrimonial, se limitó a establecer un enunciado más simplista y un poco menos gravoso, se confeccionó una prohibición nupcial para aquellos que padecen de una “enfermedad venérea en periodo de contagio”.

 

6. El problema: Los descubrimientos científicos y el derecho; y la reacción del derecho frente a la realidad.

 

6.1. Los descubrimientos científicos y el derecho

 

Si bien los descubrimientos y adelantos tecnológicos   (entre los que ocupa un lugar relevante los producidos en el campo de la biología y la medicina), han abierto amplias perspectivas para el progreso económico, social y cultural, esta evolución puede, sin embargo comprometer los derechos  y libertades de los individuos y por ello requerirá una atención permanente.[14]

Es así, que la evolución de determinadas ciencias, especialmente las del campo biológico, generan la duda a los juristas en relación a la manera en que el derecho debe constreñir los nuevos avances en las disciplinas, porque en plazos no muy lejanos la nueva realidad supera la normativa existente.

 

6.2. La reacción del derecho frente a la realidad

 

De esta manera, como mencioné en la parte introductoria,[15] los diferentes estados han dado una aplicación normativa a los principios que emergen de la nueva disciplina: la Eugenesia. Esto ha ocurrido de manera divergente, en  nuestro país, como ya mencionamos, se crea una legislación  denominada “Ley de profilaxis de las enfermedades venéreas” que es una ley ómnibus porque abarca diferentes cuestiones,  entre ellas su artículo 13 establece la prohibición de contraer matrimonio a las personas afectadas de enfermedad venérea en periodo de contagio.

La finalidad mediata de la norma consiste en evitar a través de ella que determinadas personas (afectadas por enfermedades venéreas) contagien la misma a su descendencia.[16]

La pregunta consististe en determinar si es esta la respuesta que el derecho debe aportar al estado de la ciencia y mas precisamente si la eugenesia exige realmente una reacción del derecho o si debe circunscribir su aporte a un mero conocimiento particular de los interesados.

Hoyos Vásquez dice, en este sentido, que más allá de explicaciones acerca del próximo mercado genético o de su efecto dominó, del diseño de bebes, no se excluye el peligro de un eugenismo positivo, una eugenesia que supere la simple terapia preventiva. Esto significaría que los padres y especialistas tendrían el derecho tanto de clonar como de actuar antes del nacimiento sobre características y aptitudes del futuro niño, quien como adolescente al tomar conocimiento de dicha manipulación se sentiría limitado de su libertad, podría pedir cuentas a quienes lo diseñaron y de todas formas no podría reconocerse como único autor de su biografía. La manera como nos comportemos con respecto a la vida humana prenatal determina en cierta forma si nos podemos autocomprender en un futuro como personas morales y si podemos comportarnos social y públicamente como tales.[17]

Entonces nos encontramos con el siguiente dilema, ahora no solo la descendencia podría criticar desde un punto de vista moral los caracteres que le han transmitido sus padres sino también desde una perspectiva jurídica, habida cuenta que, si se burlaría la prohibición que venimos analizando, los padres tendrían un comportamiento antijurídico, del cual deberían responder ante la justicia.[18]

 

 

7. Nuestra posición.

 

Una vez plasmada la síntesis de las situaciones de conflicto que pueden esgrimirse en relación a esta cuestión es menester dejar plasmada  nuestra postura sobre el tema.

Sabemos que la verdad es aquello que siempre le va a faltar al saber, recordemos en este sentido la celebre frase “solo sé que no sé nada, pero algo sé porque sé que no sé nada”, ahora bien la pregunta se hace evidente: entonces ¿como podríamos esgrimir una posición  valedera sobre la cuestión.

Sabemos que en el campo de las ciencias sociales es muy difícil arribar a lo verdadero pero consideramos que el discurso dialéctico interdisciplinario e ínter ideológico  es, sin duda, mejor opción.

Entendemos, siguiendo a Stepke que como en el caso de la medicina que comparte con el derecho el ser disciplina y profesión y nutrirse de determinada ciencia para sus conceptos y técnicas, el ideal de objetividad absoluta, de la búsqueda de la verdad  y de la infalibilidad del método y sus resultados pueden ser objetados radicalmente. Aun el más objetivo de los conocimientos –el del mundo sensible- para serlo ha de hacerse discurso.[19]

En igual sentido afirma Maliandi “…se hace cada vez más la clara la necesidad que los problemas morales sean sometidos a instancias dialógicas, porque se cobra conciencia de que la razón misma es dialógica, y esto significa que solo mediante la institucionalización de los discursos prácticos es posible alcanzar las soluciones más razonables, aunque estas, debido a la estructura irremisiblemente conflictiva de los social, nunca sean perfectas. El tema de los comités de bioética en hospitales y otros centros de salud, es, desde hace tiempo, objeto de amplísimos debates y es notorio el aumento de las instituciones semejantes, o de proyectos o esfuerzos para organizarlas…”[20]

Entonces abogamos por un tratamiento integral de la cuestión que reúna el conocimiento de juristas, filósofos, sociólogos, médicos y demás profesionales idóneos para tratar el conflicto.

Esta es la única manera de abordar la problemática porque la misma aunque ya está instalada no ha sufrido los efectos profundos como los que en el futuro pueden acaecer. La ley 12.331 tiene vigencia desde hace 80 años, pero la realidad de entonces era muy diferente a la actual, y es harto sabido que la falta de actualización normativa, especialmente en el ámbito matrimonial, puede crear una disifuncionabilidad entre los enunciados normativos y la realidad.

En este sentido hacemos mención de las personas afectadas de SIDA, enfermedad cuya vía de contagio mas saliente son las relaciones sexuales, y pese a que cierta parte de la doctrina la consideran excluida del enunciado del artículo 13 de la ley 12.331, nosotros en particular consideramos que no caben dudas que se encuentra incluida; aun cuando consideramos que no debería estarlo por los inconvenientes jurídicos y prácticos que ello produciría.[21]

 

 

 

8. Bibliografía.

 

Miguel Royo Martinez. “Prohibiciones nupciales en razón de enfermedad.” Publicado en  Revista General de Legislación y Jurisprudencia. Instituto Editorial Reus. Centro de enseñanza y publicaciones. Madrid. España. Octubre de 1950.

Enrique Díaz de Guijarro. “Matrimonio  y Eugenesia. El impedimento matrimonial de enfermedad”. Buenos Aires. Editorial Guillermo Kraf Ltada. 1944.

 

Soutullo, Daniel. “La Eugenesia desde Galton hasta hoy”.Editorial Talasa. Literatus.

 

Luis Jiménez de Asúa. “Libertad de amar y derecho a morir”. Buenos Aires. Editorial Losada S. A. 1942.

Hooft, Pedro Federico. “Bioética y Derecho”. Revista El Derecho T 132. Pgs. 877-885.

 

Hoyos Vásquez, Guillermo. “Moral Comunicativa y Bioética”. Revista de Jurisprudencia Argentina. Tomo 2004 IV.

 

Lolas Stepke, Fernando. “El derecho la cientificidad y la sociedad de riesgo: un comentario bioético”. Revista de Jurisprudencia Argentina. Tomo 1999 IV.

Maliandi, Ricardo. “Ética Conceptos y Problemas”. 3° Edición. Editorial Biblos. Buenos Aires. Argentina. 2004.

 

Thot, Tihamer. Eugenesia y Catolicismo. 1° Edición. Madrid- Buenos Aires. Editor. Poblet.

 


[1] En este sentido decía “…en calidad de legislador, harás una selección entre las mujeres, como la has hecho entre los hombres, y aparearás estos con ellas, teniendo en cuenta todas las semejanza posibles. Poner en manos del azar los apareamientos carnales y demás actos de una sociedad en donde los cuidados traten de ser dichosos, es cosa que ni la religión ni los magistrados permitirán…”

[2] Decimos dotadas biológicamente en el sentido de que las personas debían ser las mas aptas para crear la mejor descendencia posible, lo cual es evidente porque Platón requiere las más frecuentes relaciones entre esta clase de individuos y las mayor escasez en los individuos inferiores.

[3] Esto se evidencia aun más cuando el autor enseña “…En cuanto a los jóvenes que se hayan hecho notar en la guerra  o en otras circunstancias, se les concederá permiso para ver con mayor frecuencia a las mujeres, con lo que habrá un pretexto legítimo para que el Estado sea en gran parte poblado por ellos.

Fuera de la edad para procrear (de los veinte a los cuarenta en la mujer, y hasta los cincuenta y cinco en el varón), dejaremos libertad para mantener comercio carnal, pero no sin haber advertido  que no traigan al mundo fruto concebido en semejante comercio, y que lo expongan si, pese a sus precauciones, naciere alguno, porque el Estado no se encargue de mantenerlos...” Miguel Royo Martinez. “Prohibiciones nupciales en razón de enfermedad.” Publicado en  Revista General de Legislación y Jurisprudencia. Instituto Editorial Reus. Centro de enseñanza y publicaciones. Madrid. España. Octubre de 1950. P 4.

[4]Miguel Royo Marinez. Ob. cit. P. 5.

[5] Se entiende que toda concepción debidamente fundamentada debe admitir la crítica, ya que tanto esta como la fundamentación  constituyen funciones de la propia razón, admitir una postura inversa  implicaría arbitrariedad.

[6] Enrique Díaz de Guijarro. “Matrimonio  y Eugenesia”. El impedimento matrimonial de enfermedad. Buenos Aires. Editorial Guillermo Kraf Ltada. 1944. P 8.

[7]Soutullo, Daniel. “La Eugenesia desde Galton hasta hoy”.Editorial Talasa. Literatus. Pg. 11.

[8] Luis Jiménez de Asúa “Libertad de amar y derecho a morir”. Buenos Aires. Editorial Losada S. A. 1942. Ps. 47 y siguientes

[9] Miguel Royo Martinez. Ob. Cit. Pg. 7.

[10] Aquellas observaciones quedaron sepultadas en las revistas técnicas y cayeron en el más absoluto olvido, hasta que en 1900 fueron redescubiertas casualmente.

El descubrimiento fue este: si se cruzan los guisantes de olor de forma vulgar, con los enanos en la generación inmediata todos son altos; en la segunda una cuarta parte es ya enana y otra cuarta parte pura, con lo que ya en la generación segunda, una mitad ha vuelto a la estirpe pura de las progenitoras. En las generaciones sucesivas se mantiene aproximadamente esta proporción, aunque no es invariable.

También se experimentó con otras plantas roedores y aves. Luis Jiménez de Asúa. Ob. Cit. P. 40.

[11] Enrrique Diaz de Guijarro. Ob. Cit. Pag. 11.

[12] Thot, Tihamer. Eugenesia y Catolicismo. 1° Edición. Madrid- Buenos Aires. Editor. Poblet. P. 118. 

[13] Como H.G.Wells, George Bernard Shaw, Kart Pearson o el propio Charles Darwin. Asimismo, durante la primera mitad del siglo XX, las ideas eugenésicas llegaron a tener muchos seguidores entre la clase política y en la comunidad científica internacional, y fueron llevadas a la práctica en algunos países. Científicos como el físico William Shockley o el genetista Hermann Muller eran eugenistas convencidos. El primero, Premio Nobel de Física e inventor del transistor, propuso la esterilización de todas aquellas personas cuyo cociente de inteligencia fuera inferior a 100. El segundo, Premio Nobel de Fisiología y Medicina. Soutulo, Daniel. “La Eugenesia desde Galton hasta hoy”. Ob. Cit. Pg. 12.

[14] Proclamación de Teherán, declaración fruto de las deliberaciones de las Jornadas Nacionales de Filosofía del Derecho. Citada por Hooft, Pedro Federico. “Bioética y Derecho”. Revista El Derecho T 132. Pgs. 877-885.

[15] Ver Supra. Pto. 1.

[16] En realidad este era una de las finalidades de la norma la otra que era más inmediata consistía en que quien intentaba contraer nupcias, a través del certificado medico prenupcial obligatorio tomara conocimiento de la enfermedad que adolecía e intentara su curación.

[17] Hoyos Vásquez, Guillermo. Moral Comunicativa y Bioética. Revista de Jurisprudencia Argentina. Tomo 2004 IV. Pgs 1123-1128.

[18] Vale aclarar que digo caracteres en el sentido que no solo la transmisión de enfermedades estaría comprendida sino que una persona podría bajo argumentos Eugenésicos reprochar a sus padres la existencia de una prolongada nariz, ojos demasiado grandes, pera boluptuosa, etc. Y lo que es peor se plantea en el caso que, por ejemplo, una persona pueda acceder a las nupcias sin presentar el certificado que establece su aptitud nupcial desde el punto de vista físico porque el Oficial del Registro omite pedirlo. Así accede al matrimonio y trasmite una enfermedad a su prole. La pregunta se plantearía de la siguiente manera ¿podría el hijo, llegado a una determinada edad demandar a su padre por su acto negligente de no presentar el correspondiente certificado cuando sabía que debía hacerlo?

[19] Lolas Stepke, Fernando. El derecho la cientificidad y la sociedad de riesgo: un comentario bioético. Revista de Jurisprudencia Argentina. Tomo 1999 IV. Pgs. 923 y sgts.

[20] Maliandi, Ricardo. Etica Conceptos y Problemas. 3° Edición. Editorial Biblos. Buenos Aires. Argentina. 2004.

[21] El tema es profundo y requiere de un análisis especial, pero nos adelantamos a manifestar, en forma categórica, que el enunciado es claro en este sentido, es decir dentro del concepto de enfermedad venérea se halla comprendido el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida; Por otro lado, y desde un punto de vista social, entendemos que la existencia de un impedimento de esta naturaleza no obsta  para que la transmisión del mal se produzca, con lo cual, la norma pierde la virtualidad que le dio razón de ser como tal.