TINANT, Eduardo Luis

BIOÉTICA JURÍDICA,
DIGNIDAD DE LA PERSONA
Y DERECHOS HUMANOS


Buenos Aires, Dunken, 2007, 312p


 He aquí una nueva obra del brillante pensador, docente e investigador platense Eduardo Tinant. Como en las anteriores, parte de sus artículos científicos previos, que actualiza, desarrolla y amalgama entre sí. Esta metodología es lógica, y bastante común entre verdaderos investigadores, porque cada vez resulta más extraño y menos útil el formato inicial de libro para los trabajos de pesquisa científica. En nuestra época, la profundidad suele hallarse más en comunicaciones presentadas a congresos, o preparadas en vista a seminarios o conferencias, o para publicaciones periódicas. El libro, por lo menos en la esfera de las ciencias sociales, y con muy honrosas excepciones, tiende a quedar restricto al nivel pedagógico o de mera ayuda profesional (esto último, fundamentalmente en los campos jurídico y económico).

Concuerdo, sin embargo, con Tinant en punto a que esta vez los artículos que constituyeran el germen del libro, se han integrado de manera tal que realmente conforman una unidad temática, y en tal sentido se despegan del carácter antológico con que, expresamente, presentara este prestigioso autor algunas de sus obras anteriores. En tres partes agudamente incisas (siempre las triparticiones, desde la Galia de Julio César), se ordena una temática jugosa. Ellas son: "Sobre la persona y su dignidad", "Bioética y bioética jurídica", y "Ética de la biotecnología y derechos humanos".

Los capítulos de la primera parte abordan un amplio espectro. Se abre la reflexión con un planteo sobre "el hombre y su búsqueda", para sumergirse luego en "la dimensión temporal de la persona y del derecho". Pasa entonces a tratar el crucial tema del ser humano antes del nacimiento. Primero, en "el nasciturus y su trascendencia", desde un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, dado en 1994 (a Tinant le gusta mucho partir de la jurisprudencia, y lo hace con maestría). Luego, toma en particular (y también con análisis de casos reales) el problema de la anencefalia, frente a la "dignidad e integridad de la persona". Termina esta parte, muy significativamente, con un rico capítulo sobre la "dignidad y autonomía de la persona al final de la vida".

A su vez, la segunda etapa comienza con un capítulo dedicado, en general, a los problemas de la bioética. Ingresa a continuación en "los derechos humanos y el derecho a la salud", tópicos que ha enfocado ya varias veces con soltura. Luego se encara la "bioética jurídica" (más tarde, la bioética puesta frente al derecho ambiental), y un capítulo intitulado "bien colectivo y decisión judicial".

Se inicia la última porción con un trabajo cuya versión inicial tuviéramos el honor de publicar en el N° 30 de PERSONA (cosa que no se hace constar), acerca de si "pueden, deben, la ética y el derecho detener el avance biotecnológico" (formulada esta frase como pregunta). También el capítulo siguiente es una nueva redacción del artículo de su autoría aparecido en el N° 44 de PERSONA (Ética, ciencia y tecnología, ¿neutralidad o responsabilidad?). Tal antecedencia tampoco se indica, aunque este artículo sí, a diferencia del anterior, aparece citado en la bibliografía.

Los dos capítulos finales de este excelente libro se abocan al "consentimiento informado en investigaciones genéticas con grupos humanos", y a las "normas del comité de ética en investigaciones biomédicas". Como puede observarse, concluye así una temática vasta, de enorme interés y actualidad, que suma al atractivo de su sustancia la notable calidad de la pluma que la aborda.

Creo que, desde que la década de 1970 viera la explosión (muy bienvenida) de las temáticas bioéticas y biojurídicas (a las primeras, Van Potter les puso nombre enseguida -en neolengua orwelliana, por cierto-; las otras deberían esperar aún unos lustros), su vinculación con la cuestión de los derechos humanos, que también se formulaban con cada vez mayor técnica por aquellos años, era un devenir obvio.

Espero que ya hayamos superado la patética manía post-racionalista de empecinarnos en construir conjuntos y subconjuntos, y en pelearnos acerca de qué disciplina es parte de tal otra, o la integra. Tampoco me parece de mucho beneficio ingresar en ese chauvinismo científico de bregar por la "autonomía" de las disciplinas. Pero no llego a imaginar cómo podría haberse trabajado la problemática de los derechos esenciales sin entrar, tarde o temprano, en el estudio de los temas biológicos, y percatarse al hacerlo de sus aspectos peculiares. La salud, el cuerpo, la vida, el medio ambiente, el patrimonio genético, entre otros, son focos de atención primaria de los que se ocupan de las prerrogativas básicas del ser humano, y al mismo tiempo constituyen el campo de los especialistas en el derecho y la ética biológicos. Por eso, libros como éste, que proponen una visión de conjunto desde ambos flancos, se hacen más comunes felizmente en nuestros días, y marcan un sendero a ser seguido, según creo.

¿Hay una "bioética jurídica"? ¿Puede hablarse de tal cosa? ¿O sería una tautología, puesto que en definitiva todos los desarrollos de la ética biológica parecen tener repercusión en el campo del derecho? ¿O una proposición errónea, toda vez que la bioética sería un pensar abstracto, una rama de la filosofía, y el derecho impondría lo concreto? Creo que, en realidad, a lo que Tinant se refiere es al "bioderecho", a la "biojurídica", como dice Laura Palazzani. Sin embargo, me apresuro a admitir dos puntos. Primero, que ésta puede ser sólo una logomaquia, un mero duelo de palabras, sin consecuencias de fondo. Segundo, que en cualquier caso, las fronteras entre ambas categorías serían muy grises... Quizás por eso, tanto Tinant como yo integramos, en el ámbito de la Universidad del Museo Social Argentino, un Instituto llamado "de Bioética, Bioderecho y Derechos Humanos"...

Finalmente, me complace y felicito que se insista en la noción de "dignidad de la persona" o "dignidad humana". Máxime, desde los ataques que esta noción recibiera en los últimos lustros, magníficamente contestados por Roberto Andorno. Aún no hace un año de que, en las excelentes Jornadas Nacionales de Filosofía y Ciencia Política, reunidas en Mar del Plata, una de las conferencistas invitadas, una joven y locuaz profesora española, al responderme a una pregunta, lanzase una mueca de desdén y una sonrisa irónica y peyorativa al referirse al "concepto hueco" que era a su criterio la idea de la dignidad humana (que yo me había atrevido, en mi ignorancia, a desempolvar).

Vamos... que no se trata de una categoría sencilla, eso cae de maduro. Pero nos hemos dedicado a destruirla, a minarla, a socavarla, nos hemos reído de ella, la hemos burlado y denostado... Y con tantos afanes, ¿qué hemos logrado? Pues ofrecerle el mejor de los obsequios, en bandeja de plata, al capital globalizado sin principios, que sólo ve en los seres humanos simples consumidores, meras variables económicas. Es decir, entidades sin dignidad alguna.

Por eso, obras como ésta de Eduardo Tinant, en definitiva, al poner el acento sobre esas facetas, combaten contra la explotación del ser humano, contra la degradación de nuestra especie, contra esas mil formas de nazismo auto-inmune, solapado y a menudo inconsciente (cuando no paradojal) que nublan el espíritu confuso, discepoliano, de nuestra civilización actual. 

Ricardo Rabinovich-Berkman