MÉDICOS ESCRITORES
(sobre el acto realizado el 4 de septiembre del 2007,
en la Academia Nacional de Medicina, Buenos Aires)

Federico G. Piedras Quintana*

        La literatura (o el arte en general) ha sacado a sus cuerpos de cualquier lugar. Profesionales liberales, graduados de Letras, Filosofía, Historia, obreros, dandis, etcétera, las clasificaciones, en definitiva, se hacen polvo al momento de producir y sostener una obra (la que fuese, en el momento que sea). La experiencia de la literatura exige, en todo caso, la pasión (y también, en palabras de Lacan, la pulsión de muerte). En este contexto, la literatura, así como se hace de cuerpos que crean, se hace de otros que leen (sobre todo de estos últimos, que serán los que finalmente propongan, renueven, mantengan en vida una obra a través del tiempo). Bajo estas premisas, el martes 4 de septiembre, en la Academia Nacional de Medicina se realizó, bajo el título "Médicos escritores", donde se habló de la vida y obra de tres personas que compartieron ese rótulo en distintos períodos de sus vidas: ser-médico-ser-escritor.

        Ricardo Gutiérrez. En palabras del Acad. Antonio Guerrino, Gutiérrez (1836-1896) fue un adelantado de la pediatría y un valuarte de la literatura argentina. Hombre de vida intensa, luego de dejar la carrera de Derecho, comienza a estudiar Medicina. Participa de la Guerra con el Paraguay, pero "sin resaltar lo sucedido allí: Gutiérrez era un pacifista". Al tiempo de presentar su tesis doctoral sobre obstetricia, se aleja de esa rama para dedicarse de lleno a la pediatría.  Para ello viajará a Europa, donde se radicará en París con el fin de profundizar sus estudios. De ese modo, a su regreso, funda el Hospital de Niños. Poco a poco, su afianzamiento hacia la medicina lo va alejando de su otra pasión hasta separarlo por completo: la literatura, o, habría que decir, la escritura. Su obra no fue abundante, y puede resumirse en artículos, cartas y poesía. Asimismo, también llega a publicar una nouvelle que no tuvo buena respuesta de la crítica: CristianA temprana edad (1860) publica su primer poema "La fibra salvaje" y, más tarde, Lázaro, en el cual evoca la pampa y el gaucho; estos dos trabajos sí son saludados cariñosamente por la crítica. Sigue luego publicando su obra en diferentes periódicos hasta que, en 1978, la recoge en volumen. Según Guerrino, "sus composiciones más loables se encuentran en El libro de las lágrimas y en El libro de los cantos. Poeta de tilde romántico, Gutiérrez se emancipa bastante de las influencias notorias de su primera juventud y encuentra acentos personales, de íntima melodía. Será un poeta constantemente triste y dolorido, a veces desgarrador, pero siempre lleno de piedad humana y de sinceridad religiosa". En palabras de Ricardo Rojas, "antes de Gutiérrez no existió un poeta como él en la [incipiente] literatura argentina". Pero la medicina y, en especial, su papel de hombre público lo desplazan de la poesía, tanto es así que, junto a su hermano, ambos resultarán encarcelados por desacato al oponerse y criticar fervientemente el cierre de un diario por parte del gobierno. Como muchos de los hombres grandes del siglo XIX, Gutiérrez fallece pobre, en Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1896.

        Eduardo Wilde. Hombre polifacético (funcionario público, escritor, médico), Wilde se gradúa como médico en 1870 con una brillante tesis doctoral titulada El hipo. Si bien interviene, como Gutiérrez, en la guerra con el Paraguay, lo hace ya como médico cirujano, encargándosele la preparación de un hospital y la organización de un cuerpo médico para atender los heridos que procedían del frente de batalla. Vuelta la paz, señaló el Prof. Dr. Federico Pérgola, "Wilde fue nombrado profesor sustituto de anatomía en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, en 1873, y al año siguiente, miembro académico de la Facultad de Ciencias Físico-Naturales. En 1875, fue profesor de Medicina Legal y Toxicología en la Facultad de Ciencias Médicas, y en 1876, catedrático de Anatomía en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Por entonces, comenzó sus actividad política, como delegado al Consejo Superior Universitario en 1876 y 1877, y miembro de la Comisión encargada de proyectar un estatuto universitario. Fue electo diputado a la legislatura de Buenos Aires, en 1874, desempeñándose hasta 1876, y reelegido hasta 1880". Afiliado al Partido Autonomista, llegó a ser vicepresidente de la Cámara. Ocupó en 1882, bajo la primera presidencia del general Roca, el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, desde donde propició la sanción de algunas leyes fundamentales, como la de educación común, gratuita, obligatoria y laica; la de Registro Civil, y la de Matrimonio Civil; leyes de un carácter liberal que desataron enconados comentarios contra Wilde y que originaron memorables polémicas en el Congreso y en la prensa. En la presidencia del doctor Miguel Juárez Celman desempeñó la cartera del Ministerio del Interior, en 1886, siendo sus preocupaciones dominantes la higiene pública y la cultura del país. Pero en esos años no descuidó la producción científica, sino que "publicó dos libros de carácter didáctico y científico: las Lecciones de Higiene y Lecciones en medicina legal y toxicología, de vasta resonancia en la incipiente ciencia argentina. A éstas, les siguió Prometeo y Cía., con recuerdos de su experiencia profesional". Su labor como escritor nació en su juventud de la mano del periodismo. Fue redactor de El Bachiller, periódico estudiantil, y perteneció como cronista a La Nación Argentina. Colaboró en Tribuna, El Pueblo, El Nacional y dirigió La República durante cuatro años. "En sus páginas literarias, se vislumbra el estilo de un fino humorista", señaló el Dr. Pérgola. Tendrá una gran actividad pública, tanto es así que la misma lo llevará a fallecer en Bruselas, el 4 de septiembre de 1913, a los 69 años de edad, mientras ejercía su labor diplomática.

        Baldomero Fernández Moreno. Hijo de padres españoles, nace en 1886 en la ciudad de Buenos aires, en el barrio de San Telmo. Comenta el Acad. Manuel Martí que Baldomero "pasa parte de su infancia en España, donde desarrolla tanto la personalidad como el habla". A su regreso, estudia medicina en la Universidad de Buenos Aires. Al recibirse, se traslada a Chascomús, lugar en el que, además de ejercer, comienza a desarrollar obra poética. Tiempo más tarde se muda con su familia a Catriló, un pueblito de La Pampa. Según Martí, la idea de Fernández Moreno respecto a la medicina era "hacerse rico, por eso va a los diferentes pueblos, en busca del dinero, pero jamás quejándose de ello". Luego de peregrinar por pueblos del interior, en 1924 regresa a Buenos Aires. Este regreso es crucial: si bien continuará relacionado con la medicina durante un tiempo más, lo cierto es que su vocación hacia la literatura se va haciendo cada vez más intensa. Un ejemplo de eso es que llega a ser designado profesor de Literatura en el colegio Mariano Moreno y en el Comercial nº 4. Regresa, dice Martí que dice Fernández Moreno, dispuesto a hacerse pobre para siempre. El encuentro con un caso de lepra será el motivo final que le dará la fuerza suficiente para abandonar por completo la medicina y dedicarse de lleno y profesionalmente a la literatura. En 1915 aparece su primer libro. En 1916 le sigue Intermedio provinciano. Según Martí, "Fernández Moreno escribía como sentía, y sus influencias eran, en especial, aquellas que provenían de las lecturas de los hermanos Machado (sobre todo, Antonio), Darío y Lugones". De personalidad más bien melancólica, dicho carácter se acrecentará luego de la muerte de su tercer hijo, donde la depresión será insondable.

        Como poeta, la obra de Fernández Moreno, según Martí, puede dividirse en tres etapas: la primera, que va de 1910 a 1923, "es la sencillista, los 'versos de negrita' (apodo con el que se dirigía a su esposa)". La segunda será la etapa formal, que desarrolla entre los años 1923 y 1937. Finalmente, del '37 en adelante comenzará una etapa substancial, donde consigue reunir lo lírico con lo formal. Su relación con la vida literaria se intensifica tanto como su escritura: en 1925 es el designado como el primer presidente de la Sociedad de Escritores, que más tarde pasará a ser la SADE. En 1934 ingresa en la Academia Argentina de Letras y en 1936, con Aldea española, obtiene el primer premio municipal de literatura. Sus obras Dos poemas y Romances y Seguidillas, ambas de 1936, resultan acreedoras al Primer Premio Nacional de Poesía correspondiente al período 1933-37. El poeta adquiere una casa en Flores, instalándose en ella en 1938. La vida en este antiguo barrio de Buenos Aires, donde había pasado años de su juventud, y donde permanece hasta su muerte, da lugar a una serie de poemas. En 1949, el poeta publica Parva, y al año siguiente, el 13 de junio de 1950, recibe una nueva consagración oficial: la Sociedad Argentina de Escritores le otorga el Gran Premio de Honor por este último libro, premio que encierra un reconocimiento a toda su obra. Pocos días después, el 7 de julio, muere súbitamente, de un derrame cerebral.

        Finalmente, el Dr. Martí señaló que "los libros de Fernández Moreno recogen todo un universo poético (la ciudad, el campo, la aldea española, la novia, el hijo, etc.), simple, evocado en imágenes directas, a veces desconcertantes por lo triviales, en el cual se funde su propia alma de poeta". En palabras de Enrique Méndez Calzada "Fernández Moreno es un delicado temperamento sensitivo. No es más que eso y es todo eso. Es la suya un alma vibrátil, toda retina, toda tímpano, en la que hallan repercusión inmediata y profunda las cosas del mundo exterior. Una sensibilidad como esa, una sensibilidad siempre tensa, acaso hiperestésica, tal vez enfermiza -no hay en efecto, enfermedad más dolorosa que la de sentir y comprender demasiado-, vale por todos los tratados de estética y por todos los textos del arte retórico".

* Abogado, estudiante de Letras (Universidad de Buenos Aires), docente de Derecho Civil, Parte General (UBA)