Cristina
Rafaela Ricci*
“El mito de la
juventud homogénea consiste en
identificar a todos los jóvenes con algunos de ellos”
Cecilia Braslavsky[1]
“(...) en América latina, a diferencia de Europa donde seria más amplia,
la “juventud” está casi reservada para los
sectores
medios y altos,
que pueden acceder a la educación superior
y
la moratoria en toda la plenitud del
término”
Silvia Sigal[2]
Pensar, hablar, escribir acerca de la juventud, del joven en sí mismo encierra ya la disyuntiva: ¿en singular o en plural? ¿El joven o los jóvenes? Cuando hablamos de joven- jóvenes, juventud- juventudes ¿de quién- quiénes hablamos, dónde y cuándo? ¿Hay distintas maneras de ser joven? La juventud, ¿se refiere sólo a un estado –edad o etapa de la vida- o también puede ser considerada como un producto? Además de la dimensión material –aspecto físico- podemos considera otras dimensiones, tales como la simbólica?
En todo caso, la juventud se nos presenta como un lugar o un espacio
(¿categoría, concepto, realidad, etapa?)
de la ambigüedad y de la imprecisión o indeterminación, un lugar poblado de sujetos múltiples y de múltiples
sentidos que van cambiando de rostros, vestidos, códigos, música, tiempos
“según pasan los años...”
Considerar, entonces, a la juventud- juventudes como un concepto
polisémico y epocal que se va
configurando como una construcción
sociohistórica y sociocultural con artistas sociopolíticas y económicas es,
considero, un buen “pentagrama” sobre el cual escribir este intento de
“sinfonía” o “polifonía” sobre la juventud- juventudes, sinfonía que quedará “inconclusa” ya que siempre
estará atravesada por “variaciones” sociales, históricas, culturales, estéticas, simbólicas, políticas, entre
otras.
En este ensayo abordaré “la
juventud” o “las juventudes” como una
categoría con un sentido socialmente construido, es decir, como un
producto en el que se imbrican
condiciones no solo vitales –biológicas- sino también contextuales. El objetivo de este trabajo será describir
sincrónicamente[3]
la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados.
Do, re...
Lo primero que tenemos que hacer es describir el “pentagrama” sobre el cual se escribe esta sinfonía, es decir, el escenario sociopolítico, para luego escribir las dos primeras “notas” que tenemos que combinar, es decir, las etapas y dimensiones[4] que, en general, se consideran al hablar de juventud
Esteban Rodríguez[5], siguiendo a Auyero y a Löic Wacquant, plante algunas propiedades centrales de lo que se ha dado en llamar el “nuevo régimen de marginalidad urbana”. Éstas propiedades son:
a) hiperdesempleo: carácter estructural del desempleo, el que tiene una larga duración que se va acumulando por generaciones entre los sectores menos calificados y educados, entre cuyos efectos se encuentra el deterioro de las condiciones de trabajo y el empeoramiento de las garantías contractuales para la fuerza de trabajo.
b) Precarización laboral: supone 1. baja remuneración sin cobertura social, sindical y estatal, 2. baja cualificación (o trabajos infracalificados, 3. inestabilidad o alta rotación de las actividades.
c) Desindicalización: supone al mismo tiempo: deterioro de las representaciones sociales, de los espacios de socialización política de los sectores populares e incapacidad de los Sindicatos para agregar los intereses de los trabajadores empleados en condiciones flexibles o en negro o que se desengancharon.
d)
Desproletarización: deterioro de
e)
Desmantelamiento del Estado Social: es
la retirada del Estado de semibienestar/populista en su función social
universal. Esta retirada asume dos
formas concretas: 1. Desinversión social: el Estado se descompromete de las
relaciones laborales (flexibilización y desregulación laboral) y reemplaza las
políticas públicas universales (planificadas, univesales y de oficio) por
prácticas políticas (discrisionales, focalizadas y a
requerimiento de parte) y, 2. Debilitamiento de los mecanismos de
integración moral- nacional tradicionales: incapacidad del sistema educativo ara generar lazo social, para ofrecer y
garantizar una identidad nacional, para
aportar sentido a
f) Desciudadanización: el deterioro y la pérdida de derechos de la persona en tanto ciudadano. Los obres no tienen derechos, tienen necesidades, no son ciudadanos sino necesitados, es decir, eventualmente, beneficiarios.
g)
Afasia cívica: la incapacitación
jurídica o la carencia de referencias jurídicas para hacer valer
sus derechos o hacer frente a las situaciones problemáticas que afrontan
cotidianamente. Es decir, la imposibilidad para actualizar los estándares
jurídicos de derechos humanos económicos, políticos, sociales y culturales que
prevén distintos pactos internacionales, Proceso que en
Este escenario sociopolítico lo podemos
sintetizar, en términos de Rodríguez, como el paso del Estado de Bienestar al Estado de
Malestar: “El estado ya no está para gestionar
Para concluir esta descripción citamos este párrafo de Rodríguez, quien retomando a Ignacio Lewkowicz considera que “la crisis del Estado es la expresión de una transformación sustancial. El pasaje del fordismo al posfordismo, lo que Lewkowicz llama el tránsito de la era de la solide a al fluidez, es el pasaje también del Estado al Mercado y, en cuanto al Estado se refiere, el pasaje del Estado- Nación al Estado- Gestión o Estado Técnico Administrativo”[7], donde los sujetos dejan de ser ciudadanos para convertirse en consumidores, donde la mayoría deja de ser trabajador -entre otras categorías- para convertirse en excluido.
Mientras que Silvia Duschatzky y Cristina Corea[8] se preguntan ¿cómo habitan los jóvenes situaciones de exclusión social?, aquí nos preguntamos ¿qué es ser joven en este escenario?[9]
La categoría juventud, como agrupamiento diferenciado como parte de la sociedad es nueva, y surge como producto de la modernidad y es caracterizada, en líneas generales, por tres etapas: 1. juventud como moratoria social, 2. juventud como moratoria vital, 3. juventud como moratoria mortal.
A su vez podemos considerar distintos enfoques o dimensiones para definir la juventud: 1. definición biológica, 2. definición cultural, 3.definición generacional, 4. definición ética o situacional, 5. definición vitalista o energética, 6. definición histórica o social.
Rossana Reguillo Cruz, por su parte,
considera que “los jóvenes en tanto en
tanto categoría social construida no tienen una existencia autónoma, es decir al
margen del resto socia, se encuentran inmersos en
a)
a través de su paso, por afirmación o negatividad, por las
instituciones de socialización,
b)
por el conjunto de políticas
y normas jurídicas que definen su estatuto ciudadano para protegerlo y
castigarlo,
c)
por la frecuentación, consumo y acceso a un cierto tipo de bienes
simbólicos y productos culturales específicos”[11]
Mi, fa, sol, la, si...
“Ser joven (...) no depende sólo de la edad como característica biológica
como condición del cuerpo.
Tampoco depende solamente del sector social a que se pertenece,
Con la consiguiente posibilidad de
Acceder de manera diferencial a una moratoria,
A una condición de privilegio.
Hay que considerar también el hecho generacional:
La circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos
Diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar,
De ser competente en nuevos hábitos y destrezas...”[12]
“(...
de una clase. Presenta diferentes modalidades
según la incidencia de una serie de variables.
Las modalidades sociales del ser joven dependen
de la edad, la generación, el crédito vital, la clase social, el marco institucional y el género.
No se manifiestan de la misma manera si se es de clase popular o no,
Lo que implica que los recursos que brinda la moratoria social
No están distribuidos de manera simétrica entre los
Diversos sectores sociales”[13]
“
en el sentido más amplio de una
revolución en el comportamiento y las
costumbres, en el modo de disponer
del ocio y en las artes comerciales, que
pasaron a configurar
cada vez más el ambiente que respiran los hombres
y las mujeres urbanos.”[14]
La descripción sincrónica de
la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos
involucrados en contextos urbanos la realizaré tomando cinco ámbitos o lugares de expresión juvenil, el trabajo, la escuela, el barrio, la música
y la política, tratando de caracterizar qué es ser joven en esos ámbitos.
“mi”,
el trabajo
“(...) siempre trabajando, en lo que fuere, era un poco
la pantalla de todo.
Sí, había que trabajar, para no tener problemas con la policía.
Era fácil. Era bajarse del colectivo, dejar el guardapolvo adentro del bolso,
Dejr el bolso en algún lugar,
Cazar los fierros, y salir y hacer el laburo.
Era una cosa... un trabajo” Germán[15]
“Necesitás guita sí o sí,
salís a buscar;
si conseguís trabajás,
si
no salís a robar” Hernán[16]
Describir
el ser joven en ciertos
contexto urbanos nos leva a considerar
la relación trabajo- delito, donde ambas acciones, según
En el caso de
Ahora bien, “si la inestabilidad laboral impide imaginar alguna movilidad ascendente futura, en el presente lleva a que el trabajo se transforme en un recurso de obtención de ingresos más entre otros, como el robo, el pedido en la vía pública, el “apriete[19]” y el “peaje[20]”, entre los cuales se opta según la oportunidad y el momento”[21], esto produce entonces una especie de alternancia entre ocupaciones muy informales y delitos.
Kessler plantea que la visión tradicional
de trabajo y delito como mutuamente
excluyentes debe ser vista ahora
como el
pasaje de la lógica del trabajador a la del proveedor: la diferencia
fundamental entre una y otra está en
“La
mutación en los criterios de legitimidad
de los ingresos no se debe sólo a la escasez de oportunidades laborales, sino
también a las características mismas de esas ocupaciones, que ya no poseen muchos de los atributos tradicionales asociados al trabajo. Las
ocupaciones a las que han accedido no constituyen la base de algún tipo de
experiencia subjetiva (...) puestos
inestables y precarios no pueden ser la base para la construcción identitaria
individual y para la formación de un entramado de lazos entre pares”[23]
Ser joven en el ámbito laboral es, entonces, instalarse en la precariedad.
“fa”,
la escuela
“Empecé cuando tenía 16...no, 17, después dejé.
Después probé otro año más, fue el año pasado, y no.
Tampoco me gustó, me llevé cuatro materias y no las quise dar,
Y no fui más.
Dos veces había empezado antes y a mitad de año lo dejaba.
Me arrepentía a mitad de año.
Lo que pasa es que no entiendo nada.
No me gusta el colegio, por eso” Micaela[24]
“La escuela me sirvió para aprender.
Porque yo cuando fui no sabia leer. Y ahora sé leer, bueno,
tampoco tan bien que digamos no,
pero me sirvió mucho.
Porque aprendí a dividir (...) y ahora sé mas o menos,
Porque mi hermana me va mostrando,
cuando trae la carpeta yo la miro, y ella me explica (...) porque ya me había olvidado de todo,
hace mucho que no voy y me había olvidado”[25]
Duschatzky y Corea se preguntan, “¿En qué media el tránsito por la escuela deviene experiencia de
construcción subjetiva? ¿En qué medida pasar por ella supone salir
transformado? ¿Es la escuela en las nuevas condiciones de globalización y
dilución del Estado-nación, un lugar capaz de marcar a los sujetos? ¿Cuáles son
los rasgos de las nuevas subjetividades
y qué diferencias guardan respecto de los sujetos formados por el aparto
escolar en tiempos del Estado-nación?”[26]
En
Kessler considera que sin embargo, en
muchos casos, los jóvenes perciben que en sus escuelas el peso está en la
retención, donde “(...)el fracaso escolar
no parece ser un conflicto: en
principio, poco importaba repetir o
desertar, no era ningún estigma o
problema o, a lo sumo, advertían
que, a pesar de su mal desempeño, los profesores trataban de hacerlos pasar de
año”[28].
La escolaridad de estos jóvenes puede ser
conceptualizada como una escolaridad de
baja intensidad caracterizada por el
“desenganche” de las actividades escolares, desenganche que presenta dos
variantes: una “disciplinada” y otra, más conflictiva, el “desenganche
indisciplinado”. El primero se
caracteriza por una actitud ausente en la escuela, que consiste en no realizar
ninguna actividad escolar pero tampoco
generar problemas de convivencia, mientras que el segundo suma a la
actitud anterior problemas disciplinarios graves[29].
Ser joven en el ámbito escolar es, entonces, instalarse en la deserción y el fracaso, es decir, en una escolaridad de baja intensidad, en un “no hacer nada”[30].
“sol”,
el barrio
“Siempre nos juntábamos en las esquinas
de
O en la esquina de
Siempre estábamos en una esquina,
para planear todo lo que íbamos a hacer.
A dónde íbamos a ir, qué lugar,
todo… siempre en una esquina”[31]
El barrio aparece entre estos jóvenes como un espacio urbano
delimitado tanto como
Esta marginalidad espacial en el propio barrio es la expresión topográfica de una marginalidad comunitaria que los mismos jóvenes han naturalizado.
El bardo se presenta como una manera de estar presente en el barrio, es la ruptura de las reglas de convivencia, es una manera de cobrar protagonismo, marca una presencia en el lugar y, a pesar de ser esporádico, sin duda construye un tipo de vínculo dado que obliga a alguna reacción por parte de los oros, aunque en muchos caso no haga mas que reforzar estrategias de evitamiento y distanciamiento forzado. Las relaciones de estos jóvenes con su entorno barrial están atravesadas por fuertes tensiones, que no se dejarían englobar en un juicio simplista e exclusión barrial sino en un complejo de múltiples negociaciones que van desde el distanciamiento hasta la obtención de beneficios compartidos.[32]
Duschatzky y Corea planean que el barrio es para el joven el lugar de los ritos[33], de creencias[34], del “choreo”[35], el faneo[36], de la fraternidad[37].
Ser joven en el ámbito del barrio es, entonces, tener un lugar donde “hacer algo”, a diferencia de la escuela que es donde “no se hace nada”, “’hacer algo’, no importa qué, brinda la ilusión de romper con la inercia cotidiana, de adueñarse de algún modo del devenir de la existencia, de decidir”.[38] Lugar que el joven habita precariamente apropiado en sus representaciones simbólicas de territorios, actores e instituciones locales con un atisbo de sentimiento de pertenecía a un “nosotros” comunitairo[39].
“la”,
la música
“A veces te dicen que vas a la bailanta y ya pasás a ser
Un negrito cualquiera. Esto es un boliche igual a los otros.
Es u bailable…” Alcides[40]
“Nosotros somos tristes desocupados
que usamos la música
como medio para trasmitir nuestras ideas” Líder de una ex banda[41]
Jorge Elbaum plantea que ”para
una gran parte de los jóvenes
urbanos ir a bailar un sábado a la noche es el programa más usual. Pero no todos concurren a los mismos lugares ni entienden la diversión nocturna de la misma
forma. Las distintas alternativas sugieren prácticas específicas e incluyen a quienes las
desarrollan en “mundos nocturnos” -y otros no sólo nocturnos- diferentes
y, en cierta manera, opuestos”.[42]
Aquí consideraré dos formas de expresión musical que, considero caracterizan el ser joven en el conurbano: la bailanta[43] y el rock chabón[44].
La bailanta es un fenómeno social que excede lo que sucede en los locales bailables que llevan ese nombre y se vincula con otras prácticas sociales tales como emblemas -frente a los “iguales”- o estigmas -frente “a los otros”-, como etiquetas y como distintivos que dan sentido a las acciones y alas elecciones. Sentido que guía y organiza las relaciones sociales –las formas de comunicarse dentro de la bailanta, por ejemplo- tendiendo a reproducirlas o a re-crearlas[45].
La bailanta permite apreciar cómo, en un ámbito donde se concentran los sectores populares, pueden ponerse en juego simultáneamente actos simbólicos tanto como un género de diversión nocturna con el cual sus consumidores se identifican, al ser uno de los pocos espacios posibles de diversión y recreación de sectores sociales a quienes se excluye de otras prácticas; como, una práctica que “encasilla” a los concurrentes, que los hace presa de una etiqueta social que los cataloga por sus elecciones vulgares y que, al hacerlo, los condena al “mal gusto”. Éstos a su vez suelen hacerse cargo de estas clasificaciones, asumiéndolas como naturales, y por lo
Por su parte, el rock chabón “(…) toma como epicentro de sus sentimientos
y su ethos el barrio, la patria pequeña de la infancia y la juventud, y su
paisaje transformado por la pobreza, la desocupación, la delincuencia, el
tráfico de drogas, ‘las novedades de la década del 90’. El rock chabón produjo un rock que se
identificaba con la nación y llegó a
plantear una sanción moral al que deja la patria aún cuando
Ser joven en el ámbito de la música es, entonces, instalarse, por medio de la bailanta en la fiesta urbana de quienes asumen las estructuras sociales en las que ocupan lugar subordinado y ante las cuales arriesgan, a veces, una tímida rebeldía[47], y es al mismo tiempo los “Rolling Stones del barrio de cada uno”[48]
“si”...
la política
“En nuestro país no existe libertad de expresión
para decir lo que quieras y que después no te den bola,
no hay democracia ahora” Grupo de jóvenes de Barracas[49]
“Ollas vacías golpeando voy/ se la llevaron al exterior./
Estos hijos de puta/ ya la van a pagar./
Panzas vacías los niños hoy,/ y en el Congreso transás nomás./
En medio de la plaza los vamos a quemar,/
En medio de la plaza los vamos a quemar./
Hablás de moralidad, salís en televisión./
Políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/
políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/
la puta que te parió./ Sentimiento del pueblo!
Meta Gaucha[50]
Andrés Kozel[51] se pregunta ¿cuáles son las creencias que los jóvenes de distintos sectores sociales tienen sobre la política y lo público? Y establece que si bien hay ciertas diferencias según los sectores socioculturales son muchas también las creencias políticas de los jóvenes.
Las percepciones colectivas de los jóvenes en relación con lo público y la política debe colocarse en el marco de un clima general de ideas que parece regido por el escepticismo y el desinterés. En el presente contexto, el origen social parece operar como una onda modulante de ese escepticismo y desinterés generales, proponiendo variantes del clima general en cada caso.
Ser joven en el ámbito de la
participación política es, entonces,
instalarse en el escepticismo, en el desinterés, en la falta de proyectos, de
ideales, de utopías, en el desánimo. Habitar lo público es hacerlo sin atisbos
de esperanza de que ese contexto deje de ser desapacible y aparezca más
agradable. Aquí éstos jóvenes se “igualan” con otros jóvenes de distinta filiación
social.
Acordes
finales
“La revolución cultural de fines del siglo debe, pues, entenderse como el triunfo del individuo sobre la sociedad o, mejor, como la ruptura de los hilos que hasta entonces habían imbricado a los individuos en el tejido social. Y es que ese tejido no sólo estaba compuesto por las relaciones reales. Entre los seres humanos y sus y sus formas de organización, sino también por los modelos generales de esas relaciones y por las pautas de conducta que era de prever que siguiesen en su trato mutuo los individuos, cuyos papeles estaban predeterminados, aunque no siempre escritos. De ahí la inseguridad traumática que se producía en cuanto las antiguas normas de conducta se abolían o perdían su razón de ser, o la incomprensión entre quienes sentían esa desaparición y quienes eran demasiado jóvenes para haber conocido otra cosa que una sociedad sin reglas”.[52]
Quiero finalizar este ensayo con estos conceptos de Dalia Szlik y Silvia
Kausñosky, quienes consideran que “la “juventud” en tanto objeto de estudio
puede ser abordada desde distintos
ángulos, –aquí sólo he considerado
algunos- cada uno de los cuales mostrará y enfatizará diferentes aspectos.
Estos diversos enfoques y perspectivas
vinculados con el mundo juvenil contribuyen, a
partir de sus interpretaciones y esquemas clasificatorios, a conformar una trama de significaciones en la que se va tejiendo la identidad social de este grupo: operando tanto sobre la mirada
que los jóvenes tienen de sí mismos como sobre la visión que otros sectores de la sociedad tienen respecto de ellos”[54]
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1996
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SZLIK, Dalia y
KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en La
juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos,
1996.
* Maestra Normal Superior, Asistente Educacional,
Profesora Especializada en Educación Especial, Profesora y Licenciada en
Ciencias de la Educación, Licenciada en Psicopedagogía, Especialista en
Metodología de la Investigación Científica, Magíster en Metodología de la Investigación
Científica (tesis: “Diversidad
socio-cultural: exigencia de los nuevos escenarios sociales e institucionales, desafío
para la formación docente de grado. Estudio de caso en el I.S.F.D. Nº 41 del
partido de Almirante Brown”).
[1] MARGULIS, Mario, La juventud es mas que una palabra, Buenos Aires, Biblos, 1996, (pp 14), pie de página 2.
[2] Ob. Cit., (pp 14)
[3] El análisis sincrónico se ubica en las coordenadas temporo-espaciales el conurbano bonaerense contemporáneo ya que es ahí donde me desempeño como Profesora en la formación docente de grado y es la jurisdicción donde se desempeñarán los Profesores egresados.
[4] Éstas sólo serán enunciadas sin hacer un desarrollo conceptual ya que justamente son las que se ponen en tensión en este trabajo, Cfr. MARGULIS, M. Ob. cit..
[5] RODRÍGUEZ, Esteban, El estado de malestar y la administración de la muerte en el neoliberalismo, 1º parte, Bs. As., UNQ, 2007.
[6] RODRÍGUEZ, Ob. cit., 2º parte, (pp 3)
[7] RODRÍGUEZ, Ob. cit., 3º parte, (pp 4)
[8] DUSCHATZKY,
Silvia y COREA, Cristina; Chicos en
banda. Los caminos de la subjetividad en
el declive de las instituciones, Bs. As., Paidós, 2004, (pp17).
[9] Esta pregunta
coincide con el objetivo del trabajo: Describir sincrónicamente la categoría juventud y los
sentidos que asume para los sujetos involucrados.
[10] REGUILLO CRUZ,
Rossana; Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del
desencanto. Bogotá, Norma, 2000, (pp 49)
[11] REGUILLO CRUZ,
Ob. cit., (pp 51)
[12] MARGULIS, Ob. cit.,
(pp 19)
[13] MARGULIS, Ob. cit.,
(pp 29)
[14] HOBSBAWM, Eric, “La revolución cultural” en Historia del sigo XX, Barcelona, Crítica, 1999, (pp 331)
[15] KESSLER, Gabriel; Sociología del delito amateur. Bs. As., Paidós, 2004, (pp 29)
[16] KESSLER, Ob. cit., (pp 30)
[17] Ídem, (pp. 30)
[18] Ídem, (pp 33)
[19] “Apriete”: solicitar dinero en la calle con una velada amenaza de violencia.
[20] “Peaje”: bloqueo de una vía de pasaje obligado en un barrio para exigir dinero a las transeúntes a cambio de dejarlos pasar.
[21] Ídem, (pp 34)
[22] Ídem, (pp 41)
[23] Ídem, (pp 45-46)
[24] Ídem, (pp184)
[25] Ídem, (pp. 188)
[26] DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 20-21)
[27] KESSLER, Ob. cit.,
(pp. 183-184)
[28] KESSLER, Ob. cit.,
(pp. 187)
[29] KESSLER, Ob. cit.,
(pp. 193-198)
[30] KESSLER, Ob. cit.,
(pp 194)
[31] KESSLER, Ob. cit.,
(pp 226)
[32] Cfr. KESSLER, Ob.
cit..
[33] Ritos como aquellas prácticas regladas cargadas de densidad simbólica que habilitan un pasaje, que han sido considerado históricamente como núcleos d inscripción de la subjetividad, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit, (pp 33. Ss)
[34] Creencias que configuran otro lugar de alta condensación simbólica que constituyen otro modo de habitar la cotidianidad, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit.,(pp 40, ss)
[35] “Chohreo” : robo, es una práctica impulsada por la demanda o búsqueda vinculada a la conquista de un lugar en el grupo y de un sistema referencial que organice de algún modo el caos de la experiencia: adónde pertenezco, en qué sistema de “valoraciones me incluyo, cuáles son las ventajas de pertenecer a un grupo, etc., DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit (pp.44, ss)
[36] El consumo es algo más que una adicción, es el “lugar” donde las emociones se desbordan (agresión, dolor, angustia, rabia, impotencia) y al mismo tiempo se despiertan (coraje, control del miedo). El consumo es una práctica que se enlaza en una cadena de experiencias, Duschatzky y Corea, Op. Cit., p. 49-50.
[37] La fraternidad (entre hermanos o amigos) se configura como posibilidad emergente frente a la ineficacia simbólica del modelo tradicional, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit (pp 55, ss)
[38]DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp. 45)
[39] KESSLER, Ob.
cit. (pp 245)
[40] ELBAUM, Jorge; “Los
bailanteros. La fiesta urbana de
[41] SERMÁN, Pablo, “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón” en Revista Confines, Nº 17, Bs. As., 2005, (pp.181)
[42] ELBAUM, Ob. cit., (pp. 181)
[43] “Bailanta” o “música tropical” musicalmente consiste en la versión blanca, argentinizada y con una historia de cutánea años –jalonada por los Wawancó y otros precursores-, de ritmos de raíz afroamericanos, como la cumbia, el merengue o el propio wawancó. Actualmente la pasividad que ésta ha alcanzado, extendiéndose más allá de los espacios geográfico-sociales en la que había nacido para llegar a otros ámbitos como las llamadas “discotecas” (anteriormente reacias a esta música), aunque valoradas con códigos muy diferentes, DI LEO, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”, en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, Coord. DRI, Rubén, Bs. As., Biblos, 2005, (pp 128-129)
[44] El rock chabón tiene un significado social , si bien es una categoría problemática ya que las fronteras entre los estratos sociales son porosas. Aquí, siguiendo a Pablo Sermán, limitamos el alcance de lo popular del rock chabón a los jóvenes pobladores del Gran Bs. As., de sus barrios más pobres, hijos de trabajadores manuales y desempleados. SERMÁN, Ob. cit., (pp 177-178)
[45] ELBAUM, Ob. cit., (pp 182)
[46] SERMÁN, Ob. cit., (pp 180-182)
[47] Ïdem.
[48] Ídem.
[49] Kozel, Andrés, realizó una investigación con jóvenes escogidos como parte de grupos motivacionales de colegios secundarios ubicados en barrios de la Capital Federal entre ellos Barracas (sector medio bajo), Caballito (sector medio) y Belgrano (sector medio alto) y sus inferencias pueden bien ser extendidas al grupo de jóvenes del conurbano bonaerense. KOZEL, Andrés, “Los jóvenes y la política”. Modulaciones de un escepticismo genera”. en La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.
[50] MÍGUEZ, Daniel, “Estilos musicales y estamentos sociales. Cumbia, villa y trasgresión en la periferia” en Entre santos, cumbias y piquetes. Las culturas populares en la Argentina reciente. Comp. Por SEMÁN, Pablo y MÍGUEZ, Daniel, Bs. As., Biblos, 2006, (pp 49)
[51] Cfr., KOZEL, Ob. cit..
[52] HOBSBAWM, Ob. cit., (pp 336)
[53] DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 21)
[54] SZLIK, Dalia y KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.