La juventud es sinfónica, o polifonía juvenil

 

Cristina Rafaela Ricci*

 

“El mito  de la juventud homogénea consiste en

identificar a todos los jóvenes con algunos de ellos”

Cecilia Braslavsky[1]

 

 

“(...) en América latina, a diferencia  de Europa donde seria  más amplia, 

la “juventud” está  casi reservada para los

sectores  medios y altos,

que pueden acceder a la educación superior y

la moratoria en toda la plenitud del término”

Silvia Sigal[2]

 

 

Pensar, hablar, escribir acerca de la juventud, del joven en sí mismo  encierra ya la disyuntiva: ¿en singular o en plural? ¿El joven o los jóvenes? Cuando hablamos de joven- jóvenes, juventud- juventudes ¿de quién- quiénes hablamos, dónde y cuándo? ¿Hay distintas maneras de ser joven? La juventud, ¿se refiere sólo a un estado –edad o etapa de la vida- o también puede ser considerada como un producto? Además de la dimensión material –aspecto físico- podemos considera otras dimensiones, tales como la simbólica?

En todo caso, la juventud se nos presenta como un lugar o un espacio (¿categoría, concepto, realidad, etapa?)  de la ambigüedad y de la imprecisión o indeterminación, un lugar  poblado de sujetos múltiples y de múltiples sentidos que van cambiando de rostros, vestidos, códigos, música, tiempos “según pasan los años...”

Considerar, entonces, a la juventud- juventudes como un concepto polisémico y epocal  que se va configurando  como una construcción sociohistórica y sociocultural con artistas sociopolíticas y económicas es, considero, un buen “pentagrama” sobre el cual escribir este intento de “sinfonía” o “polifonía” sobre la juventud- juventudes, sinfonía  que quedará “inconclusa” ya que siempre estará atravesada por “variaciones” sociales, históricas, culturales,  estéticas, simbólicas, políticas, entre otras.

En este ensayo abordaré  “la juventud” o “las juventudes”  como una categoría con un sentido socialmente construido, es decir, como un producto  en el que se imbrican condiciones no solo vitales –biológicas- sino también contextuales.  El objetivo de este trabajo será describir sincrónicamente[3] la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados.

 

Do, re...

 

Lo primero que tenemos que hacer es describir el “pentagrama” sobre el cual se escribe esta sinfonía, es decir, el escenario sociopolítico, para luego escribir las dos primeras “notas” que tenemos que combinar, es decir, las etapas y dimensiones[4]  que,  en general, se consideran al hablar de juventud

Esteban Rodríguez[5], siguiendo a Auyero y a Löic Wacquant, plante  algunas propiedades centrales de lo que se ha dado en llamar el “nuevo régimen de marginalidad urbana”. Éstas propiedades son:

a)     hiperdesempleo: carácter estructural del desempleo, el que tiene una larga duración que se va acumulando  por generaciones entre los sectores menos calificados y educados, entre  cuyos efectos se encuentra el deterioro de las condiciones de trabajo y el empeoramiento de las garantías contractuales para la fuerza de trabajo.

b)     Precarización laboral:  supone 1. baja remuneración sin cobertura social, sindical y estatal, 2. baja cualificación (o trabajos infracalificados, 3. inestabilidad o alta rotación de las actividades.

c)      Desindicalización:  supone al mismo tiempo: deterioro de las representaciones sociales, de los espacios de socialización política de los sectores populares e incapacidad de los Sindicatos para agregar los intereses de los trabajadores empleados en condiciones flexibles o en negro o que se desengancharon.

d)     Desproletarización: deterioro de la cultura del trabajo o la corrosión de carácter y la pérdida  de pertenencias o menoscabo de las identidades populares construidas alrededor de la fábrica y el sindicato.

e)     Desmantelamiento del Estado Social: es la retirada del Estado de semibienestar/populista en su función social universal. Esta retirada asume  dos formas concretas: 1. Desinversión social: el Estado se descompromete de las relaciones laborales (flexibilización y desregulación laboral) y reemplaza las políticas públicas universales (planificadas, univesales y de oficio) por prácticas  políticas  (discrisionales, focalizadas y a requerimiento  de parte)  y, 2. Debilitamiento de los mecanismos de integración moral- nacional tradicionales: incapacidad  del sistema educativo  ara generar lazo social, para ofrecer y garantizar  una identidad nacional, para aportar sentido a la vida cotidiana. El desmantelamiento del Estado  como metainstitución dadora de sentido se verifica en la ruptura de las trayectorias escolares (fracaso escolar, resilencia, etc.)

f)        Desciudadanización: el deterioro y la pérdida de derechos de la persona en tanto ciudadano. Los  obres no tienen derechos, tienen necesidades, no son ciudadanos sino necesitados, es decir, eventualmente, beneficiarios.

g)     Afasia cívica: la incapacitación jurídica o la carencia de referencias jurídicas para hacer  valer  sus derechos o hacer frente a las situaciones problemáticas que afrontan cotidianamente. Es decir, la imposibilidad para actualizar los estándares jurídicos de derechos humanos económicos, políticos, sociales y culturales que prevén distintos pactos internacionales, Proceso que en la Argentina se reconoce como “criminalización de la protesta”.  Imposibilidad  para expresarse (pérdida de la palabra) como la imposibilidad para ejercer el derecho a la protesta, el “derecho a tener derechos”.

 

Este escenario sociopolítico lo podemos sintetizar, en términos de Rodríguez, como el paso  del Estado de Bienestar al Estado de Malestar:  “El estado  ya no está  para gestionar la vida cuanto para administrar la muerte, es decir, la vida que no vale. De manera que el Estado seguirá interviniendo pero esta vez  para evitar la irrupción, es decir, para garantizar la exclusión”[6]

Para concluir esta descripción citamos este párrafo  de Rodríguez, quien retomando a   Ignacio Lewkowicz considera que  la crisis del Estado es la expresión de una transformación sustancial. El pasaje  del fordismo al posfordismo, lo que Lewkowicz llama  el tránsito de la era de la solide a al fluidez, es el pasaje también del Estado al Mercado y, en cuanto  al Estado se refiere, el pasaje del Estado- Nación al Estado- Gestión o Estado Técnico Administrativo”[7], donde los sujetos dejan de ser ciudadanos para convertirse en consumidores, donde la mayoría deja de ser trabajador -entre otras categorías- para convertirse en excluido.

Mientras que  Silvia Duschatzky y Cristina Corea[8] se preguntan ¿cómo habitan los jóvenes  situaciones de  exclusión social?, aquí nos preguntamos ¿qué es ser joven en este escenario?[9]

La categoría juventud, como agrupamiento diferenciado como parte de la sociedad  es nueva, y surge como producto de la modernidad y es caracterizada, en líneas generales, por tres etapas: 1. juventud como moratoria social,  2. juventud como moratoria vital, 3. juventud como moratoria  mortal.

A su vez podemos considerar distintos enfoques o dimensiones para definir la juventud: 1. definición biológica, 2. definición cultural, 3.definición generacional, 4. definición ética o situacional, 5. definición vitalista o energética, 6. definición histórica o social.

Rossana Reguillo Cruz, por su parte, considera que “los jóvenes en tanto en tanto categoría social construida no tienen una existencia autónoma, es decir al margen del resto socia, se encuentran inmersos en la red de relaciones y de interacciones sociales múltiples y complejas”[10], y que éstos “ (...) han adquirido  visibilidad social como actores  diferenciados

a)     a través de su paso, por afirmación o negatividad, por las instituciones de  socialización,

b)     por  el conjunto de políticas y normas jurídicas que definen su estatuto ciudadano para protegerlo y castigarlo,

c)      por la frecuentación, consumo y acceso a un cierto tipo de bienes simbólicos y productos culturales específicos”[11]

 

Mi, fa, sol, la, si...

 

“Ser joven (...) no depende sólo de la edad como característica biológica

 como condición del cuerpo.

Tampoco  depende solamente del sector social a que se pertenece,

Con la consiguiente posibilidad de

Acceder  de manera diferencial a una moratoria,

A una condición de privilegio.

Hay que considerar  también el hecho   generacional:

La circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos

 Diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar,

De ser competente en nuevos hábitos y destrezas...”[12]

 

“(...) la juventud no es sólo un signo ni se reduce a los atributos “juveniles”

de una clase. Presenta diferentes modalidades

según la incidencia de una serie de variables.

Las modalidades  sociales del ser joven dependen 

de la edad, la generación, el crédito vital, la clase social, el marco institucional y el género.

No se manifiestan de la misma manera si se es de clase popular o no,

Lo que implica que los recursos que brinda la moratoria social

No están distribuidos de manera simétrica entre los

Diversos sectores sociales”[13]

 

 

La cultura juvenil se convirtió en la matriz de la revolución cultural

en el sentido más amplio de una revolución en el comportamiento y las

costumbres, en el modo de disponer del ocio y en las artes comerciales, que

pasaron  a configurar  cada vez más el ambiente que respiran los hombres

y las mujeres urbanos.”[14]

 

 

La descripción  sincrónica de  la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados en contextos urbanos la realizaré tomando cinco ámbitos  o lugares de expresión juvenil,  el trabajo, la escuela, el barrio, la música y la política, tratando de caracterizar qué es ser joven en esos ámbitos.

 

 

“mi”, el trabajo

 

“(...) siempre trabajando, en lo que fuere, era un poco

la pantalla de todo.

Sí, había que trabajar, para no tener problemas con la policía.

Era fácil. Era bajarse del colectivo, dejar el guardapolvo adentro del bolso,

Dejr el bolso en algún lugar,

Cazar los fierros, y salir y hacer el laburo.

Era una cosa... un trabajo”   Germán[15]

 

 

“Necesitás guita sí o sí,

salís a buscar;

si conseguís trabajás,

si no salís a robar”    Hernán[16]

 

 

Describir  el ser joven en ciertos contexto urbanos  nos leva a considerar la relación trabajo- delito, donde ambas acciones, según lo planea Gabriel Kessler, se condensan “en una única intención, dejando entrevén que la relación entre delito y trabajo es compleja, a pesar de la alta tasa de desempleo  que afecta el perfil de los jóvenes[17].

En el caso de la Argentina el problema del trabajo  se caracteriza por la inestabilidad y la precariedad laboral. Esto para los jóvenes no son problemas totalmente nuevos ya que en muchos casos, ya fueron experimentados por sus padres. Ahora bien, la inestabilidad laboral se naturaliza a medida que el trabajo estable se desdibuja de  la experiencia transmitida por sus padres y por otros adultos de su entorno. Así, los jóvenes,  ven frente  a ellos un horizonte de precariedad duradera en el que es imposible  vislumbrar algún atisbo de carrera laboral”.[18]

Ahora bien, “si la inestabilidad laboral impide imaginar alguna movilidad ascendente futura, en el presente lleva a que el trabajo se transforme en un recurso de  obtención de ingresos más entre otros, como el robo, el pedido en la vía pública, el “apriete[19]” y el “peaje[20]”, entre los cuales se opta según la oportunidad y el momento[21], esto produce entonces una especie de alternancia  entre ocupaciones muy informales y delitos.

Kessler plantea que la visión tradicional de trabajo y delito  como mutuamente excluyentes debe ser  vista ahora como  el pasaje de la lógica del trabajador a la del proveedor:  la diferencia  fundamental entre una y otra está en la fuente de la legitimidad de los recursos. En la primera la legitimidad  está en el origen del dinero, mientras que en la segunda reside en su utilización para satisfacer necesidades.[22]

La mutación  en los criterios de legitimidad de los ingresos no se debe sólo a la escasez de oportunidades laborales, sino también a las características mismas de esas ocupaciones, que ya no poseen  muchos de los atributos tradicionales asociados al trabajo. Las ocupaciones a las que han accedido no constituyen la base de algún tipo de experiencia  subjetiva (...) puestos inestables y precarios no pueden ser la base para la construcción identitaria individual y para la formación de un entramado de lazos entre pares”[23]

 

Ser joven en el ámbito laboral es, entonces, instalarse en la precariedad.

 

 

“fa”, la escuela

 

“Empecé cuando tenía 16...no, 17, después dejé.

Después  probé otro año más, fue el año pasado, y no.

Tampoco me gustó, me llevé cuatro materias y no las quise dar,

Y no fui más.

Dos veces había empezado antes y a mitad de año lo dejaba.

Me arrepentía a mitad de año.

Lo que pasa es que no entiendo nada.

No me gusta el colegio, por eso” Micaela[24]

 

 

“La escuela me sirvió para aprender.

Porque yo cuando fui no sabia leer. Y ahora sé leer, bueno,

tampoco tan bien que digamos no,

pero me sirvió mucho.

Porque aprendí a dividir (...) y ahora sé mas o menos,

Porque mi hermana  me va mostrando,

cuando trae  la carpeta yo la miro, y ella me explica (...) porque ya me había olvidado de todo,

hace mucho que no voy y me había olvidado”[25]  

 

 

Duschatzky y Corea se preguntan, “¿En qué media el tránsito  por la escuela deviene experiencia de construcción subjetiva? ¿En qué medida pasar por ella supone salir transformado? ¿Es la escuela en las nuevas condiciones de globalización y dilución del Estado-nación, un lugar capaz de marcar a los sujetos? ¿Cuáles son los rasgos  de las nuevas subjetividades y qué diferencias guardan respecto de los sujetos formados por el aparto escolar en tiempos del Estado-nación?”[26]

En general la escolarización de éstos jóvenes, al decir de Kessler,  está “signada  por un desempeño deficitario, a repitencia y, en muchos casos, una deserción posterior”;  pero también se registra una “valoración  genérica de la educación y la persistencia del ideal de  escolarización también se registra en estos jóvenes[27].

Kessler considera que sin embargo, en muchos casos, los jóvenes perciben que en sus escuelas el peso está en la retención, donde “(...)el fracaso escolar no parece  ser un conflicto: en principio,  poco importaba repetir o desertar, no era ningún estigma o  problema  o, a lo sumo, advertían que, a pesar de su mal desempeño, los profesores trataban de hacerlos pasar de año”[28].

La escolaridad de estos jóvenes puede ser conceptualizada como una escolaridad de baja intensidad caracterizada  por el “desenganche” de las actividades escolares, desenganche que presenta dos variantes: una “disciplinada” y otra, más conflictiva, el “desenganche indisciplinado”. El primero  se caracteriza por una actitud ausente en la escuela, que consiste en no realizar ninguna  actividad escolar  pero tampoco  generar problemas de convivencia, mientras que el segundo suma a la actitud anterior problemas disciplinarios graves[29].

 

Ser joven en el ámbito escolar  es, entonces, instalarse en la deserción y el fracaso, es decir, en una escolaridad de baja intensidad,  en un “no hacer nada”[30].

 

“sol”, el barrio

“Siempre nos juntábamos en las esquinas de la casa de alguien.

O en la esquina de la casa de nadie.

Siempre estábamos en una esquina,

para planear todo lo que íbamos a hacer.

A dónde íbamos a ir, qué lugar,

todo… siempre en una esquina”[31]

 

El barrio aparece  entre estos jóvenes como un espacio urbano delimitado tanto como la comunidad  de personas que lo habitan.  Kessler se pregunta ¿cómo caracterizar  el rol integrador  de los barrios populares  en  conurbano bonaerense? En los noventa este entramado societal se deshace, el barrio, en tanto  territorio  propio  y lugar  central de todas las actividades cotidianas de los jóvenes  constituye un horizonte espacialmente acotado, desprovisto  de instituciones y de todo espacio público común.

Esta marginalidad espacial en el propio barrio  es  la expresión  topográfica de una marginalidad comunitaria que los mismos jóvenes han naturalizado.

El bardo se presenta como una manera de estar presente  en el barrio, es la ruptura de las reglas de convivencia, es una manera de cobrar protagonismo, marca una presencia en el lugar y, a pesar de ser esporádico, sin duda  construye un tipo de vínculo dado que obliga a alguna reacción por parte de los oros, aunque en muchos caso no haga mas que reforzar estrategias de evitamiento  y distanciamiento forzado. Las relaciones de estos jóvenes con su entorno barrial están atravesadas por fuertes tensiones, que no se dejarían englobar en un juicio simplista e exclusión barrial sino en un complejo de múltiples negociaciones que van desde el distanciamiento hasta la obtención de beneficios compartidos.[32]

Duschatzky y Corea planean que el barrio  es para el joven el lugar de los ritos[33], de creencias[34], del “choreo”[35], el faneo[36], de la  fraternidad[37].

 

Ser joven en el ámbito del barrio  es, entonces,  tener un lugar  donde “hacer algo”, a diferencia de la escuela que es donde “no se hace nada”, “’hacer algo’, no importa qué, brinda la ilusión de romper con la inercia cotidiana, de adueñarse de algún modo del devenir de la existencia, de decidir”.[38] Lugar que el joven habita  precariamente apropiado en sus representaciones simbólicas de territorios, actores e instituciones locales con un atisbo de sentimiento de  pertenecía a  un “nosotros” comunitairo[39].

 

“la”, la música

 

“A veces te dicen que vas a la bailanta y ya pasás  a ser

Un negrito cualquiera. Esto es un boliche igual a los otros.

Es u bailable…” Alcides[40]

 

“Nosotros somos tristes desocupados

que usamos la música

como medio para trasmitir nuestras ideas” Líder de una ex banda[41]

 

Jorge Elbaum plantea que ”para   una gran parte  de los jóvenes urbanos ir a bailar un sábado a la noche es el programa más usual. Pero no todos  concurren a los mismos lugares ni  entienden la diversión nocturna de la misma forma. Las distintas alternativas sugieren prácticas  específicas e incluyen a quienes las desarrollan en “mundos nocturnos” -y otros no sólo nocturnos-  diferentes y, en cierta manera, opuestos”.[42]

Aquí consideraré dos formas de expresión musical que, considero caracterizan el ser joven en el conurbano: la bailanta[43] y el rock chabón[44].

La bailanta es un fenómeno social  que excede lo que sucede en los locales bailables  que llevan ese nombre  y se vincula con otras prácticas sociales tales como emblemas  -frente a los “iguales”- o estigmas  -frente “a los otros”-, como etiquetas y como distintivos que dan sentido a las acciones y alas elecciones. Sentido que guía y organiza las relaciones sociales –las formas de comunicarse dentro de la bailanta, por ejemplo- tendiendo a reproducirlas o a re-crearlas[45].

La bailanta permite apreciar cómo, en un ámbito donde se concentran los sectores populares, pueden ponerse en juego simultáneamente actos simbólicos tanto como un género de diversión  nocturna con el cual sus consumidores se identifican, al ser uno de los pocos espacios posibles de diversión y recreación de sectores sociales a quienes se excluye de otras prácticas; como,  una práctica que “encasilla” a los concurrentes, que los hace presa de una etiqueta social  que los cataloga por sus elecciones vulgares y que, al hacerlo, los condena al “mal gusto”. Éstos a su vez suelen hacerse cargo de estas clasificaciones, asumiéndolas como naturales, y por lo 

 Por su parte, el rock chabón “(…) toma como epicentro de sus sentimientos y su ethos el barrio, la patria pequeña de la infancia y la juventud, y su paisaje transformado por la pobreza, la desocupación, la delincuencia, el tráfico de drogas, ‘las novedades de la década del 90’.  El rock chabón produjo un rock que se identificaba con la nación  y llegó a plantear una sanción moral al que deja la patria aún cuando lo aqueja el apremio económico”. Actualmente es casi una forma de sintetizar  una identidad local, particular, barrial[46]..

 

Ser joven en el ámbito de la música es, entonces, instalarse, por medio de la bailanta en la  fiesta urbana de quienes  asumen  las estructuras  sociales  en las que ocupan  lugar subordinado y ante las cuales arriesgan, a veces, una tímida rebeldía[47], y es al mismo tiempo los “Rolling Stones del barrio de cada uno”[48]

 

“si”... la política

 

“En nuestro país no existe libertad de expresión

para  decir lo que quieras y  que  después  no te den bola,

no hay democracia ahora” Grupo de jóvenes de Barracas[49]

 

“Ollas vacías golpeando voy/ se la llevaron al exterior./

Estos hijos de puta/ ya la van a pagar./

Panzas vacías los niños hoy,/ y en el Congreso transás nomás./

En medio de la plaza los vamos a quemar,/

En medio de la plaza los vamos a quemar./

Hablás de moralidad, salís en televisión./

Políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/

políticos hijos de puta,/ la puta que los parió/

la puta que te parió./ Sentimiento del pueblo!

Meta Gaucha[50]

 

Andrés Kozel[51] se pregunta ¿cuáles son las creencias que los jóvenes de distintos sectores sociales tienen sobre la política y lo público? Y establece que si bien hay ciertas diferencias según los sectores socioculturales son muchas también las creencias políticas de los jóvenes.

Las percepciones colectivas  de los jóvenes en relación con lo público y la política debe colocarse en el marco de un clima general de ideas que parece regido  por el escepticismo y el desinterés. En el presente contexto, el origen social parece operar  como una onda modulante de ese escepticismo y  desinterés generales, proponiendo variantes  del clima general en cada caso.

 

Ser joven en el ámbito de la participación política   es, entonces, instalarse en el escepticismo, en el desinterés, en la falta de proyectos, de ideales, de utopías, en el desánimo. Habitar lo público es hacerlo sin atisbos de esperanza de que ese contexto deje de ser desapacible y aparezca más agradable. Aquí éstos jóvenes se “igualan” con otros jóvenes de distinta filiación social.

 

Acordes finales

 

“La revolución cultural de fines del siglo debe, pues, entenderse como el triunfo del individuo sobre la sociedad o, mejor, como la ruptura de los hilos que hasta entonces habían imbricado a los individuos en el tejido social. Y es que ese tejido no sólo estaba compuesto por las relaciones reales. Entre  los seres humanos y sus  y sus formas de organización, sino también por los modelos generales de esas relaciones y por las pautas de conducta que era de prever que siguiesen en su trato mutuo los individuos, cuyos papeles estaban predeterminados, aunque no siempre escritos. De ahí la inseguridad traumática  que se producía en cuanto las antiguas normas de conducta se abolían o perdían su razón de ser, o la incomprensión entre quienes sentían esa desaparición y quienes  eran demasiado jóvenes para haber conocido otra cosa  que una sociedad sin reglas”.[52]

 
La precariedad, baja intensidad, el tener un lugar  donde “hacer algo”, la  fiesta urbana, escepticismo, desesperanza, desinterés son algunas de las formas que asume el ser joven en el conurbano hoy.
“Las formas de producción de la subjetividad,” y por lo tanto del ser joven, “no son universales ni atemporales, sino que se inscriben en condiciones sociales y culturales específicas” tal como lo plantean  Duschatzky  y Corea [53]

Quiero finalizar este ensayo con estos conceptos de Dalia Szlik y Silvia Kausñosky, quienes consideran que  “la “juventud” en tanto objeto de estudio puede ser abordada  desde distintos ángulos,  –aquí sólo he considerado algunos- cada uno de los cuales  mostrará y enfatizará diferentes aspectos. Estos diversos enfoques y perspectivas  vinculados  con el mundo juvenil contribuyen, a partir  de sus interpretaciones   y esquemas clasificatorios, a conformar  una trama de significaciones  en la que se va tejiendo  la identidad social  de este grupo: operando tanto sobre la mirada que los jóvenes tienen de sí  mismos como sobre la visión que  otros sectores de la sociedad  tienen respecto de ellos”[54]

Estas visiones  son siempre cambiantes, fluctuantes, parciales, lo que hace que esta descripción quede abierta, y la sinfonía “inconclusa”.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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SZLIK, Dalia  y  KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en  La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.

 

 

 

 



* Maestra Normal Superior, Asistente Educacional, Profesora Especializada en Educación Especial, Profesora y Licenciada en Ciencias de la Educación, Licenciada en Psicopedagogía, Especialista en Metodología de la Investigación Científica,  Magíster en Metodología de la Investigación Científica (tesis: “Diversidad socio-cultural: exigencia de los nuevos escenarios sociales e institucionales, desafío para la formación docente de grado. Estudio de caso en el I.S.F.D. Nº 41 del partido de Almirante Brown”).

[1]  MARGULIS, Mario, La juventud es mas que una palabra, Buenos Aires, Biblos, 1996, (pp 14), pie de página 2.

[2]  Ob. Cit., (pp 14)

[3]  El análisis sincrónico se ubica en las coordenadas temporo-espaciales  el  conurbano  bonaerense contemporáneo ya que es ahí donde me desempeño como Profesora en la formación docente de grado y es la jurisdicción donde se desempeñarán los Profesores egresados.

[4] Éstas sólo serán enunciadas sin hacer un desarrollo conceptual ya que justamente son las que se ponen en tensión en este trabajo, Cfr. MARGULIS, M. Ob. cit..

[5] RODRÍGUEZ, Esteban,  El estado de malestar y la administración de la muerte en el neoliberalismo, 1º parte, Bs. As., UNQ,  2007.

[6] RODRÍGUEZ, Ob. cit., 2º parte, (pp 3)

[7] RODRÍGUEZ, Ob. cit., 3º parte, (pp 4)

[8] DUSCHATZKY, Silvia y COREA, Cristina; Chicos en banda.  Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones, Bs. As., Paidós, 2004, (pp17).

[9] Esta pregunta coincide con  el objetivo del trabajo: Describir sincrónicamente la categoría juventud y los sentidos que asume para los sujetos involucrados.

[10]  REGUILLO CRUZ, Rossana; Emergencia  de culturas juveniles. Estrategias del desencanto. Bogotá, Norma, 2000, (pp 49)

[11]  REGUILLO CRUZ, Ob. cit., (pp 51)

[12] MARGULIS, Ob. cit., (pp 19)

[13] MARGULIS, Ob. cit., (pp 29)

[14] HOBSBAWM, Eric, “La revolución cultural” en Historia del sigo XX, Barcelona, Crítica, 1999, (pp 331)

[15] KESSLER, Gabriel; Sociología del delito amateur. Bs. As., Paidós, 2004, (pp 29)

[16] KESSLER, Ob. cit., (pp 30)

[17] Ídem, (pp. 30)

[18] Ídem,  (pp 33)

[19] “Apriete”: solicitar dinero en la calle con una velada amenaza de violencia.

[20] “Peaje”: bloqueo de una vía de pasaje obligado en un barrio para exigir dinero a las transeúntes a cambio de dejarlos pasar.

[21] Ídem, (pp 34)

[22] Ídem, (pp 41)

[23] Ídem, (pp 45-46)

[24] Ídem, (pp184)

[25] Ídem, (pp. 188)

[26] DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 20-21)

[27] KESSLER, Ob. cit., (pp. 183-184)

[28] KESSLER, Ob. cit., (pp. 187)

[29] KESSLER, Ob. cit., (pp. 193-198)

[30] KESSLER, Ob. cit., (pp 194)

[31] KESSLER, Ob. cit., (pp 226)

[32] Cfr. KESSLER, Ob. cit..

[33] Ritos como aquellas prácticas regladas cargadas de densidad simbólica que habilitan un pasaje, que han sido considerado históricamente como núcleos d inscripción de la subjetividad,   DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit, (pp 33. Ss)

[34] Creencias que configuran otro lugar de alta condensación  simbólica que constituyen otro modo de habitar la cotidianidad, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit.,(pp 40, ss)

[35] “Chohreo” : robo, es una práctica  impulsada por la demanda o búsqueda vinculada a la conquista de un lugar en el grupo y de un sistema referencial que organice de  algún modo el caos de la experiencia: adónde pertenezco, en qué sistema de “valoraciones me incluyo, cuáles son las ventajas  de pertenecer a un grupo, etc., DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit  (pp.44, ss)

[36] El consumo es algo más que una adicción, es el “lugar” donde las emociones se desbordan (agresión, dolor, angustia, rabia, impotencia) y al mismo tiempo se despiertan (coraje, control del miedo). El consumo es una práctica que se enlaza en una cadena de experiencias, Duschatzky y Corea, Op. Cit., p. 49-50.

[37] La fraternidad (entre hermanos o amigos)  se configura como posibilidad emergente frente a la ineficacia simbólica del modelo tradicional, DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit (pp 55, ss)

[38]DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp. 45)

[39] KESSLER, Ob. cit. (pp 245)

[40] ELBAUM, Jorge; “Los  bailanteros. La fiesta urbana de la cultura popular” en La cultura  de la noche. La vida  nocturna de los jóvenes en Bs. As. Comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 2005,  (pp 193)

[41] SERMÁN, Pablo, “Vida, apogeo y tormentos del rock chabón” en Revista Confines, Nº 17, Bs. As., 2005, (pp.181)

[42] ELBAUM, Ob. cit., (pp. 181)

[43] “Bailanta” o “música tropical”  musicalmente consiste en la versión blanca, argentinizada y con una historia de cutánea años –jalonada por los Wawancó y otros precursores-, de ritmos de raíz afroamericanos, como la cumbia, el merengue o el propio wawancó. Actualmente la pasividad que ésta ha alcanzado, extendiéndose más allá  de los espacios geográfico-sociales en la que había  nacido para llegar a otros ámbitos como las llamadas “discotecas” (anteriormente reacias a esta música), aunque valoradas con códigos muy diferentes, DI LEO, Pablo, “El culto a Gilda: religiosidad, arte e instituciones populares”, en Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, Coord. DRI, Rubén, Bs. As., Biblos, 2005, (pp 128-129)

[44] El rock chabón tiene un significado social , si bien es una categoría problemática ya que  las fronteras entre los estratos  sociales son porosas. Aquí, siguiendo a Pablo Sermán, limitamos el alcance de lo popular del rock chabón  a los jóvenes pobladores del Gran Bs. As., de sus barrios más pobres, hijos   de   trabajadores  manuales y  desempleados. SERMÁN, Ob. cit., (pp 177-178)

[45] ELBAUM, Ob. cit., (pp 182)

[46] SERMÁN, Ob. cit., (pp 180-182)

[47] Ïdem.

[48] Ídem.

[49] Kozel, Andrés, realizó  una investigación con jóvenes escogidos como parte de grupos motivacionales  de colegios secundarios  ubicados en barrios de la Capital Federal entre ellos Barracas (sector medio bajo), Caballito (sector medio) y Belgrano (sector medio alto) y sus inferencias pueden bien ser extendidas al grupo de jóvenes del conurbano bonaerense.  KOZEL, Andrés,  “Los jóvenes y la política”. Modulaciones de un escepticismo genera”. en  La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As., Biblos, 1996.

[50] MÍGUEZ, Daniel, “Estilos musicales y estamentos sociales. Cumbia, villa y trasgresión en la periferia” en Entre santos, cumbias y piquetes. Las culturas populares en la Argentina reciente. Comp. Por SEMÁN,  Pablo y MÍGUEZ, Daniel, Bs. As., Biblos, 2006, (pp  49)

[51] Cfr., KOZEL, Ob. cit..

[52] HOBSBAWM, Ob. cit., (pp  336)

[53] DUSCHATZKY y COREA, Ob. cit., (pp 21)

[54] SZLIK, Dalia  y  KUASÑOSKY, Silvia “Jóvenes en la mira” en  La juventud es más que una palabra, comp. MARGULIS, Mario, Bs. As.,  Biblos, 1996.