reflexiones acerca de LA CLONACIÓN
de seres humanos con propósitos curativos
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Por Gastón Federico Blasi*

 

Sumario: I) Proemio. II) Cuestiones Terminológicas III) Controversias ético-jurídicas. IV) Epílogo.

 

                                           I) Proemio

 

A lo largo de nuestra existencia, la lucha eterna contra la muerte, nos ha llevado a potenciar nuestras capacidades inventivas con el propósito de poder disfrutar de una vida humana más digna y duradera. Los avances tecnocientíficos que hemos conseguido, en especial durante el pasado siglo XX, demuestran la aptitud creadora que nos caracteriza. Hoy en día, la posibilidad que se vislumbra de clonar seres humanos con fines curativos es realmente exaltante, pero a la vez preocupante.

Las comunidades humanas, ciertamente, tenemos la obligación moral de intentar curar los enfermos. ¿Por qué digo que es una obligación moral? La idea misma del ser humano exige su encarnación en el mundo –el ser debe prevalecer sobre el no ser-, por ende existe un deber incondicional que nos obliga a actuar de modo tal que la vida humana sea preservada. Esta obligación es una fuerte guía para los profesionales médicos, pero más precisamente para los científicos, quienes mediante sus estudios y descubrimientos nos brindan novedosos y mejores procedimientos terapéuticos.

Utilizar embriones humanos clonados para la experimentación científica, importaría dar otro paso hacia la consecución de tales medios. Sin embargo, ¿el valor de una vida humana justificaría el empleo de cualquier medio, en particular cuando ese medio sería otra vida humana? Para encontrar respuestas a los desafíos que los avatares tecnocientíficos nos plantean en el presente, entiendo que a priori debemos formular correctamente los interrogantes, o al menos intentarlo. En ese intento, propongo que reflexionemos sobre las siguientes preguntas:

¿El derecho a la investigación científica, necesaria para el progreso de la ciencia y la conservación de nuestra especie, justificaría intervenir tan profundamente en nuestra naturaleza? ¿Sería éticamente aceptable producir clones humanos para ser utilizados como instrumentos terapéuticos? ¿El embrión humano, producto de una clonación, tendría el mismo estatus que el embrión gamético? ¿Cuál sería el estatus del embrión humano?

En las páginas venideras, intentaré responder a estos y otros argumentos, para lo cual dividiré el análisis en dos partes: en un primer momento abordaré las cuestiones terminológicas; para luego, encauzar mi discurso hacia las problemáticas ético-jurídicas que suscitaría la fabricación, el uso y consiguiente aniquilamiento de embriones humanos clonados con fines científicos curativos.

 

                                           I) Cuestiones Terminológicas

 

Entre los diversos procedimientos que pueden utilizarse para clonar seres vivos, a los fines de este ensayo, voy a focalizarme en aquel mediante el cual se procede removiendo el núcleo de un óvulo, el cual contiene el Adn, y en su lugar se introduce el núcleo de una célula somática del individuo que desearía clonarse. Dicha célula, es eléctrica o químicamente estimulada, comenzando así a dividirse hasta volverse un ser humano  genéticamente homogéneo al donante del núcleo, siempre que sea el mismo que aportó el huevo enucleado, por cuanto este último contiene unos pocos genes.[2]

Una vez que el embrión humano fuese engendrado, podría destinárselo a ser transferido al útero de una mujer, con el propósito de que se implantase en el endometrio y continuase su desarrollo y gestación hasta el nacimiento de un ser humano que sería, prácticamente, un auténtico gemelo del individuo que hubiera deseado clonarse –esta sería la denominada, clonación reproductiva-; o bien, podría ser empleado como instrumento de experimentación e investigación científica y/o como fuente de células troncales –embryonic stem cells- utilizables con fines curativos en el tratamiento de ciertas patologías de origen genético – esta sería la denominada, clonación terapéutica.[3]

Las células madres, o stem cells, tienen la virtud de transformarse en cualquiera de los 220 tipos de células que hay en el organismo, permitiendo con ello sustituir la función de cualquiera de ellas o reconstruir la parte de un órgano afectado por una patología. Estas células pueden extraerse de la masa celular interna del embrión antes de que se implante en el útero. La remoción de tales células, obviamente, acarrearía la muerte del embrión.[4] Hoy en día, la principal fuente de células troncales embrionarias está representada por aquellos embriones humanos que no han sido utilizados en los procesos de fertilización in vitro –denominados supernumerarios o sobrantes- y, por ende, en lugar de descartarlos, se los destina para cuestiones de experimentación e investigación biomédicas.

Lo interesante entonces de estas células es que pueden ser extraídas de embriones humanos producidos mediante la transferencia del núcleo de una célula somática de aquel individuo que padezca alguna enfermedad genética crónica o haya adquirido alguna deficiencia degenerativa, aportando una posible cura y una solución al problema de la histocompatibilidad que deriva de todo trasplante. Esto generaría una discusión compleja y apasionada, por cuanto suscitaría dilemas de índole ético-jurídicos.

 

                                         II) Controversias Ético-Jurídicas

 

Las problemáticas que suscitaría la creación deliberada de seres humanos clonados serían diversas, sin embargo, a los efectos de no extenderme demasiado, intentaré verificar, primero, si la experimentación con embriones humanos clonados con miras terapéuticas estaría contemplada por el derecho a la libertad de investigación científica consagrado en el artículo 75 incisos 19 y 22 de la constitución federal argentina; y, segundo, cuál sería el estatus del embrión humano.

En principio, la prerrogativa jurídica que contiene la libertad de investigación y experimentación científica, pareciera no estar sujeta a límite alguno, puesto que no existiría la posibilidad de conflicto con otros derechos, ya que la finalidad de toda actividad investigativa, adquirir sabiduría, estaría separada de la práctica, brindando así una cierta inmunidad moral al investigador. Empero, en el campo de la biomedicina y la biotecnología –más precisamente la clonación de seres humanos-, los confines entre la teoría y su aplicación son borrosos e incluso, podríamos pensar, están superpuestos, desapareciendo así tal privilegio para el científico.

Observemos que la clonación humana nos proveería, en un futuro, los medios para contrarrestar los efectos de muchas enfermedades que nos aquejan de diversa manera, pero para ello, previamente, deberíamos producir embriones humanos con la intención de someterlos a procesos experimentales buscando acrecentar nuestros conocimientos en el área terapéutica. Ahora bien, ¿una situación extraordinaria –como podría ser un individuo que padezca de Alzheimer-, en tren de promover un bien –intentar curar dicho enfermo-,  justificaría emplear medios extraordinarios –como podría ser la experimentación, y consecuente destrucción de seres humanos en su estado germinal? En otras palabras, ¿el derecho a la libertad de investigación incluye experimentar y descartar embriones humanos para salvar otras vidas humanas?

Todos estamos de acuerdo en que el uso de seres humanos vivos como objetos de experimentos con el propósito de obtener, eventualmente, una cura, igualmente lo cosifica. Aquí, sin embargo, debemos advertir que, desde el comienzo, el embrión es humano, es un ser vivo que inicia su recorrido mortal y, por tal motivo, debe procederse con prudencia, impidiendo y prohibiendo su empleo con propósitos utilitaristas. Todo embrión humano se encuentra en un estado de total desprotección y desamparo, particularidades estas que deberían despertar en nosotros nuestro sentido de humanidad, permitiéndonos rememorar que tiempo atrás estuvimos en la misma situación y, por ende, merece el mismo respeto que nosotros recibimos en su momento.

El punto central es determinar si el embrión humano es o no una persona. Diversas son las teorías que hay al respecto, pero podríamos agruparlas en dos: en un extremo, encontramos a aquellos que sostienen que el embrión humano es simplemente un cúmulo de células y, por ende, afirman que puede ser libremente utilizado para experimentos en beneficio de la humanidad; en el otro, por el contrario, están quienes atribuyen al embrión humano el estatus de persona o al menos la potencialidad de convertirse en tal, con las implicancias que ello acarrea. Para resolver esta controversia, procederé a analizar el estatus ontológico-jurídico que detenta.

Antes de adentrarme en esta compleja tarea, estimo que es necesario aclarar si el estatus del embrión somático –aquel generado por la transferencia del núcleo de una célula somática a un ovocito enucleado- es igual al del embrión gamético –es decir, aquel producto de la conjugación cromosómica de las células germinales, ya sea in vivo, ya sea in vitro. Reputo que ambos procesos generan, o bien dan la posibilidad de generar, vida humana, entonces no habría justificación alguna que permitiera reducir la condición –moral y/o jurídica- de uno u otro a causa de la técnica empleada, puesto que en definitiva el producto es el mismo y solo se trata de una cuestión terminológica. Además, al reconocer que ambos entes pertenecen a la misma naturaleza, necesariamente debemos inferir que comparten el mismo estatus. A tales efectos habría que entender por concepción tanto a la activación del ovocito enucleado que ha recibido el núcleo de una célula somática, cuanto a la fusión cromosómica de los gametos.

La discusión sobre la condición moral del embrión humano es realmente inacabable. Empero, intentaré, de manera sucinta, llegar a una respuesta lógica, para lo cual partiré de la premisa que la persona es una substancia individual de naturaleza racional.[5] A ciencia cierta se sabe que desde el comienzo, el embrión es biológicamente un individuo de la especie humana que presenta una estructura organizativa propia á través de la cual guiará y dirigirá su crecimiento. La circunstancia de que aquel pueda dividirse, no afecta su individualidad, puesto que aquella es una capacidad del organismo humano que lo acompaña a lo largo de su existencia, tengamos presente que en los tejidos y órganos humanos, como la médula ósea y la piel, las células se dividen de forma continua durante toda la vida y esto no es óbice para afirmar que un ser humano adulto no es un individuo.

Sostener que el embrión humano es una realidad que subsiste y que mantiene su existencia por sí misma, no es suficiente para reconocerle el estatus ontológico de persona. Entender en sentido filosófico que la naturaleza humana es una naturaleza racional, nos conduce a intentar verificar la existencia de un alma espiritual en el ser humano en estado embrionario. Si comprendemos que el espíritu es la forma o esencia del cuerpo, aquello que le da movimiento, vida, sensibilidad y razón, en definitiva, estamos alegando que es el principio ordenador y organizador de todo ser humano.

¿Cómo podemos cerciorarnos que desde el momento de la concepción, el alma espiritual se encuentra presente en el ser humano? Si advertimos que el crecimiento celular, la replicación cromosómica, la división celular y la diferenciación del organismo humano en tejidos y órganos, son todos procesos coordinados y dirigidos por el propio material genético celular del nuevo ser, presente desde la concepción, este último debe tener un principio inmaterial organizador que conduzca su gestación y evolución desde el inicio de la vida misma. En virtud de esto, podemos colegir que el embrión humano detenta un cuerpo organizado por un alma espiritual cuyo posterior desarrollo obedece a la programación genética presente desde el instante mismo en que inicia su existencia humana. Esto, pienso, es razón suficiente para aceptar y reconocer la paridad ontológica del embrión respecto de la persona, puesto que en el fondo se trata de una persona en su estado más rudimentario.

En el plano estrictamente jurídico, determinar si el embrión humano es o no una persona de existencia visible no es una cuestión baladí, pues, en definitiva, vivimos en una sociedad que se rige por normas y, en consecuencia, las personas disponemos de ciertas prerrogativas y compromisos jurídicos. El único modo de verificar esto, es realizar una interpretación hermenéutica del sistema jurídico argentino.

   Conforme rezan los artículos 64 y 264 del código civil, los progenitores tienen el derecho legal de administración y disposición de los bienes que los hijos hubieren adquirido por donación o herencia, así como también su representación legal desde la concepción. Además, el mismo cuerpo normativo reconoce que desde la concepción el individuo tiene la potestad de heredar (artículo 3290) e igualmente admite la posibilidad de constituir legados en su favor (artículo 3733). Ahora bien, teniendo en mente que solamente las personas pueden apropiarse de objetos materiales e inmateriales susceptibles de valor, es decir poseer un patrimonio, y, además, nadie que no sea persona puede tener un representante legal, luego el embrión humano, naturalmente, debe ser reputado una persona.

   Esta posición se refuerza con la Convención sobre los Derechos del Niño la cual dispone que desde el momento de la concepción se está en presencia de un niño, ergo un menor impúber o persona física incapaz de hecho absoluto en los términos del artículo 54 de la normativa civil. Por consiguiente, el embrión humano posee personalidad, la cual no debe estar sujeta a condición alguna, su única limitación está dada por su natural imposibilidad de hecho, pero es, en suma, una persona.

 

                                       III) Epílogo

 

¿Qué conclusiones podríamos extraer?

En principio, ninguna vida humana puede ser destruida en beneficio de otra, no existe situación que lo justifique, pues cada vida humana representa un quiebre en la Naturaleza como si todo volviera a empezar nuevamente.

En segunda instancia, la perspectiva de la clonación humana terapéutica conllevaría importantes cuestiones, discutidas a lo largo de este elaborado, que no podrían ser ignoradas por el Derecho.

Tercero, me inclino por una posición de precaución intentando aplacar los ánimos de seguir alimentando el progreso científico sin importar los medios utilizados ni los efectos colaterales que devenguen de su puesta en práctica.

En suma, mi propuesta se sustenta en que el avance científico sea gradual, evitando erosionar los valores morales sobre los cuales se asienta nuestra sociedad buscando otras alternativas que tiendan a los mismos resultados mas sin generar dilemas morales, como por ejemplo: el empleo de células estaminales embrionarias no clonadas derivadas del cordón umbilical, o del líquido amniótico, o de sangre periférica, o de punción/aspiración de la médula ósea.

 

 



[1] Conferencia pronunciada en las VII Jornadas Nacionales de Filosofía y Ciencia Política en la Facultad de Derecho, Universidad Nacional de Mar del Plata – 22/11/2007.

[2] Ver Latham, K. E., Cloning: questions answered and unsolved, en ‘Differentiation’, vol. 72, 2004, pp. 11-22; The Ethics Committee of the American Society for Reproductive Medicine, Human Somatic Cell Nuclear Transfer (Cloning), in ‘Fertility and Sterility’, Ethics Committee Report, vol. 74, n. 5, 11/2000, p. 873.

[3] Ver Byrne, J. A., Gurdon, J. B., Commentary on human cloning, en ‘Differentiation’, vol. 69, 2002, pp. 154-157; Koh, C. J., Atala, A., Therapeutic cloning applications for organ transplantation, en ‘Transplant Immunology’, vol. 12, 2004, pp. 193-201; Hescheler, J., Implication of therapeutic cloning for organ transplantation, en ’European Journal of Cardio-thoracic Surgery’, vol. 26, 2004, pp. 554-556.

[4] Ver Koh, C. J., Atala, A., Tissue engineering, stem cells, and cloning: opportunities for regenerative medicine, en ‘Journal of the American Society of Nephrology’, vol. 15, 2004, pp. 1113-1125; Lerou, P. H., Daley, G. Q., Therapeutic potential of embryonic stem cells, en ‘Blood Review’, vol. 19, 2005, pp. 321-331; Xu, J., Yang, X., Science, technology, and potential application of therapeutic cloning, en ‘Engineering in Medicine and Biology Magazine’, vol. 23, n. 2, 03/04 2001, pp. 43-46; Nuffield Council on Bioethics, Stem cell therapy: the ethical issues. A discussion paper, 04/2000, en: http://www.nuffieldfoundation.org

[5] Boecio, S., De duabus naturis et una persona Christi, c. 3, en Patrologie Latine, t. 64, col.1343 ss.

 

* Abogado (Universidad de Buenos Aires), Magíster en Derecho Europeo (Università degli Studi di Roma Tre, Italia)