LOS PRIMATES,
¿LA NUEVA CATEGORÍA DE SUJETOS
DE LA RELACIÓN JURÍDICA?

Sergio Aguilar

Carlos Baquero

Diego Chiriboga

Gabriela León

Co-autoría y Dirección de proyecto investigativo: Dra. Sonia Merlyn Sacoto.

 

 

“Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos.
Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo.
La excepción la constituye un mono desnudo
que se ha puesto así mismo el nombre de homo sapiens

Desmond Morris, El mono desnudo

 

 

            La mayoría de quiteños hemos paseado alguna vez por el Zoológico de Guayllabamba, en el Distrito Metropolitano de Quito. Y seguramente nos hemos detenido a mirar a los “monitos”, tan simpáticos y juguetones, que desde su jaula nos hacen señas que interpretamos como un pedido de comida o un simple afán de juego.

 

            Pero tal vez ninguno de nosotros se ha preguntado si esos mismos “monitos”, a los que miramos tan distintos a nuestra propia identidad  -pese a que la decodificación del genoma nos diga que solo en un ínfimo porcentaje de ADN-  tal vez están, mediante señas, pidiendo su libertad.

 

            Lo cual no resultaría extraño si nos remitimos a la evidencia científica, que se refleja por ejemplo en la historia de la chimpacé Lucy, que a los 6 años de edad aprendió el lenguaje de señas que utilizan los seres humanos sordomudos para comunicarse. [1]

 

            Con toda seguridad, durante ese mismo paseo, jamás hayamos llegado a interrogarnos si esos primates pueden ser titulares de derechos. En realidad, nunca en Ecuador nadie ha analizado jurídicamente dicha posibilidad.

 

            Sin embargo, en los últimos años, a raíz de un proyecto propuesto en España llamado “Gran Simio”, los paradigmas de la titularidad de derechos del ser humano que han constituido pilares jurídicos a nivel mundial tienden a modificarse y se han constituido indudablemente en objeto de un interesante debate, que nuestro país no debería ignorar.

 

            La prerrogativa que se le presenta al lector se relaciona con la controversia sin respuesta definida: el saber si el derecho puede extenderse mas allá de los límites que se han presentado hasta ahora, es decir, si respondiendo a nuevas necesidades y formas de pensar, puede traspasar y reformar conceptos adaptándose a las nuevas tendencias vanguardistas; todo esto en referencia a tres palabras que se escuchan a diario en las Escuelas de Ciencias Jurídicas: “sujetos de derecho”.   

 

            Intentaremos responder a esta interrogante en las siguientes líneas:

 

            Los "grandes simios", también llamados "grandes monos" o "simios antropomorfos", son los primates que pertenecen al mismo género al que pertenece la especie humana:  este grupo lo integran los gorilas, los chimpancés, los orangutanes y los bonobos.

 

            Los avances científicos han determinado que esos grandes simios tienen cualidades que hasta hace poco se creían exclusivamente humanas, tales como el establecer relaciones de amistad de por vida tanto con miembros de su propia especie como con otros animales, sufrir por la pérdida de un ser querido, aprender y transmitir a su prole el lenguaje de los sordomudos (ASL); tener una ética del bien y del mal, pero por sobre todo, poseen voluntad, es decir, la capacidad de reconocerse a si mismos como un “yo” entre “otros” que habitan un mismo entorno, concepto que determina la base de toda relación jurídica.

 

            Así, la titularidad de derechos dentro de relación jurídica que podría considerarse para los grandes simios, se ve sustentada en los siguientes aspectos:

 

1.- Aspecto psicológico cognoscitivo

           

            En una simple definición, el pensamiento es la facultad de asimilar una idea principal, pero si lo abordamos desde la psicología, el pensamiento es  un proceso interno personal, atribuido a la actividad mental, es decir, una secuencia de  procesos mentales de carácter simbólico, estrechamente relacionados entre si, que comienza con una tarea o problema y llega a una conclusión o solución. El pensamiento se basa en categorizar conceptos.

 

            Se ha llegado a comprobar que los grandes simios pueden categorizar conceptos de idéntica forma que los seres humanos. La base fundamental para afirmar lo señalado se encuentra en el Lenguaje, pues se ha comprobado que los grandes simios asimilan el significado y significante de códigos tal cual lo hace el ser humano, argumento importante para sostener su conciencia como seres “existentes” en un tiempo y en un espacio. Los grandes simios poseen un lenguaje propio, de hecho, son capaces de desarrollar el lenguaje de señas inventado por los humanos, logrando entablar una comunicación real entre ambas especies. [2]

 

2.- Aspecto biológico

 

            La ciencia ha podido trascender y descubrir que más allá de lo que puede llegar a ser evidente para el ser humano, existen semejanzas a un nivel más complejo, como es en el ámbito de la genética.

 

            Las investigaciones del genoma en los seres humanos y en los primates de la familia hominidae han concluido que, por ejemplo, los seres humanos compartimos, de nuestro código genético, el 99.4% con los chimpancés , el 97,7% con los gorilas y el 96,4% con los orangutanes; los cromosomas compartidos son: 1, 4, 5, 9,12, 15, 16, 17 y 18, y el cromosoma 2 en el ser humano resulta de la fusión de dos cromosomas que se encuentran separados en el código genético de los antropoides.[3]

 

            Es importante mencionar que los genes son los elementos del cromosoma que se encargan de la transmisión de los caracteres hereditarios y destacar que, por razones genéticas, los grandes simios pueden llegar a tener enfermedades catalogadas antiguamente como “propias del ser humano”, varias de las cuales pueden llegar a ser mortales, como por ejemplo: enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Gaucher, Cáncer de próstata, Glaucoma, Porfiria cutánea tardía, etc.

 

            Desde un punto de vista anatómico, las diferencias entre el ser humano y los antropomorfos no son considerables, independientemente de su especialización cerebral, consecuencia de su posición erguida del bípedo (humano). En cuanto a la morfología, las diferencias entre primates inferiores y superiores son únicamente de grado, cuantitativas y no cualitativas.

 

            En lo referente a las características fisiológicas que compartimos ambas especies, podemos mencionar por ejemplo que las extremidades terminan en pentadactilia (cinco dedos), visión estereoscópica (percepción de imágenes en relieve),  columna vertebral flexible (alta capacidad de locomoción, pueden efectuar marcha bípeda como el hombre); mayor capacidad cerebral en relación al tamaño cerebral (amplia red de conexiones nerviosas necesarias para procesar y dar respuesta a los múltiples estímulos ambientales), entre otras.[4]

 

3.- Aspecto antropológico en base a la evolución de los antropomorfos

 

            En el estudio del ser humano, dentro de sus aspectos biológicos y sociales, no se puede prescindir de sus orígenes como especie. Con ese propósito, la indagación de la infancia de la humanidad no ha podido escurrir un hecho predominante, sobre el cual algunos investigadores de distintas escuelas, llegaron a la conclusión de que los antecedentes del ser humano, que abarcan millones de años de evolución, fueron los mismos antecedentes de los primates antropomorfos. Son estos y los seres humanos que, por causas de su entorno, la selección natural y la adaptación han dado como consecuencia dos destinos distintos provenientes de un principio común.


            Esta argumentación se fundamentó en el descubrimiento de Mary Leakey, arqueóloga británica, en octubre de 1947 en la Isla Rusinga, al encontrar el cráneo de un mono primitivo, que se remontaba aproximadamente a 3,5 millones de años que lo denominó Procónsul africanu. Este sería el gran tátara abuelo o abuela del árbol genealógico del ser humano, prototipo del cual existió una ramificación en la descendencia de póngidos (orangutanes) y homínidos o  la tribu hominini, en la que se ramifica el género Pan (chimpancés y bonobos) y el género Homo, homo sapiens.[5] Por lo tanto, se puede decir con  certeza que en nuestra creación humana es muy improbable que no hayamos atravesado por  un proceso evolutivo; como lo estipularía Charles Darwin en su libro, El origen de las especies.[6]

 

            Los antropomorfos son una página anterior en el libro del desarrollo humano, y sin embargo, continúan presentes en nuestro ecosistema: un mismo origen, una especie puente de la evolución humana.

 

4.- Aspecto dogmático-religioso.

 

            La creencia religiosa es una facultad comúnmente atribuida a la especie humana.

Pero si encontramos esta característica en un animal, ¿no sería esta razón suficiente para demostrar su sensibilidad y desarrollo?

 

            Los orangutanes demuestran una gran sensibilidad ante la muerte, pues está comprobado que cuando fallece uno de sus similares, muestran una seña específica y reconocible (cubrir su rostro con sus manos por unos minutos al momento que creen que ha muerto algún integrante de su especie). Esto, según observaciones científicas, es un comportamiento que demuestra grados de conciencia afectiva.[7]

 

            Algo aún más asombroso se da en el campo axiológico, en el que se aprecia que el orangután está conciente de lo que significa la muerte, como el ser humano.

 

            Estas características no son instintivas, tampoco son copias de reacciones humanas pues no han sido observadas en los orangutanes que permanecen en cautiverio, sino mas bien en aquellos que se encuentran en su propio hábitat.

 

            La religión forma parte de la vida humana, pero seria poco ortodoxo el subestimar la sensibilidad de estos animales hacia temas como la vida y la muerte;  ¿y si los orangutanes tienen su cielo, en él habría tolerancia hacia el humano?

 

5.- Aspecto ontológico y consideración jurídica

 

            Si recordamos el Derecho Romano, fuente original de nuestro Derecho Privado, el esclavo fue siempre considerado una cosa, “res”, aún cuando por tener inteligencia y voluntad  tenía un trato especial frente a los demás objetos que formaban parte del patrimonio del pater. Un esclavo era aquel que por una “justa causa” estaba privado de su libertad y debía servir a un hombre “libre” a quien le debía fidelidad, por lo tanto no podía considerarse una relación de “sujeto” a “sujeto” entre un ciudadano romano “libre” y un esclavo.

 

            Tomando en cuenta el ejemplo anterior, es preciso hacer mención de un concepto que vendría a ser una característica propia del  Derecho.

 

            El concepto a considerarse, tiene relación con que lo jurídico, al ser una construcción social, responde a las necesidades de la  sociedad en la que se construye.

 

            Así como el Derecho reguló las relaciones sociales existentes en Roma, donde el paradigma derivaba en que no todos los que hoy describimos como seres humanos, eran sujetos titulares de derechos, también reguló las relaciones que nacieron de procesos que desembocaron en sucesos como la Revolución Francesa, en donde se extinguió la idea de un Estado “todopoderoso” y se clamó por los derechos individuales.

 

            De esta manera, el Derecho en la actualidad debe considerar los rasgos de la sociedad en que vivimos hoy en día, a la que consideramos como una sociedad de “crisis de la razón por la razón”, lo cual  deriva en una intrínseca preocupación de la especie humana por colocarnos en un punto de vista diferente al “antropocentrista”, intentando entender que somos una pequeña parte del caos, del que no tenemos sino certezas.

 

            Bajo esta premisa importante debemos entender al sujeto de derecho, desarrollando dos ideas necesarias para sustentar nuestro punto de vista.

 

            En primer lugar, es necesario tener una idea de lo que significa el ser un “Sujeto de Derecho” y mencionar a manera de ejemplos, ciertos tipos de relaciones entre los mismos: Tal vez, aunque no sea tarea fácil, debamos olvidar por un instante el concepto de sujeto de Derecho como: “titular de derechos y obligaciones” y extender hasta el más amplio sentido este concepto, atendiendo a la codificación misma de sus palabras.

 

            Si lo hacemos de esta manera, obtendríamos como resultado que un Sujeto de Derecho es todo sujeto cuyas relaciones son susceptibles de regularse por una relación jurídica, ¿Existe un cambio trascendental de un concepto al otro?

 

            Antes de responder la pregunta anterior, preferimos que el lector de su propia respuesta y nosotros plantearnos dos nuevas interrogantes: ¿Qué implica una relación jurídica? Y ¿Qué constituye al Derecho mismo? Caeríamos en un grave error si pretendiésemos dictar una definición única de qué es Derecho y por lo tanto, de que implica una relación jurídica pero acogeremos una de las teorías más aceptadas, la que habla sobre los elementos indispensables para todo lo jurídico; esta teoría es conocida como la tridimensionalidad del Derecho[8] y sostiene que todo aquello que pretende tener un valor jurídico debe reunir tres elementos: Lo axiológico (lo valorativo),  lo fáctico (hecho social) y  lo normativo.

 

            Una vez en claro lo anterior, se entiende que todas las relaciones entre sujetos de Derecho se dan por el interés de una persona natural (entiéndase persona natural como cualquier ser humano tras su nacimiento) lo que no implica que dicha persona natural sea la única capaz de ser percibida como “sujeto de derecho”.

 

            Así, por ejemplo, la persona jurídica, forma también parte de esta categoría y en años recientes ciertas legislaciones (incluida la nuestra) han considerado al “concebido” (ser humano desde la concepción, en la etapa de gestación anterior al nacimiento) como otra categoría dentro de los sujetos del Derecho.[9]

 

            Aceptar una relación jurídica entre la persona natural y el concebido como un vínculo de sujeto a sujeto, implica también considerar una relación en la que una de las partes no puede contraer obligaciones y  como hay un interés evidente de la persona natural en que el concebido sea sujeto de derecho, encontramos factores axiológicos y fácticos que derivan en una norma.

 

            ¿Por qué entonces negarnos a ampliar la categorización de sujetos de derecho a los grandes primates, sin que esto signifique que los consideremos seres humanos? 

 

            Naturalmente, nace en nosotros otra interrogante: Si reconocemos la categoría de sujetos del Derecho a los primates, ¿por qué no entonces a todos los animales? La respuesta se encuentra en que la mayoría de animales son capaces de percibir mediante sus sentidos cierta realidad,  inclusive ciertos animales son capaces de memorizar aspectos de dicha realidad, pero pocos animales son capaces de transformar dicha memoria en experiencia y solo en cuatro especies (gorilas, bonobos, orangutanes y humanos) se ha podido comprobar la capacidad de transformar dicha experiencia en conocimiento, susceptible de trasmitirse en forma de cultura.

 

            Dicho conocimiento se puede dividir en dos formas: la primera, más básica, la de las certidumbres; y la segunda e importante, la de las certezas. Hay dos certezas innegables para el ser humano, el nacer y el morir, dicho conocimiento hace que seamos capaces de tomar decisiones como terminar con nuestra propia existencia y como ejercerla lo que se traduce en capacidad de elegir, voluntad, libertad ontológica, condición suficiente para categorizar a un ser como sujeto de Derecho.

 

            En conclusión, si existen otros seres que reúnen las características por las que sus conductas serían susceptibles de una relación jurídica, ¿no existiría acaso una condición fáctica y una razón axiológica para que la persona natural se viese interesada en crear una norma que proteja a los grandes simios, de tal manera que se los trate ya no como cosas sino como sujetos de Derecho? 

 

            Probablemente la respuesta afirmativa a esta pregunta sea la única que  pueda eliminar de nosotros la duda que, de ahora en adelante, los lectores de este artículo siempre tendremos al pasear por cualquier zoológico del mundo, sobre todo cuando veamos una seña de los primates, y no sepamos si debemos interpretarla como un pedido de auxilio o un simple e insignificante llamado al juego.



[1] WISE, Steven,  ATTLING THE CAGE, Toward Legal Rights for Animals », Ed Perseus, Cambridge, 2000

[2] Berko Gleason, J.; Bernstein Ratner, N.: Psicolingüística. McGraw-Hill. 1999.

[3] Plomin, R.; Defries, J.C.; McClearn, G.E.: Genética de la conducta. Alianza Editorial. 1998.

[4]Australopithecus a Long-Armed, Short-Legged Knukle-Walker”, Science News, Vol. 100 (Nov. 27, 1971), p. 357. Página Web:  http://www.sciencenews.org/

[5] Thomas Huxley en 1863 demostró, bajo consideraciones biológicas y anatómicas , un gran parecido del ser humano y los grandes primates, por lo cual hizo la clasificación del ser humano dentro del mundo animal, en la familia Hominidae.

 

[6] El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida es un libro escrito por Charles Darwin (1809 -1882), publicado el 24 de noviembre de 1859

[7] Singer, P.; Liberación Animal, Editorial Trotta, Madrid, 1999.               

[8] Concepción iniciada por el ius filosofo Miguel Reale, entre los años cincuenta y sesenta, retomada por el jurista peruano Carlos Fernandez Sessarego, quien además señala la bidimensionalidad del sujeto de Derecho.

[9] Constitución Política del Estado ecuatoriano, Art. 49 inc. 1 y Código de la Niñez y Adolescencia, Art. 20 inc. 1.