"HEISE"

una atractiva comedia

sobre la ansiedad de procrear

"HEISE", palabra que en alemán significa un determinado tipo de niebla, es el nombre de esta atractiva propuesta teatral, actuada con solvencia por Alberto Mastromauro, Alejandra Delorenzi y Juan Pascarelli, escrita por Andrés Binetti, y presentada en la casa-teatro Vera-vera (Vera 108, Ciudad de Buenos Aires).

 A la simpatía y gracia de la pieza se suma la novedosa escenografía lograda mediante dos recursos que explotan el hecho de que el teatro sea, a la vez, una casa habitación. Por un lado, los actores se desplazan por el lugar como si no se tratase de un teatro, entrando y saliendo de los ambientes, circulando por el corredor que flanquea al público. Por otro, cuando las escenas tienen lugar en otras partes de la residencia (cocina, baño) son captadas por cámaras allí instaladas, que las transmiten en un monitor (un televisor en blanco y negro).

El interés no decae en ningún momento, y la obra es lo suficientemente breve (sin intervalos) como para que se la pueda disfrutar sin llegar a percibir la escasa comodidad de las sillas. El clima hogareño se ha reforzado, inteligentemente, con la recepción del público en el living, donde se ofrece vino, gaseosas o whisky (el mismo que después se emplea en escena). El ambiente introductorio es bohemio y acogedor, pero la música con onomatopeyas, repetida al infinito, llega a poner nervioso hasta a un beato.

El asunto de esta agradable comedia gira alrededor del desesperado deseo de la mujer de tener un hijo, con su marido o con quien sea (no hay mucha evaluación de características del semental). El esposo, al parecer, es impotente, u homosexual, o ambas cosas. No queda claro. De la fecundación in vitro, no parecen haberse enterado. La posición del hombre no es tampoco nítida, pero eso sería lógico en un caso así. Aunque hubiera sido interesante explotar un poco más en ese sentido al personaje.

 Tampoco se profundiza alrededor de la psicología de la protagonista, ni de su ansia procreativa. Una lástima, porque daba para hacerlo. Las actitudes de ambos esposos son inverosímiles, pero en definitiva es una comedia, es para reírse, para divertirse. Y la verdad es que uno se divierte bastante, se ríe, y la pasa de maravillas, porque es una pieza extremadamente simpática, y los tres actores trabajan muy bien.

Ricardo Rabinovich-Berkman