Las Religiones africanas y la libertad de credo
en la historia constitucional cubana

 

Ricardo Pelegrin Taboada*

 

La nacionalidad cubana, en su proceso de formación, conto con diversas fuentes étnicas y sociales que le aportaron, entre otros valores, la practica de diferentes creencias religiosas.  Algunos de estos grupos han constituido minorías culturales y, en consecuencia, religiosas en Cuba como los judíos, árabes, hindúes y chinos, sin que fueran identificadas como parte de nuestra nacionalidad. Otros han gozado de preponderancia dentro de la población, por identificarse como los grupos mayoritarios dentro de ella, cual es el caso de la religión Católica, de las Iglesias Protestantes y de las religiones con origen en el centro del continente  africano.

 

Las religiones cristianas y africanas han compartido la supremacía dentro del credo de los cubanos, pero han tenido diferente consideración dentro de dicha sociedad, su historia y legislación. La religión Católica había sido tradicionalmente la fe del estado colonial español, mientras que las de origen africano eran consideradas prácticas incluso no religiosas, primitivas y heréticas por parte de los mismos cristianos. Ante esta diferencia, se han establecido posiciones que intentan recalcar un carácter racista en la sociedad, situación que se expresara en nuestra cultura, pero también en las leyes y en las políticas estatales desde la fundación de la república en 1902, con algunas variaciones hasta nuestros días.

 

El Derecho Constitucional cubano, desde sus orígenes, ha establecido varios derechos fundamentales entre los que se encuentra la libertad de credo. Este principio, que debió ser general, se ha regulado de diferentes formas y al menos en lo que respecta a las religiones africanas no ha tenido una posición clara que efectivamente las legitimase. El objetivo de este trabajo será explicar como se ha regulado el principio de la libertad religiosa en la historia del derecho constitucional cubano y como este se ha explicado e interpretado con respecto a las religiones africanas.

 

El ejercicio de la libertad de credo en Cuba ha seguido siendo un tema controversial en las últimas décadas y el debate se ha centrado fundamentalmente en los conflictos entre el nuevo gobierno establecido en 1959 y la hasta entonces preponderante Iglesia Católica. Las criticas sobre el cumplimiento o no de este derecho fundamental en la Isla no siempre han llegado hasta las religiones africanas, lo cual las segrega y las mantiene relegadas igualmente a un segundo plano en una sociedad cuya práctica se extiende cada vez más.

 

1.    Periodo republicano (1902-1959)

 

1.1 Religiones Africanas y el surgimiento del Constitucionalismo cubano.

 

La primera garantía o defensa reconocida para la libre práctica de cualquier creencia religiosa en los tiempos modernos es el establecimiento de la libertad de credo como derecho constitucional. Nuestra primera constitución republicana fue la redactada en 1901.  En su articulo 26 establece: “Es libre la profesión de todas las religiones, así como el ejercicio de todos los cultos, sin otra limitación que el respeto a la moral cristiana y al orden público. La Iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar, en caso alguno, ningún culto.” Aquí aparece unida la idea del carácter laico del Estado moderno y la libertad de credo, con algunas de las limitaciones a las obligaciones reconocidas en la doctrina jurídica: la moral, en este caso cristiana, y el orden público.

 

El enunciado de esta norma expresa una clara limitación para las religiones no cristianas, en tanto debían seguir los principios éticos de la misma para ser constitucionales y, por ende, permitidas. Esto, para el caso de las religiones africanas, resultaba prácticamente imposible, dado que las mismas no coincidían en ninguno de sus rituales o manifestaciones con las solemnidades cristianas. A pesar de ello, como forma de encubrir sus practicas religiosas y tratando de establecer una identidad entre ambos credos, los practicantes de estas creencias ya habían identificado sus propias deidades originales con sus “homólogos” en la fe católica, lo que les permitió seguir venerándolos públicamente. Este proceso trascendió a nuestra cultura y es parte del llamado sincretismo religioso que aun hoy sobrevive en la Isla, donde cada  santo católico coincide con un dios africano.

 

Parte del análisis en cuestión esta en el origen de este articulo. Es posible que los legisladores cubanos de 1901 hayan dado a la norma esta redacción por diferentes causas y no solo la de limitar directamente la practica de las religiones africanas, que tanto se habían expandido entre las tropas mambisas durante las guerras independentistas.

 

La Constitución de 1901 en Cuba se considera copiada casi en su integridad por la de los Estados Unidos de Norteamérica, quienes gobernaban en la Isla al momento de su redacción. La Constitución de 1787 incluye en la Primera Enmienda su libertad de credo, pero no hay en este texto ningún artículo como el de la Constitución de 1901 y la redacción de dicha enmienda no guarda tampoco similitud con el citado articulo 26. Una relación mas cercana se encuentra entre esta norma, las Constituciones españolas que rigieron para la Isla aun en su condición de colonia o provincia, y las constituciones redactadas por los mambises durante el movimiento independentista.

La Constitución española de 1869 es la primera legislación que rigió en Cuba estableciendo la libertad de credo. En su articulo 21 expreso: “La Nación se obliga a mantener el culto y los ministros de la religión católica. El ejercicio público o privado de cualquier otro culto queda garantizado a todos los extranjeros residentes en España, sin más limitaciones que las reglas universales de la moral y del Derecho. Si algunos españoles profesaran otra religión que la Católica es aplicable a los mismos todo lo dispuesto en el párrafo anterior.” En esta constitución se reconoce el derecho a la libertad de credo aun dentro de un Estado católico y con las limitaciones de la moral y del Derecho, pero se hace evidente el temor por el desarrollo de otras creencias en tierras españolas, que podrían ser la musulmana, la hebrea y hasta las mismas religiones Protestantes consideradas como no cristianas por los fervientes católicos ibéricos.

En ese mismo año de 1869 se redacta la primera Constitución por cubanos en Guáimaro, en la propia Isla de Cuba. Este texto reconoce pocos derechos, pero uno de ellos es la libertad de credo. En su articulo 28 expresa: “La Cámara no podrá atacar las libertades de culto, imprenta, reunión pacífica, enseñanza y petición, ni derecho alguno inalienable del pueblo.” Esta Constitución conto en su aplicación y eficacia con las limitaciones propias de haber sido redactado en tiempo de guerra y para regir en un territorio inestable: la República de Cuba en Armas; pero estableció por primera y única vez en Cuba una libertad de religión simple, libre de condiciones o requisitos hacia la religión que se entendería libremente practicada. Este artículo representa el ideal del carácter laico del estado y además la actitud anticlerical de los independentistas cubanos que llevaron a cabo su redacción.

En definitiva, la mayoría de la Isla siguió regida por las leyes de España y con las restricciones del respeto por la moral y el Derecho hacia la religión practicada para que se considerara reconocida constitucionalmente. El articulo 11 de la nueva Constitución española de 1876 establece: “La religión católica, apostólica y romana es la del Estado. La Nación se obliga a mantener el culto y sus ministros. Nadie será molestado en el territorio español en sus opiniones religiosas, ni por el ejercicio de su respectivo culto, salvo el debido respeto a la moral cristiana. No se permitirán, sin embargo, otras ceremonias ni manifestaciones propias que las de la religión del Estado.” Se mantiene la moral cristiana como limitante para las prácticas religiosas, teniendo en cuenta que la religión Católica es la religión oficial del Estado, pero se reprimen por Constitución las posibilidades de realizar actos públicos que manifiesten esa creencia. Desarrollar un ritual de una religión africana, por ejemplo, representaría un acto inconstitucional, aunque la limitación para la práctica de las otras religiones que se expandían por la península Ibérica no incluía necesariamente una religión propia de las colonias donde la población africana era considerable y aun mantenía vivas sus raíces culturales.

A pesar de ello, ya esta seria la tendencia seguida por los siguientes legisladores durante el movimiento independentista. Cuando se vuelve a regular la libertad de credo en la Constitución de Jimaguayu en 1897, el articulo 6 ordena: “Los cubanos y extranjeros serán amparados en sus opiniones religiosas y en el ejercicio de sus respectivos cultos, mientras éstos no se opongan a la moral pública.”

 

La Primera Intervención Militar en Cuba entre 1899 y 1902 catalizo la diversificación de religiones en la Isla debido al desarrollo del Protestantismo. El gobierno de ocupación apoyo la libertad de credo, pero no las practicas Afro-cubanas. Helg plantea que los norteamericanos no lucharon contra las religiones Afro-cubanas: “Aparentemente, no sucedieron particulares represiones a la brujería[1]. En oposición, De la Fuente explica: “poco después de iniciada la ocupación, procesiones y publicas demostraciones de las religiones Afro-cubanas fueron prohibidas. Los norteamericanos vieron estas religiones como una masa de tonterías en las cuales el Catolicismo y las demoniacas creencias africanas habían sido grotescamente mezclados. Publicas danzas africanas, consideradas obscenas y provocativas al sexo y a la degeneración, fueron también prohibidas.”[2] Ayorinde menciona que una posible solución fue: “seguir la practica Americana de convertir los Negros al Metodismo”[3] pero ella cita al mismo Fernando Ortiz rechazando esta idea, “el temía que la mentalidad africana estuviera tan profundamente arraigada en Cuba que una cruzada evangélica no erradicaría el fetichismo.”[4]

Esa es la misma idea que se expresa en 1901 y que luego trascendería hasta 1940. La Constitución de ese año, reconocida en la historia del derecho cubano por su carácter progresista y adelantado, ratifica en el articulo 35: “Es libre la profesión de todas las religiones, así como el ejercicio de todos los cultos, sin otra limitación que el respeto a la moral cristiana y al orden público. La iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar ningún culto.”

Ante esta clara identificación entre el enunciado de la norma de la Constitución española y tres de las Constituciones redactadas por los cubanos, subsecuentes por demás en el tiempo, cabria la pregunta si efectivamente esta regulación estaba redactada así a fines de prohibir la practica de las religiones africanas en la Isla, o era solo la preservación del principio general del derecho español que mantenía la preponderancia de la fe cristiana en la sociedad. La población cubana había dado muestras antes de ser fundamentalmente católica y de estar dada a ciertas tradiciones afines a este sistema religioso. Un ejemplo de ello se encuentra en el establecimiento del matrimonio civil durante el primer gobierno militar americano y su desuso por parte de la población que siguió prefiriendo el matrimonio religioso, debiendo ser este restituido apenas un año después. Luego, habría que determinar el alcance que el legislador pretendía con las expresiones: moral publica, orden público y moral cristiana. En cualquier caso, tras analizar este tracto, no resulta lo suficientemente evidente que se estén prohibiendo directamente las religiones africanas o que sea una actitud simplemente racista contra la población afro-cubana.

Parte del debate en torno a la aplicación de este principio constitucional se ha encontrado en la primera mitad del siglo XX cuando se desarrollaron procesos criminales en Cuba en los cuales la práctica de religiones africanas era un elemento significativo y vinculado al delito inculpado.  Por ejemplo, Caso 258/1902, Caso 628/1902, Caso 258/1902, Caso 862/1902, Caso 445/1904, Caso 261/1910, Caso 139/1904, Caso 256/1903, Caso 468/1909, Caso 170/1911, Caso 21/1906, Caso 1009/1913, Caso 310/1915 son solo algunos de ellos. Estos procesos se encuentran aun pendientes de un estudio más profundo y detallado, a la luz del derecho de la época, pero algunos autores asumen que en los mismos resultaron incriminadas personas por la práctica de estas creencias mas que por el propio delito; aunque fueron generalmente sancionados aquellos que amparados en la religión se encontraron culpables de auténticos delitos como asesinato, homicidio o asociación ilícita, entre otros. Los hechos vinculados a actos que si constituían delitos no constituyen eximente de responsabilidad penal exclusivamente por realizarse bajo el amparo de una religión, como tampoco se puede considerar una violación de la libertad de credo la sanción de aquellos hechos punibles que se cometan bajo la justificante de una fe religiosa.

Por otra parte, el Código Penal Español de 1870, vigente en Cuba a partir de 1879, carecía de un delito por la práctica de creencias y manifestaciones religiosas, no así por la realización de actos inmorales en público ni por reuniones ilícitas. En tanto una creencia religiosa fuera entendida por inmoral, hubiera constituido un hecho punible y su actor resultaría entonces sancionable, sin necesidad de contravenir directamente el enunciado constitucional sobre la libertad de credo.

 

1.2            Religiones Africanas y Política

 

Muy ligado al Derecho se encontraba el trabajo de los políticos republicanos. Los partidos políticos utilizaron muchas veces, con propósitos propagandísticos de vender una imagen popular, no solo a la religión africana sino a la población Afro-cubana en general. Varias campañas electorales se asumieron representantes y amigos de las tradiciones afro en Cuba y participaban de las actividades de estos sectores para darse a conocer dentro de los mismos.  Por el contrario, muchas veces la población Afro-cubana fue objeto de nuevas críticas por parte de la reacción popular de haber gozado de la simpatía de algunos gobernantes y políticos que luego habían perdido la confianza de la mayoría de la población por su gestión fraudulenta o incompetente[5]. Ejemplos de estos casos fueron José Miguel Gómez, Gerardo Machado y Fulgencio Batista.

 

A pesar de esas coyunturales manifestaciones de apoyo, existían dentro de la sociedad cubana acciones de racismo contra la población Afro-cubana y sus manifestaciones, las cuales incluían a sus prácticas religiosas. Los mismos políticos eran en su mayoría descendientes de familias criollas, otrora incluso propietarios de esclavos que veían en dicho sector social, a  su vez, los hijos y nietos de aquellos que antes les habían servido. Se unía a esta visión clasista, su perspectiva de que la sociedad europea y sus creencias eran superiores y más avanzadas que las africanas y por tanto estas últimas carecían de los valores suficientes para igualarse a ellas. Esa seria la tendencia general de todo el periodo y crearía las bases para el futuro tratamiento de estas religiones en la Isla bajo diferente régimen político.

 

Autores citan las opiniones de personalidades cubanas de la época con participación en la política y el derecho en las cuales se evidencian sus posiciones. Aline Helg plantea: “Enrique José Varona apoyo la educación de los negros, como algo que eventualmente beneficiaria a los blancos cubanos y previene su adicional contaminación moral  por los Afro-cubanos, quienes estaban estereotipados como brujos fetichistas, sucios y harapientos que danzan el tango y tocan los tambores.[6] Ayorinde refiere la posición de Fernando Ortiz, importante jurista e intelectual cubano, con respecto a las religiones africanas en amplia parte de su trabajo, así como describe su participación en campañas antibrujos en La Habana[7]. En “A nation for all” De la Fuente menciona una opinión mostrada en un influyente periódico de la época: “Esta es la gran tragedia racial de Cuba: su creciente africanización.”[8] Otro ejemplo de como políticos rechazaron estas manifestaciones religiosas las encontramos en los propios políticos de origen Afro-cubano en los casos de Martin Morua Delgado y Juan Gualberto Gómez, antiguos próceres de la independencia convertidos luego en actores importantes de la política republicana. Ellos, al igual que la mayoría de la clase media afro-cubana, rechazaron estas creencias, así como cualquier otra manifestación de este tipo que implicara una muestra de primitivismo africano o, como diría la Constitución, un acto inmoral. La opinión de un observador norteamericano resumió en 1907 la relación entre moralidad social y religiones africanas: “La moral no se incluye en las religiones originales africanas. Desde la esclavitud hasta hoy, el negro cubano se ha propagado y continua propagándose sin importarle la familia o el matrimonio.”[9]

 

Con respecto a lo juicios practicados no hay referencias concretas de intervención de los políticos al respecto, lo cual pudiera ser el resultado de una investigación mas profunda. En tal caso, manifestaciones al respecto hubieran podido ser comprometedoras desde el punto de vista político. En las fuentes consultadas solo se aprecia que el Estado intervino en ellos a través del poder judicial y ni siquiera si llegaron por apelación a instancias supremas.

 

2.    Con posterioridad a 1959

 

2.1. Nuevas políticas sociales y las religiones africanas

 

Las criticas sobre el cumplimiento o no del derecho constitucional a la libertad de credo toman fuerza en la Isla tras el establecimiento del gobierno revolucionario de Fidel Castro. En un inicio recayeron esencialmente en el cuestionamiento hacia aquellas sanciones políticas o hasta sociales que recibieron los que seguían frecuentando los Templos y practicaban libremente la Fe católica. Dichas sanciones se justificaban en el hecho que el régimen revolucionario reconoció en los miembros de esta Iglesia parte de sus enemigos tanto por las campañas que estaban desarrollando en su contra como por tener una gran influencia ideológica, y por tanto de coerción, sobre la población cubana. Por ello, la libertad religiosa se encontró limitada desde la década de 1960 por carecer de las garantías políticas para su amplio desarrollo y alcanzando ahora también a la antes especialmente protegida Iglesia Católica.

 

Un proceso similar sufrieron las otras religiones en Cuba a partir de ese momento. Ese seria el caso, fundamentalmente, de las Iglesias Protestantes y de las religiones de origen africano por ser las otras dos mas extendidas dentro de la población. Las primeras se asociaban mas por sus métodos y estilo a la propia Iglesia Católica, basadas todas en una fe Cristiana general y un mismo texto sagrado: la Biblia, pero las creencias de origen africano contaban con una identidad propia y fueron por tanto objeto de un trato diferente aunque igual cuestionadas.

 

El Estado socialista estableció una política nueva hacia la población Afro-cubana. Ante todo, asumió el principio de que antes habían sido excluidos de todos los derechos y que el nuevo gobierno, verdaderamente igualitario, les haría justicia dentro de la sociedad. En función de ello, se iniciaron proyectos para lograr tales fines donde autores como De la Fuente reconocen que la ancestral segregación por motivo de la raza fue superada[10].

 

Una situación diferente se generaría sobre el particular de la religión Afro-cubana. La misma había sido identificada hacia tiempo como un elemento primitivo y un retroceso cultural. Por ello, entro en contradicción directa con uno de los principios martianos enarbolados por el nuevo régimen: ser culto para ser libre. Además, junto al resto de las religiones, contradiría también las bases del socialismo en el materialismo dialectico que rechazaban las religiones como fundamento ideológico o filosófico sin base científica, solo idealista.

 

Por estas razones, la nueva política nacional también termino discriminando estas creencias. El principal problema seria como permitir por un lado el desarrollo de aquellas tradiciones de origen africanas en Cuba con un sentido no discriminatorio y controlar, por otra parte, el desarrollo de esta religión “inculta” cuando muchas veces unas y otras estaban estrechamente vinculadas. La autora Ayorinde brinda un ejemplo en la política revolucionaria trazada en torno al Conjunto Folklórico Nacional, el cual se constituyó y desarrollo en la Isla, pero el gobierno aclaro en todo momento que era una institución cultural y que estaba limitado exclusivamente a tales fines. Mientras tanto, los miembros y estructuras del Partido Comunista censuraban y cuestionaban ideológica y políticamente a aquellas personas que practicaban estas religiones. No obstante, centros y organizaciones de este tipo no dejaron de existir en Cuba, siempre recalcando su carácter cultural y asociadas al Ministerio de Cultura.

 

Durante la década de 1990, con la llegada del periodo especial, el desarrollo del turismo, la mejora de las relaciones con la Iglesia Católica y el aumento considerable de estas practicas religiosas dentro de la población cubana, han hecho desaparecer el control político que se ejercía anteriormente. Ahora la practica de estas religiones se ha expandido y liberalizado, pero el Estado las continua mirando de una manera similar y han sucedido hechos que han sido interpretados como actos de marginación; por ejemplo, durante la visita del Papa Juan Pablo II  a Cuba los representantes de las religiones africanas no fueron invitados al Consejo Ecuménico donde se reunieron los lideres de todas las religiones cubanas.

 

2.2. Las creencias africanas y el constitucionalismo socialista.

 

Los textos constitucionales fueron expresión de estos cambios en la política y la sociedad cubana.  La Ley  Fundamental de 7 de Febrero de 1959 se baso en modificaciones a la Constitución de 1940. No obstante, el artículo 35 acerca de la libertad de credo permaneció igual.

 

En 1976 se redacta la primera constitución socialista donde se plasman los principios políticos revolucionarios y el articulo 54 queda redactado de la siguiente manera: “(1) El Estado socialista, que basa su actividad y educa al pueblo en la concepción científica materialista del universo, reconoce y garantiza la libertad de conciencia, el derecho de cada uno a profesar cualquier creencia religiosa y a practicar, dentro del respeto a la ley, el culto de su referencia. (2) La ley regula las actividades de las instituciones religiosas. (3) Es ilegal y punible oponer la fe o la creencia religiosa a la Revolución, a la educación o al cumplimiento de los deberes de trabajar, defender la patria con las armas, reverenciar sus símbolos y los demás deberes establecidos por la Constitución.”

 

En este caso, la libertad de credo se mantiene en la Constitución pero ahora en subordinación a los principios filosóficos y políticos del nuevo Estado. La redacción de esta norma daría la cobertura necesaria para perseguir o prohibir cualquier creencia religiosa que se opusiera a la Revolución, y aunque las religiones africanas no habían tenido una actitud opuesta al nuevo régimen, si representaban para ellos los valores creados por generaciones anteriores de salvajismo y primitivismo. En tal caso, también podían ser cuestionables junto a la católica y a otras creencias religiosas.

 

El Código Penal de 1970 no establece sanción por la práctica de ninguna religión en concreto. No obstante, establece como delito la realización de actos que vayan contra la moral publica y muchas veces estos credos fueron tomados como acciones de este tipo, según ya contaba en la tradición histórica cubana. La ley penal contempla también el Estado Peligroso, que prevé la posibilidad de determinar la proclividad de una persona por cometer delitos a partir de supuestos establecidos en su artículo 73 y uno de ellos es la conducta antisocial. Como se ha dicho antes, la comisión de un hecho que constituya delito  no lo justifica porque sea bajo el dictado de alguna religión, y algunas de estas creencias, como los abakua, tienen en sus estatutos comportamientos que podrían ser tipificados como delitos. Por tales motivos, ante la ignorancia existente hacia estas creencias que habían sido subvaloradas en todo momento e injustamente generalizadas bajo el concepto de santería, todas las religiones Afro-cubanas fueron clasificadas como un acto peligroso y la practica de esas religiones interpretadas como un acto antisocial.

En contradicción, la misma ley establece el delito contra la libertad de cultos en el  artículo 294. “1: El que impida o perturbe los actos o ceremonias públicas de los cultos registrados que se celebren con observancia de las disposiciones legales es sancionado con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas o ambas. 2. Si el delito se comete por un funcionario público con abuso de su cargo la sanción es de privación de libertad de seis meses a dos años o multa de doscientas a quinientas cuotas.” Pero también regula el abuso de la libertad de cultos en el articulo 206 cuando dice: “El que, abusando de la libertad de cultos garantizada por la Constitución, oponga la creencia religiosa a los objetivos de la educación, o al deber de trabajar, de defender la Patria con las armas, de reverenciar sus símbolos o a cualesquiera otros establecidos en la Constitución, es sancionado con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas.” Por otra parte, en el segundo apartado del articulo 303 se describe el delito de Escándalo Publico al establecer que: “Se sanciona con privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas al que: b) ofenda el pudor o las buenas costumbres con exhibiciones impúdicas o cualquier otro acto de escándalo público.” La inexactitud de estos términos permite una amplia consideración en torno a su alcance y en algún momento un estudio detallado podría ilustrar sobre como estos preceptos legales han sido aplicados o no a practicantes religioso Afro-cubanos por las autoridades y la justicia cubanas. Otro tanto ocurre con el artículo 200 sobre Desorden Público, solo que en este se utilizan términos más concretos para describir el actuar de las personas. Se encuentra pendiente un estudio de sentencias dictadas bajo esta ley que brindaría mayor documentación y ejemplos más concretos sobre su aplicación en esta materia.

Después de la modificación constitucional de 1992, el articulo 55 estableció: El Estado, que reconoce, respeta y garantiza la libertad de conciencia y de religión, reconoce, respeta y garantiza a la vez la libertad de cada ciudadano de cambiar de creencias religiosas o no tener ninguna, y a profesar, dentro del respeto a la ley, el culto religioso de su preferencia. La ley regula las relaciones del Estado con las instituciones religiosas.

 

De dicha redacción se entiende que la libertad de credo en Cuba alcanzo su mas justo alcance en este articulo en su historia pues se permite creer libremente, no se entiende particularmente protegida ninguna creencia, no se habla de posibles contradicciones entre los credos o el gobierno, y se establece la ley como única limitante, situación lógica en toda sociedad organizada. No obstante, seria necesario, desde el punto de vista práctico, eliminar los restos que aun existen en la sociedad y en la política que continúan denigrando estas tendencias religiosas. Igualmente seria necesario que la invocación del respeto a la ley no constituyese un mecanismo estatal para controlar o limitar estas prácticas en un futuro y que esta garantía constitucional se complementara con las necesarias garantías políticas que determinen un apoyo político-estatal por estas creencias como parte de la realidad y la cultura cubana. En la modificación constitucional del 2002 este artículo no fue modificado.

 

 

Bibliografía

1.      ANDREWS, George Reid. Afro-Latin America. 1800-2000. United States. Oxford University Press. 2004.

2.      AYORINDE, Christine. Afro-Cuban religiosity, revolution and national identity. United States. University Press of Florida. 2004.

3.      BROCK, Lisa and Digna CASTANEDA, editors, Between Race and Empire. Philadelphia. Temple University Press. 1998.

4.      BRONFMAN, Alejandra. Measures of Equality: Social Science, Citizenship, and Race in Cuba, 1902-1940. The University of North Caroline Press, 2004.

5.      CARRERAS, Julio. Historia del Estado y del Derecho en Cuba. Habana, Cuba. Editorial del MES. 1970.

6.      DE LA FUENTE, Alejandro. A Nation for all: Race, inequality and politics in 20th century in Cuba. United States. University of North Caroline Press, 2001.

7.      HELG, Aline. Our Rightful Share: The Cuban Struggle for Equality. 1886-1912. United States. University of North Caroline Press. 1995.

8.      Instituto Nacional de Historia de Cuba. Historia de Cuba. Editora Política. Habana, Cuba, 1998.

9.      ORTIZ, Fernando. Tratado de Criminología Cubana, Habana, Cuba. 1912.

10. ROGOZINSKI, Jan. A brief history of the Caribbean: from the Arawak and Carib to the present. Penguin Group. Last edition 2000.

Fuentes Legales:

1.      Constitución de Guáimaro, Cuba, 1869.

2.      Constitución de La Yaya, Cuba, 1895.

3.      Constitución de 1901, Cuba

4.      Constitución de 1940, Cuba

5.      Ley Fundamental de 1959, Cuba

6.      Constitución of 1976/92, Cuba.

7.      Código Penal Español 1870.

8.      Ley 62. Código Penal de 1987. Cuba

 

* Licenciado en Derecho, Titulo de Oro. Universidad de La Habana. Cuba. Egresado del Instituto de Historia Constitucional Norteamericana, James Madison Fundación Fellowship. Georgetown University, Washington DC. Profesor de Historia del Derecho y Derecho Romano, Universidad de La Habana. Actualmente reside en los Estados Unidos de América.

 



[1] ALINE, Helg. Our Rightful Share: The Cuban Struggle for Equality. 1886-1912. United States. University of North Caroline Press. 1995. pp 96.Apparently, no particular repression of brujeria followed”.

[2] DE LA FUENTE, Alejandro. A Nation for all. United States. University of North Caroline Press, 2001. pp. 50. “Shortly after the occupation, processions and public demonstrations by Afro-Cubans religious societies were prohibited. North Americans viewed those religions as a mass of foolishness in which Catholicism and African demon-worship had become grotesquely mixed. Black public dances, considered being obscene and leading to sexual indulgence and degeneration, were also forbidden.”

 

[3] AYORINDE, Christine. Afro-Cuban religiosity, revolution and national identity. United States. University Press of Florida. 2004. pp. 49. “to follow the U.S. practice of converting the Negroes to Methodism”

[4] Ayrorinde, Christine. Ob cit. pp. 49. “He feared that the African psyche was so deeply embedded in Cuba that an evangelical crusade would not uproot fetishism.”

 

[5] DE LA FUENTE, Alejandro. Ob. cit. Este autor cubano describe sus manifestaciones de apoyo que recibieron los clubes y sociedades afro-cubanas durante la república y los efectos que luego estas tendrían con respecto a dicha sociedad. Ver capítulos 3 y 4.

[6] ALINE, Helg. Ob cit. pp. 46.Enrique Jose Varona supported the black education, as it would eventually benefit white Cubans and prevent their further moral contamination by Afro-Cubans, whom he stereotyped as fetishists brujos, dirty and ragged people who danced the tango and played the drums.”

[7] AYORINDE, Christine. Ob cit. pp. 47-52.

[8] DE LA FUENTE, Alejandro. Ob cit. pp. 49, cite 109.This is the great racial tragedy of Cuba: its growing Africanization.”

[9] DE LA FUENTE, Alejandro. Ob cit. pp. 155 “Morality does not enter into original African religions. From then (slavery) until today, the Cuban Negro has propagated and continues to propagate largely without regard to family or marriage.”

[10] DE LA FUENTE, Alejandro. Ob cit. Prologo, capítulos 5 y 6.