EL ESCEPTICISMO JURÍDICO EN
NUESTROS TIEMPOS
Octavio F. Guzzi *
«Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su
valor?.
¡De ningún modo!. Más bien, la consolidamos».
Epist. a los Romanos. Cap.3,31
A
Teólogo, amigo y Marista eternamente.
I)
LINEAMIENTOS PRELIMINARES:
¿POR QUÉ EL ESCEPTICISMO JURÍDICO?
Cuando
comienzo a reflexionar sobre las ideas jurídicas en nuestros tiempos, no puedo
olvidar aquella vieja anécdota vivida en una de las aulas de la Facultad de
Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Recuerdo claramente mis inquietudes
y las palabras proferidas por el profesor. Teniendo algunas dudas acerca del
pensamiento del
Más
allá de lo anecdótico de la situación, y sin importar sus pormenores, me he
servido de ella para bosquejar los primeros lineamientos, a fin de sentar
algunas bases para mi trabajo. Sin dudarlo, acudí a los textos del Dr.
Ante
mis ojos yacía esta cruel realidad. La filosofía, madre de la ciencia jurídica,
solo tenía un mínimo espacio dentro de las asignaturas propuestas por la
mencionada facultad. Quizá por ello, algunos de nuestros profesores culminan en
el confinamiento de una materia que solo le interesa a unos pocos. Frente a
estos docentes, la mayoría de los alumnos asiste a uno de sus mayores
calvarios: la filosofía. Tal vez, tanto nos hemos empeñado por fundir la
tragedia con lo humano que, en realidad, ya no puede distinguirse uno de lo
otro. Actualmente, caminando por los pasillos universitarios percibimos el
desánimo, que termina convirtiendo a esta materia en un verdadero infierno.
Me
apartaría del objeto de este ensayo, si omitiera una nota oportuna a él. A
decir verdad, uno de los grandes factores en este "escepticismo
jurídico" lo constituye «la especialización del jurista en campos
parciales, cuyo alcance va reduciendo, cada vez más, en el cultivo de una
especialidad, que es capaz de considerables aportaciones dentro de sus límites,
pero sólo a costa de un precio muy elevado: el
El
Recuerdo
las palabras del filósofo de la Sorbona: « ¡Oh! ¡Incrédulos, crédulos,
crédulos!. Pues los incrédulos, antes bien, son más dados a creer que el resto
de los mortales "las cosas aptas para hacer descreer lo que los creyentes
creen”»[3].
Sin penetrar en lo que será materia de análisis, lo preocupante es la facilidad
con que estos "incrédulos" transforman
¿Cómo
no presentir este escepticismo jurídico?. Nadie habla de él. Sigilosamente, ha
ido ocupando numerosos lugares sin ser advertido: tribunales, universidades,
aulas, docentes, alumnos y, por qué no, el corazón del ciudadano común, que,
desorientado y confundido por la lucha de poder, opta por el descrédito del
derecho. Ahora, con cierta picardía, recuerdo, muy bien, lo que apuntara
Jean-Etienne Portalis, en su Discurso Preliminar, «más útil que cambiar las leyes
es dar a los hombres nuevos motivos para que amen las ya existentes».
Allí,
encontramos otra de las causas que posteriormente desarrollaremos: estos
"incrédulos", carecieron de verdaderos motivos para amar las leyes.
En la educación universitaria, las ausentes humanidades, restarían nuestra
adhesión a la ley y a la seguridad que ella comporta. A sabiendas o por
ignorancia, estos escépticos prefirieron desdeñarla argumentando que
"ninguna ley humana es perfecta". Antes bien, cavilosos, profundizaron
en sus lagunas e imperfecciones, no para corregirlas, sino para extraer
provecho y beneficiarse con ellas. Olvidarían que «el culto de la ley, no es
otra cosa que el culto del hombre viviente que busca, mediante él, resguardar
sus bienes morales»[4].
¿Qué sentido tendría
explicar
Este
escepticismo jurídico es consecuencia de un padecimiento, aún mayor. En estos
días, el hombre se desvela únicamente por las cuestiones del mundo material. El
dinero es la nueva medida del tiempo y la sociedad se adapta mecánicamente a
esta regla. Los incrédulos se multiplican. Pues, como bien señalaba el
filósofo: estos hombres, antes de creer en sí mismos, son más prestos a creer
en la nada (si es que tal cosa existe). Allí, radica lo medular de nuestro
planteo: un hombre ausente que no quiere saber de sí. Nada espera del mundo
jurídico, pues, si no cree en él: ¿cómo puede realmente creer en
II)
EL ESCEPTICISMO COMO IDEA JURIDICA:
¿LA DERROTA DEL «HOMO IURIDICUS»?
El
escepticismo no constituye un nuevo capítulo dentro de la filosofía. Entre los
griegos encontramos sus primeras definiciones. La tradición oral recogida
atribuye a Pirrón: «Ni nuestras sensaciones, en efecto, ni nuestros juicios
pueden decir verdad, ni equivocarse; todo es igualmente indiferente,
equilibrado, indeciso»[6].
Sin embargo, y a pesar de su espíritu científico, dicha doctrina nunca se
distinguió como insurgente o escandalosa. La quietud de su pensamiento le
llevaría a aceptar
En
el escepticismo renacentista (Montaigne, Charron, y Francisco Sánchez) se
acentúa, sobre todo, el aspecto racional del problema, dejando
Los
esfuerzos filosóficos por dar cuenta
Empero,
donde todavía queda mucho por descubrir, también, es útil continuar dudando. Y
de allí, que
Innumerables
debates se han sostenido con ánimo de delimitar los alcances del derecho. Sin
embargo, en el fragor de la polémica, se descuidó lo que resultaba prioritario:
la esencia del derecho. Pues a medida que se nos brindaban herramientas para
transformar su significado, las circunstancias históricas obligaban a una
permanente redefinición del concepto. Al igual que el hombre, el mundo jurídico
se nutre de hechos y circunstancias. Entonces, las guerras mundiales y las
reacciones contra el idealismo hegeliano abrirían las puertas a los incrédulos.
El naufragio del kantismo y del positivismo habría originado en los filósofos
contemporáneos una reacción anti-idealista y anti-positivista. A la
fenomenología de Edmund Husserl y Henri Bergson siguieron las corrientes
existencialistas que agotaron al hombre en sí mismo. Así, un acontecimiento
sucedió a otro y, sin embargo, cada día nos acercábamos más a un derecho
despersonalizado.
El
progresivo avance de la ciencia y de la técnica otorgaría al hombre mayor
provecho y, también, mayor molicie. Las máquinas reemplazarían el accionar del
hombre y, sistemáticamente, comenzaría una cruenta y lamentable exclusión.
Luego de la barbarie de la postguerra, el hombre, atónito y desconsolado, debió
continuar con su vida intentando olvidar
Nuestra
Nación no quedó ajena a estos fenómenos. Las ideas sociales desembarcaron junto
con los inmigrantes; desplazados por el hambre, la desocupación y la guerra,
América era una tierra prometida. Empero, la crisis ya estaba instalada en la
Argentina. Tanto la primera como la segunda migración debieron sufrir los
inconstantes desatinos del poder. Claramente, nunca se pensó en dar motivo para
amar realmente a las leyes. Antes bien,
se las violentaba y corrompía para beneficio de unos pocos. Los ejemplos son de los más variados pero,
por una cuestión de extensión, los dejaré al sabio arbitrio de mi lector.
Algunos
filósofos profundizaron la temática y decidieron creer. Creer, no solo en
Los
crédulos e incrédulos continuaron la lid. Jean-Paul Sartre, desbordado por
"La Nausea", vomitaba a favor de la "Nada". Mientras que
otros existencialistas, como Louis Lavelle y Gabriel Marcel, pretendían
encontrar luz en medio
No
quisiera olvidar al
Inmerso
en esta historia, el hombre post-moderno concluye naufragando en esta terrible
crisis de fe. En nuestro país, el impacto fue aún mucho mayor. La política de
los últimos tiempos ha encerrado a la sociedad en una encrucijada. En general,
el hombre, quien otrora tuviera un rol protagónico en las cuestiones
nacionales, ha ido abandonado esos campos por considerarlos infértiles y
ruinosos para su patrimonio. Desentendido de la problemática social, parece
reaccionar cuando sus proyectos se ven destruidos por las contingencias
económicas y políticas. Paulatinamente, se olvidaría la sabiduría del Cicero cuando sostenía: «…puesto que la
patria nos proporciona más beneficios a la vez que es una madre más antigua que
la que nos creó, no hay duda de que se le debe un reconocimiento mayor que a la
propia madre…».
El
proceso fue cruento y sus consecuencias se propagaron rápidamente. Un falso
ecumenismo precipitó la globalización. Esta última, favorecida por la expansión
de los medios tecnológicos, trajo consigo nuevas modas y esnobismos alejados de
nuestras tradiciones. La economía capitalista conllevaría un naciente
escepticismo que invitaría a depositar nuestra creencia en cuestiones ajenas al
espíritu. Los conceptos nación, ley y tradición pasarían a un segundo plano.
Allí, comenzaría el proceso de "despersonalización" que culminará con
una total ausencia de unidad e identidad en la persona humana. Con mayor claridad
el profesor Johann Metz señalará: «Existe, hoy, un culto a la factibilidad:
todo es factible. Sí, pero, también existe un nuevo culto a la fatalidad: todo
es superable. La voluntad de hacer esta transida de resignación. Ambos cultos,
el que tiende a dominar la fatalidad y el que se complace en la apatía y en
Los incrédulos crearon su espacio y ejercieron su defensa atacando las
raíces de la fe. Cuestión que les ha resultado imposible, pues nunca se podrá
comprender lo que se discute, si previamente no se ha comprendido lo que es. Y
estos escépticos nunca llegaron a aprehender las raíces antropológicas de la
creencia humana. Sin embargo, acompañados por las circunstancias, este
"hombre ausente" apresuró sus pasos y multiplicó sus esfuerzos. La
nueva generación de jóvenes no tardaría en sentir el impacto de una sociedad
que le regalaba fatalismo, factibilidad y marginalidad. A toda luz, como
Actualmente, y pasando por alto los valores morales,
Las raíces del egoísmo son demasiado profundas para poder ser extirpadas
por la legislación. Y tanto Platón como Aristóteles, pensaban que la educación
era el único remedio contra ella; la educación en el «espíritu de la
constitución»[13].
Sin embargo, la educación, también, padece los efectos de una sociedad
incrédula. En general, académica o tecnificada, ha restado espacios a las
humanidades. En su ensayo, "El fin y los medios", Huxley advertía
que: «El hombre que pasa a través de los cursos de nuestra educación, puede
egresar transformado en un loro». Así, en nuestros días, no resultan asombrosos
algunos casos en que el loro se muestra más intrépido y locuaz que el mismo
hombre. Allí, la complejidad del problema no radicará en reducir al hombre en
animal, sino en distinguir a este de aquél. Y, entonces, cabe concluir que:
solo en una auténtica educación, dechado de virtudes y valores morales, la
aporía se reduce al descubrimiento de las verdades que acercan al hombre a la
profundidad de su ser: la persona humana.
El culto a la especialización deshumaniza. Es por ello, que el hombre
alejado de
La educación es una deuda en nuestra sociedad. Y aunque no sea objeto de
nuestro ensayo, hay que pensar en ella como una de las principales causales del
escepticismo actual. En un terreno propicio, la Nada se cosecha con mayor
regalo y facilidad. Exige escasas explicaciones y, más aún, se presenta más
acomodada a la cruda existencia. Frente a ese nihilismo, la moral pierde su
ardua batalla y
«La desobediencia denota, pues, el desprestigio de las leyes. Una ley
desobedecida es, en principio, una ley menospreciada. Y como la obediencia de
las leyes constituye la base de la República, hay que temer por ella cuando las
leyes son desobedecidas sin escrúpulos»[16].
¿Por qué el hombre culmina desobedeciendo a las leyes?. Podemos sentar, aquí,
otra de las causales del escepticismo jurídico: las leyes se distancian de la
realidad y el sentimiento de "inutilidad de la ley", al decir de
Georges Ripert, se encarna en el ciudadano común. Muchas veces, se ignora que «legíslese como
se legisle, las leyes positivas no podrán nunca, en las cosas de
Resultará necesario evaluar, tanto histórica como socialmente, la
responsabilidad del legislador, siempre inmerso en debates y conflictos
políticos. Empero aún más preponderante, será el juicio que a cada ciudadano
corresponda, como últimos responsables del destino de una Nación. Los casos de
ley injusta son reiterados en la historia de la humanidad. Más, frente a ellos,
la excepción debería convertirse en regla: no solo debemos desvelarnos por
Así lo habría señalado, Orígenes: «
Pero de las cosas divinas, la mayoría, según Heráclito, por falta de fe
escapan al conocimiento (Heráclito, frag. 84). Y, si bien recuerdo, fue Cicerón
quien afirmó que crear ciudades y dar leyes a un pueblo era una actividad que
remedaba lo divino. Sin embargo, la creencia en este "acto divino" no
puede reducirse simplemente a una fe filosófica o científica. Necesariamente,
debe superarse
No quisiera culminar sin antes referirme a uno de los últimos intentos
en favor de la lucha por
Las simientes de esta categoría conceptual, las encontramos directamente
en el pensamiento del profesor Rudolf Von Ihering. El espíritu
Sin embargo, ubicar la solución del problema jurídico en el sentimiento
no ha sido la respuesta más adecuada. Nuestro ensayo es prueba
Solamente, partiendo desde la esencia de la persona humana podemos
arribar a una respuesta favorable al derecho. Como lo señalara anteriormente,
no se trata de continuar definiendo nuevos conceptos o abstracciones. El hombre
ha enseñado a la historia su condición de "misterio indescifrable". Y
este hombre fue quien, a través del derecho, intentó incursionar en aspectos
que eran insondables para el mismo.
La renovación del derecho deberá darse no perdiendo de vista que: «el
hombre continúa encerrando mayor misterio que revelación».
III)
LA ESPERANZA JURÍDICA:
RENOVACION DEL DERECHO
Finalmente,
pienso en la anécdota motivo de mi ensayo. No podría culpar a aquel profesor.
Él, también, ha sido determinante en mis reflexiones. En aquel entonces, no
pude apagar la conflagración de mis dudas. Empero, la verdad, filia temporaris, no tardaría en
develarse a mis ojos.
Y era previsible
que esta situación así se desenvolviera. El hombre estaba destinado a expandir
sus fronteras, no solo terrenales sino espirituales. El saber, apetito natural
del hombre según el Estagirita, le llevaría a elevarse cada vez más en esta
búsqueda por consagrarse en lo Eterno. Arte, religión, ciudades y leyes son
algunas de las tantas expresiones humanas que hacen del hombre una propia divinidad.
Y, quizá, mejor
Inmerso en la
historia de este hombre eterno, surge el derecho. Su tímido advenimiento no se
debe a su desconocimiento sino, más bien, a las condiciones particulares de
cada pueblo. Así, el profesor Gustav Glotz, en la "Ciudad griega",
recuerda que en
Entonces, como
ahora,
Hoy, como entonces,
los crédulos advertimos el escepticismo en
* Abogado (Universidad
[1] HENKEL, Heinrich "Introd. a la filosofía del
derecho". Salamanca, Ed. Taurus, 1968, pp. 12.
[2] COLMO, Alfredo, "
[3] CASTELLANI, Leonardo, "Las ideas de mi tío el cura",
Bs. As., Ed. Excalibur, 1984, pp. 141.
[4] ORGAZ, Alfredo, "Los problemas de la
interpretación de la ley". En "Nuevos estudios de derecho civil",
Bs.As., Ed. Bibliog. Argentina, 1954., pp.297.
[5] IHERING, Rudolf, "La lucha por
[6] ROBIN, León, "El pensamiento griego",
México, Ed. UTHEA, 1926, pp. 56.
[7] BREHIER, Emile, "Historia de la filosofía",
Bs. As., Ed. Sudamericana, 1944, T. II, pp. 348 y ss.
[8] LEGAZ Y LACAMBRA, Luis, "
[9] COSSIO, Carlos, "Teoría egológica del
derecho", Bs. As., Ed. Abeledo-Perrot, 1963, pp.19 y ss.
[10] METZ, Johann B., "La fe, en la historia y la
sociedad. Esbozo de una teología política fundamental para nuestro
tiempo", Madrid, Ed. Cristiandad, 1979, pp.179.
[11] RAHNER, Karl - WEGER, Karl, "¿Qué debemos creer
todavía?. Propuesta para una nueva generación", Santander, Ed. Sal Terrae,
1980, pp.14
[12] METZ, Johann B., "Mas allá de la religión
burguesa", Salamanca, Ed. Sígueme. 1982, pp. 62
[13] ROSS, David W. "Aristóteles", Bs.As., Ed.
Sudamericana, 1957, pp.336 y ss.
[14] RADBRUCH, Gustav "Filosofía del derecho",
México, Ed. F.Cultura Económica, 1951 pp.
[15] Ob cit. N°14
[16] RISOLIA, Marco "Grandeza y desprestigio de la
ley" Bs.As. Ed.Abeledo-Perrot, 1961, pp. 48
[17] PORTALIS, Jean-Etienne, "Discurso
Preliminar", Bs.As. Ed. Abeledo-Perrot, 1959, pp.28
[18] BENNÀSSAR, Bartomeu. "Pensar y vivir moralmente",
Santander, Ed. Sal Terrae, 1988. pp.49
[19] MONDOLFO, Rodolfo "Heráclito". Bs. As. Ed.
Siglo XXI, 2004 pp.XXX
[20] DEL VECCHIO, Giorgio "Derecho y vida",
Barcelona, Ed. Bosch, 1942, pp.69
[21] REY, Abel "Ética", Madrid, Ediciones de la
Lectura, 1914, pp.221.
[22] LEGAZ Y LACAMBRA, Luis, "
[23] MOLTMANN, Jürgen "
[24] CHESTERTON, Gilbert "El hombre eterno" En
"Obras completas", Ed. Janes. 1957, T.II, pp.1533
[25] GLOTZ, Gustav, "La ciudad griega", México,
Ed. UTHEA, 1957, pp.217
[26] ARRUPE, Pedro "La iglesia de hoy y del
futuro", Santander, Ed. Sal Terrae, 1982, pp.727