El fenómeno migratorio en México:

Caminar y soñar en lo incierto

Noé López Zúñiga[1]

 

 

Sumario: 1. Introducción; 2. Antecedentes; 3.  La reglamentación de la migración irregular en México y su trato inhumano; 4. A manera de conclusión.

 

 

1. Introducción

 

El fenómeno migratorio en el mundo occidental, se encuentra registrado desde la época prehistórica de la antigua Grecia y la legendaria Roma, sin embargo encontramos más evidencias de esto en la época de las grandes migraciones mundiales que se desenvuelven en cuatro grandes períodos. El primero que empieza en el siglo XVI como consecuencia del  descubrimiento del nuevo mundo y el cuarto y último período se computa con las migraciones irregulares gestadas en el siglo XX después de la terminación de la guerra fría, continuándose durante el siglo XXI; y que a decir de la Organización Internacional para las Migraciones, por sus siglas en español OIM en este último período, se considera a la migración como uno de los temas mundiales determinantes de la humanidad, puesto que nunca antes en la historia del ser humano se había registrado tanto flujo o movimiento de personas; es cada día más determinante y significativo este fenómeno de acuerdo a las tendencias relacionadas con la liberación y la recesión económica, los cambios climáticos, el surgimiento de las redes de migrantes, el acrecentamiento de las migraciones transnacionales de personas que se mudan de un lugar a otro y la transculturación gestada por las relaciones cibernéticas. Con todo esto se ha hecho que este fenómeno mundial, tenga más envergadura que cualquier otro problema o cuestión de tipo social. 

 

Bajo este contexto, el presente ensayo trata desde el punto de vista de los Derechos Humanos, la situación que viven los extranjeros irregulares en México, principalmente respecto el trato que se les da en la parte de su aseguramiento y expulsión a su lugar de origen; realidad sobre la cual se  discute, si estas medidas son contrarias a los principios de igualdad y seguridad jurídica que previene la Constitución General y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

2. Antecedentes

Históricamente, la condición jurídica del extranjero en nuestro sistema de derecho ha sido muy variable y ha dependido de los compromisos políticos con otros países del orbe; sin embargo, nuestro sistema de derecho constitucional desde siempre, ha protegido y garantizado los valores más importantes, tales como: la vida, la libertad, la seguridad y el patrimonio de toda persona, sin menoscabo de nacionalidad, raza, credo religioso e ideología alguna, pues nos queda claro que nuestro propio país surgió a raíz de migraciones masivas. 

 

Actualmente en México, los derechos fundamentales de los migrantes se encuentran por lo menos en teoría garantizados, no obstante, sus condicionantes varían por múltiples situaciones de tipo social, económico o político que se hayan presentado o se estén dando, como lo puede ser la demografía, economía, la salud, o la ruptura diplomática de un Estado con otro. Realmente, para ser francos el sistema de derecho mexicano de época, basándose en la reciprocidad internacional, ha reglamentado los derechos y obligaciones que limitan o amplían la condición jurídica del extranjero, siempre acorde a las políticas migratorias internacionales. Sin embargo, como lo señala Rafael Aguilar Portales (2009), el reconocimiento constitucional de un derecho no implica necesariamente una garantía definitiva, ni su efectiva aplicación, pues depende de la interpretación que de su contenido hagan los órganos encargados de controlar la interpretación constitucional en un momento determinado; su doctrina, incluso puede ser anulada o desvirtuada por decisiones posteriores. 

 

El marco legal de la condición jurídica del extranjero en México, lo encontramos en la Ley General de Población y su reglamento. En este cuerpo de leyes se sitúan las condicionantes legales que debe solventar el extranjero para su permanencia en territorio nacional. Por tanto que los antecedentes históricos del derecho de extranjería, su definición o concepto, así como las políticas migratorias y finalmente las calidades migratorias que un extranjero puede adquirir en territorio nacional, según sea su intención de inmigrar o no inmigrar, han sufridos cambios radicales a raíz de la implementación del derecho internacional y en particular de las presiones políticas que sobre esta materia ha hecho el Gobierno de Estados Unidos de América sobre México.

 

Al respecto, es destacable decir que, ciertas condiciones legales exigibles en el derecho migratorio mexicano han hecho que el trato de los extranjeros irregulares en territorio nacional, sea incongruente con el sentido humano de los derechos contemporáneos, es decir, de los Derechos Humanos que promueven los valores que sustentan la democracia actual. Por tanto la preguntas es ¿Existe un retroceso en los Derechos Humanos de los migrantes y transmigrantes en territorio nacional?

 

3. La reglamentación de la migración irregular en México y su trato inhumano

A raíz de la culminación de la Guerra Fría, dada con la desintegración de los bloques socialistas y el afán de los Estados Unidos de Norte América de establecerse como un líder mundial, trajo como consecuencia movimientos migratorios de forma irregular a gran escala, hacia ésta nación y con ello la era de la reglamentación de este fenómeno en todo el mundo, pues el gobierno de Estados Unidos preocupado por la situación, enmarco la propuestas en la reunión cumbre de los líderes del G-7 y Rusia (ahora G-8) para que todos los países integrantes se comprometieran a combatir la inmigración ilegal o irregular en sus fronteras, así como intercambiar información y tecnología de inteligencia para combatir este fenómeno social que aquejaba y empezaba perjudicar sus economías.  Bajo este contexto, países como México, estando situado geográficamente en un lugar estratégico para este fenómeno social,  ante la vecindad con los Estados Unidos,  empezó a aplicar políticas y medidas más severas contra los migrantes centro y sudamericanos, pues es claro que para éstos, es un lugar de paso hacia Estados Unidos y por ello, México se constituye como país de transmigrantes por excelencia.

 

Como consecuencia de esta realidad social y ante los incontrolables flujos masivos de centroamericanos y sudamericanos que se introducen a territorio nacional de manera irregular, se ha observado un aumento acelerado de prácticas, acuerdos y  decretos de índole migratorio tendientes a reglamentar éste fenómeno social que vive México, y más en particular por las presiones que el gobierno de los Estados Unidos de Norte América ha hecho a las autoridades gubernamentales mexicanas después de los ataques terroristas del once de septiembre de dos mil uno.[2] 

 

La constante presión política que Estados Unidos mantiene sobre el gobierno mexicano, respecto la exigencia del resguardo y vigilancia de sus fronteras, así como por las prácticas de globalización y la crisis económica mundial, ha hecho que el manejo de la migración ilegal que se vive en México, sea un verdadero dilema, pues por una parte se debe cumplir con los compromisos hechos con el vecino país del Norte en materia de seguridad, incluyendo en este rubro el resguardo y vigilancia de las fronteras; y por otro lado, se deben garantizar los Derechos Humanos de cualquier persona que se introduce en territorio nacional, incluyendo la de los migrantes irregulares. Ante esta coyuntura, al describir conceptualmente el fenómeno de la migración irregular, se cuestiona: ¿Sí las disposiciones aplicables a esta tipo de migración, en particular durante la aplicación de las sanciones como el aseguramiento y expulsión de extranjeros irregulares de territorio nacional, son violatorias de los Derechos Humanos?

 

Como respuesta diremos por lo pronto que es comúnmente aceptado que la migración y el derecho, como fenómenos sociales en las últimas dos décadas han sido divergentes, pues las políticas públicas en esta materia, no han logrado equilibrar y ordenar en este mundo cada vez más desigual, los movimientos de personas a lo largo del globo terráqueo; mucho menos ha logrado persuadir o disminuir los abusos de autoridad que sobre la persona de los migrantes se da, no obstante las normas supremas enuncien principios y valores de todos y para todos, sin importar nacionalidad, raza e ideología. Así lo dispone el principio de igualdad previsto en el artículo 1º de la Constitución General, al establecerse que “En los Estados Unidos Mexicanos todo individuo gozara de las garantías que otorga esta Constitución…..”

 

Por otro lado, también se cuestiona ¿Sí en tiempos de crisis, violencia, guerra, cambios climáticos y desajuste social mundial, la ideología de los Derechos Humanos son jurídicamente sustentables para los migrantes?; o simplemente son una aspiración de derecho supranacional en el que los países más débiles, más pobres del orbe, han confeccionado su política de defensa de derechos ante organismos internacionales?; ¿Es válido y justo en aras de la libertad de soberanía que ostentan los Estados receptores de migrantes, reducir los Derechos Humanos de los extraños, forasteros o no ciudadanos? Y por tanto, es conveniente cerrar fronteras, y confeccionar políticas públicas más severas en perjuicio de los Derechos Humanos de éstos? 

 

Estas y muchas otras preguntas relacionadas con los Derechos Humanos de los migrantes, son el eje de la discusión filosófica que se presentará en las próximas décadas como paradigma del Derecho Constitucional en el mundo occidental, el cual tendrá como finalidad junto con la ética, hacer que el ciudadano del mundo tome conciencia del daño que los seres humanos nos estamos haciendo a través del propio derecho, como lo es que miles de migrantes estén sufriendo hambre, miseria, y desamor al no ser respetados principios básicos de derecho que el hombre ilustrado de siglos pasados confeccionó en aras de su dignificación cómo ser, como lo es el tener acceso real a un tribunal imparcial e independiente antes de ser expulsado a su lugar de origen. 

 

El mayor problema que se ha presentado respecto la situación  migratoria irregular en México, son las antinomias de derecho que no se han resuelto de forma favorable para los migrantes, pues cuando un extranjero irregular es asegurado con fines de expulsión no se le respeta los principios relacionados con su integridad y seguridad jurídica; sino todo lo contrario, los valores relacionados con la justicia,  legalidad,  igualdad, y libertad, están siendo contrastados fuertemente con los valores relacionados con la ciudadanía, autodeterminación, y soberanía de los Estados receptores de migrantes. Situación que ha puesto en desventaja a los migrantes frente al sistema de derecho nacional, en virtud de la libre interpretación que la autoridad goza en esta materia.

 

No obstante esta realidad, hay que decir siempre que el poder público en cada una de sus competencias no debe jamás pasar por alto que la migración es una cuestión intrínseca a la naturaleza humana y por ello debe tratar este fenómeno social con un sentido más humano, pues es un hecho inevitable que la migración internacional regular o irregular siempre busca mejores oportunidades de vida. Por tanto, la asignación de su trámite administrativo o jurisdiccional en su caso, que conlleva a la expulsión del migrante a su lugar de origen,  debe siempre garantizar un acceso real a la justicia. Para ello, en términos pragmáticos los migrantes irregulares asegurados deben tener garantizado un debido proceso antes de ser expulsados a su lugar de origen, donde se colme la garantía de audiencia ante una autoridad distinta del que lo aseguró. Esto último, bajo la lógica de que sí consideramos a la migración como algo intrínseco a la naturaleza humana, entonces debe tener un impacto positivo en las sociedades actuales, como consecuencia, los gobiernos tienen el deber ético de tratar este fenómeno de una forma responsable y lo más humanamente posible, y no como un simple número estadístico, pues el migrar en búsqueda de una mejor calidad de vida es algo valido y legitimo para todos.     

 

Siendo esto así, el derecho deberá progresar a favor de la migración que busca la vida digna, quedando únicamente como reto para los países receptores de migrantes la regulación y su efectivo control, acorde a la condición humana, empero de ninguna forma, el trato en el aseguramiento y expulsión de los migrantes irregulares debe trastocar derechos públicos subjetivos ya consolidados como lo son los principios y valores que han sustentado las democracias modernas.

 

Tal vez una solución aunque un poco utópica a este planteamiento, sería lo que propone Miguel Carbonell (2005), en el sentido de considerar a la migración internacional que busca de una vida digna, un tipo de asilo económico.

 

Los países democráticos tendrían que poner en marcha de inmediato políticas generosas de asilo, compatibles con el discurso sobre la universalidad de los derechos humanos. Para ello debería contemplarse dentro del régimen constitucional del asilo (y del estatus de los extranjeros en general) la posibilidad de considerar como asilados a personas que salgan de sus países por motivos simplemente humanitarios; es decir, no por persecuciones políticas o religiosas, sino por las miserables condiciones económicas en las que se encuentran obligados a  sobrevivir en sus naciones de origen, por la negación, en suma de los derechos sociales, económicos y culturales”.

 

Es evidente que hoy, la migración irregular, y todas las consecuencias inherentes a este fenómeno, representan uno de los problemas más graves de la humanidad, y a los países receptores generalmente iconos y defensores de  la democracia moderna, se les traslada el reto de aplicar políticas migratorias benevolentes acorde a  las cartas internacionales de los derechos que han añadido, además de los clásicos derechos y libertades, una serie de derechos humanos positivos – no solo a la vida y a la libertad, sino también a la supervivencia y a la subsistencia – desgajándolos de la ciudadanía y haciendo también de su goce la base de la moderna igualdad en derecho  y de la dignidad de la persona. Por tanto, no existe razón alguna para que estos presupuestos no se extiendan asimismo a las violaciones más graves de estos derechos, es decir, a los refugiados económicos. (FERRAJOLI; 2001: 44)

 

Así las cosas, toda esta  situación nos impone la obligación de repensar  el derecho, y modificar el alcance legal del término ciudadanía[3]. En primer término, porque sería ocioso y poco progresivo para la humanidad, seguir desconociendo el derecho que tenemos todos los seres humanos de migrar en búsqueda de un bienestar[4] y en segundo porque es comúnmente aceptado en la comunidad internacional que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ha sido extremadamente silenciosa sobre la cuestión de la migración internacional, sobre el movimiento y la migración en general. La Declaración contiene el derecho de ciudadanía de algún país, de libertad de movimiento en el territorio nacional del país de ciudadanía, y de libertad de salir libremente de ese país. Además hay un derecho de asilo en otro país en caso de estar en peligro de persecución o muerte en un país de ciudadanía. Pero no hay una palabra sobre la entrada en otros países cuando no se trata de persecución política. Existe el derecho a salir, pero no a entrar y nunca habla de las migraciones por causa de hambre o pobreza extrema. Este silencio equivale al derecho de cada país a regular la entrada de extranjeros como le parece conveniente; o sea, en el mundo actual dice Sutcliffe (2001) la inmigración es una cuestión sobre la cual no existe ninguna guía ideológica compartida; salvo sobre la cuestión de asilo (no económica o de subsistencia), ninguna política de inmigración existe para los desplazados por motivos de hambre, esto es pobreza extrema y esto puede ser violatorio de derechos reconocidos. Aunado además que, ha prevalecido en tiempos recientes, restricciones más severas contra los migrantes, leyes más restrictivas y prácticas de xenofobia más contundentes, tales como las muertes de migrantes que recientemente se han registrado en México y los abusos persistentes contra migrantes latinoamericanos en la Unión Europea.

 

La consecuencia de todo esto dice Ferrajoli (2001) es un cierre de occidente sobre sí mismo que lleva consigo el riesgo de provocar no solo la quiebra del diseño universalista de la ONU, sino también una involución de nuestras democracias y la formación de una nueva identidad como identidad regresiva, compactada por la aversión hacia el diverso. Existe un nexo profundo entre democracia e igualdad y, a la inversa, entre desigualdad en los derechos y racismo, esto último en virtud de que, la mayor parte de las campañas al uso sobre la igualdad y la diferencia vienen animadas desde las mismas instancias institucionales que al mismo tiempo practican o posibilitan las manifestaciones de racismo y xenofobia más preocupantes, los que refuerzan los mecanismos de exclusión y el paradigma de una ciudadanía que, en lugar de inclusiva es excluyente.(LUCAS; 2001:73). Esto trae evidentemente señala Ferrajoli (2001) que la igualdad en derechos genere el sentido de igualdad basada en el respeto del otro como igual, la desigualdad en los derechos genera la imagen del otro como desigual, o sea, inferior en el plano antropológico, precisamente por ser inferior en el plano jurídico.

 

Ahora bien, cuando esta situación se traslada a nuestra conciencia humana y éticamente no hacemos nada, se denota la debilidad del Estado, y esto de alguna forma la debilidad del propio sistema de derechos, principalmente los fundamentales y de garantías. La solución tal vez lejana, pero valida a todo esto, lo señala  Miguel Carbonell (2005) al decirnos que:

 

“Lo que realmente hace falta es que el Estado deje de determinar a los sujetos titulares de  derechos con base en la noción de la ciudadanía y que se transforme para asumir en esta “era de la globalización” un papel diferente al que ha tenido desde su nacimiento”. 

 

Por tanto, ahora el concepto de ciudadanía debe tener precisamente un sentido global, acorde al multiculturalismo, debe ser entendida como Fernando Savater expresa y siente debe ser: “La sociedad de los ciudadanos, la sociedad democrática, es aquella en la que nadie es abandonado por los demás y en ese punto deber recordar que la ciudadanía siempre tiene una cierta base material” (SAVATER; 2005: 33). A mi juicio, la base material a que se refiere Savater, es la tierra, es el mundo y no un país, una nación o una delimitación política, la que debe prevalecer para que la ciencia del derecho proteja a quien necesite justicia, a quien necesite ayuda, a quien necesite amor. 

 

4. A manera de conclusión

a) Debemos siempre ponderar que el sentido del derecho constitucional contemporáneo,  mantenga la  posibilidad de sustentar un orden jurídico al alcance de todos, es decir que realmente las garantías relacionadas con la igualdad que se encuentra dogmáticamente prevista en la norma suprema,  sean efectivamente garantías para los más débiles, para los más vulnerables.

  

b) Es obligación de todo Estado democrático, mantener una agenda política benevolente que no condicione los derechos del migrante, sino que le facilite el acceso a procedimientos jurídicos ad-hoc a la corriente de los Derechos Humanos, como lo es que el migrante asegurado en estancias migratorias para fines de su expulsión a su lugar de origen, tenga  acceso real a tribunales independientes e imparciales y que no sea la misma autoridad migratoria juez y parte en su procedimiento de expulsión.

 

c) La migración es algo intrínseco a la naturaleza humana, por tanto la migración irregular como fenómeno social que busca salir de la pobreza, de la miseria, esto es, la que pretende alcanzar mejores condiciones de vida fuera de su país de origen, debe ser tratado como un concepto de derecho positivo supranacional.

 

d) El transmigrar en México significa andar en un camino incierto, un lugar inseguro. Sin embargo, también representa la expresión de la esperanza que un forastero, extranjero, o no ciudadano pueda tener en la búsqueda de su felicidad, pues existe en él, la legítima pretensión de alcanzar un bienestar, una mejor calidad de vida a través de satisfactores materiales y afectivos que su patria le negó.

 

 

Fuentes consultadas:

 

·        Aguilera Portales R., 2009: El Principio de Igualdad como valor normativo del Estado Social y Democrático de Derecho, en Isotimia, Revista Internacional de Teoría Política y Jurídica, UANL/Porrúa, México.

 

·        Caballero Álvarez E., 2008: Trafico y Trata de Personas, Seminario Internacional “Tráfico ilícito de Migrantes” CNDH, México.

 

·        Carbonell, Miguel, 2007: Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, comentada, Porrúa, UNAM/ CNDH, México.

 

·        Carbonell, Miguel, 2006: Los Derechos Fundamentales en México, UNAM/Porrúa, México.

 

·        CARBONELL, MIGUEL, 2004: Libertad y Derechos Fundamentales, en: Derecho Constitucional, <Memorias del Congreso Internacional de Culturas y Sistemas Jurídicos Comparados> UNAM, México.

 

·        CARBONELL, MIGUEL, 2005: La Constitución en serio: Multiculturalismo, Igualdad y Derechos Sociales, UNAM/Porrúa, México.

 

·        Ferrajoli Luigi, 2001: Los Fundamentos de los derechos fundamentales; Madrid Primera Vista, Trotta, Madrid.

 

·        Ferrajoli Luigi, 1999: Derechos y garantías. La ley de más débil, Trotta, Madrid.

 

·        LUCAS DE J., 2001: La lucha contra el racismo, en: < Inmigración, diferencia, ciudadanía>, Hegoa,  Bilbao.

 

·        LUCAS DE J., 2010: Nuevo Racismo en la Unión Europea <Conferencia - organizada por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, México>, consultado en: www.cdhdf.org.mx/index.php?id-bol4903  Fecha de consulta: Febrero-Marzo de 2010.

 

·        Olmeda García M., 2007: Ética profesional en el ejercicio del derecho, UABC/Porrúa, México.

 

·        SAVATER F., 2005: Los caminos para la libertad, Ética y educación. México, D.F.: ITESM/FCE.

 

·        Sutcliffe, Bob, 1998: Nacido en Otra Parte: Un ensayo sobre la migración internacional, el desarrollo y la equidad, Hegoa, Bilbao.

 

·        Sutcliffe Bob, 2001: La migración y la ciudadanía: porque los pájaros y las hormigas cruzan las fronteras internacionales más fácil que los perros y los seres humanos?. en Inmigración, diferencia, ciudadanía, Hegoa, Bilbao.

 

·        Comisión Nacional de los Derechos Humanos.http://www.cndh.org.mx/

·        Instituto Nacional de Migración. http://www.inami.gob.mx

·        Organización Internacional para las Migraciones: http://www.iom.int

·        Orden Jurídico Nacional. http://www.ordenjuridico.gob.mx

·        Organización de las Naciones Unidas. http://www.un.org

 



[1] Estudiante de los cursos para el Doctorado en Derecho en la Universidad de Buenos Aires – UBA. Magister en Derecho por la Universidad Autónoma de Baja California – UABC - (México), donde se desempeña como profesor. Correo electrónico: [email protected]; [email protected]

 

[2] Después del 11 de Septiembre de 2001, ya nada es igual. Parece ser que el Sistema de Derechos Humanos Internacional se rindió y volcó su mirada a la protección del sistema angloamericano, bajo la idea de existir evidentes amenazas terroristas en contra de EEUU, en donde el migrante irregular latinoamericano paso a ser un sospechoso o cómplice más del complot existente contra dicho país.  

[3] Fernando Savater considera que ahora el concepto de ciudadanía es más bien el de aquellos que entran en la democracia sin renunciar a sus raíces y a sus tradiciones pero que las dejan a un lado para intervenir en lo que tienen en común con otros.  Señala además que lo especifico del ciudadano no es reivindicar lo propio en el sentido de lo único, de lo que uno tiene y nadie más tiene, sino al contrario, buscar lo común con los otros. La ciudadanía busca en lo que todos podemos participar en público, lo que podemos intercambiar; no razones cerradas sobre sí mismas, sino ese tipo de razones que se pueden dar a los otros…(SAVATER; 2005: 16)

[4] El termino bienestar, es utilizado para efectos de este ensayo, como sinónimo de felicidad, analizado este concepto bajo la óptica de la ética, y donde la filosofía aristotélica  la definió como: “la actualización de las potenciales humanas, la realización y el ejercicio de las facultades y demás capacidades del hombre….”(OLMEDA; 2007: 68)