Esbozo para un an‡lisis pol’tico – filos—fico
y jur’dico
del ÒLibro del Sendero y de la L’nea
RectaÓ (Tao-te King) de Lao TsŽ
Carlos Agurto Gonzales[1]
Sonia Lidia Quequejana Mamani[2]
ÒEl Perfecto no tiene consciencia individual: Es la
consciencia socialÓ
Tao Te King
Lao TsŽ, el gran sabio chino del siglo V a.c., tiene aœn hoy una sorprendente actualidad. Se nos
presenta como un conocimiento antiguo pero, al mismo tiempo, moderno y
contempor‡neo. Ello radica en que su doctrina es un pensamiento siempre vivo; en
cada l’nea de su famosa obra ÒLibro
del Sendero y de la L’nea RectaÓ (Tao-te
King) se respira el aroma de la
sabidur’a y es como si ella misma hubiese escrito cada palabra. Pero antes de
ingresar a la obra misma veamos algunos datos sobre el hombre del Tao.
Lao TsŽ, contempor‡neo de Confucio, fue un
archivero de la corte del emperador Chou. Tan
sencillo y pacifico empleo era adecuado a su car‡cter tranquilo y sosegado.
Este fil—sofo desapasionado, ya anciano, segœn cuenta la tradici—n, renunci— al
cargo que ocupaba y sali— de China para no regresar jam‡s.
La œltima persona que habl— con Žl fue un guardi‡n de la frontera de Oeste
llamado Yin-si. Lao TsŽ iba montado en el lomo de un
gran bœfalo, y gracias al aduanero
paso la noche en una torre de la puerta que guardaba el paso de la ciudad. El
guardi‡n le pidi— encarecidamente que no abandonara tierras chinas sin dejar
algœn escrito sobre sus ideas. El viejo sabio escuch— el ruego, y compuso
entonces el libro de Tao, que aunque
peque–o en extensi—n (tiene 81 cap’tulos que no sobrepasan las 20 l’neas, en
total s—lo 5000 palabras) es inmenso en profundidad y reflexi—n. Nuestro
archivero se despide de Yin-si al amanecer y se aleja, para no volver a ser
visto e ingresa de esta forma a la posteridad, a la inmortalidad de la vida.
El Tao es el libro del camino,
del Sendero, de la l’nea recta verdadera. Este contiene una concepci—n muy
interior e ’ntima del mundo, de la sociedad, de la forma en que se llevan los
gobiernos. El ser humano es presentado en sus dos polos: tanto como ser ideal
as’ como ser real. Para Lao TsŽ no existe vida
verdadera sin la uni—n de estos planos,
ya que el hombre es una unidad y esta unidad debe encontrar el camino
que lo lleve al Sendero, al camino correcto y œnico, que no es un sendero
ordinario sino es la Òesencia de lo
universalÓ.
Este Sendero tao’sta es casi idŽntico, en esencia, al Logos de Her‡clito, casi coet‡neo del sabio de la l’nea recta. Esto
se puede apreciar en una comparaci—n entre los escritos de ambos fil—sofos. El
oscuro de ƒfeso en el fragmento I nos dice: ÒAunque este logos exista
siempre, los hombres son incapaces de comprenderlo, lo mismo antes de o’r
hablar de Žl que despuŽs de que han o’do hablar de Žl la primera vezÓ. Y
que nos dice el Tao en boca de Lao TsŽ: ÒMis palabras
son f‡ciles de comprender, muy f‡ciles de ejecutar, pero nadie en la tierra
puede comprenderlas ni ejecutarlasÓ. Pues tanto el Logos como el Tao no son
escuchados por los hombres, estos s—lo viven en lo superficial y no llegan a
conocerse ellos mismos, siendo esto as’ no alcanzar‡n el Tao, el proprio conocimiento vivo e imperecedero.
En el Tao - Te King se encuentran ideas muy diversas, tanto filos—ficas
como sociales, pol’ticas, jur’dicas, econ—micas y administrativas. En lo
pol’tico-social, as’ como lo jur’dico, podemos encontrar:
En el poema II nos refiere: ÒEl
Perfecto desarrolla sin concepto; legisla sin palabra; obra sin impulso; crea
sin nada; concibe sin objetoÓ. El Perfecto es aquel que ha recorrido la
L’nea Recta, el verdadero camino. Es conveniente que sea ÒEl PerfectoÓ quien asuma las riendas de la sociedad. Este tendr‡
que gobernarla labr‡ndole cada d’a un futuro verdaderamente provisorio, en que
las leyes sean expresi—n de la consciencia social. Ello tambiŽn porque las
leyes, las normas, al igual que la conducta humana y los valores, forman parte
de la estructura del Derecho, como sostiene en el Perœ, desde 1950, el Prof.
Carlos Fern‡ndez Sessarego: Òla conducta, norma y valor son los elementos ontol—gico, l—gico y
estimativo del Derecho que en unidad integral motivan su aparici—nÓ. O como
expresa el maestro italiano Paolo Grossi en su ÒPrima lezione del dirittoÓ, Òel
referente necesario del Derecho es solamente la sociedad, la sociedad como
realidad complejaÓ, pues Òla
dimensi—n esencial del Derecho que es la carnalidad, o lo que es lo mismo, a causa de esa t’pica caracter’stica suya que
consiste en estar escrito sobre la piel de los seres humanosÓ (siempre del
maestro Grossi, El novecientos jur’dico:
un siglo posmoderno, Marcial Pons, Madrid, 2011). En esta perspectiva, se
comprende la defensa que debemos hacer del Derecho, que no se identifica
solamente con la fr’a norma, sino es producto del vivir comunitario del ser
humano, pues, como nos indica el maestro Pier
Giuseppe Monateri, Òcustodiar el Derecho
significa apartarse del Derecho como simple hecho tŽcnico para evocar su
v’nculo con la tierra y con el serÓ.
El cap’tulo III nos dice el sabio del Tao:
Òel exceso de autoridad es fuente del
esp’ritu de luchaÓ. En este pasaje, el antiguo sabio recomienda que si se
sobrepasa los l’mites del poder, se engendrar‡ reacciones que buscar‡n aplacar
este exceso de autoridad, a tal punto de suprimir est‡ misma. Por ello, no se
debe caer en este error. No obstante, vemos que en los tiempos actuales parece
ser que los gobernantes de las naciones no escuchan el Tao.
En el mismo cap’tulo III nos refiere: Òel
Perfecto gobierna con el coraz—n libre, el esp’ritu amplio, la pasi—n dŽbil, el
car‡cter fuerteÓ. ÀPero quiŽn es
este Perfecto gobernante de quiŽn nos habla el sabio chino? ÀEs, quiz‡s, acaso
el gobernante fil—sofo que aparece en ÒLa RepœblicaÓ de Plat—n o, tal vez, un
emperador sabio como lo fue Marco Aurelio, el estoico, en Roma? Probablemente,
pero en el Tao este gobernante, este
Perfecto es aquel que ha recorrido la L’nea recta y ha llegado al dominio
espiritual, ya que no solamente es sabio y justo sino que es conocedor de la
esencia de la vida, del orden natural.
Casi al final del cap’tulo X nos dice Lao TsŽ: ÒCrear sin
guardar, obras sin aprovechar, sobresalir sin dominarÓ. Esta ense–anza, m‡s
que bimilenaria, es aplicable a variados aspectos
humanos y lo pol’tico no es la excepci—n, ya que el poder, la forma en que se
conduce el gobierno no debe salir del l’mite impuesto por los propios gobernados,
sino que debe beneficiar a estos, porque para ello ha sido creado.
En el poema XII hallamos: Òla codicia
paraliza la libertadÓ. El af‡n desmedido de lucro y riquezas hace
prisionero a las personas que lo poseen. Esto nos recuerda las palabras del fil—sofo
estoico SŽneca, cuando escrib’a que Òel
sabio no llega a ser nunca esclavo de sus riquezas y se contenta con
preferirlas a la miseria. Por lo que a m’ toca, mi fortuna puede desaparecer,
sin que pierda en realidad. No me sentir’a empobrecido, pues no es pobre quien
posee pocas cosas, sino el que desea siempre m‡sÓ. Este af‡n de lucro no se
debe hallar nunca en el alma del gobernante.
En el p‡rrafo œltimo del cap’tulo XIII se puede leer: ÒAquel que se inclina hacia la sociedad tan poco como hacia su cuerpo,
la dirigir‡ legalmenteÓ. El individuo para Lao TsŽ no representa en s’ mucho comparado con la sociedad, ya que esta es el
conjunto de seres humanos, una fuerza superior de la cual el individuo es parte
integrante. Entonces, la meta es la sociedad, pues es esta quien ha creado el
gobierno, el Estado, a los funcionarios. Y en esto, el antiguo fil—sofo chino
se adelanta 2300 a–os al autor de ÒFenomenolog’a
del esp’rituÓ. Parece que Hegel hubiese le’do a nuestro sabio archivero
cuando sostiene que Òlos esp’ritus
particulares son s—lo momentos en el desarrollo de la idea universal del
esp’ritu en su realidadÓ. Tanto el Tao
como el pensamiento hegeliano llegan a una misma conclusi—n.
En
el cap’tulo XVIII nos dice el Tao: Òdeca’da la armon’a social el patriotismo
renaceÓ. En este p‡rrafo, quiere indicarnos que cuando se derrumba el
orden, aparece como reacci—n el caos y, por ende, cada cual quiere defender lo
suyo, olvidando que al hacer esto se arruinan como unidad y, por consecuencia,
obtienen su propia destrucci—n. Pues el camino œnico es siempre la unidad,
reconocernos como parte de un todo social e indivisible.
En
el poema XIX nos dice: ÒDespreciad la
opini—n moral, despreciad la legalizaci—n y la solidaridad renacer‡Ó. No
importa una determinada ley o concepci—n seudo moral,
que no nazca de las extra–as del pueblo, sino el fin verdadero, que es la uni—n
de la comunidad, de la sociedad entera.
En
el cap’tulo XXII podemos leer: Òel
Perfecto es individuo y se torna modelo de la sociedadÓ. Es que el Perfecto
no piensa s—lo en s’ mismo, sino como parte del conjunto social. Al hacer esto
piensa genuinamente en s’ mismo.
En
el poema XXV hallamos: Òel Organizador es
una grandezaÓ. El organizador, el l’der, debe ser magn‡nimo en esp’ritu y
en obra.
En
los versos del cap’tulo XXVI nos dice: Òel
Hombre Superior, activo siempre, no abandona jam‡s su calmosa dignidadÓ. El
hombre que va por la senda de los verdaderos sabios nunca debe dejar su
grandeza de esp’ritu. Este rasgo debe ser inherente al gobernante.
En
el mismo cap’tulo XXVI refiere: ÒPero
maldito sea el grande del mundo de vida superficial, Áque con su ejemplo de ligereza disgrega el organismo social!Ó. El poderoso, el gobernante de vida
desordenada, mundana, ca—tica, lleva a su pueblo a su autodestrucci—n. Y esto
puede aplicarse tambiŽn al que teniendo el poder, se hace de o’dos sordos a los
reclamos de su pueblo, olvidando que es por Žste que se encuentran en dicho
cargo y del mismo modo que el pueblo le impuso la corona, el gobierno, puede
quit‡rsela.
En
el poema XXIX se puede apreciar: Òel
Perfecto se aparta de la voluptuosidad del poder, se aparta del sabor del
poder, se aparta del esplendor del poderÓ. ÀQuŽ nos quiere decir el Tao? El Perfecto, el que ha hallado el
camino de vida, se aleja del poder como ente opresor, mas si el poder es en
beneficio de la sociedad entera, Žste (el poder) es el esplendor verdadero y
fiel de la fuerza del mismo pueblo.
En
el cap’tulo XXXIX nos ense–a el Tao:
Òel Superior surge de los inferiores, el
Alto tiene por base el bajoÓ. Este precepto es muy bello y a la vez
ver’dico. Los poderosos gobernantes tienen su poder gracias a sus gobernados,
el pueblo, por ello se deben a Žste. Pero Áoh, gran paradoja!, estos soberanos oprimen y no escuchan a
su pueblo, lo hacen sufrir con l‡tigos de desprecio y olvido. Pobres hombres
que no escuchan al Tao, ni siguen la
L’nea Recta, siembran la semilla de su propia autodestrucci—n.
Los
cap’tulos LIX y LX nos refieren
tratan de la forma en que deben llevarse los gobiernos, pues Òsobreindividual es la condici—n esencial para gobernar.
Poseer ese principio del Gobierno implica estabilidadÓÉ ÒGobernar es como cocer a fuego lento donde
la sociedad evoluciona en el Sendero, el Esp’ritu no tiene voluntad individualÓ.
El gobierno debe ser reflejo de la sociedad en conjunto, expresi—n de la
plŽyade de individualidades que han formado un s—lo ser social. Es, por ello,
que los gobernantes deben cumplir el mandato de la comunidad.
En
el poema LXIII nos dice: Òlas cuestiones
sociales dif’ciles proceden de las f‡ciles, las cuestiones sociales grandes
proceden de las chicasÓ. Los problemas sociales tienen su origen en causas
que en un inicio son peque–as, pero al no ser escuchadas se van transformando
en enormes, y es dif’cil despuŽs solucionarlas. Es por esto que el Tao recomienda mucha atenci—n del
gobernante frente a su pueblo.
Lao
TsŽ vivir‡ siempre como una de las altas voces de la
humanidad y el Sendero seguir‡ siendo el camino por el cual debemos dirigirnos,
ya que el Tao Òes un abismo que antecede
a todas las cosas. Parece que fue antes que DiosÓ.
[1] Estudi— Derecho en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos de Lima. Actualmente, cursa la Maestr’a en Ciencias Internacionales y Diplomacia por la Alma Mater Studiorum – Universidad de Bolonia (Italia), tras obtener una beca de estudios de la Comisi—n Europea.
[2] Magister en segundo nivel en ÒCiudadan’a europea e integraci—n euromediterr‡neaÓ por la
Universidad de Roma Tres (Italia). Actualmente cursa el M‡ster en segundo nivel
ÒPeacekeeping & Security studies. La
gesti—n civil y militar de las crisis en ‡mbito europeo e internacionalÓ
por la Universidad de Roma Tres (Italia).