LLEGAR A NOVENTA NòMEROS

 

ÀC—mo hizo una revista de concreci—n modesta, casera, inspirada en la lucha por vivir y el amor sencillo a la existencia de un ni–o de quince a–os, Ricky Rabinovich Orlandi, fallecido de c‡ncer en Buenos Aires el 29 de diciembre de 2001, para llegar a los noventa nœmeros, en un periplo que ha sobrepasado ya con creces el decenio? La verdad, no lo sŽ.

 

En estos m‡s de 12 a–os hemos cambiado varias veces de formato y de frecuencia. Hemos incorporado y retirado secciones. Hemos sobrevivido a algunos ataques inform‡ticos (uno de ellos, curiosamente sucesivo a la publicaci—n de un editorial que molest— a sectores de la extrema derecha fundamentalista -sin que realmente fuera nuestra intenci—n incomodarlos- a juzgar por la cantidad de rŽplicas que le surgieron en la Red, sumadas a algunas amenazas e improperios que recibimos).

 

Pero la sustancia se ha mantenido siempre. Esa mŽdula consiste en una actitud de fŽrreo compromiso con la defensa de la dignidad de todos y cada uno de los seres humanos. Con una decisi—n pŽtrea de no ceder ante el prejuicio que conduce a la discriminaci—n, a la soberbia hegem—nica, a la fanfarroner’a imperialista, a la guerra, que es la peor forma de violaci—n del mundo. Esta simple revista se ha casado desde un comienzo con la visi—n fraterna de una humanidad deseosa de resolver sus conflictos en paz, y de construir sistemas econ—micos, pol’ticos y sociales basados en la armon’a y la vocaci—n de igualdad de oportunidades.

 

Hemos remado a contracorriente, felices y orgullosos, cuando tras los deplorables hechos del 11 de Septiembre, salimos con un art’culo de un destacado jurista musulm‡n acerca de los derechos humanos en el Islam. Abrimos nuestras informales p‡ginas con el œnico art’culo hasta entonces escrito por el primer testigo de Jehov‡ que ganara en la Corte Suprema argentina su causa para no ser obligado a recibir una transfusi—n. Hemos acogido, encantados, a autores de muy diferentes credos, de un alto nœmero de pa’ses, de cuatro idiomas distintos (porque hemos publicado art’culos en espa–ol, portuguŽs, italiano e inglŽs) y de las m‡s heterogŽneas ideas. PERSONA ha sido una caja de sorpresas, profunda y confiada.

 

Muy reconocidas y afamadas plumas, de catedr‡ticos y grandes maestros, han compartido gozosas este humilde espacio con j—venes en sus primeros pasos acadŽmicos (no pocos de los cuales son hoy ya figuras reconocidas), incluso estudiantes. Nuestras puertas han estado siempre abiertas de par en par a quienes comienzan, aœn sin un equipaje de publicaciones y de Žxitos universitarios, el siempre duro pero tambiŽn maravilloso sendero de las ciencias. Rechazamos todo concepto elitista, excluyente.

 

Y por eso mismo, nos hemos mantenido apartados de las canonizaciones que hoy florecen, cada vez m‡s con color de imposici—n, en las publicaciones cient’ficas. Las ciencias sociales, las disciplinas que estudian a la humanidad en su coexistir, en su pensar y resolver los conflictos generados por la convivencia, en su preguntarse ansiosa acerca de su ser y del porquŽ del universo, no pueden ni deben rendirse a criterios extrapolados de otras ‡reas muy diferentes del conocimiento, tales como la f’sica, la biolog’a, la ingenier’a o las matem‡ticas. Ninguno de los florecimientos que hoy con admiraci—n estudiamos en la historia del pensamiento surgi— como consecuencia de codificaciones metodol—gicas o de fondo severas y hegem—nicas, sino todo lo contrario. Y ello sin ingresar en el desagradable aspecto de los ribetes imperialistas que a veces esas pautas exigidas mal disimulan.

 

No cederemos en ese punto, como tampoco lo haremos en lo inherente a la independencia de PERSONA, que permanecer‡ siempre fuera de cualquier Žgida universitaria o institucional. Tampoco abandonaremos la total gratuidad, en todos los sentidos, lo que incluye el rechazo de las diferentes formas de publicidad, sin menoscabo de aquellas impuestas por los intermediarios en la Red, si fuera el caso. Los costos de la revista los solventaremos sin ayuda, porque creemos en lo que estamos haciendo, y en homenaje a Ricky, inspirador de esta sencilla publicaci—n.

 

A partir de este nœmero, el incre’ble nœmero noventa, adoptaremos otras reformas de estilo, derivadas del an‡lisis de la experiencia de los œltimos a–os. La idea es aprovechar m‡s las prestaciones en tiempo real que ofrece el medio telem‡tico, y que no se condicen con el formato de una revista tradicional. As’, los anuncios de eventos a realizarse, como hemos venido haciendo desde hace varios meses, no se efectuar‡n ya m‡s en cada nœmero, sino por medio de mensajes generales dirigidos a los que se hallen registrados en el Grupo Google respectivo. Por esa misma v’a concretaremos tambiŽn los comentarios acerca de libros y publicaciones que vayamos recibiendo, y las rese–as sobre eventos. Por lo tanto, si Usted desea recibir esos materiales y no se encuentra aœn inscripto en el Grupo Google, es recomendable que lo haga cuanto antes. El Grupo es abierto, y se localiza en esta direcci—n: https://groups.google.com/forum/?hl=en#!forum/revista-persona

 

Los nœmeros, entonces, se restringir‡n a la publicaci—n de trabajos cient’ficos y a la comunicaci—n de declaraciones o campa–as relativas a la defensa de la dignidad humana y los derechos existenciales. Ello, a su vez, nos permitir‡ incrementar la cantidad de colaboraciones publicadas por nœmero. En este caso, por ejemplo, estamos lanzando siete art’culos, frente a nuestra tradicional cota de cuatro, mantenida por mucho tiempo.

 

La frecuencia de la revista, somos conscientes de ello, ha sido algo err‡tica en el pasado lustro. Decididamente hab’amos ya dejado la publicaci—n mensual, que en un tiempo mantuviŽramos, y tratamos de pasar entonces a la frecuencia trimestral. Pero no pudimos sostenerla, y fuimos a la semestral. Ahora, desde el nœmero 89, ha transcurrido casi un a–o entero. ÀQuŽ va a suceder ahora? La verdad es que no lo sabemos. Lo mejor dentro de lo posible parece ser quedar en una edici—n por semestre, y procuraremos conseguirlo. De all’ a que lo logremos, se extiende la planicie de la duda. El œnico consuelo que nos queda es que nuestros queridos lectores y lectoras ya est‡n resignadamente acostumbrados a nuestra carencia de regularidad y, con algunas excepciones (porque hay quienes se ponen nerviosos), nos la perdonan.

 

Pero, como sea, pugnaremos por seguir adelante, porque PERSONA no es ni mejor ni peor que otras publicaciones, pero es œnica, y eso no hay c—mo discutirlo. No existe otra revista de estas caracter’sticas, germinada al calor de esas ideas, y con noventa nœmeros cumplidos de trayectoria, en la Red. Nacida en la Argentina, PERSONA es hoy franca y alegremente internacional, y su sola patria es la Humanidad, que se refleja en sus modestas p‡ginas virtuales sin himnos y sin banderas, a la sombra de la imagen de la llamada ÒVenus de WillendorffÓ, aquella estatuilla peque–ita, en que nuestra especie, hasta donde nos consta, se retrat— a s’ misma por primera vez (y lo hizo, por supuesto, viŽndose Mujer).

 

Han pasado ya casi doce a–os desde que Ricky, cansado de luchar contra ese c‡ncer invencible, cerrara sus ojos adolescentes e inquietos. Dentro de pocos d’as, el 18 de agosto de 2013, hubiera cumplido veintisiete a–os. A su sonrisa esperanzada, ir—nica y tierna, a su amor tenaz por la vida, le debo la continuidad de esta revista. Porque fue en su sufrimiento y en su af‡n de amaneceres que se inspir— su creaci—n, y no en grandes teor’as ni en altisonantes dogmas. No. PERSONA naci— de las ense–anzas, nutridas en el dolor, de un joven de quince a–os.

 

Quiz‡s a ese germen m’stico se deba, de alguna metaf’sica manera, que PERSONA haya llegado, contra cuanto hubiera podido suponerse, a los noventa nœmeros.

 

Ricardo Rabinovich-Berkman