Editorial

DECÍAMOS AYER…

 

Ha pasado ya un largo rato desde que publicáramos nuestro Número 90. Éste, el 91, que corresponde al 2014, está viendo la luz en la primavera austral del aĖo siguiente. No tardará, empero, en aparecer el Número 92, porque ya están listos los artículos que lo integrarán. Y, de hecho, los del 93 también.

 

Lo importante es que seguimos funcionando. Esta revista, que ya está por cumplir 14 aĖos y ha sobrepasado las nueve decenas de ediciones, con trabajos tanto de gigantes académicos como de jóvenes que se inician en los caminos de la ciencia (porque sus puertas están tozudamente abiertas), sobrevive, remando contra la corriente.

 

Es que PERSONA se mantiene libre. Independiente de cualquier corriente política, ideológica o religiosa. Sin rendir cuentas a ninguna institución o universidad. Nada pide ni nada debe. Indómita frente a los cartabones que se han pretendido cada vez más imponer, con gran éxito, sobre las publicaciones científicas dedicadas a disciplinas sociales y humanistas, despreciando el punto de que en estos abordajes no pueden trasvasarse las reglas de las ciencias “exactas” ni de las “naturales”. Decididamente creemos que esos encorsetamientos son perniciosos y que en nada realmente aportan al florecimiento de las ciencias sociales y de la filosofía.

 

Gracias a Dios, hasta ahora no había existido esta manía de reglamentar e indexar. Qué suerte, porque de lo contrario difícilmente hubiéramos tenido la riqueza que esas ciencias entregaron desde sus orígenes. Difícil imaginar a Platón, a Aristóteles, a Séneca, a Tomás de Aquino, a Lao Tsé, a Descartes, a Spinoza, a Locke, a Hume, a Comte, a Marx, ni a NINGUNO de los grandes, escribiendo para revistas indexadas y sometiéndose a reglas preestablecidas del tipo de las que hoy han invadido estos campos, azuzadas por centros hegemónicos. ŃHay que decirlo!

 

El origen de PERSONA ha sido muy sencillo. Se trató de homenajear a un adolescente de 15 aĖos, que falleció el 29 de diciembre de 2001, tras doce terribles meses de heroica lucha contra el cáncer, durante los cuales desgranó, desde su juventud, lecciones de actitud, de comportamiento y de amor a la vida. Esas humildes enseĖanzas de Ricky inspiraron el espíritu de estas etéreas páginas, y convocaron a autores de numerosos países, sin distinción de ideas, de creencias, de tradiciones culturales.

 

Esta revista ha nacido, pues, en la modestia, y en ella ha de quedar por tanto tiempo como el destino le tenga previsto.

 

Lo cierto es que, así de independiente y de testaruda como es, así de rebelde y de indómita, así de sencilla y casera, PERSONA es reconocida en diversas latitudes (a veces hasta llegar al asombro) y los artículos publicados en ella son leídos por miles de personas, son citados, son tomados como fuente para otros trabajos científicos, cuando no incluso para fallos judiciales, o para proyectos legislativos. Nuestros autores lo saben y aprecian, y además a menudo comulgan con el talante desafiador de PERSONA. Y por eso seguimos recibiendo trabajos.

 

Las interrupciones que PERSONA ha tenido, que no fueron pocas, a pesar de la cantidad de sus números, se han debido justamente a sus características. Es decir, a su naturaleza casera, que la hace depender demasiado de los tiempos de su director, y éste no se distingue por llevar una vida tranquila, pródiga en descansos. Pido, sinceras disculpas por esos hiatos no deseados que han, más de una vez, generado airadas comunicaciones de nuestros lectores, absolutamente justificadas, como merecidos han sido sus reproches. Trataremos de no incurrir en suspensiones tan largas nunca más. Conste que es una expresión de deseos. No me animo a prometer nada al respecto.

 

Desde el número anterior, para aprovechar las prestaciones en tiempo real que ofrece el medio telemático, y que no se condicen con el formato de una revista tradicional, pasamos a realizar los anuncios de eventos (que antes se incluían en las ediciones) por medio de mensajes generales, a través de un Grupo Google. Quien desee inscribirse en el mismo puede solicitarlo en: https://groups.google.com/forum/?hl=en#!forum/revista-persona Si Usted ya recibe esas comunicaciones, es porque se encuentra registrado en el Grupo.

 

Lanzamos este número 91 en un mundo convulsionado. Guerras atroces, devastadoras, estúpidas e injustificables como lo han sido siempre todas las guerras, se ciernen sobre vastas extensiones del planeta. Algunas, increíblemente, exhiben orígenes religiosos, algo más que surrealista en el siglo XXI. Mientras tanto, la desertificación de la Tierra aumenta, las temperaturas crecen, la contaminación de aires y aguas es imparable y las catástrofes geológicas se han disparado.

 

En un mundo donde la pobreza marca a fuego a la mitad de la población humana, donde millones de niĖos mueren de enfermedades ya superadas, donde innumerables familias medran sin techo, sin agua, sin electricidad y sin comida, las diferencias económicas se agigantan, dentro y fuera de las fronteras nacionales. Oleadas impresionantes de desesperados refugiados migran de unas a otras partes, dando lugar a un fenómeno sin precedentes, que recuerda a los desplazamientos masivos de mil quinientos aĖos atrás (y más aún). Las instituciones políticas y jurídicas colapsan frente a estos cuadros dramáticos, y afloran las más cuidadamente disimuladas hipocresías y las solapadas vilezas de sistemas basados en la fuerza y la explotación.

 

PERSONA, siempre nutrida por el amor profundo y enorme de un joven quinceaĖero que dejó esta vida mucho antes de lo que debía, apuesta a la paz, a la posibilidad de la concordia, a la tarde mágica en que los humanos depongamos el odio y entendamos la fraternidad auténtica. Creemos en la glorificación de la existencia, en la maravilla del respeto, en la belleza de la diversidad asumida y aceptada. Desde estas páginas etéreas, con humildad, con la sonrisa irónica y dulce de Ricky por bandera, esgrimiremos el amor como arcabuz y, con las ciencias a modo de arsenal, seguiremos soĖando futuros de jazmines.

 

Gracias, desde el corazón, por acompaĖarnos.  

 

Ricardo Rabinovich-Berkman