LAS SOCIEDADES AFRICANAS PORTEÑAS COMO UNA FORMA DE DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS[1]

 

Hernán Adrián Gómez[2]

 

Introducción.

 

La palabra negro tiene más de veinte acepciones. Derivaría del latín niger o nigri.[3]  La mayoría de aquellas tienen un sentido negativo. Decir negro puede significar algo clandestino o ilegal, infausto o muy sucio. Pero, sin embargo, sabemos que las palabras vienen cargadas de emociones, de memorias, de ideas y quizás por una combinación personal y arbitraria de las mismas la palabra negro deviene en otros sentidos. Por su musicalidad me suena a batallones de pardos y morenos decidiendo la batalla de Chacabuco, a aquel soldado angoleño que entregó su vida por un promisorio teniente coronel en las orillas del Paraná, a gritos de dolor de hermanos inocentes o, en diminutivo, a un cariñoso llamado de mis mayores.

 

Si bien el crimen de la esclavitud existió desde las civilizaciones más antiguas, teniendo como actores a los derrotados en las guerras, desde el siglo XV la fuente de la misma comenzó a ser la trata de negros o comercialización de los mismos. A partir de entonces y por espacio de cuatro siglos la palabra negro, será asociada a la palabra esclavitud.

 

Incluso se ensayaron justificaciones que hoy consideramos repudiables pero oportunamente fueron sostenidas por Platón o Aristóteles en su Política. A fin de cuentas dichas consideraciones sólo pudieron superarse, sin caer en especulaciones simplistas, cuando se demostró que el costo laboral de un obrero era inferior al de un esclavo. Ello posibilitó que en 1865 Abraham Lincoln propiciara la XIII Enmienda[4] a la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica que, para muchos historiadores, fue una de las causas directas de la guerra de secesión.

 

El presente trabajo no persigue analizar la condición jurídica de la esclavitud, ni el régimen jurídico del esclavo en el Río de La Plata, por ser temas que han sido tratados copiosamente por la doctrina.[5] Asimismo, debemos recordar que el indio tenía una situación privilegiada con respecto al  negro, incluso desde la legislación Real.

 

Nos proponemos trabajar con fuentes primarias, recurriendo a periódicos, documentos escritos en general que incluyen cartas, actos de gobierno y libros administrativos de la época, entre otras, obtenidas del Archivo General de la Nación de la República Argentina, del Tesoro de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, del Archivo General de la Nación de la República Oriental del Uruguay, del Museo Mitre y el Archivo General de Indias en Sevilla o la Sala Americana de la Biblioteca Nacional del Maestro, por citar algunos de los archivos consultados,  y a entrevistas.

 

Naturalmente, también abrevaremos en la doctrina más prestigiosa que ha tratado la materia en general. Esperamos darle una mirada original a este trabajo procurando algunas conclusiones oportunas y ofreciendo documentos inéditos. Hemos optado por respetar la grafía, puntuación y formato original de dichos documentos.

 

En una primera parte analizaremos la población esclava del Virreinato del Río de la Plata a través de censos, documentos del Archivo General de la Nación y otras fuentes primarias. Analizaremos también a la población afroporteña, los negros, zambos, pardos, morenos o mulatos en la independencia, en las guerras civiles, en el Gobierno de Rosas y en la denominada organización constitucional de la República.

 

Con esos antecedentes podremos, en una segunda parte, comenzar el análisis de las sociedades africanas en la Ciudad de Buenos Aires, centrándonos particularmente desde el periodo rosista hasta fines del siglo XIX. Nos proponemos demostrar que desde las mismas se desarrolló una elemental y primaria de defensa de los derechos humanos de aquel grupo social. Por último analizaremos a la prensa afroporteña como instrumento de difusión de aquellas sociedades y su ideario, abocándonos a la ignota actividad del periodista negro Lucas Fernández. Culminaremos el trabajo ofreciendo conclusiones y un Apéndice Documental Inédito.

 

PRIMERA PARTE

 

Antecedentes de los negros en el Río de la Plata durante el comienzo y el desarrollo del Período Hispánico.

 

“Hay en el África Occidental, en las costas del Golfo de Guinea,

Una soberbia raza (…) en sus ojos chispea una inteligencia nada común (…)

A esta raza pertenecían los padres de nuestro héroe”

 

Alegre. Hugo Wast.

 

De acuerdo a las fuentes utilizadas, los historiadores atribuyen diferentes inicios para la esclavitud en el Río de Plata. Para Enrique de Gandía[6] la primera venta pública de esclavos en Buenos Aires se efectuó en el puerto el 20 de enero de 1589. La misma se produjo como consecuencia del encallamiento del barco Santa María a la entrada del puerto. Este navío contenía a los esclavos Vicencio y Macián que fueron adquiridos por un capitán residente en Buenos Aires.

 

Para Studer[7], clásico de la materia, desde 1588 hasta 1597 entraron a Buenos Aires trescientos negros de guinea vía la ruta del Brasil. La autora considera que los primeros negros que, llegaron al Río de la Plata fueron los de la expedición de Diego García en el año 1526, al menos formalmente por no poder desembarcar y conforme lo reglado en la Capitulación respectiva. Sin embargo, destacamos que la mayoría de las Capitulaciones[8] autorizaban el traslado de negros, libres de todo derecho, con fines poblacionales y de servicios. Por ello creemos que otorgarle entidad a un documento, cuyas disposiciones nunca se manifestaron fácticamente, tendrá únicamente un valor estrictamente formal.

 

Particularmente, el documento más antiguo[9] referido a la esclavitud que hemos encontrado en el Archivo General de La Nación y hasta donde pudimos comprobar inédito, data del año 1602 y es un escrito de ocho hojas firmado por el Defensor de la Real Hacienda donde se denuncia el arribo de barcos procedentes de alguna zona del Brasil, con un cargamento de negros. El Defensor Real argumentó que, ante la llegada de las autoridades, el capitán del buque no pudo mostrar el despacho legal que los autorizaba, por lo cual el funcionario solicitó la subasta de aquéllos.

Más allá de las convicciones religiosas del lector, debemos destacar un hecho de enormes connotaciones culturales ocurrido hacia mayo del año 1630 cuando al negro Manuel, de Cabo Verde,  se le reveló la Virgen de Luján por primera vez, denominado por ello como “el primer inmigrante” por la Iglesia Católica.

 

Podemos intentar clasificar los documentos que hemos hallado en los archivos consultados para el estudio de este período en: normas, procesos judiciales, correspondencia y otros, como a continuación se sostiene:

 

a)                                         Normas.

 

Es común encontrar en los Acuerdos del Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, y en los de otras jurisdicciones, las autorizaciones necesarias para permitir la introducción a la ciudad de negros de diferentes naciones, entre ellas las de Guinea[10], como así también la fijación de los denominados derechos de entrada que eran normas de carácter fiscal, de acuerdo a lo que hemos podido comprobar en la foja 302 del Libro de Actas del año 1620 del Cabildo.

 

Las normas, en sentido lato, también se manifestaban a través de Ordenanzas, como por ejemplo la Hordenansa quarenta y nueve del año 1620[11], por la cual debido a la hurxente nesessidad de la ciudad se daba amplísimas facultades (poder y facultad bastantes) a los habilitados para la trata de negros descaminados[12] que se bendan y consuman en estas provincias.

 

Como autoridad en la materia, Tau Anzoátegui[13] sostiene que el “bando del buen gobierno” es un mandamiento de autoridad competente dirigido a todos los vecinos y habitantes de la ciudad y su jurisdicción, que contiene un conjunto articulado de disposiciones sobre diversas materias relativas a la vida local, que se daba a conocer públicamente a toda la población.

 

Con relación a los Bandos de los Gobernadores y Virreyes del Río de la Plata relacionados con la población negra, hemos observado que en el Archivo General de La Nación, Sala X, Sección Colonia, se encuentran aproximadamente veinte Bandos. El primero de ellos firmado el 2 de enero de 1743[14] y el último del 26 de enero de 1807, signado por el Gobernador interino Lucas Muñoz y Cabero que ordenaba el alistamiento de todo hombre entre 16 y 50 años para participar en la defensa de la ciudad. El Bando establecía que los negros y mulatos esclavos que no sean necesarios para el servicio se agruparan en la Plaza Mayor.

 

Pensamos que, como había sucedido en la época de las primeras invasiones inglesas, las autoridades coloniales temían o al menos recelaban dar armas a los negros, por lo cual preferían tenerlos en funciones de servicio o apoyo hasta tanto la circunstancia no acredite la urgencia de su participación.

 

b)                                          Procesos Judiciales.

 

Los negros en el Río de la Plata estaban destinados principalmente al serbisio, pero creemos que desde los primeros años de la ciudad sostenían un comercio de carácter reducido, como el de toda la aldea por otra parte. Como prueba de ello se dictaron sentencias que les prohibían ejercer el comercio, como por ejemplo la transcripta por escribano público a Fojas 341 vuelta del libro de actas del Cabildo con  fecha 17 de agosto de 1620[15]. En dicha Acta podemos leer que los Cabildantes se juntaron a hazer Cabildo en las Cassas Reales  para la justissia y el Regimiento de la Siudad. Ante el impulso del Licenciado Grabiel Sanches de Oxeda, Alcalde Ordinario, conforme a derecho. En la parte dispositiva los Capitulares resolvieron “que ningún esclavo ni esclava cautibo no pueda tener tienda de mantenimientos ni bebidas por los ynconbinientes y daños que pueden resultar. Además de dejar constancia que en esta República (los negros) benden bino y otras cosas.

 

Originalmente los bailes, las mascaradas y particularmente el carnaval fueron objeto de litigios. Claro que los bailes judicializados eran los de los negros. Incluso los bailes de origen andaluz, con su carácter sensual, podían ser aceptados como dentro de las buenas costumbres. Ahora bien, estos bailes con la impronta negra adquirían un carácter pecaminoso, especialmente el bello fandango.

 

Tal es así que el Obispado de la ciudad de Buenos Aires, a través de Monseñor Peralta, según constaba en el archivo de la catedral metropolitana[16] prohibió el fandango bajo pena de excomunión. En el mismo sentido existieron bandos de diferentes Virreyes, como por ejemplo el del Virrey Vertiz de 1770 considerando, además de los pretendidos aspectos morales, “que tales agrupamientos podían dar lugar a excesos nocivos para la tranquilidad pública”

 

De la misma manera sucedía, primariamente, con los tambos o candombes, sujetos de bandos prohibitivos que en la práctica eran muy difícil de efectivizar. Estimamos que aquella falta de eficacia de la norma obedecía a dos razones: En primer lugar a que un derecho contrario a la costumbre –sobre todo cuando se trata de una costumbre como la danza que se encuentra de manera tan arraigada en la población de origen africana-estaba destinada a ser  letra muerta, y en segundo lugar porque se hacían en el bajo o en lugares “extramuros” fuera del alcance de la autoridad que sólo se dirigía hacia allí en partidas. No obstante hemos encontrado procesamientos a negros por este motivo[17].

 

c)                                          Correspondencia y otros.

 

El análisis de la correspondencia, como  por ejemplo la de Mariquita Sánchez de Thompson, podrá darnos una idea de las pautas culturales en las que vivían los negros. Creemos que en Instituciones de las dimensiones de los archivo consultados, resulta imprescindible otorgar un carácter enunciativo a cualquier intento clasificatorio.

 

Los negros en el periodo hispánico tardío y durante el comienzo de la patria.

 

Hemos sostenido que los negros introducidos al virreinato venían a cumplir prestaciones de serbisios. Las mujeres trabajaban principalmente como amas de cría, encargadas de la cocina, la limpieza de las casas o lavanderas. Los hombres realizaban actividades artesanales, una pequeña industria y excepcionalmente tareas rurales. Parte de los historiadores consideran que los obreros de la revolución industrial vinieron a ocupar el rol dejado por la población negra o más bien que la población negra adquirió el carácter de obrera.

 

Utilizaremos a los censos como herramientas para poder intentar darnos una idea de la población negra en el virreinato o, al menos, en la ciudad de Buenos Aires. El Primer “censo” de la ciudad de Buenos Aires se produjo el 8 de octubre de 1602[18] fue anunciado mediante una proclama que establecía que todos los vecinos y moradores de esta ciudad, así amos como criados, el martes primero que viene, 8 de este mes, a las 8 de la mañana, estén y parezcan ante Su Merced, a caballo, puestos a punto de guerra, en la plaza con todas las armas y municiones que tuvieren, para que se haga reseña, so pena de dos pesos para gastos de guerra al que lo contrario hiciere, en que desde luego los da por condenados.”

 

Debemos recordar que Carlos III, hacia 1776 y poco después de la creación del Virreinato del Río de La Plata, influido por sus ministros más progresistas firmó una Real Orden por la cual  instrumentaba censos anuales. A esta etapa se la conoce como pre-estadística porque la recolección de datos tenía por finalidad el cumplimiento de tres objetivos: relevar el estado de las almas o sea la individualización de los fieles por parroquias, tener certeza poblacional para fines impositivos y por último obtener un relevamiento para fines militares. Claro que la información deberá analizarse bajo el prisma de padrones precarios que, no obstante, son una fuente primaria de trascendencia.  El Virrey Vertiz, en el año 1778, cumplió por primera vez aquella Real Orden llevando adelante el primer censo oficial en el Plata, denominado hasta nuestros días en su honor Censo de Vertiz[19]. 

 

El resultado obtenido en aquel censo fue de 186.526 habitantes en todo el virreinato del Río de La Plata, de los cuales 70.241 eran blancos, 41.573 naturales, 68.551 negros y 6.161 mestizos. Dentro de este universo hemos advertido enormes diferencias. Así en la jurisdicción de la actual provincia de Jujuy encontramos a sólo 653 blancos, 11.181 naturales y 1785 negros. En la ciudad y campaña de Santiago del Estero la población de negros (8.312) prácticamente cuadruplica a la de blancos con 2.247. En la ciudad y campaña de Buenos Aires se relevaron 37.130 habitantes, de los cuales 25.451 eran blancos, 2087 naturales, 8.918 negros y 674 mestizos.

 

Creemos que también la literatura a través de la publicación de los llamados relatos de viajes ha aportado cifras al respecto que merecen ser tenidas en cuenta referencialmente. Otra fuente de información será la historia militar, así podremos observar que en la época de las invasiones inglesas existían los denominados batallones de castas, formados por la población negra. Debemos sumar como fuente a la prensa. Así en el periódico El Independiente del 24 de enero de 1815[20] podemos leer que la población afro existente en Buenos Aires en 1810 era de 15.107 personas, un treinta por ciento del total poblacional censado ese año, por disposición de la Junta de Gobierno.

 

Durante las campañas de la independencia fue superada, al menos formalmente, la idea de castas y los batallones pasaron a denominarse de “Regimiento cívico de pardos y morenos libres”, “Batallón de Libertos de la ciudad de Buenos Aires”, “Batallón de pardos y morenos” o la famosa “Brigada de Auxiliares Argentinos” integrada por cuatro batallones. Estas fuerzas han tenido trascendencia en las guerras de la independencia y definiendo batallas claves como la de Chacabuco[21].

 

Otra fuente primaria de importancia para el estudio normativo de esta época son los Índices del Archivo del Departamento General de Policía, a través de sus distintos Libros. Consideramos de importancia para nuestro estudio los libros Primero[22] y Segundo[23], pues en ellos hemos encontrados referencias a normas de valor. En este período la Policía, además de cumplir con las funciones de vigilancia, asumía otras como la de publicitar normas o bien funcionar como oficiales notificadores de la justicia, mediante las llamadas adjuntas.[24]

 

Proponemos la siguiente clasificación material de la normativa policial existente de la época, sea propia o derivada, que también regía la vida de los negros: Reglamentos, Acuerdos, Ordenanzas, Ordenes, Circulares, Revocaciones, Concesiones, Disposiciones, Notas, Oficios, Señalamientos, Relaciones, Mandas, Contestas, Aprobaciones, Adjuntas, Comunicados, Transcripciones y Avisos.

 

Los Reglamentos que analizaremos en el transcurso del trabajo, serán la fuente de mayor entidad normativa para la materia, sin embargo podemos citar a Circulares y Notas de importancia. Por ejemplo la Nota del Director Supremo[25] del 10 de febrero de 1814 ordenando que la Intendencia de Policía expida a los Alcaldes y Tenientes una solicitud para obtener la razón de los esclavos que tuvieran todos los vecinos de sus manzanas, respectivamente, con el objeto que se presenten los antecedentes de aquellos con arreglo al Bando publicado.

 

También encontramos la Circular del 25 de agosto de 1813[26] que se dirigía a los Alcaldes y Tenientes. El objetivo era obtener una relación de los vecinos procurándose la información circunstanciada de los libertos nacidos desde el 31 de enero de 1813, debido a la actividad legislativa de la Asamblea de aquél año.

 

Al estudiar las sesiones de la Asamblea Soberana Constituyente de 1813[27] pudimos observar que en la sesión del dos de febrero de 1813, con la rúbrica del presidente de la misma Carlos Alvear, refrendada por el diputado secretario Hipólito Vieytes, se legisló la libertad de vientres al disponer que: Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblos que con tanto tesón y esfuerzo caminan hacia la libertad, permanezcan por más tiempo en la esclavitud los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de La Plata, sean considerados y tenidos por libres todos los que en dicho territorio hubieran nacido después del 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia.

 

En los años 1821 y 1823 se dictaron Reglamentos de excepcional importancia para nuestra materia de estudio que analizaremos, en detalle, durante el transcurso del trabajo.

 

A pesar de lo reglado en la ley de vientres en 1813 hasta el año 1852 – y hasta 1860 para la Provincia de Buenos Aires- la esclavitud continuó  existiendo. La oferta de compra y venta de esclavos, incluso, era uno de los clasificados más usuales en los periódicos de la época, según hemos podido comprobar.

 

Si bien por un lado las guerras traían una alta mortalidad, incluida la población negra[28], durante la guerra contra el Imperio del Brasil cientos de negros brasileños fueron objeto del derecho de presa y arribaron al Río de La Plata.

 

Durante el gobierno de Rosas los negros pudieron desarrollarse culturalmente en mayor medida, a través de manifestaciones musicales como Candombe, en los tambos o en la calle[29] y también en la literatura, particularmente a través de sencillos poemarios a la Federación.

 

Podemos decir que la población de color (denominación políticamente correcta también en la época) tuvo un trato más amigable con el Gobernador de la Provincia para quien integraron dos batallones: el Batallón Provincial y el Batallón Restaurador.

 

Merece destacarse que Rosas tomó medidas contra la comercialización de esclavos, sancionando leyes al respecto. Un ejemplo de tal legislación fue el Decreto del 26 de septiembre de 1833[30] que, ante la excesiva comercialización de esclavos, mandaba que “si por el excesivo número de esclavos que introduzca un particular, indujese la sospecha de que pueden ser importados con infracción de la ley, el Gefe de Policía ordenará se levante un breve sumario del hecho, y dará cuenta al gobierno para resolver, haciendo, entre tanto, responsable al propietario de la existencia de los negros, y prohibiendo su enagenación”. Además se ordenó el comiso de los esclavos que ingresaron al país ilegalmente, dando el patronato de ellos al denunciante. Según Vélez Sarsfield –cuya obra específica analizaremos en un título del presente trabajo-  a tales fines se  revalidó el Decreto del 3 de septiembre de 1824 y la ley que prohibía la enajenación de esclavos. Ante estas medidas, el agradecimiento de la población negra se expresaba desde la adhesión política al Gobernador hasta el canto y baile de las lavanderas[31]. Incluso fue costumbre de criollos blancos imitar, anónimamente, el lenguaje afroporteño. Así la supuesta carta de la negra Catalina a Pancho Lugares publicada en el Semanario El Gaucho, en 1830[32]:

 

Ya vites en el candombe

Cómo glitan los molenos:

¡Viva nuestlo Padle Losas.

El Gobernadol más Güeno!

 

Claro que nunca faltaron las voces que daban a esta relación un carácter puramente demagógico, como John Lynch[33], el irónico Lowe con su British Packet[34] o Groussac[35] que escribe con el máximo desprecio posible tratando a los bailes de los negros como “chusma enfurecida”, “añejo rencor de la plebe” o “sed de represalias contra el patrón”, sostenidas por el Gobernador que “conocía bien las preocupaciones de la raza porque en el fondo participaba de ella.”

 

Suele ser difícil descubrir la demagogia, quizás por lo tristemente común que resultó siempre, pero resulta clara y llamativa la incomprensión por parte de determinado sector de la sociedad hacia la alegría de los más pobres o desamparados. Incomprensión que continúa en la actualidad.

 

En la banda oriental hacia 1842 se “abolió” la esclavitud, claro que no para darle la libertad al esclavo sino para incorporarlo a las fuerzas armadas menguadas por las guerras. A pie de página referenciamos la Ley Oriental número 242[36]. Advertimos que los soldados negros también han tenido un marcado protagonismo en el sitio y la defensa de Montevideo.[37]

 

Dalmacio Vélez Sarsfield y los negros.

 

Sabemos que la cátedra de Derecho Civil de la Universidad de Buenos Aires, con titularidad de Pedro Somellera, utilizaba su obra “Principios de Derecho Civil” influida decididamente por Benthan.

 

En el año 1833 la comisión reformadora propuso reemplazar dicha bibliografía de estudio por la obra “Instituciones de Derecho Real de España” del Dr. José María Álvarez, quién era titular de la cátedra de Instituciones de Justineano en la Real y Pontificia Universidad de Goatemala. Dicha obra había sido impresa en Madrid en la imprenta de Repullés hacia 1829, en tres tomos.

 

Vélez Sarsfield, como docente de la Academia de Jurisprudencia, utilizó dicha obra y colaboró en la edición de la misma por la imprenta del estado en el año 1834[38]. En esa “colaboración” que se acerca a coautoría, el futuro codificador además de corregir citas y sumar leyes agregó Apéndices inexistentes en la obra original, denominados: “De los Censos”, “De los Juicios, su orden y ritualidades”, “De los diversos derechos de los menores”, “de los mayorazgos”, “de las obligaciones dividuas e individuas”, entre otros, y el que nos interesa a nosotros para el presente trabajo: “Sobre el estado actual de la esclavitud en esta República, y principalmente en Buenos Aires”.

 

Dicha obra fue utilizada por más de treinta años (hasta 1865) en la enseñanza universitaria, hasta que ese año se publica el Proyecto de Código Civil de Vélez Sarsfield. Por lo extraordinario de la obra y su autor, creemos que vale la pena comentar su pensamiento.

 

Álvarez trataba el “Derecho de las Personas”, considerando que hombre y persona, gramaticalmente son sinónimas, pero jurídicamente se diferencian mucho. La palabra hombre es de mayor estensión que la palabra persona; porque toda persona es hombre pero no todo hombre es persona. Hombre es todo aquel que tiene un alma racional una a un cuerpo humano y persona es el hombre considerado con algún estado. En este supuesto el que no tiene estado alguno no es persona. En este supuesto parece que los jurisconsultos han querido seguir á los cómicos. Porque así como para estos no todo hombre que sirve o contribuye a la comedia, es persona, sino solamente aquel que representa á otro hombre, por ejemplo a un Rey, a un viejo, a un lacayo, etc. así  para los jurisconsultos aquel solamente es persona que hace en la República el papel de padre de familia, ó de ciudadano, ó de hombre libre. Es decir que tiene algún estado. Luego el autor comienza a clasificar los estados, el estado de la libertad, el de la ciudad y el de la familia. Para pasar al análisis de los ingenuos, de los libertinos, de aquellos que no pueden dar libertad a los siervos y por que causa, para concluir con la potestad dominica.

 

Evidentemente este análisis no era suficiente para un jurista americano, como Vélez, por eso realizó un apéndice denominado “Sobre el estado actual de la esclavitud en esta República, y principalmente en Buenos Aires”[39].

 

Vélez Sarsfield comienza desarrollando la legislación vigente en la materia, desde la Real Cédula del 7 de agosto de 1788, pasando por las leyes de la Asamblea del año XIII (4 de febrero de 1813 y 21 de enero de 1814), las idas y vueltas sobre la comercialización de esclavos, hasta llegar a su prohibición por normativa dictada por el gobernador Juan Manuel de Rosas.

 

El futuro codificador trae a colación un fallo de la excelentísima Cámara de Buenos Aires, relativo a la posibilidad de que un esclavo pueda comprar su propia libertad, de conformidad a la Real Cédula de 1788, relacionado con el siempre actual problema de la variación de la moneda, o sea de la inflación. Vélez comenta que La Cámara expresaba que si el esclavo que ha de venderse por causas justas, ó trata de libertarse se hallase en algunos de los casos anteriores (venta forzada, libertad de esclavo nacido en casa del vendedor, o habido sin antecedentes de precio determinado), debe desde luego apreciarse por peritos; pero si tiene un precio fijo, sin causa sobreviniente que pueda aumentarle o disminuirle, no es justo reducirle a tasación, ni con el pretesto de libertad, en perjuicio de la propiedad del amo.

 

Vélez también trata sobre los libertos, desde la ley de la Asamblea del año XIII. El problema jurídico planteado eran los fraudes que se generaban pues la madres, naturalmente, procuraban informar que sus hijos habían nacido con posterioridad a la fecha dispuesta para ser libertos. Legalmente, los párrocos y los alcaldes de los respectivos cuarteles debían informar a la policía el listado con los nacidos. Claro que las madres procuraban ocultar los nacimientos producidos con poca antelación. Se daban supuestos de madres esclavas e hijos libertos. En estos casos Vélez analiza que sucedía si se vendía a la esclava. En principio el liberto debía acompañarla, pero en tal carácter.

 

La Sala de Justicia, por Resolución de 14 de abril de 1821 declaró que el comprador que compraba una esclava que llevaba consigo un liberto, podía retenerle si no resultaba del contrato una interpretación en contrario, y que por el mismo título, manumitida la madre, no tenía derecho  para obligar al amo a la entrega del liberto. Ahora bien, el autor se pregunta cuál es la relación jurídica entre los amos de la madre y el liberto y la respuesta es un derecho de patronato diferente al que se reconocía hasta entonces. Las mujeres hasta los dieciséis años y los hombres hasta los veinte debían  permanecer en casa de los amos, excepto matrimonio anterior, sirviendo gratis hasta los catorce y dieciséis años respectivamente y desde entonces ya hasta la edad de cese del patronato el amo debía abonarle un peso mensual.

 

El patronato se acababa por la sevicia del patrono en el liberto, pues justificada esta se le destinaba a una casa más conveniente. Vélez continúa diciendo que la Policía, por ley, debía ser el juez de estas causas, pero hoy (1834) entienden de ellas los jueces ordinarios. También se acababa el patronato si los patronos por pobreza conocida, vicios incorregibles de los libertos o por otros motivos se resistiesen a mantenerlos consigo. En este caso debía darse cuenta a la Policía para darle otro destino.

 

Comenta el autor que la guerra de corso con el Imperio de Brasil fue causa de otro género de patronato de los esclavos tomados en corso. Los armadores de corsarios, que apresaban esclavos o cargamentos de ellos, podían empeñar su servicio por la cantidad de doscientos pesos, cuando más en compensación de los riesgos y gastos de la importación y habilitación de buques. El tiempo del empeño variaba según la edad del esclavo. Por lo tanto, en este caso, los esclavos podían funcionar como garantía a los créditos del armador.

Como los decretos no hablaban de los modos por los cuales estos libertos podían obtener su absoluta libertad, se resolvió que la obtendrían entregando al patrón la cantidad correspondiente al tiempo que aún debían permanecer a su servicio.

 

Los negros durante la organización constitucional del país. El Clima social en la segunda mitad del siglo XIX. La invisibilización de los negros.

 

 

Debemos contextualizar la situación de los negros en la segunda mitad del siglo diecinueve. Ya hemos hablado de la relación de Rosas con los afroargentinos. Luego de la batalla de Caseros y el inicio de la etapa de organización constitucional de la República, una nueva sociedad se proyecta desde el poder.

 

Es conocido que la clase gobernante, los intelectuales y la gran mayoría de los actores de la escena dirigente se inclinan decididamente por un proyecto de país de características pretendidamente europeas. Ahora bien, podemos afirmar que el principal inconveniente para ese proyecto era sencillamente fáctico, pues en el espacio territorial de la actual República Argentina habitaba una población compuesta por diferentes características étnicas.

 

Esta colisión, planteada en tales términos, tenía un solo resultado posible: la invisibilización de los grupos étnicos no deseados como referentes del país. Invisibilización que continúa hasta el día de hoy, aunque, afortunadamente, en mucha menor medida.

 

Creemos que tal característica se produjo por una doble causa: La física pues la inmigración europea fue exponencial, y la moral, al procurarse por todos los medios ocultar a la población afroporteña, lo que se observa en el clima social de la segunda mitad del siglo diecinueve.

 

Trataremos este tema brevemente, sólo para situarnos históricamente, pues ha sido estudiado en profundidad recientemente por Lea Geler[40] o Daniel Schávelzon[41], por citar sólo a algunos autores, teniendo en cuenta en sus estudios a Mitre, Emilio Daireaux, Lanuza, Wilde, José Hernández y su famosa payada con el negro, José Antonio Wilde y otros a quienes remitimos.

 

En esta situación la comunidad negra de argentina y particularmente del Río de la Plata mayoritariamente no tiene lugar, aunque realice esfuerzos no puede incorporarse al modelo social impuesto.  Con una mirada amplia podremos observar que dicha impermeabilidad social no se circunscribe a nuestra región, baste recordar que cuando Alexis De Tocqueville relata su viaje hacia las cercanías de la nación india de los Creeks, observa que el negro quiere confundirse con el europeo y no puede[42].

 

Dentro de los intelectuales encontramos que los principales referentes de la época, en el mejor de los casos, sostienen lo que en la actualidad los antropólogos llaman teoría de la invisibilización, cuando no una franca y desdeñosa discriminación. Podemos con meros fines ilustrativos citar a Vicente Quesada cuando en un artículo ya clásico, del año 1883, hablaba de la raza africana en Buenos Aires como recuerdo de otros tiempos[43]. Es decir que dicha raza habría desaparecido pues no se recuerda lo presente.

 

Por otra parte, José Manuel de Estrada[44] escribía en 1863 que hoy ya casi no hay negros en Buenos Aires y lombrosianamente escribe la cruza de razas, por una parte y el incremento y mejoras graduales de los tipos por lización en el desarrollo de los cráneos por otra, han hecho que se pierda entre nosotros el verdadero tipo de la raza etiópica.

 

Citaremos a Sarmiento, quien en su obra conflicto y armonía de razas en América[45], reconoce que un servicio debe la ciudad de Buenos Aires a los negros, que contribuyeron a su engrandecimiento y afirma (en el año 1883) que quedan pocos hombres de color en Buenos Aires, los cuales ocupan el servicio como cocheros de tono, como porteros de las oficinas públicas y otros empleos lucrativos; pero como raza, como elemento social, no son ya sino un accidente pasajero, habiendo desaparecido del todo de las provincias, y no habiendo podido establecerse fuera de la ciudad. Podemos advertir en esta cita otras de las frases desafortunadas del sanjuanino.

 

Como ejemplo de un pensamiento compacto que se sostenía entre las diferentes ideologías veremos cómo Ingenieros no dudó en afirmar que los negros se habían  extinguido y que los mulatos de zona templada eran cada vez más blancos, para concluir que en Buenos Aires un negro argentino constituye un objeto de curiosidad. Además el citado autor no duda en asimilar a la “raza” con la “clase” tomando en cuenta a la raza negra que constituiría una clase social. Con este clima social, naturalmente, se imponía una resistencia, que se extiende en el tiempo pues incluso personalidades como Estanislao Zeballos[46]en una serie de conferencias brindadas en los Estados Unidos de Norteamérica no dudaba en afirmar que es digna de recordarse la circunstancia favorable de que las razas inferiores, indios y negros, casi se extinguieron durante el primer siglo (de vida de nuestra República).

 

Podemos sostener que como corolario de este clima social, la población negra tampoco fue tomada en cuenta como parámetro estadístico propio dentro de los censos.

 

A pesar del clima social de la segunda mitad del siglo XIX y el intento de invisibilización de los negros la comunidad negra  no había desaparecido en Buenos Aires. Aunque se manipularon los censos y  las ideas predominantes iban en tal sentido, no se podía ocultar la realidad. La población negra estaba presente. Incluso en épocas no precisamente caracterizadas por la transparencia de los comicios se ha demostrado que la población negra de Buenos Aires fue determinante para el triunfo de los postulantes en las elecciones presidenciales de 1868 y sobre todo de 1874[47], como fuera demostrado brillantemente por Geler.

 

Tal vez la resistencia sea la actitud humana más comprensible y loable ante la opresión y el oprobio. La resistencia genera incluso una corriente de simpatía natural hacia el más débil o hacia aquel con quienes compartimos principios. Por ello me coloco, casi instintivamente, al lado de la resistencia francesa o de los partisanos. ¿Por qué no tomar la misma actitud con la resistencia negra?

 

Creemos que esta resistencia ha sido pacífica, excepto casos aislados, a diferencia del anarquismo que no caló profundamente en la comunidad afroporteña y fue una idea llevada a cabo mayoritariamente por inmigrantes europeos.

 

En la segunda parte de este trabajo analizaremos a las Sociedades Africanas como un foco de resistencia o defensa de los derechos humanos y a una seleccionada prensa como instrumento difusor de sus ideales.

 

SEGUNDA  PARTE. LAS SOCIEDADES AFRICANAS EN BUENOS AIRES.

 

Introducción.

 

Luego de la contextualización llegamos al momento del desarrollo del tema central de nuestra investigación que será el análisis de las sociedades africanas para procurar demostrar que actuaron como una forma elemental y primaria de defensa de los derechos humanos, junto a la prensa negra, que sirvió frecuentemente como instrumento de aquéllas. Dentro del concepto de sociedades africanas comprendemos a las sociedades brasileñas, constituidas luego de la guerra del Brasil por los residentes negros en el Río de La Plata.

 

Recordamos que por población afroporteña entendemos al género compuesto indistintamente por los negros, pardos, morenos, zambos o cualquier otra población de color definidos temporo-espacialmente.

 

Como hemos mencionado anteriormente los afroargentinos estaban acostumbrados desde el siglo XVII a reunirse en asociaciones o sociedades que denominaban de acuerdo a su lugar de procedencia, lo que generaba su pertenencia. Por ello es frecuente que encontremos citadas a estas sociedades con el nombre de naciones años más tarde. Por ejemplo la nación Benguela, Mina o Lubolo, entre otras. Ello no implica que excluyentemente deban tener el mismo origen para formar parte de la cofradía, asociación, sociedad o nación.

 

Los primeros documentos coloniales relativos a Asociaciones Africanas, que hemos encontrado, en el Archivo General de La Nación datan del año 1770. La iglesia tenía una función que proponemos denominar tutelar sobre las mismas. Ello porque, al menos hasta la Asamblea de 1813, estas asociaciones tenían, mayoritariamente, una forma social manifestada a través de las cofradías religiosas como la Hermandad del Rosario, Hermandad San Baltasar, San Benito, San Gaspar o la Sociedad San Pedro. Muchas de ellas se convirtieron en sociedades en los años siguientes.

 

Hasta la actualidad, los pocos trabajos que tangencialmente tocan el tema y la única tesis doctoral sobre dichas sociedades[48] hacen hincapié, fundamentalmente, en la función religiosa que podían desarrollar tales agrupaciones, nacidas como Cofradías en el periodo hispánico.

 

Las cofradías nacían y se desarrollaban bajo la protección o advocación de un Santo y en las de blancos no podían profesar negros, sumado a que las cofradías de negros a su vez se diferenciaban entre las de libertos y las de esclavos, discriminándose entre sí mismo.

 

Estas cofradías o hermandades eran habitualmente regidas por un sacerdote de la parroquia de jurisdicción, un “hermano mayor”, negro y elegidos por los cofrades de manera democrática y un síndico que cumplía las funciones de tesorero y que habitualmente era un blanco.

 

Las cofradías solían reunirse una o dos veces por semana y en estas reuniones los miembros también recibían instrucción teológica. Los fines sociales de bien público solían ser el socorro mutuo para los tratamientos de salud, la atención a las viudas y los huérfanos, el sufragio de las misas y de los funerales junto al entierro. Los ingresos solían cubrirse con la cuota que abonaban los cofrades, las limosnas y todo legado o donación y estas sociedades podían adquirir bienes. Es así que con el correr del tiempo comenzaron a adquirir bienes inmuebles en la ciudad de Buenos Aires.[49] Claro que podían adquirir bienes libremente pero no podían venderlos sin el aviso previo –que en la práctica se constituía en una autorización- que los reglamentos normativos obligaban a notificar al poder policial, como por ejemplo surge del artículo sexto[50] del reglamento del 30 de noviembre de 1821 preparado por el Regidor Juez de Policía Joaquín de Achával.

 

Más allá de las diferentes denominaciones que recibieron, jurídicamente podemos afirmar que se trataban de “personas jurídicas”  cercanas a las que actualmente denominaríamos asociaciones sin fines de lucro o fundaciones. Claro que en la época no existía el concepto de persona jurídica como se concibe en la actualidad ni tampoco un registro de las mismas como la actual Inspecciones General de Justicia o los Registros Provinciales. Debemos recordar que el Código de Vélez trae los conceptos registrales y que el derecho registral, como manifestación jurídica se desarrolló hacia 1861, con la Ley Hipotecaria española y en Argentina con la Ley del año 1881.

 

Finalizando las guerras de la independencia, recién después de 1821, los gobiernos se proponen asumir un control legal sobre las mismas, laicizando así la jurisdicción y ejerciendo el Poder de Policía sobre estas instituciones que desde aquí en adelante aparecerán denominadas como sociedades y mayoritariamente como naciones.  Estas instituciones elegían a sus autoridades de manera democrática y las elecciones al cargo de presidente debían ser presididas por un representante del “señor jefe de policía”.

 

En 1821 el gobernador de Martín Rodríguez firmó un decreto que establecía los requisitos para constituir una Sociedad africana. La redacción del mismo fue encargada a entonces Regidor Juez de Policía Joaquín Achaval, quien un mes más tarde, el 28 de diciembre, conforme hemos podido corroborar en el Registro Oficial de la Provincia de Buenos Aires, será designado como el primer jefe de policía propiamente dicho. Ofrecemos dicho Decreto en el Apéndice Documental.

 

El Decreto 1821 fue revisado en el año 1823 por parte del Superior Gobierno de Buenos Aires, representado por su Gobernador Martín Rodríguez y el Ministro Rivadavia.  Con fecha 11 de agosto dictó el llamado “Reglamento para el gobierno de las naciones africanas dado por el superior gobierno”[51],  que acompañamos íntegro en el Apéndice.

 

Este Reglamento nunca fue modificado por el Gobernador Juan Manuel de Rosas, como así tampoco la reforma del clero, excepto en los episodios temporales de la relación entre el estado y la Compañía de Jesús.

 

Fuera de la sociedad. ¿Nada?

 

Sin la asociación no hay nada; nada puede

el hombre aisladamente y entregado a sí mismo.[52]

 

La constitución de sociedades perseguía también un fin de contralor de los negros, cuyos bailes y actividades fuera de tal sociedades continuó siendo castigada por las autoridades. Así por ejemplo lo podemos observar en la pena que con fecha 19 de julio de 1823 impone Rivadavia a negros por hallarse bailando, fuera de un tambo, que transcribimos a continuación.

 

Imposición de Penas[53]

Bernardino Rivadavia

 

Impuesto el Gobierno de lo q.e el Jefe de Policia

Expone en su nota N 1198 con respecto a los negros q.e

Se hallan presos pr  haberseles encontrado bailando, se

ha resuelto se aplique la pena de un mes en los tra-

bajos publicos pra los negros que incidan en la contra-

vencion qe se expone.

Buenos Ayres, Julio 19 de 1823.

Bernardino Rivadavia

 

Lo expuesto basta como ejemplo para sostener que el ejercicio de los derechos humanos, aunque fuesen limitados y básicos se podía garantizar a través de las sociedades.

 

 

La importancia de las sociedades africanas porteñas.

 

Debemos tener en cuenta la cantidad de la población representada en estas sociedades. Para ello podemos considerar la cantidad de sociedades existentes en legal forma. Ya expresamos que en el período hispánico las sociedades africanas se desarrollaban casi excluyentemente a través de las cofradías afroporteñas, aunque existían Cofradías o Hermandades que aceptaban negros, junto a indios o españoles.

 

En estas instituciones se practicaban elecciones anuales y era el único espacio para el desarrollo de la democracia de este sector de la sociedad, aunque el Capellán, principal referente, era designado por el obispado o el cabildo eclesiástico. Entre los cargos electos figuraban los de mayordomo –que era responsable de la rendición de cuentas ante el Obispo-, el Sacristán que se encargaba de auxiliar al Culto, los Diputados que colectaban las limosnas, el Tesorero –que llevaba la contabilidad interna- o el Secretario que labraba y llevaba las actas sociales.

 

La principal obligación del Cófrade era abonar su cuota en concepto de luminaria o de aporte común y como contrapartida tenían derecho a funerales, a la asistencia de viudas y huérfanos o al socorro mutuo en general. Recordemos que los funerales y el entierro tenían una particular dimensión en esta época donde se hablaba cotidianamente de la Buena Muerte con un sentido profundamente teológico y que distamos varias decenas de años de la ley de creación del registro civil.

 

Habitualmente cada Parroquia de la ciudad o cada Templo tenían su Cofradía y algunos negros, pardos o morenos pertenecían a más de una. En la ciudad de Buenos Aires había más de una docena de Cofradías o Hermandades afroporteñas, mientras que sumadas a las del Virreinato, según las investigaciones de Córdoba del Tucumán de Martínez de Sánchez[54]  llegarían a una treintena.

 

Con la conversión mayoritaria de las Cofradías en Sociedades se sumaron documentos históricos relevantes, como por ejemplo los expedientes constitutivos, que archivaba preponderantemente la Policía y que actualmente se encuentran el Archivo General de la Nación. También resulta de importancia lo que, actualmente, llamaríamos solicitada y en la prensa de la primera mitad del siglo XIX se llamaban notas. Con fecha 25 de junio de 1842, apareció una nota en la Gaceta Comercial de Buenos Aires[55], donde se publicitaba que, con fecha 10 de mayo de 1842, los 39 Presidentes de las Sociedades Africanas donaron al gobierno cien pesos corrientes cada uno, a los que se sumaron trescientos pesos de tres socios particulares de la Sociedad Bornó. En él también artículo se detallaban los nombres de estos tres particulares y el monto aportado.[56]

 

La finalidad de la donación era para ayudar al sostenimiento de la guerra contra los salvajes inmundos detestables bestias asquerosos unitarios, (…) totalizando 4.075 pesos corrientes. Tomando como referencia estudios económicos de la época rosista[57] y fines a comparativos podemos concluir que no estamos en presencia de un monto trascendente para la economía del país pero significativo para aquellas sociedades. Basta decir que un quintal de trigo costaba alrededor de cuarenta y cinco pesos y que la finalizar el gobierno de Rosas las importaciones en el año 1851 alcanzaban 10.550.000 pesos y las exportaciones 10.633.525 pesos.

 

La enorme utilidad de aquella Nota que aparecía en la prensa está dada porque enumera a las sociedades africanas –al menos- vigentes en 1842, junto al nombre de sus presidentes. Ellas son las treinta y nueve siguientes, que con las tres repetidas dan un número de treinta y seis:

Auza

Congo

Camunda

Ganguelá

Mujumbí

Quizama

Angola

Brasileiro

Quipara

Mina Nagó

Sabalú

Mozambique

Mozambique

Banguela

Argentino

Luumbí

Basundí

Sociedades Africanas

Buenos Aires. 1842.

Venbuero

Lucango

Muchague

Mucherengue

Umbala

Umbonia

Longo

Marabia

Casanche

Congo

Huombe

Lubono

Muyambe

Bornó

Moros

Main

Caravallid

Santé

Muñandá

Eñambani

Mondongo

Machinga

 

Ahora bien, del análisis documental que hemos realizado en el Archivo General de La Nación[58], la Biblioteca Nacional, la doctrina (por ejemplo Goldberg, Cáceres o Yao) y la prensa pudimos relevar y completar los nombres de las sociedades afroporteñas en la segunda mitad del siglo XIX. Ellas suman más de sesenta, con lo cual podemos proyectar  la cantidad de población que estaba comprometida con las mismas y que sumaban varios miles de personas. Podemos calcular y estimar, en base a un estudio realizado por Rosal[59] sobre los protocolos notariales relativos a los negros y pardos que otorgaron testamento durante los siglos XVIII y XIX (una escasísima parte de la población afroporteña general) que al menos un 34% de dicha población declaraba pertenecer a alguna de estas sociedades.

 

Por otra parte podemos observar que la cantidad de miembros de las sociedades a través del estudio de las actas constitutivas y firmantes de actas de asambleas. Así hemos relevado que

solamente para la Sociedad de La Unión de Morenos Brasileños[60] existían 134 miembros fundadores o 37 para la Sociedad Abaya[61] creciendo considerablemente su número una vez constituidas las mismas.

 

Por orden alfabético serán las siguientes.: Abaya, Amuera, Argentina Federal, Asante, Bagungane, Banguela, Borno, Basundi, Bayombé, Brasilera, Brasilera Bahiana, Cambunda, Calumbo, Carbarí, Casanche, Congo, Congo Augunga, Erico Briola, Fraternal, Gangela, Juvencia, Humbama, Huombe, La Fraternal, La Protectora, Loango, Lucango, Lubolos, Lumbana, Luumbi, Macuaca, Main, Macinga, Maravi, Mina, Mina Nago, Mondongo, Mongolo, Monyola, Muñambani, Morenos Criollos Nuestra Señora de Lujan, Morenos Brasileiros, Moros, Mozambique, Muchague, Mucherenge, Mucoba, Mucumbi, Mue Vesunele, Muñanda, Muncholo, Musundi, Protectora Brasilera, Quipara, Hermandad del Rosario, las Hermandades-conforma societaria y no sólo de Cofradías- de San Baltasar, San Benito, San Gaspar, Sociedad Sabalu[62] Sociedad San Pedro, Sociedad Negros Mumbones, Tacua, Umbala, Umbonia, Uida, Zeda y Zongo.

 

Habitualmente se expresó, como crítica al Gobierno de Rosas, que recién con posterioridad al año 1852 comenzaron a existir reglamentos, en el sentido de estatutos, para estas sociedades. Estamos en condiciones de afirmar que eso no es cierto. Al menos hemos encontrado diez expedientes que se han iniciado durante el gobierno de Rosas. Baste como ejemplo el de la Nación Loango iniciado en el año 1846[63].

 

Las sociedades adquirieron tal trascendencia que incluso al menos dos de sus estatutos también han sido publicados, como el Reglamento de la Sociedad Los Africanos[64] y el Reglamento de la Sociedad  Negros Mumbones. Fundada el 9 de enero de 1876.

 

 

El Régimen Jurídico de las Sociedades Africanas.

 

Originalmente, como hemos visto, la Iglesia tutelaba mediante el derecho canónico a las Cofradías que pasaban a ser una Asociación Privada de Fieles. Podemos decir que durante un tiempo histórico, hasta la sanción de la constitución de 1853 se utilizaba el mismo término -Reglamento- para definir la norma externa que regía a las sociedades y su estatuto o “contrato” social, con las limitaciones y el marco impuesto por el estado.

 

La norma externa fundamental fue el Reglamento de 1821 y su posterior reforma por el Reglamento de 1823, que ya hemos referenciado. Dichos Reglamentos nunca fueron modificados por el Gobernador Brigadier General Juan Manuel de Rosas.

 

Con posterioridad a la sanción de la constitución de 1853 y su reforma de 1860 impuesta por la Provincia de Buenos Aires y de una buena vez aplicada en todo el territorio de la Nación, los Reglamentos Generales de 1821 y 1823 devendrían claramente en inconstitucionales por violar varias garantías de la Carta Magna, particularmente el principio de igualdad. Por lo expuesto destacamos que creemos que la esclavitud, como tal, recién se abolió en la Provincia de Buenos Aires hacia 1860.

 

             Normativa canónica

Normativa Aplicable

 

             Reglamento  Generales de 1821 y 1823.

 

                               Reglamentos Societarios Particulares o Estatutos

 

 

 

Reiteramos que las cofradías religiosas eran consideradas técnicamente como una asociación privada de fieles o laicos. Las mismas no tenían fines de lucro y en general admitían el ingreso de hermanos cófrades indios o señores españoles.

 

Quizás la cofradía o hermandad más importante o presente fue la de San Baltasar, que estaba integrada por miembros de diferentes naciones, y liderada en su fundación  por un negro libre llamado Ventura Patrón. En su Reglamento observamos que el principal objeto social es el ejercicio de acciones piadosas.[65]

 

Creemos que los Reglamentos Generales de 1821 y 1823 pueden considerarse como una legislación marco, que no excluía la posibilidad de estatutos particulares.

 

Con Buenos Aires dándole la espalda a las guerras de la independencia, que continuaban en el norte y en Perú, en la ciudad existían una gran cantidad de lisiados morenos, que se reunían con sus pares y ocasionaban preocupación en las autoridades. Ante esta situación e interviniendo en los dos reglamentos reaccionó Rivadavia, paradójicamente denominado el mulato, por el color de su piel. Claro que Rivadavia nunca aceptó tal mote, dicho por sus enemigos para fastidiarlo. Vemos en esta escena un claro rechazo a su propia naturaleza y la manifestación de una actitud de discriminación propia de la época.

 

El Reglamento General de 1821, denominado “Reglamento que debe observarse en la Sociedad de Morenos de la Nación Conga establecida en el Cuartel N  15 para la administración de las limosnas qe coleccionen en los Bayles de Tambo que hacen domingos y dias festivos.” Surgió a impulso de los Congos pero se aplicó durante dos años a todas las sociedades africanas, con carácter general.

 

Como característica general se observa la inspección inmediata de la Policía sobre las mismas. Se establecían pautas de contralor financiero sobre las mismas al fijar en su artículo cuarto y quinto que:

 

 

“Inmediatamente formaran un quaderno donde

asienten las limosnas que coleccionen en cada

Bayle, y su aplicación.”

 

“El día último de cada mes pasaran al Alce

De Barrio una rason de las entradas e

Inversiones, quien la dirigira a la Policia

Para su conocimiento.”

 

Asimismo se les restaba la posibilidad de actos de disposición, por lo cual la autonomía social tenía un carácter relativo. El artículo  sexto de dicho Reglamento establece que:

 

(No[66] se) podrán enajenar los bienes muebles

ó raices de la Sociedad sin previo aviso

de la Policía.

 

El Reglamento General de 1823, llamado “Reglamento dado por el Superior Gobierno a las Naciones Africanas en el año 1823” reemplazó al Reglamento del año 1821 y fue sancionado con un carácter general, para inteligencia de todos los individuos de las Sociedades.

 

Dicha norma persigue la regularización de las sociedades llevadas adelante hasta su sanción, desde una perspectiva censal. Así en el artículo primero leemos:

 

La sociedad se compondrá de todos los individuos que al presente consten de su Padrón y de los que en adelante se incorporen con las formalidades que se prescribirán en este Reglamento.

Por otra parte, el Reglamento trata sobre el objeto social que presentan estas sociedades, dentro del cual destacamos la promoción de la educación al fijar que debían Cuidar de la educación primaria, e industriosa de todos los jóvenes incorporados a ella. También destacamos una función de asistencia cambiaria, para que un esclavo pueda comprar su libertad, en el inciso primero del artículo segundo

Libertar con sus fondos a todos aquellos Socios que se hagan dignos de ello por su moral y su industria los cuales quedaran obligados a reembolsar la cantidad de su rescate con el módico interés del cinco por ciento anual en la forma que se estipule.

Es de destacarse una función tutelar, que creemos derivada de las cofradías o hermandades y que podríamos denominar como la aplicación de una función de moral heterónoma en el sentido kantiano, al establecer en el inciso cuarto que:

Cuidar que cada Socio tenga una conducta moral y productiva.

El Reglamento también regula la administración social a través de las competencias y obligaciones que tendrían sus integrantes, particularmente el presidente, Secretario o Consejo.

En pos de intentar una lectura más placentera analizaremos a Los Reglamentos Societarios Particulares al tratar los diferentes derechos humanos básicos defendidos desde las sociedades africanas.

 

 

 

 

La defensa de derechos humanos básicos desde las sociedades africanas.

 

Hoy contamos con la  Declaración Universal de los Derechos Humanos, el compendio de los tratados internacionales relativos a la materia y la reciente reforma constitucional argentina de 1994, con su artículo 72, inciso 22 donde se establece que La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; la Declaración Universal de Derechos Humanos; la Convención Americana sobre Derechos Humanos; el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y su Protocolo Facultativo; la Convención sobre la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención sobre los Derechos del Niño; en las condiciones de su vigencia, tienen jerarquía constitucional, no derogan artículo alguno de la primera parte de esta Constitución y deben entenderse complementarios de los derechos y garantías por ella reconocidos.

Con anterioridad a este reconocimiento y aún vigente la esclavitud o determinado ambiente social que una vez abolida continuaba legitimándola en el fondo, existieron las sociedades africanas que procuraban, en la medida de lo posible, hacer más llevadera y justa la vida de un sector determinante de la población. Ello mediante la defensa de derechos humanos elementales que si bien, naturalmente, no estaban concebidos como en la actualidad, representaban el mismo espíritu de protección de la dignidad humana.

Destacamos que estas asociaciones no tenían un fin segregacionista, pues rezumaban argentinidad, sino que estaban constituidas como una forma de resistencia que les permitía mejorar la calidad de vida de sus integrantes y no como una simple mutual.

 

 

El derecho a asociarse.

 

Este derecho humano es el primero que podemos descubrir  ante la constitución de las sociedades africanas. Independientemente de cuál hubiera sido la finalidad del gobierno para autorizarlas.

 

Resulta claro, incluso desde un análisis superficial, que al situar a estas sociedades en el ámbito de la jurisdicción policial y previamente en el ámbito tutelar de la iglesia, se buscaba un contralor sobre quienes las  integraban.

 

Incluso se han atribuido características de la sociedad conyugal de la época, como la indisolubilidad para fortalecer la afectio societatis de estas instituciones. Así por ejemplo, en el Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros[67], en su título primero, donde leemos:

 

Condiciones de la admision ò de la esclusion

Art. 1º. La sociedad es indisolubre entre los miembros,

es decir que ningún socio podrá pedir la disolución ni

la repartición de sus fondos.

 

La misma sociedad se inclina estatutariamente por socorrer a personas mayores, según los parámetros estadísticos de la época. La edad mínima para formar parte de la sociedad, según su artículo tercero, será de quien à cincuenta años, en una política extraña pues se excluía al sector poblacional activo que podía aportar capital para cumplir el socorro, de acuerdo al principio de solidaridad o equilibrio que aún hoy se impone desde la mirada previsional.

 

Esta sociedad tenía un costo de asociación accesible a sus miembros, que era de treinta pesos para la inscripción y de diez pesos mensuales para mantener tal carácter. Como referencia pensemos que cada foja de papel sellado costaba tres pesos en la misma época del año 1854.

 

El derecho a la salud.

 

Muchas de estas sociedades prestaban socorro económico y sanitario en caso de enfermedad. En tales supuestos, además, los socios solían estar dispensados de abonar su cuota social, como lo prevé el artículo quinto del Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros[68]

 

El artículo decimo tercero del Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros establecía que:

Para recibir socorro de la sociedad será menester estar

imposibilitado de trabajar por enfermedad. Los que se hallasen

en dicho caso recibirán diez pesos por día mientras dure

la enfermedad. Si la enfermedad fuera reconocible incurable

sera sometido a la consideración del

Consejo en Asamblea General para tomar las medidas que

Convengan.

 

En el artículo décimo cuarto, del citado Reglamento, se establece que: El socio enfermo informará al Presidente de su estado y en caso de dudas este podrá pedir opinión de otro médico. En el caso que no existiese dudas de la declaración de enfermedad el presidente de la sociedad debía nombrar a dos veladores, por turnos, para asistir al enfermo cada noche, entre los socios. De esta manera se aseguraba un servicio de enfermería y asistencia. El socio que no concurriera ni se hiciera representar por otro estaba sujeto a una multa diaria en calidad de astreintes[69].

 

Resulta curioso ver como había enfermedades excluidas de la asistencia social, de acuerdo al origen de las mismas. Así se expresa que:

 

No tendran derecho à socorro alguno las enfermedades emanadas

del libertinaje. Las que fueran ocasionadas por duelo ò

riña serán sometidas al recto juicio del consejo que inpo-

niéndose de la causa, actuará, concediéndolo o no el socorro solicitado[70]

 

El cuidado y la atención de la salud del enfermo, por parte de la sociedad,  se prestaba sin retribución alguna por parte del asociado.

 

Para el caso de la muerte en la primera época, las cofradías cumplían un rol principal. Con el Reglamento del año 1923 también, al  disponer en su artículo veintitrés que El Presidente hará que se entierren los Socios que mueran librando la Cantidad de seis pesos siempre que sean pobres de solemnidad.

Desde la etapa reglamentaria particular que se impone al final del gobierno rosista vemos que los socios acompañaban el momento de la muerte estando junto a los deudos y que cada asistente colaboraba económicamente para poder solventar los gastos del funeral y asistir a la viuda y sus deudos. Dicha asistencia estaba tasada y era una suma de diez pesos[71]. En las actas de la sociedad podemos leer que asistieron a los funerales dos tandas de cuarenta socios, lo cual sumaba ochocientos pesos, una cantidad considerable para una época en la cual no existían jubilaciones, pensiones ni otras formas de previsión social como en la actualidad conocemos.

 

El derecho a la nacionalidad.

 

Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948 se contempló en su artículo quince que toda persona tiene derecho a una nacionalidad. Recién al final de  la época en que se centra nuestra investigación podemos hablar de la formación de una nación argentina, en la cual se invisibilizaba a los negros. Demás está decir que durante el período hispánico los negros esclavizados no podían considerarse parte de la nación americana. Su nación era la nación conga, mina o aquella a la cual culturalmente pertenecían o al menos tenían puntos en común.

 

Si bien desde las guerras de la independencia un negro que participaba en la batallas podía sentirse parte de una joven nación americana, al persistir la esclavitud en la región es comprensible la sensación de continuar perteneciendo culturalmente a las naciones de sus mayores.

 

Hemos comprobado que no era imprescindible ser congo, para integrar la sociedad africana de los congos, pero sin duda un negro proveniente de mumbona se sentiría más integrado a aquella nación que a una nación española o americana que los sojuzgaba y despreciaba.

 

El derecho a la propiedad.

 

Sin entrar en la facultad para disponer bienes de los negros, que ya fuera estudiado en la doctrina, y en la aceptada facultad de testar, debemos tener en cuenta que más importante que el derecho en su nominalidad es el ejercicio del derecho.

 

Lo primero que podía querer comprar un negro, en el Buenos Aires de aquella época, era su propia libertad y así poder transformarse en liberto. Para cumplir dicho objetivo era sustancial el apoyo de las sociedades africanas que, como hemos mencionado también cumplían una función de banca social prestando dinero a bajo interés para reembolsar - la cantidad de su rescate con el módico interés del cinco por ciento anual en la forma que se estipule - para que sus miembros - que se hagan dignos de ello por su moral y su industria - puedan comprar su libertad.

Lo cierto es que un negro liberto en el Buenos Aires del siglo XVIII o XIX fácticamente se veía mayoritariamente imposibilitado de ejercer su derecho de propiedad, más allá que sobre sencillos bienes muebles, como útiles de cocina o muebles.  Pensemos que, por ejemplo, un lote en la ciudad de Buenos Aires fue comprado por la sociedad marabí en quinientos pesos  el 30 de junio del año 1830,[72]suma que excedía la posibilidad de ahorro de un afroporteño medio.

 

La adquisición de bienes inmuebles, de manera particular, por un negro de la época era un acontecimiento excepcional.[73] Sin embargo, a través de las sociedades, aquel grupo social podía contar con sedes inmuebles adquiridas que sumaban otros fines, como vivienda en caso de desamparo extremo- además de constituirse en sedes sociales.

 

Sumando a nuestro análisis documental el estudio de Rosal[74], observamos que las sociedades habrían adquirido al menos sesenta y dos inmuebles. Algunas sociedades como la Moro, detentaba la propiedad de cuatro bienes raíces en la ciudad de Buenos Aires o la sociedad Mina con tres propiedades. Una de ellas se utilizaba como sede y las otras para fines de socorro.

 

El derecho a elegir a sus autoridades.

 

Podemos decir que hasta las elecciones de 1868, limitada o fraudulentamente, no existía para los negros la posibilidad de participar en instancias democráticas y que el único ejercicio eleccionario que llevaban a cabo y donde podían manifestar libremente su voluntad, bajo el control y la aprobación policial, era en la votación para cargos electivos de las sociedades, desde el Presidente o Xefe, pasando por el Síndico Colector o bien el Definidor, entre otros cargos.

 

El reglamento dado por el superior gobierno a las naciones africanas en el año 1823 traía varios artículos relativos a las sociedades. Así su artículo octavo expresaba que La Sociedad será gobernada por un Caporal ó Presidente, un secretario y un consejo de seis vocales. El próximo artículo sostenía que Los individuos que desempeñen estos empleos serán nombrados por la Sociedad á pluralidad de votos y los nombramientos no podrán recaer sino en personas libres mayores de edad y que estén alistados en el Padrón. La elección debía tener la aprobación policial, por ello el artículo diez expresa que Esta Elección será presidida por un delegado del Señor Jefe de Policía cuya aprobación necesita para tener efecto y recién luego de la aprobación las autoridades electas podían entrar a ejercer sus funciones o cesar en ellas si hubiera causales.

 

Como ejemplo ofrecemos el auto policial que aprueba y ordena nombrar al presidente de la sociedad africana Lubolos[75]

 

Mayo 28 de 1855

Apruebase la elección del moreno

Luis Carballo para Presidente de la

Sociedad Africana “Lubolos” y al

efecto pasa al Comisario de la

Sección 6º para que lo haga reco

nocer como tal y le expida el

correspondiente nombramiento.

Caxon.

 

Esta manifestación democrática, restringida a las sociedades y con la “vigilancia” policial, iba acompañada de un fuerte compromiso con la observancia de la asistencia a las asambleas y reuniones de las sociedades impuestas desde sus estatutos[76], con sanciones para quienes las incumplieran, pues culturalmente los miembros no estaban acostumbrados a manifestaciones de este tipo.

 

Otra característica de estas votaciones es que los sufragios no eran secretos, con la obvia mengua de calidad institucional que ello significa. Como ejemplo podemos citar el Acta de la Sociedad Africana Bagungane[77] que refleja lo antedicho:

 

En Buenos Ayres á 25 de junio de 1854

reunidos los morenos que componen la Sociedad

Africana Bagungane, en la sala de la Socie

Dad, se procedio á la eleccion de Presiden

te para la espresada sociedad en la forma

siguiente:

Teodoro Rivero voto por Bártolo Cardozo

Juan VerdoLasera voto por Teodoro Rivero

Geronimo Blanco voto por Teodoro Rivero (…)

 

Ejemplos idénticos lo tendremos en el acta eleccionaria de la Sociedad Africana Carbarí[78] Otra instancia sería preguntarnos si las listas de candidatos a ser electos se constituían libremente o bajo la influencia de los grupos de poder, pero esa es una pregunta que nos podríamos seguir haciendo hasta el día de la fecha incluso en las democracias modernas.

 

Autores ya referenciados, como Geler, han estudiado y probado la importancia electoral que ha tenido el voto negro para definir las elecciones presidenciales del año 1874.

 

Los derechos sociales femeninos.

 

En plena confederación Argentina, con el bloqueo de las fuerzas anglo francesas y la población de hombres movilizada, encontramos en las actas de las sociedades africanas que las mujeres comenzaban a ocupar cargos sociales y eran perfectamente aceptadas y ratificadas por la policía.

 

Creemos que esta es una de las primeras manifestaciones donde las mujeres morenas o no, comenzaron a ejercer sus derechos, a más no ser en un ámbito social restringido. Lamentablemente este camino iniciado por las negras porteñas quedara postergado por muchas décadas con el proceso de invisibilización del último cuarto del siglo XIX.

 

Como ejemplo citaremos el acta[79] de sociedad africana Mongolo, con fecha 20 de julio de 1847, donde se deja constancia que conducen la sociedad las siguientes mujeres:

 

Muges:

María Medina

Placida (ilegible)

Pancha Palacios

Concepción Sapiola

(…) y trece mujeres más.

 

En estas actas descubrimos dos cruces. La cruz de la muerte y la cruz del analfabetismo. Corre un escozor al ver en las actas cruces al lado del nombre y apellido de los socios muertos presuntamente en acciones de guerra que, como el crimen que señalaba Alberdi en su gran obra, se lleva estúpidamente vidas humanas. Vidas humanas entregadas pretendidamente en holocausto a la segunda madre, la Nación, como escriben sus esposas.

No sentimos menos dolor al comprobar que la mayoría de las mujeres firmaban con otra cruz por no saber firmar como se aclara en las actas.

 

De esta manera, las mujeres morenas se encargan del socorro y la defensa de elementales derechos para sus naciones.

 

Podemos preguntarnos ¿qué sucedió a la vuelta de los hombres de las guerras, luego de la caída de Rosas? Lo de siempre. Nos comportamos ingratamente y pretendimos desplazarlas de la conducción de las sociedades agradeciéndoles las tareas prestadas, como podemos apreciar en un sinnúmero de actas. Afortunadamente muchas mujeres resistieron este destrato o no pudiéndolo impedir formaron nuevas sociedades.

 

Un ejemplo de honrosa resistencia femenina la encontramos en una apelación donde se demandaba la restitución a sus cargos sociales de las mujeres, desplazadas por parte de los hombres recién vueltos de la guerra. Dicha acción[80] fue presentada ante el Comisario de su Sección quién confirmó a las mujeres en sus cargos, donde ordenó restituirlas por considerarlas, sencillamente y con justicia, Salvadoras de la Nación.

 

El derecho a peticionar.

 

Es cierto que existía libertad para reclamar a las autoridades, incluso por parte de un esclavo, pero también lo es que a través de las Sociedades, sus miembros podían peticionar con mucha mayor eficacia.

 

Un ejemplo lo encontramos en la Sociedad Africana Argentina Federal[81] reclamando a las autoridades desde luminarias hasta otro tipo de autorizaciones. No necesariamente debemos pensar en las actuales figuras procesales de la acción colectiva o semejante, sino en la defensa de intereses comunes a través de la asociación.

 

El derecho al trabajo.

 

Desde el Reglamento de 1923, en el inciso tercero de su segundo artículo, donde se expresaba que uno de los objetos de las sociedades africanas era Auxiliar la industria de los Socios dándoles instrumentos para trabajar, con calidad de retribuir su importe con las condiciones que cada caso exija, hasta el fomento de la industria y los enseres laborales en los reglamentos privados siempre se procuró que los socios de las naciones no estuviesen desempleados.

Esta preocupación surgía de la propia dignidad de sus miembros y de la policía que no miraba con buenos ojos a los vagos como denominaban habitualmente a los desempleados, sin importar cual fuese la causa de su desempleo. La más frecuente eran que los lisiados de las guerras, lógicamente, no pudieran trabajar y aunque lo intentasen era prácticamente imposible conseguir trabajo sin el socorro de estas sociedades. Así les pagaba la Patria su vano sacrificio en las guerras civiles.

En la segunda mitad del siglo XIX con la llegada de la inmigración europea la oferta laboral para la población morena se modificó sustancialmente. La morenada fue desplazada de varios sectores como por el ejemplo el de la construcción calificada y si tomamos en cuenta los avisos clasificados de la época en la prensa afroporteña observaremos que las sociedades africanas cumplían también un rol similar a las actuales agencias o bolsas de trabajo. Mayoritariamente se ofrecía trabajo doméstico para las mujeres y tareas del artesanado o empleos públicos para los hombres. Es frecuente encontrar dibujos y fotografías en la prensa donde los negros aparecen como porteros en reparticiones públicas o policías.

 

A fines del siglo XIX la población africana se había convertido en parte de la clase proletaria y desde la prensa los afroporteños pasan a autodenominarse obreros. Recordemos que además de los periódicos pioneros de Lucas Fernández, que veremos más adelante, la prensa negra comienza a levantar las banderas de una incipiente clase obrera a través de periódicos como La Broma, Órgano de la Clase Obrera o El Obrero. Debemos tener en cuenta que, dentro del contexto internacional, en Londres hacia 1864 se llevó adelante la primera internacional socialista.

 

El derecho a la educación.

 

El reglamento dado por el superior gobierno a las naciones africanas en el año 1823 expresaba, en su artículo segundo, que uno de sus objetos debía ser Cuidar de la educación primaria, e industriosa de todos los jóvenes incorporados a ella.

 

Si bien una de las causales de sevicia del patrón hacia los libertos y la consiguiente pérdida del patronato era mirar con abandono su educación de conformidad al artículo 22 del Decreto del 28 de mayo de 1827, citado por Vélez[82], está claro que el concepto de educación no se refería a los establecimientos educativos.

 

Es cierto que no hemos encontrado restricciones formales al ingreso de los morenos, ni  en la Universidad de Buenos Aires o en la de Córdoba, pero también podemos sostener que el primer caso de relevancia que publicó la prensa negra porteña[83] como bandera de ascenso social es el de Tomas Platero, el primer escribano afroporteño y además presidente de la Sociedad La Protectora, que rindió su examen final ante los jueces de la Corte, recién en las últimas décadas del siglo XIX.

 

Geler[84] estudió un caso de supuesta discriminación a niños de color en un colegio, que conmocionó a Buenos Aires en el año 1855. El tema también  es tratado por García Jordán[85] y ambas autoras referencian al periódico La Crónica del año 1855 que siguió el caso y al que hemos podido analizar microfilmado[86] en su artículo titulado “igualdad en la educación” del 15 de julio de 1855.

 

Por ser un caso ya estudiado en profundidad por las autoras referenciadas sólo diremos que, al menos formalmente y ante la denuncia de sociedades africanas, el fiscal consideró que debía prohibirse la costumbre de dar clases separadas a los niños de color o sea segregarlos. La causa terminó archivándose por no haberse podido demostrar que tal separación obedecía a una discriminación sino a que los niños de color trabajaban y no podían coincidir plenamente en los horarios con los niños blancos, por lo cual no era una división sistemática. La opinión del fiscal fue compartida por el acusado –Sr. Larguía- y por el rector de la Universidad de Buenos Aires.

 

Hacia el año 1878 se comenzó a tratar la idea de habilitar un colegio particular para niños de color exclusivamente. La prensa negra trato el tema durante varios años y se llegaron a leer artículos muy interesantes relativos a la inconveniencia de autosegregarse. Por tratarse de un tema que ha sido estudiado en profundidad también por la doctrina a ella remitimos.[87]

 

El derecho a la recreación.

 

Hemos visto la pena que impuso Rivadavia a negros por hallarse bailando, fuera de un tambo. Otro ejemplo lo encontramos en la norma policial de Buenos Aires, del 17 de abril de 1833, que imponía la condena de veinticinco azotes a todo negro que se encuentre jugando en la calle. Por lo expuesto, estas cofradías y sociedades era el ámbito donde la población negra podía recrearse, sostener y desarrollar su cultura de raíces africanas.

 

La misma se manifestaba a través de bailes, tertulias, candombes, rifas y procesiones. El ámbito para tal recreación sin duda se daba dentro de los locales de las sociedades africanas o bien en espacios públicos pero organizados por dichas instituciones, como por ejemplo los bailes de carnaval. Existe una enorme cantidad de avisos en la prensa afroporteña anunciando bailes que organizaban estas sociedades y se convertían en fuente de financiación.

 

Claro que cada tanto partidas policiales sorprendían a morenos danzando o cantando sin autorización y se originaban actuaciones policiales. Recordemos que para los morenos, según los estudios de la materia, el baile adquiría un carácter ritual y de comunión.

 

Las sociedades africanas en América Latina.

 

Si bien no podemos considerar a las sociedades africanas como un fenómeno rioplatense, podemos afirmar que en el río de la plata se han manifestado con un carácter particular. Primero porque se desarrollaron como una forma de defensa primaria de los derechos humanos de la población negra. Dicha defensa se inició, tímidamente, en el período hispánico y fue acentuándose durante los gobiernos patrios y con la llegada de la organización constitucional del país. En segundo lugar, porque se manifestaron  como una resistencia o reacción pacífica a la invisibilización impuesta desde el poder.

 

Si tomásemos como comparación a Cuba, merced al reciente trabajo de la Espinosa Valdez[88], observaremos que las sociedades de negros, también llamadas Cabildos, no perseguían más fines que los equivalentes en la época de las cofradías rioplatenses. Entre ellos organizar bailes o ayudar a algún enfermo. Recién el primero de agosto de 1883 en la región Cubana de Cárdenas, se fundó la sociedad africana de socorro mutuo denominada  de Las Cinco Naciones. Los objetivos estatutarios eran utilizar el escaso tiempo libre –para no afectar el tiempo laboral- para actividades recreativas, reuniones familiares, juegos o baile. Recién desde fines del siglo diecinueve encontramos, entre los objetivos estatutarios de estas sociedades, impartir clases particulares de instrucción.

 

Debemos destacar que, en el caso de Cuba, estas sociedades  no de desarrollaron como foco de resistencia social a la invisibilización, como se impusieron en el río de la plata, en la segunda mitad del siglo XIX.

 

La Prensa negra y la difusión de las ideas sociales.

 

En la segunda mitad del siglo diecinueve, en el Río de La Plata, existieron más de veinte periódicos llevados adelante por  la comunidad negra del país como por ejemplo El Demócrata Negro o La Raza Africana y El Proletario de 1858, La raza -nueva generación- del año 1860, La Igualdad con dos épocas en 1864 y 1873 hasta 1874. También encontramos a La Crónica, El Artesano, El Candombero o El Porvenir de 1873.

En 1876 se publican El Aspirante, La Aurora del Plata, al quincenal periódico La Broma, a La Idea, La Juventud, El Látigo, La Perla, La Protectora, El Demócrata, El Unionista, o el El Látigo, La Broma y La Protectora. También encontramos a El Negro Timoteo, El Obrero, La Razón y La Verdad. La mayoría de estos periódicos tuvieron muy pocas ediciones y el que más ha durado en el tiempo, extendiéndose hasta el centenario, fue La Protectora.

A muchos de ellos hemos accedido materialmente o a través de microfilms, como por ejemplo a La Perla y El Aspirante o El Negro Timoteo, La Broma[89], la igualdad o la juventud[90], entre otros.

 

Creemos que al existir excelentes trabajos publicados o inéditos en los últimos diez años que han instalado el tema de la prensa afroamericana, como por ejemplo las obras de Platero[91], Cirio[92] o Yao[93], que recomendamos, este trabajo perdería originalidad si lo tratase en general.

 

Sin embargo, en el proceso de la presente investigación hemos encontrado un personaje que sólo ha sido tratado de manera meramente  referencial y no ha sido objeto del análisis de la prensa afroporteña. Dicho personaje es el periodista y editor negro Lucas Fernández.

 

Creemos que este periodista de muy escasas referencias,  representa el inicio  de una prensa afroporteña desde la perspectiva de las sociedades africanas, por cuya defensa luchaba. El analfabetismo entre el población negra era de los más elevados, por lo cual había pocos negros alfabetizados podían acceder a los periódicos. En consecuencia, la reacción de la mayoría de los lectores, no negros, era de preocupación disfrazada de desdén, como podemos observar en la prensa clásica representada por El Nacional.

 

Un tal Lucas.

“Como no solamente escribe sino que

 le gusta pasarse al otro lado y leer lo que

 escriben los demás, Lucas se sorprende a veces

de lo difícil que le resulta entender algunas  cosas (…)”

 

Lucas, sus comunicaciones

 Un tal Lucas. Julio Cortázar.

 

¿Quién fue Lucas Fernández? Un periodista negro y mucho más. Su nombre no figura en prestigiosos diccionarios biográficos, ni en enciclopedias. Tampoco en la actual Wikipedia, ni el Primer  Censo Nacional de Sarmiento. En síntesis, podemos decir que no estamos ante un personaje famoso, en el sentido tomista del término[94].

 

Destacamos que Dardo Cúneo[95], muerto recientemente[96], rindió el primer breve homenaje insólito a este personaje desconocido y al periodismo afroporteño en el año 1945.

 

Dedicaremos esta parte del trabajo para presentar a Lucas Fernández, y qué mejor manera de hacerlo que a través de sus obras, el periodismo, aunque nos encontremos con diferentes escollos a sortear. Tenemos pruebas históricas que Lucas Fernández creó y dirigió, al menos, dos periódicos: “La Raza Africana o sea el Demócrata Negro” y “El Proletario”.

 

El primer periódico “La raza africana o sea El Demócrata Negro” apareció al público el jueves 7 de enero de 1858, no se sabe por cuánto tiempo, aunque creemos que lo más seguro es que no se extendiera más allá del domingo 18 de abril de 1858, cuando apareció El Proletario.

 

Según Burzio, en su clásico Catálogo[97] del Periodismo e Imprenta Argentina, se presume que su verdadero redactor era don Zandalio Escuti y Quiroga, sin dudar que el verdadero propietario de la “hoja”[98] fuera Lucas Fernández quién a causa del poco conocimiento y falta de práctica en materia de publicaciones declinó en Escuti y Quiroga la redacción de la misma.

 

Sin embargo, para Dardo Cúneo[99], Fernández era el verdadero redactor. Si bien, en la actualidad no tenemos la forma de inclinarnos fehacientemente por una de las dos teorías antagónicas, creemos que no podemos poner en duda la firma de un artículo o la redacción de una editorial sin pruebas verosímiles que demuestren lo contrario.

 

No sería de extrañar que el Capitán de Navío Burzio, en la mitad del siglo veinte y preso de los prejuicios de la época y las circunstancias sociales personales que lo rodeaban, se hubiera inclinado a descreer que un negro pueda contar con conocimientos literarios, políticos y culturales para redactar periódicos. 

 

La raza africana o sea El Demócrata Negro” se presentaba como un periódico que cubría aspectos políticos, literarios, industriales y comerciales. Los aspectos literarios solían manifestarse con la publicación de sencillos poemas.

 

Quizás el artículo más logrado sea el publicado en el primer número, titulado El pasado y el presente[100], cuando el autor trata el tema de la raza negra en el Río de la Plata, recordando la importancia de la clase de color en la colonia y en las guerras de la independencia, con una mirada crítica al gobierno rosista.

 

Podríamos preguntarnos porque un periodista negro a sólo cinco años de Caseros es crítico de un gobierno que, al menos y como mínimo, debemos conceder fue amigable con la raza negra, demagógicamente o no. La respuesta será que los hijos de Caseros, como toda generación que se siente heredera de un cambio, tienden a desautorizar sistemáticamente al gobierno que los precedió, más allá de las respetables opiniones a favor o en contra. Tal es así que en los primeros años del post-rosismo no hemos encontrados artículos en la prensa que reconozcan alguna medida acertada de aquel gobierno.[101]

 

En La Raza Africana podíamos leer “Nuestra bandera es de paz e igualdad; nuestros principios y nuestras convicciones son las mismas que obligaron a nuestros mayores a hacer la gran cruzada en 1810, dando por resultado, haber roto la férrea cadena, con que el coloso sujetaba al esclavo, y una vez rota, gozó de libertad todo el continente sur americano.” [102]

 

En el año 1858 comienza y continúa durante dos meses, con ocho entregas semanales, la publicación del periódico  “El Proletario” que se editaba en la imprenta Bernheim. Claro que el término proletario no tendrá en este momento histórico la dimensión que adquirirá a fines de siglo, pero sin embargo creemos, junto a algunos autores, que el negro como expresión de uno de los sectores más postergados de la sociedad, será el obrero de fin y comienzo de siglo.

 

Este semanario de tres columnas ya desde el Primer número del domingo 18 de abril de 1858, se propone servir a los intereses de clase, particularmente la clase de color. El término clase denota una cultura del editor responsable, pues pensemos que contemporáneamente se escribían en Europa obras que tardarían en ser traducidas al castellano por intelectuales socialistas y que ofrecían tal concepto como novedad.

 

Desde la sociedad africana La Fraternal, que presidía Thompson, se impulsó y sostuvo la publicación de El Proletario.

 

Lucas Fernández expresaba los motivos que habían impulsado su accionar como periodista y decía: “No he tenido más móvil que me haya hecho empeñar la pluma que el bien y la prosperidad de las familias del color; porque estoy profundamente convencido que ellos que ellas necesitan una mano amiga y de su propio gremio, que les ensanche el camino de la prosperidad, a que aspita todo aquel que se siente iluminado por la razón y tiene en su corazón un sentimiento de unidad, y en su mente un rayo de luz natural que Dios ha dado al hombre”.

 

En la editorial escribe nuestro autor que hoy, principalmente, que principian a echar raíces entre nosotros recién por primera vez, las instituciones democráticas y de las ideas de libertad, convienen que se populazen también y echen raíces las ideas de verdadera igualdad y que se hagan efectivas; parque tras ella vendrá la educación de la clase de color y como consecuencia de esta el afianzamiento de ellas. Pero esto no quiere decir tampoco que nuestros hermanos se sienten a esperar que les hagan el bien: no, ellos deben hacer y propender de su parte también para alcanzarlo; con tanto más deber cuanto que ellos son inmediatamente los beneficiados. Todos los hombres de color deben hacerlo, y el que no lo haga así traiciona y abandona sus intereses propios y los de sus hijos, y pierde ya con justicia el derecho de quejarse de su situación y de su porvenir.[103]

 

Continúa el editor sosteniendo el espíritu de las sociedades africanas, como única forma de defender los elementales derechos humanos de la población de color, al afirmar que Sin la asociación no hay nada; nada puede el hombre aisladamente y entregado a sí mismo.

 

El principio de la asociación, apoyado por la máxima inconclusa de: en la unión está la fuerza, y por esta otra, su antítesis: divide y reinarás, está sancionado por la aprobación universal, y constituye tal vez la primera gloria del siglo actual. [104]

 

Otro artículo muy interesante se tituló La clase de color, que pasamos a transcribir a continuación:

 

Esta importante y preciosa porción de la sociedad porteña a que nos honramos de pertenecer, no tiene un órgano que alivie las necesidades inherentes a toda clase desvalida y pobre de un país cualquiera, y que vigile por sus intereses tan importantes y valiosos como los de las clases más acomodadas y felices; y si lo tuvo, él no pudo llenar sus fines y objetos primordiales; pero aún cuando así lo hubiera hecho no existe ya.[105]

 

En la situación actual de nuestra clase; en la precocidad de inteligencia  que se nota en la generación que se levanta, ávida de ideas y saber, y sobre todo, en el estado de progreso moral en que se halla el Estado de Buenos Aires, se hace indispensable ese órgano que la estimule y fomente, ya con el ejemplo, ya propendiendo a que se la ensanche el camino de la educación y de la ciencia, un poco estrecho hasta aquí, y no como debe ser; ayudándola a vencer los obstáculos que le oponen rancias preocupaciones de unos, y las malevolencias de los otros; preocupaciones poderosas por lo mismo que son generales y sancionadas por los siglos; a través de los cuales se han ido transmitiendo con ultraje de la justicia, de una a otra generación, hasta llegar a nosotros, y que ponen una positiva valla a la práctica de ciertas leyes que nos amparan, haciendo que no se cumplan, porque hieren, no los intereses, sino el orgullo vano y mal entendido de las clases elevadas.[106]

 

Al considerar el tema educativo escribe Fernández que la educación de nuestros hermanos de color, será pues uno de nuestros principales tópicos (ilegible) En ella hacemos un positivo servicio al país, que no nos detendremos a demostrar porque es palpitante y está al alcance de todos; pues para comprenderlo basta ver la distancia que hay de un hombre bárbaro a otro civilizado… (Ilegible)[107]

 

Desde el periódico se publicaba la invitación realizada a la clase de color de Buenos Aires a unirse la “Nación” la Fraternal que se encontraba realizando uno de sus objetivos estatutarios de socorro mutuo construyendo una escuela para niños de color.[108] Observamos otra aplicación directa de la difusión de los ideales y actividades de las sociedades africanas.

 

Con relación al principio de igualdad manifiesta que para ello debe reunirse y asociarse toda la comunidad de color sin consideración de personas, bajo la dirección de hombres competentes, porque no carece absolutamente de ellos y discutir sus necesidades y los medios de lograrlos.[109]

 

Con compromiso en la defensa de la clase o el gremio de la población negra, podemos leer “El gremio de color del Estado de Buenos Aires quiere salir de la nulidad en que yace, y abrirse un porvenir honroso y feliz, preciso es que se convenza de la necesidad absoluta que tiene de tener un periódico dedicado a solo el objetivo de ilustrarlo en sus intereses y cuestiones (…)[110]

 

Siempre fue un interesante tema de análisis la financiación de la prensa, al igual que en la actualidad. Lucas Fernández se había inclinado a no darle a su periódico un carácter de instrumento de partidos políticos, como sucedió con otros periódicos afroporteños como por ejemplo “El tambor”. Sin embargo era un noble instrumento para difundir las actividades de las sociedades africanas mediante los avisos aparecidos en su tirada.

 

El editor pensó un semanario que fuese sostenido por la suscripción de los lectores mediante diez pesos por mes. Ante la falta de compromiso de su propia clase escribe que  “(Ilegible) La moneda es una dama que se ha vuelto hoy muy coqueta y melindrosa (ilegible) en el Estado de Buenos Aires, el más miserable puede pagar 10 pesos, y si no lo hace es porque no le da la gana.”[111]

 

El editor y periodista manifestó la importancia de la prensa como difusor de las ideas que encarnaban las sociedades africanas al afirmar que: “sin envanecerse, confío en que la indulgencia de la gente ilustrada y sensata sabrá apreciar mis esfuerzo, porque ellos tienden al bien de la humanidad, a la consolidación del edificio social, haciendo o propendiendo a que sea una efectivilidad (sic) la realidad práctica de los derecho e imnunidades del ciudadano de color. Por eso he asumido el rol de centinela de los sagrados derechos e intereses de nuestro gremio, que con el mayor sentimiento dejo temporalmente”.[112]

 

Observamos el manejo de la ironía pues los grupos de poder no tenía mayor interés por la clase de color, incluso desde la aparición de El Proletario cuando, a la semana, desde El Nacional se preguntaban editorialmente de manera desdeñosa ¿Qué es eso de Proletario?

 

Lucas Fernández. ¿El Primer Socialista?

 

El Partido Socialista argentino fue fundado el 28 de junio de 1896. Para la mayoría de las obras históricas del socialismo argentino,[113] resultó fundacional y excluyente la inmigración europea. Particularmente se destaca a los alemanes pues el Partido Social Demócrata era considerado el más importante del mundo. También había italianos y franceses.[114]

Si hiciésemos el ejercicio intelectual de recordar a los socialistas argentinos más notorios algunos nombres acudirían inmediatamente desde nuestra memoria. Recordamos a Alfredo Palacios que en 1904 fue el primer diputado socialista de toda América Latina o a Juan B. Justo, quien fuera diputado y senador de la Nación y el primer traductor al español de El Capital  de Karl Marx. Además debemos recordar que este abogado mantenía correspondencia con personalidades de su época como por ejemplo Federico Engels.

Si bien, oficialmente, el primer periódico socialista sería La Vanguardia creo que deberíamos preguntarnos si más allá de la pertenencia a un partido, en los periódicos afroporteños no podríamos encontrar el germen del socialismo argentino. Fundamentamos tal posición en que, si bien aún no estamos en plena industrialización, la mayoría de los principios del socialismo se ven reflejados en dicha prensa.

En la prensa afroporteña podemos observar una constante búsqueda valores políticos como la democracia, la igualdad, la salud pública, la educación y en general el fomento del bien común y la defensa de derechos humanos básicos.

Es cierto que se podrá sostener que estos valores estaban siendo requeridos para la población negra, pero no menos cierto es que se lo hacía en un contexto de profunda pertenencia criolla.

 

La Población argentina afrodescendiente en la actualidad.

 

En la actualidad se está tomando cada vez más conciencia de la cultura de la población afrodescendiente, a través de diferentes maneras. Desde lo literario, a través de revistas como Quilombo, desde lo musical con Misibamba[115], gracias a la tarea del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), a través de ONGs y otras agrupaciones para la defensa de sus derechos, por medio de la ACCID y su programa de cooperación con afrodescendientes y gracias al Censo Nacional de 2010[116], que pasaremos a analizar.

Luego del Censo de 1778 y de 1810 de la ciudad de Buenos Aires, donde pre-estadísticamente, se contempló a la población de origen africano, recién en el reciente Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas de 2010 se incluyó  una pregunta en el cuestionario censal que permite registrar a los afrodescendientes en términos de autoreconocimiento. Con respecto a los hogares, la cantidad de hogares con al menos una persona afrodescendiente es de 62.642, lo que representa un 0,5 % del total de hogares en el país.

Leemos en el informe censal que la mayoría de los hogares con al menos un afrodescendiente están en la provincia de Buenos Aires (34,4 %), de los cuales un 22,4 % se halla en el GBA y un 11,9 % en el Interior de la Provincia de Buenos Aires. Luego se ubican la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con un 11,3 %, Entre Ríos con un 6,8 %, Santa Fe con un 6 % y Córdoba con un 5,55 % del total del país.

 

A nivel población, la cantidad total de personas que se autoreconocieron como afrodescendientes es de 149.493, es decir un 0,4 % de la población en viviendas particulares.

Del total de población afrodescendiente, 76.064 son varones y 73.429 son mujeres. Este es un dato significativo, ya que si comparamos los valores con el promedio de la población total observamos que la proporción de varones y mujeres se invierte; mientras que en el total de la población argentina los varones representan el 48,7 % y las mujeres el 51,3 %, en la población afrodescendiente el 51 % son varones y el 49 % mujeres.

 

Sólo el 8 % de la población afrodescendiente del país nació en otro territorio. Las principales corrientes migratorias actuales las observamos en personas del continente americano (84,9 %), principalmente de Uruguay (20,8 %), Paraguay (16,1 %), Brasil (14,2 %), y Perú (12,5 %).

 

Como vemos, la población afrodescendiente tiene una importante presencia dentro de la sociedad actual.

 

 

 

 

Conclusiones.

 

Creemos que los Reglamentos de 1921 y 1923 dejaron de tener validez con la sanción de la Constitución Nacional en 1853, y la constitución del año 1860 para la Provincia de Buenos Aires, por transformarse en inconstitucionales al violar el principio de la igualdad. Por ello, tales sociedades quedaron vacías de sus “fueros” o bien por carecer de una normativa específica y pasaron a regirse por las leyes generales de la nación.

 

Con relación a las razones de la desaparición de las sociedades africanas creemos que obedece principalmente a la gran inmigración europea. Dicha inmigración produjo en los miembros de las sociedades afroporteñas la necesidad de procurar integrarse a un nuevo modelo cultural de nación, de carácter positivista, donde no había lugar para aquellas “tradiciones” y que en el mejor de los casos eran consideradas un recuerdo simpático.

 

No creemos que la guerra del Paraguay o la fiebre amarilla hayan sido el motivo excluyente de la extinción de las sociedades, pues aunque tales acontecimientos impactaron en la disminución de la población negra, en este momento de los estudios históricos sabemos que no fueron la causa determinante de la “desaparición” o mejor dicho “invisibilización” cultural.

 

Por otra parte sostenemos que la aparición del socialismo encarnó los valores y principios que tenían como meta las sociedades africanas.

 

No creemos que podamos comparar estas sociedades con aquellas socorro mutuo creadas por exitosos inmigrantes europeos en la segunda mitad del siglo XIX, tales como la Unione e Benevolenza o la Sociedad Española de Socorros Mutuos y menos aún con los grupos anarquistas, pues la población negra, a pesar de sus privaciones e injusticias, siempre se caracterizó por sus actitudes y reclamos pacíficos, quizá además del carácter natural, por el atavismo de la esclavitud.

 

Las últimas sociedades africanas de las que tenemos noticias fueron en el Siglo XIX  La Protectora y La Fraternal y al comienzo del siglo XX –en otro contexto meramente social y aislado- Marcos de Estrada referencia a la Agrupación Patriótica 25 de mayo y el Círculo Social Juvencia.[117]

 

Sostenemos que este carácter asociativo sumado a las circunstancias sociales de la segunda mitad del siglo XIX dio lugar a una resistencia. Esta resistencia se manifestó, mayoritariamente, a través de la prensa afroporteña.

 

Con respecto a la invisibilización de los negros creemos que, además de las causas culturales expresadas, la misma obedeció a una disminución real de aquella población debido a la enorme masa inmigratoria europea, que hizo crecer exponencialmente la población blanca con relación a la negra. También debemos tener en cuenta que ambas poblaciones se unieron formando familias, lo que influyó en el descenso de la población con rasgos típicos africanos.

El Río de La Plata ha dado personalidades negras que son frecuentemente olvidadas. Entre ellos Domingo Sosa, que nació esclavo en 1788 y participó en las campañas de la independencia siendo diputado y constituyente en 1853; Lorenzo Barcalá, también nacido esclavo y liberto por San Martín o José María Morales, también militar y legislador. Pasando por Fermín Gayoso, el esclavo de los Pueyrredón que enseña a pintar a Prilidiano o Pablo Irrazabal el verdugo del Chacho  Pañaloza y por supuesto Lucas Fernández a quién desde estas páginas hemos procurado rescatar, junto a los cientos de integrantes de aquellas sociedades afroporteñas que lucharon por la defensa de elementales derechos humanos.

 

Hernán Adrián Gómez

15 de enero de 2014.-

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

ANEXO I

Reglamento que debe observarse en la Sociedad de Morenos

de la Nación Conga establecida en el Cuartel N  15

para la administración de las limosnas qe coleccionen

en los Bayles de Tambo que hacen domingos y

dias festivos. [118]

 

1º Este establecimiento esta desde hoy baxo la

inmediata inspeccion de la Policia.

 

2º En las reuniones debe guardarse moderación

Y orden,y queda encomendada la vigilancia

Sobre esse punto al Alce del Quartel

 

3º Comunicaran en sus clases de xefe, definidor

Y Sindico Colector los morenos Antonio Jose

Peña, Antonio Valle y Franco Molina.

 

4º Inmediatamente formaran un quaderno donde

asienten las limosnas que coleccionen en cada

Bayle, y su aplicación.

 

5º El día último de cada mes pasaran al Alce

De Barrio una rason de las entradas e

Inversiones, quien la dirigira a la Policia

Para su conocimiento.

 

6º (No[119] se) podrán enajenar los bienes muebles

ó raices de la Sociedad sin previo aviso

de la Policía.

 

7º Siempre que por muerte, ausencia, u otra

Circunstancia nombraran nuevo Xefe,

Definidor o Síndico Colector, darán cuenta.

 

8º Toda solicitud o noticia que den a la

Policia relativa a ese negocio sera Por

Conducto del Alcalde de Barrio, a quien

Se le remitirá copia de este Reglamento

Para que lo haga observar y cumplir.

                      Buenos Ayres. Nove 30 de 1821

                       Joaquin de Achaval.

 

ANEXO II

Resolución del Ministro Bernardino Rivadavia.[120]

Ordenando la formación de una Sociedad de Morenos

 

El Gobierno en vista de lo informado Pr  V.S. en la

Instancia promovida Pr los morenos Juan Duval y Jose Anto

Peña ha acordado haga entender V.S. a estos el desagrado que

Ha exitado en este Gobno su solicitud Pr el espíritu q.eenvuelve

pues el socorro q.e dieron a las criadas no era conforme al instituto

del fondo q.e expresan en su representación. Sin embargo q.e

el Gobno se complace en los sentimientos de hermandad y

filantropía que argulle aquel establecimiento, pero este q.e y

cualquier otro de su clase debe estar bajo la inmediata

inspeccion de la Policia, librando V.S. en consecuencia las pro-

videncias q.e aseguren el cumplimiento de esta Resolución.

 

Buenos Ayres, 31 de octubre de 1821

Bernardino Rivadavia

 

Al Regidor Juez de Policia

                                                           Buenos

 

ANEXO III

Auto de Aprobación de Solicitud de Reglamento[121]

 

Ayres[122],Nove 30 de 1821

 

Devolviendo a los morenos Congos los documentos

que han presentado, formese un reglamento

que fixe el metodo que debe observar

la Sociedad que tienen establecida; al

cual se agregará original d´este Expete

para que obre en el Archivo, y se

pasaran Copias, una al Alcalde del

Cuartel N15 por la forma que le

Corresponda cumplir,y otra a los morenos.

Doy.

Aclaval.

 

ANEXO IV

Intervención del Alcalde del Cuartel Número XV

Miguel A. Saenz. 14 de noviembre de 1821.[123]

 

En conformidad al Supor Decreto de

V.S. de 8 del Corriente he tomado todos los

Conocimitos  necesarios sobre la Resolución

de S.E. acerca de los morenos de la

Nación Conga q.e tienen el tambo de

Bayle en el cuartel N15 nuestro q.e

Otros morenos formaron en el año de

1806 una sociedad con el objeto de poder

Funcionar los dias festivos al estilo de

Sus bayles cuya Diversion es

presidida PpAnto Jose Peña y Anto

Valle, el 1° en clase de Gefe y el 2°en

La de Definidor: La principal institu-

ción de esta sociedad es la de socorrer

a los individuos de ella q.e se hallen

necesitados De la piedad de sus seme-

jantes: este loable objeto (ilegible) propicio

se facilita con la limosna q.e se pide

pr Franco Molina Sindico de aquella

sociedad en otro tambo a los conseguidos

en el expresado bayle en cuyo poder

deve permanecer. En el caso de solicitar-

se algun socorro, se hace preste este Pte.

 

Fs. 62 vuelta//

 

 y este comboca a la Junta q.e es compuesta

de este, el Síndico y ocho vocales quienes

determinan sobre la materia pasando la

Resolución al Definidor Pasu aprovacion

sin la cual no puede tener efecto

sin una sanción.

La Sociedad tiene un terreno de su

Propiedad sito en el expresado quartel

Como consta del testimonio del Expedt.e.

q.e corre agregado a esta nota, y que ha

sido con limosnas obladas por los indivi-

duos de otra sociedad.

Creo q.e a estas noticias se agrega-

se que los pagos q.e haga el sindico sean

comprovados con Documentos llevándose al

mismo Tpo una rason de congos y datos

(ilegible) lo suficiente p.ael orden negocial

con la precisa condicion de (ilegible) con el

correspondiente permiso de la Policia

sin el qual no puede existir esta discresion.

Dios guade a V.S. Buenos

Ayres 14 de Nobre de 1821.

   Mig. A. Saenz.

Sor Regidor Juez de Policia

                                   Buenos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANEXO V

REGLAMENTO DADO POR EL SUPERIOR GOBIERNO A LAS NACIONES AFRICANAS EN EL AÑO 1823[124]

Gobernador Martín Rodríguez

Ministro Bernardino Rivadavia

Jefe de Policía Joaquín de Achával

 

Capitulo 1°

Articulo 1° De la Sociedad

La sociedad se compondrá de todos los individuos que al presente consten de su Padrón y de los que en adelante se incorporen con las formalidades que se prescribirán en este Reglamento.

2° Esta Sociedad, tiene por objeto

1.° Libertar con sus fondos a todos aquellos Socios que se hagan dignos de ello por su moral y su industria los cuales quedaran obligados a reembolsar la cantidad de su rescate con el módico interés del cinco por ciento anual en la forma que se estipule.

2.° Cuidar de la educación primaria, e industriosa de todos los jóvenes incorporados a ella.

3.° Auxiliar la industria de los Socios dándoles instrumentos para trabajar, con calidad de retribuir su importe con las condiciones que cada caso exija.

4.° Cuidar que cada Socio tenga una conducta moral y productiva.

5.° Hacer una vez al año sufragios por los Socios difuntos.

6.° Siendo esta Sociedad autorizada por el Superior Gobierno no se permitirá establecer otra que sea compuesta de individuos de la misma Nación á fin de precaver los males que de otro modo resultaren.

7.° Los fondos de la Sociedad los formaran los productos de la finca bajo el apelativo que fuere, ó una contribución directa que será pagada el primer Domingo del mes por los Socios libres y consistirá en dos reales que cada padre de familia dará y cuatro que dará cada individuo soltero de cualquier sexo que tenga una ocupación lucrativa la contribución de cuatro reales que cada individuo debe pagar al tiempo de su incorporación y a mas las donaciones voluntarias que den los socios.

8.° La Sociedad será gobernada por un Caporal ó Presidente, un secretario y un consejo de seis vocales.

9.° Los individuos que desempeñen estos empleos serán nombrados por la Sociedad á pluralidad de votos y los nombramientos no podrán recaer sino en personas libres mayores de edad y que estén alistados en el Padrón.

10.º Esta Elección será presidida por un delegado del Señor Jefe de Policía cuya aprobación necesita para tener efecto.

11.º Aprobados los nombramientos por el Jefe de Policía se hará saber á todos los individuos de la Sociedad por quien corresponda, y los nuevos de estos entraran al ejercicio de sus funciones.

12.º Ningún miembro de la junta administrativa puede ser depuesto sino por la Sociedad con aprobación del Señor Jefe de Policía, a quien se representaran las causales.

13.º Para mayor seguridad de los fondos de la Sociedad habrá una caja con tres llaves, de las cuales tendrá una el Presidente, otra el Secretario, y otra individuo del Consejo nombrado por él, que hará las funciones de interventor; en esta caja se depositaran los fondos y libros de cuentas.

Capitulo 2° del Presidente

14.º[125] El Presidente á quien debe convocar la Sociedad cuando haya necesidad de ello.

15.º  Él deberá llevar el orden de las reuniones y presidirlas.

16.º Cuando al Presidente parezca que debe rescatarse algún Socio esclavo que lo resuelva el consejo, convocará á la Sociedad a cuya sanción debe sujetarse la propuesta.

17.º Resuelto el rescate, el Presidente ayudado del Secretario se entenderá con los amos del esclavo, hará extender la carta de libertad que retendrá hasta que el liberto haya pagado la deuda, con el interés ya establecido y en la forma que el consejo determine, atendiendo á las circunstancias de la persona agraciada.

18.º El Presidente cuidará bajo su responsabilidad de que los jóvenes incorporados á la Sociedad de seis á diez años que estén en poder de sus padres asistan á las escuelas en que puedan aprehender gratuitamente las primeras letras, y cumplidos los diez años, amonestará á sus padres para que los dedique a algún arte bajo las contratas que establece la ley, en cuyo operación lo dirigirá de acuerdo con el Secretario.

19.º Cuando algún Socio necesite instrumentos para ejercer su industria; El Presidente lo hará presente al Consejo el que hallándolo conveniente determinará se les den, fijando las condiciones al pago de su importe.

20.º Cuando algún Socio no cumpla con los deberes de tal ó se entregue á algún vicio y no cuide de pasar su vida honestamente, el Presidente lo reconvendrá y en caso de no tener efecto, dará de ello parte al Jefe de Policía y en el caso de incorregibilidad, lo hará precisamente al Consejo para que determine su expulsión de la Sociedad.

21.º El Presidente cuidará de prestar auxilios á los Socios que se hallen enfermos, á los que necesiten de valimiento en cualquiera negocio, ó padezcan algún otro trabajo de esta naturaleza exigiendo compensación en los casos que sean necesarios y determine el Consejo.

22.º El Presidente es el responsable, es el representante del la Sociedad en los asuntos Judiciales y demás que se ofrezcan, es el administrador de los fondos, y sin su orden no se puede hacer gasto alguno.

23.º El Presidente hará que se entierren los Socios que mueran librando la Cantidad de seis pesos siempre que sean pobres de solemnidad.

24.º La Comisión durará tres años no percibiendo sueldo alguno, y al fin de cada año dará cuenta al Consejo de acuerdo con el Secretario, justificando su Administración, y cuyo jefe presentará el resultado á toda la Sociedad; y le dará una papelera de resguardo.

25.º El Presidente dará cuenta de cada cantidad que entre al fondo de la Sociedad y ordenará al Secretario la asiente inmediatamente en el libro de entradas cuyas hojas deben estar rubricadas y numeradas por el expresado Presidente.

26.º El Presidente está autorizado por si para hacer todos los gastos y pagos menores, que se ofrezcan, pero para el pago de deuda, recomposición de la finca y demás detallado en este Reglamento, necesita la aprobación del Consejo.

27.º Concluido el termino de su comisión convocará á la Sociedad para que nombre quien lo sustituya.

28.º En caso de enfermedad del Presidente, hará sus funciones el Jefe del Consejo.

Capitulo 3° del Secretario

29.º El Secretario será nombrado por el termino de tres años y gozará de la asignación que la Sociedad le designe sobre sus fondos.

30.º Son sus obligaciones:

1.a Llevar tres libros, uno de actas de la Sociedad, y del Consejo, á cuya sesión asistirá sin voto, otro donde se sentaran los nombres de los Socios y la razón de los que se hallan libertado por la Sociedad, y otro donde se llevará la cuenta corriente de la administración de los fondos de la Sociedad.

2.a Recaudar las cantidades que se adeuden á la Sociedad y hacer los pagos que ordene el Presidente, con la intervención necesaria del vocal interventor.

Capitulo 4° del Consejo

31.º El consejo durará dos años y sus miembros no gozaran de asignación alguna por sus servicios.

32.º Será jefe del Consejo el que halla tenido más votos para vocal en la elección.

33.º El Consejo podrá inspeccionar los libros cuando lo crea oportuno y pedir al Presidente que convoque á la Sociedad cuando el caso lo exija.

34.º El Consejo, sus vocales, firmaran en los libros de acta y la de cada Sesión, y en caso que algunos no sepan escribir lo hará otro á su ruego.

35.º El Consejo autorizará las cuentas que al fin de cada año le presente el Presidente, y hallándolas buenas la suscribirá en el libro respectivo.

36.º El Consejo decidirá las dudas que ocurran al Presidente en su administración, y le prescribirá lo que ha de hacer siempre que este lo pida.

37.º El Presidente, el Secretario, y el vocal interventor son responsables común á las faltas que se adviertan en los fondos de la Sociedad, y en caso de suceder esto el Jefe del Consejo lo noticiará al Señor Jefe de Policía para lo demás que corresponda.

38.º Este reglamento será leído á todos los Socios y se guardará en el Archivo de la Sociedad.

Articulo adicional

Habiendo representado al Emo. Gobierno los morenos de la Nación Lubolo, pidiendo licencia para constituirse en Sociedad como lo están los Cambundas y Minas. El Exmo. Señor Presidente de la República después de haber tomado los informes que solicita para el establecimiento de una Sociedad de Negros de Nación Lubolo; la cual deberá regirse y gobernarse precisamente por un Reglamento igual al que observan las Sociedades de Cambundas y Minas; á cuyo efecto el Jefe de Policía, ordenará que se redacte en la forma que corresponde, ordenando todo lo demás con arreglo á dicho Reglamento y se ordena por punto general que el Jefe de Policía nombrará cada año una comisión de individuos empleados en el departamento que examinen detenidamente el estado de cada una de estas Sociedades y si se efectúan puntualmente todo lo que se prescribe por sus respectivos Reglamentos cuyo examen será entendido por escrito y elevado al Gobierno, por el Jefe de Policía, el cual hará entender esta adiccion en cada uno de aquellos para inteligencia de todos los individuos de las Sociedades.

Rubrica de S. E. media firma de S. E.

El Señor Ministro

Es copia del original – Agosto 11 del Año 18231 

Fuentes Primarias Consultadas.

 

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[1] Resumen: Antecedentes históricos. Dalmacio Vélez Sarsfield y los negros. Las sociedades africanas en Buenos Aires. Régimen jurídico de las Sociedades. La defensa de derechos humanos básicos desde las sociedades. Las sociedades africanas en América Latina. La prensa negra y la difusión de las ideas sociales. Lucas Fernández, periodista negro, ¿el primer socialista? La población afrodescendiente en la actualidad. Conclusiones.

 

     Palabras Claves: Negros. Sociedades africanas afroporteñas. Prensa Negra. Lucas Fernández.

[2] Abogado y Escribano (Universidad del Salvador, Buenos Aires), Especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial (Instituto Nacional de Derecho Aeronáutico y Espacial de la República Argentina), Doctorando por la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

[3] Real Academia Española. Diccionario de la Lengua Española - Vigésima segunda edición. Madrid. Año 2001.

[4]Nota del Autor: La XIII Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica declara: "Neither slavery nor involuntary servitude, except as a punishment for crime whereof the party shall have been duly convicted, shall exist within the United States, or any place subject to their jurisdiction." La segunda parte de la norma declara: “Congress shall have the power to enforce this article by appropriate legislation.”

[5] Nota del Autor: Grandes autores ya han estudiado la condición jurídica del esclavo y la perspectiva del mismo desde la historia del derecho. Así la definición clásica sostiene que la esclavitud consiste en la sujeción de una persona al dominio de otra. Es decir que el esclavo era una persona. En la Instituta I., 2 leemos Servitus autem est constitutio juris gentium, qua quis dominio alieno contra natura subjicitur. En los Títulos XXI y XXII de la Partida IV el derecho castellano receptó la noción jurídica de la servidumbre, aunque debemos atender las diferencias existentes entre tal noción y la de la esclavitud.

 

 

[6] DE GANDÍA, Enrique. “Orígenes de la democracia en América y otros estudios”. Ed. Sociedad Impresora Americana. Buenos Aires. 1943.

 

[7] STUDER, Elena F. “La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII”. Buenos Aires. Editorial Universidad. Año 1958. Pág. 91.

 

[8] Nota del Autor: Así podríamos sumar las Capitulaciones de Pedro de Mendoza (200 negros) Domingo Martínez  de Irala (100 negros).

 

[9] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala IX. Caja 19-1-4.

 

[10] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. ACUERDOS DEL EXTINGUIDO CABILDO DE BUENOS AIRES. Director: Vicente Fidel López. Tomo I. Imprenta de Pedro E. Coni - ARCHIVO MUNICIPAL DE LA CAPITAL Buenos Aires. 1886. Págs. 26.

Nota Del Autor: La obra completa se encuentra disponible en el Archivo General de la Nación y parte de la misma en el Archivo On Line de la Universidad de Harvard.

 

[11] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. ACUERDOS DEL EXTINGUIDO CABILDO DE BUENOS AIRES. Director: Vicente Fidel López. Tomo IV, Imprenta de Pedro E. Coni - ARCHIVO MUNICIPAL DE LA CAPITAL Buenos Aires. 1888. Págs. 27.

 

[12] Nota del Autor: Es la primera referencia cronológica, que hemos encontrado, del término “Descamisado” de iconográfica trascendencia en Argentina durante segunda mitad del siglo XX.

 

[13] TAU ANZOÁTEGUI, Víctor. “Los bandos de buen gobierno del Río de la Plata, Tucumán y Cuyo”. Editorial Instituto de Investigaciones de Historia del Derecho”. Buenos Aires. Año 2004. Pág. 17 y sig.

 

[14] Nota del Autor: Este primer Bando tiene la particularidad de ordenar a los negros, mulatos libres, mestizos  e indios el reclutamiento forzoso para poder reiniciar la siega del trigo que había sido interrumpida por falta de mano de obra. Por otra parte, fija el pago del salario corriente.

[15]ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. ACUERDOS DEL EXTINGUIDO CABILDO DE BUENOS AIRES. Director: Vicente Fidel López. Tomo IV, Imprenta de Pedro E. Coni - ARCHIVO MUNICIPAL DE LA CAPITAL Buenos Aires. 1888. Págs. 27.

 

[16] Obispado de la Ciudad de Buenos Aires. Resolución de fecha 30 de Julio de 1743.  Fuente: DE LA FUENTE MACHAIN, R. “Buenos Aires en el siglo XVII. Colección Ciudad de Buenos Aires”. Tomo II. Buenos Aires. 1946. Pág. 233.

 

[17] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN: Sala IX. 35-03-05. División Colonia – Sección Gobierno. Tribunales. Legajo 21. 3009; y Sala IX. 42-05-07. División Colonia – Sección Gobierno. Tribunales S5. 3482.

 

[18] GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES. “Anuario estadístico 2003”.(Coord. Nora Zuloaga). Editado por Dirección de Estadística y Censos (GCBA). Año 2004.

 

[19]  Nota del Autor: El censo de Vertiz (Virrey Rioplatense nacido en México) no se encuentra disponible para los investigadores en el Tesoro de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, por estar fuera de consulta y en proceso de restauración por lo cual nos hemos valido de la consulta al Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), para reproducir los datos aquí expuestos. También hemos consultado la Sala VII de Censos y Padrones del Archivo General de La Nación.

 

[20] TESORO BIBLIOTECA  NACIONAL. Periódico El independiente. Número de topográfico 22840.

 

Nota del Autor: Existe una versión publicada por la Academia Nacional de la Historia “Periódicos de la época de la Revolución de Mayo”. Tomo IV. Buenos Aires.1961.

 

[21] Nota del Autor: Recordemos a los famosos Batallones de Negros números siete y ocho, de magnífica actuación en la libertad de Perú y Chile, a los que participaron en desaguadero, los que fueron muertos por Quiroga en Guanacache y a aquel famoso número dos que vuelve de la guerra con Brasil, al decir desafortunado de Sarmiento “con la cara negra y la cabeza blanca”.

 

[22] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 44-9-39

 

[23] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 44-9-50

 

[24]  Nota del Autor: Por ejemplo la Adjunta Número 112, del Libro I donde la Policía comunicaba una decisión del juez de primera instancia del Segundo Departamento de Campaña, relativa a los negros, que hemos encontrado en el ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 44-9-39-112.

 

[25] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 44-9-50. Documento Número 67 referenciado por el  Tono II Índice del Archivo del Departamento de Policía. Pág. VI.

 

[26] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 44-9-39. Documento Número 31 referenciado por el  Tono I Índice del Archivo del Departamento de Policía. Pág. IV.

 

[27] REGISTRO OFICIAL. Buenos Aires. Imprenta del Estado. Año 1879. Pág. 194.  Sesión del dos de febrero de 1813.

 

[28] Nota del autor: Los estudios de historia militar demuestran que resulta equivocado creer que los negros eran intencionalmente ofrecidos como fácil blanco del enemigo para su exterminio, como folclóricamente se sostiene. Lo cierto es que los soldados negros al desarrollarse mayoritariamente en la infantería y de acuerdo a las estrategias militares de la época tenían bajas muy considerables, de la misma manera que cualquier otra infantería, como por ejemplo la guardia napoleónica.

 

[29] Nota del Autor: Si bien el candombe era de abrumadora mayoría negra, existían los denominados bailes federales que eran un punto de encuentro de negros, paisanos y gauchos. Entre los bailes populares de la época se destacaba el cielito federal que podemos observar pintado luego de una reconstrucción histórica por Léonie Matthis.

 

[30] REGISTRO OFICIAL. Buenos Aires. Imprenta del Estado. Año 1879.

 

[31] Nota del Autor: El tema de las “Lavanderas Federales” fue tratado por varios historiadores y pintado en acuarela, entre otros,  por Emeric Essex Vidal.

[32] Op. Cit. en LANUZA, José Luis. “Morenada”. Ed. Emece. Buenos Aires. Año 1946. Pág. 112.

 

[33] LYNCH, John. “Juan Manuel de Rosas”. Buenos Aires. Editorial Emece. Año 1984.

 

[34] LOWE, Thomas George. “The British Packet and Argentine news”. El citado periodista era editor y redactor de este periódico semanal, que se ofrecía los sábados en inglés. Hemos tenido acceso a los ejemplares que existen microfilmados en la Biblioteca Nacional: Ubicación física: S1CN0133 - número de Topográfico: 20634.

[35] GROUSSAC, Paul. “Estudios de historia argentina.” Buenos Aires. Editorial Jesús Menéndez. Año 1918.

 

[36] LEY N° 242. A. G. tomo II págs. 118 y 119. Su abolición en todo el territorio de la República, y disponiendo que los que han sido esclavos sean destinados al servicio de las armas. El Senado y Cámara de Representantes, reunidos en Asamblea General: Considerando: Que desde el año de 1814, no han debido reputarse esclavos los nacidos en el territorio de la República:
Que desde Julio de 1830 tampoco han debido introducirse esclavos en ella:
Que entre los que existen por consiguiente con esa denominación, son muy pocos los de uno y otro sexo, que deban considerarse tales, y tienen ya compensado en parte su valor con los servicios que han prestado.
Que en ningún caso es más urgente el reconocimiento de los derechos que estos individuos tienen de la naturaleza, la Constitución y la opinión ilustrada de nuestro siglo, que en las actuales circunstancias en que la República necesita de hombres libres, que defiendan las libertades y la independencia de la Nación, decretan :
Artículo 1°.- Desde la promulgación de la presente resolución, no hay esclavos en todo el territorio de la República.
2°.- El Gobierno destinará los varones útiles que han sido esclavos, colonos o pupilos, cualquiera que sea su denominación, al servicio de las armas por el tiempo que crea necesario.
3°.- Los que no sean útiles para el servicio militar, y las mujeres, se conservarán en clase de pupilos al servicio de sus amos, con sujeción por ahora a la ley patria sobre pupilos o colonos africanos.
4°.- Los derechos que se consideren perjudicados por la presente resolución serán indemnizados por leyes posteriores. Comuníquese al P. E., etc.  Sala de Sesiones en Montevideo, a 12 de Diciembre de l842. Manuel B. Bustamante. Juan A. la Bandera. 
 
Nota del Autor: Consulta (on line) en http://archivo.presidencia.gub.uy/_Web/ddhh/LEY242.htm

 

[37]  Nota del Autor: Recomendamos la lectura del libro de TORRES, Juan Lucio. “El Soldado Negro En La Epopeya Libertadora Argentina” Editorial Instituto de Historia Militar Argentina. Año 2003.

 

[38] ALVAREZ, José María, VÉLEZ Dalmacio -con varios apéndices, párrafos, etc.-. “Instituciones de Derecho Real de España”. Buenos Aires. Imprenta del Estado. Tres Volúmenes. Año 1834.

Nota del Autor: Utilizamos la obra en tres volúmenes que se encuentra en la Biblioteca Nacional del Maestro de la Ciudad de Buenos Aires, Sala Americana del Palacio Pizzurno, donada por Alfredo Colmo, con la siguiente nomenclatura: SC 005-03-025 v. 01, SC 005-03-026 v. 02 y por último SC 005-03-027 v. 03



 

[39] ALVAREZ, José María, VÉLEZ Dalmacio. Op. Cit. Tomo 1. Pág. 47-52

 

[40] GELER, Lea “Pobres Negros! Algunos apuntes sobre la desaparición de los negros argentinos.” En “Estado, Región y Poder Local en América Latina. Siglos XIX y XX.” (Dir.) Pilar García Jordán. Ed. Universitat de Barcelona. Barcelona. 2007. Pág. 115-154.

 

Nota del Autor: Existe una versión digital de la obra (on line): http://books.google.com.ar/books?id=1fzr-2MCFiYC&pg=PA150&lpg=PA150&dq=el+proletario+1858&source=bl&ots=BCwjY1zdfw&sig=jeT79bCDOxESql4g41i6En1hFdQ&hl=es&sa=X&ei=OfAJUOvApKo8QSI_LX4Cg&ved=0CC0Q6AEwAA#v=onepage&q=el%20proletario%201858&f=false

 

[41] SCHÁVELZON, Daniel. “Buenos Aires Negra ».Ed. Emece. Buenos Aires. 1999.

 

[42] TOCQUEVILLE, Alexis De. “La Democracia en América”. Imprenta de José Trujillo E Hijo. Madrid.1854. Pág. 249

 

[43] QUESADA, Vicente G. “Memorias de un viejo”. Ed. Fondo Nacional de Las Artes. Buenos Aires. 1998.

 

[44] Nota del Autor. Recomendamos nuevamente al Tesoro de la Biblioteca Nacional donde se encuentra la obra “el génesis de nuestra raza”, editado en Buenos Aires, por La Bolsa, en 1862, siendo su Ubicación física : TES3A064413 Número Inventario : 00009098 Número de Topográfico: 529. Es de más fácil acceso la obra “Miscelánea, Estudios y Artículos Varios” editada en Buenos Aires, en tres tomos, por la Imprenta Compañía Sudamericana de Billetes de Banco. Año 1903. Que contiene el artículo “El tambor”.

 

[45] SARMIENTO, Domingo F. “Conflicto y armonía de razas en América”. En Obras Completas. Volumen XXXVII. Universidad Nacional de La Matanza. Año 2001. Págs. 56 y 57.

 

40 ZEBALLOS, Estanislao. “Las Conferencias en Williamstown”. Buenos Aires. Talleres Gráficos de la Penitenciaría Nacional. Año 1927. Pág. 81

 

Nota del Autor: Por ser un ejemplo de complejidad  recomendamos su lectura en la Biblioteca Nacional (
Ubicación física: S2AG152418. Número Inventario: 00496649

 

[47] GELER, Lea. “Aquí…se habla de política. La participación de los afroporteños en las elecciones presidenciales de 1874”. Revista de Indias. Volumen LXVII. Número 240.Madrid. 2007. Existe una versión on line en el sitio: http://revistadeindias.revistas.csic.es/index.php/revistadeindias/article/viewFile/607/673.

 

[48] CHAMOSA, Oscar. “Asociaciones Africanas de Buenos Aires.” Tesis de licenciatura en Historia, Universidad Nacional de Luján. Año 1995.

 

[49] Nota del Autor: Si bien la clásica obra de Lanuza trata el tema fundacionalmente, recientemente el Dr. Miguel Angel Rosal ofreció en forma de Apéndice Documental un estudio de las sedes inmuebles de las sociedades africanas en su artículo “Las Asociaciones Africanas Porteñas y las formas de la religiosidad durante el siglo XIX”. Págs. 265 y 266, en la obra “Negros de La Patria” dirigida por Silvia C. Mallo e Ignacio Telesca. Ed.SB. Buenos Aires. 2010.

 

[50]  REGLAMENTO DEL 30 DE NOVIEMBRE DE 1821 PARA LA NACIÓN CONGA. Artículo 6º. “No se podrán enagenar los bienes, muebles o raíces De la Sociedad sin previo aviso De la Policía.”

 

[51] Reglamento para el Gobierno de las Naciones Africanas dado por el Superior Gobierno. Agosto 11 del año 1823. AGN, Sala X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864).

[51] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Caja X. 31–11–5. Policía y Sociedades Africanas.

[52] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[53] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X, 32-10-3 (Libro Asuntos Varios. Volumen VI. Documento Fs. 99)

[54] MARTÍNEZ DE SÁNCHEZ, Ana María. “Cofradías y obras Pías en Córdoba del Tucumán”. Edit. Universidad Católica de Córdoba. Córdoba. Año 2006.

 

[55] ZINNY, Antonio y Enrique N,  O'CONNOR Arturo Reynal. “La Gaceta mercantil de Buenos Aires 1823-1852; resumen de su contenido con relación a la parte americana y con especialidad a la historia de la República Argentina”. Buenos Aires. Ed.  Talleres Gráficos de la Penitenciaria nacional. Año 1912.

Nota del Autor: La edición existente en la Biblioteca Nacional es la de 1875 editada por la Imprenta Americana, pág. 384. No existe ni en la citada Biblioteca ni en otras de la Ciudad de Buenos Aires el periódico de la fecha citada ni materialmente, ni microfilmado, por lo cual nos vemos obligados a citar a compiladores de prensa.

 

[56] Doña Anacleta Laguna (entregó 50 pesos); Juan José Valle (25 pesos) y Antonio Ortiz (100 pesos).

 

[57] BONURA, Elena. “El Sistema económico de Rosas. Introducción a su estudio”. Buenos Aires. Año 1982.

[58] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864).

 

Nota del Autor: Si bien los legajos comienzan con un índice manuscrito de treinta y nueve sociedades o expedientes, en algunos de ellos existen constituciones o referencias a más de una sociedad afroporteña.

 

[59] ROSAL, Miguel Ángel. “Africanos y afrodescendientes en el Río de la Plata. Siglos XVIII y XIX. Buenos Aires. Editorial Dunken. 2009. Pág. 205.

 

[60] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 1. Fojas –sin numerar- 11, 11 vuelta, 12, 12 vuelta y 13.

 

[61] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 2. Fojas –sin numerar- 1 vuelta.

 

[62] Inferimos el nombre “Sabalu” por el contexto de la grafía y por la nota periodística referenciada del año 1842, pero resulta difícil de comprender desde el Documento.

 

[63] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 11.

 

[64] SOCIEDAD LOS AFRICANOS (BUENOS AIRES). “Reglamento de la Sociedad Los Africanos”. Buenos Aires. Imprenta Rural. Año 1876.

Nota del Autor: El único ejemplar al que hemos podido acceder se encuentra en la Biblioteca Nacional con Ubicación física: S2BG231507V Número de Inventario: 00639231 Número Topográfico: 69766. Sin embargo, nuestra búsqueda ha sido infructuosa con relación al libro “Reglamento de la Sociedad  Negros Mumbones. Fundada el 9 de enero de 1876”. Editado en Buenos Aires. Imprenta Americana. Año 1878.

[65] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA IX, 31-4-2 (División Justicia). Legajo Número 13.

 

[66] Nota del Autor: El documento está dañado en esta parte y sufre una rotura pero se infiere la negativa en el análisis contextual de la Foja de Vuelta.

[67] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 1. Foja 3.

 

[68] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 1. Foja 3.

 

[69] Artículo 15. Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros.

 

[70] Artículo 16. Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros.

 

[71] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 1. Foja 3 vuelta.

 

[72] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X.  PROTOCOLOS NOTARIALES. R2. Año 1830. Foja 149.

 

[73] Nota del Autor: Según estudios de los Protocolos Notariales del archivo General  de la Nación, podemos observar que en el año 1860, sólo ciento cincuenta inmuebles eran de propiedad de afroporteños.  (Ver Rosal, M.A. Opus Cit. Pág. 93.)

 

[74] ROSAL, Miguel Ángel. “Africanos y afrodescendientes en el Río de la Plata. Siglos XVIII y XIX. Buenos Aires.” Apéndice Documental. Editorial Dunken. 2009. Páginas 104 a 106.

 

[75] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 3 materialmente (número 2 formalmente). Fojas –sin numerar- 3.

 

[76] Artículo 19. Reglamento de la Sociedad de Morenos Brasileros.

 

[77] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 3. Fojas –sin numerar- 2.

 

[78] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 4. Fojas –sin numerar- 2.

 

[79] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 6. Fojas –sin numerar- 3, 3 vuelta y 4.

 

[80] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Sociedad Maraví. S/Nº.

 

[81] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. SALA X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo Número 37. Fojas –sin numerar- 3 y siguientes.

 

[82] ALVAREZ, José María, VÉLEZ Dalmacio -con varios apéndices, párrafos, etc.-. “Instituciones de Derecho Real de España”. Buenos Aires. Imprenta del Estado. Tres Volúmenes. Año 1834. Tomo I. Pág. 51

 

[83]  Periódico LA BROMA. 4 de noviembre de 1882. Tesoro de la Biblioteca Nacional. Microfilm rollo número 1687.

 

[84] GELER, Lea “Andares negros, caminos blancos. Afroporteños, Estado y Nación. Argentina a fines del siglo XIX.” Edit. Prohistoria. Rosario. Año 2010. Pág. 281-302

 

[85] GARCIA JORDÁN, Pilar. “Dinámicas de poder local en América Latina. Siglos XIX-XXI”. Editorial Universitat de Barcelona. Año 2009. Pág.98 y siguientes

Nota del Autor: Existe una versión on line parcial en http://books.google.com.ar

[86] Nota del Autor: PERIÓDICO LA CRÓNICA. Años 1854-1855. Biblioteca del Congreso de la Nación en 4 rollos de microfilms. Ubicación H. MFIL 37. A.S.R. D.26.

[87] GELER, Lea “Andares negros, caminos blancos. Afroporteños, Estado y Nación. Argentina a fines del siglo XIX.” Edit. Prohistoria. Rosario. Año 2010. Pág. 281-302

 

[88] ESPINOSA VALDÉS, Mabel. “Comportamiento sociocultural de los esclavos africanos y sus descendientes en la región de Cárdenas (1800 - 1880)” CD de Monografías 2011. Editado por la Universidad de Matanzas “Camilo Cienfuegos”. Cuba .2011. Existe una versión en line en http://monografias.umcc.cu/monos/2011/FUM%20CARDENAS/mo11sc27.pdf

 

[89] Biblioteca Nacional. Sala del Tesoro. Microfilm. Rollo 1687.

 

[90] Biblioteca Nacional. Sala del Tesoro. Microfilm. Rollo 1692.

 

[91]  PLATERO, Tomás A. “Piedra Libre para nuestros negros.” Ed. Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Buenos Aires. Año 2004.

 

[92] CIRIO, Norberto Pablo. “Tinta negra en el gris del ayer”. Editorial Biblioteca Nacional-Teseo. Buenos Aires. Año 2009.

 

[93] YAO, Jean Arsène. “El poder de la prensa, la prensa del poder: reflexión en torno al periodismo afroargentino”. Versión on line: http://amnis.revues.org/183

 

[94] Nota del Autor: Fama como noticia esclarecida de un acontecimiento o persona.

 

[95] Nota del Autor: En vísperas de la guerra civil española  un camarero republicano amotinó a la tripulación y tomó el control del buque.  Dardo Cúneo, periodista argentino, era pasajero del navío y publicó esa noticia que recorrería el mundo. Además escribió libros memorables como Sonetos con Dios o Cancionero de Frontera. Es autor de una gran cantidad de artículos en diarios como La Razón, Critica, Última Hora o La Vanguardia. También escribió un artículo en La Vanguardia referido a alguien invisible para ojos no acostumbrados a ver. Corría el año 1945.

 

[96] DIARIO CLARÍN. “Murió el escritor y periodista Dardo Cúneo”. Edición del 16 de abril de 2011.

 

[97]  BURZIO, Humberto F. “Catálogo del Periodismo e Imprenta Argentina”. Ed. Museo Histórico Nacional. Buenos Aires. Año 1960. Pág. 55.

 

[98] Nota del autor: En la época los periódicos solían denominarse “hojas” simplemente porque el formato solía presentarse en una hoja de dimensiones aproximadas a un formato A3 actual.

 

[99]  CÚNEO, Dardo. “El primer periodismo obrero y socialista en la Argentina”. Ed. La Vanguardia. Buenos Aires. Año 1945.

 

Nota del Autor: Existen pocos ejemplares de esta obra. El que hemos encontrado en mejor estado se encuentra en la Biblioteca del Maestro de la ciudad de Buenos Aires, en el Palacio Pizzurno, Sala Americana.

 

[100] La Raza Africana del 7 de enero de 1858.

[101] Vale destacarse que Juan Manuel de Rosas en la época aún vivía y residía en el sur de Inglaterra.

 

[102] La Raza Africana del 7 de enero de 1858.

[103] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[104] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[105] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[106] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[107] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[108]El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[109] El Proletario entrega del 18 de abril de 1858.

 

[110]   El Proletario entrega del 16 de junio de 1858.

 

[111] El Proletario entrega del 4 de mayo de 1858.

 

[112]  El Proletario entrega del 4 de mayo de 1858.

[113] Nota del Autor: Entre otro material hemos leído al respecto a las siguientes obras: ODDONE, Jacinto. “Historia Del Socialismo Argentino.” 2 Tomos. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1983. CAMARERO, Hernán y HERRERA, Carlos Miguel. “El Partido Socialista en Argentina.” Colección de historia argentina. Editorial Prometeo. Buenos Aires. Año 2005.

 

[114] Nota del Autor: Hacia el año 1894 se fundó el Partido Socialista Obrero Internacional.

 

[115] Nota del Autor: Ofrecemos los siguientes links para escuchar música de carácter afroporteño -colonial: http://www.youtube.com/watch?v=JlxVh8umiis o también http://www.youtube.com/watch?v=zCTO2bh5h9c&feature=related

 

[116] Nota del Autor: Es posible acceder a resúmenes de los informes censales, de forma on line, en los siguientes sitios: http://www.censo2010.indec.gov.ar/cuadrosDefinitivos/analisis_cuarta_publicacion.pdf y en http://www.censo2010.indec.gov.ar/swf/afros2.swf; 

 

[117] ESTRADA, Marcos de. “Argentinos de origen africano”. Ed. EUDEBA. Buenos Aires. Año 1979. Página 119.

 

[118] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 32-10-1. Foja 64 y 64 vuelta. (foja 53 y 53 vuelta de la antigua numeración).

 

Nota del Autor: Existe una versión incompleta en LANUZA, José Luis. “Morenada” Emece Editores. Buenos Aires. Año 1946. Págs.108 y 109.

 

[119] Nota del Autor: El documento está dañado en esta parte y sufre una rotura pero se infiere la negativa en el análisis contextual de la Foja de Vuelta.

[120] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 32-10-1. Foja 61 (Antiguamente numeradas 224 y 51).

 

[121] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 32-10-1. Foja 63 (coincide con la antigua numeración).

 

[122] Nota del Autor: Hemos observado que en Expedientes de la época se utilizaba a modo del “con cuerda” notarial el término “Buenos – Ayres” como ligazón de fojas.

 

[123] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN. Sala X. 32-10-1. Foja 62 y 62 vuelta (Antiguamente numeradas 225 y 52).

 

[124] Reglamento para el Gobierno de las Naciones Africanas dado por el Superior Gobierno. Agosto 11 del año 1823AGN, Sala X, 31-11-5 (División Gobierno Nacional, Policía, Sociedades Africanas, 1845-1864). Legajo 1. Fojas –sin numerar- 16 a 19.

Nota del autor: Existe una versión on line en GOLDBERG, Marta Beatriz. “Las Sociedades Afroargentinas de Ayuda Mutua en los siglos XVIII y XIX” www.cementeriochacarita.com.ar/SociedadAfroArgentinas.rtf

 

 

[125] Nota del Autor: En los folios originales se advierte un error de numeración, pues en vez de artículo tercero  se continúa con la numeración de los incisos y se produce un salto del artículo segundo al quince.