IUSARS

 

Héctor Gonzalo Ana Dobratinich[1]

 

 

I.- Introducción

El Derecho se despliega en la cultura social compartiendo el espacio con todo el complejo de disciplinas que la representan desde diferentes ópticas, lo que delimitará sus formas de representación. Sobre este punto el Dr. Ciuro Caldani sostiene que el Derecho es un despliegue de la cultura íntimamente vinculado con el resto de ella entre los cuales se destaca el Arte[2]. Si se observa el binomio propuesto parece difícil de entenderlos de manera conjunta. Pero sin embargo, un detenido análisis nos demuestra un interesante número de vinculaciones. Entre ellas, encontramos el arte de la literatura, la pintura y el teatro introducidos oblicuamente en los diferentes saberes, entre ellos el Derecho. El nuevo multiculturalismo, las múltiples relaciones y la velocidad con que estas se dan permiten hablar de una transversalidad entre las diferentes formas de estudiar los fenómenos sociales, una de ellas será la vinculación necesaria y problemática entre Derecho y Arte que en adelante daremos en llamar “IUSARS”.

 

 

II.- Desarrollo del tema

Tal como lo expondrá Amalia Amaya en “Derecho y Literatura”, el mundo jurídico se caracterizará por su formalismo, plasmado en codificaciones y severos tratados de complejas estructuras normativas mientras que el mundo literario se mostrará como intento de conservación de la realidad, de ruptura de las formas o la creación de nuevos espacios cuya originalidad permitirá salir de los marcos normativos y articulaciones numeradas, las certezas, los rigores de la lógica y los convencionalismos[3]. Pero sin embargo la IUSARS es un testimonio que permite conocer mejor la relación entre las normas y la realidad social ya que las representaciones de las problemáticas jurídicas plasmadas en los textos literarios permiten engrandecer las fronteras jurídicas repensándolas desde la interdisciplinaridad lo que lleva a la construcción de nuevos espacios críticos capaces de cuestionar fundamentos, principios, validez e instituciones. Las diferentes vinculaciones que se darán, permitirán sostener y representar el canon iusfilosófico dominante en un determinado período; la deconstrucción y la crítica o bien el nacimiento y posterior formación de un nuevo orden jurídico. El arte literario corre la mirada, amplia el espectro no solo al lector del texto sino al actor jurídico y lo devuelve a la realidad con nuevas perspectivas, nuevos mundos visitados. Atomiza la visión objetivada en el cual se mueven los sujetos y le muestra la multiculturalidad, el espacio de lo posible donde se acepta lo establecido o se propone el cambio hacia una nueva cultura jurídica, tal como ese juego no-neutral que propone Gadamer en donde el observador interviene y el arte lo interviene en su identidad, su historia[4].

Las diferentes formas de vinculaciones se darán de acuerdo a los modos de pensar en los diferentes períodos IUSARS. Theodor Adorno dirá que el arte extrae su concepto de las cambiantes constelaciones históricas lo que hace que su concepto no pueda definirse[5]. Las relaciones, de modo dialéctico se desarrollaran en un primer momento como imitación y repetición de la supuesta “naturaleza jurídica”. Pero es en ésta última donde se concibe el germen que tendrá la fuerza para proponer y luego promover un cambio paradigmático sobre las maniobras lingüísticas que Roland Barthes encontrará como legislación, clasificación y orden, en definitiva síntomas de poder. La literatura sublevará constantemente, canalizando la creatividad en el Derecho lo que va permitir la expansión de realidades jurídicas imperantes y que hasta ese momento se creían únicas y fundamentadas en constituciones y códigos.

La literatura protectora del derecho o creadora del anti-derecho, la creación desde la destrucción,  inquisidora de inconformidades o disonante ante la “normalidad jurídica”; en definitiva la interpretación respetuosa o deconstructiva. Estos dos momentos se verán encontrados en las letras que empiezan a legislar sobre la nueva cultura jurídica emergente. Esa ligazón planteada por Ronald Barthes, entre el sujeto y lenguaje en donde se intenta una lectura externa para volver a legislar y clasificar conceptualmente la realidad[6]. Este importantísimo movimiento evolutivo se verá reflejado en el modelo explicativo de la evolución científica de Thomas Kuhn, donde distingue los períodos de normalidad, anomalía, el de los primeros logros y la vuelta a la normalidad para dar de nuevo inicio a la cadena de desarrollo[7].

Tal como lo indica Isolina Dabove, diferentes pensadores filosóficos se han ocupado de la relación Derecho-Literatura. Autores como Richard Posner, Ronald Dworkin, Enrique Marí, Werner Goldschmidt, Miguel Ángel Ciuro Caldani, Carlos María Cárcova, Ricardo Guibourg, entre otros, han expuesto su opinión en torno a la IUSARS.

IUSARS no es convivencia aislada ni aparente sino vinculación necesaria y problemática en un mismo espacio. Encontramos al mundo jurídico colmado de aspectos literarios y a las letras expresando significados jurídicos. La estética literaria toma una posición frente a las concepciones iusfilosóficas, cuyas formas de entenderlas no solo se aprehenden escudriĖando las legislaciones o las doctrinas, sino que también la literatura da cuenta de una manera de captar y racionalizar el Derecho. Michael Foucault encuentra la explicación del Derecho Penal en una determinada época en el Edipo Rey de Sófocles[8]. Por su parte, el Martín Fierro de José Hernández hará oír su protesta ante el marcado iuspositivismo de un Estado en formación. Se descubre que un elemento de la historia jurídica como lo es la coacción puede ser sinónimo de convicción en el texto literario, lo que pone en debate el tópico de la validez del Derecho y no su vigencia ya que lo considera útil y funcional. Así también existen los contraejemplos desde donde se cuestionan los derechos de pocos y frente a ellos, las obligaciones de muchos.

Encontrándose en primeros períodos en el lugar común de la mitología con dioses legisladores o en la poiesis normativa llegamos no sin pasar por momentos fluctuantes en el tiempo, a la historia argentina donde en sus diferentes períodos se dio esa relación simbiótica e indisoluble de Derecho-Literatura, destacándose  cambiantes contextos sociales signados por las rápidas transformaciones de paradigmas.

Vemos así que el arte literario es un emergente de las concepciones iusfilosóficas vigentes en un momento dado en Argentina. En cuanto emergente, cumple distintas funciones en relación a esas concepciones. En algunos casos repite, consolida y sedimenta las concepciones hegemónicas y en ese punto se transforma en un instrumento conservador y resistente a los cambios. Pero al mismo tiempo en otros casos, opera como herramienta que expresa la disconformidad social, como instrumento de denuncia y ruptura incentivando a la transformación de la cultura jurídica hegemónica. Y en última instancia trabaja sobre el terreno batallado para dar paso a una nueva y renovada iusfilosofía transformada totalmente. El nudo IUSARS no es pensado solamente de una perspectiva análisis teórico sino que busca escapes de presión en la praxis, intentando y a veces logrando un cambio del arquetipo enraizado.

La IUSARS, aún desde posturas de pensamiento diferentes es innegable. Ahora bien debemos pues, dar cuenta y establecer cómo se dan esas vinculaciones que consideramos necesarias y problemáticas. La relación se dará de forma dialéctica en donde se encuentra en primer término la unidad originaria y estable, pasando luego por el conflicto y la ruptura trasformadora para en una instancia final volver a la unidad pero de modo enriquecedor ya distinta a los momentos anteriores. La Literatura Argentina, frente al Derecho Argentino, se muestra en primer lugar como conservación de la unidad donde se da una evolución IUSARS normal y eficaz de retroalimentación. En segundo lugar, como protesta en la que el arte literario no es funcional a la postura iusfilosófica del momento porque expresa y construye realidades distintas, contradictorias a las sostenidas por los actores jurídicos. Es un hecho de ruptura y distanciamiento en la IUSARS en donde se pone en tela de juicio cuestiones, hasta esos momentos, consideradas como válidas. A este primitivo aislamiento de las letras, leídas por pocos y, vilipendiadas y descalificadas por todo la institución conservadora del dogma que no ve reconocido al Derecho en los textos, le sigue el cuestionamiento y pregunta por descubrir nuevas vías interpretativas en materia jurídica. En donde se desemboca en un tercer momento considerado como un estadio de síntesis superador conciliatorio en donde las diferencias desencontradas se reconcilian. En este punto es donde la IUSARS es fin y principio de una nueva dialéctica que le permitirá su constante movilidad. En síntesis, la vinculación entre Derecho y Arte se dará bajo tres formas. En primer lugar, como vínculo de normalidad. Seguido, en un vínculo de protesta y ruptura, para concluir en un vínculo de reconciliación e instauración de una nueva normalidad.

En Argentina podemos distinguir ciertas etapas importantes donde se dio de forma marcada la IUSARS. Sin restarle la fuerte importancia que tuvieron los períodos pasados, iniciamos nuestro análisis desde el momento paradigmático de la aprobación de la primera Constitución. Los períodos que se comprenden son:

a).- 1853/1880: El Derecho se basa en un iusnaturalismo como sinónimo de normalidad nacional y organización en torno a la primera Constitución Nacional pasando a una etapa de ruptura plasmada en positivismo normológico signado por la Codificación Civil de Vélez Sarsfield y las primeras pinceladas por el intento de formación de un Estado moderno. Se ve plasmada la IUSARS en Martín Fierro de José Hernández, el Facundo de Sarmiento, Una excursión a los indios ranqueles de Lucio Victorio Mansilla, El Matadero y La Cautiva de Esteban Echeverría, entro otros.

b).- 1880/1930: A un Estado moderno consolidado, signado por la idea de orden, representada en las normativas positivistas se le contraponen el debate entre las clases de elite y su intento de conservación de las tradiciones. Éstas se ven amenazadas por los grandes movimientos sociales y la inmigración que intenta ascender tanto económica como socialmente. A ello se le suman los intentos de laicización de las instituciones estatales intentando forjar un Derecho de principios naturalistas atravesando las manifestaciones ácratas de principios del siglo XX para desembocar en un positivismo autoritario, el derecho como voluntad del soberano. Junto al transcurrir iusfilosófico nacen obras como En la sangre de Eugenio Cambaceres, La bolsa de Julián Martel, Horacio Quiroga con su obra El hombre artificial, ņInocentes o culpables? de Antonio Argerich, Don Segundo Sombra por Ricardo Güiraldes, Viaje maravilloso del seĖor Nic-Nac al planeta Marte por Eduardo Holmberg, las producciones literarias del Grupo de Florida y el Grupo de Boedo entre las que se destaca Los siete locos de Robert Arlt.

c).- 1930/1974: Producciones como tales como Adán Buenosayres o El Banquete de Severo Arcángelo de Leopoldo Marechal, Rayuela de Cortázar,  Operación Masacre de Rodolfo Walsh y autores como Juan Filloy, Macedonio Fernández o Manuel Mujica Láinez darán muestra de la necesariedad dialéctica donde del positivismo normativista conservador de modelo anglo-afrancesado, se transita por un iusnaturalismo hispánico de bases sociales y populares. Se produce la modernización de las prácticas y las estéticas, con rupturas de orden lineal de la historia, la multiplicidad de puntos de vista y la injerencia de discursos del psicoanálisis, la sociología, entre otros. Ello va a decantar en la convivencia del derecho crítico por un lado y un positivismo a ultranza por el otro, donde la dominación de este último llevará al Derecho a instancias insostenibles.

d).- 1974/1994: Surge la positivización radical en el universo jurídico y con ello también la crisis de la representación de las nuevas formas narrativas. La cultura se organiza de modo autoritario censurando las creencias, juegos y libertades del arte literario. El individuo atomizado en búsqueda de una identidad, necesario de significados y sentidos es incapaz de aprehender la realidad fragmentada. Se renuncia a la idea de representación de lo real; las metáforas truncas y las figuraciones incompletas son los métodos de escape y salvación ante la asfixia de la presión normativa. Se busca salidas superadoras por teorías integrativistas y post-positivistas críticas o neoconstitucionales, con fuertes cuestionamientos hacia las experiencias del pasado y una percepción disconforme sobre la desigualdad material entre los individuos. Los ordenamientos jurídicos son pensados en torno a normativas que superen el individualismo soberano de la autonomía, en pos de participación y reconocimiento de derechos y garantías sobre solidaridad social e instituciones inclusivas, teniendo su punto cúlmine con la Reforma Constitucional del aĖo 1994. La IUSARS se expresa en este período en parte como búsqueda de identidad, como forma de denuncia y disconformidad. Permite el juicio catártico que los juzgados niegan y aducen no ver en fojas en blanco cuya constancia está plasmada en ilegítimas amnistías. La Carta Magna es creadora de derechos que hasta ese momento se imaginaban lejanos, y ahora se piensan posibles. Los textos como Juan López y John Ward o el libro Ficciones de Jorge Luis Borges, El libro de Manuel o Alguien que anda por ahí de Julio Cortázar, Nombre falso o Respiración artificial de Ricardo Piglia, Tratos inútiles de Jorge Manzur o escritores como Juan Martiri, Osvaldo Soriano, Héctor Tizón, Rodolfo Fogwill, Abelardo Castillo o Juan José Saer, Velcro y yo de Martín Rejtma darán su postura en el juego triádico de la IUSARS.

Considerando pues, toda esta fuerza móvil que se produce entre Derecho-Literatura es posible hacer un recorrido histórico e iusfilosófico, trabajando sobre las tríadas que permiten y obligan su movimiento.

En este primer análisis nos hemos circunscripto a la esfera literaria, pero sin embargo, no queremos dejar pasar por alto la relación de carácter más general que se establece entre el Derecho y el Arte (IUSARS). Siguiendo la propuesta de que “el Derecho es un despliegue de la cultura” y que por lo tanto, se va a relacionar con todas las formas de expresión que en ella se desarrollen, el Arte comprende otros ámbitos además del literario, tales como las producciones pictóricas y teatrales, entre otros. Es por ello que proponemos indagar en torno a la vinculación existente entre el derecho y el arte desde estos dos espacios citados, en pos de demostrar el contenido y la complejidad que encierra la IUSARS.

Al hablar de representaciones pictóricas nos adentramos en un terreno tan vasto como la cultura misma. La comunicación y la representación desde la pintura tienen orígenes prehistóricos, lo que hace considerarla una de las formas de expresión cultural más antiguas. En todo momento la pintura se hace con perspectivas comunicativas, aún cuando exterioriza expresamente sus intenciones rupturistas, trasmite significado. El hombre de la cueva y sus pinturas, como indicio de las primeras producciones, no solo empieza a expresarse sino también a emitir su percepción y concepción respecto del entorno. Los primeros grabados destacan figuras humanas y animales. El hombre se reconoce como algo distinto, empieza a marcar su individualidad no solo frente a los de su misma especie, sino también frente a las otras. En otras circunstancias históricas, los egipcios también darán muestras de sus conocimientos artísticos de una forma mucho más acabada y elaborada. La aparición y la posterior aplicación del Derecho, como instrumento ordenador del imperio así como herramienta pedagógica, no solo se debió al importante papel de la diosa Maat, al poder ilimitado del faraón o al chaty (magistrado supremo) y demás magistrados de los tribunales sino también a las pinturas. En una civilización tan importante, de la cual se conocen pocos indicios de un cuerpo codificado de leyes, el papel de la imagen cumplía un papel muy importante.

El arte egipcio se caracterizaba, además de sus representaciones en perfil, los planos superpuestos y la falta de la perspectiva, por destacar los niveles jerárquicos de la sociedad. El tamaĖo de las representaciones mostraba la importancia que tenía cada individuo, v. gr. el faraón era el de mayor tamaĖo, en semejanza a los dioses. Se observa, que no es necesario valerse de un derecho positivo para indicar a quien se le debe obediencia y desde quien se imparten las órdenes. La pintura es la que otorga e indica a los habitantes sus derechos y obligaciones. La grandilocuente representación es consecuente con el papel de juez supremo que detentaba el faraón, garante del orden y la justicia. El arte es proclive a sostener las estructuras de un determinado gobierno, es un instrumento de ayuda para conservar las pretensiones de un determinado sector.

En aĖos posteriores y siguiendo una perspectiva de magnanimidad al igual que las pirámides egipcias, se erigirán fastuosas catedrales cuyos vitraux góticos tendrán las mismas funciones simbólicas-pedagógicas ante un cristianismo en decadencia. Este crepúsculo no solo incide en el aspecto teológico propiamente dicho, sino que al hablar de cristianismo en la edad media, estamos incluyendo significaciones políticas, culturales, económicas o jurídicas, entre otras. No es posible establecer una marcada división entre el ámbito teológico y los demás discursos sociales, ya que todos ellos coexistían y se coimplicaban necesariamente.

No por nada el surgimiento del movimiento gótico florece hacia mediados del siglo XII. Debemos dar cuenta que en este siglo, la religión fue el punto de partida e inflexión dominante de todas las relaciones sociales y marcos gnoseológicos del mundo occidental. El gran acontecimiento que referencia este período fue las cruzadas, cuyo oculto interés era occidentalizar territorios no conversos al dogma reinante. Tal como lo planteará el historiador Arnold Toynbee[9], el mundo se le presentaba a occidente como contrario y este último debía enmarcarlo en un iluminado imperio racional.

Es así que en este complejo universo, el ámbito jurídico debía ser  necesariamente repensado como instrumento de constitución y formación social. Desde un punto de vista iusfilosófico, debemos destacar la importante participación de la “escuela de los glosadores”. Sus ideas van a  tener una fundamental importancia en la epistemología del Derecho y con ella sus modos de interpretación. Basando su método en la exégesis textual de los textos jurídicos, mantenían su punto referencial en el Derecho Romano, cuyo punto cardinal era la obra justinianea. En paralelo a la interpretación de los textos sagrados o la hermenéutica propiamente dicha y el ensalzamiento del derecho canónico, se encaminaba el estudio del derecho, que más que estudio era una aceptación literal de los textos.

Sin embargo, dicha aceptación es pasible de un análisis crítico en su ubicación espacio-temporal, en donde se intentaba delimitar una única línea del derrotero normativo. Desde una perspectiva actual, no podemos desconocer que todo proceso epistemológico lleva consigo una multiplicidad de implicancias. El Dr. Carlos Cárcova da cuenta de ello en su artículo “ņHay una traducción correcta de las normas?”[10], en el que indica que para actualizar estructuras de sentido se necesita de creadores así como también de intérpretes y una audiencia que recepte y de su devolución al respecto. Al igual que una partitura, dispuesta a ser interpretada, ya en otro tiempo, otro espacio y por otro sujeto diferente de su autor, el Derecho participa en una constante “traducción” dando como resultado un complejo entramado de discursos culturales, políticos y hermenéuticos, entre otros.

Establecer un paradigma de interpretación es darle un límite al derecho, limitando las posibilidades todo tipo de uso y abuso. Los glosadores no van a cuestionar la no contradicción sostenida por Justiniano respecto su obra prima (Corpus Iuris Civilis), así como tampoco van a negar la posibilidad de dar respuestas exactas a cada controversia que se planteara. El derecho se presenta cerrado, sólido, seguro en sí mismo, coherente y autosuficiente. Sin embargo, como una caldera sin válvula de presión tenía los días contados a su atomización. El uso y la innegable manipulación que se hacía del Derecho romano decantaría en lo que se conocerá como la “segunda vida del derecho romano”, germinando una nueva forma de investigar lo jurídico y preparando el terreno al nacimiento de las universidades. Es así que la glosa pasó de ser una interpretación de sentido, destinadas a aclarar el texto o explicarlo e intentando extraer principios rectores, a una interpretación de sentido. El cambio metodológico torno de un análisis de forma a un análisis de fondo.

El mundo jurídico, fuertemente vinculado a la religión (durante dicho período surgió la Concordia Discordantium Canonum), necesitaba de elementos que reforzaran su autoridad. La pedagogía desde lo artístico no solo era necesaria a nivel teológico, sino también en el estamento jurídico, para espesar sus postulados. Ubicaba los actores sociales en el lugar que sus dictámenes exigían. Si se observan los vitraux, ayudados por la grandeza, los trazos, los espectaculares colores, vemos que en ellos se plasman a los carpinteros, ruederos, zapateros y panaderos. La religión no solo los albergará físicamente (trifolio) sino también, simbólicamente en el espacio y altura que le correspondiese en el claristorio, junto a santas vidas, guerras épicas o familias nobiliarias.

Esta técnica de instrucción no será ninguna novedad, se mantendrá a lo largo de toda la historia. En torno a ello, exactas son las palabras de Borges a través de Alejandro Ferri en su cuento El Congreso: “(…) Noto que estoy envejeciendo; un síntoma inequívoco es el hecho de que no me interesan o sorprenden las novedades, acaso porque advierto que nada esencialmente nuevo hay en ellas y que no pasan de ser tímidas variaciones (…)”[11].

Pero como hemos indicado en un principio, muchas veces el arte deja de ser funcional, entre otras cosas, a la postura iusfilosófica del momento porque va a entender y construir desde otra óptica que no condice con los parámetros establecidos de la realidad. El choque se hará cada vez más profundo, en donde dos facciones intentan imponer sus intereses. Por un lado, aquellos que quieren mantener vigente el dogma no solo jurídico, político, religioso, económico, sino también artístico, ya que esta última forma parte del conjunto, es en definitiva cultura. Por el otro lado, aquellos quienes cuestionan las instituciones establecidas y empiezan a buscar vías de escape y soluciones aplicables con intenciones de establecer una nueva concepción cultural en sentido amplio, generando, en muchas oportunidades sin saberlo, su futura movilidad y cambio dialéctico. Para hablar de ello, consideramos muy gráfico observar el cambio desde el papel que cumplió y sobre todo que pintó, el movimiento plástico de los impresionistas.

Francia, siglo XIX. Los franceses se encuentran bajo el mandato de Napoleón III, hijo de Luis Bonaparte y sobrino de Napoleón I. El emperador caracterizó su imperio por el tradicionalismo y el catolicismo, a modo de intentar componer los cambios que había introducido la Revolución Francesa. Entre el entramado de instituciones destinadas a mantener el dogma se encuentra la reconocida Academia de Bellas Artes. Era esta quien marcaba el ritmo y equilibrio de las composiciones, rechazando y no permitiendo que ingresaran dentro del circuito a aquellas obras que no seguían los parámetros. Se institucionaliza los modos de formación que algunos modeladores del conocimiento quieren. El rechazo de cualquier tipo de innovación se vio reafirmado por apertura del “Salón de los rechazados” por parte del emperador Napoleón III. Entre las obras       que van a formar parte de este salón, se va a encontrar El almuerzo sobre la hierba de Édouard Manet, obra que será paradigmática y modelo de demostración de cómo un solo elemento o símbolo es capaz de producir la ruptura del canon e invitar a otros a repensar la realidad social.

El imperio recién se había iniciado en el proceso codificatorio y con ello daba muestras del especial sigilo que se debía mantener en torno al orden. Para ello era necesario instrumentos dispuestos a sostener los pilares imperialistas fijados en el novedoso compilado. Germinan los juristas y comentaristas dispuestos a escribir mares de tintas en doctrinas y comentarios en torno a los artículos considerados ahistóricos y atemporales, capaces de ser aplicados en todo momento y espacio. En dicho período se empieza a dar cabal importancia a la voluntad del legislador, que empieza a cumplir un rol preponderante en pos de sostener aquella frase napoleónica que todo lo resume: “mi verdadera gloria es mi Código Civil”. La tarea del juez es interpretar dicha voluntad, lo que conduce a reconocer el monopolio de la ley como fuente del derecho. Todo en la ley y nada fuera de ella.

Estos axiomas procedimentales no son meras operaciones metodológicas que tendrán implicancias solo en el plano jurídico. El Código aprobado el 21 de Marzo de 1804, es la gran conquista napoleónica, que incidía e iba a correlato de su expansión imperial. Muestras de ello, fue aplicabilidad que tuvo en una miríada de países, como lo fue en el Código Civil de Vélez Sarsfield.

El poder se desarrolla como ejercicio estratégico por coligar todas las fuerzas vectoriales que inciden en el desarrollo de los intereses políticos. El plano jurídico mantiene los límites, está articulado y escrito, dando aún mayor fuerza a sus considerandos. No permite otras interpretaciones así como tampoco otras formas normativas. Este sutil mecanismo de control intenta hacerse intersticial tratando de copar todos los rincones. Sin embargo algunos espacios no son fácilmente encuadrables, sino que desde su expresión aparentemente sumisa dan cuenta de trazos rebeldes que invitan de a poco a quebrar ciertos principios anquilosados. El camino que recorre el arte es el de la incomprensión, porque se nos adelanta. Intenta resignificar frente a la construcción social dominante que tiene como correlato oculto, la destrucción o eliminación de las minorías que no constituyen parte del todo estatal o nacional. No necesariamente hay una eliminación física de las mismas, entendiendo la desaparición geográfica, sino que en ese proceso de nominalización normativa, el hecho de no nombrarlos los elimina del discurso, lo que implica la no participación activa en decisiones sociales y su constante estigmatización.

Las expresiones artísticas estuvieron muy comprometidas con las problemáticas de su época. Pretendían analizar históricamente las circunstancias en la que se encuentran las minorías en pos de ser reconocidas. Es por ello, que dan cuenta del papel que cumple el lenguaje artístico en el proceso de construcción y de cómo es posible establecer una nueva narratividad que se aleje de una pedagogía de nominalización imperialista, para librarse de todo intento de objetivización y totalización del conocimiento. Las producciones no pretenden establecer una crítica que también se vea envuelta en un nominalismo minoritario, con la posibilidad de caer en el mismo discurso que ellos mismos intentan romper. Tienen una función pragmática, productiva, libres de todo nombre e imposición de categorías. Desde sus cuadros, amplían el centro, el signo, llevando ello consigo la posibilidad de mantener constante el derecho a significar y traducir la pluralidad de identidades. Es un proceso que no tiene pretensiones de final ni de ser un dispositivo cerrado, sino que se procura establecer el discurso de la diferencia puesto a la revisión constante sin un único vinculo con el pasado como justificativo necesario del presente.

Es paradójico que en este contexto el emperador, entienda que las pinturas de vanguardia no se correspondían con los paradigmas reinantes y las separara hacia otras exposiciones. No las elimina sino que las diferencia. Es interesante girar en torno a esta temática. Nicolás III establece una división ilustrada entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo. Como el mismo calendario gregoriano estandarizado internacionalmente hasta la actualidad, que marca el tiempo y el ritmo de todo lo que existe, el poder de la elite ilustrada e iluminada de Europa establecía el modelo ideal (hombre ideal, sociedad ideal), un orden weberiano, un dominio total de la naturaleza donde aparece el hombre y su razón como modo de conocer el mundo. Este era el punto de partida de cualquier teoría, donde el hombre superior y su razón suficiente podían alcanzar el conocimiento total de la naturaleza, los cimientos sobre los cuales enarbolaba sus cánones, dualidades absolutas y fundamentos justificados.

 Los intelectuales del impresionismo, capaces de ver desde afuera el mundo “redondo” como lo hace el dios del tríptico cerrado de El Bosco, son expulsados del paraíso. El poder y sus sutiles mecanismos, es quien enuncia, educa y da los nuevos valores y no solo aquellos que tocan ese ámbito moral sino también el artístico. Una nueva elite hará uso de su nuevo instituto de enseĖanza social, y no solo lo hará con un conocimiento impartido a nivel escolar sino que también construirá y enseĖará a sus más adeptos a construir otras instituciones donde la transmisión de conocimiento genere medios de dominación fácilmente manejables por quien o quienes estén en el sillón conductor.

Desde todos los ámbitos aparece un poder fluctuante que establecerá los cánones desde el lugar de donde se hable y que se encontrará en soledad si no hay un aparato que sostenga su discurso sobre pilares como el conocimiento, el mercado, personas calificadas y con autoridad para hablar, el regreso a conceptos tranquilizadores, un universo de individuos que comparten sus ideas, metodologías expuestas como exactas y la auto-autentificación, v. gr., una hoja con una sola palabra escrita puede ser considerada poesía si se expone en alguna institución cuyos miembros sean grandes literatos mundiales o una feria de nivel internacional con un público “reconocido” ayudado por nuevos métodos legales de afirmación de “lo normal” como la propaganda y el marketing.

La introducción que hace el impresionismo es controvertida pero sobre todo irritante. El cuadro El almuerzo sobre la hierba fue sin duda una obra paradigmática que escondía mucho de lo que se creía interpretar en ella. Una mujer desnuda, dos hombres vestidos y sobre todo la libertad del pintor para hacer lo que quisiera frente a la composición academicista. Édouard Manet, hace denuncia de un positivismo extremo traducido en todos sus ámbitos, entre los cuales encontramos al Derecho francés como instrumento de orden social.

La denuncia contra la autoridad no solo se da de modo explícito, como su cuadro El fusilamiento de Maximiliano o El tres de mayo de 1808 en Madrid de un Goya oscuro, sino que también funcionan otros elementos más sutiles como la ironía, la abstracción o la apariencia del ridículo, véase sino Las planchadoras de Edgar Degas o el revuelo de Olympia del mismo Manet.

Siguiendo en esta línea del ámbito artístico, nos proponemos continuar en el análisis del espacio teatral. Sobre ello, es interesante ver si es posible una aproximación entre el derecho y el teatro, situación nada fácil si pensamos que las pretensiones tradicionales de cada uno son distintas; mientras que el Derecho se orienta a la Justicia, el Teatro lo hace hacia la belleza. Sin embargo podemos encontrar puntos de conexión que nos permiten iniciar una posible aproximación entre ambos, ya que ambos nacen desde el discurso, en sus orígenes de boca en boca y luego de modo escrito. Asimismo, ambos se aplican a una realidad, sea fáctica en el ámbito jurídico, sea ficticia en el teatral, aunque muchas veces se vean entremezcladas y sea difícil determinar a cuál de los discursos estamos haciendo referencia. Cada uno va a tener designado su papel, el guión le dirá cuáles son sus derechos y obligaciones en los tribunales o arriba del escenario. Tanto el papel jurídico como el papel teatral interpelan y constituyen al individuo, indicándole como será considerado a lo largo del proceso representacional. Lo interesante de estos ámbitos es que sus premisas son constitutivas, el individuo por un tiempo será considerado persona, rey del medioevo, tendrá propiedad, exigirá derechos, batallará en una guerra épica, podrá ejercer actos de cual o tal tipo, realizará un viaje odiseico o se verá obligado a hacer ciertas acciones.

Interesante análisis realizan la Dr. María Isolina Dabove y el Dr. Bernardo J. Vitta, en torno a esta temática, sobre la cual intentan hacer una aproximación al problema metodológico en el derecho y en el teatro[12]. La vinculación que ambos autores establecen entre las dos disciplinas, nos permite observar sus caminos metodológicos muy emparentados en casi todos los momentos históricos. Y ello, no es un dato menor, sino que nos está indicando que las relaciones entre los diferentes ámbitos en donde el hombre interviene, se encuentran interrelacionados. Esta visión integral, nos invita a observar que el Derecho no puede ser entendido sin la participación de todos los elementos sociales de cada cultura, lo hemos visto en la literatura, la pintura y las representaciones teatrales. Claro ejemplo de esta última esfera es la obra Antígona de Sófocles.

Si somos espectadores desinteresados de esta obra, diremos que trata sobre una disputa familiar por el poder. Sin embargo, en un análisis más profundo observamos un interesante debate de carácter histórico, religioso e iusfilosófico que importa a todas las posturas posibles. En la obra se destaca un claro componente que nos permite entender como la representación muestra el marco normativo sobre el cual se está trabajando no solo a nivel artístico sino también a nivel jurídico-social. La claridad con la que aparece la temática jurídica en el texto es innegable. El sostenimiento de la existencia de leyes no escritas, eternas, inmutables y anteriores a las leyes humanas. El teatro abre el abanico de posibilidades y presenta la discusión. En su trabajo Tragedia griega y derecho, el Dr. Ciuro Caldani indica: “La tragedia griega se constituye en una gigantesca investigación para reconocer los confines, quizá podría decirse las “fronteras” del Derecho, en lo externo y lo interno”[13].

Ya en la Edad Antigua la ley natural da sus primeros signos de separación frente a la ley positiva. La idea de sostener leyes no escritas e inmutables. Sobre esta línea uno de los más grandes exponentes de la naturaleza como guía del orden es Platón. Su pensamiento es una respuesta a la concepciones de la sofística en Grecia, la cual sostiene que las leyes deben someterse a la naturaleza, desde en un sentido egoísta e inmoral; quienes dictan las leyes para su provecho no es reprobable, ya que ese acto de poder es una inclinación de la naturaleza humana. Esta falta de delimitación es respondida por Platón al sostener que existe real y objetivamente una medida de todas las cosas: las ideas, realidades independientes, que gozan una existencia absoluta y a las que no afectan las discrecionalidades humanas. Desde su crítica sostiene leyes no escritas universalmente válidas, cuya génesis se encuentra en los dioses, guiadas por la virtud conforme a la naturaleza, permitiendo establecer los correctos parámetros frente a las leyes positivas. Todas estas consideraciones tuvieron y aún hasta el día de hoy son objetos de estudio, análisis, críticas y grandes controversias. No solo desde posturas iusnaturalistas, que tendrán a Tomás de Aquino escribiendo “La ley natural es la participación de la ley eterna en la criatura racional” entrada la Baja Edad Media, sino desde varios enfoques algunos diametralmente opuestos.

 

 

III.- Conclusiones

Como hemos desarrollado, el teatro, la literatura, la pintura, en resumen, todo el mundo artístico tiene connivencia con el mundo jurídico. A su vez, vemos que el derecho se vincula constantemente con su entorno al cual forma y del cual se forma. Esta retroalimentación se va a dar en toda la cultura sobre la que el mundo jurídico tenga injerencia, entre ellas el plano artístico. Y ello, porque el Arte es expresión de cultura, sea para conservar o para cambiar. Siempre tiene pretensiones de comunicación y transmisión de enunciados teĖidos de intereses.

El arte plasma sus intenciones dentro de cada uno de sus ámbitos. La literatura sublevará constantemente, canalizando la creatividad en el Derecho lo que va permitir la expansión de realidades jurídicas imperantes y que hasta ese momento se creían únicas y fundamentadas en constituciones y códigos. El arte plástico y su idea de orden y belleza apolínea o la música como lo dionisiaco, tal como lo expone el Dr. Ciuro Caldani citando a Friedrich Nietzsche en El nacimiento de la tragedia. El Derecho y el Arte están muy vinculados por la común tensión entre lo apolíneo, más apegado a la forma y a la coherencia, y lo dionisíaco, más referido a la materia y a la vida en su impulso, que en última instancia se presenta en la cultura toda”[14].

El derecho cambia constantemente al igual que el arte. “Dios ha muerto” dirá el visionario Zarathustra. Ya no hay credibilidad en arquetipos anestésicos. El apogeo de un período se ve refundado por otro. Los cuadros realistas y dirigidos a unos salvajes irracionales con fines pedagógicos ahora tienen su contracara con la Fountain de Duchamp que no es un mingitorio sino que es Fountain y es arte, aparecen así John Cage (4`33``) o Nicanor Parra (antipoesía), entre otros. Dejan atónitos aquellos que aún sostienen las dos tablas con las diez frases perfectamente numeradas e impresas a fuego porque ahora las líneas se borran, se pierden los contornos y el lienzo blanco que en otro tiempo fue un lienzo blanco ahora es arte, un arte que funciona, aún cuando no se crea ni se entienda algo de él. Deviene la dificultad de encuadrarlo por parte de las renombradas escuelas, la imposibilidad de ubicar en que estante de sus bibliotecas está lo nuevo que se les presenta. El papel del crítico legislador tanto artístico como jurídico que delimitaba el pomerium, establecía cuales eran los cuadros que debían colgarse en los pasillos reales, decidía cual era el currículo, los buenos modales, las normas exactas, los medios de producción, los modos de intercambio, el orden administrativo, los circuitos y caminos del trabajador, entrega el terreno al crítico intérprete que se le presenta ante sí con nuevas realidades no representadas por las leyes o en automóviles amontonados (ready-mades) que están dentro del catálogo de obras del museo.

Hay un grupo disconforme frente a los pensamientos arraigados, que no busca solución a sus necesidades básicas con los mismos límites que antes establecían las fronteras o nacionalidades de un grupo. El poder que antes estaba visible y exteriorizado en un sillón, cetro, castillo o instituto ahora está diseminado, atomizado en pequeĖos actores anónimos. Como ese juego donde el cazador tiene que encontrar en un denso bosque al lobo, el intérprete tiene que encontrar los cimientos, el verdadero interés del discurso y la autoridad que establece las nuevas reglas. Pero como marcábamos, la nueva relación IUSARS empieza a manifestarse de otros modos y la tarea no es nada sencilla.

El modo de cómo encarar y saber lo que la sociedad nos propone no puede ser hecho sin el “otro”. Esta construcción es social pero diferente de una modernidad ilustrada que no concebía una conversación de igual a igual sino que dejaba caer un yunque pesado cuyas ondas expansivas se propagaban sin límites a costa de desigualdades. Ese “otro” representa la conversación desde la cual se habla, comunica e interpreta que es lo que está sucediendo, en la que estamos y en la que también participan, muchas veces de modo opuesto, otras culturas.

Lo nuevo, no es lo que debemos buscar o lo que nos debe asombrar sino saber y tener sentido crítico si lo nuevo va permitir la participación total de piezas que conforman la sociedad. Es necesario tomar un primer elemento, el conocimiento y hacerlo constantemente crítico ante un segundo elemento, el poder hasta en su más mínima expresión. Mientras ello no sea así, continuará la inquietud de saber o no, si saldremos de concepciones dogmáticas, impidiendo frente a todo el exitismo dominante, la capacidad de pensar en cuál IUSARS estamos y si ella verdaderamente está entendiendo que nace desde la sociedad y para la sociedad.

Consideramos necesario un profundo análisis que desarrolle y vincule el Derecho y el Arte, teniendo en cuenta los marcos interpretativos que ofrecen las teorías de la complejidad e integrativistas del Derecho, el Arte y la Historia. Introducirnos en varias dimensiones de análisis, como la normativa, la narrativa, la sociológica y la valorativa. Un estudio que comprenda una metodológica histórica, comprensivista y cualitativa que de modo más acabado nos permitan establecer cuando se desarrolla y en qué consiste el vínculo de normalidad. Determinar cuáles son los indicadores de rupturas que den cuenta de las exigencias sociales no reflejadas en las instituciones jurídicas y su desarrollo en la cultura jurídica. Comprender en qué consiste el vínculo de reconciliación entre Derecho y Arte y si ello se ve expresado en algún instituto jurídico nuevo, que asimile aquella mirada de protesta. Analizar si los tres tipos de vinculación propuestos dan lugar a un complejo proceso dialéctico del binomio Derecho-Arte (IUSARS), que dé cuenta de su interrelación. Todo ello, nos va a permitir elaborar una teoría explicativa de la relación dinámica compleja y dialéctica IUSARS y contribuir al desarrollo del Derecho del Arte como nueva rama jurídica trasversal y transdisciplinaria.

 

 

 

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[1] Abogado (UNT). Docente de la Facultad de Derecho (UBA). Investigador adscripto al Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales "Ambrosio Lucas Gioja". Becario de Maestría UBACyT. Maestrando en Filosofía del Derecho. Doctorando en Derecho.

[2] CIURO CALDANI, Miguel Ángel, “Aportes para la integración de la historia del derecho y la historia del arte (enfoque general - “parahistoria” jurídica – Edad moderna)”, en “Boletín del Centro de Investigaciones de Filosofía Jurídica y Filosofía Social”,  nľ 5, p. 61 y ss.

[3] AMAYA, Amalia, “Derecho y Literatura”, Instituto de Investigaciones Filosóficas, Universidad Nacional Autónoma de México. Link: www.filosoficas.unam.mx/~amaya/publicaciones/DERECHO%20Y%20LITERATURA.doc

[4] GADAMER, Hans Georg. La actualidad de lo bello, Paidós, 1991.

[5] ADORNO, Theodor W., Teoría Estética, Taurus, 1992.

[6] BARTHES, Roland, El placer del texto; seguido de, Lección inaugural de la cátedra de Semiología Literaria del CollŹge de France, 7 de enero de 1977, 2Ľ ed., Siglo XXI, 2008.

[7] KUHN, Thomas Samuel, La estructura de las revoluciones científicas, trad. C. Solís Santos, 3Ľ ed., México, 2006.

[8] FOUCAULT, Michel; La verdad y las formas jurídicas, Barcelona, Gedisa, 1991.

[9] TOYNBEE, Arnold; El Mundo y Occidente, Edición Aguilar, Madrid, 2ľ ed., 1953.

[10] CÁRCOVA, Carlos María, ņHay una traducción correcta de las normas?, Revista Electrónica del Instituto de Investigaciones “Ambrosio L. Gioja”, AĖo III, Número 4, 2009.

[11] BORGES, Jorge Luis; El libro de arena, Cuento: El Congreso, Editorial Alianza - Obras Completas, Nľ 4, Barcelona, 1998.

[12] DABOVE, María Isolina – VITTA, Bernardo J.; ņCómo se hace? una aproximación al problema del método en el derecho y en el teatro, “Jornadas de Arte, Ciencia y Derecho”, Escuela Superior de Derecho de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Colegio de Abogados de Azul, 2008.

[13] CIURO CALDANI, Miguel Ángel; Tragedia y Derecho, Jornada Interdisciplinaria sobre Contenidos Jurídicos de la Tragedia Griega, Cátedra Interdisciplinaria “Prof. Werner Goldschmidt”, Centro de Investigaciones de Filosofía Jurídica y Filosofía Social de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario y el Instituto de Estudios Interdisciplinario y Documentación Jurídica del Colegio de Abogados de Rosario, 1994.

[14] CIURO CALDANI, Miguel Ángel; El Derecho y el Arte, Boletín del Centro de Inv. de Filosofía Jurídica y Filosofía Social nľ 31, p. 85 y ss.