Discriminaci—n por orientaci—n sexual en ÒMi novia
elÉÓ
y ÒOtra historia de amorÓ, y los derechos
existenciales
Lisandro Marco Benetti[1]
1. La censura
La censura es una
intervenci—n que ejercen quienes se creen lo suficientemente aptos para decidir
por los dem‡s sobre quŽ es bueno y quŽ no. QuŽ debe leerse, escucharse, verse. Cada
persona es singular, por lo que la homogeneizaci—n de contenidos que la censura
impone, no hace m‡s que limitarnos. Nuestro pa’s, tiene una lamentable y larga
historia de censura, la cual no es motivo de esta investigaci—n, pero si la
toca muy de cerca.
Debo
nombrar a un personaje argentino que cre’a, pod’a decir quŽ era correcto y quŽ
no: Miguel Paulino Tato. Charly Garc’a, en Sui Generis, le escribi— una canci—n
memorable: Las incre’bles aventuras del
Sr. Tijeras. En 1974 sali— a la venta el cd Peque–as anŽcdotas sobre las instituciones. Obviamente, la estrofa
central de la canci—n fue censurada ÒYo
detesto a la gente que tiene el poder de decir lo que es bueno y lo que es malo
tambiŽn, s—lo el pueblo, mi amigo,
es capaz de entenderÓ.
Nombrar
a Tato es esencial para entender la censura sufrida por la pel’cula Mi novia ŽlÉ, dirigida por Enrique Cahen
Salaberry y publicada en 1975 (la cual es uno de los pilares fundamentales de
la investigaci—n) ya que en ese
momento, estaba a cargo del Ente de Calificaci—n Cinematogr‡fica. Este
organismo estatal le neg— al director, el beneficio del subsidio de fomento
industrial, ya que consideraba que el argumento de la pel’cula se encontraba
dentro de los Òtemas o situaciones aberrantesÓ.[2]
Sin
embargo la censura sufrida por la pel’cula no termin— all’ y fue mucho m‡s
violenta y directa. Si bien podr’a parecer menor, frente a cortes de varios
minutos, supresi—n de escenas y actores, cambios de finales, entre otros, el
nombre de una pel’cula es fundamental y modificarla arbitrariamente, puede
restar sentido al film en general.
Miguel
Paulino Tato decidi— modificar el nombre de la pel’cula Mi novia el travesti por Mi
novia elÉ esgrimiendo un argumento triste y propio del horror que el pa’s
vivir’a en el futuro: "en la
Argentina no existe el travestismoÓ.[3]
Negar lo que existe porque nos incomoda, porque desear’amos que no existiera.
Hay una delgada l’nea entre desear la desaparici—n de algo y hacerlo
desaparecer efectivamente. La frase de Tato no parece tan alejada de la
tristemente cŽlebre dicha por Jorge Rafael Videla algunos a–os despuŽs: ÒSi no
est‡n, no existen, y como no existen no est‡n. Los desaparecidos son eso,
desaparecidos; no est‡n ni vivos ni muertos; est‡n desaparecidos".
Con un
simple acto de censura estatal, se hizo desaparecer en el plano ideal a todos
los travestis del pa’s. Cabe destacar que esta medida se tom— en 1975, es
decir, en un per’odo democr‡tico. La prohibici—n a la censura previa de las
ideas, proclamado en el art’culo 14 de nuestra carta magna, fue ignorada
completamente por una visi—n paternalista del estado que se sent’a capaz de decir
quŽ era correcto mirar y quŽ no.
La
creaci—n del Ente de Calificaci—n Cinematogr‡fica tuvo lugar en 1969, bajo la
presidencia de facto de Ongan’a cuando se promulg— la ley N¼ 18.019. Quien la
redact— e incluso defendi— la censura cinematogr‡fica en un debate con Ernesto
S‡bato y Bernardo Neustadt no es un desconocido para los estudiantes de derecho
Civil, pues no fue otro que Guillermo Antonio Borda.
Ante el
falaz argumento de la inexistencia de travestis en Argentina, es importante
entender c—mo pensaba el censor, quŽ lo motiv— a cambiar el nombre. Basta con
buscar el nombre de Miguel Paulino Tato en Youtube para encontrar una respuesta
a dichos interrogantes. Con una sonrisa picaresca contesta a la periodista que
le pregunta si Žl es un censor: ÒMe siento sensor, me sent’ siempre, porque
creo que hacer cr’tica de cine es ya ejercer la censuraÓ.
El
problema se genera cuando la cr’tica y la censura la realiza previamente una
sola persona, tema en el que Tato no parec’a estar muy preocupado. Sin embargo,
el nœcleo de la entrevista y lo que nos marca el sentido final de su
pensamiento es la respuesta a la pregunta sobre el rŽcord mundial de censuras
realizadas en nueve meses: ÒExactamente hemos prohibido ya 125 pel’culas y
estoy muy satisfecho de esa tarea higiŽnica,
y espero que si me dejan unos meses m‡s voy a llegar a las 200 pel’culas que son mi ideal prohibir en 1 a–oÓ [el
subrayado es nuestro].
No se
puede hacer un an‡lisis muy profundo de esta frase pues la misma lo dice
absolutamente todo. S—lo cabe recalcar la sonrisa constante, casi burlona de
Tato. No solo se sent’a satisfecho de su censura, sino que se la arrogaba como
un trabajo necesario que alguien debe hacer como sacrificio para la sociedad,
una Òtarea higiŽnicaÓ que Žl, como un hŽroe, llevaba a cabo todos los d’as.
A la
vista de semejantes declaraciones, la censura que recay— sobre Mi novia elÉ parece minœscula, aunque
jam‡s, por ello, justificable.
La siguiente
pel’cula analizada en el trabajo es Otra
historia de amor, del director AmŽrico Ortiz de Z‡rate, estrenada en el
pa’s el 12 de Junio de 1986. En este caso, la censura que sufri— la pel’cula no
fue previa, sino posterior.
El 14 de
febrero de 1991 el canal TelefŽ emiti— la pel’cula, sin embargo de la misma se
eliminaron varias escenas y lo m‡s aberrante: se cort— el final para cambiarle
totalmente el sentido. De los noventa minutos que duraba la versi—n original,
se exhibieron tan solo setenta y ocho. Doce minutos que curiosamente hab’an desaparecido. En ellos hab’a escenas con
cierto grado de erotismo homosexual y lo m‡s importante: el final de la
historia.
Llegado
un momento de la pel’cula que estaba emitiendo TelefŽ en que el personaje se
desped’a de su hijo porque se iba a vivir a Espa–a, reasignado en su empresa
por tener una relaci—n homosexual con su empleado en Argentina, apareci— en la
pantalla un cartel que el diario Cr—nica catalog— como Òun cartelito trucho con
la palabra FinÓ. As’ terminaba para el canal la pel’cula, obviando el final en
el cual el actor Arturo Bonin decid’a no viajar a Espa–a y quedarse con Mario
Pasik para seguir con su relaci—n.
Est‡
claro que el sentido impuesto por el canal era totalmente contrario al
original, y como lo expres— el comunicado que realiz— la Comunidad Homosexual
Argentina, ÒEn la televisi—n los homosexuales tienen prohibido el final feliz.Ó
En este
caso es m‡s complejo encontrar los motivos reales de tal censura. Debido a que
los valores democr‡ticos estaban mucho m‡s arraigados que en el caso analizado
con anterioridad, la decisi—n de cortar la pel’cula fue muy repudiada por
distintos organismos, actores y televidentes. Si bien enviŽ varios mails a
distintos departamentos de TelefŽ Argentina, tal como esperaba, no obtuve
respuesta alguna por lo que tuve que buscar quŽ dijo oficialmente el canal en
aquel momento.
A los
pocos d’as de la emisi—n de la pel’cula, Ana Tomaselli, jefa de prensa de
TelefŽ, se defendi— diciendo que Òel canal compr— el t’tulo (É) a nadie se le
hubiese ocurrido chequear si el contenido era exactamente igual al que se vio
en el cine y mucho menos si el final era el mismo. No esper‡bamos encontrarnos
con semejante mutilaci—n, as’ que nosotros somos los primeros sorprendidos.Ó Argumentaron
por tanto, que ellos la exhibieron tal cual la envi— la distribuidora.
La
pel’cula hab’a sido calificada como ÒNo apta para televisi—nÓ por el Instituto
Nacional de Cinematograf’a y al parecer, tras la muerte del director de la
pel’cula (AmŽrico Ortiz de Z‡rate muri— el 29 de septiembre de 1989 de SIDA)
Alfredo Muzureta, quien pose’a los derechos intelectuales del film, realiz— los
recortes para obtener una recalificaci—n de la pel’cula por parte de la
Comisi—n Asesora de Exhibiciones Cinematogr‡ficas.
Sin
intentar zanjar la cuesti—n sobre la culpabilidad de la censura efectuada,
queda claro que la misma fue totalmente arbitraria y respondi— a la misma
actitud paternalista que acompa–a a toda censura.
2. La discriminaci—n
por orientaci—n sexual
Queda
m‡s que claro, tras el anterior an‡lisis, quŽ es lo que une a ambas pel’culas
en este trabajo: La censura que sufrieron por presentar personajes con una
orientaci—n sexual distinta a la considerada como normal[4] por
los censores.
Es
necesario por tanto, entender quŽ es la orientaci—n sexual. La definici—n que
brinda la Organizaci—n de las Naciones Unidas es clara e id—nea para abordar el
tema: ÒLa orientaci—n sexual es
independiente del sexo biol—gico o de la identidad de gŽnero; se refiere a la
capacidad de cada persona de sentir una profunda atracci—n emocional, afectiva
y sexual por personas de un gŽnero diferente al suyo, de su mismo gŽnero o de m‡s de
un gŽnero, as’ como a la capacidad de mantener relaciones ’ntimas y sexuales
con personas.Ó[5]
El documento agrega adem‡s que: ÒExisten tres grandes tipolog’as de orientaci—n
sexual: La heterosexualidad, la homosexualidad y la bisexualidad.Ó
Es
importante establecer una diferenciaci—n para entender a quŽ nos referimos por
discriminaci—n en esta investigaci—n. Si alguien se sienta a escuchar un
conjunto de discos que le prestaron y una vez que finaliz—, va hasta una local
de mœsica y compra los que le gustaron, hizo una discriminaci—n entre quŽ
discos le gustaron y cu‡les no.
Hay una
diferencia fundamental del verbo ÒdiscriminarÓ. El diccionario de la Real
Academia Espa–ola da dos acepciones a la palabra. La primera, responde al
ejemplo dado anteriormente: Ò1. tr. Seleccionar excluyendo.Ó Se selecciona algo excluyendo al
resto, con cualquier criterio. En este caso, por gusto personal, se seleccion—
quŽ discos comprar y se excluy— a los que no le gustaron a la persona. La
acepci—n que usamos en esta investigaci—n es la segunda, que considera que
discriminar es Ò2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por
motivos raciales, religiosos, pol’ticos, etc.Ó[6] Segœn
esta definici—n, tambiŽn se selecciona excluyendo, pero en este caso, la
selecci—n se da sobre una persona o colectividad, a la cual se le da un trato
inferior y el criterio utilizado no
es cualquiera sino que responde a ciertos motivos: raciales, religiosos,
pol’ticos, etcŽtera.
Aclarado
esto, podemos afirmar que en ambos casos la censura encontr— su motivaci—n en
reconocer como normal la orientaci—n
sexual heterosexual y no las otras dos. Por lo tanto, est‡ claro que al
censurar ciertas tipolog’as de orientaci—n sexual existe una discriminaci—n
hacia las personas que en ellas se incluyen.[7]
El
documento titulado Hacia un Plan Nacional contra la Discriminaci—n, aprobado
por Decreto No 1086/2005, define una pr‡ctica discriminatoria como:
a) crear y/o colaborar en la difusi—n de estereotipos de cualquier grupo
humano por caracter’sticas reales o imaginarias, sean Žstas del tipo que
fueren, sean Žstas positivas o negativas y se vinculen a caracter’sticas
innatas o adquiridas; b) hostigar, maltratar, aislar, agredir, segregar, excluir
y/o marginar a cualquier miembro de un grupo humano del tipo que fuere por su
car‡cter de miembro de dicho grupo; c) establecer cualquier distinci—n legal,
econ—mica, laboral, de libertad de movimiento o acceso a determinados ‡mbitos o
en la prestaci—n de servicios sanitarios y/o educativos a un miembro de un
grupo humano del tipo que fuere, con el efecto o prop—sito de impedir o anular
el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos o libertades
fundamentales.
Est‡ claro que en
la censura que sufrieron ambas pel’culas existi— una pr‡ctica discriminatoria
por orientaci—n sexual en los tŽrminos de esta definici—n. Sin embargo, como
todos los films suelen mostrar realidades socioculturales de un pa’s (es el
caso de ambas), la discriminaci—n por orientaci—n sexual puede encontrarse
tambiŽn dentro de las pel’culas mismas, en forma de denuncia.
3 La discriminaci—n
por orientaci—n sexual al interior de las historias
3.1 Mi
novia el...
Los dos
personajes principales de Mi novia elÉ son interpretados por dos actores
que casi cualquier argentino conoce: Susana GimŽnez y Alberto Olmedo. Ellos
interpretan a Domique y Alberto el Laucha,
respectivamente. Dominique es una mujer que se hace pasar por travesti, pues
ella considera que de esa forma tiene muchas m‡s posibilidades de conseguir
trabajo en los teatros de revista porte–os. Como consecuencia de ello, todas
las personas que la ven en sus espect‡culos, creen que ella es un travesti,
entre ellos, Alberto. Alberto es un trabajador al cual le gusta coquetear con
todas las mujeres y salir de noche por el centro porte–o a disfrutar el dinero
de sus amigos. El mismo se denomina un ÒcharletaÓ. Mientras ve bailar a
Dominique, y disfruta de su show uno de sus amigos le comenta que en realidad
Òes un hombreÓ. Alberto exclama confundido ÒÁentonces es un marica!Ó. Tras este
episodio y ante un exagerado intento de demostrar su hombr’a, grit‡ndole cosas
a Dominque que baila en el escenario, sus amigos apuestan el sueldo de Alberto
a que no se anima a conquistar a Dominique y luego pegarle. Finalmente, cuando
llega el momento de cumplir la apuesta,
el Laucha se da cuenta de que no puede hacerlo porque en realidad no tiene
problema alguno con los travestis como dijo frente a sus amigos. En ese momento,
lanza una memorable frase de forma muy nerviosa, pero que con un toque de humor
deja bien en claro su posici—n: ÒYo
contra losÉ contra usted no tengo nada, se lo juro. Cada cual hace de su culo
un pitoÉ es un decir, pienso yo que la libertad de uno empiezaÉ cuandoÉ donde
terminaÓ.
A partir
de all’ se genera una relaci—n de amistad entre ambos y Alberto comienza a
dudar de su sexualidad cuando se da cuenta de que Dominique realmente le gusta
e incluso recurre a su amigo doctor para que le explique cuales son las
diferencias entre Òun operadoÓ y Òuna mujer normalÓ. Es este mŽdico, Gustavo,
quien parece ser el m‡s comprensivo de la situaci—n, le demuestra a Alberto que
su problema son los prejuicios y que Òun operadoÓ es igual a una mujer, por eso
no debe dudar de su sexualidad. El Laucha
no acepta la explicaci—n y termina hablando con Dominique, diciendo que el Òes
un hombre normalÓ y que siempre tiene Òrelaciones normalesÓ por eso debe dejar
de ser su amigo. All’ es cuando ella decide contarle la verdad y ambos
comienzan una relaci—n que es el principio de todos los problemas, en especial
cuando sale en un diario una foto confirmando la relaci—n.
A partir
de all’ todos comienzan a llamarlo degenerado y atorrante, por Òestar de novio
con un hombreÓ e incluso comienza a sufrir discriminaci—n en el trabajo por
parte de hombres y mujeres. Tras tomarse a golpes de pu–o con varios
compa–eros, lo echan de la empresa y a la salida inœtilmente intenta explicarle
a sus compa–eros de trabajo que Dominique es realmente una mujer, ya que
terminan siendo apedreados. Luego
de este episodio, tienen una pelea y ella decide dejarlo. Finalmente, para limpiar su nombre, su familia y amigos
le proponen un plan: casarse con Margarita, una amiga de la familia que ha
quedado embarazada y reconocer a ese hijo como suyo. Si bien a Alberto nunca le
gust— Margarita, recibe tanta presi—n que finalmente acepta casarse con ella.
Posteriormente, cuando ya todos han olvidado el episodio de Dominique, ella da
a conocer que en realidad es mujer y se reinventa como vedette, siendo Alberto
el œnico que la recuerda y se arrepiente de la decisi—n que tom—.
Todos
los di‡logos est‡n plagados de comentarios discriminatorios, cada vez que algœn
personaje habla de un travesti lo
hace llam‡ndolo marica y cuando
hablan con ellos lo hacen con frases como ÒEs
que yo lo esperaba a usted soloÓ
sin que esto cause molestia alguna. Esto responde en realidad a un estilo de
denuncia de la realidad y no a una real discriminaci—n. Si bien el tono
humor’stico de la pel’cula pone un velo sobre el tema, un an‡lisis un poco m‡s
profundo nos permite encontrar una denuncia totalmente expl’cita. En la
sociedad argentina de la Žpoca, quien tiene una orientaci—n sexual no
heterosexual, es un atorrante y un degenerado.
Es
curioso el caso planteado por el director ya que en realidad la relaci—n que
mantienen ambos es una relaci—n heteroseuxual. Sin embargo, es la sociedad la
que considera lo contrario y discrimina por ello a Alberto. A pesar de esto, es
Žl quiŽn se siente, al no conocer la verdad sobre Dominique, mal consigo mismo.
Si bien no tiene ningœn problema con los travestis, intenta alejarla de su vida
por temor a aquello que siente en un principio y ante la imposibilidad de
lograrlo recurre a su mŽdico amigo, que le marca claramente sus prejuicios.
ÀQuiŽn
ha discriminado por orientaci—n sexual en la historia? Bueno, por empezar,
Alberto, por lo dicho anteriormente. Su amigo m‡s cercano Lince tambiŽn realiza constantemente comentarios discriminatorios
contra Dominique y aconseja a su amigo que se aleje de ella. En el trabajo, la
totalidad de los empleados, acosan a Alberto constantemente con burlas sobre su
orientaci—n sexual, afirmando que le gustan los hombres. Adem‡s de ellos, la
familia del Laucha desaprueba
totalmente su relaci—n, acus‡ndolo de salir con Òun tipoÓ y por ello crean ese acuerdo de casamiento con Margarita.
Es decir que es la sociedad en su
conjunto la que no aprueba la relaci—n de Alberto con Dominique por
considerarlos una pareja homosexual.
3.2 Otra historia de
amor
En la
pel’cula de AmŽrico Ortiz de Z‡rate, Otra
historia de amor la tem‡tica es muy diferente. A diferencia de la anterior,
esta es un drama rom‡ntico que toca los temas de la homosexualidad de forma m‡s
profunda y seria. Jorge Castro, interpretado por Mario Pasik, consigue trabajo
en una empresa de Buenos Aires. Al poco tiempo de haber entrado, se presenta
antes Raœl Loveras, interpretado por Arturo Bon’n, quien es su jefe y le dice
que le gustar’a mantener una relaci—n homosexual con Žl. Raœl se niega en un
primer momento ya que es un hombre casado y ha formado una familia pero
finalmente accede a encontrarse con Jorge, en un departamento de un amigo de
Žste œltimo. En ese encuentro el jefe, no puede establecer un v’nculo sexual
con su empleado debido a que no est‡ realmente seguro de lo que siente. Sin
embargo, a partir de este momento el camino hacia una relaci—n comienza a
allanarse y finalmente tienen relaciones sexuales en secreto sin que esto afecte de modo
alguno el desempe–o de ellos en la empresa. Llegado un punto de la relaci—n,
las mentiras de Raœl hacia su mujer para encontrarse furtivamente con Jorge
comienzan a volverse insostenibles. Entre los dos, compran un departamento para
vivir una doble vida, pero el d’a que van a estrenarlo la mujer de Loveras los
encuentra debido al aviso que le ha dado una compa–era de la empresa en que
trabajan ambos, que los ha visto sin querer en el cine. ƒl intenta explicarle
que los quiere y necesita a los dos a lo que su mujer le responde ÒEn esta vida se es hombre o mujer, blanco
o negro, bueno o malo, no una mezcla indefinidaÓ sin embargo Žl afirma que
no est‡ tan seguro de que las cosas sean as’. La vida familiar y laboral que
Raœl construy— se desarma ante sus ojos. Su mujer intenta suicidarse, su hijo
se entera de lo que ha hecho y deja de hablarle y en su trabajo le ofrecen un
traspaso a Madrid ya que de quedarse, no podr’a sostener su autoridad. Cuando
habla con su superior al respecto se da un di‡logo excelente que me parece vale
la pena reproducir:
-Nadie tiene derecho a publicar nada sobre la vida privada de nadie.
-Cuando uno hace una vida normalÉ
-Lo normalÉ ÀQuŽ es lo normal?
-Usted lo sabe muy bien, lo que hace todo el mundo.
-ÁYo formo parte del mundo!
Como no
tiene otra alternativa, Raœl se divorcia de su mujer y accede irse a trabajar a
Espa–a. No puede llevar a Jorge con Žl debido a que este vive con su madre debe
cuidarla. Su hijo apenas le dice
ÒchauÓ a la hora de despedirse. Castro lo acerca con su auto al aeropuerto para
tomar el avi—n que lo llevar‡ a Madrid. Tras despedirse, y cuando parece que
nunca volver‡n a verse, Raœl est‡ esper‡ndolo en el estacionamiento del
aeropuerto, pues ha decidido quedarse y no renunciar a su relaci—n.
La
discriminaci—n por orientaci—n sexual est‡ muy clara en este film. Llama la
atenci—n la delicadeza cinematogr‡fica con que se trata la relaci—n de ambos.
Siempre se saludan con un abrazo o una caricia. En la œnica escena en que se
dan un beso en la boca, lo hacen con una botella de vino en medio del plano, casi
pidiendo perd—n por llegar a tanto. Obviamente, aunque esto parece extra–o para
el momento en que vivimos, no debe sorprender que sea as’ en 1986, siendo que
incluso as’ sufri— censuras.
Respecto
a la historia, parece entendible que la mujer de Raœl se enoje cuando se entera
que este le ha sido infiel, e incluso que lo haga su hijo, pero en realidad
ella est‡ m‡s preocupada por convertirse en el objeto de burla de su familia
que de la infidelidad en s’. En este caso, el ocultamiento de la relaci—n de Raœl
y Jorge no tiene que ver con la orientaci—n sexual, sino m‡s bien con la
infidelidad que ella conlleva. Eso est‡ claro porque en lugares pœblicos no
tienen problema en mostrarse juntos siempre que no haya algœn conocido.
La mayor
discriminaci—n se da por parte de la empresa en la cual trabajan. El directorio
solicita la renuncia de Jorge, haciŽndole saber que est‡n muy conformes con su
desempe–o pero que no pueden tolerar el Òesc‡ndaloÓ que lleg— hasta los medios
de comunicaci—n. ƒste se niega y ante la amenaza de ser despedido le dice a su
superior ÒDesp’dame, pero que en el
despido figure la causa real: Ôse lo despide por manejar con libertad su vida sexual, la cual se lleva a cabo
fuera de los l’mites de esta empresaÕ Ó. Claramente se est‡ refiriendo a su
orientaci—n sexual y que su despido no responde a otro motivo. En ataque de
furia, irrumpe en la sala del directorio y expresa, a punto de llorar, una
frase que resume, desde su visi—n, su derecho sobre la orientaci—n sexual: ÒSoy
una persona y todav’a tengo el derecho a vivir, a sentir, a elegirÓ.
Es
totalmente remarcable la actitud de la t’a de Raœl, la œnica que parece
entenderlo realmente. Al igual que el doctor amigo de Alberto, el personaje de
Olmedo, ella parece ser la m‡s comprensiva de la situaci—n y, mientras lo
hospeda en el momento m‡s dif’cil, le da un consejo valios’simo: ÒDefendŽ tus cosas por m‡s locas que te
parezcan, porque si vos no las defendŽs, no te las defiende nadieÓ y agrega ÒEl
amor es un milagro, no le des la espaldaÓ. Esta intervenci—n fue decisiva para
que finalmente Raœl decida quedarse en el pa’s con Jorge.
En
comparaci—n con la pel’cula de Enrique Cahen Salaberry, se nota que la sociedad
ha cambiado de 1975 a 1986 con respecto a la aceptaci—n de una orientaci—n
sexual no heterosexual, en el sentido de la tolerancia, sin embargo en ambos
casos los protagonistas sufren principalmente la discriminaci—n en su ‡mbito
laboral y familiar.
4 Los derechos personal’simos y la
orientaci—n sexual
Para
Santos Cifuentes los derechos personal’simos son los Òderechos subjetivos
privados, innatos y vitalicios que tienen por objeto manifestaciones interiores
de la persona y que, por ser inherentes, extrapatrimoniales y necesarios, no
pueden transmitirse ni disponerse en forma absoluta y radicalÓ.[8]
Ricardo
Rabinovich-Berkman los define de una forma m‡s pr‡ctica para entender el
derecho sobre la orientaci—n sexual. Afirma que la existencia de la persona implica un programarse a s’ mismo,
autoconstruirse. Los derechos subjetivos que est‡n destinados a proteger esta existencia, son los derechos a los que
Žl llama existenciales.
Ahora
bien, ÀEs el derecho sobre la orientaci—n sexual un derecho personal’simo, o
existencial?
La
orientaci—n sexual, como ya expusimos en la definici—n de la Organizaci—n de
las Naciones Unidas, es una capacidad. ƒsta es propia de cada persona y difiere
de una a otra. No se puede establecer quŽ capacidad es mejor o peor, cu‡l es
correcta y cu‡l no, pues cada una, forma de parte de la existencia, de la autoconstrucci—n de cada una. Esta capacidad de
sentir es fundamental para que la persona desarrolle su propia concepci—n de la
sexualidad. Quien no puede desarrollar su capacidad, no puede desarrollar su existencia. Al que no se le permite
sentir libremente una atracci—n emocional, afectiva y sexual por personas, sean
del gŽnero que sean, se le est‡ causando un Òperjuicio
a la existencia misma del sujetoÓ[9]
Tomando
el mŽtodo de Ricardo Rabinovich-Berkman para detectar derechos existenciales,
hace falta hacer una supresi—n hipotŽtica ideal de la orientaci—n sexual. Ni
siquiera es necesario analizar en profundidad tal escenario, pues en Žl no
existir’a la plenitud existencial de la persona.
No
quedan dudas de que la orientaci—n sexual es un derecho existencial. Su
negaci—n no s—lo implicar’a prohibir relaciones homosexuales o bisexuales, sino
todo tipo de relaciones, pues lo que se est‡ prohibiendo es la capacidad de
sentir libremente una atracci—n afectiva y sexual y esto atenta directamente
contra la existencia del sujeto.[10]
No hace
falta perderse en conceptos te—ricos o ideas abstractas para comprender lo
anterior. Las dos pel’culas analizadas son la clara muestra de lo que sucede
cuando el sujeto no puede desarrollar su existencia.
Alberto termina su vida resignado, no quiere a la mujer con la que se cas— ni
siente atracci—n por ella, no puede dejar de pensar c—mo hubiera sido su vida
si hubiera seguido con Dominique, a quiŽn no ha dejado de amar. Es
definitivamente, un tipo infeliz.
Si se
hubiera respetado su derecho sobre la orientaci—n sexual, ellos mantendr’an una
relaci—n libre, nadie los hubiera apedreado. La familia de Alberto hubiera
aceptado a Dominique sin problemas y sus compa–eros de trabajo jam‡s lo
hubieran molestado por su relaci—n. ƒl conservar’a su trabajo y nunca se habr’a
casado con Margarita. Alberto estar’a compartiendo su existencia con la persona
que ama y probablemente su vida ser’a m‡s feliz.
En el
caso de Jorge y Raœl, probablemente ambos vivir’an juntos en el departamento
que compraron. Mientras su relaci—n no afectase su desarrollo en la empresa (lo
cual no suced’a, segœn lo dicho por el directorio) ambos conservar’an su puesto
de trabajo en las mismas condiciones que antes y no hubieran sido obligados a
renunciar y cambiar de sede. Si bien la relaci—n de Alberto con su mujer se
hubiera roto, no ser’a lo mismo teniendo en cuenta que el mayor enojo de
Matilde era por lo que podr’an llegar a decir sus familiares de la relaci—n
homosexual.
La
comparaci—n no deja dudas entre quŽ es autoconstruirse libremente y c—mo
suceden las cosas cuando no existen derechos subjetivos que la protegen esa existencia. Es innegable que el derecho
sobre la orientaci—n sexual es un derecho existencial o personal’simo.
5 La discriminaci—n
por orientaci—n sexual en el sistema jur’dico Argentino
ÀFue
alguna vez legal en Argentina discriminar por orientaci—n sexual? La respuesta
es no. Desde 1853, nuestra carta magna establece que todos los habitantes son
igual ante la ley.[11] Es
importante entender quŽ significa para la jurisprudencia de la Corte Suprema de
Justicia de la Naci—n, esa declaraci—n:
ÒLa igualdad establecida en la Constituci—n no es otra cosa que el derecho a
que no se establezcan excepciones o privilegios que excluyan a unos de lo que
en iguales circunstancias se concede a otros (Fallos: 153:67, entre muchos
otros). El criterio de distinci—n no debe ser arbitrario o responder a un
prop—sito de hostilidad a personas o grupos de personas determinados (Fallos:
229:428), o tratar desigualmente a personas que est‡n en circunstancias de
hecho esencialmente equivalentes (Fallos: 229:765).Ó ("Partido Nuevo
Triunfo s/ reconocimiento - Distrito Capital Federal" Considerando 5)[12]
Los
criterios aplicados para censurar las dos pel’culas eran claramente arbitrarios
y respond’an a un prop—sito hostil, hacia quienes no ten’a una orientaci—n
sexual heterosexual. En 1985, tras ratificar la Convenci—n Americana sobre
Derechos Humanos, el pa’s qued— obligado por el art’culo 1.1 a Òrespetar los derechos y libertades
reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona
que estŽ sujeta a su jurisdicci—n, sin discriminaci—n alguna por motivos de
raza, color, sexo, idioma, religi—n, opiniones pol’ticas o de cualquier otra
’ndole, origen nacional o social, posici—n econ—mica, nacimiento o cualquier
otra condici—n social.Ó
Con
respecto a la no inclusi—n expl’cita de la orientaci—n sexual en dicho
art’culo, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ha dejado en claro en el
caso ÒAtala Riffo y Ni–as vs. ChileÓ
que: ÒTeniendo en cuenta las obligaciones generales de respeto y garant’a
establecidas en el art’culo 1.1 de la Convenci—n Americana, los criterios de
interpretaci—n fijados en el art’culo 29 de dicha Convenci—n, lo estipulado en
la Convenci—n de Viena sobre el Derecho de los Tratados, las Resoluciones de la
Asamblea General de la Organizaci—n de los Estados Americanos, los est‡ndares
establecidos por el Tribunal Europeo y los organismos de Naciones Unidas, la
Corte Interamericana deja establecido que la orientaci—n sexual y la identidad
de gŽnero de las personas son categor’as protegidas por la Convenci—n. Por ello
est‡ proscrita por la Convenci—n cualquier norma, acto o pr‡ctica
discriminatoria basada en la orientaci—n sexual de la persona. En consecuencia,
ninguna norma, decisi—n o pr‡ctica de derecho interno, sea por parte de
autoridades estatales o por particulares, pueden disminuir o restringir, de
modo alguno, los derechos de una persona a partir de su orientaci—n sexual.Ó[13]
Es decir
que a partir de 1985 la discriminaci—n por orientaci—n sexual, genera al
estado, responsabilidad internacional. El 23 de agosto de 1988 se promulg— la
ley nacional 23.592 que ampli— el derecho a no ser discriminado por los
privados. Es decir que no s—lo el estado debe dar trato igualitario a todos sus
habitantes, sino que tambiŽn deben hacerlos los particulares. Adem‡s, con la
incorporaci—n de los instrumentos sobre derechos humanos al bloque
constitucional, en 1994, todo lo establecido por los organismos
internacionales, es de aplicaci—n obligatoria para el sistema jur’dico interno.
| Nadie
debi— ni debe, en nuestro sistema jur’dico, discriminar a alguien por su
orientaci—n sexual. Quien lo haga, viola un derecho existencial que se
encuentra protegido por la normativa nacional e internacional.
6 La discriminaci—n
por orientaci—n sexual argentina en la actualidad
Los
nœmeros suelen ser fr’os y arbitrarios. ÒLa estad’stica es una
ciencia que demuestra que, si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos
tenemos uno.Ó[14]
La generalizaci—n borra lo
subjetivo y ello puede llevar a que los datos no reflejen de forma adecuada lo
que sucede en realidad. A pesar de esta c—mica met‡fora, voy a utilizar la
estad’stica para reflejar la percepci—n y denuncia de la discriminaci—n por
orientaci—n sexual en Argentina. Cada lector le dar‡ a los datos la veracidad
que considere apropiada. El INADI (Instituto
Nacional contra la Discriminaci—n, la Xenofobia y el Racismo)[15] tiene el suficiente
prestigio como para no dejar muchas dudas sobre la veracidad de sus estad’sticas.
En el a–o 2012, el 6,73% de las 2019 denuncias recibidas
por el INADI, correspond’an a discriminaci—n por orientaci—n sexual. Al a–o
siguiente, ese porcentaje aument— al 7,48% de las 2112 denuncias recibidas. En
el 2014, el œltimo informe recientemente presentado, ese nœmero ha trepado al
8,10% sobre 2336 denuncias. El 27% de la poblaci—n argentina, segœn
relevamiento, considera que si tiene un hijo o hija homosexual, debe llevarlo a
un profesional de la salud. El 23% de los encuestados expresa asociaciones de
rechazo, derivadas de representaciones negativas y prejuicios sobre la
homosexualidad.[16].
Estas estad’sticas nos marcan que la
Argentina aœn tiene un largu’simo camino por recorrer en el pleno respeto de la
orientaci—n sexual homosexual y bisexual. Quien camina por la calle o usa el
transporte pœblico a diario es testigo de constantes frases con alta carga
discriminatoria. Quien se acerca los domingos a un estadio de fœtbol a ver a su
equipo favorito, seguramente fue testigo de c‡nticos discriminatorios que
corean miles de hinchas al un’sono como un himno.
ÀQuŽ piensa un homosexual cuando
veinticinco mil personas cantan Òlos de (Equipo
x) son todos putosÓ?
El derecho sobre la orientaci—n existe,
la discriminaci—n por orientaci—n sexual est‡ prohibida; Argentina fue el
primer pa’s de LatinoamŽrica en aprobar el matrimonio entre personas del mismo
sexo; junto con Brasil, los œnicos de LatinoamŽrica que permiten la adopci—n
por parte de homosexuales; junto con Uruguay, los œnicos pa’ses de LatinoamŽrica
que poseen leyes sobre la identidad y expresi—n de gŽnero y a pesar de ello,
seguimos en deuda como sociedad.
El estado ha avanzado y mucho en el tema,
tal vez m‡s que la mayor’a de la sociedad. ÀDeber’a apuntar m‡s a la educaci—n?
ÀDeber’a imponer multas m‡s graves ante la discriminaci—n? No es motivo de esta
investigaci—n, de mejor o peor manera, el estado ya ha sentado una base. El
protagonismo, ahora, est‡n en nuestras manos.
7. Bibliograf’a
Rabinovich-Berkman,
Ricardo D., Derecho civil parte general, CABA, Astrea, 2000.
Cifuentes, Santos, Elementos del Derecho Civil Parte general,
4¡ ed., CABA, Astrea, 1999.
Instituto Nacional
contra la Discriminaci—n, la Xenofobia y el Racismo, Mapa nacional de la discriminaci—, 2a ed., CABA, INADI, 2014.
Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Orientaci—n sexual e identidad de gŽnero en el derecho internacional
de los derechos humanos, Descargable desde http://acnudh.org/
INADI, Hacia un plan nacional contra la
discriminaci—n: la discriminaci—n en Argentina, - 1a ed., Buenos Aires,
2005.
Diario Cr—nica, En Televisi—n, los Homosexuales Tienen
Prohibido el ÒFinal FelizÓ, 14/02/1991, Buenos Aires.
Mi novia ŽlÉ (1975), Enrique Cahen Salaberry. www.imdb.com/title/tt0182317/ 23/04/2015.
Otra Historia de Amor (1986), AmŽrico Ortiz de Z‡rate. www.imdb.com/title/tt0091702/ 23/04/2015
DiFilm, Entrevista a Miguel Paulino Tato "El Censor", 1975, https://www.youtube.com/watch?v=92goOSrir7o 23/04/2015.
[1] Estudiante de abogac’a en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Buenos Aires
[2] Los setenta locos, P‡gina 12, 22/08/2008, Buenos Aires.
[3] Goobar, Walter, Los archivos de la censura,
http://www.waltergoobar.com.ar/notices/view/132/los-archivos-de-la-censura.html,
23/04/15.
[4] EntiŽndase el tŽrmino
ÒnormalÓ como lo esperable o lo considerado como norma.
[5] Organizaci—n de la
Naciones Unidas, Orientaci—n sexual e
identidad de gŽnero en el derecho internacional de los derechos humanos.
[6] http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=discriminar
[7] Si bien es importante
entender las diferencias entre dos tŽrminos distintos como la orientaci—n
sexual y la identidad de gŽnero, en el caso de ÒMi novia elÉÓ ambos influyeron
en la toma de decisi—n de la censura, es decir que la orientaci—n sexual de los
personajes fue determinante para el retiro del subsidio m‡s all‡ del cambio de
nombre del film que parece apuntar a que se discrimin— exclusivamente por
identidad de gŽnero.
[8] Cifuentes Santos, Derechos Personal’simos, 2da ed. CABA (1995), p. 200.
[9] Rabinovich-Berkman,
Ricardo D., Derecho civil parte general,
CABA, Astrea, (2000) p.155.
[10] Para intentar comprender
c—mo ser’a la vida si no existiera derecho a la libre orientaci—n sexual,
recomiendo leer la novela de George Orwell, 1984, en la cual el estado intenta,
entre otras cosas, que las personas pierdan la capacidad de sentir atracci—n
emocional, afectiva y sexual por cualquier otra.
[11] Art’culo 16 de la
Constituci—n Nacional
[12]http://www.fiscalias.gob.ar/wp-content/uploads/prev/csjn-partido-nuevo-triunfo-s-reconocimiento-17-03-2009.pdf
Considerando 5
[15] Para m‡s informaci—n,
remito al lector a inadi.gob.ar
[16] Para corroborar y
analizar con profundidad los datos volcados consultar: INADI, Mapa Nacional de
la Discriminaci—n ÒSegunda serie de estad’sticas sobre discriminaci—n en
ArgentinaÓ 2014, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos.