DERECHO Y FANTASA
Juan Pablo Lionetti de Zorzi (Argentina)
Primer Premio, Categora Docentes,
Concurso Internacional FICCIN Y DERECHO 2016
(Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Derecho,
UBA)
El deber del educador moderno no es talar selvas, sino regar
desiertos. Clive Staples Lewis, Hombres
sin pecho
La fantasa sigue siendo un derecho humano. John Ronald Reuen Tolkien,
Sobre los cuentos de hadas
I.
Introduccin
II. Fantasa:
Qu es y porque?
III. Fantasa
y realidad
IV. Fantasa
y sociedad
V. Fantasa
y proceso judicial.
VI. La
solucin que brindan las historias
VII. Conclusin
I.
Introduccin
A lo
largo de los Siglos las historias han formado parte de la vida del ser humano
de una manera esencial. Muchas veces como fuente de conocimiento, pero casi
siempre como fuente de sabidura.
Desde la
poca de nuestros ancestros, donde
se juntaban alrededor de una hoguera, las historias siempre formaron parte de
la cultura y la tradicin. Los siglos avanzaron y con la aparicin del idioma y
el lenguaje se pudo plasmar por escrito lo que siempre perturbo al ser humano.
Temas como la muerte, la justicia o el origen del universo formaron parte de
historias que se relataban o se representaban (tal como lo demuestran las
tragedias griegas).
Pero los
siglos avanzaron, las guerras comunicaron pueblos y formaron imperios.
Con la
invasin del Imperio Persa a Grecia comenz un entrecruzamiento de culturas e
historias entre Oriente y Occidente
que culmin con la batalla de Lepanto. Con esos contactos las historias se mezclaron y enriquecieron.
Pero el
universo de historias es tan amplio que es imposible estudiarlo completo. Por tal motivo se
tomarn, como puntos centrales, algunos cuentos provenientes de dos conocidos
cuerpos de historias: Los cuentos de los Hermanos Grimm y Las mil y una
noches.
La
referencia a esas dos es que comparten una serie de caractersticas. La primera
es que son annimos. Les debemos a la seriedad de sus recopiladores la
posibilidad de contar con ellos.
La
segunda es que en son muchas las historias contenidas en cada cuerpo de
historias. Lo que denota la gran importancia que tenan las historias en sa
poca y la necesidad de variar el repertorio. Algo razonable teniendo en vista
su objetivo[1].
Por
ltimo, comparten un contacto religioso. No de manera notoria pero lo
suficiente para mostrar el espritu del momento y el lugar. Las mil y una
noches su contacto musulmn, los cuentos de los hermanos Grimm con el
cristianismo[2].
Ahora
bien, con lo expuesto anteriormente no se est expresando que sean los mxime
exponentes, ni que sean los nicos, pero s algunos de los ms representativos para
el auditorio.
Asimismo,
su vinculacin con el derecho se realizar, a mero tono de aproximacin, con ciertos conceptos oriundos de autores
referentes de la Filosofa del Derecho.
II.
Fantasa:
Qu es y porque?
Para comenzar el anlisis debemos
aclarar: Qu entender por fantasa? Al respecto, Tolkien no da una gran ayuda
cuando dice: La misma fantasa puede tal vez traducirse, con mucho tino, por
Magia[3].
Es eso lo que tomaremos por fantasa. Somos conscientes de que existen
distintos gneros literarios avocados al tema (cuento fantstico, fantasa
heroica, mito, leyenda, novela, etc.) pero nosotros haremos dicha divisin y consideraremos
como tales a todos aquellos que tengan como contenido la magia (aunque slo
analizaremos los tres cuerpos literarios mencionados en la introduccin).
Cabe entender que la magia no es
slo un elemento literario. En cierto ensayo Chesterton manifest que, a su
entender, la magia de las mil y una noches representaba el tiempo[4].
La magia que produca el genio de la lmpara o cualquier otro hechizo no era ni
ms ni menos que el tiempo comprimido.
As como el genio de la lmpara poda convertir al ms pobre de los
harapientos en el ms rico de los reyes, el tiempo puede llegar a convertir a
un pobre inmigrante como Aristteles Onassis en un potentado.
Lo que hace que dichas historias nos
dejen ese sabor en la boca de que
todo es posible[5].
Aclarado el primer acercamiento cabe entonces responder el interrogante del
ttulo: Por qu fantasa?
Fantasa es una tierra peligrosa,
con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios[6].
Con estas palabras comienza J.R.R.Tolkien su conferencia pronunciada el 8 de marzo de 1939 en la Universidad
de St. Andrews.
Tras estas palabras de advertencia
solo un desventurado podra desorlas y avanzar hacia el peligroso mundo de
fantasa. Es que el peligro de fantasa es que quien penetre esa tierra pueda
que nunca ms quiera volver[7].
Quizs por eso fue denostado por
distintas corrientes quienes han entendido que el avocarse a la fantasa
representa una evasin de la realidad. A lo que Tolkien respondi: Por qu ha
de despreciarse a la persona que, estando en prisin, intenta fugarse y regresar
a casa? Y en caso de no lograrlo, Por qu ha de desprecirsela si piensa y
habla de otros temas que no sean carceleros y rejas? El mundo exterior no ha
dejado de ser real porque el prisionero no pueda verlo. Los crticos han
elegido una palabra inapropiada cuando utilizan el trmino Evasin en la forma
que lo hacen; y lo que es peor, estn confundiendo, y no siempre con buena
voluntad, la Evasin del prisionero con la huida del desertor. De la misma
manera, un portavoz del Partido habra calificado de traidor al que tan slo
criticara o al que escapara de las penalidades del Reich del Fhrer o de
cualquier otro Reich [], da la impresin de que prefieren la aquiescencia del
colaboracionista a la resistencia del patriota. Si as se piensa, basta decir
la tierra que amamos est condenada para excusar cualquier traicin; ms an,
para glorificarla[8].
Ms all de la funcin de consuelo
que le asigna Tolkien a la fantasa[9],
la importancia de lo expuesto reside en algo ms trascendente que se logra percibir
y es que nos muestra un elemento de comparacin. A travs de ciertas historias
podemos percibir, aunque no del todo, lo que est mal en nosotros mismos y en
el mundo. Las historias nos brindan una mirada objetiva que el ajetreo diario
no nos permite. Podemos ver elementos de nuestra vida y nuestra sociedad que,
en medio de la vorgine, se nos escapa de nuestra percepcin.
III.
Fantasa
y realidad
Como hemos mencionado un de las
caractersticas de ciertos gneros literarios como la fantasa es la aplicabilidad[10].
Ese es un valor agregado del que no todos los gneros pueden hacer alarde. Si
bien hay autores que comentan que el trmino no necesita explicacin[11],
dado que el trmino es explicativo de por s, Campbell lo ejemplifica de este
modo Antes, las literaturas griegas, latina y bblica formaban parte de la
educacin de todo el mundo. Ahora que se han abandonado, toda una tradicin de
informacin mitolgica occidental se ha perdido. Antes esas historias estaban
en la mente de todos. Cuando una historia est en tu mente, puedes ver su
aplicacin a algo que ocurre en tu propia vida. Te da una perspectiva de lo que
te est pasando. Con su desaparicin hemos perdido realmente algo importante
porque no tenemos una literatura que lo reemplace[12].
Al respecto, cabe destacar que la
aplicabilidad no es slo a un nivel individual e intimo sino tambin a un nivel
colectivo. No slo nos muestra a nosotros mismos sino que nos muestra nuestra
realidad, el entorno en el que nos movemos. Los ideales que se nos proponen, la
sociedad en la que vivimos.
Dicha aplicabilidad es la manera en
que la literatura muestra la verdad, la realidad y lo ltimo. De hecho solo
mediante ese mtodo se puede llegar.
Desde el lado literario Lewis nos
explica porque necesitamos de la fantasa para arribar a esas verdades: El intelecto
humano es irremediablemente abstracto. En las matemticas puras, encontramos el
tipo de pensamiento ms eficaz. Sin embargo, nuestra experiencia de lo real es
siempre concreta: este dolor, este placer, este perro, este hombre. Por otra
parte, cuando comenzamos a percibir con el intelecto, las cosas concretas
adquieren carcter de casos o ejemplos y perdemos contacto con ellas al
concentrarnos en lo que ejemplifican [] Mientras ms lcido sea el
pensamiento, mayor ser nuestra separacin; mientras ms profunda sea la
penetracin en la realidad, menor ser nuestro pensamiento. No podemos estudiar
el Placer en el momento del abrazo nupcial ni el arrepentimiento mientras
estamos arrepintindonos [] El mito es la solucin parcial de este trgico
dilema. Al disfrutar de un gran mito, experimentamos en forma ms concreta lo
que de otro modo slo podemos comprender como una abstraccin[13].
Lo mencionado con anterioridad
tambin ocurre en el Derecho, as Hart explicaba: Todos nosotros nos hallamos
a veces en esa situacin: es fundamentalmente la del hombre que dice, Yo,
puedo reconocer un elefante si lo veo, pero no puedo definirlo. La misma
situacin fue expresada en algunas famosas palabras de San Agustn sobre la nocin
de tiempo. Qu es pues tiempo? Si nadie me lo pregunta lo s; si deseo
explicarlo a alguien que me lo pregunta, no lo s. Es as que aun juristas
avezados han sentido que, aunque conocen el derecho, hay mucho respecto del
mismo y de sus relaciones con otras cosas que no pueden explicar y que no
entienden plenamente[14].
La respuesta del porque ocurre eso,
es decir, del porque no podemos percibirlo en la realidad misma nos la brinda Jorge Ferro: El mito
apunta pues a transmitir aquellas verdades que tienen que ver con las
ultimidades. Vemos que tanto el principio como el fin absolutos escapan al
campo de las ciencias positivas, y trascienden las posibilidades de exposicin
factual lisa y llana. Las ltimas preguntas no pueden ser respondidas sino
mediante el recurso del mito, entendido en este sentido de relato portador de
una verdad trascendente[15].
Y desde la visin del derecho Kelsen,
nos explica porque esas ultimidades del derecho escapan al campo de la ciencia
positiva cuando comenta que: la justicia absoluta no puede ser definida
racionalmente. Dotada de una validez absoluta, la justicia esta mas all de
toda experiencia[16].
Es decir, los gneros literarios de
fantasa son como un espejo. Un espejo es un objeto que nos muestra otra cosa.
As, si una chica bonita mira a un espejo no ver al espejo sino que se ver a
ella misma. Cuando leemos ese tipo de historias (de las buenas historias),
dichas historias (cuentos, leyendas, mitos, novelas, etc.) no nos muestran lo
que son sino que, por una parte, nos muestran la realidad[17],
ya que como dice Tolkien: los cuentos de hadas no los escriben las hadas, sino
los hombres[18] y
ese es el vehculo que nos permite llegar a lo no comprobable[19].
Un ejemplo de estos ltimo puede ser la concepcin de justicia. As La clebre y famosa idea de justicia
de dar a cada uno lo suyo (suum cuique
tribuere) que Ulpiano toma de Platn quien, en la Repblica en el punto
331, cita a Simnides, (poeta que vivi un siglo antes que l), ya era
percibida, por lo menos en esencia, mucho tiempo atrs en La Odisea[20]. Es decir, la literatura le gano a la
doctrina y lo que los filsofos an no haban definido el arte lo percibi.
En ese sentido si hay algo que
sobresale de la literatura actual es ese anhelo de justicia que se expresa a
travs del final feliz (Tolkien lo llama eucatstrofe[21])
en donde el malo es castigado o el inocente es exonerado de injustas calumnias.
Un anhelo que, desde ciertas corrientes iusfilosficas, carecen de rigor
cientfico toda vez que, para estas visiones, el derecho cumple otra funcin.
IV.
Fantasa
y sociedad
En cierto pasaje Tolkien comenta que
Chesterton, en su biografa de Charles Dickens, relata la misteriosa historia
de mooreeffoc[22].
Cuenta que un oscuro da Londinense Dickens se dio cuenta que la realidad tiene
poco realismo y que el verdadero realismo lo encontramos al mirar desde otra
perspectiva. Un da entro en una tienda de la zona de St. Martins Line. Cuando entro vio escrito sobre la puerta de
vidrio de la entrada a la tienda las palabras coffee room pero una vez dentro
encontr la realidad cuando, desde dentro de la tienda y leyendo el anuncio
invertido, vio estas extraas palabras mooreeffoc.
El impacto de ese salvaje
trmino fue tal que Dickens conto que lo sinti en la sangre.
Ese mooreeffoc, es decir, ese mostrarnos la realidad desde una mirada
tan distinta que logre captar nuestra atencin tiene varios corolarios en las
historias fantsticas. En este sentido la historia de los Hermanos Grimm de
Hans el erizo (Otras traducciones lo llaman Juan Erizo) nos demuestra la
aplicabilidad de las historias en el derecho para comprender un problema grave
y actual de la sociedad.
Cuenta la historia de un matrimonio
que no podan concebir. Una y otra vez utilizaban distintos mtodos para
concebir y no lo lograban. Hasta que llego un punto en el que el padre[23] comenta que quiere un hijo como sea, que
quiere un hijo aunque sea un erizo.
Finalmente nace un hijo en el seno
de dicho matrimonio que nace con la mitad de arriba con cuerpo de erizo y de la
mitad para abajo humano. Lo aplicable de esta historia es que hay a un montn
de parejas, en todo el mundo, que intentan tener un hijo y probar todo mtodo
mdico habido y por haber. Y que despus de probar una, y otra vez, y desilusionarse
no es difcil imaginar que en su fuero interno piensen: quiero un hijo aunque
sea..
Actualmente ya no se piensa en el
trmino erizo en momentos de desesperacin para tener un descendiente. Pero s
se puede llegar a pensar en la
compra ilegal de ovocitos prenucleados, la compra ilegal de nios, de
adopciones de manera irregular, etc. Hoy en da no hay que pensar en la frase
aunque sea un erizo sino aunque sea de manera ilegal.
Esa historia nos cuenta una verdad
del corazn humano y una problemtica que el derecho debe saber cmo abarcar y actuar frente a una realidad que lo
acompaara siempre. El deseo desesperado de algunas personas por la
descendencia[24].
V.
Fantasa
y proceso judicial
Desde tiempos inmemoriales la pugna
entre la forma y el fondo de un texto legal ha estado presente en todos los
niveles y, por tal motivo, tambin estudiado. Desde Antgona[25]
hasta nuestros das vemos ejemplos en donde la literatura hace mella en este
asunto. Pero no slo se muestra la pugna entre la forma y el fondo, sino
tambin el uso de la forma para
evitar el fondo.
En este sentido las mil y una noches
nos deleitan con dos historias. En una se utiliza la forma para evitar el fondo
que sera condenar a alguien a muerte. En otra se utiliza la forma para evitar
el fondo que el califa puede deleitarse con una esclava la misma noche que se
aduea de ella.
Ya sea por una buena causa o por una
causa pcara se muestra como la forma puede desvirtuar el fondo de un texto
legal. Lo que denomina un buen ejemplo de lo que Ross denominara consciencia
jurdica material[26]
y como, la misma, juega en distintos sentidos, as mientras una decisin es
motivada por la equidad otra lo es por la arbitrariedad[27].
Por un lado est
El caso de Harn ar-Rashid y el imn Abu Iusuf.
Dicha historia
cuenta que, una noche, el califa se
haba encaprichado con una
esclava de su visir y lo haba
amenazado con que si no se la venda, o se la regalaba, repudiara a su esposa.
El visir jura que nunca lo
har y sostiene que si el califa se
divorcia l tambin se divorciara de su mujer. Cuando se les pasa la
borrachera se den cuenta que estn en un punto sin retorno.
Es as que, en
medio de la noche, se hace llamar al imn (Juez) quien, ante el conflicto,
resuelve que la esclava sea cedida
al califa en un 50% y vendida en el
otro 50%. De ese modo no se la habr vendido ni regalado. Pero ahora el califa
tena otro capricho y era el de dormir con la esclava esa misma noche. Por las
leyes musulmanas el dueo de una esclava no poda mantener relaciones hasta
tanto no pasara el perodo de abstencin (el lapso de tiempo bajo el cual se
consideraba que, de haber un embarazo, el hijo sera del dueo anterior). Entonces el juez propone que
se tome a un esclavo del califa y se la case con la esclava y que, antes de que
se consuma el matrimonio, el criado la repudie (ya que no haba periodo de
abstencin luego de un matrimonio). Pero una vez casados el esclavo no quiere repudiar a la esclava, es
entonces que al imn se le ocurre que el califa le regale el esclavo a la
esclava. Ella lo acepta y, de ese modo, queda invalidado el matrimonio por ser
el esposo propiedad de la esposa. De ese modo la eslava tiene garantizada una
entrevista con el califa esa misma noche.
Vemos de ese modo
como por medio de ciertas formalidades vacas se esquivaban las distintas
trabas que el derecho de fondo exiga.
Por otro lado est
La Historia de Jalid al-Qasr y el gentil ladrn. Jalid era gobernador de
Basora y tena ante s el caso de un ladrn al que deba condenarle a que le
cortaran la mano. El ladrn era en realidad un enamorado que, siendo
correspondido por su amada, fue descubierto por el padre de ella y, para no
deshonrar a su amada ni su familia fingi ser un ladrn que haba entrado a
robar. El gobernador sospechaba que algo pasaba y buscaba todos los medios para
liberarlo, pero el ladrn confesaba una y otra vez que era culpable.
Es as que Jalid
invita a cenar al ladrn y le recomienda que, al da siguiente ante el
interrogatorio del juez niegue los cargos, ya que ante casos dudosos estaba
establecido que era mejor evitar la pena. Pero al da siguiente el ladrn
confeso su delito. Es entonces que Jalid da a entender que si se robaron
objetos sin valor no hay delito, pero el ladrn confiesa que fueron de mucho
valor. Entonces busca la alternativa de si eran objetos de propiedad
compartida. Algo que el ladrn volvi a negar. Finalmente, despus de que el
gobernador le diera cuanta oportunidad tuvo a su alcance, da la orden de
cortarle la mano pero he de aqu que la amada del joven confiesa su relacin
con el joven y el gobernador lo premia con una importante suma por proteger de
manera tan notable el honor de su enamorada.
En este caso, a
pesar de que la ley era clara y los hechos probados, quien deba impartir
justicia buscaba ventanas de escape. Tena la intuicin de que el chico era
inocente pero el ser apresado en la propiedad de otra persona y la confesin de
parte exiga la condena. En este caso tambin es significativa la bsqueda de
incumplir, legalmente, el precepto de condenar al ladrn gentil.
Como se expuso con
anterioridad ambos son ejemplos de lo que la consciencia material del juez (en
el segundo caso), o la ausencia de sta (como fue en el primero), pueden llegar
a hacer. Al mismo tiempo, son una mirada interesante de la imagen que la
sociedad, de ese contexto, tena acerca de la funcin de administrar justicia. No
obstante, cabra preguntarse si esa visin de la administracin de justicia
sigue perdurando en nuestros das.
VI.
La solucin
que brindan las historias
Las historias de fantasa, no slo
nos iluminan para ver el problema sino que tambin nos proveen una solucin. Desde
esa mirada, Bruno Bettelheim considera que el mtodo ms eficaz de
formar una sociedad de personas justas o respetuosas de la ley no es mediante
ms leyes sancionatorias para los mayores
sino leyendo cuentos de hadas a los nios: Tanto en los cuentos de
hadas como en la vida real, el castigo, o el temor al castigo, slo evita el
crimen de modo relativo. La conviccin de que el crimen no resuelve nada es una
persuasin mucho ms efectiva, y precisamente por esta razn, en los cuentos de
hadas el malo siempre pierde. El hecho de que al final venza la virtud tampoco
es lo que provoca la moralidad, sino que el hroe es mucho ms atractivo para
el nio, que se identifica con l en todas las batallas[28].
Restarle importancia a ese tipo de
historias nos ha llevado a una carencia que se ha traslucido en la anomia boba que encontr Nino en
la sociedad Argentina[29].
Al mismo tiempo ese mtodo fortalece
cierto sistema normativo interno puesto que: Sin la ayuda de las emociones, el
intelecto carece de poder frente al organismo animal. Preferira jugar a las
cartas con un hombre escptico acerca de la tica, pero educado para creer que
un caballero no hace trampa, que con un filsofo moral intachable que ha
crecido entre estafadores. En una batalla, los silogismos no son lo que
mantiene firmes msculos y nervios durante la tercera hora de bombardeo[30].
Esta visin tiene cierta conexin
con la postura de varios autores de filosofa del derecho.
Para comenzar debemos entender al
derecho como un sistema normativo[31].
Pero no como un sistema cualquiera. Al respecto consideraremos un sistema
normativo como un sistema de reglas de conducta que trae consigo una
consecuencia, que puede ser positiva o negativa.
Visto desde esa perspectiva y para
limitar el objeto de anlisis diremos que en principio hay tres grandes
sistemas normativos; el moral, el social y el jurdico. De ese modo una
infraccin a cada uno de ellos traer consigo la consecuencia producto de lo
inmoral, lo indecente o lo ilegal.
Ahora bien, para entender ese
concepto hay que tener la imagen de los viejos relojes de pared. En dichos
relojes uno poda ver que se encontraban tres agujas. Cada uno de ellas tena
una longitud distinta y cada una de ellas marcaba un periodo de tiempo
distinto. De ese modo estaba la que marcaba las horas, los minutos y los
segundos.
En entonces que en esos relojes a
veces poda pasar que las tres agujas marcaran el mismo lugar. Sera el caso de
la una de la tarde con cinco minutos y cinco segundos que, traducido al
anlisis de los sistemas normativos significa un hecho que contradice los tres
sistemas, por ejemplo: el homicidio. De ese modo dicho acto trae consecuencias
en los tres rdenes y ser sealado como un acto inmoral, indecente e ilegal.
Otras veces las agujas marcan
distintos tiempos. De ese modo, por ejemplo: si una chica se va a vivir con su
novio ser considerado legal, posiblemente
inmoral y la decencia depender del caso (no es lo mismo el caso de una chica
de 18 aos que el de una de 33).
Ahora bien, al igual que en el reloj las agujas de los sistemas
normativos estn conectados entre s. De ese modo cuando la aguja de los
segundos daba toda la vuelta mova a la de los minutos y cuando la de los
minutos daba toda la vuelta mova la de las horas. Del mismo modo cuando el
sistema normativo social dio toda la vuelta el matrimonio igualitario llego a
ser ley haber pasado por una etapa traumtica en lo social[32].
Es por eso que inculcando, desde muy
temprana edad, la escala de valores que aparecen en las historias fantsticas
(que no es otra cosa que la dicotoma entre elegir el camino fcil y el
correcto), puede fomentarse y, de ese modo fortalecer, el sistema normativo
moral y social que, ms tarde, sern la tierra sobre lo que se apoye el sistema
normativo jurdico[33].
VII.
Conclusin
Imaginemos por un momento una seora
leyendo cuentos de los hermanos Grim[34]
a chicos de tres, cuatro y cinco aos de la Villa 1.11.14., as como tambin a chicos de esas edades que cursan en
jardines de infante bilinges. Imaginemos que desde muy pequeos se les
ensea que hay gente muy mala. Que del mismo modo que hay ogros en los cuentos
que se comen a sus hijos hay ogros en la realidad que los mandan a vender
drogas. O que del mismo modo que en los cuentos hay brujas que se disfrazan de
viejitas buenas e indefensas para ofrecer manzanas con el fin de blanca nieves
desaparezca hay gente que se disfraza de buena e indefensa para raptar chicas
para obligarlas a ejercer la prostitucin. Que a pesar de la rapidez con la que los
malos se hacen ricos en los cuentos al final termina perdiendo todos lo dems.
Pensemos en la posibilidad que se
logra penetrar en la psiquis de los chicos de todos los estratos estamentales y
de las clases econmicas. De modo tal que cuando crezcan haya un alto
porcentaje de jvenes con una escala de valores propia que fue formada mediante
el aprendizaje de los cuentos Cmo
sern?
Ahora imaginemos que la situacin
actual empeora y que el contexto actual lejos de promover los valores
comentados se los deja de lado o, con suerte, se mantienen en el mismo
desinters de la actualidad sin fomentar en la niez sistema alguno[35].
Como ser el resultado, algunos
consideran que ya est a la vista y que: Hacemos hombres sin pecho y esperamos
de ellos virtud y arrojo. Nos remos del honor y nos sorprende descubrir
traidores entre nosotros. Castramos, y apostamos a que el caballo castrado sea
frtil[36].
Esta disonancia entre el objetivo y los medios empleados son, en opinin de
Nino, terreno frtil para la corrupcin[37].
Las personas de edad avanzada suelen
decir que el rbol se endereza cuando esta verde y formar nios en una escala
de valores propugnado por los cuentos puede dar respuesta a lo que millones de
dlares y grandes aparatos del estado vienen fracasando inexorablemente.
Ya lo dijo Chesterton: A menudo, lo
que toda una nacin no puede solucionar, es justo lo que una familia podra
arreglar. Veintena de jvenes delincuentes han sido multados y encarcelados
cuando deban haber sido azotados y mandados a la cama[38].
[1] En un momento de la
historia en donde leer y escribir
era un lujo de pocos y el viajar una aventura que poda acarrear la muerte. Las
historias eran la nica fuente de sabidura con el que la poblacin sin
instruccin poda contar. No haba otro mtodo ms pedaggico, y rico a la vez,
para formar a una persona en aquellos
saberes que un aldeano poda necesitar. El saber en quien confiar y
cuando no hacerlo, el no guiarse por las apariencias, el saber tener paciencia,
etc. En fin, en todo aquello que distingue a la sabidura del
conocimiento.
[2] Desde esa perspectiva
Los cuentos de Alhambra son una interesante recopilacin toda vez que posee
reminiscencias de los dos ya mencionados, producto de la invasin de los moros a Espaa. Es decir, una
base musulmana pero con anexos cristianos.
[3]
Tolkien, J.R.R., 1947: On Fairy Stories. Citado por la traduccin
espaola de SEGURA, E.: Sobre los cuentos de hadas en Los Monstruos, los crticos y otros ensayos. Barcelona: Ediciones
Minotauro, 1998, recopilado en Cuentos desde el Reino Peligroso. Buenos
Aires: 2009, p. 263.
[4] Chesterton, G.K. 1985: Ensayos. Mxico: Ed. Porra.
[5] En ese sentido algunos
autores consideran al Seor de los Anillos de Tolkien es una obra en donde se
hace explcito ese concepto puesto que deja en claro que: . los caminos de la
historia mundial a menudo no son trazados por los Seores o los gobernantes,
ni siquiera por los dioses, sino por los aparentemente desconocidos y
dbiles. Davenport, J.J., 2010: Finales felices y esperanza religiosa: El
seor de los anillos como un cuento de hadas pico en El Seor de los Anillos y la Filosofa, traducido por CHAPARRO, A.
Barcelona: Editorial Ariel, p. 269.
[6]
Tolkien, J.R.R., Op. cit., p. 257.
[7] Algunas personas, en
ciertas circunstancias, cuando estamos muy compenetradas en una historia y
alguien nos llama a nuestro celular, podemos llegar a sentir que la historia es lo real y el llamado
la interrupcin cuando, objetivamente hablando, lo real es el llamado y nuestro
descanso de la realidad es la historia.
[8]
Tolkien, J.R.R., Op. Cit., pp. 306-307.
[9] Tolkien le asigna tres
funciones a la fantasa: escape, recuperacin y consuelo. Irigaray, R., 1999: Aproximacin a Tolkien. Buenos Aires: EDUCA, p. 189.
[10] Tolkien hablaba
constantemente de la aplicabilidad de su obra El seor de los anillos dejando
muy en claro que era una obra para grandes y que no estaba escrita para ser
leda en la cama sino para ser re- leda con atencin
[11] Ferro, J. N., 1996: Leyendo a Tolkien. Buenos Aires:
Vrtice-Gladius, p. 34. Irigaray, R., 1999: Elfos,
Hobbits y dragones. Buenos Aires: Ed. Tierra media, p. 6.
[12]
Campbell, J., 1988: The power of myth. Alfred van der Mack Editions. Citado por la traduccin espaola de
AIRA, C.: El poder del Mito. Barcelona:
Emec Editores, 1991, p. 28.
[13]
Lewis, C.S., 1944: The myth became reality, World Dominion, vol. XXII. Citado por la traduccin castellana
de BRAVO, J. El mito convertido en realidad en Dios en el banquillo. Santiago: Editorial Andrs Bello, 1996, pp. 70-71.
[14] Hart, H. L.A., 1961: The concept of Law. Oxford: Clarendon.
Citado por la traduccin castelllana de CARRI, G.R.: El concepto de derecho.
Buenos Aires: Abeledo Perrot, 1998, pp. 16/17.
[15] Ferro, Jorge N., 1996: Leyendo a Tolkien. Buenos Aires:
Vrtice-Gladius, pp. 39/40.
[16] Kelsen, H., 1953: Thorie pure du droit. Introduction a la science du droit, Editions de la Baconnire,
Neuchatel, Suisse. Citado por la
traduccin castellana de NILVE, M.:
Teora pura del derecho. Buenos Aires: Ed. Eudeba, 1994, p. 61.
[17] .. creo que las
leyendas y los mitos encierran no poco de verdad; por cierto, presentan
aspectos de ella que slo pueden captarse de ese modo; y hace mucho se
descubrieron ciertas verdades y modos de esta especie que deben siempre
reaparecer. Tolkien, J.R.R., 1981: Letters of J.R.R. Tolkien. George Allen & Unwin. Citado por
la traduccin espaola de MASERA, R.: J.R.R.
Tolkien cartas. Barcelona:
Ediciones Minotauro, 1993, (comunicacin personal a Milton Waldman a finales de
1951), p. 175. porque creo que el cuento de hadas tiene su propio modo de
reflejar la verdad, diferente de la alegora, la stira o el realismo, y
es, en algn sentido, ms poderoso. Tolkien, Op. Cit., (comunicacin personal
a Michael Straight a principios de 1956), p. 273.
[18] Tolkien,
J.R.R., 1947: On Fairy Stories. Citado por la traduccin
espaola de SEGURA, E.: Sobre los cuentos de hadas en Los Monstruos, los crticos y otros ensayos. Barcelona: Ediciones
Minotauro, 1998, recopilado en Cuentos desde el Reino Peligroso. Buenos
Aires: 2009, p. 313.
[19] Al respecto, cabe
destacar que, eso slo podr ser posible si la obra llega a ser arte. No todo
texto literario, pintura o cancin es una obra de arte. Una obra de arte es una
traduccin. Estamos frente a una obra de arte cuando el compositor, el
escritor, etc., logran plasmar (tela, pentagrama, libro, etc.) lo que no sabamos cmo expresar. As, cuando estamos escuchamos un poema
o una cancin que logra transmitir en palabras lo que nosotros, con nuestros
sentimientos, nunca supimos como expresar, estamos en presencia del arte. Por
eso la habilidad del artista no est en su sensibilidad sino en su capacidad
traducir en imgenes, sonidos o palabras lo que se esconde en nuestro
corazn.
[20] Come, oh husped, esta carne de puerco,
que es la que est a la disposicin de los esclavos; pues los pretendientes
devoran los cerdos ms gordos, sin pensar en la venganza de las deidades, ni
sentir piedad alguna. Pero los bienaventurados nmenes no se agradan de las
obras perversas, sino que honran la justicia y las acciones sensatas de los
hombres. Y an los varones malvolos y enemigos que invaden el pas ajeno y,
permitindoles Zeus que recojan botn, vuelven a la patria con las naves
repletas; aun estos sienten que un
fuerte temor de la venganza divina les oprime el corazn. HOMERO: La Odisea en
Obras Completas. Buenos Aires:
Joaqun Gil Editores, 1946, 14-80.
[21] La eucatstrofe es la
verdadera manifestacin del cuento de hadas y su ms elevada misin. Ahora
bien, el consuelo de estos cuentos, la alegra de un final feliz o, ms
acertadamente, de la buena catstrofe,
el repentino y gozoso giro [] No niegan la existencia de la discatstrofe, de la tristeza y el
fracaso, pues la posibilidad de ambos se hace necesaria para el gozo de la
liberacin; rechazan (tras numerosas pruebas, si as lo deseis) la completa
derrota final. Tolkien, J.R.R.,
1947: On Fairy Stories. Citado por la
traduccin espaola de SEGURA, E.: Sobre los cuentos de hadas en Los Monstruos, los crticos y otros ensayos.
Barcelona: Ediciones Minotauro, 1998,
recopilado en Cuentos desde el
Reino Peligroso. Buenos Aires: 2009, p. 313.
[22] Ibidem, pp. 305/306.
[23] Hay versiones en donde
vara y es la madre la que desea desesperadamente un hijo.
[24] Con esto no estamos
diciendo que el querer tener hijos sea malo. Simplemente remarcar que, hay
cosas en la vida que son buenas, otras que son malas y otras que no son ni una
ni la otra. El querer dinero, el querer tener hijos, el querer tener cosas no
es ni bueno ni malo. El dilema esta en Qu sera uno capaz de hacer con tal de
obtener esas cosa que se desea? Son los medios para obtenerlo lo que pueden ser
objeto de valoracin.
[25] Un estudio interesante
al respecto es el de Fort Chvez, L., 2012: Representaciones y estilos de
defensa de los derechos: una aproximacin a los derechos subjetivos de Kelsen
en Alegatos N 82, pp. 605-628.
[26] A sus ojos la ley no es
una frmula mgica, sino una manifestacin de los ideales, actitudes, standards o valoraciones que hemos
denominado tradicin cultural. Bajo el nombre de conciencia jurdica material
esta tradicin vive en el espritu del juez, y crea un motivo que puede llegar
a entrar en conflicto con la conciencia jurdica formal y su reclamo de
obediencia al derecho. Ross, A., 1958: On
law and justice. London: Stevens & Sons. Citado por la traduccin
castellana de CARRI, G.R.: Sobre el
derecho y la justicia, 3 ed. Buenos Aires: Editorial Universitaria de
Buenos Aires, 2005, p. 174
[27] Los factores que
integran el proceso de motivacin de la sentencia pueden, esquemticamente, ser
divididos en tres grupos: derecho,
equidad y arbitrariedad. Con relacin a esto el derecho significa
motivaciones que surgen de actitudes relacionantes, con una tendencia a la
regularidad; la equidad, motivaciones originadas de actitudes singulares con
sello de validez moral; y la arbitrariedad motivaciones emergentes de actitudes
singulares sin ese sello. Ross,
A., 1946: Toward a Realistic
Jurisprudence. Copenhagen: Elinar Munksgaard. Citado por la traduccin
castellana de BARBOZA, J: Hacia una
ciencia realista del derecho (Crtica del dualismo en el derecho, 1
reimpresin, Buenos Aires: Ed. Abeledo Perrot, 1997, p. 161.
[28] Seguidamente el autor contina con la
idea y expresa: El nio no se identifica con el hroe bueno por su bondad,
sino porque la condicin de hroe lo atrae profunda y positivamente. Para el
nio la pregunta no es quiero ser bueno?, sino a quin quiero
parecerme?. Bettelheim,
B., 1975: The uses of Enchantment the Meaning and Importance of Fairy Tales. Citado por la traduccin
castellana de FURI, S. Psicoanlisis de
los cuentos de hadas. Buenos Aires: Ed. Paids/crtica, 2011, pp. 15/16.
[29] Nino, S., 1992: La
anomia en la vida social argentina en Un
pas al margen de la ley. Buenos Aires: Ed. Ariel, 1reimpresin, 4
edicin, 2014, pp. 87-130.
[30]
Lewis, C.S., 1974: The abolition of man. Traducido por SALAZAR,
P.: Hombres sin pecho en La abolicin del hombre. Barcelona:
Editorial Andrs Bello, 2000, pp. 30/31.
[31] Un orden normativo que regula el
comportamiento humano en cuanto est en relacin inmediata o mediata con otros
hombres, constituye un sistema social. La moral y el derecho son unos de esos
sistemas sociales. Kelsen, H., 1923: Hauptprobleme der Staatrechtslehre, 2ed., Aufl., Tbingen. Citado por la traduccin castellana de
ROCES, W. revizado por SCHMILL, U.: Problemas
capitales de la Teora Jurdica del Estado (Desarrollados con base en la
doctrina de la proposicin jurdica), Mxico D.F.: Ed. Porra S.A.,1987, p 86.
[32] Lo que la revolucin
hace de golpe y con violencia, la evolucin puede efectuar gradual y calladamente.
Ross, A., 1946: Toward a Realistic
Jurisprudence. Copenhagen: Elinar Munksgaard. Citado por la traduccin
castellana de BARBOZA, J: Hacia una
ciencia realista del derecho (Crtica del dualismo en el derecho, 1
reimpresin, Buenos Aires: Ed. Abeledo Perrot, 1997, p. 137
[33] Eso sera posible porque
como dice Chesterton los nios son inocentes y aman la justicia, mientras
que muchos de nosotros somos malvados y preferimos la compasin. Chesterton,
G.K., "Los dioses familiares y los duendes", en Correr
tras el propio sombrero (y otros ensayos). Barcelona: Acantilado,
2005, p. 532. En ese sentido Bettelheim sostiene el valor moral de la
enseanza de los cuentos cuando dice: La madre de caperucita ya haba
advertido a su hija de este conflicto entre hacer lo que a uno le gusta y lo
que uno debe hacer, al decirle: No te apartes del camino principal.
Bettelheim, B, op. cit., p. 189 y por su parte Hart nos muestra porque esa
enseanza tiene su correlato en el derecho cuando dice: las obligaciones y deberes caractersticamente
implican sacrificio o renuncia, y la constante posibilidad de conflicto entre
la obligacin o deber y el inters es, en todas las sociedades, uno de los
lugares comunes del jurista y del moralista. Hart, H.
L.A., 1961: The concept of Law.
Oxford: Clarendon. Citado por la traduccin castelllana de CARRI, G.R.: El concepto de
derecho. Buenos Aires: Abeledo Perrot, 1998, p. 109. Es decir, en trminos
de Hart los cuentos de hadas leda a los nios proporcionaran una regla de
reconocimiento de ndole social para las reglas primarias.
[34] La eleccin de los
cuentos de los hermanos Grimm es al mero tono ejemplificativo por lo que hay
una gran cantidad de historias que pueden cumplir dicha funcin. En ese sentido
los Cuentos de Alhambra son un cmulo de enseanzas valorativas. As hay
historias que hacen hincapi en que las grandes riquezas slo sern duraderas
para personas de buen corazn ("Leyenda del soldado encantado", "Leyenda de las dos estatuas discretas", "Leyenda
del legado moro"). O la importancia del honor y de cumplir las promesas en
la Leyenda de Don Munio Sancho de Hinojosa.
.
[35] Las reglas de etiqueta
o del habla correcta, son ciertamente reglas: ellas no son meros hbitos
convergentes o regularidades de conductas, se las ensea y se hacen esfuerzos
para preservarlas; son usadas para criticar nuestra conducta y la conducta
ajena mediante el caracterstico vocabulario normativo, Debes quitarte el
sombrero, Es incorrecto decir fuistes. Hart, H.
L.A., 1961: The concept of Law.
Oxford: Clarendon. Citado por la traduccin castelllana de CARRI, G.R.: El concepto de
derecho. Buenos Aires: Abeledo Perrot, 1998, p. 107.
[36]
Lewis, C.S., 1974: The abolition of man. Traducido por SALAZAR,
P.: Hombres sin pecho en La abolicin del hombre. Barcelona:
Editorial Andrs Bello, 2000, p. 32.
[37] Por un lado una
dimensin simblica que expresa una visin idealizada de la sociedad, y por el
otro lado, una dimensin operacional. La que comprende las prcticas reales de
la sociedad, los cdigos implcitos de los actores sociales. La corrupcin se
genera con la disonancia entre estos dos sistemas normativos. Nino, C. S., Op. Cit., p. 111.
[38] Chesterton, G.K., 1926: Manalive. Traducido por CLEMENTI DE
SAIACE, L.: Un hombre vivo. Buenos
Aires: Ediciones Leviatn, 2006, pp. 79/80.