CARANDIRÚ” (2003) DE HÉCTOR BABENCO Y DERECHO:

UN RETRATO DE LAS LLAGAS DEL SISTEMA PENITENCIARIO EN BRASIL

 

Claudia Spinassi (Brasil) – Michel Kopper de Souza (Brasil)

Mención, Categoría Estudiantes,

Concurso Internacional “FICCIÓN Y DERECHO” 2016

(Departamento de Ciencias Sociales, Facultad de Derecho, UBA)

 

 


Introducción

La “Masacre de Carandirú” de 1992 es un hecho que ha marcado de forma muy significativa la historia reciente de Brasil en términos de sistema penitenciario y en respecto a los derechos humanos. Solo la mención al nombre de esta superpoblada prisión-ciudad, desactivada en 2002, alude al asesinato de 111 presos, a un gueto de excluidos y marginales, a un mundo-infierno, a un referente del sistema penitenciario y a una metáfora potente de Brasil[1].

Este trabajo tiene como objetivo el análisis pormenorizado de Carandirú, una película de ficción de Héctor Babenco, basado en los relatos de la experiencia y de la memoria de los prisioneros en este mítico presidio de San Pablo que fueron recogidos por el médico Drauzio Varella en su libro “Estación Carandirú”.

El filme expone los detalles minuciosos de la arquitectura y del cotidiano de la penitenciaria, evidenciando los pabellones y las divisiones realizadas conforme el tipo de condenado que abrigaba. Narra, de manera descriptiva, las tribulaciones de un grupo de presos y el destino final que les espera con la invasión de la policía cuando ocurre una rebelión.

El presente artículo, haciendo un relato del filme Carandirú y un apanado histórico del momento vivenciado al tempo de la masacre, se presta a reflejar sobre la humanización del cumplimento de la pena en la cárcel, demostrando las principales dificultades enfrentadas por los presidiarios sometidos a los espacios carcelarios, enfocando los puntos jurídicos tratados en la película.

 

1. Circunstancias Históricas:

1.1. La Casa de Detención de San Pablo (Carandirú)

Inaugurada en la década de 1920, la Casa de Detención de San Pablo (BR), conocida popularmente como Carandirú en razón de ubicarse en el barrio homónimo en la ciudad paulista, llegó a ser considerada, en la época, como el más grande presidio de América Latina y como modelo para otros centros penitenciarios. Proyectada y remodelada, la Casa de Detención de San Pablo tuvo capacidad para recibir 3.250 detenidos, sin embargo, tras sufrir con la superpoblación, se calcula que llegó a abrigar más de 8.000 hombres.

Con la construcción del Complejo Penitenciario de Carandirú, se buscó atender a las nuevas exigencias del Código Penal brasileĖo de 1890, siguiendo las recomendaciones sugeridas por el Derecho Positivo de la época. La arquitectura de la cárcel era inspirada en el Centre Pénitentiaire de Fresnes, en Francia, en el modelo “espina de pescado”, no obstante, después de sufrir algunas adecuaciones durante el pasar de los aĖos (para amenizar el problema de la superpoblación), los anexos de la arquitectura no se adecuaban totalmente al proyecto original del complejo.

Del periodo de 1920 hasta 1940 el Carandirú vivió su ápice[2], momento en que el complejo era expuesto como la guiĖada del sistema carcelario común para un sistema modelo y admirado mundialmente, considerado como un padrón de excelencia en las Américas, siendo punto de visita de inúmeros políticos y personalidades brasileĖas e internacionales, llegando a ser considerado como uno de los postales de la ciudad de San Pablo.

Se destacaba inicialmente en Carandirú el hecho de casi no haber funcionarios, una vez que las tareas eran casi totalmente delegadas a los propios presos, que producían su comida, hacían sus propios calzados, cuidaban de la enfermería, auxiliando a los médicos, podían estudiar en la escuela del presidio e incluso aprender artes plásticas. Stefan Zweig, escritor Austro-húngaro, después de realizar una visita al complejo, relató en uno de sus libros “que la limpieza y la higiene ejemplares hacían con que la cárcel se transformase en una fábrica de trabajo” en razón de ser los propios presos los que cuidaban de todos los quehaceres diarios de la penitenciaria[3].

La Casa de Detención, como dice su nombre, fue construida para recibir presos aguardando juzgamiento. Pero, desde el aĖo de 1975, comenzó a recibir también a condenados y ganó el apodo de “depósito de gente”.

El proceso de construcción obedecía la siguiente orden: cuando superpoblaba un pabellón, se construía otro. Cuando el último fue construido en 1978, la superpoblación estalló – coincidiendo con el estallo poblacional de Brasil en los aĖos 70.

El complejo penitenciario era formado por siete pabellones, de forma que los detenidos eran divididos en los pabellones y galerías, de acuerdo con su origen. En el pabellón 02 se quedaban los presos bien comportados y abrigaba el triage de detenidos y los servicios de administración; El 04 poseía celdas individuales para universitarios y abrigaba los presos amenazados de muerte; El pabellón 05 era ocupado por los presos amenazados de muerte por otros detenidos, como violadores y justicieros, concentrando también el ala evangélica; El pabellón 06 servía como cocina y área de despensa, reuniendo los presos comunes; El pabellón 07 recibía los presos primarios condenados y los que trabajaban en servicios generales; El pabellón 08 abrigaba los presos considerados más expertos, reincidentes y de alta peligrosidad; Por fin, el Pabellón 09, donde ocurrió la masacre, recogía los presos primarios, recién llegados de las calles, que aguardaban aún su condena.

Las grandes rebeliones de Carandirú empezaron en 1982. Diez aĖos después, en 1992, ocurrió la mayor tragedia de la Casa de Detención, con la masacre de 111 presos por la policía militar. En 2000, ella fue nuevamente el centro de una mega-rebelión que ocurrió en Brasil, involucrando 27 mil presos en 29 ciudades del país, simultáneamente. Esos dos eventos fueron determinantes para la desactivación del presidio, cuyo proceso de demolición comenzó en 2002, tras un demorado periodo de promesas políticas, concluyendo en 16 de enero de 2003, con la implosión de tres pabellones de la Casa de Detención.

 

1.2. La Masacre:

La masacre de Carandirú ocurrió en el mismo día en que el político Fernando Collor de Melo fue oficialmente depuesto de la presidencia de la República de Brasil por corrupción.

En el día 02 de octubre de 1992, tras motín entre los presos, la cárcel fue invadida por policías militares que mataron a 111 penitenciarios. Entre las versiones expuestas para la invasión de la policía, está la pelea entre los detenidos por un tendedero o por el control de drogas en el presidio por dos grupos rivales.

Mientras la Policía Militar sustenta que los policiales fueron hostilizados por los presos, que se presentaban armados, los presos afirmaron que tiraron todas las armas blancas por la ventana de las celdas cuando notaron que la invasión era inminente.

 De acuerdo con los registros oficiales, 102 presos fallecieron en virtud de los disparos de arma de fuego y otros 09 en razón de herimientos ocasionados por armas blancas. Por estos mismos datos, aproximadamente 321 policías militares tendrían entrado en el pabellón 09 armados con revólveres, espingardas y ametralladoras.

Los presidiarios y la prensa afirmaron que las muertes ocurridas en la masacre superaron el relato en los números oficiales, llegando a aproximadamente 300 presos muertos, relatan que las víctimas tendrían sido acorraladas y muchas fueron muertas dentro de sus propias celdas, sin chance de defensa.

 

2. El Filme Carandirú

En 2003 se estrenó el filme de Héctor Babenco, Carandirú, que contribuyó a impulsar la cobertura mediática sobre el penal homónimo y, por ende, sobre los sistemas judicial y penitenciario brasileĖos.

La película está basada en el libro del doctor Drauzio Varella, “Estación Carandirú”, médico que en 1989 inició un trabajo voluntario para la prevención del SIDA en dicho presidio y, en seguida, decidió ejercer como médico voluntario hasta su desactivación en 2002, y que escribió el libro narrando sus experiencias en este mítico complejo carcelario[4].

Haciendo mención al nombre popular del mítico presidio brasileĖo y narrado desde el punto de vista de los prisioneros, Carandirú entrelaza las tribulaciones personales de un grupo de presos en la vida cotidiana de la prisión - especialmente sus ajustes de cuentas con las drogas y la violencia y, de modo positivo, las diferentes respuestas de superación ante las difíciles relaciones de convivencia - con el episódico recuento en flash-back de sus experiencias con el crimen, y el destino final que les espera a todos ellos con la espeluznante invasión y carga policial en el interior de la prisión.

En la primera escena de la película, dos detenidos (Lula y Peixeira) se enfrentan en un acierto de cuentas. El clima es tenso. Otro detenido, Nego Preto, especie de “juez” para las desavenencias internas, soluciona el caso en tiempo de dar la bienvenida al Médico recién-llegado y dispuesto a realizar trabajo de prevención al SIDA en la penitenciaria.

El Médico se depara, en la mayor cárcel de América Latina, con problemas gravísimos: superpoblación, instalaciones precarias y sin mínimas condiciones de higiene, enfermedades como tuberculosis, leptospirosis, caquexia, además de pre-epidemia de SIDA. Los encarcelados lamentaban, además de la superpoblación y de la falta de condiciones de higiene, de la falta de asistencia médica y jurídica.

El Carandirú, con sus más de siete mil detenidos, se constituyó en un grande desafío para el Doctor recién-llegado, pero bastan algunos meses de convivencia para que él observe algo que lo transformará: incluso viviendo situación-límite, los internos no son figuras demoníacas, como suele pasar por la mente de las personas. En el convivio con los presos que visitan su improvisado consultorio, el Médico presencia solidaridad, organización, disciplina interna y, sobretodo, gran disposición de vivir.

Oncólogo famoso, habituado a la más sofisticada tecnología médica, el Doctor tendrá que practicar su medicina a moda antigua, con estetoscopio, sensibilidad y mucha conversa. El trabajo comienza a presentar resultados y el Médico gana el respeto de la colectividad. Con el respeto, vienen los secretos. Las consultas van además de las enfermedades, pues los detenidos comienzan a narrar sus historias de vida. Los encuentros en la enfermería se transforman en “ventanas” para el mundo del crimen y es así que se da la narrativa de la película, la cual se arma como un rompecabezas.

Una historia se encaja en la otra para formar un panel realista de la tragedia brasileĖa.

Con el médico, el espectador acompaĖa los movimientos cotidianos de los presos, hasta la eclosión – en dos de octubre de 1992 – del más terrible abalo de la historia de la Casa de Detención de San Pablo: la Masacre de Carandirú[5].

 

3. Aspectos jurídicos de la película

Por narrar la historia interna de un presidio, la película aborda varios tópicos de derecho penal y constitucional, además de exponer de manera muy clara la absurda falta de respecto a los principios de los derechos humanos más básicos a que son sometidos los presidiarios en Brasil, privados no solo de su libertad, sino también de su dignidad, sin las mínimas condiciones de higiene, de salud física y mental, apartados de la colectividad y amontonados como basura social no reciclable.

Varios preceptos de la Ley de Ejecución Penal no son respetados. Prácticamente no hay asistencia a la salud de los detenidos. El consultorio en que el médico-narrador atiende es precario y la falta de higiene es gigantesca. En uno de los episodios, el preso Majestade es mordido por un ratón cuando escondía drogas dentro del retrete, y Lula, otro detenido, apoyado por el también preso, Sem Chance, suturaron su dedo en el improvisado consultorio médico. Mientras realiza el procedimiento, Lula usa crack, demostrando la escena que la asistencia a la salud garantizada por la Constitución Federal y por la Legislación BrasileĖa no es una prioridad para el Estado, cuando se trata de personas privadas de la libertad.

La igualdad, derecho constitucionalmente garantizado en Brasil, aparece en la película en una escena bastante peculiar. Están todos en el campo de fútbol, listos para comenzar el campeonato y, como de costumbre en las actividades deportivas y en especial en el fútbol, es tocado el himno nacional. Todos se levantan, ponen la mano en el pecho y cantan el himno, incluso los guardias que hacen la seguridad arriba del muro. Podemos observar en ese fragmento del filme que el fútbol, pasión nacional y deporte número uno de Brasil, une los presos en el campeonato y el himno los torna iguales a los guardias. El principio constitucional que predica que “todos son iguales ante la ley”, gana respecto en ese único momento de la película.

La libertad es abordada de forma romántica por Babenco a través del personaje Chico, que está a punto de ser suelto, sin embargo, como de costumbre, todo aĖo Chico prepara un globo e intenta hacer con que él gane libertad. Su celda repleta de globos que simbolizan esa ambición de ganar altura y salir de la casa de detención. Chico que no consigue lanzar su globo, finalmente antes de la masacre consigue su tan deseada libertad y es libertado.

En el transcurso del filme, los presos nombran sus celdas de “casas” (o de barracos, como muchas veces dicen); hablan en “vivir” aquí o allí; realizan compra y venta de mercancías (desde chicles, dulces y material de higiene, hasta drogas), lo que demuestra la increíble capacidad del ser humano de adaptarse a las más difíciles condiciones de vida y como una penitenciaria es un mundo ajeno, donde conceptos sociales y jurídicos fundamentales son adaptados, amoldándose a la realidad,  privación de la libertad, limitación del espacio y lucha por la sobrevivencia física y mental.

Y es en esa realidad paralela que surge un verdadero derecho paralelo vigente entre los detenidos, extraído de las costumbres, que después de todo también es fuente de derecho. A lo largo de toda la película, es presentada a coexistencia de dos sistemas normativos en Brasil: el derecho positivo, puesto por los hombres libres y que vigora fuera de los portones de las cárceles, y las “leyes de la cárcel”, establecidas, cumplidas y ejecutadas por los propios presos entre sí para preservar la integridad del grupo y que determinan las reglas de comportamiento dentro del muro de las prisiones.

La demostración de la existencia de este derecho paraestatal aparece ya en la primera escena de la película, que muestra el desentendimiento entre presos en la galería y, para contener los hombres en contienda, “Nego Preto”, responsable por el pabellón, se impone, demostrando de inmediato que quien realmente comanda el presidio son los residentes del local.

La escena demuestra lo cuanto la especialidad de la cárcel no es regida por elementos normativos puestos por el Estado, sino por reglas construidas de forma compleja por individuos que residen allí, y que, de alguna manera, interfieren, burlan y modifican toda la lógica de poder instituida por los órganos oficiales. Ese aspecto es reafirmado por la frase del director del presidio en respuesta a la afirmación del médico de que aquellas personas están detenidas: _ “ņ!Presos?! Ellos son los dueĖos de la cárcel, doctor… eso acá solo no explota porque ellos no lo quieren”.

En esta primera escena de la película, es interesante observar el respecto al contradictorio existente en el juzgamiento presidido por “Nego Preto”. Las dos partes son oídas y también algunos testigos, siendo la contienda resuelta entre ellos sin la necesidad de intervención de factores externos, es decir, de la administración del presidio.

De la misma forma, en varios otros fragmentos del filme, la figura de Nego Preto como juez de la cárcel es evidenciada. Una de las principales es la escena en que Zico, preso usuario y traficante de drogas, pide permiso para matar a otro detenido, Ezequiel, en virtud de una deuda de drogas. Nego Preto determina que primero Ezequiel será “intimado” a conseguir el dinero con la familia y a pagar la deuda, y que, solamente después, caso no la pague, entonces Zico tendrá el permiso para matarlo. Pasa que Ezequiel no paga la deuda y Zico decide no más matarlo, argumentando que su condena está casi por terminar y que no quiere extender sus aĖos en la prisión. Por no cumplir de la decisión del “juez de la cárcel”, y también porque mató su colega de celda y amigo de infancia (Deusdete) la traición, Zico es juzgado por una comisión de detenidos presidida por Nego Preto y condenado a muerte, siendo asesinado por varios presos con más de 30 cuchilladas. Al final del episodio, Ezequiel es convencido a asumir el crimen en cambio de una celda limpia, ropa lavada y algunas piedras de crack.

En el momento del juzgamiento de Zico, uno de los detenidos, miembro del consejo de juzgamiento, dice que el hecho de él (Zico) no tener matado Ezequiel es un problema de ellos, al que Nego Preto afirma que es un problema de todos. Demostrando que el respecto a las “leyes de la cárcel” es esencial para garantizar la sobrevivencia y el orden dentro del grupo.

Mucho más allá de ese derecho paralelo interno de la penitenciaria, la película muestra que los policías también poseyeron sus propias leyes, una vez que invadieron la Casa de Detención y, contra todas las normas de derecho positivo vigentes en Brasil, asesinaron 111 hombres desarmados, cuya resistencia a sus órdenes era ínfima delante de la disparidad de armas.

La actuación de la policía ofendió frontalmente a los principios constitucionales brasileĖos de razonabilidad y proporcionalidad, a los cuales el Estado está sometido en sus actos discrecionales. Lo que ocurrió fue una ejecución sumaria, en un “juzgamiento” en que los presos no tuvieron derecho a defensa.

Tras la invasión y retirada de los cuerpos, la policía determinó que todos los presos vivos saliesen de la galería vestidos únicamente de calzoncillos. La escena final de la película trae centenas de hombres desnudos, sentados en el campo de fútbol, rodeados por policías con perros, imagen que en mucho se asemeja a aquellas de las cuales se tiene noticia relativas al holocausto de los judíos y da una dimensión de cómo los derechos humanos de los presos no fueron respetados durante la masacre de Carandirú. 

 

4. Secuelas de la invasión:

Incluso privados de libertad, y tal vez aún más por ese motivo, la película muestra como los presos, así como ocurre con los hombres libres, tienen la necesidad de pertenecer a un determinado grupo.

Y de esta necesidad, como rescaldo de la masacre de Carandirú, una nueva especie de contrato social es firmada entre los presidiarios brasileĖos. En ese nuevo modelo de sociedad paralela, regido por las leyes internas de la cárcel, los presos se unieron y eligieron un “comando”, responsable por establecer las normas a ser obedecidas, ejecutarlas y juzgar aquellos que, eventualmente, no las cumplan. En contrapartida, el comando ofrece protección a los miembros del grupo, principalmente contra ataques desmedidos de la policía.

Conforme análisis de algunos expertos en derecho penitenciario, la masacre de Carandirú motivó y originó la organización de una de las mayores facciones criminosas de Brasil, conocida como Primero Comando de la Capital (PCC), creada en el aĖo siguiente del hecho.

Según los registros, la facción PCC tendría sido fundada por un grupo de detenidos en la Casa de Custodia de Taubaté (interior del estado de San Pablo). La fuerte estructura organizacional del grupo criminoso llama la atención en razón de su estatuto, permitiendo que la facción actúe en los otros estados de Brasil y también en el exterior, como en Paraguay y en Bolivia. Se calcula que el PCC movilice, anualmente, más de 120 millones de reales.

Actuante dentro de las cárceles y fuera de ellas, el PCC detiene función reglamentaria, imponiendo reglas de conductas internas a sus integrantes influentes en el mundo del crimen, llegando a operar incluso en algunas villas de grandes ciudades brasileĖas como reglador general de conductas, sobreponiéndose incluso sobre la justicia del Estado.

La socióloga Camila Nunes Dias, profesora de la Universidad Federal de ABC e investigadora del Núcleo de Estudios de Violencia (NEV) de la Universidad de San Pablo (USP), destaca que “el PCC es, sin duda, el principal efecto de la masacre. No solamente de este evento aislado, sino también de la política de seguridad de aquella época, marcada por la violencia institucional, por la falta de respeto a los derechos y por la arbitrariedad del Estado”[6].

 

Conclusiones

Carandirú es un filme que encara cuestiones sociales e históricas candentes del Brasil contemporáneo y consigue con eficacia su propósito de humanizar el preso de Carandirú y de incluirlo en la memoria histórica del país al tiempo que denuncia el acontecimiento de la masacre, por medio de una brillante representación cinematográfica.

Demuestra con detalles los abusos de derechos cometidos contra los presos en el sistema penitenciario brasileĖo, tratados por el Estado como seres humanos descartables y la lucha diaria de estas personas privadas de libertad por la sobrevivencia.

Es una excelente película para cine-foro, especialmente en relación al estudio de los derechos humanos en el área penal y constitucional.

 

 

REFERENCIAS

 

ALEXANDRE, Roberto. “PCC julga e condena em tribunal paralelo”. Folha da Regičo. Disponível em: <http://www.folhadaregiao.com.br/Materia.php?id=85205>. Acesso em 20 de novembro de 2015.

 

BEIRANGś, Henrique. “O PCC está cada vez maior”. Carta Capital. Disponível em: <http://www.cartacapital.com.br/revista/867/operacao-voldemort-4336.html>. Acesso em 20 de novembro de 2015.

 

ESTADŐO. “Crimes no Brasil”. Blog Estadčo. Disponível em: <http://blogs.estadao.com.br/crimes-no-brasil/2010/01/23/16-perguntas-sobre-o-pcc/>. Acesso em 20 de novembro de 2015.

 

Estación Carandirú. Dirección: Héctor Babenco. Direćčo fotográfica: Walter Carvalho. Roteiro: Hector Babenco; Fernando Bonassi; e Victor Navas. Sony Pictures Classics, 2003. 1 DVD (146 min). Título original: Estaćčo Carandirú.

 

GLOBO FILMES. “Carandirú”. Disponível em: <http://globofilmes.globo.com/filme/Carandirú/>. Acesso em 22 oct. 2015.

 

GARCIA, Miguel Ángel Lomillos. ‘CARANDIRÚ’ (2003) DE HÉCTOR BABENCO: HUMANIZACIÓN, ESTIGMA Y MASACRE. Centro Universitário Nossa Senhora do Patrocínio - CEUNSP-. Brasil. Disponible em: http://www.seeci.net/revista/hemeroteca/numeros/numero%2029/n29-3.pdf. Acceso em 21 oct. 2015.

 

HORNE, Francisco Alejandro. "Carandirú". Disponible en: file:///C:/Users/clss/Desktop/DOUTORADO%20UBA/Filosofia/ARTE%20-%20Carandirú%20-%20Francisco%20Alejandro%20Horne.htm

 

MAIA, Aurélio Faleiros da Silva. Carandirú: a reaćčo da comunidade internacional e seus efeitos. Disponible em: http://jus.com.br/artigos/28411/Carandirú-a-reacao-da-comunidade-internacional-e-seus-efeitos#ixzz3plomhyeX. Acceso em 27 oct. 2015.

 

NASCIMENTO, Douglas. “A história da penitenciária de Sčo Paulo”. Sčo Paulo Antiga. Disponible em: <http://www.saopauloantiga.com.br/penitenciaria-de-sao-paulo/>. Acesso em 20 de novembro de 2015.

 

VARELLA, Drauzio. Estaćčo Carandirú. 1999. Disponible en: http://copyfight.noblogs.org/gallery/5220/Drauzio%20Varella%20-%20Esta%C3%A7%C3%A3o%20Carandirú.pdf. Acceso en 12 dic. 2015.



[1]                GARCIA, Miguel Ángel Lomillos. ‘CARANDIRÚ’ (2003) DE HÉCTOR BABENCO: HUMANIZACIÓN, ESTIGMA Y MASACRE. Centro Universitário Nossa Senhora do Patrocínio - CEUNSP-. Brasil. Disponible en: http://www.seeci.net/revista/hemeroteca/numeros/numero%2029/n29-3.pdf. Acceso en 21 oct. 2015.

[2]                Antes de sufrir con la superpoblación.

[3]                NASCIMENTO, Douglas. “A história da penitenciária de Sčo Paulo”. Sčo Paulo Antiga. Disponible en: <http://www.saopauloantiga.com.br/penitenciaria-de-sao-paulo/>. Acceso en 20 de noviembre de 2015.

[4]                El libro de Drauzio Varella, a medio camino entre las memorias y la crónica, narra con color y riqueza las animadas historias personales de los presos y sus vidas en la prisión. El libro confirma una vez más que las experiencias del mundo del crimen, especialmente para el narrador con oído fino que se arraiga en la tradición de los cuentos e historias populares, son un enredo particularmente dotado para la fabulación. El final del libro cuenta los sucesos de la matanza (“el levantamiento, el ataque, los rescoldos”) y ambos aspectos privilegiados del relato –coda y clímax– cobran un sentido especial en virtud del punto de vista que guía el relato, puesto que el narrador-doctor, una figura respetada y de confianza para los presos, recogió los testimonios de los que presenciaron y sobrevivieron a la masacre. Aunque Babenco se permite, obviamente con toda legitimidad, total libertad para seleccionar, modificar y mezclar a su antojo las historias personales de los presos, la re-presentación y narrativización de la matanza es básicamente fidedigna a la versión del libro. El filme, como es de rigor, registra en su inicio el letrero “basado en hechos reales”.

[5]                Sinopsis retirada de la página web oficial del filme Carandirú, disponible en http://globofilmes.globo.com/filme/Carandirú/. Acceso en 22 oct. 2015.

[6]                Massacre do Carandirú – 20 anos. Disponible en: http://noticias.terra.com.br/brasil/massacre-do-Carandirú/. Acceso en 14 dic 2015.