NUEVAS REFLEXIONES SOBRE EL PROCESO DE ELABORACIÓN DEL “DAĄO AL PROYECTO DE VIDA”

Lectio Doctoralis pronunciada al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires (2016)

                                                     Carlos Fernández Sessarego[1]

 

 

SUMARIO

1. Filosofía y ciencia jurídica. 2. Aparición del “daĖo al proyecto de vida” en el escenario jurídico contemporáneo. 3. La previa investigación filosófica. 4. Nuevas reflexiones sobre la libertad en cuanto ser del hombre. 5. La libertad “ontológica” y la libertad “fenoménica” 6. El proyecto de vida 7. Recepción, en 1950, de la libertad como ser del hombre y del “proyecto de vida” como libertad fenoménica 8. El proceso creativo que dio lugar a la aparición del “daĖo al proyecto de vida.

 

            Introducción

            Nos proponemos en esta oportunidad reflexionar, brevemente y por primera vez en forma histórico-sistemática, sobre el recorrido filosófico-jurídico que tuvimos que cumplir para llegar a precisar la noción de “daĖo al proyecto de vida” o “daĖo a la libertad fenoménica”.

            En este transitar intelectual tuvimos que reflexionar, básica y sucesivamente a través del tiempo, sobre cuatro conceptos como son: la libertad, sus instancias o fases, la idea de “proyecto” para, luego, culminar en lo que consideramos como “daĖo al proyecto de vida” o daĖo a la libertad, la que designamos como fenoménica.

            Tal búsqueda se inicia tempranamente en los aĖos cuarenta del siglo pasado, cuando éramos estudiantes de filosofía, y se prolonga por décadas hasta los aĖos ochenta, momento en el que surge la nueva institución del “daĖo al proyecto de vida”.

            En dicho recorrido iniciamos nuestra investigación en la filosofía para luego confrontarla con la realidad y con el derecho. Fue un movimiento pendular que nos llevó de la filosofía al derecho y, desde éste, a la filosofía, teniendo siempre la realidad.

 

1.- Filosofía y ciencia jurídica

            La experiencia obtenida en esta aventura jurídica fue la razón por la que quedáramos convencidos que los avances y progresos que se producen en el seno de la ciencia jurídica son el resultado de un previo diálogo entre la filosofía y la realidad de la vida.

            Dicho convencimiento está afianzado por otras experiencias de nuestra vida como juristas ya que el mismo camino lo habíamos recorrido, en la década de los aĖos cuarenta del siglo XX, tratándose del hallazgo de la teoría tridimensional del derecho y, más tarde, en los aĖos ochenta de dicho siglo en cuanto a precisar los alcances conceptuales del derecho a la identidad personal.

            Por lo expuesto, compartimos la opinión de Santos Cifuentes cuando expresa que “pocas veces, o mejor nunca, se encuentra un razonamiento jurídico exitoso, si carece de apoyos básicos y de corrientes de las ideas que de allí partan hacia las direcciones de cada uno de sus interrogantes”.

             Esas ideas básicas motivan, siempre en expresión de Cifuentes, a que “el pensador de las ciencias humanas valorativas descubre y construye, como el sembrador, sostenido por las esencias de la siembra filosófica”. En apoyo de su planteamiento recuerda que “ya lo dijo alguna vez nuestro Orgaz: la filosofía en la labor del jurista no puede faltar, para conocer cómo se ha visto y se ve el problema de que se trata, desde las alturas y  honduras de la razón del ser”[2].

 

2. Aparición del daĖo al proyecto de vida en el escenario jurídico contemporáneo

            Han transcurrido aproximadamente treinta y cinco aĖos desde que apareció, por primera vez en el mundo jurídico, la institución  del “daĖo al proyecto de vida”  o “daĖo a la libertad fenoménica”. El primer dato de su existencia lo encontramos en un ensayo de nuestra autoría titulado El daĖo a la persona en el Código Civil de 1984 el que fuera publicado en Lima, en 1985,  en el volumen nominado Libro Homenaje a José León Barandiarán[3],

             En aquella obra colectiva se expresa, entre otros conceptos, que “según nuestra particular posición el más grave daĖo que se pueda causar a la persona es aquel que repercute de modo radical en su proyecto de vida, es decir, aquel acto daĖino que impide que el ser humano se realice existencialmente de conformidad con dicho proyecto libremente escogido, atendiendo a una personal vocación”[4]. Esta constituyó la primera noticia, hecha pública, sobre la teoría del daĖo al proyecto de vida.

            El daĖo al proyecto de vida  se difunde, también en el mismo aĖo de 1985, a través de la sustentación de nuestra ponencia que fuera presentada en el Congreso Internacional sobre “El Código Civil peruano y el sistema jurídico latinoamericano”. Este evento fue convocado por el Centro de Investigación de la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima que dirigíamos en aquel momento. La ponencia se titulaba “Estudio preliminar comparativo de algunos aspectos del Código Civil peruano de 1984 en relación con el Código Civil italiano de 1942”, la que fuera elaborada conjuntamente con el profesor Carlos Cárdenas Quiroz.

            A través del tiempo hemos publicado alrededor de 30 ensayos relacionados con  varios aspectos del “daĖo al proyecto de vida”. En ellos, a la vez que se desarrolla la materia, se da cuenta de los avances experimentados en la elaboración de la novedosa institución. Volvemos sobre el tema en el último capítulo de la quinta edición de nuestro libro Derecho y persona publicado en Buenos Aires, por Astrea, en el 2015.

            La teoría del daĖo al proyecto de vida o a la libertad fenoménica se ha difundido en numerosos países. Aparece tanto en la doctrina, como en leyes, en la jurisprudencia de tribunales internacionales y en la de diversos países. Son varios los libros y ensayos que, a la fecha,  comentan y enriquecen el tema que nos ocupa. Estamos, recién, preparando un libro sobre la materia.

 

3. La previa investigación filosófica

            Sobre lo que no hemos reflexionado sistemáticamente es en torno a la investigación filosófica, que precede a la jurídica, en cuanto a la libertad y a las respuestas de las preguntas relacionadas sobre cómo, cuándo y por qué surge en el escenario jurídico el término “proyecto de vida”.

            Estas reflexiones constituyen un anticipo en el tiempo de aquellas otras que se refieren al surgimiento del daĖo que se le puede infligir al proyecto de vida, con sus graves consecuencias en cuanto a la frustración, menoscabo o retardo en su realización. Estas consecuencias, en ciertos graves casos, conllevan a la pérdida del sentido que cada persona le otorgó a su existencia, a la orientación de su existir. Es decir, a la razón por y para la cual se vive.

            La primigenia fuente en relación con el surgimiento de la libertad fenoménica o “proyecto de vida”, como se ha expresado, se halla en la filosofía en un constante diálogo con la realidad del diario vivir. Dentro del pensamiento filosófico el tema se fundamenta en los aportes del cristianismo y, en especial, en los de la escuela de la filosofía de la existencia.

            Como estudiantes de humanidades, entre los aĖos de 1943 y 1946, tuvimos la oportunidad de leer, aparte de algunos de los autores clásicos, los primeros libros filosóficos  que llegaban a la Biblioteca de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Marcos de destacados pensadores que reflexionaban en torno al significado de la libertad en su relación con el ser humano.

             Recordamos, entre otros, en calidad de precursores, a Kant y Fichte y, en especial, a Kierkegaard, así como a los integrantes de la escuela de la filosofía de la existencia o existencialismo, corriente de pensamiento que desarrolla, con amplitud, lo logrado por los precursores antes mencionados.

            Entre los autores procedentes de dicha escuela de pensamiento nos interesó vivamente la lectura de algunos textos de Sartre, Jaspers, Heidegger, Marcel y Zubiri. De Sartre tuvimos entre manos El ser y la nada y El existencialismo es un humanismo. De Jaspers revisamos El ambiente espiritual de nuestro tiempo y, de Heidegger, El ser y el tiempo.

             Nos interesó  también la lectura de la obra de Zubiri titulada Naturaleza, Historia y Dios, así como la de otros autores como Gabriel Marcel con El misterio del ser,  Max Scheler con El puesto del hombre en el cosmos y  Mounier con El Personalismo. Todas estas lecturas, más algunas otras, contribuyeron a que descubriéramos que la libertad es el ser del hombre así como a las dos fases de la libertad: la “ontológica”, como ser del hombre, y la que designamos como “fenoménica” o “proyecto de vida”, que es la expresión de la libertad como acto o conducta en la realidad del existir comunitario.

            Deseamos resaltar un hecho que nos alegró y, a la vez, fortaleció nuestra convicción sobre la existencia de la libertad fenoménica o “proyecto de vida”.  Alrededor del aĖo de 1985 tuvimos la ocasión, al revisar nuevamente La Política de Aristóteles, encontrar un párrafo que, en términos generales, quedó grabado en nuestra memoria. El extraordinario filósofo griego refería, en torno al tema que nos ocupa, la siguiente reflexión: “Puesto que nos hemos propuesto considerar, respecto de la comunidad política, cuál es la mejor de todas”, nos dice que es aquella “para los que están en condición de vivir  lo más conforme a sus deseos”[5].

            Para Aristóteles la comunidad en la que nos conviene vivir es aquella que se acomoda a nuestros “deseos”, es decir, en otros términos, a nuestro “proyecto de vida”.

            Como apreciamos del párrafo de Aristóteles, antes transcrito, el filósofo tenía en su alforja conceptual el significado y la importancia que para el existir humano tiene el proyecto de vida. Tal vez algunos de los filósofos que lo sucedieron en el tiempo pudieron haberse inspirado en el pensamiento aristotélico para  comprender el significado del concepto “proyecto de vida”.

            La lectura de los filósofos de la escuela de la filosofía de la existencia, tan denigrados en su tiempo, nos hicieron descubrir la estructura existencial del ser humano como la de un ser constitutivamente libre, además de connaturalmente coexistencial o social y temporal.  Además, y esto es de importancia para la ubicación del ser humano en el mundo en que vivimos, de su singularidad respecto a los otros entes que hallamos en nuestro mundo planetario.

             En los aĖos cuarenta del siglo XX, en nuestra época de estudiantes, comprendimos que  la libertad es el ser del hombre, la que lo convierte en un ente que conocemos como “humano”. Por esta calidad existencial, a pesar de pertenecer a la especie de los animales mamíferos, es diferente a todos ellos desde que éstos últimos carecen de libertad. El chimpancé, por ejemplo, comparte largamente más del 90% de genes con el ser humano. Su diferencia en relación con éste se encuentra en que es un animal mamífero cuyo ser no es la libertad.

             Max Scheler, en su libro El puesto del hombre en el cosmos[6], dedica un tramo del mismo a tratar sobre las diferencias entre el ser humano y los demás animales. Su tesis central, basada en la escuela de la filosofía de la existencia, es que la inteligencia o racionalidad y las demás funciones psíquicas no pertenecen exclusivamente al ser humano sino que son compartidas con el animal[7]. El ser de los mamíferos no es la libertad.

 

4. Nuevas reflexiones sobre la libertad en cuanto ser del hombre

            La elaboración de la teoría del “daĖo al proyecto de vida” hizo indispensable que, previamente, tuviéramos una clara noción tanto del significado del término “libertad” como de la consiguiente trascendencia del “proyecto de vida”.

            La lectura de algunos de los pensadores de la escuela de la filosofía de la existencia nos permitió, como está dicho, comprender la estructura existencial del ser humano, constituyéndose como un ente cuyo ser es la libertad. En ese momento quedó borrada de nuestra mente la teoría que nos enseĖaron desde  niĖos en el sentido de que el hombre era un ser racional.

            El paso siguiente a dicha búsqueda y consiguientes reflexiones fue el tomar conciencia que la libertad, siendo unitaria, tiene dos instancias o dos fases. La primera en cuanto ser del hombre o libertad ontológica y, la segunda, como acto, es decir, como su exteriorización en la realidad del diario vivir a través de conductas humanas. Esta diferenciación de las dos fases de la unitaria libertad fue decisiva para comprender, posteriormente, el significado y trascendencia del “proyecto de vida” como libertad fenoménica.

            La idea de libertad se halla en el pensamiento cristiano en lo que se conoce como el “libre albedrío” y se le percibe a través del pecado original, cuyo tratamiento psicológico, mediante la “angustia”, condujo a Kierkegaard a redescubrir la libertad como ser del hombre.

            Para Kant, como lo expresa en su Metafísica de las costumbres, la persona es “libertad con independencia del mecanismo de toda naturaleza”. En este sentido constituye un fin en sí misma.

            Con Fichte, como lo reconoce Recaséns Siches, el tema de la libertad da un avance superlativo y “es de tal genialidad que pudiéramos considerarlo como una anticipación de las ideas de nuestro tiempo”[8]. Fichte, en su momento, sostiene que el ser humano  es un “ser libertad que se propone fines”.

            Sören Kierkegaard es, sin duda, un notable precursor en cuanto a precisar el significado de la libertad como ser del hombre, proporcionando los antecedentes para los desarrollos que sobre el tema realizaría la escuela de la filosofía de la existencia en la primera mitad del siglo XX. En su libro El concepto de la angustia, en 1840, llega a la conclusión que el ser humano “es una síntesis de alma y cuerpo constituida y sustentada por el espíritu”[9].

            Kierkegaard nos dice que al volverse el hombre hacia dentro de sí, “descubre la libertad”.  Libertad, aclara, que “no es alcanzar esto o aquello en el mundo, de llegar a rey o emperador y a vocero de la actualidad, sino la libertad de tener en sí mismo conciencia del que él hoy es libertad[10]”.

            Kierkegaard sostiene, al igual que décadas más tarde lo reiterarían los pensadores de la escuela de la filosofía de la existencia, que a través de la “angustia existencial”, que compromete todo su ser,  el hombre llega a sensibilizar o vivenciar su libertad. Así, el filósofo expresa “que es la angustia el vértigo de la libertad”[11].

            Jean Paul Sartre considera que “la libertad no es un ser: es el ser del hombre”[12]. En este sentido afirma que “somos una libertad que elige, pero no elegimos ser libres: nosotros estamos condenados a la libertad”[13].

            Según el filósofo francés  “no se puede encontrar a mi libertad otros límites que ella misma: o si prefiere, que no somos libres de dejar de ser libres”[14].

            Gabriel Marcel nos dice que, más allá de cualquier predicado que pudiéramos atribuir a la libertad,  “en última instancia decir soy libre es decir soy yo”[15]. Y agrega que “no puede hablarse de la libertad más que en el caso que esté en juego algo de real importancia[16]”.

            El filósofo espaĖol Xavier Zubiri, al referirse al ser humano, afirma que “la condición ontológica de su ser es lo que llamamos libertad”. La libertad es así “la situación ontológica de quien existe desde el ser[17]”, por lo que “la existencia humana misma es libertad[18]”. Zubiri aclara que si bien es cierto que el ser del hombre es libertad, ello no quiere decir “que todos los actos del hombre sean libres, sino que el hombre es libre[19]”.

            Martín Heidegger, con su peculiar lenguaje, considera que el ser del hombre es el ser libre. De ahí que exprese que es “el ser libre para la libertad del elegirse y empuĖarse a sí mismo”[20].

            El ser humano, en expresión de Heidegger, “es la posibilidad del ser libre, para el más peculiar “poder ser”[21]. Como lo explica el filósofo germano, la “angustia luce patente en el “ser-ahí”.

            Karl Jaspers, en coincidencia con los filósofos antes citados, sostiene también que el ser del hombre es la libertad. En este sentido expresa que “los hombres son lo que no son por nacimiento simplemente, ni por crianza o educación, sino por la libertad de cada uno sobre la base de lo dado[22]”.

            Las lecturas de las obras de los autores antes citados motivaron nuestras reflexiones, introspecciones y observación de los actos, propios y ajenos. Todo ello, a partir de los aĖos cuarenta del siglo XX, nos condujo al convencimiento que el ser del hombre no es la razón sino la libertad.

 

5. La libertad “ontológicaęę y la libertad “fenoménica”

            Al reflexionar sobre la libertad llegamos también, como lo hemos expresado, a la conclusión que si bien la libertad es unitaria presentaba dos instancias o fases, como las caras de una misma moneda.

            En Sartre encontramos descritas las mencionadas dos fases de la libertad, la del ser mismo del hombre, que designamos, como está dicho,  libertad “ontológica”,  y la del “acto” que es su realización en el mundo exterior, a la que  nominamos como libertad “fenoménica”.

            La libertad ontológica es la que nos hace ser lo que somos: seres humanos. La libertad fenoménica es la proyección de la libertad ontológica en el mundo exterior. Es su realización mediante actos o conductas. Representa el cumplimiento, en la realidad del vivir, de las decisiones libres  que adopta el ser humano.

            El acto es “la expresión de la libertad”, el que define sobre sus fines y móviles[23]. Es así que, según Sartre, la libertad que somos se hace o convierte en acto[24]. Es el acto, por consiguiente, uno de los instrumentos mediante los cuales el ser humano, en palabras del filósofo, “descubre su libertad”[25].

            Carlos Cossio, quien sustenta su pensamiento jurídico básicamente en los principios de la escuela de la existencia, al referirse a la conducta humana, expresa que el acto es “la libertad metafísica fenomenalizada”[26]. La libertad, nos dice, “no puede ser ontológicamente separada ni de su libertad ni de sus actos; ni viceversa porque no se trata de una libertad del trasmundo…[27]”.

 

6. El proyecto de vida

            El proyecto de vida es libertad fenomenalizada. Como apuntábamos en precedencia, el proyecto es la libertad hecha acto, conducta, comportamiento humano. Es la realización de la libertad del ser humano en el diario convivir.

            El concepto “proyecto de vida” es materia de reflexión de algunos de los pensadores de la escuela de la filosofía de la existencia. Lo encontramos, por ejemplo, en las obras de Sartre, Jaspers o Zubiri. La libertad, nos dice Sartre, se hace acto y éste es la expresión de la libertad. Es libertad en acción. El ser libre, según Sartre, “es aquel que puede realizar sus proyectos”[28].

            El “proyecto de vida” es el sentido valioso que cada persona elige libremente para darle una razón de ser a su existir. Es la anticipada proyección de su vida. En ello reside su importancia, su trascendencia. De ahí que el proyecto de vida debe ser prioritariamente protegido por el Derecho como que es el destino que libremente el hombre otorga a su vida.

            El Derecho ha sido creado por los seres humanos para proteger su libertad en sus dos fases o expresiones. Para ello, los juristas vivencian y utilizan la justicia y demás valores como indispensables instrumentos para hacer valer y proteger la libertad. La libertad, debidamente protegida por el Derecho, permite la realización del hombre y la vigencia de la paz social.

            Para la realización de las decisiones libres se requiere la existencia de un contexto social, económico y político  que, regido por la justicia, ofrezca a todos los ciudadanos las necesarias oportunidades para el debido cumplimiento de aquellas decisiones que le permiten al ser humanos enrumbar su vida de acuerdo a valores.

 

7. Recepción, en 1950, de la concepción de la libertad como ser del hombre y del “proyecto de vida” como libertad fenoménica

            La concepción de libertad, como ser del hombre, y la idea de  “proyecto de vida” están presentes, en 1950, en nuestra tesis para optar el grado de Bachiller en Derecho titulada Bosquejo para una determinación ontológica del derecho, la que fuera presentada en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

            La tesis permaneció inédita por 37 aĖos. Se publicó como libro en Lima, en 1987, con el título de El derecho como libertad[29], cuando se descubre que ella contenía la teoría tridimensional del Derecho, la que fuera concebida simultáneamente con el profesor Miguel Reale, sin conocerse, en la mitad del siglo XX.

            La libertad como ser del hombre es una de las tesis centrales del mencionado libro, así como lo es también la referida al “proyecto de vida”. Todo ello como sustento filosófico de la teoría tiridimensional del derecho, la que propugna una posición contraria a la tesis formalista sostenida por Hans Kelsen.

            En el citado libro se desarrolla la tesis de la libertad como ser del hombre, sustentada tanto por la doctrina cristiana como por el desarrollo que de ella hiciera la escuela filosófica de la existencia. El ser hombre, se dice,  es “libertad que se proyecta”[30]. En esta expresión están presentes las dos instancias o fases de la libertad, la ontológica y la fenoménica. La libertad es, así, el dato ontológico primario del hombre.

            El tema “proyecto de vida” se halla también presente en otros tramos del mencionado libro. Refiriéndose a la persona, se lee lo siguiente: “Y al tener que realizarse lo hace de acuerdo a un proyecto, recibiendo de las cosas y de los otros seres humanos estímulos y posibilidades para vivir. El hacerse, el despliegue y desarrollo de la personalidad es la tarea permanente y continua de la existencia, fabricar su propio ser, ser haciéndose”[31]. Líneas después se afirma que “La vida humana como proyecto es lo que se quiere hacer” en y con nuestra vida. Se sostiene también que “La vida resulta, así, una sucesión  de haceres de acuerdo con un proyecto[32].

            En el libro en mención, tal como se ha apuntado, se afirma como conclusión de diversas reflexiones e introspecciones sobre el tema que: “El hombre, en fin, es libertad que se proyecta”[33].

 

8. El proceso creativo que dio lugar a la aparición del “daĖo al proyecto de vida”

            Varias décadas después, en los aĖos ochenta del  siglo XX, luego de haber tratado en varias publicaciones la temática de la libertad y la del “proyecto de vida”, nos tocó estar presentes en Italia en el momento en el cual, la jurisprudencia primero y la doctrina después, dieron origen a lo que ahora conocemos como la trascendente institución del “daĖo a la persona”. Su tardía aparición en el escenario jurídico modifica, de modo radical,  el capítulo de la responsabilidad civil para su conversión en el nuevo Derecho de DaĖos.

            No obstante, no se había logrado sistematizar adecuadamente el novedoso instituto. En un explicable afán por encontrar en el ordenamiento jurídico italiano un soporte para su reparación, se le denominaba, indistintamente, como “daĖo biológico” o “daĖo a la salud”. Estas expresiones las encontramos en las obras de Guido Alpa y de Franceso Busnelli, respectivamente.

            La aparición del genérico y amplio “daĖo a la persona” respondía a la nueva concepción de la estructura existencial del ser humano que lo considera  un ser libertad. Esta novedosa corriente de pensamiento existencialista trajo como natural consecuencia la revalorización de la persona humana.  La libertad llega al derecho y éste protege ya no a un animal mamífero dotado de razón sino a uno, denominado humano, cuyo ser no es la razón sino la libertad. Se trata de un cambio radical en la óptica jurídica.

            Dicha concepción del ser humano, lentamente, se encuentra en un proceso de recepción de parte de las ciencias humanas. Basta recordar el vuelco producido en la medicina donde, en la actualidad, el médico reconoce al paciente como un ser humano dotado de libertad a quien se le debe pedir su consentimiento antes de invadir su cuerpo a través de una determinada terapia o mediante una intervención quirúrgica.

            De retorno de Italia nos propusimos  profundizar en el estudio del recientemente creado “daĖo a la persona”. Comprometidos con esta tarea nos dedicamos a sistematizar la institución, a clasificarla, a precisar la magnitud de los daĖos y sus consecuencias, lo que no se había producido en Italia.

            Fue, así, que dentro del proceso reflexivo a que nos condujo esta labor,  destacamos en el ser humano los dos aspectos de su estructura existencial como receptores de daĖos. De un lado, la estructura psicosomática – cuerpo, en sentido estricto, y psiquismo _ y, del otro, la libertad, tanto en su instancia ontológica, como ser del hombre, como en la fenoménica,  en cuanto se constituye como presencia y expresión de la libertad, a través  de nuestros actos, en la realidad del existir.

            Fue en este momento de nuestras reflexiones que  se hizo patente que el daĖo a la libertad no sólo se reducía al que afectaba su fase ontológica, es decir, al ser mismo del hombre, el que se consumaba con la muerte de la persona. Precisamos que también se podía daĖar la  expresión de la libertad en la realidad, es decir, la libertad fenoménica o “proyecto de vida”.

            Habíamos llegado, así, sin proponérnoslo a que, dentro del extenso proceso de estudio del instituto del “daĖo a la persona”, llegáramos a precisar que la libertad fenoménica o “proyecto de vida” era también pasible de sufrir numerosos daĖos de diversa magnitud como su frustración, su menoscabo o su retardo.

            Como se habrá apreciado de la lectura de estas páginas, no hubiéramos llegado a precisar el concepto y los alcances del “daĖo al proyecto de vida” sin el indispensable apoyo que nos brindó la filosofía desde nuestra temprana época estudiantil. Ella sustentó, permanentemente, en diálogo con la realidad del existir, nuestras reflexiones y percepciones en torno al derecho y, en particular, a la intuición y posterior feliz hallazgo y elaboración teórica del “daĖo al proyecto de vida”.

            La teoría del “daĖo al proyecto de vida”, en los escasos aĖos que tiene de haberse creado, ha recibido una positiva acogida de parte de la doctrina, de la jurisprudencia y de legislación a  nivel internacional. Ello ha ocurrido al haberse comprendido que con su aplicación se permite reparar uno de los más graves daĖos que se causan al ser humano. En caso extremo se trata, nada menos, que la destrucción del sentido o razón de ser que el hombre eligió para vivir.

            Desde el momento en que el “daĖo al proyecto de vida”, en 1998, se convierte en jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no sólo es de aplicación por el Derecho vivo sino que se ha extendido al lenguaje común, lo que se comprueba por el uso frecuente que de él hace no sólo un sector cada vez mayor de ciudadanos sino, también, de periodistas de medios escritos, de radio y televisión.



[1] http://carlosfernandezsessarego.blogspot.com.ar/

[2] Cifuentes, Santos, prólogo al libro de Carlos Fernández Sessarego, El derecho a la identidad personal, Buenos Aires, Astrea, 1992 y, segunda edición ,Lima, Instituto Pacífico, 2015.

[3] Autores varios, Libro Homenaje a José León Barandiarán, Lima, Cultural Cuzco,  Editores, 1985.

[4] Fernández Sessarego, Carlo, El derecho como libertad, tercera edición, Lima, ARA Editores, 206, p. 202

[5] Aristóteles, La Política, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1983, p. 27.

[6] Scheler, Max, El puesto del hombre en el cosmos, Buenos Aires, Editorial Losada, 1943.

[7] El tema se encuentra desarrollados en la p. 29 y ss de El puesto del hombre en el cosmos, ob. cit.

[8] Recaséns Siches, Luis, Vida humana, sociedad y derecho, México, Fondo de Cultura Económica, 1940, p. 247.

[9] Kierkegaard, Soren. El concepto de la angustia, Buenos Aires, Espasa Calpe, 1943, p. 18.

[10] Kierkegaard, Soren, El concepto de la angustia, ob. cit., p.118.

[11] Kierkegaard, Soren, El concepto de la angustia, ob. cit., p.67.

 

[13] Sartre, Jean Paul, El ser y la nada, tercera edición. Ob. cit., p. 84.

[14] Sartre, Jean Paul, El ser y la nada, ob. cit., p. 18.

[15] Marcel, Gabriel. El misterio del ser, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1953, p. 296.

[16] Marcel, Gabriel, El misterio del ser, ob. cit., , p.298.

[17] Zubiri, Xavier, Naturaleza, Historia, Dios, Buenos Aires, Editorial Poblet, 1948, p. 343.

[18] Zubiri, Xavier, Naturaleza, Historia, Dios, ob. cit., p.389.

[19] Zubiri, Xavier, Naturalez, Historia, Dios, ob. cit., p.343.

[20] Heidegger, Martín, El  ser y el tiempo”, México, Fondo de Cultura Económica, 1952, p. 217.

[21] Heidegger, Martín, El ser y el tiempo, ob. cit., p. 162.

[22] Jaspers, Karl, Ambiente espiritual de nuestro tiempo, Barcelona-Buenos Aires, 1933, 201.

[23] Sartre, Jean Paul, El ser la nada, tomo III, ob. cit., p.16.

[24] Sartre, Jean Paul, El ser y la nada, ob. cit., p. 16.

[25] Sartre, Jean Paul, El ser la nada, p. 18.

[26] Cossio, Carlos, La teoría Egológica del Derecho y el concepto jurídico de libertad, segunda edición, Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1944, p. 306-308.

[27] Cossio, Carlos, La Teoría Egológica del Derecho y el concepto jurídico de libertad, ob. cit., p. 480.

[28] Sartre, Jean Paul, Elser y la nada, tercera edición, ob. cit., p.81.

[29] Fernández Sessarego, Carlos, El derecho como libertad, primera edición, Lima, Studium, 1987; segunda edición en 1994 por la Universidad de Lima, y tercera en el 2006 por ARA Editores. En las dos primeras ediciones falta la primera parte de carácter histórico.

[30] Fernández Sessarego, Carlos, El derecho como libertad, tercera edición. Ob. cit., p. 114.

[31] Fernández Sessarego, Carlos, El derecho como libertad, tercera edición, ob. cit., p.

[32] Fernández Sessarego, Carlos, El derecho como libertad, tercera edición, ob. cit., p. 112.

[33] Fernández  Sessarego, Carlos, El derecho como libertad, tercera edición, ob. cit., ps. 1 14 y 115.