APUNTES PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN DE LA EXPERIENCIA AXIOLÓGICA DEL DERECHO (PRIMERA PARTE)

 

Carlos Alberto Urteaga Regal*

 

 

A mi amada Cenicita

 

 

Sumario: Introducción 1. Axiología estructuralista de Risieri Frondizi 1.1. El Sofisma de la falsa oposición y el carácter relacional del valor 1.2. El Factor Situacional 1.3. El carácter dinámico de los valores 2. Aportes de la Axiología Ontológica de Fernández Sessarego 2.1. Categorías existenciales y Estimativa 2.1.1. El “ser-en-el-mundo” como condición ontológica formal. Imbricación temporal y estimativa 2.1.2. Condicionamiento circunstancial de la existencia 2.1.3. La conducta como exteriorización de la libertad 2.2. Axiología jurídica ontológica 3. Preliminares consideraciones

 

RESUMEN

Con la primera parte del presente estudio pretendemos un primer plano reflexivo sobre la experiencia estimativa jurídica, apuntamos a desentraĖar su intrincada naturaleza, la relaciones inescindibles que guarda. Como es de conocimiento el debate axiológico de las posiciones subjetivistas y objetivistas idealistas nos han dejado en la orilla de una compresión intuitiva que desatiende la interrelación asaz compleja que involucra un ser estimativo, un objeto valioso complejo y la circunstancia concreta dentro de la articulación dinámica de la experiencia estimativa; estos vacíos resultan graves y nos dejan lejos de una mayor exigencia estimativa lo cual evidentemente tiene su impronta desfavorable en la axiología jurídica.

 

Palabras Claves: Axiología, Ontología, Estimativa, Valor, Ser, Circunstancia, Existencia, Estructuralismo, Jurídico.

 

ABSTRACT

With the first part of the present study we intend a first reflective plane on the juridical estimative experience, we aim to unravel its intricate nature, the indissoluble relations that it keeps. As is well known, the axiological debate of the idealist subjectivist and objectivist positions has left us on the verge of an intuitive understanding that ignores the complex interrelation involving an estimative being, a complex valued object and the concrete circumstance within the dynamic articulation of the estimative experience; these gaps are serious and leave us far from a greater requirement of estimation which evidently has its unfavorable imprint on the legal axiology.

 

Keywords: Axiology, Ontology, Estimation, Value, Being, Circumstance, Existence, Structuralism, Legal.

 

Introducción

 

Con el presente estudio pretendemos un primer plano reflexivo sobre la experiencia estimativa jurídica. Como es de conocimiento en el terreno axiológico las posiciones subjetivistas y objetivistas idealistas como la de Nicolai Hartmann -no obstante la lucidez estimativa del pensador germano- han marcado el derrotero de un debate que opacó la importancia de los elementos involucrados en la experiencia axiológica, se descuidó lo complejo e inestable del sujeto valorante, lo intrincado del objeto que se valora, y a ello se sumó los inexistentes estudios de la circunstancia concreta dentro de la relación dinámica de la experiencia estimativa; estos vacíos nos parecen monumentales dada su relevancia e impronta en el terreno de los estudios y aplicación jurídica.

 

En ese camino, hacia una mayor conciencia y mejores resultados, seguiremos algunos aportes del axiólogo argentino Risieri Frondizi -más allá de los cuestionamientos de fondo de su sistema filosófico-; pero no sólo ello, la Filosofía de la existencia creemos también ocupa un papel central en la mejor comprensión que buscamos, y en ello la ontología jurídica fundamental de Fernández Sessarego parece marcarnos un sendero, que intentaremos seguir en este primer aporte.

 

1.      Axiología estructuralista de Risieri Frondizi

 

Risieri Frondizi realizó estudios en Harvard bajo la dirección de distinguidos filósofos, entre los cabe mencionar a Alfred North Whitehead, R.B.Perry, y W. Köhler. El horizonte de su inquietud académica comprende además del análisis crítico de las teorías filosóficas alemanas, los desarrollos de la filosofía inglesa, conforme lo evidencian sus numerosos estudios entre los cuales cabe mencionar como parcial indicación bibliográfica: El punto de partida del filosofar (Buenos Aires, Losada, 1945, 2Ľ ed., 1957); Substancia y función en el problema del yo (Buenos Aires, Losada, 1952); What is Value? An Introduction to Axiology (tr. Solomn Lipp. La Salle: Open Court, 1962,2a ed., 1971); El yo como estructura dinámica (Buenos Aires, Piados, 1970); Introducción a los problemas fundamentales del hombre (México, Fondo de Cultura Económica, 1977); y The Nature of the Self: A Functional Interpretation (New Haven, Yale University Press, 1953)

 

La teoría axiológica del profesor argentino que repasaremos se centra esencialmente en tres cuestiones de su novedosa concepción estructural, a saber: 1.1.) El sofisma de falsa oposición y el carácter relacional del valor, 1.2.) el factor situacional,1.3.) y el carácter dinámico de los valores.

 

1.1.    El sofisma de falsa oposición y el carácter relacional del valor

 

Según Frondizi, el aporte del debate entre las tendencias subjetivistas y objetivistas, mostró de un lado la importancia de separar el valor de nuestras reacciones psicológicas, y del otro, la necesidad de prestar especial atención a las cualidades objetivas. “El error inicial de las dos doctrinas tiene su origen en el sofisma de falsa oposición. Si bien se oponen diametralmente, ambas coinciden en la falsa creencia de que el valor tiene que ser necesariamente subjetivo u objetivo.”[1]

 

La superación de la antítesis, a decir de Frondizi exige un replanteamiento si queremos atenernos a la naturaleza de los valores y no a la coherencia de la doctrina: “ņDeben ser los valores necesariamente objetivos o subjetivos? ņTienen todos los valores la misma naturaleza?”[2]

 

La axiología frondiziana sostiene que: “(...) el valor no puede existir sino en relación con un sujeto que valora, ņQué sentido tendría el agrado de una comida, sin un paladar capaz de 'traducir' las propiedades físico-químicas de la comida en vivencia de agrado? (...) Además del sujeto y del objeto, hay que tomar en consideración la 'actividad' del sujeto, por medio de la cual éste se pone en relación con el objeto; en el caso de los valores, tal actividad es la valoración. Un sujeto valorando un objeto valioso será, por consiguiente, el punto de partida del análisis.”[3]

 

Desde esta nueva perspectiva, se aprecia la compleja interrelación dinámica de los factores subjetivos y objetivos. Para el cariz subjetivo apunta Frondizi las condiciones fisiológicas, psicológicas, sociales, y culturales. En el caso de beber vino, por ejemplo, en la modificación de mi reacción y agrado, influyen igualmente, “desde la presión arterial hasta la actitud que tengo frente a la vida, pasando por el funcionamiento del sistema nervioso y glandular, el cansancio (...)” A ello se suma entre los factores sociales culturales, el tipo de educación gustativa, la tradición, el prestigio de la bebida. Coparticipación pues de elementos heterogéneos que resulta más complejo, afirma nuestro autor, si del plano superficial del agrado pasamos a las capas profundas de la valoración ética o estética.[4]

 

La complejidad también se da en relación al factor objetivo, para el caso del ejemplo anterior, cuenta la constitución físico-química. “Si se altera su densidad, temperatura, etcétera, la sensación de agrado será distinta (...) influyen igualmente; el vaso en que se bebe, la temperatura del ambiente físico en que uno se encuentra, etcétera.” “ņQué pensaríamos de un sacerdote, un juez o un miembro de un jurado que valorara la conducta de un hombre, o la creación estética, según el funcionamiento de la tradición, o las creencias e inclinaciones del grupo al que pertenece?”[5]

 

El análisis frondiziano va más lejos, atisba, un mayor predominio y acrecentamiento del elemento objetivo en la medida que se avanza en la escala de valores: “Mientras que nuestras condiciones fisiológicas y psicológicas -sed, fatiga, enojo- tienen mucha importancia en el orden del agrado, ceden su predominio a las exigencias objetivas en el plano ético. La altura del valor se podría medir por el mayor o menor predominio de la objetividad.”[6]

 

En cuanto al carácter relacional del valor, el axiólogo advierte que:

 

“(...) no hay valor sin valoración; podemos ahora afirmar que no hay valoración sin valor: la valoración exige la presencia de un objeto intencional. Hay cualidades en el objeto que me obligan a reaccionar de un modo determinado, a valorar positivamente aunque no me agrade o desee hacerlo, que reclaman mi interés aunque yo prefiera desentenderme de él, o que no logran despertar mi interés aunque me proponga tener ese estado de ánimo y prepare todas las condiciones psicológicas que le favorezcan. Esas cualidades objetivas son las que mantienen en pie las grandes obras de arte, a diferencia de las que sólo logran despertar un interés efímero.”[7]

 

La problemática objetivista de los soportes de los valores -que concluyen en un valor en sí y por sí-, encuentran en Frondizi un directo cuestionamiento. Para nuestro autor, no es posible hablar de valores con prescindencia de los depositarios, como si tuviéramos con aquellos una relación directa, fuera de los bienes concretos: “La verdad es que los valores que conocemos están encarnados en bienes y suponen, por lo tanto, un depositario. Entre el valor y su depositario, o sostén, hay una relación superior a lo que habitualmente se cree.”[8]

 

La vinculación no se restringe al soporte, los valores también se relacionan: “Un determinado valor no se da con independencia de los demás valores. La belleza de una catedral gótica no se puede separar del valor religioso que lo inspira; la calidad estética de un mueble, de su utilidad; la justicia de una sentencia, de las consecuencias de su aplicación.”[9]

 

De lo resumidamente indicado, no hay valores sin valoración, sin un sujeto que valore. De ahí el carácter relacional que manifiesta la compleja y dinámica vinculación de factores subjetivos y objetivos. Para nuestro autor no existen pues valores en sí, descarnadas esencias desvinculadas de sus soportes y relaciones cambiantes.

 

1.2.    El Factor situacional

 

AĖade Frondizi como elemento imprescindible de su concepción estructural el factor situacional -o “atmósfera de valores” según Bréhier-, es decir, que además del sujeto y el objeto de por sí complejos e inestables aĖade la situación.

 

La situación -según Frondizi- “no es un hecho accesorio o que sirve de mero fondo o receptáculo a la relación del sujeto con las cualidades objetivas. Afecta a ambos miembros y, por consiguiente, al tipo de relación que mantienen.”[10]

 

Ante la pregunta ņQué constituye una situación? Se anotan cinco factores: 1) “En  primer lugar el ambiente físico. La temperatura, presión, clima y demás condiciones físicas afectan el comportamiento de los seres humanos y también el modo como deben comportarse, su escala de valores, etc.” Hay cosas, por ejemplo, que no se pueden hacer en momentos ordinarios, pero que están permitidas cuando sucede una catástrofe.

 

2) En segundo lugar, el ambiente cultural. “Entendemos por cultura todo lo que hace el hombre. Es obvio que nuestro ambiente cultural no está constituido por la totalidad de la creación de la humanidad. El sector cultural al que pertenecemos que, a su vez, forma parte de otro más amplio, es el que influye directamente. Cada forma cultural tiene su propio conjunto de valores, aunque no sean estables sino que cambien a un ritmo que tampoco es estable.”[11]

 

3) El tercer factor, es el medio social que ejerce gran influencia en el problema axiológico. “No está constituido exclusivamente por las estructuras sociales, sino también por creencias, convenciones, supuestos, prejuicios, actitudes y comportamientos predominantes en una comunidad particular (...) Incluye también las estructuras políticas, sociales, económicas con sus recíprocas interrelaciones e influencias. Los problemas morales no existen aisladamente; están enraizados en las estructuras indicadas anteriormente.”

 

4) El cuarto factor, compuesto por el conjunto de necesidades, expectativas, aspiraciones y posibilidades de cumplirlas. “Tiene un margen muy amplio, pues va desde la escasez de ciertos productos esenciales hasta las aspiraciones sociales y culturales de una comunidad. Este factor influye en nuestro comportamiento y condiciona nuestra escala de valores. El incremento del valor de la vacuna durante las epidemias es un ejemplo sencillo.” Según nuestro autor, la importancia de las necesidades en una situación particular muestra lo injustificado de una escala fija e inmutable para toda la humanidad.[12]

 

5) El quinto elemento de la situación es el factor tempoespacial. El hecho de que nos encontremos en un lugar en un momento determinado: en Londres durante los bombardeos nazis, o en un pueblo en momentos de un terremoto, son ejemplos elocuentes de este factor. Influyen pues “sobre nuestros modos de comportamiento y evaluación.” “El factor espacio temporal constituye lo que podríamos llamar el 'macroclima' en que ocurre un modo de comportamiento. Los hechos inmediatos relevantes conectados directamente con esa acción forman el 'microclima'. El grado de influencia de uno y otro depende de cada caso en particular.” Estos son los factores principales, aunque no los únicos. En tiempos 'normales', agrega Frondizi, la gente no advierte la presencia de los factores situacionales. Pero cuando se produce la ruptura de las condiciones 'normales', esos factores se ponen en evidencia.[13]

 

“Estos factores no están estratificados, como los pisos de un edificio, ni pueden ordenarse en jerarquía fija. La importancia varía según la situación total y las condiciones en que se halle el sujeto. Por otra parte, los factores están íntimamente interconectados, como los órganos de un ser vivo. Cualquier cambio en uno de ellos altera los demás. Los cambios situacionales afectan la relación del sujeto con el objeto, de la que surge el valor. De ahí la importancia de la ecología del valor.”[14]

 

Indica finalmente nuestro autor, que a pesar de que la conexión del sujeto con su medio es muy íntima, no debemos confundir un aspecto con el otro. “Muchas de las cosas que le ocurren al sujeto son 'personales', aunque estén influidas por la situación. Algo pertenece a la situación y no al individuo cuando es compartido por otros miembros del grupo, como ocurre con la fe religiosa, la convicción política o la tradición cultural. (...) es fácil distinguir la temperatura de nuestro propio cuerpo de la del medio en que nos hallamos.” “Hay casos en que resulta difícil separar el sujeto de la situación, lo que muestra la íntima conexión entre ambos. Esto se debe a que somos seres sociales e históricos y no individuos aislados e inmutables.”[15]

 

         Para Frondizi, no hay necesidad de suponer un reino de esencias inmutables, para entender la naturaleza de los valores. “El valor es, pues, una cualidad estructural que tiene existencia y sentido en situaciones concretas. Se apoya doblemente en la realidad, pues la estructura valiosa surge de cualidades empíricas y el bien al que se incorpora se da en situaciones reales. Pero el valor no se reduce a esas cualidades ni se agota en sus realizaciones concretas, sino que deja abierta una ancha vía a la actividad creadora del hombre.”[16]

 

         En este recuento parcial de algunas notas relevantes de la axiología frondiziana, en el que los valores en tanto cualidad estructural suponen la relación dinámica de tres factores complejos e inestables: sujeto, objeto y situación, apuntamos también de Frondizi, en el terreno gnoseológico, que ante un conflicto estimativo determinado, de evaluación o mejor la valoración, no hay recetas de aplicación mecánica, debemos sopesar todos los factores relevantes “que integran la relación del sujeto con el objeto en la situación, y decidir luego, tomando también en consideración las consecuencias.” “Una evaluación, lo mismo que un conocimiento científico o filosófico, sólo puede alcanzar un elevado grado de probabilidad. De ahí que esté siempre abierta a la rectificación y al perfeccionamiento.”[17]

 

1.3.    Carácter dinámico de los valores

 

         En cuanto a la nota dinámica del conjunto, en tanto los tres factores son inestables; para Frondizi, la menor estabilidad correspondería al sujeto en vista del permanente cambio de la corriente vivencial. “Aun cuando parezca que la vivencia se mantiene, varía de intensidad y de motivos, como ocurre con el interés. También varían las necesidades del sujeto, sean fisiológicas o psicológicas. El objeto es el que tiene más estabilidad, aunque también varía. Las alteraciones de la luz modifican la belleza de las montaĖas. La mayoría de los objetos y, en particular los alimentos, sufren un cambio permanente en su constitución fisicoquímica. La situación, a su vez, es el resultado de un conjunto de factores cambiantes de orden físico y humano. La acción de un revolucionario, que motiva su condena de muerte, es la que lo transforma en héroe al triunfar la rebelión. El cambio de situación altera el valor de un acto que parecía inmutable por pertenecer al pasado.”[18]

 

2.      Aportes de la Axiología Ontológica de Fernández Sessarego

 

Entre los aportes pioneros del insigne jusfilósofo Fernández Sessarego, diseminados principalmente, entre otras disciplinas, en el terreno de la Filosofía del Derecho y el Derecho Civil, se cuentan para el primer caso, su investigación intitulada “Bosquejo para una determinación Ontológica del Derecho” (1950); innovador trabajo, en el que se plantea la teoría tridimensional del Derecho, la que en 1987 logra publicarse como libro bajo el título “El Derecho como Libertad.”[19] La importancia de este empeĖo jusfilosófico radica, según el Doctor Francisco Miró Quesada Cantuarias, en que el “Doctor Fernández Sessarego se ha anticipado a la visión de la concepción tridimensional del Derecho, por lo que se le puede considerar como uno de los pioneros de esta concepción.”[20] Además hay que indicar que en este trabajo ya ubicamos una batería de respuestas a intrincadas cuestiones axiológicas que tendrán desarrollos posteriores en otros tratados como es el caso de “Derecho y persona”[21](1990).

 

Un certero acercamiento de la filosofía de los valores de Fernández Sessarego implica el camino ineludible de su reflexión metafísica o existencial. El existencialismo, movimiento filosófico cuya preocupación capital es el hombre cuenta con distintas corrientes de pensamientos, algunas las podríamos calificar incluso de más auténticas que otras (utilizando la expresión de autenticidad que resulta cara en este contexto filosófico).

 

Ahora bien nos interesa una incursión inicial en el humanismo trascendental del jusfilósofo peruano vinculado a la experiencia axiológica, en esa línea anotaremos algunos de sus aportes en el asaz complejo estudio de las categorías existenciales, pero como nota previa para una mejor intelección de esta grave reflexión metafísica, subrayemos algunas de sus ideas en relación a la cuestión ontológica fundamental y su impronta en la Filosofía del Derecho.

 

A decir de Fernández Sessarego, el tema primario de la Filosofía del Derecho es el ontológico, y en ese sentido hay que “reivindicarle a la ontología jurídica esta primariedad –al par que la tiene la ontología en la filosofía- frecuentemente olvidada.” El Derecho requiere “entroncarse con una ontología fundamental que dé respuesta a la pregunta sobre el sentido del ser de la existencia, del que participa el Derecho como una de sus formas radicales.” Pregunta, ontológicamente anterior a las ontologías especiales desde que el existir es ontológico, es decir que es - siguiendo a Wagner de Reyna- el único que sabe de su ser y del ser en general.38

 

Para nuestro autor: “dado el carácter especial del 'objeto' Derecho -que adelantamos es primordialmente vida viviente, libertad- la filosofía del Derecho sólo cumplirá su misión integrándose dentro de una ontología fundamental, dentro de una metafísica existencial.”41

 

Y es justamente dentro de ésta vinculación radical filosófica, que incluye su personalismo, que se presenta la patencia irreductible de la existencia como realidad fundamental, como revelación de la coexistencialidad del hombre, que a decir de Fernández Sessarego permite comprender “al derecho como intersubjetividad, como relación entre sujetos. Ello facilita, en consecuencia, entender con claridad la inexistencia de derechos absolutos, en tanto que el interés de los demás, de los 'otros', está presente, en alguna medida, en la situación jurídica subjetiva. El derecho de cada sujeto, de alguna manera, se complementa con el derecho de los demás.” Fundamentos, pues, que llevan a un necesario y serio replanteo de los conceptos tradicionales de la dogmática jurídica, elaborados sobre una base individualista del Derecho.42

 

         El problema de las categorías existenciales en la meditación de nuestro autor, encuentra en el núcleo de la libertad metafísica, el eje que permite desenvolverlos no obstante la compleja trama que cada uno de por sí lleva, aunado, claro está, a la ardua cuestión de su vinculación. En ese sentido, empecemos con la cuestión de la libertad y su relación inescindible con el proyecto existencial.

 

La situación ontológica del hombre en el universo se aprecia si tomamos nota que el “hombre está forzado a elegir entre los posibles proyectos. Tiene que decidirse. Y esta decisión es previa a todo acto psíquico, pensante, afectivo o volitivo. El decidirse es anterior a la voluntad, que es precisamente lo que pone en marcha nuestra decisión. Y el elegir, el decidirse, es una forzosidad: la forzosidad de ser libres. El hombre es libertad que se proyecta. Libertad irrenunciable, constitutiva. (...) La libertad no resulta ser una 'facultad', una propiedad, de la cual el hombre puede disponer o no. El hombre no tiene o deja de tener libertad sino que 'el hombre es' libertad. Es albedrío. Y esta es su situación ontológica en el Universo. Esta libertad no es una propiedad del hombre sino 'el ser mismo de su existencia'.”[22]

 

2.1.   Categorías existenciales y Estimativa

 

         Expresado lo anterior del camino jusfilosófico ontológico veamos ahora lo concerniente a dos categorías existenciales: a) de un lado la condición ontológica formal y su imbricación temporal estimativa; b) a lo cual aĖadimos su reflexión sobre la circunstancia existencial; c) y la conducta como exteriorización de la libertad.

 

2.1.1.  El “ser-en-el-mundo” como condición ontológica formal.           Imbricación temporal y estimativa

 

En cuanto a la interrogante sobre el ser de la existencia humana, sobre la coexistencia como dimensión estructural, entre otros aspectos relevantes de su posición, apuntamos los siguientes: 1) “El ser del hombre es la realidad básica, radical, primaria, pues, es el fundamento y la explicación de todo los demás. Todo es o se inserta en la vida humana.” 2) El “ser-en-el-mundo, es la condición ontológica formal de la existencia, el hombre no es un ente aislado y solitario, sino que es condición ontológica de su ser al encontrarse lanzado, arrojado en el mundo, entre las cosas.” 3) Y es desde esta condición que la existencia revelase como un “hacerse a sí misma”, se descubre en el mundo no como algo fijo y hecho, “sino como una tarea”, y para hacerse cuenta con las cosas y con los otros. En otros términos: “El ser del hombre consiste en tener que realizarse, en tener que elaborar su propio e intransferible ser personal.” Ello lo hace de acuerdo a un proyecto. “Vivir es realizar un proyecto de existencia (...) ser haciéndose. La vida resulta así una sucesión ininterrumpida de quehaceres según un proyecto del cual puede o no tenerse conciencia.”[23]

 

Ahora bien, en el hilo del anterior parágrafo, sobre la temporalidad y estimativa: para el primero se observa, su condición e implicancia para el proyecto, en tanto, el pasado y el futuro están posibilitando nuestra decisión. Lo que fuimos ayer está posibilitando nuestra decisión de ser. El futuro siendo lo que aún no es, sus posibilidades están ya dadas en el presente; “por eso el presente es también lo que el hombre puede ser.” El tiempo así, “no resulta ser una mera sucesión sino un ingrediente de la constitución misma del espíritu; su condición ontológica.” De aquí, y ya para el tema axiológico, la vida revelase dinámico quehacer, “sucesión de haceres de acuerdo con un proyecto (...) el hombre va decidiendo lo que va a ser en el futuro (...) un tener que decidir lo que se va a ser. Tenemos que escoger, que decidir, pero para decidir es necesario elegir entre las posibilidades que nos ofrecen las cosas, el mundo, los otros. Y para elegir debemos preferir. Para preferir es necesario valorar, estimar, de donde la vida resulta ser un conjunto, una sucesión de valoraciones. Por eso la estructura de la vida humana es estimativa. El valorar, el estimar, constituye una instancia de la vida. Los valores se insertan, de este modo, en la realidad primaria.”[24]

 

         Recapitulando lo expuesto vemos que el “ser-en-el-mundo”, la condición ontológica formal de la existencia, implica pues “ser con las cosas y ser con los otros hombres: en compresencia con las cosas y co-existencia con otras realidades primarias.” Si bien se puede dar la existencia de las cosas independientes del sujeto, éstas tienen sentido y realidad sólo cuando el sujeto las siente o piensa, “el mundo resulta ser el mundo en nosotros (...) al conocernos a nosotros mismos ya estamos conociendo a las cosas que son 'con nosotros'. (...) no podemos pensar si no tenemos algo de que pensar. Nuestra vida sin las cosas sería imposible. Las cosas sin nosotros no tendrían sentido, pues faltaría la realidad primaria y básica que las conoce y vive con ellas.” De ahí que la vida es “en una de sus dimensiones, coexistencia de nosotros mismos y el mundo.”[25] Coexistencia como dimensión estructural de la existencia a la que se integran la condición ontológica de la temporalidad, y la imbricación estimativa atisbada en la dinámica de la valoración de la existencia.

 

2.1.2.  Condicionamiento circunstancial de la existencia

 

Ahora bien, ņhablamos aquí de una libertad absoluta? ņCuándo nos encontramos, desde este presupuesto metafísico de la libertad, con la conducta humana? ņAnte la conducta humana nos encontramos frente a otra región ontológica? La libertad absoluta no existe, es un mito. La libertad encuéntrase condicionada por el propio mundo interior, por la envoltura psicosomática, por las limitaciones del mundo exterior. La persona, situada en su “circunstancia”, encuentra resistencias a su proyecto existencial, a su decisión libre. Desde esta perspectiva, columbra el jusfilósofo el rol del Derecho, su función primordial: el crear -a través del vivenciamiento comunitario de valores- la situación social más propicia para la realización de cada persona dentro del bien común. Es decir, mediante vivencias valorativas que el ordenamiento normativo debe objetivar. De ahí, “el rol primario del Derecho es liberador, en la medida que, al tutelar a la persona en su dimensión coexistencial, le asegura las mejores posibilidades intersubjetivas para la ejecución de su proyecto existencial.”[26]

 

            La circunstancial desde el personalismo filosófico de Fernández Sessarego tiene su razón de ser en la condición ontológica formal de la existencia, el ser-en-el mundo, el cual implica, compresencia con las cosas y co-existencia con otras realidades primarias. De aquí la patencia de la inescindible vinculación circunstancial y su proyección en la esfera axiológica de nuestro autor.

 

         Y sobre lo expuesto a fin de reparar en la complejidad de la circunstancia existencial conviene traer a cuenta al jusfilósofo espaĖol Recaséns Siches, quien apunta que: “(...) los valores se dan objetivamente no sólo dentro del marco y del contexto de la vida humana, con sentido referido a ésta, sino, además, en el contexto de 'situaciones concretas'. Cada situación concreta comprende la conjugación de ingredientes subjetivos y componentes objetivos.” Lo cual no tiene nada de excepcional o raro, “porque nuestra vida es siempre una relación inescindible entre el yo y su mundo.” Ahora bien los componentes son complejos. El subjetivo comprende toda nuestra vida psicológica en el instante de la valoración, comprende, además: el organismo biológico, las consideraciones sociales en las que el sujeto se halla, su personalidad cultural. “La contribución objetiva de la situación comprende a su vez múltiples y varios elementos: dimensiones inherentes al objeto valorado, que lo hacen aparecer como valioso independientemente del agrado, del deseo y del interés eventuales que puedan suscitar en la persona en un cierto momento características de la cosa en que encarna, es decir, del bien o depositario, en el cual el valor aparece realizado, relaciones de ese bien con el complejo de cultura, vinculaciones históricas, etcétera.”[27]

 

2.1.3.  La conducta como exteriorización de la libertad

 

Desde esta orientación ontológica de la vida humana, y aproximación cossiana, nuestro autor concluye que estamos frente a la conducta cuando “la libertad se pone en marcha, cuando la decisión libre por obra de las envolturas psíquicas y corporal se convierte en acción (...) La conducta resulta ser el dato de la libertad, su exteriorización. La conducta es la 'libertad metafísica fenomenalizada'.” De aquí, al ser la conducta humana, libertad que se actualiza, elegir que comporta un valorar, por tener una contextura axiológica, en resumen, substrato de un “sentido”, la conducta se revela un objeto cultural.[28]

 

Para nuestro autor la intuición del objeto del Derecho como libertad es coexistencia, compresencia, es decir, tiene “necesidad ontológica de otras existencias libres y de cosas.” “La pura decisión no es aún conducta. La conducta es la aparición de la libertad en el mundo fenoménico; es la libertad puesta en marcha. La decisión, la libertad metafísica, es anterior a la conducta que es su proyección (...) La libertad es pura decisión. La conducta es su exteriorización, su aparición en el mundo fenoménico.”[29] Así, la conducta humana como objeto existencial, se halla en la experiencia, “pero no sólo como un 'hecho de la naturaleza' sino fundamentalmente como una manifestación del espíritu, de la libertad.”[30]

 

         En cuanto a los objetos culturales, leemos: “son aquellos producidos por la actividad del hombre enrumbada hacia valores; son reales, pues tienen existencia; están en el tiempo; poseen un 'sentido', es decir que son valioso con signo positivo o negativo. Todo lo que el hombre crea o modifica en vista a valores, que existen en el tiempo y en el espacio, que tiene realidad, posee existencia y está en la experiencia, constituye la dimensión de la cultura.” El ser peculiar aquí no consiste en el soporte material, “sino en el que poseen al ser productos de la vida humana al dirigirse ésta intencionalmente a valores. Los objetos culturales existen como la presencia de un sentido en algo, pues ellos encarnan valores. Su ser es, pues, el ser  'un sentido'.” En lo que se refiere a los objetos metafísicos tenemos a una peculiar existencia latente en todos los objetos sin confundirse con ellos.[31]

 

2.2.   Axiología jurídica ontológica

        

         Para el Fernández S. los valores jurídicos no aparecen como “estrella polar” guiando a las normas ya que éstas “en tanto seres ideales, son neutros al valor.” Las normas se relacionan con los valores en cuanto representan o mientan una conducta estimativa que realiza  o deja de realizar determinados valores jurídicos. “Los valores jurídicos desde este punto de vista, son inmanentes a la conducta.” Los valores jurídicos no aparecen trascendiendo a la vida humana. “Los valores jurídicos aparecen, se realizan en la conducta desde que ella es estimativa. El ámbito de los valores es la vida humana. Su objetividad es una objetividad 'en la vida humana'.”

 

         Los valores, pues, nos dice el eximio profesor, “más allá de toda discusión teórica sobre su subjetividad u objetividad, se dan 'en' y 'para' la vida humana. Ellos pertenecen a la estructura del ser humano, quien es el único en la naturaleza que los sensibiliza y vivencia, por los que otorgan al hombre la dignidad de persona. El hombre es, así, un ser estimativo.”[32] El hombre es el único ser capaz de captar los valores y su vida como permanente proyectar, como hacerse, es un preferir, una permanente actitud -consciente o inconsciente- de carácter valorativo.

 

3.    Preliminares consideraciones:

 

1.  La experiencia estimativa jurídica desde la axiología ontológica de Fernández Sessarego encuentra un camino propicio y esclarecedor al subrayar que los valores jurídicos no aparecen trascendiendo a la vida humana sino que la objetividad de los valores es una objetividad “en la vida humana”. El ser humano es el único en la naturaleza que los sensibiliza y vivencia. El hombre es, así, un ser estimativo. Este aporte subraya y resulta coincidente -no obstante su línea filosófica- con lo que refería Frondizi: “el valor no puede existir sino en relación con un sujeto que valora”, es decir, no hay valoración sin valor que es lo mismo decir no hay valor sin valoración.

 

Este carácter relacional de la estimativa ontológica resulta de importancia en el terreno de la experiencia axiológica jurídica,[33] aunque no es la única relación que advertiremos en el ámbito de esta experiencia conforme veremos.

 

2.  El carácter relacional de los objetos valiosos con la vida humana resulta parcial dentro de la experiencia estimativa si no consideramos la circunstancia existencial. La reflexión jusfilosófica de Fernández Sessarego ha reparado en el carácter condicionado de la existencia humana (por el propio mundo interior, por la envoltura psicosomática, por las limitaciones del mundo exterior). La persona, situada en su “circunstancia”, encuentra resistencias a su proyecto existencial, a su decisión libre. El ser-en-el mundo, implica, compresencia con las cosas y co-existencia con otras realidades primarias, es decir, la experiencia estimativa debe atender este carácter circunstancial ineludible para una más exhaustiva valoración.

 

Aquí las preguntas no se hacen esperar: ņes lo mismo circunstancia existencial, situación y horizonte vital? ņo cabe distinciones que es menester profundizar? ņcómo precisar esa circunstancia estimativa, sus contornos, sus elementos centrales? ņla circunstancia involucra aspectos del sujeto valorante y del objeto valorado o cabe marcar una diferenciación?

 

Desde su propia línea de pensamiento tiene razón Dewey cuando afirma que ningún problema puede plantearse, o siquiera adquirir sentido, si no es en forma situacional. Entre los destacados pensadores existencialistas, Kierkegaard había elaborado ya, en efecto, una filosofía “situacionista” en la cual el hombre aparece, en tanto que existente, como un “ser en situación”.[34]

 

En relación a la circunstancia el planteamiento orteguiano seĖala que se trata de todo lo que no soy yo, “todo aquello con que me encuentro incluso mi cuerpo y mi psique. Yo puedo estar descontento de mi figura corporal o igualmente de mi humor, mi inteligencia o mi memoria; por tanto, son cosas recibidas, con las que me encuentro como con la pared de enfrente; esas realidades son las más próximas a mí, pero no son yo. La circunstancia, que por una parte llega hasta mí cuerpo y mi psique, por otra comprende también toda la sociedad, es decir, los demás hombres, los usos sociales, todo el repertorio de creencias, ideas y opiniones que encuentro en mi tiempo; es pues, también la circunstancia histórica (…) mi vida se hace esencialmente con la circunstancia, soy inseparable de ella y conmigo integra mi vida.”

 

Como se aprecia la circunstancia existencial resulta compleja e inestable, para algunas posiciones axiológicas es menester la conjugación de una serie de componentes que llegarían incluso a considerar la integridad psicosomática del ser humano. Pero conforme barruntamos en precedencia esta temática primordial demanda más análisis y discriminación de los elementos involucrados.[35]

 

Y en el camino de una mayor conciencia de la circunstancia para la experiencia axiológica convendría revisar a Frondizi y sus cinco –principales- factores situacionales, a saber: 1) el ambiente físico, 2) el ambiente cultural, 3) el medio social, 4) el conjunto de necesidades, expectativas, aspiraciones y posibilidades (la importancia de las necesidades en una situación particular muestra lo injustificados de una escala fija e inmutable para toda la humanidad) y 5) el factor tempoespacial y su división de macroclima y microclima (en tiempos normales la gente no advierte la presencia de los factores situacionales). Los cambios situacionales nos dice el axiólogo argentino afectan la relación del sujeto con el objeto, de la que surge el valor; de ahí la importancia de la ecología del valor.

 

3.  En relación a la muy deficiente mirada subjetivista de los valores versus el objetivismo estimativo de captaciones transparentes y cuasimatemáticas; nos trasladamos -con una lectura metafísica y personalista- a una visión relacional de mayor complejidad entre el ser humano estimativo y su circunstancia; complejidad acrecentada en su dinámica interrelación e inestabilidad, de evaluaciones probabilística, si atendemos el análisis axiológico frondiziano.

 

En otros términos, de una visión simplista y optimista de intuiciones emotivas e intelectuales de los valores nos ubicarnos en una posición en la que es menester sopesar todos los elementos involucrados para una mejor valoración, es decir, de mayor exigencia estimativa, y esa impronta es atendible en el plano jurídico o axiológico jurídico.

 

Atender la naturaleza ontológica del ser humano estimativo, las condiciones psicosomáticas, sociales y culturales; la complejidad del objeto valorado (su dimensión social, cultural entre otros elementos) y la circunstancia concreta interrelacionada (su enrevesada naturaleza) no se pueden descuidar en la estimación axiológica jurídica, lo contrario, implicaría precariedad y desacierto estimativo.

 

4.  La vivencia axiológica, comprende no sólo participación del ser humano, en tanto ser estimativo, además debe considerarse el objeto que se valora y la circunstancia concreta vinculada. Desde este marco cabría decir que la experiencia axiológica jurídica demanda pues mayor exigencia e investigación y no ingenua pretensión intuitiva -por demás limitada- así sea ella enriquecida por otras intuiciones emotivas.[36]

 

Y sobre esta materia que ha llevado a mayúsculas confusiones, el estudio sobre el carácter relacional frondiziano acierta al subrayar la importancia de los depositarios del valor en la experiencia axiológica. Como bien se afirma no es posible hablar de valores con prescindencia de los depositarios, como si tuviéramos con aquellos una relación directa, fuera de los bienes concretos. Esta participación de los depositarios en relación al valor no se puede dejar de lado, no se puede marginar o subestimar en el ámbito de una genuina experiencia estimativa.

 



* Magíster en Filosofía, Abogado, Docente Investigador de la E.P. de Derecho UCV, Lima.

[1] Frondizi. ņQué son los valores? 3Ľ ed., México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p.190.

[2] Ibid. pp.190-191.

[3] Ibid. pp.193-194. Cursiva nuestra.

[4] Ibid. pp. 195-196.

[5] Ibid. pp. 195, 197.

[6] Ibid. p.198. Cursiva nuestra.

[7] Ibid. p. 201.

[8] Ibid. p.202.

[9] Loc. Cit. Cursiva nuestra.

[10] Ibid. p.213.

[11] Ibid. p.214.

[12] Ibid. pp.214-215.

[13] Ibid. pp.216-217.

[14] Ibid. p.217.

[15] Ibid. p.217, 218. Cursiva nuestra.

[16] Ibid. pp. 218-219, 220-221.

[17] Ibid. pp.231-232.

[18] Ibid. p.230.

[19] Fernández Sessarego. El Derecho como Libertad. 2Ľ ed., Universidad de Lima, 1994, pp.3-6.

[20] Miró Quesada Cantuarias, Francisco. Intervención del Profesor Francisco Miró Quesada en el Acto de Presentación del Libro “Derecho de las Personas” del Profesor Carlos Fernández Sessarego. En Estudios Jurídicos en honor de los Profesores Carlos Fernández  Sessarego y Max Arias Schreiber Pezet. Lima-Perú, Ed. Cultural Cuzco S.A., 1988, pp.420-421.

[21] Fernández  Sessarego, Carlos. Derecho y persona, Ediciones INESLA, primera edición, Lima, 1990 y la cuarta edición, aumentada, por Editorial Grijley, Lima, en el 2001.

38 Fernández Sessarego. El Derecho como Libertad. p.44 y ss.

41 Ibid. p.47. En la conclusión de su Bosquejo... se sintetiza: “En nuestros días apunta una meditación de carácter ontológico en un afán por precisar cuál sea el objeto de la ciencia jurídica. Y estos atisbos se producen en virtud, principalmente, de los hallazgos y orientaciones de la filosofía de la existencia o humanismo trascendental que permiten ubicar al Derecho en una dimensión de la existencia.” Vid. p.195.

42 Fernández Sessarego. Derecho y Persona. pp.86-87. Asimismo, véase: pp.81-82, p.97 del mismo libro.

[22] Fernández Sessarego. El Derecho como Libertad. pp.71-72.

[23] Ibid. pp.66 y ss.

[24] Ibid. pp.68-69. Cursiva nuestra.

[25] Ibid. pp.67-68, 74. Cursiva nuestra. “La vida sin los otros es un imposible existencial, una pura abstracción sin correlato en la realidad. El ser humano está abierto hacia los 'otros', se realiza con ellos (...) La coexistencia deviene en una dimensión estructural de la existencia.” Cit. Fernández Sessarego. Derecho y Persona. pp.79-80.

[26] Fernández Sessarego. Derecho y Persona. pp.102-103. Véase, también, Fernández Sessarego. El Derecho Instrumento de Liberación.

[27] Recaséns Siches. Vida Humana, Sociedad y Derecho. 2Ľ ed., México, F.C.E., 1945, p.173.

[28] Fernández Sessarego. El Derecho como Libertad. pp.85, 86.

[29] Ibid. pp.127-128.

[30] Ibid. p.82.

[31] Ibid. pp.60-61.

[32] Fernández  Sessarego. Derecho y Persona. p.49.Cursiva nuestra.

[33] A decir del jusfilósofo Recaséns Siches: “Tiene razón Risieri Frondizi al sostener que no se puede separar radicalmente, por entero, el valor de la valoración. El valor es valor para el hombre, que es quien valora. Lo cual 'no significa que el sujeto cree el valor en el momento en que valora, sino que significa que no puede separarse el valor del acto de la valoración; aunque desde luego tampoco puede separarse la valoración del valor'.” Cit. en Estimativa Jurídica en Enciclopedia Jurídica OMEBA. Tom. XI. Buenos Aires. Driskill S.A., 1994, p.173. Asimismo, Vid. Vida Humana, Sociedad y Derecho, pp.168, 169, 172-173.

[34] Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía. Tom. II, Bs As, Editorial Sudamericana, 1969,     p.690.

[35] Marías, Julián. Historia de la Filosofía. 29Ľ ed. EspaĖa, Revista de Occidente, 2007, p.443. A decir de Carlos  Cossio: “Se advierte ahora que la justicia -lo mismo que cualquier valor- es un existenciario de  futuridad. Se radica, por consiguiente, en el ego y al propio tiempo en la situación, atenta la validez que tiene el  enunciado de Ortega y Gasset 'yo, soy yo y mi circunstancia' como expresión del 'estar-siendo-en-el-mundo' heideggeriano. Con esto, la contraposición axiológica de objetivismo y subjetivismo queda superada, pues la situación es objetiva en cuanto que es común para todos; y la subjetividad del ego, para ser situacional, ha de subsistir como vocación y ha de compartirse como opinión pública aún en la hipótesis de que la opinión popular aún le sea adversa o indiferente (...)”Cit. Radiografía de la Teoría Egológica del Derecho. Buenos Aires, Depalma, 1987, pp.167-168.

[36] La captación de los valores desde la sola intuición, en este caso emotiva, se reafirma en axiólogos de la talla de Martín Laclau. El referido jusfilósofo nos dice que: “la captación del valor hecha por un individuo dentro de su horizonte vital es susceptible de ser enriquecida por las intuiciones emotivas de otro individuo, reveladoras de matices y aspectos valorativos que habían permanecido ocultos para la primitiva estimación. El valor, en tanto cualidad de un objeto no me es dado, en su plenitud, merced a una sola intuición emocional.” Cit. Laclau, Martín. Dimensiones Axiológicas del Derecho. En Conducta, norma y valor: Ideas para una nueva comprensión del Derecho. Buenos Aires, Abeledo-Perrot, 1999, p.100-101.