CINE:
“VIDAS PRIVADAS”
“HISTORIA
MAGISTRA VITAE”
(“La
historia es maestra de la vida”, Cicerón)
por
Fernando M. Casais-Zelis
Hemos escogido esta frase para titular a este pequeño y simple artículo, porque creemos que responde a una pregunta formulada por el personaje que encarna la maravillosa actriz Cecilia Roth: ¿de qué sirve la verdad cuando ya no hay remedio?
Intentando
un vínculo entre la historia (como reflejo de hechos, en forma objetiva y no
como interpretación y puntos de vista de determinado autor sobre ellos) y la
verdad, creo que la frase expresada por Cicerón, vale como respuesta. La
verdad, precisamente, sirve para enseñarnos. Para poder apreciar axiológicamente,
en base a hechos objetivos, lo vivido por cada uno de nosotros y por la nación
toda. Intentar apartar lo positivo de lo negativo, puede ser una función. Íntima
es la vinculación también con la tan célebre y denigrada frase (denigrada por
nuestros políticos) “ni olvido ni perdón”. O “no more”. Ojalá.
Manteniendo presente lo ocurrido, recordando las tragedias que conmocionaron a
todo un mundo y que nos marcaron a fuego a todos los argentinos, en particular,
podremos aprender. Estar más atentos para reconocer las nuevas formas de
violencia que son mucho más elaboradas, más sutiles, más siniestras. La
historia “nos permite posar la mirada atenta donde otros la pasan distraída”,
decía Pérez Amuchástegui, citado por el fundador de esta revista en su libro
de Derecho Civil (la materia más maravillosa que pueda tener la carrera de
Derecho).
De
todo lo dicho. De eso se trata . Vidas privadas nos ayuda a apreciar
algunas de las tantas consecuencias derivadas del Proceso de Reorganización
Nacional o de destrucción nacional, llamémoslo como sea, total las manos de
sus protagonistas no dejarán de estar manchadas con sangre. Ese siniestro
proceso caracterizado por su actitud heteroconstructiva con tendencia
destructiva de seres con intención de autoconstruirse. Parece un juego de
palabras. Fue un juego de muerte y odio.
Y
decía que nos debe servir la historia para aprender, y evitar que bajo nuevas
formas de violencia procuren nuestra destrucción. Mi amor profundo por la vida,
no me permite dejar de utilizar este medio, que tengo el privilegio de tener,
para expresarles que algo me perturbó hace unos días. Quiero hacer un breve
excursus al respecto, antes de entrar en profundidad al comentario sobre la
primera película de Fito Páez. La televisión mostró, por medio de algunos
periodistas independientes (pocos pero alguno queda aún, como Jorge Lanata) cómo
se mueren de hambre nuestros chicos en el país que fue denominado "granero
del mundo". Cómo lloran porque tienen hambre. Cómo están siendo sistemáticamente
aniquilados. La última dictadura militar también eliminó personas entre los años
1976 y 1983. Terminó con la vida de miles de seres humanos, destruyendo parte
de una generación, condenándola al exilio. Hoy los gobernantes de esta
democracia (¿lo es?) crearon una nueva forma de genocidio, pero con idéntico
fin. El chico que hoy no se alimenta, enferma, muere. O, en el mejor de los
casos, no puede ser educado y llega a la edad adulta con un desarrollo distinto
al de las clases privilegiadas de nuestra nación. Conclusión: perdemos una
generación. Otra más. La generación que debería manejar los destinos de
nuestro país en algunos años. ¿Podrán? ¿En qué condiciones llegarán? En
el primer caso, un regimen autoritario y necrófilo, donde todos los derechos
existenciales fueron sistemáticamente ultrajados, fue el responsable. En el
segundo caso, un sistema económico-financiero aliado a políticos que
traicionan día a día el mandato popular. La violencia cambia sus formas, pero
conociendo la historia podremos aprender a detectarla. No es la democracia la
que mata. Son algunos de nuestros gobernantes.
Y
es en estas circunstancias cuando quienes estudiamos Derecho nos planteamos si
es realidad o ficción. Vemos cómo los derechos no se cumplen a diario y nos
angustiamos. Es terrible estar leyendo la Constitución Nacional y la Convención
Sobre los Derechos del Niño, y a la vez escuchar llorar de hambre a un chico.
Es muy duro y nadie puede dejar de derramar una lágrima de dolor. Pero con ello
solamente, no logramos nada. Hay que seguir adelante. Debemos seguir formándonos
técnicamente, pero sin dejar de contemplar la parte más importante que tiene
esta carrera (o que debería tener al menos) y que se vincula con la historia
precisamente, la filosofía y demás conocimientos de base... Todo esto sin
perder de vista a los valores, porque es mentira que al recibir el título uno
deja de ser persona. Se puede ser persona al mismo tiempo. Pero más allá de
todo esto, lo que quisiera es que reafirmemos nuestra confianza en la
democracia, porque ella no es la responsable de nuestras desgracias. Somos
nosotros mismos cuando salimos a la calle porque nos robaron los ahorros y no
porque cuando íbamos caminando por la calle, había día a día un nuevo chico
que lloraba de hambre.
Y
si les queda alguna duda a esos imbéciles que siguen reclamando la vuelta de
los militares, que vean Vidas Privadas. No escuchen las críticas, que
son duras e injustificadas. Formen su propio concepto sobre este film que nos da
una lección de vida y que no en mejor momento pudo llegar. Creemos que estamos
frente a una de las mejores películas del cine argentino. El argumento es muy
fuerte, con un contenido impresionante. La música y la original forma de
filmarla se destacan y sirven de apoyo para transmitir todas las emociones que
uno no puede dejar de percibir. Varios actores y actrices de renombre participan
(Lito Cruz, Chunchuna Villafañe, Héctor Alterio, Carola Reyna, etc.) pero
acaparan la mayor atención dos que podríamos calificar de protagonistas:
Cecilia Roth (una de las 5 mejores actrices, sin lugar a dudas, del mundo) y
Gael García Bernal, un joven que promete un futuro de mucho éxito dada la
capacidad de expresión que posee, requisito –creo yo- fundamental para
cualquier actor. Ambos transmiten todo en una mirada, en una sonrisa, un
silencio. Los silencios en la película, en general, son muy bien manejados.
Pueden
apreciarse similitudes con otra película que hemos analizado: Belleza
americana. Ambas poseen un argumento fuerte y duro, son shockeantes, están
dirigidas por personas que debutaron en largometrajes con ellas, se centran en
una familia destruída, nos sorprenden a cada momento, hacen un diagnóstico de
la sociedad, reconocen al enemigo claramente y además sirven de disparador.
Fito, en una entrevista, afirmó que si motivara una charla familiar, ya estaría
feliz. Lo logró. Al menos logró nuestro humilde reconocimiento, en medio de
despiadadas críticas. Otro logro de uno de los artistas más completos de
nuestro país.
Vidas
privadas es un film que refleja a algunas de las tantas víctimas que tuvo el
Proceso nefasto de parte de la década del ´70 y del ´80. Asco debería
provocarle a cada uno de los argentinos, principalmente, y a cualquier persona,
el estar frente a cada uno de los que hicieron una de las mayores tragedias
nacionales. Y vergüenza debería sentir el que dice que esa gente es la solución
para nuestro país, así como los que durante la década del ´90 lo hundieron
(la segunda década infame en nuestra historia). La dictadura parió al
monstruo, la década infame lo alimento y ayudó a crecer y hoy nadie lo puede
detener. Sólo una vuelta a los valores y a nuestro más profundo sentimiento
patriótico. Nadie que invoque la vuelta de esa gente que gobernó entre 1976 y
1999, merece llamarse argentino. Ni merece vivir en este magnífico país.
Una
de las víctimas en la película es el personaje de Cecilia Roth, que vuelve del
exilio en España, sin poder imaginar lo que le depara Buenos Aires. No voy a
entrar en los hechos de la película, porque carece de sentido y le quitaría
parte del disfrute que tendrán al verla. El otro personaje (taxi boy)
encarnado por el mejicano Gael García Bernal, tampoco tiene desperdicio porque
es la persona cuya vida está destinada al sufrimiento, por razones que ya
conocerán.
Para analizar algunas cuestiones de la película nos
basaremos en tres puntos desarrollados por Erich Fromm, en El corazón del
hombre, otra de sus geniales obras, continuación de El miedo a la
libertad, ya citada para otro de mis artículo.
En
el capítulo I: “El hombre, ¿lobo o cordero?”, expone los argumentos a
favor de discernir en qué posición coloca al ser humano. Y haciendo alusión
al segundo concepto, destaca que fue usado como base por los dictadores, quienes
creían en la conveniencia de que existieran jefes que tenían el deber moral de
librar de la responsabilidad de ser libres,
a los demás. De esta forma, ya no en términos de Fromm, se
heteroconstruyó a la sociedad argentina durante la dictadura.
En
el capítulo II expone las formas de violencia, distinguiendo la juguetona o lúdica,
la reactiva, la vengativa y la compensadora. El personaje del taxi boy
(Gustavo), luego de determinadas situaciones, culmina con un acto que lo va a
llevar al mismo lugar que en el que había nacido veintidós años atrás. Su
actuar se identifica con el tipo de violencia vengativa, dado que es la que se
da cuando el daño ya fue hecho (por eso no tiene función defensiva) y tiene
por fin irracional anular lo que realmente se hizo.
En
el capítulo III, por último, “Amor a la muerte y amor a la vida”, Fromm
analiza la cuestión de la necrofilia, presente –creo yo-, en todos los
lideres del proceso de la última dictadura. Los necrófilos se sienten atraídos
por la muerte, les fascina la destrucción. Viven en el pasado y son fríos;
devotos de la ley y el orden. Se caracterizan por su actitud hacia la fuerza
(entendida ésta como la capacidad para convertir un hombre en cadáver). Aman
todo lo que no crece, lo mecánico, lo inorgánico. Los atrae la oscuridad y la
noche. Buscan convertir a la vida en muerte para hacerla controlable porque ésta,
por definición, es insegura, imprevisible. Como el futuro.
Por
eso para concluir, quiero citar al gran profesor peruano, Carlos Fernández
Sessarego, que en su libro Protección jurídica de la persona nos ayuda
a apreciar las situaciones más allá de la superficialidad.
Hace
más de 50 años, la filosofía existencialista surgía situando al ser humano
en el centro de su reflexión, llamando su atención sobre la calidad ontológica,
y como respuesta a las atrocidades del siglo XX. Persona humana que posee una
estructura bidimensional: es idéntico a sí mismo, siendo una cierta persona y,
a la vez, coexistencial. El derecho, por otra parte, debe cumplir una doble
función: tutelar a la persona humana, reconociendo sus derechos, y coordinar
los derechos subjetivos con el interés y
los derechos de los otros, de la sociedad y el Estado.
Por
eso, los que nos vinculamos al ámbito de lo jurídico, debemos luchar por la
protección de los derechos, sobre todos los que algunos llaman personalísimos
(Cifuentes), otros existenciales (Rabinovich-Berkman) y que yo, siguiendo a Fernández
Sessarego y a Rabinovich, llamaría coexistenciales.