Isaías 5:20
¡Ay de los que dicen que lo bueno es malo y lo malo es bueno,
los que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad,
los
que ponen amargo por dulce y dulce por amargo!
por Pablo Maldonado Schullo
“Tú
y yo, mi buen amigo, mi único amigo absoluto, hemos hablado muchas veces a
solas de lo que sea la locura, y hemos comentado aquello del Brand ibseniano,
hijo de Kierkegaard, de que está loco el que está solo.
Y hemos concordado en que una locura cualquiera deja de serlo en cuanto
se hace colectiva, en cuanto es locura de todo un pueblo, de todo el género
humano acaso.”[1]
¿Existe
acaso algo intrínsecamente malo? Es
decir malo desde toda perspectiva sea esta temporal o filosófica.
¿Acaso es solo cuestión de si una locura es singular o colectiva para
aceptarla como buena o mala? Miguel
de Unamuno fielmente desarrollando el discurso del ilustre caballero andante Don
Quijote, no asumió un axioma moral, simplemente verificó que la percepción de
una locura cualquiera deja de serlo cuando se la asume colectivamente.
Locuras colectivas cual catarsis, ¿pero si unánimes o mayoritarias
acaso necesariamente buenas? Hermosa
la locura del idealista que sublima belleza y justicia.
Repugnante la locura del que odia y en febril “ideal” exalta el odio
genocida y sublima la supremacía de superhombres.
Reflexionemos
sobre cosas básicas. Matar,
Robar, Mentir ¿es siempre malo? Aunque
no todos tienen formación de abogados, cuando se trata esta cuestión, no pocos
averiguan en su propio bagaje moral, religioso, cultural, buscando un referente.
Entenderemos por referente el punto cardinal respecto del cual podemos
establecer nuestra propia posición de vida y actitud frente a ella.
Referentes o puntos cardinales (nos resistiremos un poco a emplear
todavía la expresión “valores”) son varios, para el niño será lo que su
padre apruebe o condene, para jóvenes y adultos lo que el grupo con el que se
identifican aplauda o señale. Para no pocos con suficiencia de sí mismos, lo
que parezca de beneficio, es decir cualquier cosa que resultare en una retribución
egotista y egoísta. Para
idealistas y creyentes será, ahora sí, la existencia de un axioma, y de un
Padre o Dios celestial, en definitiva de un supra sumado a un alter.
Sobre
referentes elaboremos. Por ejemplo,
resucitemos la no cabal pero si ilustrativa clasificación de conductas que
permite adecuar ciertos comportamientos a los referentes paradigmáticos (no
hablaremos de valores) de una sociedad cualquiera, conductas a saber:
a) sociales, b) antisociales, c) parasociales, y, d) asociales.
Ilustremos
cada caso con ejemplos que ofrezcan la menor controversia posible. Una conducta
típicamente social sería por ejemplo,
trabajar, formar una familia. Antisocial
sería robar o matar. Parasociales
serían los comportamientos no convencionales pero que establecen un modelo.
Las modas o nuevas costumbres aunque no totalmente asumidas ni
practicadas se tienen por típicamente parasociales.
Conllevan estas conductas un potencial de, a fuerza de imitación,
convertirse en sociales. Un
comportamiento ascético puede tenerse como una conducta asocial, no contraria pero si apartada de la sociedad, característica
del ermitaño.
“MARCO.-
Porque si, como dijo Aristón de Quíos, dijera Zenón que era bueno únicamente
lo que fuese honesto, y malo lo torpe, que todas las demás cosas eran
enteramente iguales, y que ciertamente no interesaba lo mínimo si estuvieran
presentes o estuvieran ausentes, discreparía mucho que Jenócrates, y Aristóteles,
y de aquella familia de Platón, y entre ellos habría disensión acerca de una
cuestión máxima y respecto de todo el vivir.
Pero,
ahora, como la virtud, que los antiguos dijeron era el bien sumo, diga éste que
es únicamente bien, del mismo modo que el vicio, que aquéllos dijeron ser el
sumo mal, diga éste que es el único mal; que se llame cosas cómodas, no
buenas, a las riquezas, la salud, la pulcritud, e incómodas, no malas, a la
pobreza, la debilidad, y al dolor, siente como Jenócrates y Aristóteles; habla
de otro modo.”[2]
Aún
antaño el problema de qué conductas eran sociales o antisociales, padecían
del problema del referente. En
el citado diálogo de Cicerón sobre las Leyes, la disensión ya se contemplaba,
y radicaba en que aparentemente todo lo buena equivalía a virtud, entonces la
gran interrogante estribaba en definir qué era virtud.
Como es de imaginar abundaron las definiciones, y conceptualmente se hizo
lugar a las más diversas y contradictorias acepciones de la tan mentada Virtud.
Pensando
en referentes, no pocos suelen afirmar que los valores de bueno o malo son
relativos, y además usan sinnúmero de casos para ilustrar cómo en diversas épocas
se tenía por buenas ó malas acciones que hoy se valoran en forma
diametralmente opuesta. Un
caso interesante era cómo los cananeos en su adoración a su dios Baal de Peor
ofrecían ritualmente a sus primogénitos.
En el contexto de la sociedad cananea era un mérito hacer semejante
ofrenda. En torno a la
adoración del mismo dios, otro aspecto “bueno” era la práctica ceremonial
de la prostitución.
Entre
los asirios, adoradores de la fuerza, los sacerdotes religiosos eran los
principales instigadores promotores de la guerra y de las prácticas crueles con
los cautivos. Y por más que
repulse la conciencia, qué hay de la pedofilia enaltecida por algunos filósofos
griegos, imitada por los medos y persas abiertos como eran a otras culturas y
además siempre ansiosos de experimentar nuevos placeres.
“Costumbres
de los persas. (…) Además, cuando tienen noticias de cualquier tipo de
placer, se entregan a él; por ejemplo, mantienen relaciones con muchachos, cosa
que aprendieron de los griegos.”[3]
Cuál
será entonces el alcance del referente denominado virtud, si otra de sus
equivalencias era y aún es, el
placer. Una sociedad onanista y
edonista, la tentadora dualidad del placer y la autocomplacencia
ha hecho que el referente moral se parezca mucho a la aguja imantada que
ya no apunta al norte, pero que a fuerza de excesivo magnetismo hace que el
norte sea cualquier punto, pero más frecuentemente uno mismo.
Ahora sí comprendemos mejor por qué lo axiológico no existe para tanta
gente, o por qué fácilmente lo acomodan a sí mismos.
En
la historia de la humanidad la entrega de la vida por una causa siempre ha sido
bien vista, pero qué hay de inmolar a hijos por congraciarse con un fetiche, un
tótem monstruoso. Y acaso no es
igualmente otro tótem el del nacionalismo que medra de la ignorancia y buena fe
de quienes van a una guerra munidos del ideal de luchar por su gente, por sus
valores. Cuántas veces la caída del
velo que se produce en el decurso de la historia, revelaba que no pocas guerras
se peleaban realmente para consagrar el poder y vanidad de pocos.
¿Qué
pasó con los nobles templarios que acaparando riqueza se convirtieron en
banqueros usureros y hábiles manipuladores de los endeudados gobernantes, hasta
que les llegó y desde entonces se consagro su Viernes 13?
¿ No pasa hoy lo mismo en el nuevo orden económico mundial, donde el máximo
referente es la riqueza, y el mero recurso, pueblos y naciones.?
Los
crímenes contra la humanidad, entre ellos el genocidio, han alertado sobre la
urgencia de buscar un referente menos accidental y más fiable para condenar el
racismo y todo otro tipo de discriminación que a la larga desemboca en algo
indiscutiblemente y gravemente malo, es decir lo que en latín el derecho
anglosajón denominaba mala
in se.
Pero
tan pronto creemos encontrar un verdadero valor, inmediatamente se ciernen
sombras que hacen creer que acepciones sobre lo correcto o moral
equivalentes a lo natural lo virtuoso, realmente no existen.
Como ya ilustramos, tan pronto entramos con nuestra brújula al campo
fuertemente magnetizado de egoístas placeres, hasta la pedofília nos parece no
solo excusable sino de hecho buena.
El
problema no cesa allí, hasta ahora recordamos cómo en Bogotá Colombia hace
unos 4 años, un individuo presentó una tutela constitucional para que se le
reconozca la libertad y derecho de unirse en matrimonio con su perro.
“La
ley natural brinda crédito a la creencia de que ciertas acciones son
incorrectas en sí mismas. Estas
conductas son denominadas como mala in se, término del latín que generalmente
incluye crímenes contra la humanidad (tales como el exterminio planeado de gran
parte de la población Judía en zonas de la Europa controlada por los Nazis
durante la II Guerra Mundial), y serios crímenes contra individuos, incluidos
el asesinato, violación, asalto y otros crímenes violentos.
Años atrás, basado al menos en parte en los argumentos de la ley
natural, algunos estados legislaron una categoría especial de delitos
denominados delitos contra natura. Delitos
contra natura, como los definían algunas leyes expedidas en aquella época, básicamente
comprendían desviaciones sexuales, que se consideraban como “contrarias al
orden de la naturaleza”. La
homosexualidad, lesbianismo, bestialismo, y el sexo oral podían perseguirse al
amparo de tales normas y conllevaban la amenaza de muy severas penas –aún
cuando grandes segmentos de la población norteamericana contemporánea ha
experimentado un cambio de valores donde relativamente pocas formas de elección
personal en el campo de la sexualidad (fuera de aquellas que directamente
victimizan a participantes involuntarios) son inherentemente condenadas o vistas
como “antinaturales”.[4]
Sobre
la sexualidad no es el propósito de este artículo discutir a profundidad, pero
es menester preguntarse hasta cuándo nos será útil el nuevo referente, de que
bueno será todo aquello en lo que se participe voluntariamente.
Aún depurando legalmente el concepto de consentimiento, ¿desaparecerá
virtualmente a la luz de la voluntad individual, la necesidad de valorar si
acaso a la luz de otro referente superior, el del altruismo, una conducta es
buena o mala?
Según
Schamlleger los miembros de sociedades primitivas, tal vez al no contar con un
sistema de leyes codificadas, aún así comprenderían
que ciertas formas de conducta son incorrectas.
Este reconocimiento intuitivo de los desvíos brinda soporte a la idea de
la existencia de una ley natural y a la clasificación de ciertas ofensas como mala
in se.
“Los
crímenes que caen fuera de la esfera de la categoría
de la ley “natural” son denominados como mala
prohibita, significando
que son malos solamente porque están prohibidos por la ley (malum prohibitum es
el término que se refiere a uno de estos crímenes).
Cazar en los territorios del rey es un ejemplo de lo que era un crimen de
mala prohibita bajo la common law Inglesa.
La mayoría de crímenes que caen bajo el rótulo de “ofensas
morales” hoy bien pudieran ser denominados mala prohibita.
Tales ofensas incluyen prostitución, apuestas, y el uso ilícito de
drogas..”[5]
Pertinente
es traer a colación el ejemplo de la prostitución como clásico de “mala
prohibita”, resuelto como si se tratase de una ofensa no moral, al contrario
de una actividad perfectamente normal y regulable. Por qué no ensayamos clasificar a la prostitución.
Digamos
que se trata de una conducta antisocial, siempre y cuando nos refiramos a la
prostitución forzada, a la corrupción de menores, a la trata de personas.
A ello nos abre los ojos el hallazgo luego de un incendio en un club
nocturno en Tailandia, cuando muchas mujeres no pudieron salvarse y murieron
carbonizadas. La razón fue que
estaban encadenadas, y no por que se tratara de alguna exótica práctica
sadomasoquista, simplemente eran esclavas.
Asumamos
por otra parte, que la prostitución es una conducta parasocial, muchos pensarán,
y no es nada raro, que hoy por hoy la escuela para aprender las artes de amar
supuestamente tiene su alma mater en las más celebres casas de prostitución,
evoquemos sino a Naná de Émile Zola.
Pero,
¿qué hay de la prostitución como conducta social? Dicen no pocas personas que si no fuera por obra
y gracia de la prostitución la sociedad no tuviera una muy natural y necesaria
válvula de escape que libere la gran presión que la líbido no satisfecha podría
desatar en monstruosa explosión. Si
el referente, no el valor, es que bueno es lo que se hace voluntariamente,
siempre resta la interrogante de quién y en qué circunstancias iniciará por
propia determinación este oficio.
Hace
algunos años el profesor Frank Schmalleger realizó un estudio sobre las
actitudes entre varones que finalizaban sus estudios de nivel secundario e
iniciaban los universitarios en los Estados Unidos. Uno de los hallazgos más sorprendentes de este estudio fue
este: Cerca del 90% de los jóvenes
varones dijo que probablemente violarían a una mujer si no hubieran leyes
contra comportamientos que forzaran las relaciones sexuales. Estos jóvenes admitían sus fuertes impulsos sexuales,
y admitían igualmente que intentarían lograr su propia gratificación si no
existiera legislación que amenazara con una pena su conducta. [6]
Preguntábamos
si existía algo intrínsecamente malo, y no hemos hecho más que elaborar sobre
una pocas variables apuntando no a qué era bueno o malo, sino a cómo se lo podía
determinar, la gran busca del referente del valor.
No como Unamuno advierte, a si se está solo y loco, o en gran colectivo
y en lo correcto, que de ser así debemos simplemente aplaudir al Nazismo y
todos los que lo secundaron.
El otro gran tema es si entendemos cuál debe ser el propósito de la ley, acaso regular realidades ya existentes, o encausar a la sociedad. La legislación regula la prostitución, y quizá ambivalentemente trata de encausar prohibiendo la trata de personas con el mismo fin. Para una próxima entrega nos preguntaremos si nuestra tendencia humana requiere del molde de la ley, y del orden público para evitar graves males.
[1] Miguel de Unamuno. “Vida de Don Quijote y Sancho”. Ed. Alberto Navarro. CATEDRA Letras Hispánicas, Madrid. 1988. Página 145.
[2] Cicerón. “De las Leyes”. Nueva Biblioteca FILOSOFICA TOR Buenos Aires. Página 40.
[3] Heródoto. “Historia”. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 1984. Libro I. Página 204.
[4]
Schmalleger
Frank, “Criminal Justice Today”. Prentice Hall. New Jersey. 2001. Página
123.
[5] Idem, página 123.
[6] Op cit. Página 124.