Número 13, enero de 2003

 

Editorial

IMPUNIDAD Y FUTURO

 

Estimados Amigos:

 

            ¿Puede funcionar un sistema jurídico normativo sin represión (es decir, sin castigo para quienes violan sus prescripciones)? En realidad, todos lo hacen, porque siempre existe una cantidad de conductas específica o genéricamente prohibidas, o incluso castigadas, que se concretan igual, y sin embargo sus autores no reciben pena alguna. Esa impunidad es normal, dentro de ciertos límites, y perfectamente compatible con la supervivencia del sistema. Obedece a las naturales falencias humanas. No se puede estar en todos lados, verlo todo, oírlo todo, demostrarlo todo, conocerlo todo (salvo para Dios, y Él no suele integrar el Poder Judicial -de hecho, cuando vino al mundo, desde el punto de vista cristiano, no le fue nada bien en los tribunales-). Así que es de esperar que exista un número de crímenes sin sanción, de transgresiones sin perjuicio para quien las comete. Es un "error de cero" que se asume desde un principio.

            La cuestión es, pues, de cantidad y de calidad. De cantidad, porque hay un punto de inflexión a partir del cual el "índice de impunidad" llega a ser de tal magnitud que pone en crisis al sistema. Las normas comunes dejan de funcionar como indicadores de la demarcación dentro de la cual el grupo espera que sus integrantes se autoconstruyan, y se van diluyendo a la vista de infinidad de sujetos que proyectan fuera de esos bordes, y cumplen sus programas transgresores con total tranquilidad. El efecto preventivo de los preceptos, como factores psicológicos de incidencia sobre las decisiones a adoptar, se esfuma, sobre todo cuando, como suele suceder, la obtención de los fines perseguidos es más fácil por fuera de los límites que por dentro de ellos. Quien insiste en proyectarse en concordancia con las normas se siente un imbécil, al observar cómo a su alrededor otros consiguen mejores y más rápidos resultados violándolas, y sin que ello les depare menoscabo alguno. Acaba muchas veces viendo su propio comportamiento como una repetición atávica, casi compulsiva, para la que, incluso, suele carecer de explicaciones racionales ("y... yo cumplo las leyes", repite, automáticamente, recurriendo quizás a argumentos de autoridad: "así me lo enseñaron desde chico", etc.) Sin embargo, las generaciones jóvenes captan intuitivamente la irracionalidad de estos fundamentos, y elaboran un mensaje opuesto: "el viejo, pobre tipo, siempre obedeció las leyes, y así le fue".

            Pero dijimos que la problemática es también de calidad, pues la impunidad es muy diferente según su etiología. Nos referíamos antes a la que se deriva de las naturales falencias del hombre y de sus organizaciones comunitarias. Esa impunidad es normalmente escasa, y se tolera muy bien. Pero la situación cambia mucho cuando la falta de castigo deriva del poder que el transgresor posee dentro de la sociedad, sea ese poder de la índole que sea (económico, político, religioso, etc., o incluso la mismísima fuerza bruta). Como los titulares de ese poder son corrientemente los mismos encargados de aplicar las normas, o bien quienes se benefician con el orden establecido, o quienes establecen los parámetros de referencia para el grupo todo, el efecto psicológico de su impunidad es demoledor, y la desazón que causa en la comunidad, así como su enseñanza inversa (por llamarla de algún modo) se multiplica en forma geométrica. La búsqueda del poder se transforma en procura de la impunidad, de la libertad para proyectar por fuera de los límites normativos, sin castigo y con suceso. La metáfora del Martín Fierro, de una "ley tela de araña", que la "ruempe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos", lanzada con tristeza por un gaucho mulato, último escalón socio-económico de su época, es de una elocuencia incomparable, y conserva vigencia por sobre el tiempo y el espacio (de hecho, proviene de la literatura española medieval).

            Tenemos los latinoamericanos un curioso doble discurso sobre este aspecto, muy hipócrita y peligroso. Una vez expuse acerca de la impunidad y sus efectos en un congreso, y al salir me iba elogiando un distinguido magistrado (que ha ascendido en tal carrera desde entonces), que mucho coincidía con mis puntos de vista, y así lo proclamaba a voz en cuello. Y con alabanzas y gesticulaciones de beneplácito seguía, y asentía con la cabeza, mientras se despedía, abriendo la puerta de su hermoso coche, que había dejado estacionado en la avenida Corrientes, en un lugar terminantemente prohibido, al amparo de su chapa judicial.

            Será muy difícil, por no decir imposible, que consigamos restaurar las fibras de nuestro dañadísimo tejido social, reponer el respeto por el ordenamiento comunitario, recuperar el placer de sentir que uno se autoconstruye en concordancia con el grupo (sin perder jamás la individualidad, por supuesto), y reemplazar con esa satisfacción la actual frustración y pesadumbre del que anda despacio por la carretera mientras los "vivos" pasan veloces e impunes por la banquina, si no cobramos conciencia de lo peligrosa que resulta para un conjunto humano la impunidad, cuando es, digamos, de mucha cantidad y mala calidad. El estólido placer del poderoso, que goza de su impunidad, se paga caro con la destrucción de la comunidad toda, que al final, como el cáncer que al triunfar se muere él mismo, depara la ruina del impune o sus descendientes. Sólo una verdadera cultura republicana podrá salvar a nuestras naciones.     

 

         Cordialmente,

                                            Ricardo D. Rabinovich-Berkman

 

EN ESTE NÚMERO... 

* GLOBALIZACIÓN Y CRIMEN, por Rômulo de Andrade Moreira

Ya es ésta la segunda oportunidad en que tenemos el placer de recibir en nuestras páginas al Dr. Moreira, distinguido Fiscal Criminal del Estado brasileño de Bahía, y docente universitario, sobre cuyos notables antecedentes nos hemos extendido ya al presentarlo en el N° 10, cuando nos acompañara por vez primera. Hoy, igual que entonces, este egresado salmantino escribe, con fluidez y solvencia, en castellano. Aunque se puede disentir con la palabra en sí, es indiscutible que la "globalización" existe, y es un fenómeno que está reflejándose en todas las esferas de la cultura. No escapa a tal tintura la criminalidad, que ofrece ahora formas nuevas, acordes con este mapamundi integrado y diferente. Nada más zafio que ignorar esas realidades de hierro. De ellas se ocupa con profundidad y solvencia Rômulo Moreira en este estudio, que con orgullo ofrecemos. R.D.R.-B.

 

* A IMPORTÂNCIA DA PARTICICIPAÇÃO SOCIAL NAS QUESTÕES DE SEGURANÇA PÚBLICA, por Laudelina Inácio Antunes 

“A maioria da população entende, e nem poderia ser diferente, que a questão da segurança pública afeta exclusivamente aos organismos policiais, encarregados do trabalho ostensivo/preventivo e investigativo, antes e depois da ocorrência do delito. Todavia, importante se ampliar o entendimento sobre o assunto, a partir de uma visão sistêmica de segurança pública”. Assim começa seu interessante artigo Laudelina Antunes, Delegada de Polícia, titular da Delegacia de Investigações de Crimes Contra a criança e o Adolescente, Especialista em Direito Penal e Direito Constitucional, Doutoranda em Ciências Sociais e Jurídicas, diretora redatora da Associação dos Delegados de Polícia do Estado de Goiás, e Professora de Direito Processual Penal, entre muitos outros bem merecidos lauréis que ela tem, vinculados em geral com questões de Direitos Humanos, assuntos Penitenciários e de Segurança Pública. Temática essa última à que ela se dedica em esta oportunidade, com a idoneidade que lhe confere sua inegável experiência na matéria. Nossas páginas dão uma feliz bem vinda à Delegada Antunes, pois o campo que ela trata, com solvência, é fundamental no escopo dos direitos existenciais e a dignidade da pessoa, que constituem o alvo de nossa singela publicação. R.D.R.-B. 

                                                

*SOBRE LA INFORMACIÓN Y EL ASENTIMIENTO DE LOS MENORES DE EDAD EN LOS TRATAMIENTOS MÉDICOS, por Mercedes Canovi

Éste es uno de los temas más espinosos e importantes del temario bío-jurídico actual. No cesa de asombrar cómo privamos a los "menores de edad" de todas las conquistas de la moderna visión de la relación entre médico y paciente. A ellos no les permitimos optar entre terapias alternativas, rechazar tratamientos, someterse a cirugías sexuales, etc. ¿Y cuál es la barrera? ¿Una edad determinada? La propia discordancia entre los ordenamientos muestra cuán arbitraria es esa cota. Unos proclaman los diecisiete, otros (la mayoría) los dieciocho años, nosotros (increíble y obstinadamente) los veintiuno... Hace poco, en Sobre la necesidad de establecer parámetros legales intermedios para el conocimiento de diagnósticos y la toma de decisiones por parte de menores de edad (en Iatrogenia, efectos negativos de una intervención, número 21 de Psicoanálisis y el hospital, Bs. As., junio del 2002, pp 62 ss), he abordado, siquiera en forma liminar, este gravísimo asunto, inspirado en la experiencia de mi hijo Ricky, que enfermara de cáncer a los catorce años, y falleciera a los 15. Estoy convencido de que se impone una profunda y visceral revisión de los criterios que estamos empleando en este terreno. Debemos devolver a nuestros jovencitos la potencia de autoconstruirse en esos momentos terribles. Mercedes, brillante alumna de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, ofrece aquí su propuesta, sin dudas muy digna de atención. R.D.R.-B.

 

* BIOTECNOLOGÍA HUMANA: PROPUESTA DE UN TEXTO ALTERNATIVO PARA EL ARTÍCULO 110 DEL PROYECTO DE CÓDIGO CIVIL ARGENTINO, por Mariano F. Braccia

Este excelente trabajo de un distinguido estudiante avanzado de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, debe ser considerado en contexto con el de mi autoría que, sobre la misma temática, pero con otras fuentes e ideas, publicáramos en nuestro número 9. Porque justamente fue a partir de aquella propuesta, que generase sendas aceptaciones en congresos argentinos y brasileños, que Mariano se puso a investigar, a fin de elaborar la suya propia, muy merecedora de publicación. La cuestión de la invasión normativa en el recinto de la construcción existencial, es siempre ardua y acre. Pero, cuando del hacer sobre el propio cuerpo se trata, cobra matices de una muy especial complejidad. El debate es imprescindible, y está abierto. El joven Braccia viene a exponer su fundamentada postura. Escuchémoslo, que vale la pena. R.D.R.-B.

 

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* Los editoriales de PERSONA no han sido pensados como supuestas "tribunas de doctrina" (por emplear la frase con que Bartolomé Mitre se refiriera a su prestigioso periódico LA NACIÓN, ni cual prédicas de verdades absolutas, creamos o no tenerlas. Sólo se ha pretendido que sean fuentes de debate, puertas abiertas al diálogo crítico, creativo e innovador, fuego de cuya llama siempre, más tarde o más temprano, se conciben ideas, alternativas y respuestas diferentes. Por eso nos colma de satisfacción cuando nuestros queridos lectores toman tales párrafos como trampolín para verter sus propias y profundas reflexiones, y nos honran comunicándolas. Dos de ellas, tomadas al azar, se vuelcan a continuación.

1. "DEUDAS, MORAL Y DERECHO", escribe el Lic. Adrián Giormenti. Click aquí 

2. "LA NAVE DE LOS LOCOS", escribe el Dr. Roberto Andorno. Click aquí  

 

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